Los bancos y las dos crisis de Nicaragua

6 09 2020

Es muy poco probable un retorno rápido de la economía nicaragüense a su nivel registrado en 2017, último año de crecimiento positivo importante en condiciones normales. Sería un escenario demasiado optimista, sin tomar en cuenta la versión moderna de la recuperación del ingreso promedio anual per cápita de ese año que fue US$2,182 y que al terminar el año en curso habrá disminuido, según Consultores Para el Desarrollo Empresarial (COPADES), hasta US$1,811, muy aproximado al registrado en 2012. Se han acumulado ocho años de retroceso económico.

Comenzaremos a transitar de nuevo en una década perdida de crecimiento económico -y aún no hemos tocado las puertas del desarrollo económico-. Las familias están consumiendo menos y los empresarios están invirtiendo menos, debido a la incertidumbre actual sobre COVID-19 y sus efectos de largo plazo sobre la productividad, el empleo y la política, esta última orientada a la normalización de las condiciones económicas de la población y a la reducción de los problemas de la desigualdad. Salir de la recesión provocada por COVID-19 será una tarea muy ardua. A lo anterior, se suman los efectos de la crisis política interna de abril de 2018, no menos importante por la desconfianza entre los agentes económicos, y que aún no ha sido resuelta.

En marzo de 2020, COVID-19 agravó la situación en que se encontraba la industria bancaria de Nicaragua desde abril de 2018: las utilidades disminuyeron a pesar de que los márgenes de las tasas de interés fueron más altos, los  préstamos en riesgo aumentaron, y los depósitos se redujeron. La entidades bancarias son un indicador importante de la economía, pero ésta se encuentra en una recesión que se transformará en una depresión a finales de este año.

De acuerdo con datos de la Superintendencia de Bancos y de Otras Instituciones Financieras de Nicaragua (SIBOIF), los seis bancos comerciales del sector privado radicados en Nicaragua tuvieron una reducción de sus utilidades netas de 50% en julio de 2020 con respecto al mismo mes de 2017, que se aceleró por los efectos de la pandemia mundial de COVID-19 tras haber caído 25% anual en diciembre de 2018 por el impacto de la crisis política interna y por los efectos de la reforma tributaria de febrero de 2019.

La tasa de rentabilidad neta sobre el capital del sistema bancario se desplomó de 24.0% en julio de 2017 a 10.5% en julio de 2020. 

Debido a los impactos de las dos crisis, los bancos han tenido que crear grandes provisiones o fondos apartados de las ganancias contra préstamos de dudosa recuperación que vienen detrás de una recesión económica continua y prolongada. Esas provisiones han aumentado 82%, al pasar de C$3,660 millones en diciembre de 2017 a C$6,653 millones en julio de 2020.

Por su parte, el saldo total de la cartera de préstamos vencidos, reestructurados, reprogramados y en cobro judicial, o cartera en riesgo, como porcentaje de la cartera de crédito total saltó de 2.8%  en diciembre de 2017 a 15.9% en julio de 2020.

Aunque no es el momento adecuado para propiciar estímulos para la recuperación de la economía, porque no se ha resuelto el problema político interno y el mundo no dispone de una vacuna contra COVID-19, los préstamos de los bancos comerciales no han sido generosos al elevar el costo del dinero en plena recesión económica, al pasar la tasa de interés activa de 11.07% en diciembre de 2017 a 12.78% en julio de 2020, mientras que la tasa de interés pasiva se  mantuvo casi estable al subir levemente de 2.74% a 2.92% en las mismas fechas respectivamente. El margen de las tasas de interés, o sea, la diferencia entre el interés cobrado y lo que se paga por los fondos, que es un indicador clave de la rentabilidad bancaria, se incrementó de 8.33% a 9.86%, por lo cual no se estimuló la demanda de crédito ni el desempeño productivo de las actividades económicas.

Aunque la SIBOIF autorizó a las entidades bancarias que difirieran los reembolsos de los préstamos de los prestatarios clasificados como A y B hasta un plazo máximo de seis meses, los bancos no redujeron las tarifas de servicios bancarios ni extendieron préstamos a prestatarios riesgosos.

La fuga de los depósitos en moneda extranjera por US$1,300 millones entre abril de 2018 y marzo de 2019 también afectó la cartera de préstamos de las entidades bancarias y la posición de las reservas internacionales administradas por el Banco Central de Nicaragua (BCN).  La cartera de préstamos se redujo 27% al caer desde C$158,236 millones en diciembre de 2017 hasta C$115,750 millones en julio de 2020, mientras que entre esas mismas fechas los depósitos del sistema bancario disminuyeron C$27,148 millones en ese mismo período y totalizaron C$133,571 millones en julio de 2020.

El entorno económico mundial o de los países con economías avanzada, emergente y en vía de desarrollo tiende a caracterizarse por bajas tasas de interés, baja tasa de inflación, alta tasa de desempleo, lento crecimiento económico y baja productividad. ¿Podrán los bancos comerciales tener un desempeño alineado con la reactivación de la economía nacional o ser más lentos? Cabe recordar que COVID-19 también transformó la política macroeconómica.

La SIBOIF, con el apoyo del BCN, no se ha pronunciado con un mensaje clave al respecto. Sin embargo, la banca comercial podría ayudar a reactivar y respaldar la economía real, es decir, la oferta agregada (producción e importaciones) y la demanda agregada (consumo, inversión y exportaciones), para poder sobrevivir una vez controlado o desaparecido el coronavirus.

Las recesiones prolongadas en los países de bajos ingresos como el nuestro corren el riesgo de una epidemia de crisis de deuda pública e inflación. Tenemos que evitar este probable escenario económico. La banca comercial puede ser un sujeto activo en la ejecución de un paquete de estímulo nacional masivo. Para que el Producto Interno Bruto (PIB) Real de Nicaragua vuelva a crecer se requerirá que las tasas de interés disminuyan para estimular la demanda de crédito y que el gasto público, mejor dicho, la inversión pública, aumente la ocupación y los ingresos.


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