El mercado laboral de Nicaragua

30 05 2021

Con base en datos publicados por el INIDE

Al cierre del primer trimestre de 2021, la tasa de desempleo abierto, que es la proporción de la población económicamente activa (PEA) que no trabaja, bajó al nivel de 4.9%, una tasa que indica que la economía, si aún no lo está, ya se aproxima a una situación de pleno empleo, es decir, cuando las empresas ya no encuentran trabajadores en el mercado. Sin embargo, contradictoriamente de cada 100 ocupados (también debería expresarse como un porcentaje de la PEA), 44.6 personas están subempleadas, o sea, personas que trabajan menos de ocho horas diarias, tal como lo manda el Código Laboral, o devengan un salario menor que el salario mínimo legal, lo cual es prohibido por la ley.

Estamos refiriéndonos al mercado laboral de Nicaragua, pero se desconoce el dato oficial de cuántas personas económicamente activas hay en el país desde el año de 2015, cuando era estimado por el Instituto Nacional de Información de Desarrollo (INIDE) y publicado por el Banco Central de Nicaragua (BCN). A pesar de esa limitante, el Instituto Nicaragüense de Seguridad Social, a través de su División General de Estudios Económicos, publicó en su Anuario Estadístico de 2019 la proyección anual de la PEA de 3,509.2 miles de personas en 2019, con una tasa de crecimiento promedio anual de 1.5% en el período 2014-2019. Se puede afirmar que en 2019 la PEA representó el 53.8% de la población total del país de 6,527.2 miles de habitantes, esta última publicada por el BCN.  

También se desconoce el dato oficial del número de ocupados del país, tanto total como por actividad económica, por lo cual no es posible analizar la productividad de la economía o del trabajo. De acuerdo con el INSS, las principales actividades económicas que concentraban a los empleados del sector formal de la economía en 2019, son, en orden de importancia, la administración pública y defensa, la industria manufacturera y el comercio, que absorben, en términos promedio anual, el 57% del total de asegurados activos del país.

Volviendo de nuevo al Anuario Estadístico del INSS de 2019, la población ocupada del país en 2019 fue igual a 3,193.4 miles de personas, por lo que se puede confirmar que la tasa de ocupación es del orden de 91.0% de la PEA en 2019, inferior a la de 95.6% publicada por el BCN para ese mismo año. Por consiguiente, sobre la base de la información del INSS, en 2019 la tasa de desempleo abierto sería del orden de 9.0%, que tiene un sesgo más realista que la publicada por el BCN de 5.6% para ese mismo año.   

Un dato muy confiable es el número de trabajadores activos que cotizan la seguridad social, que en 2020 había disminuido hasta 714,465 personas, después de que se destruyeran 199,731 puestos de trabajo durante tres años consecutivos de recesión económica. En el primer trimestre de 2021, se han creado 30,457 puestos de trabajo formal cotizantes de seguridad social, pero equivale apenas al 15.2% del empleo formal perdido en el trienio 2018-2020. Restablecer el número de cotizantes de seguridad social será una señal de la normalización económica pre pandémica, que es la base fundamental para acelerar el ansiado crecimiento económico, Mientras más pronto lo hagamos, mejor.

Un dato oficial de 2012 señalaba que el 76% del total de ocupados laboraba en establecimientos sin registros contables y, además, que el 51% del total de ocupados estaba subempleado. En el primer trimestre de 2021, el 44.6% del total de ocupados está subempleado, pero se desconoce la proporción de los ocupados que trabaja en establecimientos que no tienen un registro contable sencillo. La informalidad laboral debe continuar siendo gigantesca, dada la destrucción de puestos de empleo formal, y constituye el principal problema estructural del mercado laboral del país. Para reducir este problema, se requerirá de una sólida coordinación de las políticas de educación técnica media y superior financiera, de transferencia de tecnología y de financiamiento, principalmente a través de la intermediación de la banca estatal de fomento a la producción, es decir, el Banco Produzcamos.

Otro indicador laboral muy significativo que ayuda a confirmar que no estamos cerca del territorio de  la economía de pleno empleo, es la tasa de inactividad laboral: según el INIDE, en el primer trimestre de 2021 el 30.5% de la población en edad de trabajar (PET), o sea, de las personas de 14 años y más de edad, se encontraba inactiva.

También debemos tomar en cuenta que en cada año la reserva de desempleados aumenta con el ingreso de personas al mercado laboral que buscan trabajo por primera vez. A manera de ejemplo, en 2017 la PEA se incrementó en 119.4 miles de personas, pero en el bienio 2018-2019, en un escenario de recesión económica, aumentó en 81.2 miles de personas.

Sin embargo, la PEA también disminuye, en parte porque los despidos son elevados durante las recesiones. Al cerrar las empresas, como ocurrió con el impacto del COVID-19, muchas personas dejaron de buscar trabajo o se cansaron por no encontrar trabajo y, consecuentemente, salieron del mercado laboral. En Nicaragua, una persona de 14 años y más que estuvo desocupada en la semana de la Encuesta Continua de Hogares (ECH) del INIDE y que en las cuatro semanas anteriores a la entrevista no buscó trabajo queda automáticamente fuera de la PEA. Indudablemente, la mayor parte de los desempleados son personas que han permanecido sin trabajo en mucho tiempo.

La tasa de inactividad de 30.5% arriba mencionada podría aproximarse a la suma de la tasa de desempleo abierto y de la tasa equivalente relacionada con el subempleo, ambas tasas en porcentajes de la PEA, y la suma total podría considerarse como la tasa subutilización de la fuerza laboral. En otras palabras, se podría afirmar que casi 1/3 de la PEA no generó ingresos en el primer trimestre del año en curso.

Pero no todas las personas inactivas, directa o indirectamente, son dinámicas en la búsqueda de un puesto de trabajo, ya sea a tiempo completo o a tiempo parcial. La tasa de presión general (TPGR) fue igual a 16.2% de la PEA en el primer trimestre de este año.

En conclusión, nuestro mercado laboral continúa en la precariedad desde hace muchas décadas, y constituirá un verdadero reto en la política económica que se adopte después de que alcancemos el aplanamiento de la curva de contagio del COVID-19. Será necesario formular apropiadas políticas de educación técnica, transferencias de tecnología y financiamiento.





¿Un nuevo Consenso de Washington en cierne?

23 05 2021

En la primera semana de abril recién pasado, a la edad de 83 años falleció el economista británico John Williamson, creador del decálogo conocido como Consenso de Washington, que fue presentado en 1989 por el Instituto de Economía Internacional y dio pase a los programas de ajuste económico y de reforma estructural del Fondo Monetario Internacional (FMI). Este Consenso fue impuesto a los países latinoamericanos para que las instituciones financieras internacionales les brindaran ayuda financiera frente a la crisis de la deuda pública de los años 80 del siglo pasado.

El economista Williamson, un crítico del neoliberalismo, particularmente en política tributaria y desregulación, redactó el documento del “Consenso de Washington” que enumeró 10 reformas de política económica. Casi todos en Washington, principalmente el FMI y el Banco Mundial (BM), lo adoptaron como la política económica de la región latinoamericana. En 2003, el economista reconoció que nunca imaginó que había acuñado una expresión que fue el grito de batalla en los debates ideológicos por más de una década.

Las diez reformas del Consenso de Washington fueron las siguientes: disciplina fiscal, racionalización y reorientación del gasto público, ampliación de la base tributaria, tipos de cambio unificados y competitivos, apertura al comercio internacional, promoción de la inversión extranjera directa, privatización de las empresas estatales, desregulación amplia de los mercados, liberalización de las tasas de interés y garantías de los derechos de propiedad.

Desde el año de 2020, el COVID-19, ha hecho cambiar el discurso político del FMI. El nuevo mensaje se refiere, por ejemplo, a que “para hacer que las finanzas públicas sean sostenibles, los ricos y los que se han beneficiado de la pandemia deben contribuir más a la causa común”, “que los países ricos podrían considerar los impuestos sobre el patrimonio neto”, y entre el 5 y el 11 de abril de este año “las preocupaciones sobre la desigualdad” estuvieron por todas partes en las reuniones de primavera del FMI y del BM en Washington.

Tomando en cuenta que la Casa Blanca no recibe indicaciones de las instituciones multilaterales ubicadas en Washington, ahora la política económica bastante audaz impulsada por el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, que está desviada de la ortodoxia de la política económica que ha prevalecido en la primera economía mundial y en gran parte del hemisferio occidental, ha sido respaldada por los guardianes globales de la ortodoxia económica, mejor dicho por el fundamentalismo de mercado o neoliberalismo, el cual podría estar muerto o talvez continuar vivo, pero sin poder enfrentar los problemas del cambio climático, la inclusión social y las nuevas tecnologías disruptivas.

El presidente Biden ha solicitado al Congreso de Estados Unidos una gran expansión del gasto público para rescatar a la población y enfrentar los impactos del COVID-19, modernizar la infraestructura económica e iniciar la transición a una economía verde. La secretaria del Tesoro de Estados Unidos, Janet Yellen, está presionando por un aumento coordinado globalmente de los impuestos corporativos. El presidente de la Fed, Jerome Powell, presta su apoyo a la política fiscal expansiva, en un momento en que dirige una política monetaria también muy expansiva y se esfuerza en neutralizar los temores inflacionarios. La política es el arte de hacer posible lo imposible, pero lo posible está determinado por lo concebible. El nuevo Consenso de Washington podría ser tan políticamente poderoso como el que creó el economista John Williamson.

En Nicaragua, el FMI aplicó y supervisó cuatro programas trienales de ajuste macroeconómico y de reforma estructural entre junio de 1991 y diciembre de 2011, pero esos programas no facilitaron, tras un “shock terapéutico”, una buena estrategia para el crecimiento económico. Tras seis encuestas de medición de nivel de vida avaladas por el BM, el índice de pobreza de Nicaragua se redujo de 50.3% en 1993 a 48.3% en 2005, apenas 2 puntos porcentuales, y el producto interno bruto (PIB ) real crecía a un ritmo promedio anual de 4.2%; posteriormente, entre 2005 y 2016, con dos encuestas avaladas en 2009 y 2014 y una encuesta no avalada por el BM en 2016, el índice de pobreza de Nicaragua disminuyó 20.5 puntos porcentuales hasta 27.8% de la población del país, y el PIB real aumentó 4.1% promedio anual.   

En el trienio 2018-2020, la política fiscal de la administración del presidente Daniel Ortega ha sido muy contractiva, pero también endurecida no sólo por el congelamiento del gasto público y el aumento de la recaudación de impuestos con la reforma de la Ley de Concertación Tributaria de febrero de 2019, sino también por las sanciones financieras internacionales impuestas a Nicaragua por la ley estadounidense Nicaraguan Investment Conditionality Act (NICA Act), que impiden financiar el gasto de inversión pública y esto contribuye a desacelerar el crecimiento económico y a incrementar la subutilización de la fuerza laboral. Sin embargo, cabe destacar que, en concepto de asistencia humanitaria prevista en la NICA Act, en diciembre de 2020 el FMI, el BM y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) concedieron préstamos a Nicaragua por US$320 millones para enfrentar los impactos del COVID-19 y de los huracanes Eta e Iota que azotaron la región del Caribe Norte del país.

La política monetaria del Banco Central de Nicaragua (BCN) también ha sido bastante contractiva. En los últimos años, el único instrumento activo del BCN para regular la liquidez en moneda local ha sido la colocación de Letras a 1 día plazo pagaderas en córdobas, ya que el encaje efectivo sobre los depósitos en córdobas es 6.7 puntos porcentuales mayor que el encaje legal diario. Por otro lado, los bancos están depositando mayores montos que los de préstamos que reciben en el BCN. Además, durante el período diciembre 2017-abril 2021, el público no bancario ha incrementado sus ahorros en 3 mil 495 millones de córdobas, mientras que su saldo total de crédito, cabe aclarar en córdobas con mantenimiento de valor y dólares estadounidenses, se ha reducido en 4 mil 148 millones de córdobas. En ese mismo lapso, el Gobierno Central incrementó sus depósitos en moneda nacional en 6 mil 157 millones de córdobas.

En consecuencia, la base monetaria, o sea, el total del saldo de la emisión de dinero y del saldo de los depósitos de encaje en moneda local que la banca comercial mantiene en el BCN, se ha expandido en 6 mil 207 millones de córdobas en el mismo período indicado en el párrafo anterior, pero en los primeros cuatro meses de este año se ha reducido en 4 mil 347 millones de córdobas. Por consiguiente, la condicionalidad de la estabilidad macroeconómica indica que el saldo de las reservas internacionales brutas de US$3,474.3 millones equivale a 3.1 veces el saldo de la base monetaria al 30 de abril de este año.

El nivel mínimo de esa condicionalidad es 2.5 veces, por lo que se puede afirmar que las autoridades gubernamentales han mantenido la estabilidad del tipo de cambio y del índice de precios al consumidor, pero a costa de un creciente desempleo y subempleo. Sin embargo, los hogares y las empresas se han preocupado por la tasa de inflación interanual de 4.4% registrada en abril de 2021.

Hay que mantener la calma sobre la presión inflacionaria, porque el aumento del medio circulante no está a la vista hasta octubre de este año. Como señalé en el artículo económico del domingo pasado, el índice de precios al consumidor desaceleró en 2020 y se observó la deflación en cuatro meses del año pasado por los shocks de oferta y de demanda del COVID-19, pero ahora los precios internacionales de las materias primas están subiendo y el cuello de botella de la escasez de insumos o materias primas están incidiendo en la aceleración de los precios al consumidor, una señal de que las actividades productivas comienzan a normalizarse en la economía global.





La inflación interanual de abril fue alta, porque refleja lo que sucedió hace un año

16 05 2021

Hasta junio de 2020, el Banco Central de Nicaragua (BCN) dejó de publicar el Índice de Precios al Consumidor (IPC) de Nicaragua y desde julio del año pasado ha sido estimado y publicado por la institución estatal encuestadora, el Instituto de Información de Desarrollo (INIDE).

Por lo menos en forma, el árbitro de la estabilidad macroeconómica del país dejó de ser y juez y parte del del aumento o de la caída de los precios de bienes de consumo, separándose, así, una de las dos tareas que realiza el BCN del cálculo inflacionario, la cual es “la estabilidad de la moneda nacional”. La otra tarea es “el normal desenvolvimiento de los pagos internos y externos”.

Veamos ahora que ha ocurrido con la inflación de los precios al consumidor nicaragüense en los primeros cuatro meses del año en curso. Cabe destacar, antes de todo, que los consumidores y los empresarios han comenzado a quejarse de una fuerte presión inflacionaria, en estos últimos meses, pero el BCN, o el INIDE, no ha intentado aclarar a la población el porqué está ocurriendo una aceleración de la tasa de inflación.

En abril de este año, la tasa de inflación interanual, o sea, la variación relativa del IPC de abril de 2021 con respecto al IPC de abril de 2020, fue igual a 4.40%. Esta tasa de inflación, que puede ser anualizada en cualquier momento del año, es la principal referencia para los empresarios, en sus análisis de precios relativos, y también para los trabajadores, en sus mediciones del deterioro del poder adquisitivo de los salarios. La inflación interanual de 4.40% en abril es alta porque los precios cayeron hace un año, cuando la pandemia golpeó a la economía.

En Nicaragua no se está observando una alta inflación, porque el gobierno no ha recurrido a la deuda pública interna para financiar la inversión pública y se mantiene el congelamiento del gasto total. Aunque no comparto la opinión que el país ya entró a una franca recuperación económica después de tres años de crisis, estimo que cualquier crecimiento económico positivo del país será mínimo en 2021, gracias a los préstamos de asistencia humanitaria multilateral recibidos en diciembre del año pasado.

La recuperación económica mundial, principalmente en los países de economía avanzada y emergente, como Estados Unidos y China, ha incrementado los precios internacionales de las materias primas, pero también se observa una escasez temporal de insumos en el mercado mundial que coadyuva a subir más la inflación internacional. En esta forma, el IPC de Nicaragua en este abril, al compararse con el IPC de abril del año pasado, refleja una alta inflación por el “efecto de base”, resultante de un IPC de abril de 2020 muy bajo por el shock de oferta (cierre de empresas) y el shock de demanda (falta de ingresos de los consumidores) provocados por COVID-19 que deprimieron el consumo y la inversión en todos los países del mundo. Por eso, la inflación interanual ahora es alta, pero se estabilizará en un menor nivel en el corto plazo.

Por otro lado, en Nicaragua la tasa de inflación acumulada en los primeros cuatro meses del año en curso, en otras palabras, la variación relativa del IPC de abril de 2021 con respecto al IPC de diciembre de 2020, es igual a 1.46%. Es una inflación baja gracias a la creciente contracción monetaria fundamentada  principalmente en el aumento de los depósitos en moneda nacional del Gobierno Central y, además, la cantidad de dinero o de medio circulante se ha reducido 1 mil 724 millones de córdobas en ese mismo lapso, mientras que la expectativa inflacionaria de los agentes económicos, que determina la inflación inercial, subió al nivel de  0.55, por arriba del punto medio de su rango de 0 a 1. Cabe aclarar que si el coeficiente de inflación inercial fuese cercano a 0, la gente tendría una larga memoria inflacionaria, es decir, los precios han permanecido estables en el largo plazo, y si se acercara 1, la gente tendría una corta memoria inflacionaria, o sea, los precios subieron hoy porque subieron ayer, que no es el caso de la inflación actual de Nicaragua.

Un indicador que nos ayudaría bastante a probar si la economía se está sobrecalentando para dar lugar a una aceleración de la inflación y a un disparo de las tasas de interés (dicho sea de paso, el costo del dinero en Nicaragua continúa siendo muy alto para el momento macroeconómico actual), es el IPC Subyacente, (IPCS) el cual se estima sacando de la canasta de bienes y servicios del IPC a los grupos de alimentos y combustibles, porque sus precios son muy volátiles.

Lo anterior se puede ejemplificar con el precio del barrio de petróleo West Texas Intermediate (WTI), que es el de referencia para América Latina, que en este año ha subido 35% al pasar de US$48.52 el 1 de enero de 2020 a US$65.37 el 30 de abril de 2021, y se espera, según el Fondo Monetario Internacional (FMI), que ese precio, en términos promedio anual, suba 44.1% en 2021, después de haber caído 30.8% en 2020 debido a la recesión económica mundial provocada por COVID-19. El FMI también proyecta que el índice de precios de los commodities o materias primas, entre las cuales están el petróleo, los alimentos y los metales, aumentará 27.1% en 2021.        

El INIDE ya publicó el IPCS correspondiente a marzo de este año, pero aún no ha publicado el de abril. La variación interanual del IPCS, que no incluye los precios de los combustibles y de los alimentos, es del orden de 3.39%. La inflación subyacente anualizada de Nicaragua ha permanecido bastante estable, con variaciones interanuales que muestran un máximo de 3.51% en abril de 2020, un mes después de que apareció oficialmente el COVID-19 en el país, un mínimo de 2.60% en agosto de 2020, y una mediana de 2.93% que corresponde al período abril 2020-marzo 2021. Se puede concluir que hoy la inflación no debería causar preocupaciones a los agentes económicos y les aconsejaría que en cada mes mantengamos nuestra observación en la tasa de inflación subyacente interanual para detectar el momento en que comience a acelerarse, o sea, cuando se aproxime a 5% y tienda hacia el 6%.

Sin embargo, tenemos un bajón en la producción de bienes y servicios en el trienio 2018-2020, acompañado de un alto desempleo, porque se  se destruyeron 200,000 puestos de trabajo del sector formal de la economía en ese trienio. Esta situación nos ha conducido a un escenario de baja inflación, exceptuando el año de 2019 debido a la reforma de la Ley de Concertación Tributaria (LCT) en vigor desde el 28 de febrero de 2019, que duplicó la tasa de inflación interanual al superar el nivel de 6%. Y aún no estamos saliendo del escenario de alto desempleo.   





El riesgo de una doble inmersión de la economía de Nicaragua

9 05 2021

El Banco Central de Nicaragua (BCN) publicó recientemente los datos del Índice Mensual de Actividad Económica (IMAE) hasta febrero de 2021. Este indicador se conocía hasta noviembre de 2020, pero no estaba acompañado de los datos de volúmenes de producción mensual que soportan el nivel creciente, estable o decreciente del IMAE. Hoy, afortunadamente, los indicadores mensuales de la producción física están disponibles hasta febrero de 2021 en la página web del BCN. Sin embargo, las publicaciones tardías de los datos económicos generan dudas sobre la falta o la calidad de la información cuantitativa.

Desde 2018, año en que comenzó la incidencia de tres crisis extraeconómicas hasta 2020, las autoridades gubernamentales se han pronunciado que la economía del país se recuperaría en forma de V rápidamente, o que la economía, entiéndase la producción de bienes y servicios representadas por la tendencia del IMAE, estaba mostrando un comportamiento de forma de L, o sea, había caído y estancado, y también he leído, de fuentes oficiales, que en este año la economía nicaragüense está creciendo mes a mes desde agosto de 2020.

Cabe señalar que la variación relativa interanual del IMAE promedio de 12 meses en diciembre de cada año es idénticamente igual a la tasa de crecimiento anual del Producto Interno Bruto (PIB) Real de ese año. Un ejemplo de lo anterior: el BCN indicó hace un mes que el PIB Real disminuyó 2% en 2020 con respecto a 2019, y el IMAE promedio anual en diciembre de 2020 muestra una disminución interanual (de diciembre de 2019 a diciembre de 2020) también de 2.0%, idénticamente igual a la tasa de caída del PIB Real del año pasado. 

Al final, con base en los datos recientes del BCN, la primera predicción de los colegas gubernamentales, es decir, la recuperación económica en forma de V, ha sido cierta en gran parte, porque aceleró su caída de 0.4% en septiembre de 2018 a 7.2% en mayo de 2019, luego desaceleró su caída hasta 1.8% en noviembre de 2020, pero hoy se observa una nueva tendencia de aceleración de la caída del desempeño productivo del país que se dispara hasta 2.2% en febrero de este año.

Ojalá que en el corto plazo no continúe acelerándose la caída del IMAE, que dé lugar a la hipótesis de una recesión de doble caída o de una recuperación económica en forma de W, mejor dicho, en términos positivos, que la desaceleración de la caída de la economía, mal llamada recuperación económica por los economistas gubernamentales, no sea abortada por una segunda recaída o una doble inmersión en un año de elecciones presidenciales.

Un consejo para los altos cargos y el personal técnico de las instituciones económicas gubernamentales es velar por la correcta administración de los rigurosos procedimientos técnicos de las cuentas nacionales, que siempre descansan sobre un eficiente sistema de información económica, que muy posiblemente no está funcionando óptimamente en la actualidad.

Para proyectar o pronosticar variables macroeconómicas en el corto plazo, la metodología del sistema de las cuentas nacionales no tolera la aplicación de modelos de series de tiempo, denominados modelos de “última generación”. Por ejemplo, con esos modelos los técnicos gubernamentales, creo que ahora estudian ingeniería económica, podrían proyectar el valor del PIB Real para el cuarto trimestre de 2021 en función de sus valores observados en la realidad, con una muestra de datos, digamos, que abarca desde el primer trimestre de 2006, actual año base de la economía nicaragüense, hasta el cuarto trimestre de 2020. En tiempos de crisis, peor aún múltiples, este procedimiento aparentemente facilita la incursión en la previsión macroeconómica, pero realmente conduce a serios errores en el corto plazo. Es mejor usar modelos econométricos a gran escala, basados en la teoría macroeconómica, las matemáticas aplicadas a la economía y la econometría.

Los economistas también debemos usar en forma apropiada los valores en precios corrientes (en precios de cada año, o sea, en millones de córdobas) y en precios constantes (en precios de un año base, en nuestro caso es 2006, o sea, en millones de córdobas de 2006), con más razón cuando el mensaje es para el político en el poder, quien toma las decisiones políticas sobre la economía, y cuando el discurso es para la nación, con el fin de evitar la confusión entre los agentes económicos.

Por ejemplo, el discurso gubernamental trata de demostrar que la economía está creciendo, entre otras razones, porque el valor de las exportaciones de bienes FOB en millones de dólares, está creciendo con un ritmo de dos dígitos porcentuales desde el cuarto trimestre de 2020. El valor de una variable en precios corrientes incluye dos componentes, el volumen y el precio correspondientes a un mismo período de tiempo, por ejemplo, el PIB en precios corrientes, mientras que su valor en precios constantes incluye el mismo volumen y el precio del período base, el PIB a precios constantes.

Por consiguiente, el hecho de que el valor de las exportaciones en precios corrientes, podría explicarse con los aumentos de los volúmenes y de los precios de exportación, pero el valor de ese producto en precios constantes sólo se explica con el aumento de los volúmenes debido a que el precio es constante. Por consiguiente, al referirnos al crecimiento económico, o al crecimiento real, no debemos mezclar inflación o deflación con aumentos o caídas de volúmenes. Por ejemplo, con base en datos del BCN, en 2018 el valor de las exportaciones de bienes y servicios en precios constantes cayó 1.6%, pero su valor en precios corrientes subió 1.5%. ¿Por qué? El índice de precios de las exportaciones aumentó 3.1%.

Prosiguiendo con el ejemplo del IMAE, una doble inmersión o segunda aceleración de la caída de esta variable, puede fundamentarse en (i) los precedentes históricos de la economía nicaragüense en la década de los ochenta y de los noventa del siglo pasado; (ii) la vulnerabilidad económica actual que persiste desde 2018, provocada principalmente por las sanciones financieras internacionales de la NICA Act (Nicaragua no puede contratar nueva deuda pública externa, excepto para asistencia humanitaria, con el FMI, BM/IDA y el BID) y del aumento del contagio de COVID-19 (a lo sumo, el 5% de la población a ser vacunada en el país ha recibido entre 1 y 2 inyecciones); y (iii) el caso de otro shock podría esperarse en un año electoral en Nicaragua. Como suelo manifestar, un buen economista debe dominar economía, historia y matemáticas.

Sin embargo, tengo cierta esperanza de equivocarme en este último pronóstico, porque, aún observando que no hay una política fiscal procíclica ni una política monetaria que reanime el crecimiento económico con una reducción efectiva de la tasa de interés del mercado, no deseo que la pobreza de los nicaragüenses aumente, que nuevas olas del COVID-19 impacten a la población, que aumente el riesgo político en un año electoral, y que la economía de Nicaragua se arruine. 





La economía después de la pandemia del COVID-19

2 05 2021

La pandemia mundial de COVID-19 ha renovado sus fuerzas y ahora su segunda ola está devastando a India, uno de los países más poblados del planeta. Los países con más casos de Covid-19 en cada continente son Estados Unidos en América, India en Asia, Rusia en Europa, Sudáfrica en África y Australia en Oceanía. Cabe agregar que los cinco países latinoamericanos con más contagios son Brasil, Colombia, Argentina, México y Perú.

La lógica nos ayuda a inferir que el COVID-19 dejará de ser pandémico cuando no tenga un gran alcance, cuando se reduzcan los contagios, cuando deje de circular en el mundo. La vacunación puede contribuir a poner fin a esta pandemia, lo que los científicos de la salud han llamado la inmunidad de rebaño o la inmunidad colectiva, cuando una gran parte de la población se vuelve inmune al coronavirus.

En estos momentos, con más personas infectadas con el COVID-19, podemos afirmar que la pandemia no está suficientemente controlada y, por consiguiente, no desaparecerá en el corto plazo. ¿En cuánto tiempo el COVID-19 dejará de ser pandémico y se hará endémico, es decir, que sea exclusivo de determinadas regiones del mundo?

La meta de frenar completamente la transmisión del coronavirus parece muy lejana, los virólogos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) descartan la inmunidad de rebaño en 2021 y no se sabe si el virus será endémico dentro de un año, o entre un año y un quinquenio o una década.

Las pandemias anteriores al COVID-19, tales como la peste negra o peste bubónica de 1348, la gripe española de 2019-2020, el SARS y el Zika desde 2001, el ébola de 2013-2016, tuvieron consejos de salud pública para frenar la propagación del virus que eran similares a las que se practican desde 2020: usar  tapabocas, lavarse frecuente de manos, cumplir la cuarentena, aislar a los pacientes, y cerrar escuelas, espacios públicos y negocios no esenciales evitar la propagación del virus. Las ciudades y los países que han tomado las medidas más estrictas han sido las que luego han tenido una recuperación económica más rápida

Entonces, ¿qué le ha ocurrido a la economía durante la fase aguda de la pandemia, que le podrá ocurrir cuando el virus haya sido controlado, y cuál será la presión de la inquietud social cuando se acentúen las desigualdades preexistentes a medida que la pandemia se desvanezca? ¿Qué nos enseñan las pandemias pasadas, principalmente la gripe española de 1918-1919?

En este momento, se puede concluir que el mundo no ha logrado salir la fase pandémica del COVID-19. Tomando en cuenta las cifras oficiales del gobierno de Nicaragua, lo que hemos observado en la economía de Nicaragua es una caída de la producción de bienes y servicios, una reducción del gasto de consumo, un menor gasto de inversión, una contracción del ahorro real o de la porción del producto interno bruto (PIB) que no se consume, y un aumento del ahorro en las entidades financieras. La inflación se desaceleró, incluso las variaciones mensuales del índice de precios al consumidor indicaron la presencia de la deflación o caída de precios durante cuatro meses del año pasado, pero aumentaron el desempleo abierto y el desempleo equivalente relacionado con el subempleo, cuya magnitud es aproximada a lo que las cifras oficiales señalan como tasa de inactividad, que es el porcentaje de la población en edad de trabajar que no encuentra trabajo.

Cuando la curva de contagio del COVID-19 se aplane, el gasto de consumo de las familias y el gasto de inversión de los empresarios subirán y esto impulsará el aumento del empleo. Sin embargo, debido a que los consumidores continuarán mostrando una gran cautela, hay poca evidencia histórica de un aumento repentino de la tasa inflación inducido por una pandemia. De todas maneras, hasta el momento cuando el COVID-19 se encuentre domado en el mundo, la economía comenzaría a recuperarse.

Siempre sobre la base de la historia económica mundial, cuando el COVID-19 deje de ser pandémico y se vuelva endémico, las lecciones económicas se concentrarán en el lado de la oferta. La pandemia modificó las formas de hacer las cosas, alteró cómo y dónde se producen los bienes y servicios.

La gente estará dispuesta a probar nuevas formas de generación de ingresos y aumentará el número de nuevas empresas. Los empresarios, con el deseo de limitar la propagación de los virus, invertirán más en tecnología y automatizarán la producción, que será menos intensiva en mano de obra. Los salarios reales, o sea, el poder de compra de los salarios, tenderán a subir, porque la pandemia sacrifica y deteriora el nivel de vida de los trabajadores  y los sobrevivientes tendrán una fuerte posición de negociación salarial.

Finalmente, una pandemia puede hacer que las personas se vuelvan más reacias a la desigualdad preexistente, al trato desigual o discriminación de una persona hacia otra debido a su posición social, económica, religiosa, a su género, raza, color de piel, personalidad, cultura, entre otros.

El COVID-19 aumentó los riesgos a la seguridad y la economía. Según el Fondo Monetario Internacional, en 2020 el coronavirus contrajo el producto interno bruto mundial en 3.3% y condujo a la economía mundial a una recesión, y en las economías avanzadas la tasa de inflación anual fue 0.7% y la tasa de desempleo, como un porcentaje de la población económicamente activa, pasó de 4.8% en 2019 a 6.6% en 2020

Los legisladores en los países de economía avanzada están relativamente menos interesados en reducir la deuda pública o evitar la inflación, sino que tratan de reducir el desempleo. En Nicaragua sucede todo lo contrario: se trata de mantener un presupuesto nacional equilibrado, una política monetaria bastante contractiva y una tasa de inflación baja y estable, pero la tasa de desempleo y la tasa de subempleo aumentan.

La pandemia de la gripe española inclinó la balanza de género en muchos países. La reducción de la fuerza laboral masculina en Estados Unidos abrió las puertas del mercado laboral a las mujeres y el Congreso de Estados Unidos ratificó la decimonovena enmienda de su Constitución, que otorga el derecho al voto a las mujeres.

Así como las pandemias causan daños y acentúan las desigualdades en las distribuciones del ingreso, del salario, de la riqueza y de la carga tributaria, del género, del medio ambiente o del cambio climático, y en las inequidades en el acceso y calidad de los servicios resultantes de las políticas de austeridad impuestas como resultado de las crisis financieras y económicas, también hicieron avanzar la salud pública, que fue impulsada como desarrollo de la medicina social, y facilitaron la formación de los estados de bienestar debido a la gran cantidad de viudas, huérfanos y discapacitados. Parece que las pandemias ayudan a las naciones a mejorar un modelo más justo y equitativo.

Las pandemias anteriores a la del COVID-19 también nos enseñan que a medida que la pandemia se desvanece el malestar social tiende a alcanzar un máximo hasta dos años después de que termina la pandemia y, en algunos casos, las presiones de la población que busca una reducción de esas desigualdades e inequidades se han convertido en desorden político. En otras palabras, se corre también el riesgo de que la recuperación de la economía puede durar poco tiempo.





4 mil 654 días de impunidad

1 05 2021

12.75 años = 153 meses = 4,654 días de impunidad del presunto delincuente Eduardo Montealegre.

El próximo 2 de mayo de 2021, Eduardo Montealegre cumplirá 4,654 días de ser impune por su presunto delito criminal de injuriarme y calumniarme públicamente y en forma escrita en el diario La Prensa al atribuirme sus presuntos actos delictivos, también criminales, que él hizo como ministro de Hacienda y Crédito Público, al reestructurar entre julio y octubre de 2003 la deuda pública interna por las liquidaciones bancarias ocurridas en 2000 y 2001 y al subastar entre mayo y agosto de 2003 los activos de los bancos liquidados.

Hasta esta fecha, la irresponsabilidad de Eduardo Montealegre continúa a la vista porque nunca ha demostrado ni probado en un tribunal de justicia sus acusaciones a mi persona; al contrario, evadió el llamado de la justicia, se puso sobre la ley, mejor dicho se puso al margen de la ley, y se ha transformado en el impune más famoso de la historia criminal de Nicaragua.

El puesto de primer lugar de la impunidad se lo ha ganado el ex banquero y ex político Eduardo Montealegre gracias a la protección de dos ex primeros secretarios de la Asamblea Nacional de Nicaragua, Wilfredo Navarro y Alba Palacios;  de los jueces del Sexto y del Séptimo Local de lo Penal de la Circunscripción Managua, María Ivette Pineda Gómez y Donaldo Ignacio Alfaro García; del presidente e inspector delegado del Tribunal de Apelaciones de Managua, Gerardo Rodríguez Olivas; y del Consejo Nacional de Administración y Carrera Judicial de la Corte Suprema de Justicia, integrado por Alba Luz Ramos, Juana Méndez, Marvin Aguilar y Virgilio Gurdián.

Además de ser un presunto delincuente criminal, Eduardo Montealegre también es un violador de los derechos humanos. Por este motivo, lo denuncié en la Organización de Estados Americanos, el Departamento de Estado de Estados Unidos, la Unión Europea, la Unión Interparlamentaria y la Internacional Liberal.

Siempre confío en que la justicia prevalecerá sobre la impunidad. Eduardo Montealegre ha vivido 4,654 días de impunidad y está consciente de que es un protegido político, aunque cuando lo acusé en los juzgados locales penales se auto declaró un “perseguido” político. Volvió a equivocarse en público. Él es un “protegido” político.