Comentarios sobre la declaración de la misión técnica del FMI en su consulta del Artículo IV de 2019

24 11 2019

La declaración de la misión técnica del Fondo Monetario Internacional (FMI) sobre la situación actual de la economía de Nicaragua, sin duda alguna, se vio influenciada por aseveraciones divergentes de los agentes económicos del país -consumidores, productores, inversionistas y Gobierno-. La redacción refinada de la declaración induce a pensar que trata de evitar cualquier mala interpretación de esta.   

El FMI continuó actualizando la caída de la producción de Nicaragua en 2019, pero reconoció que los datos del sector real son inconsistentes, principalmente en las actividades de la industria manufacturera, comercio minorista y turismo, por lo cual me lleva a concluir que la proyección de la caída económica de Nicaragua de 5.7% en 2019 pudiera ser mayor.

Comparto la opinión de que las sanciones internacionales y la desconfianza de los agentes económicos ayudan a explicar la contracción productiva, pero la misión no incluyó la reforma tributaria como un factor que también cerró microempresas y pequeñas empresas y, además, afectó la producción y el empleo en grandes y medianas empresas por las alzas de los costos de producción -con la eliminación de las exoneraciones del impuesto de valor agregado (IVA)- y de los precios al consumidor -con las alzas de las tasas de impuestos selectivos y específico de consumo (ISC e IEC)-.

El análisis de la reforma tributaria, por consiguiente, no debió limitarse exclusivamente a su efecto inflacionario al duplicar la tasa de inflación interanual -el FMI proyectó la inflación de este año en 6.4%, una décima porcentual mayor que la tasa de inflación interanual publicada por el Banco Central de Nicaragua (BCN) en agosto recién pasado y, dicho sea de paso, es el último dato oficial disponible sobre el comportamiento de los precios al consumidor-. A septiembre de 2019, la recaudación total de impuestos del Gobierno Central en términos anualizados y en precios constantes, es decir, eliminando la inflación o en términos reales, muestra reducción con respecto a la recaudación total de impuestos anualizada a septiembre de 2018. Se puede concluir que, a septiembre del año en curso, la reforma tributaria no fortaleció los ingresos tributarios en términos reales del Gobierno Central.

Comparto la opinión del FMI de que la severa caída de la demanda interna, consumo e inversión, influyó en la reducción drástica del volumen y del valor de las importaciones, lo cual redujo el déficit comercial externo y, gracias a un creciente valor de las remesas, contribuyó en la reaparición de un superávit en la cuenta corriente de la balanza de pagos por segundo año consecutivo. A lo anterior agrego que es obvio que la reducción del déficit comercial de bienes con el exterior -exportaciones FOB menos importaciones FOB- no es un resultado de una depreciación del tipo de cambio real, porque el córdoba observó una mayor subvaluación y, por consiguiente, continúa el deterioro del esfuerzo exportador del país.   

En una economía muy dolarizada extraoficialmente como es la de Nicaragua, en este tiempo de crisis la política macroeconómica se fundamentó en una simple operación aritmética, aunque la moneda extranjera redujo su participación de 69% a 65% en la liquidez total de la economía.

La estabilidad macroeconómica se mantuvo con una simple operación aritmética, porque la fuga masiva de los depósitos en dólares -que se detuvo en julio de este año- obligó al Banco Central de Nicaragua (BCN) a vender reservas internacionales a las entidades bancarias y éstas entregaron córdobas a la autoridad monetaria y se redujo la base monetaria. Consecuentemente, se mantuvieron casi constantes los dos indicadores de la condicionalidad de la estabilidad macroeconómica, que estipulan el mantenimientode un saldo de Reservas Internacionales Brutas (RIB), al menos, equivalentes a 2.5 veces el saldo de la base monetaria y a 4 meses de importaciones de bienes CIF. Cabe agregar que la escasez de córdobas en las entidades bancarias fue contrarrestada con los reportos monetarios del BCN, que son préstamos a plazo de 6 días, que fueron extendidos hasta 6 meses para atender las necesidades crediticias de las actividades económicas.

Lo que sí se debe reconocer a las autoridades gubernamentales en la preservación de la estabilidad del tipo de cambio y del índice de precios al consumidor -excluyendo los efectos inflacionarios de la reforma tributaria- es no haber emitido córdobas sin el debido respaldo de las reservas internacionales administradas por el BCN.

Sin embargo, la política macroeconómica fue exacerbada en 2018, en momentos de una recesión económica, tanto con los aumentos de las tasas de rendimiento de los títulos de inversión del BCN -cuya colocación no fue significativa-, y de los Bonos de la República emitidos por el Ministerio de Hacienda y Crédito Público (MHCP) en 2019 -para financiar el déficit del sector público con el apoyo de la reducción de 15% a 13% de la tasa de encaje legal semanal de los depósitos en córdobas-, así como con la reciente reforma tributaria, que aceleró tanto la tasa de caída del producto interno bruto (PIB) como la tasa de inflación.

La política macroeconómica contractiva, reconocida por el FMI, se maximizó en octubre recién pasado con el proyecto del Presupuesto General de la República (PGR) 2020, que busca estar equilibrado, o sea, que trata de alcanzar un déficit fiscal muy cercano al 0% del PIB, debido al efecto inflacionario en sus ingresos y al recorte del gasto de inversión pública, en un escenario económico internacional caracterizado por la desaceleración del crecimiento económico, tensiones comerciales y conflictos geopolíticos.

La reacción del sistema bancario comercial ha sido congruente con el manejo adecuado de los riesgos que enfrentaron desde el año pasado. Aunque los niveles de los depósitos y de los préstamos cayeron abruptamente desde abril de 2018 hasta junio de 2019, y la cartera de riesgo más los bienes recibidos en recuperación de crédito se incrementó hasta dos dígitos porcentuales de la cartera total de préstamos, los bancos se han esforzado en aumentar sus parámetros de liquidez y fortalecer su solidez, pero han visto reducidas grandemente sus tasas de rentabilidad no sólo por el desplome del crédito, sino también por la disminución de la tasa de devaluación reptante oficial de 5% a 3% anual  en sus operaciones de venta y compra de divisas con el público no bancario a partir de 1 de noviembre recién pasado. Por estas razones, comparto la opinión del FMI de “que el sector bancario cuenta con buenos colchones para enfrentar la reducción de la confianza y del crecimiento económico”, pero es esencial, agrega el FMI, “restaurar la confianza del sector privado … para promover la recuperación económica y revertir el aumento de la pobreza”.

De la declaración de la misión técnica del FMI se puede desprender sus principales recomendaciones a las autoridades gubernamentales, que se concentran en (i) la restauración de la confianza y la cooperación internacional que han sido deterioradas por las sanciones internacionales, (ii) la importancia de la evaluación de la reforma tributaria del 28 de febrero de este año sobre el crecimiento económico y (iii) analizar la estructura del gasto fiscal para favorecer el crecimiento económico.

Comparto la opinión fondomonetarista de que la economía de Nicaragua continuará cayendo en 2020, a pesar de que las proyecciones cuantitativas mundiales y regionales del FMI han sido objeto de revisiones considerables. Estimo que, con o sin Diálogo Nacional, el PIB Real de Nicaragua no crecerá el próximo año.

La declaración de la misión técnica del FMI reiteró ocho veces la palabra confianza y enfatizó en la política de recuperarla con el sector privado para reemprender el crecimiento económico, a lo cual señalo que los empresarios y los inversionistas deben competir en igualdad de condiciones para su buen funcionamiento.

También coincido con el planteamiento del FMI que es necesario un amplio apoyo de la población para emprender reformas estructurales del sector público y garantizar la sostenibilidad fiscal, entre las cuales distingue el fortalecimiento de las siguientes áreas: en el corto plazo, institucionales, eficiencia en la resolución de las disputas legales, protección de los derechos de la propiedad y, en el mediano plazo, mejorar la competitividad, la infraestructura, la productividad y la educación, incluyendo la educación técnica.

Considero que sería difícil para el país cumplir la sugerencia del FMI de elevar la cobertura de las reservas internacionales brutas a un rango de 5 y 10 meses de importaciones de bienes CIF, para enfrentar la volatilidad de la Inversión Extranjera Directa (IED) y el deterioro de los términos de intercambio. En las condiciones actuales es poco probable que se acelere la tasa de crecimiento de las reservas internacionales, sin obviar el hecho de que un mayor flujo de IED implica también un mayor valor de importaciones. Sería más recomendable que el BCN mantenga su excelente conducta en la emisión de dinero: no emitir córdobas sin el debido respaldo de reservas internacionales.

Finalmente, el FMI se sumó al clamor nacional de la publicación de datos oficiales de la economía en aras de fortalecer la confianza de inversionistas y consumidores, y la credibilidad en las políticas gubernamentales.

El BCN publicó la declaración de la misión técnica del FMI en su página web.





¿Cuándo saldremos de esta recesión?

17 11 2019

En mis clases de macroeconomía usualmente les digo a mis alumnos que las advertencias son la clave central de cualquier historia económica y que no podemos esperar hasta que sean claras todas las respuestas sobre el comportamiento de los indicadores económicos, con más razón cuando gran parte de la información económica oficial no está disponible.

Escribir sobre los riesgos económicos exige un delicado equilibrio: los economistas no debemos ser alarmistas ni complacientes, porque, como he observado en opiniones públicas de algunos de nosotros, podríamos minar la confianza de los agentes económicos y contribuir a una recesión, o ser criticados porque no anticipamos el desenvolvimiento de la crisis económica.

Los economistas debemos explicar lo que está ocurriendo en la economía ahora, lo que podría ocurrir en el corto plazo acorde con premisas externas e internas realistas y con una evaluación bastante clara de los riesgos, también externos e internos, tareas que son más difíciles de lo que aparentan.    

En Nicaragua, ninguno de nosotros vio acercarse la recesión que se inició en abril de 2018 y que aún persiste, porque se originó por un problema político y no económico, y esto continúa siendo cierto en estos momentos postreros  de 2019.

Ahora, la mayoría de los indicadores indica que la economía nicaragüense está en un mal lugar: el desempleo y el subempleo son más altos, los salarios están congelados desde hace un año, el gasto de consumo de las familias está deprimido, el crédito interno a los consumidores y productores se redujo, la oferta de dinero se contrajo, la inflación es baja sin el efecto alcista de la reforma tributaria, las tasas de interés se aceleraron, la inversión del sector privado se desplomó, el gasto público se estancó, la cooperación internacional oficial disminuyó, las reservas internacionales se vinieron a pique, los déficit financieros internos aumentaron, la caída del volumen de bienes y servicios producidos se ahondó y los riesgos externos e internos no disminuyen.

En los últimos dos años, hemos observado una desaceleración dramática de la demanda interna, es decir, de los gastos de consumo e inversión; el esfuerzo exportador se congeló.

La economía nicaragüense de US$11,700 millones no es compleja. Desde que la conocí en la década de los setenta del siglo pasado, la producción agropecuaria con poco proceso industrial continúa manteniendo una relación sencilla con el resto de las actividades económicas del país. Por esta razón, los números económicos, escasos de fuentes oficiales y abundantes estimados por economistas no gubernamentales o independientes, están de acuerdo sobre cuán preocupados deberíamos estar.

Sin embargo, una pregunta diferente y más frecuente surgió desde enero de 2019: ¿Cuándo saldremos de esta recesión? Honestamente, a esta fecha no sé la respuesta, no obstante se logró iniciar el segundo acto del Diálogo Nacional, hoy sin visos de existencia. Por lo menos, en 2020 continuaremos en recesión económica, con o sin Diálogo Nacional, y es bastante probable que la economía se estanque en un año electoral, como es el de 2021.

En este momento, el problema singular que define la intersección de negocios y políticas es un déficit de confianza cada vez más profundo entre los agentes económicos del país, consumidores, empresarios y Gobierno. Hay un viejo dicho que dice “Las cosas se mueven a la velocidad de la confianza”, y otro que dice “Cuando la confianza es alta, la comunicación es fácil, instantánea y efectiva”. Sin o con poca confianza entre los agentes económicos, será muy difícil que la economía vuelva a crecer. No nos debe alegrar que el crecimiento económico se vuelva plano después de su caída en picada.

Y la desconfianza desaparece platicando, dialogando, con franqueza, responsabilidad y respeto, “con pocos actores , pero con representatividad, confianza y prestigio”, como se dice en una de las tres acciones unánimente aprobadas por empresarios y profesionales en el Foro “Perspectivas y Soluciones 2019”, que realizamos en las instalaciones del Instituto Centroamericano de Administración de Empresas (INCAE) el martes 8 de enero de 2019.

¿Qué se necesita cambiar para recuperar esa confianza?, es la pregunta que continúa a la de ¿Cuándo saldremos de esta recesión? Las respuestas a esas dos preguntas dependerán de los acuerdos y su cumplimiento.

Tal como lo discutimos entre los organizadores del Foro arriba mencionado, es necesario “Escuchar activamente las necesidades de la población y poner éstas por encima de todo interés personal, de grupo, o de familia” y, por consiguiente, “Anteponer a los objetivos individuales y grupales los objetivos supremos, los objetivos de la Nación: paz, respeto de los derechos humanos, fortalecimiento de las instituciones y de la democracia, y bienestar económico y social”.





La vía para reemprender el crecimiento económico en el corto plazo

10 11 2019

Muy difícil será poder observar un crecimiento económico positivo en Nicaragua en el año de 2020. ¿Por qué?

La política monetaria, al ser tremendamente contractiva, no facilita el aumento de la producción de bienes y servicios, porque el Banco Central de Nicaragua (BCN) sólo se preocupa de la estabilidad del tipo de cambio y del índice de precios al consumidor, o sea, procura mantener estable tanto la tasa de devaluación anual, que la ha disminuido recientemente de 5% a 3%, como la tasa de inflación de precios al consumidor, que en términos interanuales sería 3% si excluyéramos la aceleración inflacionaria que provocó la reforma tributaria, la cual no logrará su objetivo recaudatorio porque fue aplicada en un momento de recesión económica prolongada.

La política fiscal también es muy contractiva. El total del gasto presupuestario gubernamental en millones de córdobas permanece congelado en 2018 y 2019 y en esa forma también se mantiene el contemplado en el Proyecto del Presupuesto General de la República (PGR) 2020, con la esperanza de que la presión tributaria aumente 3 puntos porcentuales del Producto Interno Bruto (PIB) en 2019 y el propósito de mantener un déficit fiscal antes del registro de las donaciones externas bastante cercano al 0% del PIB en 2019-2020.  Este resultado parece desconocer que la reforma tributaria fue procíclica, es decir, que aceleró la tasa de caída del PIB que ya se encontraba en recesión: no es un éxito macroeconómico el pretender alcanzar un presupuesto nacional equilibrado en tiempos de crisis.

La recesión económica persiste por los altos niveles de incertidumbre de los agentes económicos, consumidores, empresarios y Gobierno. Es obvio que la estabilidad macroeconómica con recesión económica no es deseable, pero ¿qué se podría hacer para salir de ese escenario, a sabiendas de que la producción de bienes y servicios no va a reaccionar si no se logra observar el síntoma de un leve crecimiento de la demanda interna de productos finales, o sea, de consumo y de inversión? No hay ningún riesgo de equivocación al afirmarse de que la demanda interna se ha debilitado, se ha deprimido.

Es muy improbable que el gasto de consumo de las familias se reactive en el corto plazo debido al creciente desempleo y subempleo, por un lado, y por el congelamiento salarial que se arrastra desde octubre de 2018, por otro lado. Como señalé el año pasado, la demanda de dinero es exclusivamente precautoria en la crisis actual: la población limita su gasto de consumo a la adquisición de alimentos básicos, medicamentos, combustibles (gasolinas, diesel y gas propano) y servicios públicos (transporte, energía eléctrica, agua potable y telecomunicaciones). Por consiguiente, si no se logra la solución del problema político, las industrias que concentran su producción en otros bienes y servicios de consumo final observarán, en el mejor de los casos, un estancamiento productivo y, en el peor de los casos, una caída de su oferta de productos o el cierre de la empresa. Descarto, pues, la posibilidad de que el gasto de consumo de las familias sea una vía para reactivar el crecimiento económico del país en el corto plazo.

Afectado por el clima político actual, el gasto de inversión privada tampoco se visualiza como una vía para reactivar el crecimiento económico de Nicaragua en 2020. La desconfianza empresarial existente es muy compleja; la falta de información económica oficial, y la disponible, escasa con rezagos de 1 mes (la monetaria), de 3 meses (la fiscal y la de balanza de pagos), de 6 meses (la de comercio exterior) y de 9 meses (la del mercado laboral), impiden la planificación de la inversión y de la producción; los prejuicios personales sustituyen los conocimientos de mercado; y el flujo neto de inversión extranjera directa (entradas menos salidas de capitales) se tornó negativo en este año. Por consiguiente, también descarto la inversión privada, doméstica y extranjera, como una vía para reactivar la demanda interna y, por ende, la producción de bienes y serviciosen el corto plazo.

Ahora, sólo falta referirme al gasto público, o sea, el consumo y la inversión del sector pùblico, por lo cual volvemos a ver el proyecto del PGR 2020. Según las proyecciones gubernamentales, en porcentajes del PIB el gasto de consumo público aumenta de 14.3% en 2018 a 15.1% en 2019 y disminuye a 14.9% en 2020, pero el gasto de inversión pública disminuye continuamente de 5.2% en 2018 a 4.2% en 2019 y a 4.0% en 2020.

Para generar empleos e ingresos es preferible el aumento del gasto de inversión pública por su efecto multiplicador en la economía, pero esta inversión es declinante no obstante las autoridades gubernamentales han contratado importantes préstamos para ampliar la red vial pavimentada y adoquinada, y los servicios de agua potable y alcantarillado sanitario -recientemente, la Asamblea Nacional aprobó dos préstamos, que suman US$585 millones, facilitados por el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE) y destinados a esas obras de infraestructura economica-.

La economía de Nicaragua necesita urgentemente de estímulos para no continuar cayendo en el mediano plazo. Los economistas gubernamentales dejaron de ser keynesianos y se han vuelto monetaristas, porque le temen al déficit del sector público, postergándose así el posible inicio, aunque lento, de la reactivación de la demanda interna por la única vía que observo posible, es decir, la vía de la inversión pública. El gran problema económico nacional actual justifica una efectiva intervención gubernamental: dinamizar la inversión pública para reiniciar la búsqueda del crecimiento económico y evitar un mayor desquebrajamiento de la economía. ¿O acaso las autoridades gubernamentales esperan activar el ciclo político-económico hasta el año de 2021?

Paralelamente, en el plano político considero que también es urgente reemprender el Diálogo Nacional, pero también observo que es muy difícil de lograrse. El tiempo avanza y el acuerdo de la anticipación de las elecciones nacionales del 7 de noviembre de 2021 ha perdido vigor; los políticos opositores, tanto fogueados como novicios, continúan divididos, mejor dicho fragmentados, y el gobierno no muestra interés de solucionar el problema político de forma negociada.  

En lo que nunca estaré de acuerdo es que la economía se destruya para que se mantenga o se alcance el poder político.





Al fin, una medida acertada y oportuna

3 11 2019

La reducción de 2 puntos porcentuales de la tasa de deslizamiento anual del tipo de cambio oficial, que pasó de 5% a 3% a partir del 1 de noviembre del año en curso, ha sido interpretada por varios colegas economistas, políticos y empresarios como un “duro golpe” a los jubilados al significar una reducción de 40% en el mantenimiento de las pensiones, que se ha “erosionado” el poder adquisitivo de las remesas, que “golpea” la competitividad de las exportaciones, que “no impacta” las importaciones, que “refuerza” al córdoba, que “beneficia” al gobierno en el pago de la deuda pública, y que “no era el momento indicado” para disminuir la tasa de deslizamiento.  

Todas esas observaciones dejaron a un lado dos características relevantes de la economía nicaragüense: la excesiva dolarización extraoficial y la proliferación de los mecanismos de formación de precios en córdobas con el tipo de cambio oficial. La tasa de ajuste de las pensiones y la cordobización de las remesas no observarán deterioro por la menor tasa de devaluación anual, porque dicha devaluación será trasladada a los precios y contenida, por consiguiente, en la tasa de inflación anual.

Con indicadores oficiales al 30 de septiembre de 2019, la excesiva dolarización extraoficial se manifiesta con la participación de los depósitos en moneda extranjera de 65% en la liquidez total y la del córdoba con mantenimiento de valor, un dólar disfrazado, de 11%, por lo que se reduce la presencia del córdoba a ocupar el 24% del área del mercado monetario. La dolarización financiera es extraordinaria: la moneda extranjera domina el 73% de los depósitos y el 89% de los préstamos.

La cláusula de mantenimiento de valor, oficializada en el Artículo 38 de la Ley Orgánica del Banco Central de Nicaragua (BCN) y la indexación de los precios en córdobas con el tipo de cambio explican por qué ha caído el tipo de cambio real observado o de corto plazo, es decir, por qué persiste la sobrevaluación del córdoba, o sea, por qué hay pérdida de la competitividad internacional. En el caso particular de la economía nicaragüense, desde 1992 las devaluaciones nominales del córdoba no se han traducido en devaluaciones reales en la mayoría de los años, porque se establecieron mecanismos de indexación de precios en córdobas con respecto al precio de la divisa desde abril de 1991.

El tipo de cambio real, o a precio constante, observado o de corto plazo no depende sólo de la tasa de devaluación del tipo de cambio nominal o a precio corriente, que hoy ha sido disminuida de 5% a 3% anual, sino también de otros efectos de la política macroeconómica de corto plazo como son la presión del déficit fiscal en porcentajes del producto interno bruto (PIB), la presión de la base monetaria en porcentajes del PIB y la brecha cambiaria entre el mercado oficial y el mercado financiero.

Además, existen variables fundamento que inciden en el comportamiento del tipo de cambio real de equilibrio o de largo plazo, como son la relación de precios de intercambio, el flujo neto de capitales, el progreso tecnológico, la productividad y la tasa arancelaria efectiva, entre otras.

¿Por qué el gobierno escogió este momento para disminuir la tasa de deslizamiento anual del tipo de cambio? Creo que ha sido por el ajuste fiscal y el ajuste monetario que experimenta la economía del país, acompañados por la caída del crédito, el congelamiento salarial y el mayor costo del dinero.

La política fiscal es contractiva: el gasto gubernamental a precios corrientes prácticamente se ha congelado. El Ministerio de Hacienda y Crédito Público (MHCP), en su Proyecto de Ley de Presupuesto General de la República 2020, señala que el total de gasto presupuestario nominal en 2019 aumenta 0.05% y equivale a 19.3% del PIB y en 2020 vuelve a crecer apenas 0.01% en 2020 e iguala el 18.9% del PIB esperado el próximo año. Sin embargo, el supuesto macroeconómico de que la producción de bienes y servicios tiende a aumentar 0.5% en 2020 es bastante discutible.

La política monetaria también es contractiva: los depósitos del sector público no financiero en el BCN están aumentando y los reportos monetarios, crédito de muy corto plazo en moneda nacional facilitado desde 2018 por el BCN a las entidades bancarias para resolver los problemas de iliquidez, está siendo recuperado por la autoridad monetaria, o sea, en términos netos (colocaciones menos recuperaciones) es negativo y equivale a una absorción de liquidez del mercado. Sin embargo, para mantener esta política monetaria el BCN ahora sólo cuenta con Letras a 1 día pagaderas en córdobas y con la tasa de encaje efectiva semanal en moneda nacional que a septiembre era 21.6%, mientras que la legal es 13%.

Las tasas de interés son altas. Asociada con el córdoba con mantenimiento de valor, la tasa de interés activa de corto plazo saltó de 8.05% en marzo de 2018 a 12.97% en agosto de 2019, mientras que la tasa pasiva a 1 mes plazo se elevó de 1.12% a 4.07% entre ambos meses respectivamente. Sin embargo, no sólo el riesgo-país impulsó el costo del dinero sino también los más altos rendimientos de los Títulos de Inversión emitidos por el BCN en 2018 y  los de los Bonos de la República emitidos por el MHCP en 2019.

Los salarios están congelados desde octubre 2018. La tasa de inflación, excluyendo la aceleración de 3 puntos porcentuales de los precios al consumidor provocada por la reforma tributaria del 28 de febrero de este año, continúa siendo baja al ser aproximadamente igual a 3% en términos interanuales.

El saldo nominal de crédito del sistema bancario al sector privado se redujo 25% entre marzo 2018 y septiembre 2019.

La demanda interna, o sea, los gastos de consumo e inversión, continúa deprimida por el creciente desempleo y subempleo, el congelamiento salarial, el desplome de la inversión extranjera directa, la política fiscal contractiva y la incertidumbre política. En conclusión, continúa la caída del PIB Real y la clave para el crecimiento económico consiste en la reactivación del consumo y de la inversión.

¿Para qué sirve la estabilidad macroeconómica con recesión económica? Para nada. ¿Cómo salir de ese escenario macroeconómico para entrar a uno de crecimiento económico y de estabilidad del tipo de cambio y del índice de precios al consumidor? Se necesita la reducción del índice de riesgo-país, mediante el restablecimiento del Diálogo Nacional, y la reactivación del crédito, que está siendo impulsada por la política cambiaria reptante reformada a partir del 1 de noviembre de este año. Entre abril de 2018 y marzo de 2019, emigraron, en moneda extranjera, US$1,304 millones del sistema financiero nacional y creo que se acerca el tiempo para que comiencen a retornar. Además, se puede prever en el mediano plazo el establecimiento de un nuevo régimen cambiario, el régimen de banda cambiaria.