Incongruencias en el manejo macroeconómico del país

29 01 2017

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El político británico Winston Churchill decía, muy probablemente a los políticos, “Esfuérzate por mantener las apariencias que el mundo te abrirá crédito para todo lo demás”, pero esto no puede sostenerse en el escenario económico de corto plazo, mucho menos en el mediano y largo plazo.

Ya asegurada una tasa de inflación anual de 3.13% en 2016 y mantenida una tasa de devaluación anual de 5% por décimo tercer año consecutivo, o sea, ya garantizada la estabilidad macroeconómica en 2016, no valía la pena aparentar una leve caída de las reservas internacionales brutas de US$44 millones en el Banco Central de Nicaragua (BCN) al cierre del año pasado, cuando dos días antes registraban una caída de US$115 millones. ¿Cuál fue el milagro? Los grupos financieros depositaron US$79 millones en el BCN el 31 de diciembre en concepto de exceso (más de lo que está) de encaje en moneda extranjera, pero retiraron US$71 millones el 4 de enero de este año y las reservas volvieron a caer. En esa forma, el BCN pudo declarar que las reservas internacionales brutas se mantuvieron en niveles adecuados, con una cobertura de 2.5 veces la base monetaria y de 5 meses de importaciones de mercancías CIF.

Esta actitud resta credibilidad a la autoridad monetaria, porque parece que sólo le interesa cumplir la meta sin importar los medios. ¿Para qué engañar a la población y a los agentes económicos si todos conocen el desplome del crédito petrolero de Venezuela, cuyo principal beneficio fue proteger el saldo de esas reservas al no pagarse el 100% de la factura petrolera y mantener la estabilidad macroeconómica? ¿Por qué el autoengaño de los servidores públicos, si desde hace dos años también se conoce que el flujo de la inversión extranjera directa es la principal fuente de aumento de esas reservas y del crecimiento económico? Recordando palabras de Abraham Lincoln, político estadounidense, dijo que “Si tuviera dos caras, ¿estaría usando ésta?”

Pasando del mercado monetario al mercado laboral, después de cuatro semanas aún no se alcanza un acuerdo sobre la tasa de ajuste del salario mínimo legal, que es devengado aproximadamente por 200 mil trabajadores del sector formal. Como ha sido usual, todos los años se da un desgaste político en la mesa de negociación de este precio mínimo del trabajo, como resultado no sólo de intransigencias de algunos participantes sino también de las proyecciones oficiales, desde hace varios años en rangos y no en un dígito, de las tasas de crecimiento económico y de inflación del año anterior (en este caso 2016), y cuya suma, de acuerdo con la ley, determina la tasa de ajuste de dicho salario en 2017. En nuestra opinión, debería ser ajustado sólo con el indicador de la carestía de la vida, o sea, con la tasa de inflación.

A pesar que el actual ciclo agrícola ha sido normal en términos generales, al no ser afectado por la sequía que golpeó a los dos ciclos agrícolas anteriores por la presencia del fenómeno de El Niño, el BCN revisó recientemente su proyección de la tasa de crecimiento económico de 2016 ubicándola en el rango de [4.6%, 4.9%], muy parecida al de [4.5%, 5.0%] de 2015 y la dejó en 4.9%. Tomando en cuenta la tasa de inflación de 3.13% del año pasado, el ajuste del salario mínimo legal se establecería en el rango de [7.73%, 8.03%] para este año.

A sabiendas que en 2016 la tasa de inflación del costo de los 53 productos de la canasta de consumo básico fue apenas 1.3% y 4 décimas porcentuales mayor que la registrada en 2015, el máximo de 8% del rango arriba indicado sería la tasa de ajuste del salario mínimo  legal  en 2016. Con esto tratamos de señalar que es conveniente fortalecer la certidumbre económica.

Trasladándonos ahora al plano de la producción, el BCN ha perdido su capacidad de recopilar la información económica necesaria para determinar el comportamiento del Índice Mensual de Actividad Económica (IMAE) y del Producto Interno Bruto (PIB). A esta fecha, no se dispone de información oficial de los indicadores de producción de (i) granos básicos desde el cierre del ciclo agrícola 2014/2015; (ii) banano desde julio 2013; (iii) matanza de ganado vacuno y acopio de leche desde septiembre 2016; (iv) huevos desde enero de 2016; (v) oro y plata, durante el período  mayo 2014-diciembre 2015 y desde agosto 2016; ocho minerales no metálicos, entre los que se destacan la arena y la piedra cantera, durante el período septiembre-diciembre 2015 y desde agosto 2016; y la telefonía nacional e internacional desde julio 2010.

¿Cómo estima el BCN la tasa de crecimiento del IMAE y del PIB Real de la economía nicaragüense si no cuenta con los indicadores de 20 volúmenes de producción de bienes y servicios clave del país? Como dijo públicamente en cierta ocasión el presidente del BCN, Ovidio Reyes, “si no tenemos los datos, los estimamos”, pero eso depende de la capacidad analítica de quiénes estimen los volúmenes de producción de los rubros arriba mencionados, que generalmente sólo usan modelos econométricos para determinarlos. El año pasado sugerí públicamente al Presidente Daniel Ortega que fortaleciera las funciones del BCN para obtener, criticar, procesar y publicar la información económica del país, con los objetivos de que la autoridad monetaria se convierta en el coordinador del sistema de información económica nacional y que la Presidencia de la República disponga de mejor información para la toma de decisiones.

Volviendo al mercado monetario, el BCN, en su afán de garantizar a toda costa la estabilidad macroeconómica, se excedió en sacar córdobas en circulación con las subastas de Letras y los depósitos de encaje en moneda nacional, de tal forma que desaceleró profundamente el crecimiento interanual del medio circulante o dinero desde 20% promedio en 2015 a 2.3% en mayo de 2016, la aceleró hasta 13.5% en julio y la volvió a desacelerar hasta 4.9% en diciembre. En consecuencia, las empresas que destinan su producción al mercado interno experimentaron una caída del volumen de sus ventas de bienes y servicios, así como un aumento del volumen de inventarios, principalmente de origen importado, y problemas de programación empresarial en el segundo semestre de 2016. Al 25 de enero de este año, la masa de córdobas que circula en el mercado se ha vuelto a desacelerar hasta 0.9%.

En aras de la estabilidad de una baja presión inflacionaria, el BCN podría provocar una desaceleración del crecimiento económico en este año que observaremos una mayor inflación importada –alzas de los precios del petróleo, los combustibles y otros bienes primarios, y de las tasas de interés internacionales-, que no será posible disminuir; además, el modelo económico del presidente de Estados Unidos, Donald Trump -proteccionismo comercial y un gasto público expansivo con una reducción de las tasas del impuesto sobre la renta- provocará una mayor aceleración inflacionaria.

El BCN ha proyectado usualmente la tasa de inflación anual con la suma de la tasa de devaluación de 5% y de la tasa de inflación internacional -la de Estados Unidos ya arribó al 2% en diciembre recién pasado-, es decir, una inflación anual de 7%, pero la estableció en el rango de [5.5%, 6.5%] (?) para 2017. Aunque entre los objetivos del BCN no aparece el de pleno empleo, sugiero al colega Ovidio Reyes que revise la proyección oficial de la inflación anual y del comportamiento interanual del medio circulante, con el propósito de que no se obstaculice el desempeño empresarial en el transcurso de este año.

En conclusión, la macroeconomía está excelente, pero se está volviendo muy frágil.

 

 

 

 

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Incertidumbre económica global

22 01 2017

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El 45º presidente de Estados Unidos, Donald Trump, tomó posesión el viernes 20 de enero de este año y mantuvo la incertidumbre no sólo en la economía de Estados Unidos sino también en la economía mundial.

El menú de su política económica muestra la disminución de los ingresos tributarios con la reducción de la tasa máxima de impuesto sobre la renta de 40% a 15% para todos los estadounidenses; la ampliación del gasto público a través de la inversión pública y el reforzamiento de las fuerzas armadas y de la lucha contra el crimen, las pandillas y las drogas; la “flexibilización” del Obamacare; el impulso del proteccionismo comercial, con el retiro de Estados Unidos de la Asociación Transpacífica (el acuerdo de libre comercio con 11 países del Pacífico), la revisión del NAFTA -el acuerdo de libre comercio con México y Canadá- y la amenaza con salirse del tratado si los otros dos países se oponen a renegociarlo, el establecimiento de más aranceles de 35% y 45% si las empresas estadounidenses externalizan su producción, y la negociación de acuerdos comerciales bilaterales; la desregulación estatal sobre la economía; la disminución de los límites de las emisiones contaminantes, sin mencionar el Acuerdo de París contra el cambio climático; la deportación de los inmigrantes indocumentados con antecedentes delictivos y la construcción de un muro en la frontera con México contra la inmigración irregular y que lo pagaría el país vecino.

Complementa su menú de políticas económicas con su política exterior que aboga por la doctrina de “paz mediante la fuerza”, promete un plan agresivo contra el yihadismo, siembra dudas sobre la Organización del Tratado Atlántico Norte (OTAN) al calificarla de obsoleta, evoca la posibilidad de un acuerdo de reducción de armas nucleares con Moscú a cambio del levantamiento de las sanciones impuestas a Rusia, y pronosticó que el Brexit sería un éxito y anunció que quería concluir rápidamente un acuerdo comercial con Reino Unido.

Su nueva visión de gobierno la resumió así: “Desde este día sólo será ‘América primero’. Cada decisión en comercio, impuestos, inmigración o asuntos exteriores, tendrá el objetivo de defender a los ciudadanos y trabajadores estadounidenses”, y prometió, con su habitual tono populista, que los ciudadanos guiarán su política y dejarán de ser los “olvidados”.

Con sus propuestas económicas, Donald Trump también ha prometido duplicar el ritmo de crecimiento económico anual de Estados Unidos, es decir, elevarlo de 2% a 4% en los cuatro años de su presidencia.

Se visualizan riesgos para la economía estadounidense y en la economía internacional con el modelo trumpiano. Su propuesta de política fiscal es bastante contradictoria, porque incrementará el déficit y la deuda del sector público al aumentar el gasto y disminuir los impuestos, acelerará la tasa de inflación en el mercado estadounidense, apreciará o dará mayor valor a dólar, obligará a la Fed a doblar el paso en las alzas de las tasas de interés, encarecerá las exportaciones estadounidenses, abaratará las importaciones de la primera economía mundial, y ampliará el déficit comercial externo. El crecimiento económico sería estimulado en el corto plazo, pero el resultado de todos estos efectos es la desaceleración y la recesión económica si las tasas de interés subieran rápidamente.

El ansiado bienestar económico que persigue el presidente Donald Trump “sobrecalentaría” la economía estadounidense, porque ésta ya se encuentra muy cerca del pleno empleo al observarse la actual tasa de desempleo de 4.7% de la población económicamente activa (PEA), aunque no hay que pasar por alto que millones de estadounidenses han dejado de buscar trabajo y ya no pertenecen a la PEA, y la actual tasa de inflación interanual que es igual a 2.07%, el nivel máximo tolerable por la Fed.

Con una economía que crece a un ritmo cercano a su potencial debido al bajo nivel de desempleo, una política fiscal expansiva con una menor disponibilidad de ingresos tributarios podría provocar  escasez de mano de obra, aumentos salariales insostenibles y mayores presiones inflacionarias. En ese entorno, la Fed tendría que endurecer la política monetaria con alzas más rápidas de las tasas de interés para contrarrestar la aceleración de la tasa de inflación en el mercado estadounidense. Sólo el aumento de la productividad podría ayudar a mantener un crecimiento económico permanente de 4% anual libre de inflación en el corto plazo, el cual se podría lograr con un auge tecnológico que aún no ha sido mencionado por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

En el ámbito internacional, los países de economía emergente, principalmente China y México, no se beneficiarían del crecimiento económico de corto plazo en Estados Unidos por el establecimiento de barreras comerciales. Además, existe el riesgo de que se desate una guerra comercial entre Estados Unidos y China.

El mercado integrado de Centroamérica, que en 2015 tuvo un Producto Interno Bruto (PIB) Nominal de 228 mil 248 millones de dólares equivalente al 90% del PIB de Chile,  cuenta con el acuerdo comercial del CAFTA suscrito con Estados Unidos, aparentemente no está amenazado por el proteccionismo comercial, porque los países centroamericanos son exportadores natos de materias primas. Sin embargo, debido a la apreciación esperada del dólar estadounidense, no se verán favorecidos los países importadores de materias primas que pagan en moneda estadounidense, por ejemplo el petróleo, así como los países importadores de productos estadounidenses, entre ellos Nicaragua.

Es bastante probable que los canales de trasmisión de los aumentos o de las disminuciones del PIB estadounidense hacia los países centroamericanos, incluyendo a Panamá, se mantengan durante la administración Trump, los cuales son los siguientes (porcentajes del PIB Regional de 2016 entre paréntesis, de acuerdo con datos de COPADES): las exportaciones de materias primas (21%), los flujos de inversión extranjera directa (5%), las remesas familiares (7%) y la afluencia de turistas estadounidenses. Cabe agregar que el flujo bruto de la inversión directa estadounidense hacia Nicaragua totaliza 2 mil 101 millones de dólares y participa con el 20% en el valor total de la inversión extranjera directa acumulada en el país durante el período 1991-2015.

En el mercado financiero internacional se daría fácilmente un fuerte aumento de las tasas de interés, que afectaría a los países de economía emergente y a los países en vías de desarrollo, entre estos últimos los países centroamericanos y, por ende, Nicaragua. El dinero se volverá más escaso y más caro, y los países que estén muy endeudados en dólares estadounidenses y en términos no concesionales tendrán efectos negativos en sus balanzas de pagos.

En conclusión, se observan más factores de incertidumbre y un mayor riesgo económico en la economía mundial al inicio del año de 2017 de los que había al empezar el año de 2016. A las promesas del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, habría que agregar la salida del Reino Unido de la Unión Europea y los resultados electorales en Francia, Alemania y Holanda, en que participan la francesa Marine Le Pen, el holandés Geert Wilders y la alemana Frauke Petry, todos ellos autodenominados como “líderes de la nueva Europa”, ultraconservadores decididos a transformar el continente en las elecciones que se celebrarán este año.

Para nosotros, los nicaragüenses en particular, debemos mantener la atracción inversionista extranjera y doméstica para seguir impulsando el crecimiento económico y continuar reduciendo la pobreza con la implementación de políticas públicas que reduzcan la desigualdad de los ingresos, pero también se observan riesgos políticos muy cercanos, cuyas causas están en Managua pero sus efectos también vienen de Washington.





El Riesgo-País de Nicaragua en 2017

7 01 2017

Consultores Para el Desarrollo Empresarial (COPADES) realizará el Seminario de Actualización Empresarial “El Riesgo-País de Nicaragua en 2017” en el Salón Regency del Hotel Crowne Plaza, el próximo jueves 26 de enero de 8:30 a.m a 12:00 m.

Se analizarán los riesgos políticos, económicos y financieros y sus efectos sobre  la evolución de la economía de Nicaragua en este año, entre los que se destacan el moderado crecimiento económico mundial, la Trumpeconomía -proteccionismo comercial, mayor gasto de inversión pública y menor recaudación de impuestos en el mercado interno de Estados Unidos-, la fortaleza o la apreciación del dólar estadounidense,  el aumento de los precios internacionales de las commodities y de la LIBOR, la mayor inflación importada, la muy probable Nica Act, la disminución de la cooperación petrolera de Venezuela y la incertidumbre política interna.

Reserve su participación anticipadamente, porque el cupo es limitado.

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Manejo prudente de la política monetaria

6 01 2017

Excepto el año de 2012, en que las reservas internacionales brutas del Banco Central de Nicaragua (BCN) apenas disminuyeron US$5 millones, desde el año de 2002 hasta el año de 2015 los saldos anuales de esas reservas acusaron aumentos, pero al 29 de diciembre de 2016 habían acumulado una caída de US$115.2 millones, que es casi igual a la registrada en el año de 2001, cuando cesaron las liquidaciones bancarias y el muy cuestionado rescate de los depositantes, que costaron US$492.4 millones a los contribuyentes.

El saldo de las reservas internacionales brutas del BCN al 29 de diciembre de 2016 era US$2,377.1 millones, equivalente a 2.38 veces el saldo de la base monetaria (2.5 veces es el objetivo del BCN y 2.2 veces indicaba el Fondo Monetario Internacional (FMI) en los programas de ajuste macroeconómico), y a 4.8 meses de importaciones de bienes CIF (4 meses señala actualmente el FMI). Por lo tanto, aún con esa caída de reservas el BCN logró mantener la estabilidad macroeconómica en 2016, es decir, la estabilidad del tipo de cambio, con una devaluación anual de 5%, y de una baja presión inflacionaria, 3.13% anual.

Dos días después, el sábado 31 de diciembre, el monto de reservas internacionales brutas en el BCN subió repentinamente hasta US$2,447.8 millones, gracias a un aumento de US$79.3 millones en los depósitos de encaje en moneda extranjera que los grupos financieros llevan al BCN. En esta forma extraordinaria, las reservas internacionales brutas cayeron sólo US$44.5 millones y fueron iguales a 2.56 veces la base monetaria y 4.95 meses de importaciones de bienes CIF.

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Mientras más córdobas circulan en el mercado, mayor es la demanda de divisas para importaciones, lo cual debilita la posición de las reservas internacionales del BCN. Para protegerla, la autoridad monetaria cuenta con dos instrumentos, las operaciones de mercado abierto (OMA), mediante las subastas semanales de Letras, y la tasa de encaje sobre los depósitos en córdobas, o sea, el monto equivalente al porcentaje de dichos depósitos que los grupos financieros depositan en el BCN.

Las colocaciones netas (colocaciones menos redenciones) de Letras subastadas por el BCN en 2016, en vez ser contractivas para proteger la posición de las reservas internacionales, fueron expansivas en un monto de C$915.9 millones. El BCN logró subastar Letras por C$24,519.0 millones, pero tuvo que redimir C$25,434.9 millones. Las subastas de Letras del BCN pudieron contraer la base monetaria sólo en 4 meses del año, principalmente porque el 78.6% del monto total de las colocaciones tuvieron plazos de 7 días, 14 días y 1 mes y, entre éstas, el plazo más importante fue el de 14 días, de tal manera que tan pronto se colocaban, tan pronto se redimían. Otra posible explicación es que los inversionistas financieros, es decir, los grupos bancarios locales, tuvieron aversión al riesgo para comprar Letras a 3 meses, 6 meses, 9 meses y 1 año, debido al ruido político que se agudizó desde junio de 2016 y al silencio electoral que imperó en el segundo semestre del año. Sólo el 5.6% del monto total de las colocaciones de Letras fue a 1 año plazo, aún con la alza de su tasa de rendimiento dolarizada desde 4.58% en enero hasta 5.05% en septiembre.

La tasa de encaje sobre los depósitos en córdobas fue efectiva para regular la liquidez en el segundo semestre del año, al contribuir con C$2,543.7 millones en la contracción anual de la base monetaria. Al cierre del año de 2016, la tasa de encaje efectiva diaria sobre los depósitos en córdobas fue igual a 23.2%, 11.2 puntos porcentuales por arriba de la tasa legal requerida,  con la cual se reflejó un excedente de C$4,021.7 millones sobre el monto de encaje requerido. El excesivo saldo de encaje efectivo provoca aumentos en las tasas de interés activas del sistema financiero, porque no gozan de mantenimiento de valor ni de tasa de interés en el BCN.

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En ese escenario de reducción de la liquidez en córdobas, las empresas radicadas en Nicaragua, que destinan sus productos principalmente al mercado interno, observaron caídas del valor de sus ventas y aumentos de sus inventarios de materias primas, productos en proceso y productos terminados. Este fenómeno se registró desde mayo de 2016, cuando la tasa de variación interanual del medio circulante ampliado (M1A) desaceleró hasta 2.3% (ver gráfica) debido a la esterilización de dinero provocada por las subasta de Letras Estandarizadas. Esto provocó incertidumbre en la toma de decisiones empresariales de producción y comercialización.

La principal causa de la caída de las reservas internacionales brutas del BCN en 2016 fue la venta neta de divisas del BCN que ascendió a US$134.8 millones, una transacción opuesta a las compras netas de divisas del BCN de US$234.3 millones en 2014 y US$221.8 millones en 2015. ¿Por qué el BCN vendió tantas divisas? La única respuesta que salta a la vista es la reducción del crédito petrolero de Venezuela, provocado por el menor precio internacional del barril de crudo WTI, el menor porcentaje de la factura de cada embarque de hidrocarburos en concepto de crédito y la contracción del volumen de hidrocarburos procedente de Venezuela.

El 4 de enero recién pasado los grupos bancarios retiraron US$70.8 millones de sus depósitos de encaje en moneda extranjera en el BCN y las reservas internacionales brutas oficiales volvieron a caer.  Aunque este escenario no es preocupante en el momento actual, habría que analizar la evolución de dichas reservas en el primer semestre de este año para identificar los problemas estructurales que podrían estar afectándolas, incluso revisar los parámetros de las condicionalidades de estabilidad macroeconómica. El BCN debe actuar con prudencia en la selección de las medidas adecuadas para enfrentar esta situación macroeconómica, que también podría estar influenciada por problemas políticos.