La economía de Nicaragua creció a un ritmo promedio anual de 2.1% en mayo

25 07 2021

Tomando en cuenta los datos preliminares del producto interno bruto (PIB) real de Nicaragua estimados por el Banco Central de Nicaragua (BCN), durante el trienio 2018-2020, tras tres años continuos de recesión económica la producción de bienes y servicios del país se redujo 8.75% hasta el nivel registrado en 2015. A manera de ejemplo, si se deseara que en este año se alcanzara de nuevo el máximo histórico de la producción del país que se observó en 2017, el PIB Real tendría que crecer 9.6% en 2021. Imposible de lograrlo.

En 2020 el PIB nominal por persona promedio anual valorado en dólares estadounidenses, también estimado y publicado por el BCN, fue igual a US$1,914, muy cercano a su valor de US$1,917 registrado en 2014. El nivel de este indicador macroeconómico ayuda a concluir de que la economía de Nicaragua ha retrocedido 6 años a finales de 2020.

La economía nicaragüense, como la de los otros países, continúa distorsionada por la pandemia del COVID-19. No obstante la baja cobertura de la vacunación contra el COVID-19 en la población del país y el sesgo contractivo de la política monetaria y la política fiscal, la economía de Nicaragua está funcionando en una mejor forma que la observada el año pasado, debido a:

  • la inversión pública financiada principalmente con préstamos del Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE), debido a las sanciones de la NICA Act en vigor desde el 20 de diciembre de 2018, que impiden nuevas contrataciones de deuda pública externa con el Banco Mundial (BM/IDA, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Fondo Monetario Internacional (FMI);  
  • el aumento del consumo de los hogares por el mayor flujo de remesas, también inesperado en un momento en que la economía estadounidenses caía en picada por el COVID-19 en 2020; y
  • la asistencia humanitaria proveniente de los tres organismos multilaterales tradicionales arriba mencionados, a través de préstamos muy concesionales que superaron los US$400 millones en diciembre de 2020 y que tienden a aumentar el gasto público.

No impulsan el crecimiento económico del país en este año la inversión privada, tanto doméstica como extranjera, que se estanca y disminuye por el alto riesgo político y la incertidumbre empresarial, ni las exportaciones domésticas de bienes a pesar de su mayor valor por los altos precios internacionales de materias primas.

No olvidemos que la economía del país está saliendo de un hoyo, el tercero más profundo desde el gran desplome de 32.2% del PIB real registrado en el bienio 1978-1979 con la caída del régimen de Anastasio Somoza Debayle, y de la gran reducción de 12.8% del PIB real observada entre 1980 y 1990 debido a la política macroeconómica ineficiente y demasiado expansiva y a la guerra de agresión. El riesgo más grande para salir del hoyo actual es otra severa ola de contagio de las variantes Delta y Delta Plus del coronavirus.

La lucha contra el coronavirus es un riesgo mayor y está lejos de terminar, porque las dos terceras partes de la población mundial que no vive en países de economía avanzada o en China se encuentran en una situación muy complicada por la escasez de vacunas. Los virólogos y médicos expertos en esta materia han afirmado que la variante Delta tiene una carga viral más alta que la de COVID-19, contagia a más personas en 2.3 días mientras que la primera variante de Wuhan contagiaba entre 5.5 y 7.5 días, se reproduce en nuestro interior mucho más rápido y tarda menos en mostrar síntomas.

El BCN publicó el comportamiento del Índice Mensual de Actividad Económica (IMAE) correspondiente a mayo de este año en la semana pasada. La serie procesada de este indicador mensual de la producción del país que nos interesa conocer es la del IMAE promedio anual (de la serie original), cuya variación relativa interanual en diciembre de cada año es idénticamente igual a la tasa de variación relativa del PIB Real anual de ese mismo año.

Según el BCN, el índice de la serie original del IMAE de mayo de 2021 (Base: 2006 = 100), es decir, el índice de producción de mayo de 2021, reflejó el nivel de 154.5%, muy aproximado al 153.8 registrado en marzo de 2017, último mes normal de la historia económica contemporánea del país. Son dos fotografías, las más parecidas, de la producción en el mismo mes de dos años distintos, con una diferencia de cuatro años.

Por su parte, en mayo de este año el IMAE promedio anual de 147.45% aceleró su tasa de crecimiento interanual de 0.40% en abril a 2.11% en mayo, pero el IMAE promedio anual a mayo de 2020 de 144.39% fue 304.85 puntos básicos menor que el IMAE promedio anual de mayo de 2021, y ya acusaba el impacto de la pandemia del COVID-19 sobre la economía nicaragüense.

Por esa razón, reitero que debemos tener cuidado con las cifras “engañosas” o “ruidosas” o “increíbles” de las tasas de crecimiento económico y de inflación de una economía que todavía está distorsionada por la pandemia. No hay que olvidar que los índices mensuales de la producción de bienes y servicios observados desde abril de 2020 en el país ya estaban afectados por el COVID-19, y ya se encontraban en una fase de caída prolongada desde septiembre de 2018 por problemas políticos.

Por esas razones antes mencionadas, con la lectura de la serie original del IMAE utilizada por el BCN en su informe, es decir, con la lectura de las fotografías de los volúmenes de la producción de cada mayo de 2020 y 2021, fueron estimados los siguientes aumentos de la producción por actividad económica:

Explotación de Minas y Cantera, 118.0%; Hoteles y Restaurantes, 64.2%; Pesca y Acuicultura, 34.9%; Industria Manufacturera, 34.6%; Comercio, 27.6%; Construcción, 14.6%; Energía y Agua, 14.3%; Transporte y Comunicaciones, 12.6%; Pecuario, 5.6%; Administración Pública y Defensa, 1.6%; Enseñanza, 1.6%; Salud, 0.9%; Silvicultura y Extracción de Madera, 0.9%; y Propiedad de Vivienda, 0.6%.

Por otro lado, sólo tres actividades disminuyeron la producción: Intermediación Financiera, 5.9%; Otros Servicios, 3.2%; y Agricultura, 0.9%.

El BCN debió haber enfatizado en su informe que la tasa de crecimiento de la serie del IMAE original fue 15.4% interanual en mayo de este año, porque utilizó las series originales de cada actividad económica para afirmar sus notables crecimientos. Pero no lo hizo y sólo agregó, en una forma relevante, las variaciones interanuales positivas de las series desestacionalizadas, 14.6%, y tendencia-ciclo del IMAE, 2.3%.

En conclusión, la tasa de crecimiento interanual de la serie del IMAE promedio anual de Nicaragua fue del orden de 2.1% en mayo de 2021, y cuya variación interanual en cada diciembre es idénticamente igual a la tasa de crecimiento anual del PIB Real. Creo que el BCN debería analizar los problemas económicos con el mayor rigor científico posible.





La política fiscal, base del crecimiento económico de Nicaragua

19 07 2021

La economía de Nicaragua comenzará a crecer dinámicamente cuando aumente la demanda de bienes y servicios finales, es decir, cuando se incrementen los gastos reales (sin inflación) de consumo e inversión, tanto del sector privado (hogares y empresas) como del sector público (gobierno central y alcaldías municipales), y el volumen de las exportaciones.

La crisis económica del país, provocada por causas ajenas a la economía -los problemas políticos internos, la pandemia del COVID-19 y los cambios climáticos- se resolverá con el avance en la solución de esos tres problemas extraeconómicos -convivencia y diálogo, cobertura de la vacunación contra el coronavirus de al menos 70% de la población, y financiamiento concesional para préstamos verdes y relacionados con la sostenibilidad-, sin olvidar que las limitaciones de la oferta están provocando alzas de precios de algunos bienes. Sin embargo, esto no producirá un gran impulso al producto interno bruto (PIB) real.

Acelerar la tasa de crecimiento del PIB Real sería posible con una política fiscal expansiva. En otras palabras, la factibilidad de un mayor crecimiento económico se basaría en una política fiscal que apunte, primero, a disminuir altas tasas tributarias principalmente en las actividades productivas, que han reducido la liquidez y han elevado los costos de producción en las empresas, lo cual implicaría una evaluación de la reforma de la Ley de Concertación Tributaria aprobada el 28 de febrero de 2019, que también impulse el gasto de capital empresarial real (construcción y maquinaria y equipo) y, segundo, con un mayor gasto de inversión pública que genera empleos e ingresos, que genere crecimiento económico, impulse la demanda de bienes y servicios finales, y elimine la crisis económica.

Por su parte, la política monetaria se encuentra inhabilitada para aumentar la producción de bienes y servicios. Los objetivos del Banco Central de Nicaragua (BCN) se limitan a la estabilidad del córdoba -una condición necesaria pero insuficiente para acelerar el ritmo de crecimiento económico- y al normal desenvolvimiento de los pagos internos y externos -principalmente los relacionados con los bancos e instituciones financieras-. Dicho sea de paso, el córdoba, la moneda de curso legal, tiene una presencia marginal en el mercado debido a la excesiva dolarización extraoficial de la economía equivalente a 62% del total de la liquidez, a pesar de que el problema político de abril de 2018 redujo la dolarización en 6 puntos porcentuales.

No obstante la muy limitada capacidad de la política monetaria para generar el crecimiento económico, el BCN la ha dirigido apropiadamente para mantener la estabilidad del córdoba. En el primer semestre de este año, el saldo de las reservas internacionales brutas (RIB) administradas por el BCN se incrementó en US$399.9 millones hasta US$3,611.8 millones -el esfuerzo gubernamental para aumentar las RIB fue del orden de US$167.5 millones-, mientras que la base monetaria (M0), o la suma de los saldos de emisión de dinero y de encaje en moneda nacional, se contrajo C$6,534.7 millones. Así, el parámetro de la estabilidad macroeconómica indicó que al 30 de junio de 2021 el saldo de las RIB es igual a 3.42 veces el saldo de la base monetaria, por arriba del mínimo establecido en 2.5 y, por lo tanto, se puede aseverar que en Nicaragua no hay riesgos cambiarios al mantenerse la estabilidad del índice de precios al consumidor y del tipo de cambio del córdoba con el dólar.

Facilitaron el aumento semestral del saldo de las RIB, el flujo de préstamos y donaciones al sector público de US$261.9 millones, la compra del BCN de US$171.7 millones al sistema financiero y al gobierno central, los depósitos monetarios de US$109.0 millones de las entidades bancarias en el BCN, y la colocación neta de Letras pagaderas en dólares de US$194.8 millones, pero esos aumentos fueron neutralizados parcialmente por el pago de US$182.1 millones de intereses y amortizaciones de la deuda pública externa, la disminución de US$107.6 millones de las cuentas corrientes del sector público no financiero y la reducción de US$52.9 millones del saldo de encaje en moneda extranjera.

En cambio, la contracción semestral del saldo de la base monetaria se explica principalmente con la colocación neta de Letras a 1 día plazo pagaderas en córdobas por C$1,999.8 millones, los depósitos del sector público no financiero en el BCN de C$9,986.2 millones y los depósitos a plazo del gobierno de C$859.3 millones, pero fue contrarrestada parcialmente por la cordobización de divisas de C$3,072.3 millones, la compra de divisas al sector privado de C$2,930.8 millones y las pérdidas del BCN de C$482.8 millones.

Finalmente, entre el 31 de diciembre de 2020 y el 30 de junio 2021 se puede observar que las preferencias del público no bancario en la tenencia de activos monetarios presentan el siguiente orden (con saldos valorados en dólares): (i) depósitos en moneda extranjera (aumento de US$180.3 millones, hasta US$3,244.4 millones), pero todavía alejado de su máximo histórico de US$4,115.0 millones registrado el 13 de abril de 2018; en córdobas con mantenimiento de valor, (ii) depósitos de ahorro (US$477.8 millones) y (iii) depósitos a plazos (US$84.6 millones) ; y en córdobas (iv) depósitos a la vista (US$697.5 millones) y (v) numerario, o sea, billetes y monedas que circulan fuera del sistema financiero, (US$1,055.9 millones).

Persiste el “efecto base” en las variaciones relativas interanuales del medio circulante (numerario más depósitos a la vista) o dinero y del numerario. Al 30 de junio 2021, el saldo del medio circulante de C$49,151.0 millones reflejó un aumento interanual de 26.6%, y el saldo del numerario de C$24,621.3 millones mostró un incremento interanual de 31.0%, pero ambas variables oscilaban alrededor del 10% en la mayoría de los meses de 2017. Los valores de ambas variables aún no se han normalizado, porque continúan comparándose con niveles muy bajos del año pasado, impactados por las causas extraeconómicas antes mencionadas. 

El control de las reservas internacionales y de la base monetaria y el comportamiento de los principales agregados monetarios ayudan a demostrar que el BCN puede garantizar la estabilidad macroeconómica. Sin embargo, el BCN disminuyó su tasa de interés monetaria o interbancaria en córdobas sin mantenimiento de valor desde 4.5% en julio de 2020 hasta 3.5% en marzo de 2021 y no ha podido estimular el crecimiento económico, dada la escasa correlación existente entre dicha tasa y la tasa de interés del mercado. Por esto, la política fiscal debe ser la promotora del crecimiento del PIB Real.

Recientemente, la Unidad de Inteligencia de The Economist destacó que en 2021 la economía de Nicaragua crecerá 4.8% y volverá a los niveles anteriores a la pandemia, gracias al consumo, al gasto público, a la inversión fija y a la recuperación del dinamismo de la exportación de bienes.

En otras palabras, la Unidad de Inteligencia de The Economist está fundamentando su pronóstico del crecimiento económico de Nicaragua en 2021 en la demanda global, cuestión que a mi parecer sería bastante difícil de lograrse, pero ojalá así sea. Y si así fuese, con base en los datos oficiales del BCN, el nivel del PIB Real de Nicaragua en 2021 estaría muy cercano a su nivel registrado en 2016 y, además, se ubicaría 4.4% por debajo de su nivel observado en 2017, año en que alcanzó su máximo histórico, y 1.0% por debajo de su nivel alcanzado en 2018.





La tasa de inflación de Nicaragua a junio de 2021

11 07 2021

La pandemia del Covid-19 trastornó la economía mundial. Al iniciarse la recuperación económica en 2021, anunciada por el Fondo Monetario Mundial (FMI) al menos en los países de economía avanzada y en algunos países de economía emergente, los datos económicos pueden conducirnos a resultados “engañosos” y “ruidosos”.

Estamos comparando datos económicos de 2021 con datos económicos distorsionados por el coronavirus. Si a los datos económicos le aplicáramos ajustes estándares que se aprenden en un curso de estadísticas, por ejemplo, la variación estacional que trata de suavizar el comportamiento mensual o trimestral de las principales variables macroeconómicas, estamos obteniendo resultados increíbles, engañosos, y ruidosos, que no funcionan bien en una economía que todavía está distorsionada por el COVID-19.

El Índice de Precios al Consumidor (IPC) Nacional elaborado por el Instituto Nacional de Desarrollo de la Información (INIDE), correspondiente a junio de este año, fue publicado en la semana pasada.

¿Cómo le gustaría leer la variación relativa o porcentual del IPC, es decir, la tasa de inflación?

Comencemos la lectura del IPC con las respuestas a las preguntas más frecuentes que hacen los  consumidores y los productores sobre el comportamiento de los precios al consumidor, como son su nivel, sus causas y la expectativa inflacionaria de corto plazo.

La tasa de inflación mensual en junio fue igual a 0.72%, porque se aceleró el alza de los precios de los grupos de alimentos y bebidas no alcohólicas, transporte, y alojamiento, agua, electricidad, gas y otros combustibles.

La tasa de inflación acumulada entre diciembre de 2020 y junio 2021 se ubicó en el nivel de 2.24%, igual a la de los alimentos y bebidas no alcohólicas, pero influenciada principalmente por los precios de las bebidas alcohólicas y tabaco, y del transporte.

La tasa de inflación interanual en junio, es decir la inflación anualizada a junio del año en curso, de particular interés para los empresarios en su toma de decisiones, fue del orden de 3.94%, explicada principalmente por los precios de bebidas alcohólicas y tabaco, transporte, comunicaciones, y alimentos y bebidas no alcohólicas.

Concluimos con la lectura de la variación relativa del Índice de Precios al Consumidor Subyacente (IPCS), en otras palabras, la tasa de inflación subyacente, que no toma en cuenta los precios muy volátiles de los alimentos y de los combustibles, la cual también podemos considerar como la expectativa de la tasa de inflación de corto plazo.

La tasa de inflación subyacente registrada en junio mostró el siguiente comportamiento: mensual, 0.64%; acumulada anual, 3.14%; e interanual, 4.70%, que es muy cercana a la registrada en marzo de 2020, el mismo mes en que se anunció oficialmente la presencia de la pandemia del COVID-19 en Nicaragua.

La inflación en Nicaragua no es preocupante, porque continúa oscilando alrededor del 4% interanual y aún no ha llegado a la barrera del 5%. Esta afirmación anterior la fundamenté en un artículo económico escrito hace tres semanas sobre los “efectos base” y las interpretaciones económicas engañosas de las variaciones de las principales variables macroeconómicas en tiempos de severas crisis extraeconómicas, en el cual afirmé que la inflación subyacente interanual había descendido desde el rango de [5.25%, 6.56%] alcanzado con la reforma tributaria de febrero 2019, hasta el rango de [2.56%, 4.13%] entre abril de 2020 y mayo de 2021, y que en este año había vuelto a oscilar alrededor del nivel tradicional de 4%. Reitero que, en estos momentos de crisis, la tasa de inflación más realista es la subyacente, y que si en términos interanuales arribara al 5% y luego comenzara a buscar el nivel de 6% habría fuertes presiones inflacionarias y la política monetaria, que se ha mantenido contractiva, tendría que endurecerse.

Por otro lado, según los datos del Banco Central de Nicaragua (BCN), el gasto real de consumo individual de los hogares (o en precios constantes de 2006) en el primer trimestre de 2021 reflejó un levísimo aumento (en volumen) de apenas 0.04% con respecto a su nivel observado en el trimestre anterior, o sea, el cuarto trimestre de 2020, pero en términos interanuales, el mismo gasto de los hogares del primer trimestre de 2021 en relación con el registrado en el primer trimestre de 2020 registró un incremento de 2.31%, una cifra que es “engañosa” por el “efecto base”, y que al ser comparado con el gasto observado en el primer trimestre de 2019, un trimestre que ya estaba afectado por la crisis política surgida en abril de 2018, mostró un aumento de 5.19%, otra cifra “engañosa” y, además, “ruidosa”, porque al ser comparado con el mismo gasto de consumo del primer trimestre de 2018, que puede ser considerado como el último trimestre “normal” de la economía de Nicaragua, indica un desplome de 3.64%.

Por consiguiente, no se podría afirmar que el consumo de las familias se ha reactivado. La demanda alicaída del gasto de consumo de las familias aún no contribuye a la reactivación de la producción de bienes y servicios finales, ni a la reducción del desempleo y subempleo.

Además, tampoco se podría afirmar que el gasto real (o sin inflación) de consumo de los hogares se ha reducido porque se aceleró la tasa de inflación de los precios al consumidor. Si tomamos en cuenta la tasa de inflación subyacente, podemos decir que la presión inflacionaria en el mercado local se ha normalizado en este año debido a la demanda alicaída de productos de consumo final y a la persistente contracción de la base monetaria o liquidez en córdobas que ha garantizado tanto el fortalecimiento de la posición de las reservas internacionales administradas por el BCN, como el cumplimiento apropiado de la condicionalidad de la estabilidad macroeconómica del país, o sea, el mantenimiento de la estabilidad del tipo de cambio y del índice de precios al consumidor.





El salario medio del sector formal de la economía de Nicaragua

4 07 2021

Aunque la tasa de inflación interanual casi se duplicó con la reforma tributaria de febrero de 2019, al pasar de 3.4% en febrero de 2019 a 6.4% en febrero de 2020, y volvió al rango observado en 2017 de [3.2%, 4.4%] en el primer trimestre de 2021, el mercado laboral formal, tras haber alcanzado un promedio mensual de 914,196 puestos de trabajo en 2017, registró una pérdida de 199,731 puestos de trabajo durante el trienio 2018-2020 hasta 714,645, con base en datos del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS)

En el período enero-abril de 2021, el promedio mensual de dichos puestos de trabajo que cotizan la seguridad social es 747,382. Se han restablecido apenas 32,917 puestos de trabajo formales y no se han restaurado 166,814 puestos sin tomar en cuenta el aumento de la población económicamente activa (PEA), cuya cifra oficial desconocemos . La recuperación del empleo está lejos de alcanzar, y sin saber la situación del mercado laboral informal debido a la insuficiencia de datos de desempleo equivalente y de pleno empleo. Además, sin aumento de las vacunas contra el COVID, que tiene una muy baja cobertura de los dos pinchazos en la población del país, las personas siempre se sentirán incómodas o inseguras al regresar al trabajo.

Los shocks de oferta y demanda por causas extraeconómicas han estado a la orden del día en el país desde 2018. La crisis política interna, que se mantiene desde abril de 2018, y la pandemia mundial del COVID-19, que se presentó en el país en marzo de 2020, cerraron empresas y aumentaron el desempleo, o sea, destruyeron puestos de trabajo y se produjo el shock de oferta. ¿Cuál es la institución pública que se ha preocupado por lograr que el mercado laboral vuelva a la normalidad?

Por esos dos problemas extraeconómicos arriba mencionados, los trabajadores desempleados perdieron sus ingresos y, adicionalmente, la reforma tributaria de febrero de 2019, en un momento de recesión económica interna, elevó los costos de producción y aceleró la tasa de inflación, por lo que se produjo el shock de demanda. En otras palabras, se redujo la demanda interna, es decir, el consumo de las familias y la inversión privada en construcción y adquisición de maquinaria y equipo.

Sin embargo, existe otra variable que contribuye a explicar la caída de la demanda de bienes y servicios de consumo final de los hogares. Esa variable es el salario nominal promedio del sector formal que comprende, de acuerdo con el Ministerio del Trabajo (MITRAB), a las empresas de más de 20 trabajadores y afiliadas a la seguridad social.

En córdobas corrientes de cada mes y año, o sea, el salario nominal o monto en córdobas que el trabajador recibe por su servicio laboral, apenas mostró un incremento de 3% acumulado entre enero de 2018 y marzo de 2021, al pasar de C$10,685 en diciembre de 2017 a C$11,006 en marzo de 2021. En ese mismo lapso se registró una tasa de inflación nacional acumulada de 15.1%., Por consiguiente, el salario real (que elimina la inflación), o poder adquisitivo del salario, se redujo 10.4% en ese mismo período.   

Las crisis usualmente están acompañadas de caída de la producción, baja inflación y alto desempleo, pero las reaperturas o la reactivación de las economías avanzadas dado el control del contagio de COVID ahora se enfrentan a la obstrucción de las cadenas de suministros (los semiconductores), alzas en los precios de los insumos (una gran volatilidad de los precios de los combustibles, los alimentos, la madera) y aumentos “irregulares” de precios al consumidor (automóviles, viviendas), por lo cual las empresas están aumentando los precios y los salarios. Las economías avanzadas y las economías petroleras están exportando inflación.

En estos momentos no se observa evidencia de que las expectativas de inflación en Nicaragua se están saliendo de control.

La política monetaria continúa siendo contractiva con la colocación de Letras del Banco Central de Nicaragua (BCN) con el plazo de 1 día y con una tasa de rendimiento de 4.75% en córdobas sin mantenimiento de valor, no obstante la tasa de interés monetaria o interbancaria del BCN, o tasa de referencia de reportos monetarios, es 3.5% en córdobas sin mantenimiento de valor. Por su parte, la política fiscal también continúa siendo contractiva, con los efectos de una reforma tributaria que se está agotando en mantener su objetivo recaudatorio desde octubre de 2020, mientras que el gasto gubernamental se mantiene prácticamente congelado y el déficit fiscal está cercano al 0% del producto interno bruto (PIB).

El profesor John Maynard Keynes hablaba de estímulo fiscal para la reactivación de la economía y la generación de empleo, y era un escéptico de los estímulos monetarios, ahora llamados como “flexibilización cuantitativa” (QE, quantitative easing), que tratan de lograr la recuperación de los precios con la emisión de dinero. Keynes fue mordaz al argumentar que el aumento de los precios es un efecto de recuperación, no una causa de ello, y agregó que tratar de aumentar la producción aumentando la cantidad de dinero era como «tratar de engordar comprando un cinturón más grande».

En estos momentos, ¿se podría aumentar el salario en Nicaragua con el propósito de aumentar la producción? Mi respuesta es no, porque podría dar origen a una espiral salario-precio, que se vuelven endémicas, y frenar esa espiral con los aumentos de las tasas de interés, de por sí ya elevadas en un momento de recesión económica, implicaría continuar con la destrucción de los puestos de trabajo. Incluso, habría que tener cuidado con los aumentos del salario mínimo, porque podría presionar la tasa de inflación hacia arriba si existiera una creciente demanda de trabajo en el mercado laboral. A la fecha, en  estos tiempos de crisis, los ajustes del salario mínimo de Nicaragua han sido mínimos: 0.52% en 2019; y 3.0% en 2020.

La preocupación económica es que el aumento de los salarios con una demanda decaída de trabajo obligará a las empresas a subir los precios, y esto conduciría a los trabajadores a pedir más ajustes salariales y crearía presiones inflacionarias que tendrán que ser aplacadas por el BCN. Hay que evitar el surgimiento de la espiral salario-precio.