La importancia de las actividades económicas de Nicaragua

23 04 2017

El 12 de diciembre de 2014, el Banco Central de Nicaragua (BCN) presentó la Matriz de Insumo-Producto (MIP) 2006 de Nicaragua, cuya versión en función del número de industrias o actividad económica tiene un tamaño de 14×14 y puede ser encontrada en la página web de la autoridad monetaria.

De las 14 actividades económicas del país incluidas en dicha matriz, el 21% es actividad “isla”, el 29% es actividad “motor o impulsora”, el 36% es actividad “base” y el 14% es actividad “clave”. Esta identificación de las actividades económicas es posible gracias a Paul Rasmussen, uno de los exponentes de la metodología clásica de análisis estructural, que estimó los índices de Poder de Dispersión y Sensibilidad de Dispersión, también conocidos como Índices de Rasmussen.

La capacidad de una actividad económica para arrastrar a otras actividades relacionados con ella,  por la vía de la demanda de productos intermedios o insumos o materias primas, es conocida como encadenamiento “hacia atrás” o “efecto difusión”.

La capacidad de una actividad económica para estimular a otras actividades, por la vía de la demanda intermedia, o sea, que sus productos son demandados como insumos de las otras actividades económicas, es conocida como encadenamiento “hacia adelante” o “efecto absorción”.

Son actividades “islas” las de Gobierno General (gobierno central y alcaldías), Enseñanza y Salud (pública y privada), y Servicio Doméstico (que debía ser incluido en la Actividad de Otros Servicios de la MIP), porque muestran poco encadenamiento hacia atrás y hacia adelante. Estas 3 actividades económicas son poco importantes en la estructura productiva del país.

Son actividades económicas “motores o impulsoras” las de Minería, Construcción, Hoteles y Restaurantes, y Otros Servicios (comunales y personales), porque su efecto de arrastre “hacia atrás” es mayor que el encadenamiento promedio de la economía, pero su encadenamiento “hacia adelante” es inferior que ese encadenamiento promedio. En otras palabras, estas 4 actividades económicas tienen un mayor impacto sobre la economía que los impactos que se centran en ella.

Son actividades económicas “base o estratégicas” las de Agropecuario, Silvicultura y Pesca, Comercio, Transporte y Comunicaciones, Intermediación Financiera y Seguros, e Inmobiliarias y Servicios a las Empresas, porque su efecto de arrastre “hacia atrás” es inferior que el encadenamiento promedio de la economía, pero el encadenamiento “hacia adelante” es mayor que  dicho encadenamiento promedio. Estas 5 actividades económicas pueden estrangular la economía al ser sus productos muy demandados como insumos.

Son actividades económicas “clave” o actividades “motor y base” las de Industria Manufacturera y Electricidad, Agua Potable y Alcantarillado, porque sus efectos de arrastre “hacia atrás” y “hacia adelante” son mayores que el encadenamiento promedio de la economía. Estas 2 actividades económicas producen insumos que son muy demandados e impulsan el crecimiento económico.

Se puede constatar, con información oficial correspondiente al año de 2016, que en la formación del Producto Interno Bruto (PIB) Real del país las actividades económicas “clave” participan con el  18.4%, las actividades económicas “base o estratégicas” con el 41.6%, las actividades económicas “motor” con el 26.9%, y las actividades económicas “islas” con el 13.1%.

Con el auxilio de la MIP 2006 de Nicaragua también se puede precisar las líneas de producción para promover el crecimiento económico del país. Esto equivale a responder cuáles son los productos “isla” que podría ser transformados en productos “motor o impulsor” del crecimiento económico del país. La respuesta a esa pregunta valida la afirmación que es necesario generar más valor agregado a los productos primarios o agropecuarios de la economía nicaragüense. La estrategia industrial de Nicaragua es la agroindustria.

Entre los productos “isla” se distinguen, por ejemplo, café, ajonjolí, banano, frutas, frijol, soya, vegetales, hortalizas, tubérculos, pescado fresco o refrigerado, plata, yeso, sal, aceite vegetal comestible, tejidos de punto, prendas de vestir, papel, cartón, vidrio, y los servicios gubernamentales, de investigación y desarrollo y de educación y salud tanto pública como privada.

Entre los productos “motores o impulsores” se destacan, entre otros, sorgo, huevos, agua natural, carne de ganado bovino, carne de ganado porcino, carne de aves, filetes de pescado, langosta, camarón, melaza, leche pasteurizada, quesos, arroz oro, productos de panadería, aguas gaseosas, hielo, calzado, productos farmacéuticos, artículos de cerámica, construcción de viviendas y edificios, y los servicios de alojamiento, de transporte aéreo nacional, de correo y de cable.

Entre los productos “base o estratégicos” figuran principalmente maíz, arroz granza, pastos, ganado vacuno en pie, leche sin elaborar, troncos de madera, oro, materiales de construcción, harina de trigo, impresos, diesel, fuel oil, productos de plástico, cemento, productos metálicos y los servicios comerciales, de transporte terrestre de carga, financieros, de informática, contabilidad y auditoría, científicos y técnicos, culturales y deportivos, y de reparación de automotores.

Los productos “clave” o “motor y base” son escasos en la economía nicaragüense. Entre ellos se observan los siguientes: caña de azúcar, ganado porcino en pie, aves de corral, cueros y su procesamiento industrial, camarón y langosta refrigerados, electricidad, agua potable, azúcar de caña, alimentos balanceados para animales, madera aserrada y los servicios de construcción, suministro de comidas y bebidas, de comunicaciones y de seguros y reaseguros.

Estos breves comentarios sobre la identificación de actividades económicas y productos claves, motores, bases e islas de la economía de Nicaragua pueden ser útiles para los empresarios que tratan de conocer la estructura productiva del país con el fin de tomar decisiones inversionistas con base en un enfoque de demanda. También podrían servir a los formuladores de políticas públicas para acelerar el crecimiento económico del país.





Validando el PIB Real 2016 de Nicaragua

15 04 2017

Vuelven las preguntas y las dudas sobre la medición del Producto Interno Bruto (PIB) Real del país que recientemente publicó el Banco Central de Nicaragua en su página web, aunque aún no está disponible el anuario de estadísticas macroeconómicas que sostiene esa medición. Con más razón persiste la incertidumbre alrededor del cálculo de las cuentas nacionales del país, porque el BCN ha cambiado o “actualizado” las tasas de crecimiento económico del período 2012-2014 y muy probablemente las registradas antes de 2012.

Entre los principales indicadores macroeconómicos contenidos en el Informe Anual 2016 del BCN, la tasa de crecimiento económico de 2012 es 6.5%, que superó el 5.6% antes publicado; la de 2013 es 4.9%, que superó el 4.5% anterior; la de 2014 es 4.8%, que superó el 4.6% previo; se mantuvo constante la tasa de crecimiento de 4.9% para 2015, es decir, no fue “actualizada”, y se presentó, por primera vez, la de 4.7% para 2016. Es obvio que la tasa de crecimiento de 2011 también ha sido revisada, porque si dejáramos invariable el PIB Real de 2010, la tasa de crecimiento económico de 2011 sería del orden de 7.0%, un dato que sería bastante cuestionable por el elevado subempleo y la creciente informalidad del mercado laboral observados en ese año. Con esas actualizaciones, la tasa de crecimiento promedio anual de la economía nicaragüense sería del orden de 5.2% durante el sexenio 2011-2016, pero debemos esperar la publicación del Anuario de Estadísticas Macroeconómicas 1960-2016 del BCN para confirmarla.

Consultores Para el Desarrollo Empresarial (COPADES), firma que dirijo en la tarea de asesorar en el ámbito económico a las principales empresas radicadas en el país, ha cuestionado desde finales del año de 2014 los principales resultados macroeconómicos publicados por el BCN. COPADES ha manifestado que Nicaragua entró al estadio de crecimiento económico de 5% a 6% anual desde el año de 2015. También hemos sugerido públicamente al presidente de la República, Daniel Ortega, que apoye políticamente al BCN en la recopilación, crítica y procesamiento de los datos de la producción sectorial necesarios para determinar con una mayor certeza el nivel del PIB. También hemos recomendado al BCN someter su estimación del PIB a ciertas pruebas de verificación con algunas variables económicas clave, con el fin de validar su valor y las razones macroeconómicas fundamentales, tales como el déficit en cuenta corriente, la carga tributaria, el déficit fiscal, la deuda pública y la liquidez como porcentajes del PIB. Debido a la calidad de los resultados macroeconómicos publicados en el Informe Anual 2016, COPADES reitera la sugerencia y la recomendación antes mencionadas.

Ahora pasemos a la validación del PIB Real estimado por el BCN para 2016, con el auxilio de las variables clave de recaudación real (o en precios constantes de 2006) de los impuestos indirectos del Gobierno Central, el volumen del consumo de energía eléctrica en Mega Watt Horas (MWh) y, no obstante sea una variable secundaria por la informalidad del mercado laboral, el promedio anual de las personas activas cotizantes en el Instituto Nicaragüense de la Seguridad Social.

En orden de importancia, con respecto al PIB Real existe correlación positiva casi perfecta entre las variables del consumo de MWh de energía eléctrica, 0.9923, el número promedio anual de ocupados activos asegurados en el INSS, 0.9914, y el monto real de la recaudación de impuestos indirectos del Gobierno Central (sin inflación, o sea, el monto nominal deflactado con el índice de precios al consumidor nacional), 0.9885. En otras palabras, cada una de las tres variables clave se mueve en la misma dirección del PIB Real, pero no involucra un supuesto implícito de causalidad.

Dada la casi perfecta relación lineal entre cada una de las variables clave (endógenas) y el volumen de la producción de bienes y servicios, PIB Real, (exógena), determinamos las elasticidades de cada una de dichas variables y el volumen de producción mediante una regresión log-log, con la corrección de la correlación serial si fuese necesaria, y con una muestra de datos correspondiente al período 1994-2015. Las elasticidades resultaron ser elásticas: un incremento de 1% en el volumen la producción de bienes y servicios conducirá  a un incremento de 1.25% en el volumen de consumo de energía eléctrica, a un incremento de 1.67% en el número promedio anual de personas activas aseguradas en el INSS y a un incremento de 1.15% en el monto real de impuestos indirectos del Gobierno Central.

Con los datos oficiales de las tres variables clave registrados para 2016, estimamos por tres vías la tasa de crecimiento económico del PIB Real de 2016: con el consumo de 3,297.5 miles de MWh de energía eléctrica, el PIB Real crece 6.43%; con 857.2 miles de personas activas aseguradas en el INSS, el PIB Real crece 6.48%; y con un total de impuestos indirectos de 18,864.5 millones de córdobas de 2006, el PIB Real crece 10.2%.  Ninguno de los tres resultados valida la tasa de crecimiento económico de 4.7% ni las principales razones macroeconómicas recientemente publicadas por el BCN y también anunciadas a los servidores públicos del Poder Ejecutivo y del Poder Legislativo.

Tampoco se puede validar el valor del PIB Real con el volumen de consumo aparente de cemento, cuyos coeficientes de correlación y elasticidad con respecto al PIB Real son, en el mismo orden, 0.9366 (se aleja de la unidad) y 0.913 (es inelástica). Con el consumo aparente de 21,564.4 miles de quintales de cemento estimado por COPADES para 2016, el PIB Real crece apenas 3.22%. El volumen de producción de cemento aumentó, según COPADES, 4.93% en 2016, mientras que el BCN muestra una disminución de 0.1% en el valor agregado real de la Actividad de la Construcción, no obstante la creciente oferta de edificaciones verticales, principalmente destinadas a centros de negocios o al uso de oficinas, así como la dinámica inversión pública en construcción.

También se ha comprobado que el carácter preliminar del valor del PIB y de las principales razones macroeconómicas de Nicaragua abarcó, al menos 6 años dada la “actualización” de las tasas de crecimiento económico desde 2011 hasta 2015. Sin duda alguna, la calidad del análisis macroeconómico se ha complicado, por lo que vuelvo a sugerir al presidente del BCN, Ovidio Reyes, que preste más atención al personal encargado de elaborar las Cuentas Nacionales con los propósitos de fortalecer su especialidad técnica, de adiestrarlo en la recopilación, crítica y procesamiento de la información sectorial, y de mejorar su remuneración para transformarlos en profesionales de carrera en estos asuntos macroeconómicos.

Me olvidaba de agregar otra sugerencia al presidente del BCN: para el corto plazo, la estimación de las Cuentas Nacionales no requiere la construcción y la implementación de modelos econométricos de última generación. Nicaragua continúa siendo un país agropecuario y forestal, con un bajo índice de industrialización, una mayor participación de la producción de servicios y sólo cuatro actividades económicas han tenido cambios estructurales en sus procesos productivos: las telecomunicaciones, la generación de energía eléctrica, comercio y servicios personales y comunales.





La inversión extranjera directa en Nicaragua

2 04 2017

Desde 1991 se restableció el flujo de la inversión extranjera directa (IED) en Nicaragua con un monto bruto anual de apenas 42 millones de dólares, atraído por el inicio de los programas fondomonetaristas de ajuste macroeconómico y de reforma estructural de la economía nacional con el legado del Consenso de Washington.

Con el dato preliminar de la IED para 2016 del orden de 1 mil 442 millones de dólares recién publicado por el Banco Central de Nicaragua (BCN), en los últimos 26 años, o sea, entre 1991 y 2016, se ha acumulado un monto bruto de IED por 12 mil 343 millones de dólares, una cifra macroeconómica cercana a la del Producto Interno Bruto (PIB) Nominal de 13 mil 230 millones de dólares correspondiente a 2016.

Desde el año de 2011, el flujo bruto anual de la IED ha sido más importante que el flujo de remesas familiares para financiar el elevado déficit comercial de bienes con el exterior, que siempre oscila alrededor del 20 por ciento del PIB. Este grave desequilibrio macroeconómico no se ha podido disminuir por la imposibilidad de la política cambiaria reptante imperante desde el 10 de enero de 1993 para lograr la depreciación del tipo de cambio real y establecer el estímulo cambiario al esfuerzo exportador, el cual es mantenido gracias al gasto tributario, es decir, a los estímulos tributarios mediante exoneraciones y exenciones en el pago de impuestos a los exportadores.

Visto desde el origen la IED, los primeros cinco países por importancia de los montos acumulados de IED son Estados Unidos, México, Canadá, Venezuela y Panamá, de los cuales procede el 60 por ciento de ese total acumulado. Otros 60 países participan con el 40 por ciento en el total de la IED, entre los cuales sobresalen España, Costa Rica, Guatemala, El Salvador, Suiza y Suecia.

Por el lado del destino, el 55 por ciento del flujo bruto acumulado de IED se ha concentrado en los sectores productivos de bienes, entre los cuales se destacan la industria manufacturera, incluyendo las empresas del régimen de zona franca, y la generación de energía eléctrica y, por otro lado, el 45 por ciento se ha dirigido al sector servicios, principalmente en las actividades de telecomunicaciones y comercio.

La importancia de la IED estriba en contribuir a financiar la brecha externa, acelerar la tasa de crecimiento del PIB Real, disminuir el desempleo y garantizar la estabilidad macroeconómica del país. En la actualidad, los riesgos económicos y financieros de Nicaragua están muy bajos, pero el riesgo político provoca incertidumbre al haberse elevado desde el año pasado por las demandas de la población de un proceso electoral que se distinga por su transparencia, lo que ha promovido un diálogo entre las autoridades gubernamentales y la Secretaría de la Organización de Estados Americanos (OEA), y por las violaciones a los derechos humanos, la corrupción y la falta de independencia de los Poderes del Estado.

Todos esos riesgos políticos afectan la atracción de la IED. Por ejemplo, la iniciativa de la “Nica Act”, que se aprobó sólo en la Cámara de Representantes del Congreso de Estados Unidos el año pasado, si hubiese sido aprobada también por el Senado podría haber tenido un impacto negativo más importante en las decisiones inversionistas que en el financiamiento multilateral para la ejecución de proyectos y programas del sector público, pero no debemos olvidar que este riesgo continúa latente. Otro ejemplo sería un resultado inesperado del diálogo entre el Poder Ejecutivo de Nicaragua y la Secretaría General de la OEA, que también podría conducir a una desaceleración importante de la IED debido a que Estados Unidos participa con el 20 en el flujo acumulado de la IED en el país. Ojalá que estos riesgos políticos sean disipados en el menor plazo posible.

Los riesgos económicos externos, que podrían afectar a la IED, están a la vista con la política comercial impulsada por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. El riesgo del proteccionismo comercial es la guerra comercial mundial resultante de la proliferación de aranceles a las importaciones de bienes, lo cual desaceleraría o estancaría el crecimiento de la producción mundial, en el mejor de los casos, o provocaría una nueva recesión mundial que podría desembocar en otra gran depresión económica, en el peor de los casos. Los precios de los bienes importados se incrementarían y la tasa de inflación mundial se aceleraría. En el mediano y largo plazo, el nuevo escenario económico mundial sería la estanflación, o sea, la caída de la producción acompañada de una elevada tasa de inflación. Ojalá que este riesgo económico externo se vea reducido a un supuesto que no se concrete en la realidad.

Varios economistas y políticos nicaragüenses afirman que Nicaragua atrae la IED por los bajos salarios de los trabajadores. Al no mejorarse la productividad y la competitividad de los productores, el mantenimiento de salarios reales bajos -o de un bajo poder adquisitivo de los salarios- implica que tal afirmación es una especialización de la pobreza. Esto último se puede ejemplificar con el hecho que el 62 por ciento de los hogares nicaragüenses, con todos sus ingresos, no puede adquirir los 53 productos de la canasta de consumo básico, de acuerdo con la base de datos de la VI Encuesta de Medición de Nivel de Vida (EMNV) de 2014, publicada por el Instituto Nacional de Información de Desarrollo (INIDE).

Ojalá que las políticas públicas refuercen la competitividad internacional mediante el mejoramiento de la productividad y la competitividad empresarial, con más educación técnica, transferencia de tecnología a las empresas del país que no pueden adquirirla, atracción de empresas extranjeras y vincularlas a cadenas de producción locales, creación de posibilidades para financiamientos de largo plazo para promover las inversiones, continuar la ampliación de la infraestructura económica del país, crear incentivos para que los productores mejoren su productividad y mejorar la administración de la justicia. La  cuestión es saber si esto se puede hacer de una forma que cree condiciones para un crecimiento económico que favorezca a los pobres.