Un momento clave para Nicaragua

30 12 2018

Con o sin negociaciones que traten de resolver los problemas políticos nacionales, la economía de Nicaragua volverá a caer de nuevo en 2019. La magnitud de la caída económica estará en función de la intensidad de la voluntad política para negociar, dialogar y resolver los problemas entre nicaragüenses.

Aunque las microempresas y las pequeñas empresas funcionasen a plena capacidad, difícilmente se podrá observar un leve crecimiento económico el próximo año, aún tomando en cuenta que el número de dichas empresas representan el 80% del total de empresas del país y contribuyen con el 40% en la formación del producto interno bruto, pero una gran parte de dichas empresas no tiene registros contables sencillos ni paga impuestos y la mayoría de sus trabajadores no cotiza la  seguridad social. Constituyen una gran parte del denominado mercado informal del país.

Algunos economistas han dicho que el desempeño productivo del país se ha revitalizado en el último trimestre del año que termina y, por consiguiente, el crecimiento económico en 2019 ya está garantizado. Parece que estos economistas desconocen la relación entre el producto de los ciclos productivos  y el comportamiento de la producción en el año calendario, a sabiendas que la economía nicaragüense no tiene un perfil industrial, sino agropecuario y forestal.

También parece que no reflexionan sobre la destrucción de puestos de trabajo formal; los efectos de la caída de la productividad de la economía; la incertidumbre y la amplia crisis de confianza de los productores y de los consumidores; el detente inversionista de las grandes y medianas empresas privadas nicaragüenses y extranjeras; la fuga de los depósitos en moneda extranjera por un monto de US$1,088 millones, equivalentes a 30 días de producción de bienes y servicios en el mercado local, entre el 12 de abril de este año, fecha en que se registró el máximo de US$4,115 millones, y el 30 de noviembre recién pasado; y la reducción de C$8,400 millones de los depósitos en moneda local, equivalentes a US$304 millones, en el lapso antes mencionado.

Tampoco meditan sobre la desconfianza de los inversionistas financieros, que se puede ejemplificar con el hecho de que el 91% de las colocaciones de Letras subastadas por el Banco Central de Nicaragua (BCN) en este año se han concentrado en plazos de 1 semana, 2 semanas y 1 mes, ni sobre la fragilidad de la estabilidad macroeconómica debido al desplome de US$507 millones en las reservas internacionales brutas administradas por el BCN, de tal manera que al 30 de noviembre el saldo de dichas reservas era igual a 2.41 veces el saldo de la base monetaria, 9 centésimas menor que la condicionalidad establecida de 2.5 veces. El mantenimiento de la estabilidad del tipo de cambio y del índice de precios al consumidor ha estado dependiendo de una excesiva contracción  de la oferta de dinero, del orden de C$4,662 millones en el período enero-noviembre de este año, con el consecuente costo de una mayor desaceleración de la tasa de crecimiento económico, que ya es negativa.

Y en este escenario de recesión económica, que probablemente podría transformarse en una depresión económica a finales del año de 2019, parece que los susodichos economistas están ajenos a la distribución del ingreso y de la riqueza, es decir, que están ajenos a garantizar que la población de bajos ingresos se mantenga en el juego del sistema económico, ya sea capitalismo o economía social de mercado o como se le llame, a sabiendas que el 62% de la población nicaragüense, con todos sus ingresos, no podía adquirir los 53 productos de la canasta de consumo básico en 2014, de acuerdo con datos oficiales de la Encuesta de Medición de Nivel de Vida de ese año. Sin duda alguna, cualquier modelo que ignore al 62% de los hogares fallará en algún momento.

A dos días para entrar a 2019, la economía local se ve tambaleante y presionada por la “Ley de Derechos Humanos y Anticorrupción de Nicaragua de 2018”, que fue promulgada por el Senado y la Cámara de Representantes del Congreso de los Estados Unidos. Esto hace que este momento sea difícil para pronosticar, pero también es un momento bastante intrigante porque se requiere la negociación política para resolver el problema político nacional con los objetivos de restablecer gradualmente la confianza entre los agentes económicos -gobierno, productores, consumidores y comunidad internacional- y facilitar la contención del deterioro económico que observamos desde hace ocho meses y que en ciertas ocasiones ha sido espoleado por declaraciones económicas bastante cuestionables de algunos servidores públicos.

El comercio, el turismo, la actividad pecuaria, la construcción y el sistema financiero fueron golpeados por la crisis en 2018. Ahora, con los riesgos externos e internos activados, que son principalmente de origen político, en 2019 el golpe irá dirigido de nuevo a la construcción, el comercio y el sistema financiero, pero abarcará al resto de las actividades económicas del país.

Creo que ha llegado el momento de emprender la solución de los problemas políticos para evitar el hundimiento de la economía, el masivo desempleo y subempleo, y la creciente pobreza. El verdadero riesgo en el ámbito económico es que la recesión actual se transforme en depresión en el corto plazo, y que la desconfianza entre los agentes económicos empeore los retos económicos.

Continuar administrando una política monetaria muy contractiva provoca un poderoso desestímulo de la demanda simplista de sacar córdobas del mercado en un momento de recesión. Continuar observando la contracción de la inversión empresarial, o sea, la inversión en construcción y adquisición de maquinaria y equipo, provocará una mayor caída de la la productividad. Si deseamos mantener un crecimiento económico sostenible y suficiente para reducir el desempleo, el subempleo y la pobreza, tendríamos que ver un traspaso del estímulo keynesiano a una mayor inversión en una mayor productividad, pero esto no está ocurriendo.

Y el riesgo inflacionario está al acecho por la reducción del saldo de las reservas internacionales resultante de la potencial paralización de la cooperación externa multilateral destinada al sector público, en un momento en que el flujo de las remesas vuelve a ser la principal fuente de recursos externos del país al desaparecer prácticamente la inversión extranjera directa.

Creo que este momento aún es oportuno para evitar ese descalabro económico.

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Lo que debemos evitar el próximo año

16 12 2018

Estamos expuestos a muchos riesgos en 2019. En el ámbito internacional, riesgos económicos tales como una posible recesión económica en las economías avanzadas o, en el peor de los casos, una estanflación provocada por una guerra comercial mundial; riesgos financieros, como un financiamiento internacional más escaso y más caro, o inaccesible en el peor de los casos; y riesgos políticos, como el de la “Ley de Derechos Humanos y Anticorrupción de Nicaragua de 2018” recientemente aprobada por el Congreso de los Estados Unidos.

En el ámbito nacional, riesgos económicos tales como el surgimiento de una depresión económica derivado del problema político que impera desde abril de 2018 y, consecuentemente, un gran aumento del desempleo y una gran contracción del consumo de los hogares; riesgos monetarios y financieros, como la caída progresiva de las reservas internacionales, el incumplimiento de las condicionalidades de la estabilidad macroeconómica y el deterioro del córdoba; y riesgos políticos, como lo es la falta de diálogo o de negociación entre los nicaragüenses para resolver los problemas políticos.

En un escenario optimista, caracterizado por el supuesto de que no se aplicara la ley estadounidense arriba mencionada -que implica, lógicamente, el restablecimiento del diálogo o de la negociación- se prevé una caída de 1.3% del Producto Interno Bruto (PIB) Real, una tasa de desempleo, tanto abierto como equivalente relacionado con el creciente subempleo, de 31.0% de la población económicamente activa y una tasa de inflación de 4.9%, prácticamente igual a la tasa de devaluación de 5% mantenida invariablemente desde 2004. Nicaragua no observaría una tasa de crecimiento económico positiva porque la confianza entre los agentes económicos del país se ha deteriorado, especialmente entre los inversionistas del sector privado, tanto nicaragüenses como extranjeros.

En este escenario optimista de 2019, las mayores tasas de caídas en la producción por actividad económica se observarían, en orden de importancia, en la construcción, la industria manufacturera y la agricultura, mientras que por el lado del gasto la caída de la inversión fija (construcción y maquinaria y equipo) sería muy similar a la observada en este año que termina, el consumo de los hogares continuaría disminuyendo levemente, el volumen de las exportaciones se estancaría y, dada la caída de la producción, el volumen de las importaciones disminuiría. En resumen, el ingreso per cápita promedio anual de los nicaragüenses equivaldría a US$2,061, un monto muy cercano al registrado en 2015.

El escenario económico pesimista de 2019 se basa en el supuesto de la aplicación de dicha ley. El resultado sería una catástrofe económica, porque se paralizarían los desembolsos de la cooperación oficial destinada a financiar la inversión pública. La susodicha ley señala que los directores estadounidenses en las instancias del Grupo del Banco Mundial y en el Banco Interamericano de Desarrollo se opondrán, a “la extensión de cualquier préstamo o asistencia financiera o técnica al Gobierno de Nicaragua para un proyecto en Nicaragua”, y, en especial, al director estadounidense en el Fondo Monetario Internacional o en cualquier otra institución financiera internacional se le instruye a “desarrollar un enfoque de política coherente para futuros compromisos, incluyendo la cooperación, con Nicaragua, en una forma que avance con los derechos humanos …”. Cabe recordar que el 80% de la inversión pública es financiada con recursos de la cooperación internacional.

En este escenario pesimista se esperarían dos momentos muy contractivos en la producción y, por ende, en el gasto de bienes y servicios. El primer impacto lo sufrirían las empresas de la construcción, acompañadas de las empresas extractoras de minerales no metálicos, que ofrecen insumos a la actividad de la construcción, con una posible caída de 76%, al suspenderse casi la totalidad de la ejecución de las obras públicas y la totalidad de la inversión extranjera directa y al ejecutarse sólo el 30% del nivel normal de la construcción del sector privado local. En términos ponderados, sólo se lograría ejecutar el 20% de la inversión fija registrada en tiempos sin conflictos políticos, como el que existía antes de abril de 2018. Resultado de este primer impacto es la caída de 9.7% del PIB Real.

Producto del impacto en la actividad de la construcción y de su efecto multiplicador en las otras actividades económicas del país, se provocaría el desempleo de 160,198 personas -la caída directa es 69,890 y la caída indirecta es 90,308-, de tal forma que la tasa de desempleo, tanto abierto como equivalente relacionada con el creciente subempleo, se elevaría hasta el 41.1% de la población económicamente activa. Al disminuir el ingreso nacional, los hogares sufrirían el impacto de ver reducido su nivel de consumo en 11.1%, lo cual provocaría una segunda caída del PIB Real, que aunada a la caída de la producción por la reducción de inversión fija provocaría un desplome del PIB Real del orden de 20.0%.

Esto es un cuadro económico caótico. El ingreso per cápita promedio nacional descendería hasta el nivel de US$1,677, que es muy aproximado al observado en 2011 y equivaldría al 58% del ingreso per cápita promedio anual de Honduras esperado en 2019, el segundo país más pobre del istmo centroamericano. El PIB de Nicaragua participaría apenas con el 4.3% en la formación del PIB de Centroamérica, incluyendo a Panamá.

Apelo a la comprensión de todos los dirigentes políticos, económicos, financieros y sociales de Nicaragua para que evitemos esta catástrofe económica que estaría latente desde inicios de enero de 2019. Reitero, como lo he dicho desde mediados del año que está terminando, que la única forma para que Nicaragua salga avante ante esta nueva prueba que enfrentamos es la del diálogo, la de la negociación política, en forma respetuosa y constructiva.

Cualquier escenario probable de 2019, estimado conciudadano, estaría inmerso en el rango de caída del PIB entre 1.5% y 20.0%. Nuestra tarea es minimizar el resultado económico esperado en 2019.

 





La economía de Nicaragua en 2018

9 12 2018

Se está cerrando el capítulo económico del país correspondiente a 2018, con sus principales variables que muestran más caídas que subidas. A continuación, les presentamos los principales resultados macroeconómicos del pronóstico actualizado de Consultores Para el Desarrollo Empresarial (COPADES), excepto si se especifica una fuente oficial de información.

El producto interno bruto (PIB) real cae 4.3% y en términos per cápita disminuye 5.3% al ser equivalente a US$2,080, muy aproximado al registrado en 2016.

Las actividades económicas más golpeadas por la recesión económica, aún imperante, son el comercio- restaurantes-hoteles, la agropecuaria, la construcción y la industria manufacturera.

La tasa de desempleo abierto aumenta hasta 12.3% de la población económicamente activa (PEA), pero al adicionarse la tasa de desempleo equivalente relacionada con el creciente subempleo existente en el país, se eleva hasta 24.8% de la PEA.

De acuerdo con datos del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS), entre abril y septiembre de este año se han destruido 142,181 puestos de trabajo del sector formal de la economía.

1,040,000 nicaragüenses económicamente activos no generan ingresos en 2018.

La productividad de la economía, es decir, el PIB real por persona ocupada plena -que labora los ocho horas diarias-, equivale a 3,815 dólares estadounidenses de 2006, retrocede 1.8% y se acerca a su nivel observado en 2002.

El gasto de consumo de los hogares se reduce 4.6%, acompañado del deterioro de 4.3% del poder adquisitivo del salario promedio nacional.

La incertidumbre política afecta no sólo a la inversión fija real (construcción y maquinaria y equipo), que observa un descenso de 6.6%, sino también a la inversión financiera, que concentra el 90% de las colocaciones de Letras del Banco Central de Nicaragua (BCN) en plazos de 1 semana, 2 semanas y 1 mes.

Debido al descuido del ciclo agrícola 2018/2019, con un menor acceso de los productores al crédito y a los insumos, el volumen de las exportaciones tiende a disminuir 7.9%, mientras que el volumen de las importaciones, dada la menor producción de bienes y, por ende, del ingreso, cae 7.6%.

El déficit comercial de bienes con el exterior en términos FOB es igual a 18.5% del PIB y es financiado principalmente con las remesas familiares que suman US$1,511 millones, mientras que la inversión extranjera directa pasa a ocupar el segundo lugar de importancia en los flujos de recursos externos.

Nicaragua se está acercando al nivel crítico del endeudamiento externo. El saldo de la deuda pública externa de US$6,067 millones representa el 45.7% del PIB, y la carga del pago de intereses y amortizaciones de dicha deuda de US$255 millones equivale al 9.3% del valor total de las exportaciones domésticas de bienes FOB y del valor neto de la maquila.

El déficit fiscal del presupuesto gubernamental reformado en agosto recién pasado, que pasó de 1.3% del PIB a 2% del PIB, sería financiado por Bonos de la República en un monto que se elevó de US$180 millones a US$386 millones, pero según datos del Ministerio de Hacienda y Crédito Público (MHCP) al 3 de diciembre de este año sólo ha colocado US$78 millones con plazos que varían entre 4 y 7 años, y desde abril recién pasado apenas colocó US$38 millones con plazos que se concentran en 4 años y 5 años. Otro reflejo de la actual desconfianza inversionista.

El principal problema monetario ha sido la fuga de los depósitos en moneda extranjera de la banca comercial y la pérdida de reservas internacionales administradas por el BCN. Según datos de la autoridad monetaria, el 12 de abril de 2018 se registró el máximo de los depósitos en moneda extranjera de US$4,115 millones y desde esa fecha hasta el 31 de octubre ha disminuido US$1,050 millones, equivalentes a 28.4 días de la producción de bienes y servicios de este año. Excluyendo los días de fin de semana y feriados, la fuga promedio diaria efectiva es de US$8.1 millones.

Para afrontar la fuga de los depósitos en moneda extranjera, el BCN ha vendido a los bancos comerciales US$784 millones entre el 15 de mayo y el 31 de octubre del año en curso. El monto promedio diario efectivo de dichas ventas es de US$7.2 millones. Con esas ventas, el BCN ha visto en sus arcas la reducción de US$720.5 millones del saldo de las reservas internacionales brutas, desde US$2,980.6 millones hasta US$2,260.1 millones entre las dos fechas antes mencionadas.

Además, entre el 12 de abril y el 31 de octubre de este año, con base en las estadísticas del BCN, el saldo de los depósitos en córdobas en el sistema financiero nacional ha caído C$10,602 millones, equivalentes a US$368.5 millones. Esto no constituye un grave problema económico, porque el BCN emite córdobas y ha puesto a disposición de la banca comercial los reportos monetarios, un mecanismo de crédito en córdobas con plazo hasta 7 días. Cabe señalar que el 26% del total de los depósitos en el sistema financiero nacional corresponde a córdobas y a córdobas con mantenimiento de valor.

La estabilidad macroeconómica, o sea, la estabilidad del tipo de cambio y del índice de precios al consumidor con sus parámetros de que el saldo de las reservas internacionales brutas (RIB) administradas por el BCN sea igual, al menos, a 2.5 veces la base monetaria (M0) y a 4 meses de importación de bienes CIF (MCIF), se ha mantenido al 31 de octubre (RIB = 2.81M0 = 4.21MCIF), gracias a una severa contracción de C$9,093 millones en la oferta de dinero (córdobas sin mantenimiento de valor) con el costo de acelerar la tasa de caída del PIB real.

El tipo de cambio permanece estable, aunque la brecha entre el tipo de cambio de venta del dólar en el mercado financiero y el tipo de cambio oficial ha oscilado entre 2.0% y 2.3% en los últimos días de noviembre. La tasa de inflación también permanece baja y estable, ya que su pronóstico acumulado anual para 2018 elaborado por COPADES, es 4.8%.

Compartimos con ustedes esta introducción para el perfil económico de nuestro país en 2019 que les presentaremos en la próxima semana, en el cual no se aprecia una tasa de crecimiento económico positiva aunque se logre la negociación para resolver los problemas políticos que impiden la contención del deterioro de la situación económica y, por ende, social de la población. El restablecimiento de la confianza de los agentes económicos será lento, pero con la ansiada negociación política se podrán aplicar efectivamente las políticas económicas que nos conduzcan de nuevo al crecimiento que hemos perdido.





El estigma robusto de Eduardo Montealegre

7 12 2018

Protegida su inmunidad e impunidad por dos ex primeros secretarios de la Asamblea Nacional, Wilfredo Navarro y Alba Palacios, a lo largo de ocho años y, ahora, mantenida su impunidad por siete servidores del Poder Judicial, Alba Luz Ramos, Juana Méndez, Marvin Aguilar, Virgilio Gurdián, Gerardo Rodríguez, María Ivette Pineda Gómez y Donaldo Ignacio Alfaro García, el presunto delincuente Eduardo Montealegre cumplió diez años y cuatro meses de burlarse de la ley el recién pasado 2 de diciembre y continúa sin responder por sus delitos penales tras reiterar graves injurias y calumnias contra mi persona desde el 31 de julio de 2008.

El 13 de marzo de 2017 desistí, pero no renuncié, públicamente de pedir justicia al Poder Judicial, porque los servidores judiciales arriba mencionados también violaron mi derecho de acceso a la justicia, por lo cual procedí en ese año a documentar y denunciar la presunta delincuencia del violador de los derechos humanos Eduardo Montealegre en la Organización de Estados Americanos, el Departamento de Estado de Estados Unidos, la Unión Europea, la Internacional Liberal y la Unión Interparlamentaria.

Tengo la confianza que el ex banquero, el ex político y el acusado -con causas abiertas en dos juzgados penales de la Ciudad de Managua- Eduardo Montealegre tendrá que responder por sus delitos. Su arrogancia y prepotencia lo mantienen en la fila de los impunes más famosos de Nicaragua. Su prolongada protección por dos Poderes del Estado robusteció su presunta delincuencia.





La crisis y la sensibilidad del tipo de cambio

2 12 2018

Han aparecido los rumores de que el córdoba se devaluará pronto, después de que Fitch Ratings degradara a Nicaragua de B a B- con perspectiva negativa en su informe del 27 de noviembre de este año. Fitch nos mantiene encasillado en un riesgo de incumplimiento muy elevado, pero nos deja a un peldaño de pasar al riesgo de incumplimiento inminente. Entre las sensibilidades de la calificación B-, Fitch declara que un evento que podría resultar de la perspectiva negativa es una reducción de la liquidez externa que force un ajuste desordenado al régimen de tipo de cambio.

Desde mayo de 2016, debido al desplome del crédito petrolero venezolano en el mapa de la cooperación externa para Nicaragua, el Banco Central de Nicaragua (BCN) emprendió una severa restricción de la oferta de dinero (córdobas sin mantenimiento de valor) mediante las subastas de Letras, la emisión de Letras a 1 día pagaderas en córdobas, y el aumento de la tasa de encaje efectiva sobre los depósitos en moneda local que ya ha oscilado alrededor del 30%, mientras que la tasa de encaje legal es 15% semanal.

Sobre la base de los datos del BCN con el retardo de un mes, esa restricción monetaria se tensó aún más con la crisis política del 18 de abril, de tal manera que entre el 1 de abril y el 31 de octubre del año en curso dicha oferta de dinero se redujo en C$11,086 millones, equivalentes a 2.6% del Producto Interno Bruto (PIB) pronosticado por Consultores Para el Desarrollo Empresarial (COPADES) para este año. Esta medida monetaria tiene por supuesto un costo, que es el de una mayor desaceleracion de la tasa de crecimiento económico o, más realista para el momento actual, el de una mayor aceleración de la tasa de caída de la producción de bienes y servicios.

Por consiguiente, se puede descartar por el momento que una devaluación podría ser un resultado de una emisión inorgánica de dinero, o sea, una emisión de córdobas que no tenga respaldo en las reservas internacionales administradas por la autoridad monetaria. En el corto plazo, el único riesgo para que se observe una creciente liquidez en córdobas (sin mantenimiento de valor) es que el sector público no financiero, principalmente el gobierno central, continúe realizando más desembolsos de sus depósitos en el BCN, porque no ha podido colocar una mayor emisión de  Bonos de la República para financiar el déficit fiscal reformado. Al 31 de octubre, el sector público ha reducido sus depósitos en el BCN en C$1,631 millones.

Fitch tampoco menciona el hecho de que ya se ha registrado una devaluación de facto en la venta del dólar de las entidades financieras al público no bancario. Por ejemplo, al 30 de noviembre recién pasado la brecha entre el tipo de cambio de venta del dólar al público no bancario y el tipo de cambio oficial osciló entre 2.15% y 2.25% en los siete bancos comerciales privados radicados en el país, por lo cual ya se se puede prever el riesgo de la presencia de tipos de cambio múltiples que tendría efectos negativos sobre la inversión, principalmente la extranjera directa.

No obstante la preocupación de la población por una devaluación del córdoba, hay que tomar en cuenta la advertencia de Fitch de que en una economía muy dolarizada extraoficialmente la iliquidez de dólares podría “forzar un ajuste desordenado al régimen de tipo de cambio” y, consecuentemente, deteriorar al córdoba (sin mantenimiento de valor).

Al 31 de octubre, el saldo de las reservas internacionales brutas administradas por el BCN sumaba US$2,260 millones; de ese monto, sólo US$1,155 millones corresponden al esfuerzo gubernamental para fortalecer la posición de dichas reservas, el cual es conocido como reservas internacionales netas ajustadas (RINA). El resto, US$1,105 millones, pertenece al público no bancario (depositantes e inversionistas financieros, en concepto de encaje, garantía de depósitos y títulos valores emitidos y pagaderos en dólares) y a las instituciones financieras internacionales que han facilitado préstamos para apoyo a la balanza de pagos, tales como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y, más recientemente, el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE).

Después de que los depósitos en moneda extranjera disminuyeron US$1,053 millones entre el 12 de abril, fecha en que se registró su máximo en este año, y el 31 de octubre, las entidades financieras aún registran un saldo de dichos depósitos por US$3,065 millones. Las entidades bancarias han podido afrontar la fuga de dichos depósitos con la venta de US$788 millones realizada por el BCN en la mesa de cambios entre abril y octubre, lo cual contribuyó a que las reservas internacionales disminuyeran US$710 millones en ese mismo período. En este punto, cabe reiterar que la estabilidad del tipo de cambio y del índice de precios al consumidor ha sido posible gracias a la contracción de la oferta de dinero antes mencionada.

Pero las reservas internacionales tienen un límite para ser vendidas a las entidades bancarias. No olvidemos que un buen banquero central tiene que realizar las previsiones del pago de la deuda externa para evitar que el país caiga en mora con los acreedores externos, así como garantizar la intermediación de divisas de la banca comercial para la realización de las transacciones comerciales del país con el exterior.

Afortunadamente, la caída promedio diaria de los depósitos en moneda extranjera  desaceleró grandemente hasta US$3.6 millones en octubre y en este otro punto también cabe reiterar el consejo que ofrecí a la población en junio -cuando se registró una caída promedio de US$13.1 millones- de que no continuaran sacando sus depósitos de los bancos por el riesgo de que la iliquidez de dólares nos condujera a un colapso del sistema financiero nacional y a una espiral devaluación-inflación-devaluación, lo que Fitch ha llamado “un ajuste desordenado al régimen de tipo de cambio”.

Y esa espiral devaluación-inflación-devaluación ocurriría cuando la demanda de dólares se concentre en el mercado negro, es decir, cuando no haya posibilidad de que el BCN continúe vendiendo dólares a las entidades bancarias. La autoridad monetaria no puede devaluar el córdoba por la presencia de la cláusula de mantenimiento del valor y la proliferación de mecanismos de formación de precios en córdobas con el tipo de cambio. Eliminar esa cláusula y esos mecanismos en tiempos de crisis sería un craso error.

Muchas personas me han dicho que aceptaron mi consejo en junio, pero han agregado que también les diga cuándo deben ir a sacar sus depósitos de los bancos. Siempre les reitero que no lo saquen para evitar más graves problemas en el mercado monetario y financiero, para evitar el deterioro del córdoba.

Sin embargo, cabe preguntarnos cómo podríamos contener el actual nivel de la desconfianza entre los agentes económicos -consumidores, productores, inversionistas y gobierno- e iniciar el proceso de restablecimiento de la confianza que se tenía antes del 18 de abril. Creo que es posible si se reanudara el diálogo o la negociación política, la única vía civilizada para que los nicaragüenses resolvamos nuestros problemas. Evitemos que el entorno económico y social de la nación continúe deteriorándose.