Los efectos macroeconómicos de la crisis geopolítica entre Rusia y Ucrania

26 02 2022

La crisis geopolítica entre Rusia y Ucrania afectará a las economías de todos los países, a unos en mayor grado que a otros. A manera de ejemplos, los mayores impactos los veremos en Rusia y Ucrania; se observarán menores impactos en los países de la Unión Europea debido a su gran dependencia del gas natural ruso; en un tercer nivel, Estados Unidos estará afectado por las alzas de los precios internacionales del petróleo, cuya referencia mundial en estos momentos es el precio Brent que es el referente de Europa y afectará al precio del petróleo estadounidense WTI, de referencia para el continente americano.

El año de 2021 fue el de la recuperación económica, tras la recesión económica mundial provocada por Covid-19 en 2020, pero la inflación se aceleró y se convirtió en el principal problema económico a ser resuelto en casi todos los países en el corto plazo.

Rusia es la economía número 11 por volumen de PIB. Es el país más grande del mundo y es  un importante productor de granos, especialmente de trigo. El país exporta principalmente hidrocarburos (más de 50% del total de exportaciones), combustibles sólidos, trigo y morcajo, hierro y acero, metales preciosos, joyas y maderas.

Ucrania es la economía número 56 por volumen de PIB. Es el país europeo con más reservas de uranio recuperable, con más tierras cultivables produce maíz, trigo, colza y frijol de soya, lidera las exportaciones mundiales de girasol y aceite de girasol, y es el tercer mayor productor mundial de hierro.

El año de 2022 se preveía en el mundo como uno de lento crecimiento económico y de baja inflación, pero el 24 de febrero recién pasado estalló el conflicto geopolítico entre Rusia y Ucrania. Ahora, la producción tiende a disminuir o a estancarse y la inflación tiende a subir, más de lo que ya ha subido, una combinación de problemas que en macroeconomía llamamos estanflación,  ¿Cómo afectará a la economía de Nicaragua? Veamos los primeros impactos globales de la crisis geopolítica y de las sanciones internacionales aplicadas a instituciones y funcionarios gubernamentales de Rusia por parte de Estados Unidos, la Unión Europea, Reino Unido, Canadá, Japón y Australia.

  • Incremento de los precios internacionales del petróleo (Brent, cotizado en Londres; cotizado en Nueva York; WTI y Dubai Fateh, cotizado en el Golfo Pérsico). Rusia es el tercer mayor productor de petróleo y proporciona 1 de cada 10 barriles de petróleo que consume la economía mundial.
  • Reducción del suministro de gas natural y facturas de calefacción más altas. El 40% de la demanda de gas de Europa es proveída por Rusia.
  • Alzas en el costo de la energía y en los precios de los alimentos. Rusia es el mayor productor de trigo en el mundo, al participar con el 25% en el total de la exportación mundial.
  • Escasez y subida de precios de metales clave, tales como níquel y paladio, este último  para producir los sistemas de escape de automóviles y teléfonos móviles. Rusia es el mayor exportador mundial de paladio, por lo que podría quedar aislada de los mercados internacionales.
  • Las limitaciones del acceso de Rusia al capital extranjero y de una menor capacidad de pago en monedas duras en sus transacciones comerciales internacionales, producto de las sanciones internacionales.
  • Caída de las inversiones y desaceleración del crecimiento económico.

Entre 195 países que tiene el mundo, Nicaragua es la economía número 136 por volumen de PIB. En 2021 el producto interno bruto (PIB) real de Nicaragua creció 9.75%, que es igual a la tasa de variación interanual del Índice Mensual de Actividad Económica (IMAE) promedio anual registrada en diciembre de 2021; la tasa de inflación anual fue igual a 7.21%; y la tasa de inactividad laboral se aproxima a ⅓ de la población en edad de trabajar. Según altos cargos públicos, en 2022, antes del conflicto militar en Europa,  la economía de Nicaragua crecería entre 4% y 6% y la tasa de inflación se preveía en un nivel entre 2.5% y 3.5%.

La actual crisis geopolítica global reducirá la tasa de crecimiento económico, al promover la desconfianza entre los consumidores, los empresarios y los inversionistas por el choque masivo de los precios al productor y al consumidor, lo cual reducirá los gastos de consumo e inversión, mientras que las empresas petroleras y de generación de energía eléctrica estarían maximizando ganancias. El refugio seguro en estos ambientes, el mejor valor seguro por excelencia es el oro que subirá de precio, y las monedas de refugio seguro, como el franco suizo y el yen japonés, se fortalecerán.

La crisis geopolítica acelerará de nuevo la tasa de inflación en 2022, ya de por sí muy alta por el shock de oferta provocado por Covid-19 en 2020 y el choque de una demanda creciente frente a una escasa oferta siempre provocado por el coronavirus en 2021, pero ahora volverá a acelerarse debido a las alzas de los precios internacionales de los combustibles, de la energía y de los alimentos, incluso por los cuellos de botella de las cadenas de suministro que aparecieron con la reapertura de la economía en el segundo semestre del año pasado.

Si la autoridad monetaria de Nicaragua interviniera para bajar la tasa de inflación, la política monetaria será muy contractiva y podría fortalecer la estanflación; en otras palabras, la recesión sería más severa. Si la autoridad monetaria de Nicaragua interviniera para mantener el crecimiento económico que ya estaba desacelerado antes de la crisis geopolítica, la política monetaria sería menos restrictiva o laxa, ni debería elevarse la tasa de interés interbancaria (o Tasa de Referencia Monetaria, TRM), es decir, la tasa de inflación alcanzaría un nivel más alto.

En este escenario macroeconómico, si el Banco Central de Nicaragua (BCN) actuara o no actuara frente a una inflación alta siempre estaría en un problema serio y sería fuertemente criticado: ¿Aceptaría una tasa de inflación más alta? o ¿Aceptaría un nivel de desempleo o de inactividad laboral más alto? En esa situación incómoda, es probable que la autoridad monetaria no enfrente la alta inflación e intente eludirla con el argumento de que la política monetaria no puede eliminar un shock de oferta exógeno, como ocurrió en el país en 2021, con el riesgo de continuar fortaleciendo las expectativas inflacionarias de los agentes económicos.

Este shock de oferta con una inflación acelerada, que no tiene un origen económico, al ser estanflacionario impide la ejecución de una política fiscal expansiva porque aumentaría la tasa de inflación, aunque facilitaría un mayor crecimiento económico con el agravante de que se fortalecerían las expectativas inflacionarias de los agentes económicos.  

¿Se podrá reducir la presión inflacionaria en Nicaragua? No estoy seguro, porque existe mucha incertidumbre en la perspectiva de la inflación. El riesgo de la lucha antinflacionaria es que surja otra recesión económica. Un nivel alto de inflación puede mantenerse por factores que no son controlados por un banco central, por ejemplo la crisis geopolítica en Europa que perturba los mercados petroleros y energéticos, o la persistencia de los atrasos en los envíos de materias primas y de bienes terminados, o los ajustes salariales.

Como dice el profesor Paul Krugman, “… estoy seguro de que endurecer la política monetaria sobre la base de lo que sabemos ahora sería un gran error, porque los riesgos de actuar demasiado pronto y demasiado tarde son muy asimétricos.”





Una tarea complicada

20 02 2022

El escenario de la política monetaria de enero de este año se caracterizó por las mismas acciones que hemos observado en el inicio de cada año en los últimos tiempos: la contracción de los activos internos netos del Banco Central de Nicaragua (BCN)) realizada con (i) el aumento de los depósitos del Gobierno Central en el BCN y (ii) la colocación de Letras con plazo de 1 día emitidas en córdobas, las llamadas operaciones de mercado abierto (OMA).

Cabe observar que la tasa de encaje legal, o sea, el porcentaje del saldo de los depósitos en moneda nacional y en moneda extranjera que la banca comercial deposita en el BCN, se mantiene constante en 10% diario y 15% catorcenal, pero las tasas efectivas a finales de enero del año en curso eran, tanto diario como catorcenal, 19.5% para los depósitos en moneda local y 17.6% para los depósitos en moneda extranjera, mayores que sus niveles legales.  

La tasa de interés interbancaria del BCN, o sea, la tasa de referencia de los reportos monetarios (TRM), que facilitan liquidez a las entidades financieras, se ha mantenido congelada en 3.5% desde marzo de 2021, tras haberse establecido por primera vez en el nivel de 4.25% en agosto de 2020 y haber disminuido a 4.0% en diciembre de 2020 y 3.75% en enero de 2021. Sin embargo, en diciembre de 2021, las tasas de interés asociadas con la moneda nacional y sin mantenimiento de valor de los depósitos de ahorro era 2.99% y de los préstamos de corto plazo era 11.41%.

Ante la escalada de los precios al consumidor, no sólo en Nicaragua sino en el mundo, excepto algunos países como Japón y China, el BCN podría arriesgarse en subir la TRM en 2022, al preverse desde el año de 2021 la desaceleración de la tasa de crecimiento del producto interno bruto (PIB) real después de haber sido impulsado por el “efecto base” de 2020. Un riesgo de subir la tasa del BCN es, por supuesto, profundizar la desaceleración del crecimiento del PIB, que podría desembocar, en el peor de los casos, en una recesión económica acompañada de un mayor desempleo y subempleo.

El BCN redujo sus activos internos netos en 2021, como también lo hizo en el bienio 2019-2020. Desde los momentos de las crisis que han ocurrido en el país, se observa fácilmente la preocupación del BCN de mantener la estabilidad macroeconómica, a pesar de que esas crisis, especialmente aquéllas que no tienen un origen económico, traen la caída del PIB y la desaceleración de la tasa de inflación. Han sido tres años consecutivos de contracción de dichos activos internos netos, con los aumentos de los depósitos del Gobierno Central en el BCN, la reducción del crédito al sistema financiero (o reportos monetarios netos de depósitos monetarios) y los incrementos de los depósitos de encaje en moneda nacional de las entidades bancarias en el BCN.

En otras palabras, el BCN no inundó con córdobas al mercado para reactivar la producción cuando la pandemia de COVID-19 apareció en el país en marzo de 2020, ni el presupuesto gubernamental subsidió a los trabajadores desempleados con el cierre de las empresas, principalmente del sector servicios. Entonces, ¿cuál es el exceso de liquidez que desearía eliminar el BCN ahora? ¿Aquél que es provocado por los mayores factores estacionales de la demanda de dinero que se repite anualmente en los meses de noviembre y diciembre? Si fuese así, nunca ha contrarrestado este exceso de liquidez con alzas de la tasa de interés.

La inflación se aceleró en el segundo semestre de 2021 por los problemas de oferta, mas no por excesos de demanda. Cuando la economía mundial se abrió después del impacto de COVID-19 en 2020, se comenzaron a ver los cuellos de botella de la cadena de suministros de bienes de consumo intermedio y de consumo final. La escasez de oferta ante una demanda creciente aumentó la presión inflacionaria. A esto se agregó la inflación importada, con los fuertes aumentos del petróleo y de los combustibles, y la inflación de los precios internacionales de los alimentos registrada en 2021 y que continúan manifestándose en el inicio de 2022.

La economía de Nicaragua está sobrecalentada. La tasa de inflación general anualizada de enero de 2022 es 7.68%. Su nivel, antes de que se presentara el coronavirus, que produjo deflaciones mensuales y desaceleración de la inflación en 2020, se ubicaba entre 3.0% y 5.5%.

Excluyendo los precios muy volátiles de los combustibles y de los alimentos, la tasa de inflación subyacente anualizada en enero recién pasado es 5.85%, y antes del impacto de la reforma de la Ley de Concertación Tributaria oscilaba entre 4.0% y 4.5%, lo que considero su actual corredor natural en Nicaragua.  

El segundo riesgo del alza de la TRM en 2022 para contrarrestar la alta inflación es que ésta no se reduzca lo suficiente. El sobrecalentamiento de la economía estaría siempre presente y, además, se acrecentarían las expectativas inflacionarias de los agentes económicos, principalmente las de los empresarios y de los consumidores. 

Creo que subir más la TRM, además de elevar mucho más las tasas de interés para los prestatarios, no es conveniente en Nicaragua por los riesgos que trae consigo el “tanteo a oscuras” del alza de la tasa de interés interbancaria, porque (i) la existencia simultánea de una inflación de oferta -los cuellos de botella de la cadena de suministros- y de una inflación de demanda -por ejemplo, el ajuste salarial ya produjo una inflación de demanda-, es una situación que no tiene antecedentes en la teoría macroeconómica; (ii) un nivel más alto de la TRM desaceleraría el crecimiento económico esperado en 2022 y podría provocar una recesión económica; y (iii) un nivel menos alto de la TRM mantendría una tasa de inflación alta y dinamizaría las expectativas inflacionarias de los agentes económicos.    

Por consiguiente, el BCN puede mantener constante la TRM y recurrir a sus dos instrumentos tradicionales para administrar la estabilidad macroeconómica del país: incrementar las OMAs o las colocaciones de Letras del BCN con plazo de 1 día, y aumentar los depósitos de sector público no financiero en el BCN.

Veremos qué hará el BCN, porque no puede ser un espectador más de una tasa de inflación interanual de 7.68% registrada en enero de este año. Elevar gradualmente la tasa de interés para enfriar la economía, o sea, para reducir la demanda interna (consumo e inversión) y aumentar el ahorro, ignoraría el hecho de que la política monetaria ha sido contractiva en los últimos tres años, y podría provocar una sorpresa inesperada. ¿Por qué? Determinar la frecuencia y los puntos apropiados de subida de la TRM no será una tarea fácil.





Se aceleró la tasa de inflación anualizada hasta 7.68% en enero de 2022

13 02 2022

De acuerdo con datos publicados recientemente por el Instituto Nacional de Información de Desarrollo (INIDE), la tasa de inflación general de Nicaragua saltó, en términos interanuales, de 7.21% en diciembre de 2021 a 7.68% en enero de 2022, muy cercano a un máximo observado en octubre de 2011, mientras que la tasa de inflación subyacente, que excluye los precios volátiles de los combustibles y de los alimentos, escalaba de 5.45% a 5.85% en los mismos términos y meses, un máximo registrado en 2014.  

Cuatro divisiones de bienes y servicios de consumo final registraron tasas de inflación interanual elevadas en enero de 2022, es decir, observaron las mayores presiones inflacionarias entre enero de 2021 y enero de 2022:

•             Recreación y Cultura, 15.26%.

•             Transporte, 12.32%.

•             Alimentos y Bebidas no Alcohólicas, 10.30%. Los aumentos de precios más importantes entre los alimentos fueron queso, 9.89%; cuajada, 13.12%; y pollo en pieza, 1.75%. Cuando el Banco Central de Nicaragua (BCN) estimaba el índice de precios al consumidor (IPC), publicaba el comportamiento de los precios de todos los bienes y servicios que integraban la canasta del IPC. Hoy, el IND no lo publica.

•             Alojamiento, agua, electricidad, gas y otros combustibles, 9.18%. Los precios del transporte y de la energía eléctrica suben por las alzas del barril de petróleo WTI, que se cotizó al cierre del 11 de febrero de este año en US$93.10 al cierre del 11 de febrero pasado y refleja un aumento interanual de 56.55%, hoy impulsado por problemas geopolíticos en Europa (Rusia-Ucrania) y en Arabia Saudí. Los precios de los combustibles en el mercado local, que tienen como referencia los precios internacionales de los refinados en la Costa del Golfo de Estados Unidos, subieron también porque sus niveles de producción no pudieron satisfacer la creciente demanda cuando el coronavirus parecía que se estaba extinguiendo a mediados de 2021.

A manera de información, en diciembre de 2021 el salario mínimo legal promedio simple pagado en las actividades económicas no agropecuarias tenía una cobertura de 66.33% sobre el costo de los 23 alimentos incluidos en la canasta de 53 productos de consumo básico (el costo de dicha canasta en enero de este año aún no sido publicado por el INIDE). El jueves 3 de febrero del año en curso, la Comisión Nacional de Salario Mínimo aprobó un ajuste de 7% de dicho salario que entra en vigor desde el 1 de marzo de 2022 hasta el 28 de febrero de 2023, y ratificó el acuerdo de ajustar en 8.25% el salario mínimo pagado en las empresas del régimen de zona franca establecido desde el 1 de enero de este año. Por otro lado, los salarios devengados por los empleados del sector público fueron ajustados en 3% a partir de enero recién pasado.

La espiral precios-salarios-precios no mejora a nadie, no provoca bienestar a los trabajadores y a los empresarios. Esta espiral se forma cuando los precios de los productos de consumo de los hogares suben y los trabajadores presionan a los empleadores para que incrementen los salarios con el objetivo de no perder su capacidad de compra. Los empresarios tienen que aumentar más los precios de los productos para igualar los costos de producción crecientes y, así, continúa la dinámica de las espirales precio-salario-precio, pero podrían evitarse.   

Esas espirales de precio-salario-precio dependen de la interacción de cuatro factores clave de la economía. Por ejemplo, en Nicaragua, (i) las expectativas inflacionarias del consumidor son crecientes actualmente, porque resienten la aceleración permanente de los precios de los alimentos desde julio de 2021; (ii) con las crisis no económicas acumuladas desde abril de 2018, el deterioro continuo del salario promedio mensual de los empleados en el sector formal de la economía observado desde enero de 2019 ha fortalecido el poder de negociación de los sindicatos; (iii) la productividad de la economía, que depende del trabajo, del capital y del progreso tecnológico, no crece significativamente y, generalmente, su nivel anual permanece estancado o disminuye, muy pocas veces aumenta; y (iv) la credibilidad de la banca central, que actualmente sólo tiene dos mandatos: mantener la estabilidad de los precios al consumidor y el normal desenvolvimiento de los pagos internos y externos, y ninguna entidad gubernamental tiene el mandato de mantener el pleno empleo.

Esperamos que la inflación de los salarios y otras presiones inflacionarias retrocedan, una vez que disminuyan los cuellos de botella en la oferta. Las empresas en las cadenas de suministros globales han estado operando por debajo de su capacidad de producción, los barcos continúan atascados en los puertos, no hay transporte de carga terrestre por la falta de conductores de camiones y los espacios de almacenamiento son escasos, lo que genera demoras costosas y alzas de las tarifas de transporte de carga. Por eso, los precios al productor y al consumidor están subiendo.

La presión viene ahora del lado de la oferta de la economía, no del lado de la demanda, y el problema actual de la economía mundial no tiene un precedente histórico, o sea, no se conoce cómo ni cuándo se resolverá este problema de “shock de oferta”, que ahora está acompañado de un “shock de demanda”. El Covid-19 trastornó la economía mundial y la escasez se está reflejando en los precios. ¿Cuándo se aplanará la curva de contagio del Covid-19 y sus variantes? No sabemos. Esa pregunta la contestarán los virólogos. Por lo tanto, la banca central debe evitar el riesgo de tratar de sofocar una espiral de la tasa de inflación que también sofoque la expansión de la economía o reduzca la tasa esperada de crecimiento económico.

El BCN se ha caracterizado por administrar una política monetaria contractiva a través del uso de un solo instrumento, que es el de las operaciones de mercado abierto (OMA), o sea, la colocación de Letras del BCN con plazo de un día. El otro instrumento, las tasas de encaje legal han permanecido congeladas en 10% diario y 15% catorcenal y aumentarlas con el objetivo de reducir la base monetaria y aplacar la alta inflación encarecerá los préstamos y enlentecerá el crecimiento económico; sin embargo, las tasas de encaje efectivas sobre los depósitos en córdobas se mantenían en los niveles de 22.1% diario y 19.8% catorcenal a finales de diciembre de 2021. El BCN no debe correr el riesgo de enfrentar un problema de oferta con una reducción de la demanda, porque aumentaría el desempleo y el subempleo, y podría empujar a la economía a una recesión.

Estimamos que existe una alta probabilidad de que el nivel de precios al consumidor se normalice en el segundo semestre de este año, período en que prevemos la desaparición del “efecto base” o “efecto rebote”; en otras palabras, prevemos la normalización de los niveles de las variables macroeconómicas, entre ellas el IPC y el PIB, debido a la creciente proporción de la población mundial que está vacunada contra el coronavirus.

La alta inflación “transitoria” se ha extendido desde diciembre de 2020 hasta enero de 2022 en Nicaragua, porque no se pudieron ver los problemas en la cadena de suministro. La presión inflacionaria podría continuar en un nivel alto en el transcurso del primer semestre del año en curso debido a que aún no se percibe la desaparición de los shocks de oferta provocado por el Covid-19, ni cuándo se logrará el aplanamiento de su curva de contagio. Ojalá que en el corto plazo no se fortalezca la espiral precio-salario-precio, ni que la banca central enfrente un problema de oferta con una severa reducción de demanda.





Las crisis se transformaron en una recesión. ¿Ya salimos de ella?

6 02 2022

Las tres últimas crisis que hemos tenido en Nicaragua, dos de ellas locales -una de origen político, en abril 2018, y otra por desastres naturales, dos huracanes que asolaron el Caribe Norte del país en noviembre de 2020- y una de orden mundial sanitaria, el Covid-19 que se presentó en el país en marzo de 2020, no han provocado una shock macroeconómico en el país, aunque se han observado sus impactos en los niveles de desempleo y subempleo, y por ende en la producción, al incrementarse la tasa de inactividad nacional, como un porcentaje de la población en edad de trabajar, que pasó de 27.0% en el segundo trimestre de 2017 a 33.5% en el segundo trimestre de 2021.

En el trienio 2018-2020, se puede identificar que las autoridades gubernamentales adoptaron una política fiscal contractiva al congelar el gasto público, en un nivel cercano al 20% del producto interno bruto (PIB) y, a partir del 28 de febrero de 2019, al subir tasas tributarias y eliminar exoneraciones de impuestos que elevaron la presión tributaria de 15.7% del PIB en 2018 a 17.2% del PIB en 2020, en un momento en que el PIB estaba en caída libre.

En consecuencia, el déficit fiscal disminuyó de 2.6% del PIB en 2018 a 1.5% del PIB en 2020, y subió de nuevo a casi 3.0% del PIB en 2021 por el aumento de la inversión pública y la cooperación internacional en concepto de asistencia humanitaria destinada a la población afectada por el coronavirus y los dos huracanes en el Caribe Norte.

Por su parte, en el trienio 2019-2021 la política monetaria también fue restrictiva, lo que se refleja en la contracción consecutiva anual de los activos internos netos del Banco Central de Nicaragua (BCN) a través del aumento de los depósitos del sector público no financiero, de las operaciones monetarias diarias de absorción e inyección de liquidez o reportos y depósitos monetarios netos del sistema financiero en el BCN, y el aumento del saldo de encaje en moneda nacional depositado por la banca comercial en el BCN.

La política monetaria funciona según la demanda, no según la oferta. La inflación desaceleró en 2020 al registrar el nivel de 2.93% -en ese año se registraron 4 tasas de deflación mensual- como resultado de la depresión económica interna, a lo cual se agrega el estancamiento del salario promedio anual del empleo formal en el período 2018-2021, que evitó la formación de la espiral precio-salario-precio. Esto ayudo a superar las limitaciones de la política monetaria.

En esta forma, la política macroeconómica del país reflejó el hecho de que las tres crisis, que aún persisten, se convirtieron en una recesión continua desde el tercer trimestre de 2018 hasta el segundo trimestre de 2021, pero no se transformaron en una crisis de deuda pública externa e interna, como la estrategia que se adoptó en el país durante la década de los ochenta del siglo pasado que tuvo dos impactos muy severos: Nicaragua ingresó al extraño club de países pobres muy endeudados en términos de producción y registró la cuarta hiperinflación del mundo en el siglo XX que tuvo una duración de cuatro años, desde abril de 1987 hasta abril de 1991.

No cabe duda de que las tres crisis se convirtieron en una depresión económica, al caer el PIB real 8.76% en el trienio 2018-2020, y de que no se han dado errores de política monetaria y política fiscal. Por ejemplo, la corrida bancaria de US$1,300 millones entre abril de 2018 y marzo de 2019 no provocó quiebras bancarias ni pérdidas para los depositantes, gracias al apoyo del Banco Central de Nicaragua (BCN) al sistema bancario. Además, las condicionalidades de la estabilidad macroeconómica se han mantenido -las reservas internacionales brutas en el BCN superan las 2.5 veces del saldo de la base monetaria y los 7 meses de importaciones de bienes CIF-, es decir, existen adecuados niveles de reservas internacionales para garantizar la estabilidad del tipo de cambio y del índice de precios al consumidor (IPC), pero el Covid-19 alteró la inflación con los cuellos de botella de las cadenas de suministros, un fenómeno global vinculado a la pandemia.

Cifras oficiales preliminares manifestadas por altos cargos gubernamentales señalan que en 2021 se alcanzó el nivel de producción de bienes y servicios observado en 2017, el año de máximos históricos de producción del país, pero ahora el problema es mantener la trayectoria de ese crecimiento que se ha logrado a partir de 2020 con una mayor ejecución de proyectos de inversión pública, y con ello impulsar también la demanda agregada interna (consumo de los hogares e inversión privada).

Sin embargo, la tasa de inflación de los precios al consumidor se aceleró hasta 7.21% en 2021 por el choque de una demanda creciente con una oferta escasa de bienes intermedios y bienes finales en el mercado internacional, que elevó los precios de las materias primas, principalmente de los combustibles y los alimentos. En enero de este año, esos precios internacionales continúan subiendo -el precio del barril de petróleo WTI ya rompió la barrera de los US$90 en la semana pasada- y, por consiguiente, se puede prever que podrían continuar los impactos en el sector real y el sector financiero en el primer semestre de 2022.

Espero que el “efecto base” o el “efecto rebote” del IPC observado desde agosto de 2021 desaparecerá en el segundo semestre de este año. Así, las variaciones relativas de las variables macroeconómicas tenderán a normalizarse.





13.5 años de impunidad de Eduardo Montealegre

2 02 2022

13.5 años = 162 meses = 4,928 días de impunidad del presunto delincuente Eduardo Montealegre

Pido de nuevo justicia a los jueces de los juzgados Sexto y Séptimo Local de lo Penal de Managua, donde están radicadas mis acusaciones al presunto delincuente Eduardo Montealegre Rivas, quien hoy, 2 de febrero de 2022, cumple 13.5 años de impunidad; al magistrado del Tribunal de Apelaciones de la Circunscripción Managua, en su calidad de Inspector Delegado quien ordenó archivar las diligencias para que los dos jueces convocaran a la audiencia inicial con fines de preliminar; y a cuatro magistrados del Consejo Nacional de Administración y Carrera Judicial-Inspectoría Judicial de la Corte Suprema de Justicia, que no respondieron a mi queja de retardación de justicia. Cabe recordar que el 28 de octubre de 2016 la magistrada Alba Luz Ramos dijo públicamente que “el caso de Néstor Avendaño era uno más de los 125 mil casos que se encuentran en el Complejo Judicial Central de Managua y que no existía retardación de justicia”.

Acusé al ciudadano Eduardo Montealegre Rivas el 27 de agosto de 2008 y el 11 de febrero de 2011 en los dos juzgados arriba mencionados por los delitos de injuria, al lesionar mi imagen y reputación profesional al criticar mi estudio que sirvió de base a la Contraloría General de la República para pronunciarse sobre las liquidaciones bancarias de los años 2000 y 2001, y de calumnia, al tildarme de defraudador del Estado de Nicaragua, propagada con publicidad y ánimo ofensivo sin haber probado nada en los tribunales de justicia. Siempre insistiré públicamente en la delincuencia presunta de Eduardo Montealegre Rivas, que ha provocado no sólo daños morales, sino también graves perjuicios económicos a los miembros de mi familia y a mí, por lo cual tiene que responder en los tribunales de justicia.