El BCN debería contribuir a la recuperación económica de Nicaragua

30 08 2020

La evaluación de la macroeconomía de Nicaragua, con los escasos datos oficiales disponibles, indica que la producción cae rápidamente, la productividad es baja y continúa disminuyendo, la subutilización de la fuerza laboral (desempleo abierto y desempleo equivalente) es muy grande, el nivel de la deuda pública (externa e interna) no excede los límites tolerables, la tasa de inflación es muy baja y la tasa de interés es muy alta (?).

Aunque la política monetaria ha sido estupenda en el conteo de córdobas en circulación y de dólares guardados en la bóveda del Banco Central de Nicaragua (BCN) para mantener estables las bajas tasas de inflación y de devaluación, no ha contribuido a garantizar un empleo máximo o, como le llamamos los economistas, un empleo pleno acompañado a lo sumo con una tasa de subutilización laboral de 5% en el caso de un país como Nicaragua, con un gran tamaño del mercado informal.

La política fiscal tampoco contribuyó al pleno empleo. En vez de la reforma tributaria de febrero de 2019, lo que se necesitaba era un aumento del gasto de inversión pública para generar más empleo y aumentar los ingresos, aunque el país ya no podía contratar deuda pública externa con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Banco Mundial (BM/IDA) debido a las sanciones financieras impuestas por la administración estadounidense.

Sin embargo, si se reformaran la ley de endeudamiento público y la ley orgánica del BCN, se podría facilitar el endeudamiento público interno para financiar la inversión en infraestructura económica y social, mediante la colocación de Bonos de la República en el BCN a largo plazo y con bajas tasas de interés, muy probablemente durante varios años debido a los shocks de oferta y demanda de COVID-19 .

La reforma tributaria empeoró el escenario de la política fiscal. Educado como un economista en la escuela keynesiana en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua y en Yale University, siempre recuerdo lo que John Maynard Keynes nos enseñó: “la política fiscal debe endurecerse durante los buenos tiempos, precisamente para que pueda ser expansiva durante los malos”.

En otras palabras, la reforma tributaria debió haber sido aplicada cuando el producto interno bruto (PIB) real crecía 5% promedio anual en los años anteriores inmediatos a la crisis política de abril de 2018. Después de COVID-19, cuando todos tengamos la vacuna, intuyo que Milton Friedman estará fuera del Fondo Monetario Internacional y John Maynard Keynes estará adentro. En este nuevo escenario macroeconómico será muy difícil que los países acepten una política de austeridad fiscal.

¿Cuánto tiempo estará la tasa de inflación cercana a 0% o en niveles negativos, provocada por el efecto desinflacionario o deflacionario de COVID-19? No sabemos, aunque muy probablemente será por muchos años, y cabe recordar que el impacto de COVID-19 sobre el crecimiento económico y el empleo es tremendamente mayor que el causado por la quiebra de la banca de inversión de Wall Street en 2018-2019.  La pandemia puso a la inflación a la baja en picada, por lo cual las tasas de interés también han bajado en todo el mundo.

En Nicaragua, la inflación acumulada en el primer semestre de este año fue apenas 1.25%, pero actualmente las tasas de interés de la política monetaria del BCN, o interbancarias, son cercanas a 4% -incluso podrían ser un poco más bajas- y la tasa de interés activa de corto plazo promedio ponderada de las entidades bancarias es cercana a 13%, excesivamente alta, mientras que la tasa pasiva es apenas 3%.

Los formuladores de la política macroeconómica de Nicaragua pueden apuntar a que la tasa de desempleo y subempleo disminuya bastante sin que se acelere la tasa de inflación, ésta última muy baja no sólo por la incertidumbre de los agentes económicos sino también por la existencia de una demanda interna de bienes y servicios finales bastante deprimida. El BCN puede comenzar a reflexionar sobre el objetivo de reducir la subutilización de la fuerza laboral, que no le manda su ley orgánica, mediante la incidencia de sus tasas de interés de política monetaria sobre las tasas de interés del mercado, mejor dicho, de las tasas de las entidades bancarias y financieras. El BCN debería influir a la baja de las tasas de interés de mercado para ayudar a la economía del país a recuperarse de la recesión causada por COVID-19, la cual ya se está transformando en una depresión económica dada la caída continua del PIB real nicaragüense en el trienio 2018-2020.

La brecha de producción, es decir, la brecha entre la producción real y la producción potencial, es muy ancha en Nicaragua actualmente, la cual ha sido generada por dos crisis. Volver a reducir esa brecha será más difícil a medida que se continúen perdiendo puestos de trabajo, principalmente los peor pagados en las actividades de comercio, hoteles, restaurantes, transporte, comunicaciones, entidades financieras, diversión, construcción, industria manufacturera, electricidad y agua potable.

COVID-19 develó la necesidad de que el BCN apoye la recuperación económica y la reducción de la subutilización de la fuerza laboral, es decir, el BCN presionaría por medidas de estímulo tributario y fiscal después de que se frene la pandemia, y evitaría que las condiciones financieras se endurezcan rápidamente o que las tasas de interés de la política monetaria se salgan del sótano, por lo cual debe continuar manteniendo una tasa de inflación baja, ahora secundado por la baja expectativa inflacionaria provocada por el desplome del consumo y de la inversión. En otras palabras, el BCN podría facilitar que la economía nicaragüense funcione “sobrecalentada por más tiempo” antes de que comiencen a subir las tasas de interés.

En esa forma, el BCN facilitaría a las empresas y al gobierno la reducción lenta de sus niveles de deuda interna, la disminución de la subutilización de la fuerza laboral sin problemas inflacionarios severos y el beneficio de la población de bajos ingresos. No hay que olvidar que el BCN se encuentra en un entorno macroeconómico de levísima tasa de inflación y, consecuentemente, se requiere la reducción apropiada de las tasas de interés en el país.         


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