Dejamos de ser un país pobre en el Banco Mundial

29 05 2015

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Trinchera de la Noticia, dirigida por el destacado periodista Xavier Reyes Alba, me entrevistó ayer sobre las implicaciones en la cooperación internacional que recibe Nicaragua, ahora que es clasificado como un país de ingreso medio bajo por el Banco Mundial. La entrevista se concentró en la pérdida de la concesionalidad en la contratación de nueva deuda pública de Nicaragua, la reducción de las donaciones de recursos externos y los impactos esperados en el saldo de la deuda externa y en el presupuesto de la República. A continuación, presento mis respuestas a sus preguntas.

De acuerdo con la actual clasificación de los países según sus niveles de ingresos presentada por el Banco Mundial (BM/IDA), Nicaragua dejó de ser un país pobre, es decir, dejó de ser un país con un nivel de  Ingreso o Producto Nacional Bruto (PNB) Per Cápita de US$1,035 o menos en el año de 2005, según los datos actualizados del sistema de cuentas nacionales del país que tiene como año base el de 2006. Pero fue hasta en mayo de este año que el BM/IDA reconoció a Nicaragua como un país de ingreso medio bajo, pero se encuentra en los niveles más bajos de esta clasificación al reflejar en 2014 un PNB Per Cápita de US$1,879, ubicado en el rango de entre US$1,036 y US$4,085 según la clasificación del BM/IDA para este tipo de países.

El elemento de concesionalidad mínimo que tenía Nicaragua antes de 2013 era de 35%, ya que el cuarto programa económico trienal suscrito con el Fondo Monetario Internacional (FMI) expiró en diciembre de 2012. Sin embargo, Nicaragua siempre ha contratado nueva deuda por encima de dicho elemento de concesionalidad y, a manera de ejemplo, en 2014 contrató nueva deuda externa pública por US$663 millones con un elemento de concesionalidad de 50.8%, que se explica en términos promedio ponderado con un plazo de  32 años plazo, 16 años de gracia y 2.3% de interés.

Cabe aclarar que el elemento de concesionalidad es la porción del préstamo que constituye una ayuda financiera y se define como la diferencia en términos porcentuales entre el valor nominal del préstamo y el valor presente (VP) de todos los pagos del préstamo.

Con la noticia recientemente manifestada por el asesor económico presidencial, Comandante Bayardo Arce, que Nicaragua dejó de pertenecer a ese extraño club de países pobres, nuestro país dejará de percibir US$30 millones anuales donados por el BM/IDA. En otras palabras, Nicaragua continuará recibiendo donaciones del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la Unión Europea (UE), el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) y de las agencias del Sistema de Naciones Unidas, así como de países que continúan donando recursos al sector público de Nicaragua, tales como Canadá, Alemania, Suiza, España y Japón.

El hecho de que nuestro país ya no es pobre o no es un país “AIF”, sino que pertenece al club de países de ingreso medio bajo, implica que el BM/IDA podrá conceder a nuestro país, por haber mantenido durante 3 años consecutivos un PNB per Cápita de US$1,215, el tratamiento de “AIDA Gap” en la concesión de préstamos, o sea, préstamos con cierto nivel de concesionalidad, pero ya no exigirá a nuestro país a que mantenga la condicionalidad de 35% antes mencionada. Por esto, aún Nicaragua no se ha graduado en el Banco Mundial para que se le conceda un tratamiento “AIDA Blend”, con el cual podrá recibir tanto préstamos para países AIF como para países “AIDA Gap” de parte del BM.

¿Conviene a Nicaragua buscar un nuevo endeudamiento no concesional, como lo insinuara públicamente el asesor económico presidencial? Creo que no, porque el país aún no tiene una gran capacidad de ejecución de proyectos ni tiene capacidad de pago en términos comerciales en el mercado financiero internacional, y porque existen otras alternativas de endeudamiento menos costosas para continuar financiando la ejecución de los proyectos públicos. El ministro de Hacienda y Crédito Público, Iván Acosta, podrá salir al exterior a colocar bonos soberanos, pero los colocaría con elevadas tasa de interés, lo cual no sería recomendable. Sin embargo, buscar la calificación de la deuda soberana con una nueva agencia internacional (sólo Moody´s Investor califica actualmente la deuda soberana de Nicaragua), por ejemplo con Fitch o Standard & Poor´s, podría facilitar el endeudamiento del sector privado en el mercado financiero internacional, pero habrá que disminuir el índice de riesgo-país de Nicaragua.

Los riesgos económicos y financieros de Nicaragua son bajos, pero no hay que olvidar que la economía nicaragüense en 2014 todavía se caracteriza por tener una tasa de crecimiento económico insuficiente para reducir las altas tasas de subempleo y desempleo abierto y, por ende, la pobreza; que el Producto Interno Bruto (PIB) Per Cápita de US$1,932 apenas representa el 18% del PIB Per Cápita Mundial y es el más bajo de los países centroamericanos; que el déficit comercial de bienes con el exterior es igual a 20% del Producto Interno Bruto (PIB), aunque el déficit en cuenta corriente de la balanza de pagos, gracias al flujo de las remesas, equivale al 7% del PIB pero es igual al 26% del valor total de las exportaciones domésticas de bienes FOB y del valor neto de la maquila; que las reservas internacionales netas en las arcas de la banca central sólo representan 4.4 meses de importaciones de bienes CIF; y que, aún con una muy buena estabilidad macroeconómica, el índice de sobrevaluación del córdoba continúa siendo alto al ser mayor que un dígito. A todo lo anterior se adicionan los riesgos políticos, que son los que elevan el índice de riesgo-país de Nicaragua.

Sin embargo, se observan algunos indicadores económicos de 2014 que ayudan a Nicaragua a buscar una mejor calificación de su deuda pública: el saldo de la deuda pública externa representó el 40.6% del PIB, no obstante el crédito petrolero de Venezuela se registra como una deuda privada externa y Nicaragua aún no se ha graduado en la Iniciativa para Países Pobres Muy Endeudados al estar pendiente la reestructuración del 25% del saldo contable de la deuda pública externa; el pago del servicio de la deuda pública externa, intereses y amortizaciones, representa el 4.1% del valor total de las exportaciones domésticas de bienes FOB y del valor neto de la maquila; la tasa de inflación anual es de un dígito, que oscila entre 6% y 7% con la suma de la tasa de devaluación nominal y la tasa de inflación internacional (?); y el déficit fiscal es equivalente a 1.3% del PIB, porque la deuda petrolera no se registra debajo de la línea del déficit en el presupuesto gubernamental.

Por consiguiente, estimo que Nicaragua continuará contratando deuda concesional, inclusive con el Banco Mundial porque aún no somos un país “AIDA Blend”, y por esto no habrá un impacto negativo en la cartera de proyectos de inversión pública. Nicaragua también continuará recibiendo donaciones externas, excepto del Banco Mundial que en 2014 participó con el 13% (US$29 millones) en el monto total de las donaciones externas que recibió el sector público de nuestro país (US$232 millones). La deuda pública externa continúa creciendo, pero lo está haciendo a un ritmo menos acelerado que el crecimiento del PIB Nominal, por lo que disminuye el riesgo de que Nicaragua vuelva a ser un país severamente endeudado en términos de producción, pero con el artificio macroeconómico de que el crédito petrolero es una deuda privada externa. Finalmente, sugiero que el gobierno de Nicaragua concluya, con la ayuda del FMI que fue el coordinador mundial de la Iniciativa HIPC, la reestructuración pendiente de la deuda pública externa con 7 países que no son miembros del Club de París, para mejorar la calificación de nuestra deuda soberana.





Vamos bien, pero hay que resolver muchas cosas

26 05 2015

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Comparto la afirmación del asesor económico de la Presidencia de la República, Comandante Bayardo Arce, del avance que muestra la economía nacional  en varios de sus flancos, pero no en todos como lo dejó a entrever el servidor público. La macroeconomía está muy bien, pero, reitero, es bastante frágil, mientras que la microeconomía está bastante mal al retratarse con la justedad del salario promedio nacional y el valor de los 23 alimentos básicos que están incluidos en la canasta de consumo básico y con el 80% del mercado afectado por la creciente informalidad.

Me referiré a pocas cifras macroeconómicas y enfatizaré el tema de la política macroeconómica. El asesor presidencial afirmó que en este año la tasa de crecimiento económico prevista es 4.7%, o sea, el punto medio del rango de 4.5% y 5.0% que señaló el presidente del Banco Central de Nicaragua (BCN), Ovidio Reyes hace tres meses. Sin embargo, estimo que Nicaragua ya dejó el estadio de crecimiento de entre 4% y 5%, no sólo por los importantes proyectos de infraestructura económica ejecutados por el sector público, sino también porque más del 70% de la inversión fija del sector privado corresponde a la inversión extranjera directa, que el asesor cifra en US$1,700 millones en el año en curso, 13% mayor que el dato aún preliminar de 2014. Además, el proyecto hidroeléctrico TUMARÍN ya se inició, aunque tardíamente, por lo cual se puede concluir que no podrá ejecutar el total de US$200 millones en el primer año de los cuatro que dura la ejecución de este proyecto y que tiene un costo de US$1,100 millones.

La tasa de inflación se perfila, según el Comandante Arce, en 6%, sólo medio punto porcentual por debajo de la del año pasado y es el límite mínimo del rango de 6% a 7% que manifestara Ovidio Reyes a inicios del año. Creo que la presión inflacionaria será menor que 6%, a pesar que las caídas de los precios internacionales del petróleo y de los combustibles no se canalizan adecuadamente en los precios locales de los derivados del petróleo. La hipótesis de US$70 por barril de crudo WTI la observo muy desproporcionada, porque la guerra de precios en el mercado internacional del petróleo apenas se está iniciando. COPADES, la firma que dirijo, pronostica que la tasa de inflación se aproximará a 5.4% en 2013, con un precio promedio del barril de petróleo WTI de al menos  US$55 y a lo sumo US$60.

Coincido con la apreciación del Comandante Arce que el modelo de alianza entre el gobierno, los empresarios y los trabajadores, aunque implementado en forma bilateral y no multilateral, es muy importante para el desempeño de la economía nacional, sencillamente porque la oposición política no es sólida, está muy dividida y no cuenta con una estrategia socioeconómica alternativa a la que tiene la alianza política en el poder. Comparto también su opinión que el objetivo del programa gubernamental es generar riquezas y reducir pobreza, pero esto se logra vía inversión, porque no existe el populismo económico “responsable” y con políticas públicas para redistribuir el ingreso con una mayor equidad.

En este ámbito, es necesario resolver el problema estructural del gasto público de que sólo C$22 de cada C$100 se destinan a la inversión –los servidores públicos sólo piensan en reformas tributarias-, que facilite el impulso del gasto de inversión de los empresarios nicaragüenses que en 2014 fue igual a 30% del gasto de inversión fija del sector privado, ampliar y mejorar la calidad de la educación primaria y secundaria, restablecer la educación técnica media y superior, transferir tecnología a los propietarios de microempresas y pequeñas empresas y fortalecer la banca de fomento aunque ahora es de propiedad mixta (pública y privada). Reitero que el punto central de la agenda gubernamental es promover la competitividad empresarial y elevar la productividad de la economía.

Sin embargo, difiero en las afirmaciones del asesor económico presidencial sobre la política macroeconómica. Nicaragua aún no cuenta con un presupuesto sostenible y equilibrado, dado el artificio macroeconómico del registro del crédito petrolero facilitado por Venezuela como una deuda privada externa, y tampoco tiene una balanza de pagos sostenible porque el déficit comercial de bienes con el exterior, de 20% del Producto Interno Bruto (PIB), es uno de los más altos de Latinoamérica.

Nuestro país, aunque se clasifica como un país ingreso medio bajo al tener en 2014 un ingreso nacional bruto per cápita de US$1,790 –pero estamos entre los más bajos, porque el ingreso nacional bruto de estos países se ubica en un rango de US$1,036 a US$4,085 según el Banco Mundial-, continúa siendo un país muy endeudado en términos de producción –la deuda pública externa e interna representó el 49% del PIB y estimo que el saldo de la deuda petrolera con Venezuela asciende al 22% del PIB- y, peor aún, no nos hemos graduado en la Iniciativa para Países Pobres Muy Endeudados (PPME o HIPC por sus siglas en inglés) porque el 25% del saldo contable de la deuda pública externa se encuentra pendiente de reestructuración con siete países que no son miembros del Club de París, entre los que se destacan por los montos adeudados Costa Rica, Libia y Honduras.

La estabilidad macroeconómica es una realidad, pero es frágil. Las reservas internacionales brutas siempre garantizarán su igualdad de 2.5 veces la base monetaria con el apoyo voluntario de los grupos financieros del país, aunque retiren en una semana después el exceso de encaje sobre los depósitos en dólares que trasladan al BCN a finales de cada trimestre. Hay que analizar la poca efectividad tanto de la política monetaria del BCN en un mercado excesivamente dolarizado extraoficialmente, con la cual la tasa de inflación es programada por el BCN con la suma de la tasa de devaluación y de la tasa de inflación internacional (?), como de la política cambiaria del BCN que no contribuye a reducir la gran brecha comercial de bienes en la balanza de pagos y conduce a endeudarnos más con los acreedores internacionales, atraer más inversionistas extranjeros y esperar que la economía estadounidense se dinamice para obtener un mayor flujo de remesas familiares. Además, no existe una política financiera coordinada por la autoridad monetaria, porque el Consenso de Washington, ya enterrado por el G-7, se la dejó al mercado, de tal manera que la tasa de interés no juega ningún papel para administrar una tasa de inflación baja y estable en nuestro país.





Un desahogo económico

23 05 2015

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El flujo anual de las remesas familiares a Nicaragua mostró su primera y única caída de 6.1% en el año de 2009, al reflejar el nivel de US$768 millones como un resultado de la recesión económica mundial provocada por la quiebra de la banca de inversión de Wall Street, a partir de septiembre de 2008 tras la desaparición de Lehman Brothers.

El mundo no se ha librado aún de dicha recesión. Estados Unidos, con una tasa de desempleo actual de 5.4% que está por encima del rango de 5.0% y 5.2% que corresponde a la tasa de pleno empleo, su crecimiento económico es moderado y su tasa de inflación se mantiene por debajo  del 2% debido a la caída temporal del precio del petróleo WTI. Al otro lado del Atlántico, la economía de la Eurozona se encuentra prácticamente estancada, su tasa de desempleo sigue anclada en 11% y su tasa de inflación se aceleró hasta 2.5% por el aumento del costo del crudo Brent.

Sin embargo, las remesas a Nicaragua han mantenido un continuo aumento anual desde 2010, de tal forma que en 2014 crecieron 5.4% y ascendieron a US$1,136 millones equivalentes al 9.6% del Producto Interno Bruto (PIB) del país. Esto se explica con el hecho de que la economía de Estados Unidos es la que ha mostrado el mejor desempeño productivo entre los países de economía avanzada y, al menos, el 60% del total de las remesas a Nicaragua procede de dicho país.

Según datos del documento “Las remesas a América Latina y el Caribe superan su máximo valor histórico en 2014” del Fondo Multilateral de Inversiones (FOMIN), Miembro del Grupo Banco Interamericano de Desarrollo (BID), 21.8 millones de migrantes originarios de América Latina y el Caribe residían en Estados Unidos al cierre de 2014, y el 15.7% de ellos, o sea, 3.4 millones de migrantes, provenía del istmo centroamericano.

El trabajo de los migrantes centroamericanos se concentró principalmente, en el caso de los hombres, en las actividades de la construcción y mantenimiento, y en el caso de las mujeres, en las actividades de servicios como comercio y ocupaciones de oficina. La causa de esta concentración laboral es que el 57.9% de los migrantes centroamericanos tienen una escolaridad menor a la de graduado de educación media superior y el 87.4% de los mismos se encuentra en edad de trabajar, es decir, entre 18 y 64 años de edad. De todas maneras, si aumenta la producción de la primera economía mundial, el desempleo hispano disminuye y se eleva el monto total de las remesas.

De acuerdo con datos del Banco Central de Nicaragua (BCN), en 2014 las remesas que ingresaron a nuestro país financiaron el 47.3% del déficit comercial de bienes con el exterior, uno de los más elevados de Latinoamérica al representar el 20.3% del PIB en el año pasado. Además, sólo el 9.2% del total de las remesas, US$104.1 millones, ingresó al país a través de canales informales, o sea, remesas de bolsillo, mientras que 90.8% restante, US$1,031.7 millones, fue canalizado a través de las agencias de remesas y los bancos comerciales.

Los principales países originarios de las remesas a Nicaragua en 2014 fueron Estados Unidos (58.6%), Costa Rica (21.7%), España (5.9%), Panamá (3.5%), El Salvador (1.3%), Canadá (0.9%) y México (0.6%). Los montos promedio de las remesas por país fueron los siguientes: Estados Unidos, US$220.7; Costa Rica, US$246.7; y España, US$293.1. Los departamentos que concentraron el 70% del total de remesas recibidas fueron Managua (38.0%), Chinandega (11.0%), León (8.0%), Estelí (7.0%) y Matagalpa (6.0%).

Cabe entonces destacar que las remesas no sólo constituyen un alivio macroeconómico al representar casi el 10% del PIB y financiar casi el 50% del grave desequilibrio del balance comercial de bienes con el sector externo, sino también un alivio microeconómico al financiar el gasto de consumo de muchos nicaragüenses. Tomando en cuenta el monto promedio de cada remesa proveniente de cada uno de los tres países arriba mencionados, el monto promedio anual nacional de una remesa fue igual a US$200, mientras que el salario mínimo legal promedio simple era equivalente a US$174 y el salario promedio anual, a US$314, en ese mismo año.

Se puede concluir que el importante flujo de remesas a Nicaragua también fortalece la histéresis del desempleo global, porque los subempleados y los desempleados podrían acostumbrarse a no trabajar, o sea, podrían trabajar menos de ocho diarias o abandonar definitivamente a la población económicamente activa del país al desanimarse por no encontrar un puesto de trabajo formal en nuestro mercado laboral. Esta situación se agrava con la creencia empresarial de que una persona que ha permanecido mucho tiempo desempleada ha perdido sus destrezas físicas e intelectuales necesarias para trabajar y, en consecuencia, no puede ser contratada. En la historia económica reciente de Nicaragua, la tasa de desempleo global oscila entre 24% y 30% de la población económicamente activa, por lo cual también será difícil romper este círculo vicioso.





Carta 38 al Presidente de la Asamblea Nacional de Nicaragua, Ing. Santos René Núñez Téllez

21 05 2015

21 de mayo de 2015

Ingeniero

Santos René Núñez Téllez

Presidente

Asamblea Nacional de Nicaragua

Su Despacho

Honorable Señor Presidente de la Asamblea Nacional, Ing. Santos René Núñez Téllez:

Vuelvo a escribirle porque no he obtenido su respuesta a mi petición que le he presentado desde el 8 de mayo de 2012, que consiste en que la Junta Directiva de la Asamblea Nacional de Nicaragua responda a las solicitudes de dos jueces de lo Penal de Managua, Lic. María Ivette Pineda, presentada en agosto de 2008, y Lic. Henry Morales Olivares, presentada en junio de 2011, para desaforar al diputado impune Eduardo Montealegre Rivas, por las graves calumnias e injurias que escribió contra mi persona el 31 de julio de 2008, publicadas en el diario La Prensa, y el 2 de febrero de 2011, publicadas en una carta que él hizo circular desde la casa de su movimiento político Vamos con Eduardo.

Como es de su conocimiento, el diputado Eduardo Montealegre Rivas no respeta la ley de nuestro país que marca los límites y cuida a sus ciudadanos y, además, se escuda inapropiadamente en la inmunidad que le confiere su cargo público, que no desempeña, para evadir el llamado que le han hecho dos jueces del Poder Judicial de nuestro país desde hace casi seis años.

Esta es la trigésima octava carta que le remito con el objetivo de que la Asamblea Nacional de Nicaragua no continúe retardando la justicia ni guardando silencio por la violación de mis derechos humanos que ha cometido el diputado querellado Eduardo Montealegre Rivas.

Tengo la confianza que usted leerá esta carta y le reitero que continúo esperando su respuesta en su calidad de servidor público de los nicaragüenses.

Agradeciendo su atención, le reitero las más distinguidas muestras de consideración y aprecio personales.

Atentamente,

 Néstor Avendaño Castellón

Economista

cc:   Iris Marina Montenegro Blandón, Primera Vicepresidenta.

María Eugenia Sequeira Balladares, Segunda Vicepresidenta.

Gladys de los Ángeles Báez, Tercer Vicepresidenta.

Alba Azucena Palacios Benavides, Primera Secretaria.

Loria Raquel Dixon Brautigam, Segunda Secretaria.

Carlos Wilfredo Navarro Moreira, Tercer Secretario.

Archivo.





Inversión real y crecimiento económico de Nicaragua

17 05 2015

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Las perspectivas de la producción de bienes y servicios de la economía nicaragüense en el corto plazo son crecientes y bastante halagüeñas para la generación de empleo formal y, por consiguiente, es de esperar la reducción de la brecha de la desigualdad entre la población. Nicaragua está sentando las bases para un mayor crecimiento económico a partir de este año.

La inversión extranjera directa es la variable económica principal que está impulsando la tasa de crecimiento económico, que para 2015 es proyectada por el Banco Central de Nicaragua (BCN) entre 4.5% y 5.0%, y es pronosticada por Consultores Para el Desarrollo Empresarial (COPADES) en 5.6% con el inicio de la ejecución del mega proyecto hidroeléctrico TUMARÍN, el cual agrega 1 punto porcentual a ese crecimiento con un gasto de inversión esperado de US$200 millones, de un  total de US$1,100 millones en cuatro años.

Desde mediados del año pasado se observó una dinámica creciente en la construcción privada de hoteles, restaurantes e instalaciones agropecuarias y agroindustriales, y en la construcción pública de viviendas de interés social y el tramo de carretera Nejapa-Izapa. En este año se prevé la construcción de importantes proyectos de construcción pública, entre los que se destacan, financiados por el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE), el mejoramiento de los tramos de carretera Nejapa-El Crucero-Diriamba-Jinotepe-Nandaime, el mejoramiento de Caminos Rurales y Carreteras con Conexión al Caribe Nicaragüense, la Sostenibilidad del Sector Agua y Saneamiento Rural en los municipios más pobres del país, el Reemplazo del Hospital Regional Nuevo Amanecer de la Región Autónoma del Atlántico Norte (RAAN) y el Proyecto Central Hidroeléctrica La Sirena que generará 89.1 GWh.

En el ámbito del sector privado, como se mencionó anteriormente se distingue el inicio de la construcción de una sola mega obra, la planta hidroeléctrica TUMARÍN, pero no incluimos el otro megaproyecto del Gran Canal de Nicaragua porque no se dispone de información técnica económica-financiera ni de los estudios de protección del medio ambiente.

En 2015, la actividad de la construcción, por el lado de la oferta con un crecimiento de 15%, y el gasto de inversión fija privada y pública, por el lado de la demanda, vuelven a ser los resortes del crecimiento económico. En la revisión del pronóstico económico realizada por COPADES en marzo recién pasado, también se observó que el aumento del volumen de las exportaciones de 3.5% es similar al aumento del volumen de productos de consumo final, por lo cual se espera que el volumen de la demanda interna de bienes y servicios finales sea el motor del crecimiento económico de Nicaragua en este año, al pronosticarse su crecimiento en el nivel de 6.6%.

Nicaragua, por lo tanto, comienza a dejar el estadio de crecimiento económico de entre 4% y 5% e inicia su incursión en el estadio de entre 5% y 6%, pero es necesario plantear algunas observaciones que caracterizan a esta nueva etapa del crecimiento económico de nuestro país.

Las empresas nicaragüenses de la actividad de la construcción no se encuentran muy bien capitalizadas, es decir, de cara a mega proyectos con mano de obra calificada, tecnología apropiada y suficiente acervo de maquinaria y equipo, de tal forma que son las empresas extranjeras las que ganan las licitaciones de los proyectos de construcción, y éstas, en el mejor de los casos, subcontratan a empresas nicaragüenses para realizar las obras secundarias de esos proyectos.

Por otro lado, fundamentar el crecimiento económico casi exclusivamente en la inversión extranjera directa promoverá el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) Real, o sea, la tasa de crecimiento económico del país, pero el ingreso nacional, es decir, el Producto Nacional Neto a costo de factores (PNNcf), tenderá a mostrar una menor tasa de crecimiento debido al pago por factores del exterior, por ejemplo la repatriación de utilidades y el pago de remuneraciones a trabajadores de otros países, que se agregarían al actual pago de intereses de la deuda externa privada y pública.

Sin embargo, la ejecución de mega obras de parte de inversionistas extranjeros, por ejemplo si se aprobara la del “Desarrollo Integral del Gran Canal de Nicaragua”, no implicará una aceleración importante de la tasa de crecimiento del PIB Real porque partes importantes de esa inversión, tales como las esclusas y la maquinaria y equipo para construirla y ponerla en funcionamiento, se realizarían fuera del país, debido a que Nicaragua no dispone de tecnología requerida para la construcción de esas mega obras. Hay que tener cuidado de las aseveraciones públicas de algunos de nuestros servidores públicos, como Paul Oquist, secretario de políticas públicas de la Presidencia de la República, que sorpresivamente catapultó la tasa de crecimiento anual de la economía de Nicaragua hasta el 15% en el mediano plazo con la ejecución del Gran Canal de Nicaragua.

Otra de las particularidades del crecimiento económico de nuestro país es el descenso del esfuerzo inversionista de empresarios nicaragüenses, el cual puede ejemplificarse, de acuerdo con datos oficiales del BCN, con el hecho que el flujo bruto de inversión extranjera directa como porcentaje del gasto de inversión fija del sector privado se elevó desde 45% en 2010 hasta 71% en 2014. Con ese ritmo de acumulación de capital real observado en ese quinquenio, el gasto anual de la inversión en construcción y adquisición de maquinaria y equipo del sector privado en la economía nicaragüense estará exclusivamente en manos extranjeras a finales de 2017. El acervo total de bienes de capital real estaría trasladándose de manos nicaragüenses a manos extranjeras.

Finalmente, dada la ineficaz política cambiaria administrada por el BCN desde hace 22 años al no promover el esfuerzo exportador ni reducir el grave desequilibrio comercial de bienes con el exterior, el flujo anual de la inversión extranjera directa neta (ingresos menos salida de capital extranjero) no provocará un notable aumento del índice de sobrevaloración del córdoba, porque en la actualidad es aproximadamente igual al 60% de su flujo bruto anual. Es obvio que ese flujo neto de inversión extranjera directa adicionará algún margen porcentual al índice de sobrevaloración de nuestra moneda local que es muy alto, pero la solución de este problema requiere el establecimiento de una nueva política monetaria y cambiaria en el BCN.

Por supuesto que las autoridades gubernamentales tienen que buscar una mayor equidad en la distribución del ingreso nacional, que tiende a ser menor que el ingreso interno debido a los pagos por factores del exterior por la característica predominante de la carrera inversionista en nuestro país. Se requiere elevar el gasto de educación pública (preescolar, primaria y secundaria) al nivel del 7% del PIB, disminuir el porcentaje de la población sin acceso a los servicios de salud y reducir el tamaño excesivo de la economía informal. ¿Vamos a tanto mercado como resulte posible?  ¿Vamos a tanto Estado como sea imprescindible?  ¿Quién pone la línea divisoria?





¿Es eficaz la política cambiaria de Nicaragua?

9 05 2015

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“Las palabras deberían ser un poco salvajes, porque son el ataque de los pensamientos contra la falta de reflexión”.

John Maynard Keynes

La autoridad monetaria de nuestro país no puede reducir el precio de los bienes nacionales en relación con el de los bienes extranjeros, porque la devaluación nominal del córdoba no sirve para conseguir su devaluación real debido principalmente a la prevalencia de la cláusula de mantenimiento de valor. La experiencia de la hiperinflación en Nicaragua, 1347% en 1987, 33548% en 1988, 1689% en 1989, 13490% en 1990 y 866% en 1991, fue la cárcel de la cláusula de mantenimiento de valor, que se estableció con el vano intento de elevar la confianza del público no bancario para que depositara córdobas en el sistema financiero nacional: el saldo de los depósitos en moneda extranjera, como porcentaje del saldo total de los depósitos, se elevó de 10.1% en diciembre de 1991 a 75.6% en diciembre de 2014.

La proliferación de los mecanismos de indexación de los precios en córdobas con el tipo de cambio oficial impidió la búsqueda de la competitividad de las exportaciones a través de la depreciación real de nuestra moneda de curso legal y, por consiguiente, la cláusula de mantenimiento de valor constituyó un craso error macroeconómico que anuló la efectividad del BCN para disminuir los déficit de la balanza de pagos de nuestro país.

En otras palabras, con base en datos oficiales la política cambiaria del BCN no puede contrarrestar el exceso de la demanda interna (consumo e inversión) sobre la oferta interna (producto interno bruto), equivalente a 20.7% del PIB y a 2 mil 2 millones de dólares en 2014, por lo que la economía nicaragüense no disminuye su dependencia de los recursos externos. Tomando en cuenta la deuda petrolera contraída con Venezuela desde 2007, que se registra como una deuda del sector privado, Nicaragua continúa siendo un país muy endeudado en términos de producción, no obstante la Comunidad Internacional nos ha condonado deuda pública externa por un monto de 14 mil 542 millones de dólares desde 1985 hasta 2014.

El craso error macroeconómico antes mencionado se manifiesta con el muy elevado déficit comercial de bienes de la balanza de pagos del país. Entre 1990 y 2014 y en porcentajes del producto interno bruto (PIB), la media aritmética de dicho déficit comercial es del orden del 22.7%, su nivel máximo fue 32.0% en 1992, su nivel mínimo fue 12.0% en 1995 y en los últimos 18 años, o sea, desde 1997, siempre ha sido mayor que el 20%.

Este drama cambiario se consolidó cuando el BCN se convirtió legalmente en un rehén del tipo de cambio el 29 de julio de 2010, al señalar el Artículo 38 de su actual ley orgánica que “En todo contrato podrá establecerse una cláusula por la cual las obligaciones expresadas en córdobas mantendrán su valor con relación a una moneda extranjera. En este caso, si se produce una modificación en el tipo oficial de cambio del Córdoba con relación a dicha moneda, el monto de la obligación expresada en Córdoba deberá ajustarse en la misma proporción a la modificación operada”. Un craso error legal cometido 17 años después del craso error macroeconómico, porque se oficializó la excesiva dolarización extraoficial de la economía que ha provocado la pérdida del control de la política cambiaria.

Por todo lo expuesto anteriormente, se puede notar que la política cambiaria de Nicaragua no ha sido eficaz. Una política cambiaria eficaz es aquella que estimula las exportaciones, desestimula las importaciones y reduce el déficit comercial de la balanza de pagos. En efecto, el BCN no tuvo la capacidad de reducir el crónico desequilibrio comercial de bienes con el exterior en el marco de las condicionalidades del ajuste macroeconómico y de las reformas estructurales de la economía de Nicaragua, con cuatro programas trienales suscritos con el Fondo Monetario Internacional (FMI) que se ejecutaron entre junio de 1994 y diciembre de 2012.

Sin embargo, hay buena evidencia que sugiere que la dolarización financiera de la economía nicaragüense está de hecho asociada con un uso limitado de flexibilidad del tipo de cambio. La actual volatilidad del tipo de cambio nominal mensual, es decir, la desviación estándar del tipo de cambio oficial como porcentaje de su media aritmética, en una muestra de 156 observaciones correspondientes al período enero 2002-diciembre 2014, es una línea recta que representa su tasa de devaluación nominal mensual de 0.4%, que es muy cercana al 0%. En otras palabras, el tipo de cambio oficial del córdoba muestra poca volatilidad.

Una mayor flexibilidad del tipo de cambio de dos vías puede inducir a la disminución de los depósitos y de los préstamos en moneda extranjera, ya que aumenta el riesgo por tenencia de activos en moneda extranjera. Un tipo de cambio más flexible, que pueda moverse en cualquier dirección dentro de una banda haría más evidente el riesgo cambiario e introduciría un desincentivo a la dolarización financiera. El impacto sería diferente dependiendo de la dirección de la tendencia del tipo de cambio: la expectativa de devaluación aumentaría la dolarización de los pasivos (depósitos) y la sustitución de monedas, mientras que la expectativa de apreciación sería la dolarización de activos (préstamos).

Habrá que desmantelar los mecanismos de indexación de precios con el tipo de cambio y será necesario indexarlos con el índice de precios al consumidor (IPC), una medida menos intrusa basada en el mercado, y habrá que vencer el miedo para adoptar una banda cambiaria, pero sólo como un complemento y no como un sustituto de las reformas monetarias necesarias. Por razones de la eficiencia de la economía, deberá mantenerse algún nivel de dolarización deseable en un entorno prudencial adecuado, de tal forma que internalice adecuadamente el riesgo de los préstamos en dólares.

La excesiva dolarización extraoficial del mercado local persiste aún con el restablecimiento de la estabilidad macroeconómica y con la credibilidad de las políticas gubernamentales, o sea, cuando las causas originales de la dolarización han sido eliminadas. Por lo tanto, para lograr la corrección de la política cambiaria de Nicaragua, el BCN requerirá una profunda reforma estructural y el fortalecimiento de su capacidad técnica y financiera.

Con la estabilidad macroeconómica, la tarea de los formuladores de las políticas monetaria, cambiaria y financiera sería la construcción de un mayor espacio tanto para para el córdoba como para una sólida política monetaria, más simétrica y menos restringida y, por supuesto, también comprendería la compatibilidad de la política fiscal con dichas políticas en cuanto al mantenimiento de un bajo déficit fiscal y la administración de la deuda pública.

Por supuesto que también habrá que fortalecer las normas prudenciales del sistema financiero nacional para promover su competitividad, internalizar completamente los riesgos de la intermediación en moneda extranjera y proporcionar más espacio para la nueva política monetaria, así como desarrollar la Bolsa de Valores de Nicaragua (BVN) con oportunidades más flexibles de inversión alternativa a los crecientes depósitos en dólares, que ya superan los tres millardos de dólares, y alentar el desarrollo de la base de inversionistas locales que podrá apoyar la demanda de instrumentos de largo plazo en córdobas.

Ante las sugerencias monetarias, cambiarias y financieras que planteé en el “Seminario de Política Monetaria y Estabilidad Financiera” que realizó el BCN en septiembre de 2014, el colega Dr. Alejandro Martínez Cuenca, miembro del Consejo Directivo del BCN, irreflexivamente me refutó diciendo que yo estaba proponiendo un caos.

Espero que el colega Dr. Martínez Cuenca, después que lea mis opiniones vertidas en mis artículos económicos “¿Existe una pollítica financiera nacional?, ¿Sirve la política monetaria de Nicaragua? y éste que intitulo “¿Es eficaz la política cambiaria de Nicaragua?”, pueda comprender que nuestra nación siempre ha estado en un “caos” -la microeconomía siempre ha estado bastante mal- y que una minoría está en “orden”. Por esto reitero que la estabilidad macroeconómica está casi excelente, pero es frágil.





¿Sirve la política monetaria de Nicaragua?

2 05 2015

Presentación1

A través del mercado de dinero, la política monetaria influye en la producción y en el empleo. El Banco Central de Nicaragua (BCN) controla directamente el crecimiento del dinero –que influye sobre la producción y el empleo-, pero no controla indirectamente la tasa de interés –que influye sobre la demanda agregada interna, o sea, el consumo y la inversión-, porque la tasa de rendimiento de sus  operaciones de mercado abierto de corto plazo no es eficaz al no tener influencia sobre las tasas de interés del mercado local.

La evidencia empírica demuestra que la tasa de rendimiento de las Letras Estandarizadas a 1 año plazo que subasta el BCN semanalmente no es significativa para explicar la tasa de interés de ahorro, la tasa de interés de los depósitos a 1 año de plazo y la tasa de interés activa de corto plazo del sistema financiero nacional. Esto demuestra que un objetivo intermedio de la política monetaria, como es la tasa de interés de mercado, no funciona para alcanzar el objetivo último de la política monetaria, que es la tasa de inflación.

El BCN, prestamista de última instancia del sistema financiero nacional, dirige la política monetaria principalmente con la tasa de encaje legal y las operaciones de mercado abierto. Si el BCN aumentara la cantidad de dinero, provocaría una disminución de la tasa de interés y elevaría la demanda interna, y si disminuyera la cantidad de medio circulante, la tasa de interés aumentaría y reduciría los gastos de consumo e inversión del sector privado. A esto se agrega la política fiscal: con un mayor gasto público, o sea, con una política fiscal expansiva, el gasto de consumo privado se incrementa debido al multiplicador del gasto gubernamental y el gasto de inversión privada se reduce porque el creciente gasto público eleva las tasas de interés. Consecuentemente, se afecta el objetivo del crecimiento económico, el cual no es un mandato para el BCN en su ley orgánica.

También es evidente que el BCN ha perdido progresivamente el control de la política monetaria desde el año de 1990, porque la economía está muy dolarizada extraoficialmente, al observarse que todos los macroprecios –las tasas de interés, los salarios medios y altos, y las rentas- y todos los precios al consumidor, excepto los productos perecederos de origen agrícola, están indexados con el tipo de cambio oficial. Sin incluir los dólares que circulan entre la población, porque no se pueden contar, la excesiva dolarización extraoficial se manifiesta actualmente con la importancia de los depósitos en moneda extranjera registrados en el sistema financiero nacional, al representar el 67.2% de la liquidez global, y con el córdoba con mantenimiento de valor, que es un dólar disfrazado, al participar con el 11%, mientras que nuestra moneda de curso legal, el córdoba sin ningún apellido, domina sólo el 21% del mercado monetario.

La existencia de estas tres monedas en el mercado nicaragüense tranquiliza a pocos agentes económicos, porque la volatilidad del tipo de cambio nominal oficial es cercana a cero por ciento y prácticamente es una línea recta desde hace 12 años, pero perjudica a la mayoría de la población que tiene bajos ingresos, porque sólo dispone del córdoba y enfrenta severas restricciones para satisfacer sus necesidades de consumo básico. A manera de ejemplo, en diciembre de 2014 el salario promedio nacional era C$8,337 y la canasta de 53 productos de consumo básico costaba C$12,253.65, y en ésta los 23 productos alimenticios costaban C$8,216.66: con un salario promedio nacional sólo se pueden adquirir los alimentos requeridos por una familia en un mes.

En este panorama monetario, es más fácil dolarizar oficialmente la economía que recordobizarla, pero la dolarización oficial deber ser aprobada por el pueblo a través de un referéndum, y tendría que ser explicada previamente por los servidores públicos, con sus costos y beneficios, a todos los agentes económicos radicados en el país. Aparentemente, la disposición política ha sido desdolarizar la economía, tal como la insinuara públicamente el presidente del BCN, Ovidio Reyes, en mayo de 2014, por lo cual se podría inferir que la política monetaria actual no es tan eficiente como la pintan.

Actualmente, la condicionalidad de la estabilidad macroeconómica se garantiza con un saldo de reserva internacionales brutas en poder del BCN igual a 2.5 veces el saldo de la base monetaria, o sea, 2.5 veces la suma del saldo del numerario (córdobas que circulan fuera del sistema financiero nacional) y del saldo de encaje sobre los depósitos en córdobas depositado por las instituciones financieras en el BCN (que no tiene tasa de interés ni mantenimiento de valor). Esta condicionalidad indica que el BCN ha escogido la base monetaria como el objetivo intermedio de su política monetaria, la cual puede controlar casi exactamente, pero no puede suponer que la velocidad y el multiplicador del dinero se mantendrán constantes en el corto plazo y, al ser el emisor del córdoba, no podría culpar a nadie si no pudiera conseguir el objetivo último de su política monetaria, hoy limitado a una presión inflacionaria baja y estable. En otras palabras, el BCN podría cumplir su objetivo intermedio y podría equivocarse totalmente en el objetivo último de la política monetaria, como le ha ocurrido en el período 2004-2008 y en el bienio 2010-2011.

Por consiguiente, el BCN, para honrar su misión de preservar la estabilidad del córdoba, ha elegido la inflación como el objetivo último y el más popular de la política monetaria, pero con el riesgo de no poder reducir las fluctuaciones de la producción de bienes y servicios y del empleo. La ley obliga al BCN a ignorar el mandato de que la economía nicaragüense alcance el pleno empleo, lo cual es evidente con el hecho de que en 15 de los últimos 19 años se observan contracciones monetarias, con el riesgo de que una caída de la producción agropecuaria provocada, por ejemplo, por una sequía o una inundación o una plaga, eleve los precios al consumidor y obligue al BCN a reducir la oferta de dinero y profundice la fluctuación hacia la baja de la producción real y del empleo.

En la práctica, con un procedimiento que es bastante discutible y poco académico, el BCN establece la meta inflacionaria anual del país con la suma de la tasa de devaluación nominal anual del córdoba, que es 5% desde el año de 2004, y de la tasa de la inflación anual externa, fijada en 2% en las economías avanzadas y que en 12 de los últimos 23 años ha sido menor que 2%. Por supuesto que no hay que extrañarse que la proyección oficial de corto y largo plazo de la tasa de inflación anual de Nicaragua sea constante, gráficamente una recta, en el nivel de 7%. Entonces, ¿por qué el BCN no reduce la tasa de deslizamiento anual del tipo de cambio y, consecuentemente, la tasa de inflación? Los técnicos del BCN saben que la tasa de inflación se mide en córdobas –además, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) es calculado en el BCN-, pero nuestra moneda nacional, el córdoba sin apellido, es marginal en nuestro mercado monetario.

El córdoba tiene estabilidad pero no es atractivo para la población nicaragüense. Se necesita el cambio creíble a un régimen de metas de inflación libre de la flotación cambiaria, mejor dicho libre de la volatilidad del tipo de cambio, para rescatar la confianza en el córdoba. Se necesita la emisión de títulos y valores de mediano y largo plazo del BCN con el fin de establecer y desarrollar una curva de rendimiento como punto de referencia para las tasas de interés y mejorar las señales de la política monetaria. Se necesita un nivel adecuado de reservas internacionales en poder del BCN que garantice un fácil acceso a las divisas y disminuya la necesidad de mantener las divisas por motivos de precaución. Se necesita una reforma estructural del BCN que abarque medidas institucionales y el mejoramiento gradual de su capacidad técnica y financiera para realizar una política monetaria sólida e independiente. Se necesita construir la credibilidad monetaria, la credibilidad en el córdoba, pero puede tomar mucho tiempo.








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