Las tasas de interés activas de corto plazo han disminuido en Nicaragua

22 05 2022

En mis charlas económicas a empresarios y a estudiantes de Economía, usualmente escucho la pregunta de por qué las tasas de interés de los préstamos en córdobas con mantenimiento de valor son muy altas, a las cuales habría que adicionar la tasa de devaluación anual porque los montos de los préstamos están indexados con el tipo de cambio, con el objetivo de especificar la tasa de interés efectiva de los préstamos en córdobas sin mantenimiento de valor (s.m.v.).

Desde el punto de vista financiero, una base sobre la que se puede estimar el precio del dinero en Nicaragua es la tasa de rendimiento de los Bonos del Tesoro a 1 año plazo de los Estados Unidos (EE.UU.). Cuando apareció la pandemia del Covid-19 en el país en marzo de 2020, esa tasa de rendimiento era 0.17% y en marzo de 2022 subió al nivel de 1.63%, porque el Banco de la Reserva Federal (Fed) subió las tasas de interés al rango de [0.25%, 0.50%] con los propósitos de (i) recortar la liquidez con la que se inundó el mercado de EE.UU. durante la pandemia para provocar un alto consumo, y (ii) reducir la alta tasa de inflación. Con una tasa de interés elevada se incrementan los costos de pedir dinero prestado y se reduce la solicitud de créditos, por lo que se desacelera el crecimiento del consumo y de la inversión privada.

Los bancos comerciales radicados en Nicaragua realizan sus estimaciones del índice de riesgo-país, un indicador económico usado por los inversionistas al momento de calcular las posibilidades de éxito de sus proyectos de inversión, que está influenciado por variables políticas, económicas y financieras, tanto cualitativas como cuantitativas. El valor de ese índice no es publicado, pero se puede identificar con la diferencia de la tasa de interés para depósitos en dólares de EE.UU. a 1 año plazo en Nicaragua, 5.0% en marzo de 2022, y la tasa de rendimiento de los Bonos del Tesoro estadounidense a 1 año plazo de 1.63% antes mencionada. En esta forma, el índice de riesgo-país de Nicaragua, visto dese el lado de la banca comercial, es igual a 3.37 puntos (= 5.00 – 1.63) ó 3 mil 370 puntos básicos en marzo de este año, y es equivalente, de acuerdo con la teoría, a un riesgo moderado.

La convertibilidad de una moneda es el valor del tipo de cambio de esa moneda con respecto a otra moneda. En el caso del córdoba, el tipo de cambio más usado es con respecto al dólar de EE.UU. Se entiende por riesgo de convertibilidad la restricción de la capacidad de convertir moneda local en moneda extranjera, pero este riesgo es muy bajo en Nicaragua porque, a marzo de 2022, existe una adecuada regulación de la liquidez en córdobas al observarse (i) la contracción de 6.9% del saldo de la base monetaria con respecto a diciembre de 2021, (ii) la fortaleza del saldo de las reservas internacionales brutas de 4.2 millardos de dólares equivale a 3.1 veces la base monetaria y la condición mínima es 2.5 veces, (iii) un déficit fiscal anual previsto cerca del 1% del producto interno bruto (PIB), y (iv) una brecha cambiaria promedio de 0.55% para la venta del dólar con respecto al mercado de cambios.

El nivel del riesgo de convertibilidad visto desde el lado de la banca comercial radicada en el país, se obtiene con la resta de la tasa de interés para depósitos de 1 año en córdobas s.m.v. menos la tasa de interés para depósitos a 1 año plazo en dólares de EE.UU., (= 7.17% – 5.0%), igual a 2.16%, o sea, 216 puntos básicos en marzo de 2022.

Con la información oficial disponible, es difícil estimar en forma separada el costo bancario y el riesgo crediticio, que en marzo de 2022 ambos suman 3.61% o 361 puntos básicos al restar la tasa de interés para préstamos de corto plazo en córdobas s.m.v. menos la tasa de interés para depósitos a 1 año plazo en córdobas s.m.v. (= 10.78% – 7.17%).

La tasa de interés para préstamos de corto plazo en córdobas s.m.v. ha disminuido desde 18.36% en diciembre de 2018 hasta 10.78% en marzo de 2022.

A manera de información, el crédito de la banca comercial al sector privado del país se ha desplomado, según cifras de la Superintendencia de Bancos y de Otras Instituciones Financieras (SIBOIF) y del BCN, desde 40.3% del PIB en 2017 hasta 27.0% del PIB en 2021, y el total de gastos de administración representa el 61.2% del resultado operativo bruto en marzo de 2022.

Entre las principales razones financieras del sistema bancario del país correspondiente al final del primer trimestre del año en curso, se destacan la liquidez en córdobas equivalente a 35.2% del saldo de los depósitos en moneda local y la liquidez en dólares igual a 45.4% del saldo en moneda extranjera; la captación de depósitos igual a 4.4 veces el patrimonio de todos los bancos; y se mantiene la solidez de las entidades bancarias, al reflejar una adecuación de capital de 18.9%, superior a la norma de 10%.





La inflación inercial de Nicaragua

15 05 2022

Las presiones inflacionarias en el mercado local están muy fuertes, al acercarnos a una inflación anual de dos dígitos. La tasa de inflación interanual en abril de este año, es decir, la variación relativa del Índice de Precios al Consumidor (IPC) de abril de 2021 con respecto al IPC de abril de 2020, volvió a acelerarse y alcanzó el nivel de 9.95%, según los datos publicados por el Instituto Nicaragüense de Desarrollo (INIDE) el 11 de mayo recién pasado. La inflación mensual de abril fue 1.16%, muy cercana a un máximo observado en abril de 2019, y la inflación acumulada en el período enero-abril del año en curso fue 3.75%.

Al excluir los precios de los combustibles y de los alimentos, la tasa de inflación subyacente interanual también se volvió a acelerar al escalar hasta el nivel de 7.23%. La inflación mensual subyacente saltó de 0.85% en marzo a 1.16% en abril.   

Hoy, la pregunta de fondo es si la inflación anualizada de abril recién pasado ya alcanzó un punto máximo y en cuánto y a cuál velocidad disminuirá. Se aceleró en abril porque subieron principalmente los precios de los alimentos y las bebidas no alcohólicas, del transporte y de los servicios de hoteles y restaurantes, a pesar de que también se observaron caídas importantes de precios en los servicios de comunicaciones y en las bebidas alcohólicas y el tabaco.

También debemos tomar en cuenta que la dirección que tomará la tasa de inflación dependerá de los cuellos de botella de las cadenas de suministro de materias primas y bienes terminados que aún persisten y que podrían fortalecerse por dos factores, como son el surgimiento de una variante de Covid-19 en China, y el conflicto militar entre Rusia y Ucrania, que acelerarían la inflación y agravarían el shock de una creciente demanda con una escasez de oferta.

Si la alta inflación persistiera por mucho tiempo, se reactivarán las expectativas inflacionarias de los consumidores, los empresarios y el Gobierno, que pueden ser racionales, cuando todos los agentes económicos comparten la información disponible, o adaptables, cuando los agentes económicos han corregido sus errores paso a paso, pero podrían provocar una espiral salario-precio.

Las expectativas inflacionarias de los agentes económicos están determinadas por el coeficiente inercial de la inflación, el cual se ubica en el rango de [0, 1]. Si la influencia de la expectativa pasada sobre la actual es muy pequeña, las ponderaciones decrecen gradualmente, o sea, el agente económico tiene una larga memoria inflacionaria y el coeficiente inercial de la inflación se aproxima a cero; si la influencia de la expectativa pasada sobre la actual es muy grande, las ponderaciones decrecen rápidamente, el agente económico tiene una memoria inflacionaria muy corta y el coeficiente inercial de la inflación se aproxima a la unidad. Según mis cálculos, el coeficiente de inflación inercial de Nicaragua es 0.567 en abril de 2022, mayor que el registrado en abril de 2021, que fue 0.547.

En Nicaragua, los agentes económicos han corregido sus errores paso a paso, por lo cual se han formado expectativas adaptables. La adaptabilidad se centra en el hecho de que la tasa esperada de inflación es igual a la suma ponderada de las tasas de inflación pasadas: si la tasa de inflación observada es superior a la esperada, la expectativa inflacionaria aumenta proporcionalmente al error; en el caso opuesto, la expectativa de inflación se corrige hacia abajo.

De acuerdo con mis estudios sobre la economía de Nicaragua, el componente inercial de la inflación apareció en el país con una alta significación a mediados del año de 1982. En el lapso de diciembre 1982 – diciembre 1987, el coeficiente inercial de la inflación se elevó de 0.35 a 0.73, al interactuar presiones inflacionarias por el exceso de demanda y por la tendencia alcista de los costos de producción.

En febrero de 1988, el coeficiente inercial de la inflación había subido a 0.84 debido a la heterodoxia del plan de ajuste económico implementado en esa fecha y aunado a un cambio de moneda, que no pudo borrar la memoria inflacionaria.

La heterodoxia dio paso a la ortodoxia económica en junio de 1988 y en diciembre de ese año el coeficiente inercial de la inflación subió a 0.87, el más alto registrado en la economía nicaragüense, producto de los choques cambiarios, la eliminación de subsidios, el mayor gasto público y la expansión de la emisión de dinero para financiar el déficit fiscal.

En marzo de 1991, el coeficiente inercial de la inflación había disminuido a 0.84, influenciado principalmente por la presión de costos resultante del movimiento cambiario y del ajuste salarial del Programa de Estabilización Económica “Vamos al Córdoba”. En diciembre de 1991, el coeficiente inercial de la inflación era 0.55, lo que indicaba que las expectativas inflacionarias, aunque reducidas, permanecían aún latentes.

Con el Diálogo y la Convivencia, los nicaragüenses podemos reducir la incertidumbre política generada por la crisis política interna de abril de 2018, y la incertidumbre económica por una inflación del lado de la oferta provocada por los efectos de dos factores extraeconómicos provenientes del exterior en 2022, una pandemia y una guerra, a pesar de que los riesgos económicos y financieros del país continúan siendo muy bajos en este año.

Aunque se reduzca y se aproxime a cero el coeficiente inercial de la inflación de 0.567 registrado en abril de este año, inevitablemente surgirán nuevas presiones inflacionarias que son comunes a la aceleración del crecimiento económico y a la reducción del desempleo y del subempleo, y el coeficiente de inflación inercial volverá a subir.





El contagio de los problemas de la economía mundial

8 05 2022

La economía mundial enfrenta en este año los riesgos de la desaceleración del crecimiento económico o de la reducción de la producción, y la inflación alta por el aumento de los costos de producción, un problema al que los economistas llamamos la estanflación, ahora resultante de los impactos de dos shocks negativos de oferta que ya están presentes en el escenario mundial, y que se fortalecen día a día, como son la guerra entre Rusia y Ucrania con las sanciones de Occidente a Rusia,  y la nueva ola de contagio de la variante Ómicron que ha bloqueado a Shanghái con la estrategia de cero Covid en China, que causó la caída mensual más pronunciada del renminbi de 4.2% hasta Rmb6.6 por un dólar estadounidense. La consecuencia directa del menor crecimiento económico y de la alta inflación es el deterioro de la confianza de los consumidores y de los inversionistas.

En abril recién pasado, el Fondo Monetario Internacional (FMI) redujo la tasa de crecimiento económico mundial a 3.58% y ubicó la tasa de inflación mundial en 6.76% para el año de 2022, de tal manera que el problema macroeconómico sobre la mesa de los formuladores de política es cómo evitar las presiones inflacionarias crecientes y el peligro de aumentar las tasas de interés con un alto nivel de endeudamiento, teniendo en la misma mesa a los cuellos de botella persistentes de las cadenas de suministro de materias primas y productos terminados, los realineamientos geopolíticos y la volatilidad de los mercados financieros.

Con el aumento de las tasas de interés, la política monetaria no va a resolver las restricciones que persisten por el lado de la oferta, como son la escasez del suministro de materias primas -entre ellos, el petróleo, los alimentos y los chips para computadoras-. El conflicto bélico en Europa aumentó los precios de la energía y de los alimentos. La escalada de las sanciones occidentales contra Rusia se refleja en una escasez de petróleo y gas que afectaría duramente a la industria y elevaría aún más los precios de la energía -Rusia ya cortó el suministro de gas a Polonia y Bulgaria-. La economía de Estados Unidos tuvo una contracción anualizada de 0.4% del producto interno bruto (PIB) del primer trimestre e inició el proceso de subida de las tasas de interés.

En ese escenario, el alza de las tasas de interés provocaría un “ajuste recesivo” y, en el peor de los casos una “estanflación”. El banco central de Estados Unidos (la Fed) ha desacelerado la economía estadounidense sin causarle una recesión sólo en tres ocasiones en los últimos 60 años, y nunca ha podido hacerlo después de haber dejado que la inflación se hubiera elevado tanto como ahora. La inflación ya está ayudando al gobierno federal al reducir el valor real de sus deudas.

Con una recesión económica, el desempleo aumenta. En Estados Unidos, la tasa de desempleo de 3.6% en abril de este año es muy baja y la demanda de trabajadores es tan grande que las empresas tienen millones de vacantes.

Los funcionarios de la Fed dicen que pueden frenar esa demanda, haciendo que los empleadores eliminen las vacantes sin despedir a los trabajadores existentes, y controlar la inflación sin una recesión, lo que los economistas denominamos un «aterrizaje suave», pero, tal como lo dijera en abril el presidente de la Fed, Jerome Powell, “Nadie espera que lograr un aterrizaje suave sea sencillo en el contexto actual; muy pocas cosas son sencillas en el contexto actual”. El banco central, agregó, enfrenta una “tarea desafiante”.

Para frenar la inflación, el 4 de mayo de este año la Fed aprobó un aumento de la tasa de referencia de los fondos federales del banco de medio punto porcentual a un rango objetivo entre 0.75% y 1%, el mayor desde 2000 y antes de que el Covid-19 impulsara a la Fed a usar sus herramientas monetarias, y un plan para reducir su cartera de activos de US$9 billones que sirve como una forma adicional de eliminar el estímulo y elevar los costos de endeudamiento.

Es lógico tener en cuenta que una recesión económica de Estados Unidos es un riesgo sobre la economía global. Por consiguiente, los países pobres y los países de medianos ingresos se verán afectados con las altas tasas de la Fed, lo que tentará a la salida de los capitales, reducirá las exportaciones y debilitará los tipos de cambio, especialmente si se diese una recesión mundial al mismo tiempo.

Nicaragua, un país “normalmente endeudado en términos de producción” al registrar en 2021 un saldo de la deuda pública externa de US$7,805.9 millones equivalente a 55,7% del PIB, tendría que gastar para crear empleos, pero la inversión privada tiende a disminuir por los riesgos.

Por lo tanto, la política fiscal, teniendo también en cuenta que la tasa de inactividad laboral en el mercado local fue igual a 32.6% de la población en edad de trabajar en 2021, que la productividad no tiene un crecimiento importante desde hace varios años y que el déficit fiscal es cercano a 1% del PIB en 2022, puede ser expansiva a través de un creciente gasto de inversión en infraestructura económica y social, siempre que lo facilite el flujo de recursos de la cooperación externa y el límite tolerable del déficit del presupuesto gubernamental que es igual a 3% del PIB. En la actualidad, los desembolsos de préstamos multilaterales provienen en gran parte del Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE).

En conclusión, la inflación es demasiado alta y es una amenaza global. No estamos seguros de que los precios al consumidor disminuirán por la existencia de una serie de factores de oferta arriba mencionados, que no pueden ser corregidos con la política monetaria. Existe el temor del surgimiento de la estanflación, que parece estar afectando ya a la economía de la eurozona. El aumento de las tasas de interés de los Estados Unidos enfrenta el riesgo creciente de que provoque una recesión mundial, porque una política monetaria más estricta o restrictiva de Estados Unidos empujará a muchos otros países a subir sus tasas de interés para evitar la fuga de capitales y la inestabilidad monetaria, pero con el costo de la contracción económica.

Como es sabido, la economía de Nicaragua es muy dependiente de su principal socio comercial, Estados Unidos, y dada la globalización de la economía mundial nos queda un limitado margen de maniobra para implementar medidas que corresponden principalmente a la política fiscal.  





Impacto del conflicto militar entre Rusia y Ucrania en la economía de Nicaragua en 2022

1 05 2022

En el bienio 2018-2019, la economía de Nicaragua caía en picada por problemas políticos y por una política fiscal procíclica que se plasmó en la reforma de la Ley de Concertación Tributaria, o sea, una reforma tributaria que aceleró la caída de la producción y de la inflación.

Después, en marzo de 2021, llegó la pandemia del Covid-19, que obligó a muchas actividades económicas y empresas a cerrar, que interrumpió las cadenas de suministro globales, y en noviembre del mismo año  dos huracanes, Eta e Iota, golpearon la región del Caribe Norte.

Luego, en febrero de 2022 surgió la “operación militar especial” o la acción militar de Rusia en Ucrania. ¿Cuál ha sido el efecto de esta guerra en la economía de Nicaragua? Parece que afecta directamente al crecimiento económico y a la inflación.

Desaceleración del crecimiento económico

Desde el segundo semestre de 2021, el “efecto base” de la economía de Nicaragua mostró un nivel alto para la cuantificación de la variación relativa de algunas variables macroeconómicas en 2022, entre ellas el Índice Mensual de Actividad Económica (IMAE) y el Producto Interno Bruto (PIB) trimestral.

En otras palabras, sin la guerra en el continente europeo, que surgió en febrero del año en curso, ya preveíamos que en 2022 ocurriría una desaceleración de la tasa de crecimiento económico no sólo en el país, sino en todo el mundo.

Sin embargo, la incertidumbre económica mundial se fortaleció con los confinamientos draconianos en China por las nuevas variantes de la pandemia del Covid-19 en Shanghái, un centro económico principal, y que se ha extendido a Pekín causando más interrupciones en las cadenas de suministro de bienes intermedios y finales, y más cuellos de botella en el transporte. Otro factor que ayudará a explicar la desaceleración económica es el aumento de las tasas de interés internacionales que reducirán la demanda interna, es decir, el gasto de consumo de los hogares y el gasto de inversión de las empresas, para aplacar la fuertes presiones inflacionarias.

El Banco Central de Nicaragua (BCN), después de haber estimado en términos preliminares para 2021 una tasa de crecimiento económico de 10.3%, que está influenciada por el “efecto base” bajo de 2020, proyectó para 2022 una tasa de crecimiento económico del país en el rango meta anual de 4% a 5%. Por su parte, el Fondo Monetario Internacional (FMI) estimó una tasa de crecimiento del PIB Real en el nivel de 3.8% para este año. En conclusión, los choques negativos de la oferta han disminuido la producción.

Aceleración de la tasa de inflación

Otros impactos de los recientes choques negativos de la oferta provocados por el conflicto militar entre Rusia y Ucrania han sido los aumentos de los costos de producción y de los precios al consumidor en la economía mundial. Se han disparado hacia arriba los precios del petróleo y sus derivados – gasolinas, diésel, fuel oil y gas -, agroquímicos, alimentos y metales demandados por la industria manufacturera.

En términos interanuales, según datos publicados por el Instituto Nacional de Información de Desarrollo (INIDE), entre enero y marzo de 2022 en el mercado local se registraron: una tasa de inflación general de los precios al consumidor que saltó de 7.68% a 8.74%; una tasa de inflación subyacente, que excluye los precios volátiles de los combustibles y los alimentos, se elevó de 5.85% a 6.54%, mientras que su rango meta anualizada normal es entre 4.0% y 4.5%; y el costo de la canasta de 53 productos de consumo básico pasó de C$16,529.99 a C$16,998.05 y se incrementó de 10.56% a 13.04%.

Deterioro del salario promedio nacional

De acuerdo con datos del Ministerio del Trabajo (MITRAB), el salario real promedio del sector formal mostró un deterioro anualizado de su poder adquisitivo de 6.88% en febrero de 2022, resultante de un aumento del salario nominal o en precios corrientes de apenas 0.33% y una tasa de inflación anualizada de 7.75%. La cobertura de este salario sobre el costo de la canasta de 53 productos de consumo básico en febrero recién pasado era 66%, tras haber registrado 80% en diciembre de 2018.

Estabilidad macroeconómica

Se mantiene la estabilidad del tipo de cambio con una tasa de deslizamiento anual de 2%, pero se pierde la estabilidad del índice de precios al consumidor al reflejar una tasa de inflación bastante cercana 10%. Por consiguiente, la estabilidad macroeconómica tiende a mantenerse un saldo de reservas internacionales brutas administradas por el BCN que supera los US$4,000.0 millones y que es igual a 2.73 veces el saldo de a base monetaria, superior al límite inferior de 2.5 veces establecido por el Gobierno de Nicaragua con el FMI. 

Superávit en la cuenta corriente de la balanza de pagos

Un superávit del balance en cuenta corriente de la balanza de pagos cercano a 1% del PIB en 2022 se podría explicar con el alza de 16% de los precios internacionales de los alimentos y el creciente flujo de remesas que ya superó los 2 millardos de dólares en 2021. Sin embargo, en el aumento de los precios de las materias primas se destaca el incremento aproximado a 33% de la factura petrolera, que pasaría de US$1,116 millones en 2021 a US$1,491 en 2022.

Saldo de la deuda pública externa

El saldo adeudado a los acreedores externos del sector público tiende a mantenerse en el nivel tolerable de 51.5% del PIB, equivalente a un monto de US$7,490 millones, que es levemente superior al 50% establecido como límite máximo del peso de la deuda externa para los países pobres.

¿Y el índice de pobreza de Nicaragua?

Teniendo en cuenta que si el PIB Real aumenta 1%, el índice de pobreza general disminuye 1.42% y el índice de pobreza extrema cae 1.96%, para 2022 COPADES estima que la pobreza afectará al 22% de la población del país y de éstos sólo el 5.6% se encontrará afectado por la pobreza extrema. 

Nota: COPADES presentará su Seminario de Actualización Empresarial “Pronóstico Económico de Nicaragua 2022” en sesión virtual el martes 10 de mayo del año en curso a partir de las 8:15 a.m. Si desea participar, puede solicitar información a la dirección electrónica corozco@copades-nic.com





¿Hacia dónde va la economía de Nicaragua en 2022?

24 04 2022

En las Perspectivas de la Economía Mundial (WEO, por sus siglas en inglés), que fueron actualizadas y presentadas por el Fondo Monetario Internacional (FMI) en su reunión de primavera con el Banco Mundial (BM) en este abril de 2022, el crecimiento de la economía mundial de 6.1% estimado preliminarmente para 2021 es proyectado en 3.6% para 2022, y en el mismo orden de esos años, la tasa de inflación sube de 6.4% a 6.8% y el crecimiento del volumen de comercio de bienes y servicios se desacelera de 10.1% a 5.0%. El precio promedio anual del barril de petróleo WTI se eleva de US$67.98 en 2021 a US$103.87 en 2021.

Se suponía que 2022 sería para el mundo el año de la reactivación económica, la recuperación del empleo y de la disminución de la tasa de inflación, pero se está transformando en un año de realineamientos geopolíticos; la puesta en marcha de la independencia de la Unión Europea de la energía rusa; el fortalecimiento de la desconfianza de consumidores y productores; las crecientes presiones inflacionarias por los altos precios del petróleo, la energía, los agroquímicos, los alimentos y los metales; y la desaceleración del crecimiento de la producción, acompañada del aumento del desempleo, por el endurecimiento de la política monetaria mediante el alza de las tasas de interés. Estos factores están siendo impulsados por la guerra en Ucrania, las sanciones de Occidente a Rusia, el resurgimiento de la variante Ómicron del Covid-19 en China, y la exacerbación de los cuellos de botella de las cadenas de suministro mundial de materias primas y bienes terminados, lo que aumenta el riesgo de otra desaceleración del crecimiento en 2023.       

En las perspectivas económicas del FMI aparecen, entre otras variables, algunos indicadores de la economía de Nicaragua, que se muestran a continuación.

En otros análisis macroeconómicos, he señalado que la política monetaria de Nicaragua está limitada por los bajos niveles de exceso de la demanda de bienes de consumo y de inversión sobre el nivel de la producción interna de bienes y servicios observados desde 2018 y, además, por la política monetaria contractiva que se ha mantenido en el trienio 2019-2021.

Por su parte, la política fiscal no está limitada por un alto nivel de la deuda pública externa, que en 2017 era igual a 40.2% del PIB y en 2021 equivalía a 55.7% del PIB debido principalmente a la caída en picada de la producción de bienes y servicios en el trienio 2018-2020, por lo cual se puede sugerir que, en vez de impulsar la demanda en el corto plazo, se podría continuar ejecutando proyectos de inversión en infraestructura económica y social con el objetivo de aumentar la productividad en el largo plazo, pero existe una restricción: Nicaragua enfrenta sanciones financieras estadounidenses con la “Ley de Reforzamiento de la Adherencia de Nicaragua a las Condiciones para la Reforma Electoral (RENACER)”  que interrumpió la contratación de deuda externa pública proveniente del FMI, del BID y del BM, excepto la destinada a la asistencia humanitaria.

En el escenario macroeconómico de Nicaragua a finales de 2021, tanto la tasa de inflación de 7.21% como la tasa de subutilización laboral (desempleo abierto y desempleo equivalente relacionado con el subempleo) de 27.1% de la población económicamente activa (PEA), estimada por Consultores Para el Desarrollo Empresarial (COPADES) mediante la Ley de Okun que relaciona el empleo y el crecimiento económico, como la tasa de inactividad de 32.6% de la población en edad de trabajar (PET), estimada por el Instituto Nacional de Información de Desarrollo (INIDE), se encuentran en niveles muy altos.

La curva de Phillips, que relaciona ambas tasas, indica que si el desempleo es bajo, la inflación es alta, o si el desempleo es alto, la inflación es baja, pero no está funcionando en Nicaragua porque ambas variables ya se encuentran en niveles altos.

El Banco Central de Nicaragua (BCN) puede, por supuesto, desplegar la política monetaria aumentando la tasa de interés monetaria (recientemente, ya dio el primer paso en esa dirección al subir la Tasa de Referencia Monetaria de 3.5% a 4.0% sin mantenimiento de valor) supuestamente con el fin de reducir la tasa de inflación local (?!), que ha continuado aproximándose a 10% al registrar el nivel de 8.74% interanual en marzo recién pasado, pero elevaría el desempleo (que ya está elevado).

Entonces, ¿cuál será el objetivo que persigue el BCN con el aumento de la tasa de interés monetaria? La aceleración de la inflación del mercado local provino de un shock de oferta provocado por la reapertura de la economía que se había cerrado con la pandemia del Covid-19, pero esta inflación no puede ser abatida con la política monetaria que sólo sirve para reducir la inflación por el lado de la demanda, es decir, cuando muchos córdobas persiguen pocos bienes, o los mismos bienes. Hoy, las economías avanzadas reciben el impacto de una inflación acelerada por el shock de demanda, o sea, el choque de una creciente demanda contra una escasa oferta resultante de los estímulos monetarios y fiscales que recibieron sus poblaciones con el surgimiento de la pandemia del Covid-19. 

El BCN está persiguiendo una inflación que ya existe, 8.74% anualizada en marzo de este año, que en una gran parte ha sido generada por el lado de la oferta. ¿Podría el BCN reducir mucho la inflación sin aumentar significativamente el desempleo y el subempleo? No. ¿Podría el BCN bajar la tasa de inflación sin provocar una desaceleración del crecimiento económico? No. El aumento de las tasas de interés del BCN perseguiría el objetivo de la desaceleración de la demanda al restringir el endeudamiento de los consumidores y las empresas, pero cabe recordar que el saldo del crédito de las entidades bancarias radicadas en Nicaragua al sector privado se ha desplomado de 40.3% del PIB en 2017 a 27.0% del PIB en 2021. A pesar de que la economía de Nicaragua está muy dolarizada extraoficialmente, la inflación se estima con el córdoba, que es la moneda de curso legal.

El éxito del BCN dependerá de la eliminación de varias restricciones de la oferta que están fuera de su control. Por ejemplo, el aumento de los volúmenes y la disminución de los precios de los suministros de hidrocarburos después de la guerra o de la “operación especial militar” de Rusia en Ucrania, la eliminación de los cuellos de botellas en las cadenas de suministros de materias primas y bienes terminados, y el aplanamiento de la curva de contagio del Covid-19 poniendo fin al cierre de las empresas. Si estos factores persistieran, la subida de las tasas de interés para reducir la demanda provocará más daño a la economía.





Los retos ante la inflación por el lado de la oferta

17 04 2022

En 2022, dos grandes shocks negativos de oferta están impactando a la economía mundial y, por ende, a la economía nicaragüense. El primero es provocado por la pandemia mundial del Covid-19 que surgió en diciembre de 2019 y que ahora está impactando al mundo con la nueva subvariante más contagiosa denominada BA.2 de Ómicron; el segundo es el impacto de la “operación militar especial” de Rusia en Ucrania, una guerra que, desde su inicio el 24 de febrero de 2022, junto con las sanciones a Rusia de parte de Estados Unidos, la Unión Europea, Canadá, Reino Unido y Japón ya desaceleraron el crecimiento de la economía mundial y aceleraron la tasa de inflación en todos los países.

El shock del lado de la oferta provocado por la pandemia del Covid-19 se originó por los cierres de las empresas y los cuellos de botella de las cadenas de suministro de materias primas, o sea, una escasez de oferta que chocó con una excesiva demanda a mediados de 2021. La inflación del lado de la oferta no puede ser aplacada por la política monetaria que está diseñada para reducir la inflación del lado de la  demanda, es decir, cuando muchos córdobas persiguen menos productos o los mismos productos en el mercado. La inflación por el lado de la oferta en el mercado nicaragüense comenzó a acelerarse en julio de 2021 y ha continuado subiendo cada mes, de tal manera que la brecha entre la inflación general y la inflación subyacente ya supera los 2 puntos porcentuales o los 200 puntos básicos en marzo de 2022.

La guerra está generando más inflación en todo el mundo, porque ha disminuido la oferta mundial y ha elevado los precios de las materias primas, principalmente los del petróleo, los combustibles, la energía eléctrica, los agroquímicos, los alimentos y los metales demandados por la industria manufacturera. Aparecen más cuellos de botella en las cadenas de suministro mundial de materias primas y se adiciona más  inflación por el lado de la oferta a la ya generada por la pandemia mundial, que no puede ser reducida por la política monetaria. En esta forma se presenta el riesgo estanflacionario, o sea, el riesgo que la tasa de inflación aumenta, mientras que la producción disminuye, o al menos se estanca.

En Nicaragua no se observa una inflación resultante de estímulos monetarios y fiscales, leves o excesivos, como una respuesta gubernamental al impacto recesivo de la pandemia mundial. Al contrario, en los últimos ocho años, la política monetaria ha sido contractiva, excepto en 2018 al ser impactada por la crisis política interna de abril de ese año; por su parte, la política fiscal también ha sido contractiva al registrarse desde 2016 un congelamiento del gasto público excepto en 2021, una reforma tributaria procíclica en febrero de 2019 -que aceleró la inflación y disminuyó la producción- y un déficit fiscal anual menor que 1.7% del producto interno bruto (PIB) desde 2014.

Lo que se ha observado en Nicaragua es una permanente estabilidad macroeconómica al registrase un monto de reservas internacionales brutas que oscila entre 2.4 y 2.8 veces el saldo de la base monetaria, siendo 2.5 veces la condicionalidad mínima. Sin embargo, en 2021 se observó la estabilidad del tipo de cambio con una tasa de deslizamiento anual de 2% y la inestabilidad del índice de precios al consumidor al elevarse hasta 7.2% debido al shock de oferta mundial. Los últimos datos de inflación de Nicaragua muestran que los precios al consumidor aumentaron a una tasa anual de 8.7% en marzo recién pasado, impulsada por los aumentos en los precios de alimentos y bebidas no alcohólicas, combustibles, energía eléctrica y transporte.

La teoría macroeconómica nos enseña que para eliminar una alta inflación de demanda las tasas de interés tienen que aumentar, y este aumento reducirá los gastos de consumo y de inversión, pero la historia económica nos indica que bajar la tasa de inflación implica que los niveles de las tasas de interés tienen que superar el nivel de la tasa de inflación para que en términos reales sean positivas, pero en Nicaragua la inflación de hoy es de oferta y se correría el riesgo de una desaceleración del crecimiento económico y probablemente de una recesión económica.

Entonces, ¿qué objetivo persigue el Banco Central de Nicaragua (BCN) al elevar a partir del 18 de abril del año en curso la Tasa de Referencia Monetaria nominal de 3.5% a 4.0%, que corresponde a las operaciones monetarias diarias en córdobas sin mantenimiento de valor?

Talvez, como lo muestra la nota de prensa de la autoridad monetaria, creo que el objetivo principal es mantener la evolución de las tasas de interés internacionales, y en este caso parece que el BCN está detrás del banco central de Estados Unidos, aunque la Fed ha estado siempre detrás de la curva de la inflación acelerada no sólo por el lado de la oferta (debido a la pandemia y la guerra), sino también por el lado de la demanda (debido a los estímulos monetarios y fiscales), y esto último justifica la puesta en marcha de la política monetaria en el mercado estadounidense, aunque tardíamente.  

El aumento de las tasas de interés no va a disminuir los precios que han sido impulsados por los costos del petróleo, los cuellos de botella de las cadenas de suministro mundial de materias primas y la guerra, por lo cual no creo que las tasas de interés más altas garantizarán la estabilidad del córdoba ni el normal desenvolvimiento de los pagos internos, aunque los pagos externos están respaldados por las reservas internacionales brutas administradas por el BCN, que ya superan los cuatro millardos de dólares.

Finalmente, dudo de que el aumento de las tasas de interés apoyará la administración de la liquidez del sistema financiero y mantendrán las condiciones propicias para la intermediación financiera. Por ejemplo, una tasa de interés más alta en las operaciones de inyección monetaria aumentaría la tasa de rentabilidad del BCN, pero, por otro lado, el saldo de la cartera de crédito de las entidades bancarias al sector privado se ha desplomado desde 40.3% del PIB en 2017 a 27.0% del PIB de 2021, un nivel muy parecido al registrado en 2012. Además, los efectos de los cambios de la política monetaria tardan en desarrollarse, al menos, 12 meses y, a lo sumo, 18 meses.

La coordinación entre las autoridades monetarias, que fortalecen la estabilidad macroeconómica, y de las autoridades fiscales, que impulsan el crecimiento económico a través de la inversión pública, observada en 2020 y 2021, fue eficaz para enfrentar el impacto de la pandemia mundial del Covid-19. Esa eficacia, con algunas variaciones, podría mantenerse en 2022 para que las autoridades gubernamentales  enfrenten las presiones estanflacionarias que ahora son más altas debido a la presencia de la nueva subvariante BA.2 de Ómicron y la guerra entre Rusia y Ucrania.

Hay que evitar los límites de precios y salarios y los controles administrativos con el objetivo de controlar la inflación, porque en la década de los ochenta del siglo pasado fallaron al causar racionamientos en el país. Hay que evitar también el surgimiento de la espiral precio-salario-precio, que desembocaría en una inflación galopante.





La inflación ya es un problema

10 04 2022

Después de tres años consecutivos de caída de la economía nicaragüense, ahora preocupa más la tasa de inflación anualizada o interanual porque se está acelerando desde julio de 2021. De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Información de Desarrollo (INIDE), la tasa de inflación anualizada se elevó de 4.12% en julio de 2021 a 8.74% en marzo de 2022. En diciembre del año pasado era igual a 7.21%.

Con una recesión económica que surgió en el tercer trimestre de 2018 y que desapareció en el cuarto trimestre de 2020, es decir, diez trimestres de recesión económica, no se puede afirmar que el ambiente inflacionario en el mercado local se creó por la expansión de una excesiva demanda en 2021.

También preocupa el hecho de que la tasa de inflación subyacente, o sea, la tasa de inflación que excluye los precios muy volátiles de los combustibles y de los alimentos, haya saltado, en términos interanuales, desde 4.70% en julio de 2021 hasta 6.51% en marzo de 2022, porque su comportamiento normal se observa en el rango de [4.0%, 4.5% ] y no se prevé si podrá disminuir por sí sola.

¿Existe una expansión excesiva de la demanda de bienes y servicios en el mercado local? Creo que no.

Primero, sobre la base de datos oficiales del Banco Central de Nicaragua (BCN), en 2017, el año de máximos históricos de producción del país, se observó un exceso de la demanda interna sobre la producción de bienes y servicios de 13.7% equivalente a US$1,890 millones, el cual, al ser impactado por tres crisis, se redujo hasta 5.0% en 2020 con un monto de US$633 millones, y dada la reactivación económica de 2021 subió hasta 12.6% y alcanzó el nivel de US$1,759 millones, aún menor que el registrado en 2017. Podemos afirmar que no existe una expansión excesiva de la demanda interna en el mercado local, es decir, no se refleja ningún aumento notable del gasto de consumo y del gasto de inversión que ayude a explicar la aceleración de la tasa de inflación.

Segundo, la inflación de los salarios desde 2018 hasta el presente es casi nula. Según datos del Ministerio del Trabajo (MITRAB), la tasa de aumento acumulado del salario nominal del empleo formal desaceleró de 1.9% en 2018 a 0.6% en 2019 y hasta 0.3% en 2020, y se elevó apenas a 0.4% en 2021. La política salarial no ha sido expansionista ni ha conducido a la inflación, pero ha reducido el poder adquisitivo de las personas asalariadas en 15.1% durante el período comprendido entre diciembre 2017 y diciembre 2021. Interesan en el mediano y largo plazo, por supuesto, el comportamiento del poder adquisitivo de los asalariados, o sea, el salario que excluye la inflación, y el nivel del empleo que, según el INIDE, en el cuarto trimestre de 2021 mostró una tasa neta de ocupación de 96.3%, pero la inactividad laboral afectaba al 32.9% de la población en edad de trabajar.

Tercero, la política monetaria ha sido contractiva en los últimos tres años, debido a que el crédito interno neto del BCN ha sido negativo por (i) el incremento de los depósitos del sector público no financiero en el BCN, (ii) los reportos monetarios (o crédito del BCN a entidades bancarias) netos de depósitos monetarios del sistema financiero nacional, y (iii) el incremento de los depósitos de encaje en córdobas de la banca comercial depositados en el BCN. La política monetaria no concedió estímulos al sector real de la economía para aumentar la oferta de bienes y servicios durante el período recesivo de la economía nicaragüense, pero protegió la posición de la reservas internacionales y garantizó la estabilidad macroeconómica (del tipo de cambio y del índice de precios al consumidor) del país.

El BCN tampoco debe obviar el problema de que las tasas de interés reales, o sea, la tasa de interés nominal menos la tasa de inflación, ya son bastante negativas, comenzando con la Tasa de Referencia Monetaria (TRM) actual de 3.5% anual sin mantenimiento de valor que el BCN aplica a los préstamos de corto plazo que concede a las entidades bancarias.

Cuarto, la política fiscal ha sido, en términos generales, contractiva. Aunque el gasto público se distinguió por su crecimiento en 2020 y 2021 a través de la inversión pública con el apoyo de financiero internacional,  se congeló en 2018 y 2019 simultáneamente con una reforma tributaria que desaceleró el crecimiento económico y aceleró la tasa de inflación. Con base en datos del Ministerio de Hacienda y Crédito Público (MHCP) y del BCN, el déficit fiscal ha oscilado, en porcentajes del producto interno bruto (PIB), entre 0.4% y 1.7% entre 2011 y 2021, excepto en 2018 en que alcanzó el nivel de 2.6% del PIB.

Entonces, la inflación no se origina en el lado de la demanda, sino en el lado de la oferta. No existe en el mercado local un nivel alto de medio circulante en córdobas que persigue la misma cantidad o una menor cantidad de productos. La gente está comprando menos porque no hay demasiado dinero.

Por consiguiente, en Nicaragua no existe una expansión excesiva de demanda interna y la inflación subyacente está acelerándose. La política monetaria, que está diseñada para desacelerar la inflación por el lado de la demanda, no puede hacer nada contra la inflación por el lado de la oferta, pero hay que tener cuidado de que la inflación subyacente, que excluye los precios de los combustibles y de los alimentos, también está acelerándose. 

La inflación por el lado de la oferta fue causada por los shocks de la pandemia mundial del Covid-19 en 2020, al provocar cuellos de botella en la cadenas de suministro de materias primas y bienes finales, y en 2022 están apareciendo de nuevo los problemas en las cadenas de suministro con la guerra de Rusia en Urania y el surgimiento de una nueva variante del Covid-19 en China. Los impactos de estos dos problemas con origen no económico serán un inflación más alta y acelerada en 2022, que estará impulsada por los precios del petróleo, de los agroquímicos, de los alimentos, de los metales, entre otros, y de la persistencia de los cuellos de botella en las cadenas de suministro.

En esta situación, el dilema macroeconómico es aceptar la desaceleración del crecimiento económico y el aumento del desempleo o convivir con una tasa de inflación alta. Creo que los servidores públicos al mando de la economía del país mantendrán la estrategia de reducir la inflación a costa de la inactividad laboral, contendrán la inflación con el costo de aumentar el desempleo y el subempleo, y tratarán de evitar que se arraiguen las expectativas inflacionarias de largo plazo entre los agentes económicos, es decir, impedir lo que consumidores y empresarios, en función de sus recientes observaciones en el comportamiento de los precios, prevén sobre la presión inflacionaria en el futuro y que dé lugar a la formación de una espiral precio-salario-precio.

Soy de la opinión de que los grandes problemas nacionales se resuelven en Convivencia, en unidad nacional, a través del Diálogo, este último conocido también en Nicaragua con el nombre de Concertación, que facilitó la solución de esos problemas entre autoridades gubernamentales, empresarios y trabajadores. Así lo enseña nuestra historia económica y social, por ejemplo, en los momentos en que se emprendieron los esfuerzos de la nación para reducir de la tasa de analfabetismo en 1980, para erradicar la hiperinflación en 1991 y para lograr la condonación de una gran parte de la deuda pública externa del país en 2004. 

Hoy existe la tarea de proteger a los nicaragüenses, porque la inflación alta y acelerada, así como el desempleo, daña y provoca malestar social, principalmente entre los estratos de la población de bajos ingresos. 2022 sería el quinto año consecutivo en que se registraría una pérdida del poder adquisitivo del salario promedio del sector formal de la economía, y a finales de 2021 en el mismo sector formal no se habían restablecido 159,574 de los 199,731 puestos de trabajo destruidos durante el trienio en el trienio 2018-2020, de acuerdo con datos del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS).





El impacto del precio del petróleo en la inflación de Nicaragua

3 04 2022

Los precios internacionales del petróleo – West Texas Intermediate (WTI) de referencia para América, Brent para Europa y Dubai Fateh para Asia – han sido muy volátiles. El precio WTI tuvo un nivel muy extraño el 20 de abril de 2020, al desplomarse hasta un nivel negativo de US$37.63 por el impacto del Covid-19, con un shock deflacionario extraordinario en la economía mundial y distorsionó a todos los mercados financieros del mundo. Si usted hubiese comprado un mil barriles de crudo WTI en Cushing, Oklahoma, en esa fecha, el monto que está indicado en el contrato de futuros, en vez de haber pagado US$37,630.00 hubiera recibido US$37,630.0 en abril, pero los hogares no acumulan petróleo ni combustibles.

Al cierre del año de 2021, el precio del barril de crudo se cotizó en US$76.99 y en este año, se ha disparado hasta alrededor de US$130 con el conflicto geopolítico entre Rusia y Ucrania. El viernes 1 de abril descendió hasta US$99.27 después de que el gobierno de Estados Unidos anunció liberar un millón de barriles de petróleo diario durante los próximos seis meses, unos 180 millones de barriles en total, y después de que la Agencia Internacional de la Energía (AIE) anunciara también de que sus países miembros liberarían más crudo de sus reservas estratégicas. Por supuesto que el efecto inflacionario del aumento del precio del petróleo se adiciona a la alta inflación anualizada de los precios al consumidor que se registró en enero de 2022, y que en Nicaragua mostraba el nivel de 7.68%; en febrero ya había subido a 7.75%.

¿Cuál es el impacto inflacionario en el mercado de Nicaragua provocado por el alza del precio del petróleo en 2022? Suponiendo que el precio promedio anual del barril de crudo WTI oscilará entre US$100 y US$120 en 2022 (en 2021 fue US$67.99, 73% mayor que el de 2020 por el “efecto base”, pero impulsado por la fuerte demanda de bienes y por los cuellos de botella en los envíos y la escasez de bienes intermedios o materias primas), y tomando en cuenta las relaciones intra e intersectoriales de la economía nicaragüense, el impacto inflacionario en el mercado local sería muy cercano al 4%, es decir, el alza adicional a la ya alta inflación de los precios al consumidor nicaragüense observada en febrero de este año. Ahora el “efecto base” no es bajo, sino alto.

En el mercado local, los productos que reflejarían aumentos de 2 dígitos porcentuales en los precios al consumidor por el impacto del precio del petróleo serían, en orden de importancia, los derivados del petróleo, tales como gasolinas, diesel, fuel oil y gas, electricidad, agua y servicios de alcantarillado, y hielo.

Con los aumentos más altos de 1 dígito porcentual en sus precios al consumidor se distinguen el cemento, el cultivo de caña de azúcar y minerales metálicos, como el oro y la plata.

Con los aumentos más bajos de 1 dígito porcentuales, se identifican principalmente el transporte de persona y de carga, textiles y prendas de vestir, alojamiento, minerales no metálicos, soya, cerámica, beneficiado de café, productos del mar, aves de corral, huevos, carne de aves, embutidos, plástico, agua natural y comercio. 

Es acertado el pronóstico de que la tasa de inflación continuó acelerándose en marzo recién pasado, por las alzas de los precios internacionales de los combustibles, la energía eléctrica, los agroquímicos, los alimentos y los metales, entre otros. El Instituto Nacional de Información de Desarrollo (INIDE) publicó los datos del índice de precios al consumidor (IPC) correspondientes a febrero del año en curso, pero no ha puesto en su página web el costo de la canasta de los 53 productos de consumo básico y dejó la duda de que dicho costo registró un aumento mayor que el del IPC.  

Hasta enero de 2022, los precios de los alimentos que aumentaron en una tasa anual de dos dígitos en el mercado nicaragüense, en orden de importancia, se concentraron en diez productos: aceite comestible, naranja, posta de res, queso seco, tortilla, posta de cerdo, cebolla, huevos, arroz y frijol. En resumen, los 23 productos alimenticios de la canasta de consumo básico se han encarecido 12.1% entre enero de 2020 y enero de 2021. 

Aunque se ha mantenido una estabilidad macroeconómica excelente, la alta tasa de inflación es un problema serio, al estar influenciada por los precios crecientes de los productos importados debido a los shocks de una demanda creciente frente a una insuficiente oferta en el mercado mundial y al problema geopolítico entre Rusia y Ucrania. Las importaciones de Nicaragua representaron el 63% del PIB del país en 2021.

Si excluimos del IPC los precios de los alimentos y de los combustible porque son muy volátiles, la tasa de inflación subyacente anualizada en febrero de este año fue igual a 6.0%, por arriba de su límite superior normal de 4.5% en el mercado local, y también se ha acelerado por la inflación del resto de bienes y servicios que integran la canasta de productos del IPC general.

Lo peor del impacto inflacionario provocado por el aumento de los precios internacionales del petróleo no ha pasado, porque la tasa de inflación anualizada se está acercando al nivel de dos dígitos porcentuales. La guerra mantiene la presión al alza sobre los precios y los costos de energía persistentemente altos repercuten en la economía. La amenaza del Kremlin de cortar el suministro europeo de petróleo y gas ruso, a menos que los pagos se realicen en rublos, ha aumentado el espectro de costos de la energía.

La guerra en el este de Europa ha mantenido altos el costo y los precios de la energía eléctrica, que continuarán subiendo dada la amenaza del Kremlin de suspender las ventas de petróleo y gas a 48 “países hostiles”, a menos que los pagos se realicen en rublos, lo que provoca más aumentos de costos y precios de la energía. Sólo un acuerdo de alto el fuego entre Rusia y Ucrania, si se llegara a uno, haría que los precios de la energía se desplomen.





Nicaragua, un país sui generis

27 03 2022

Al cierre del año de 2021, Nicaragua mostraba riesgos económicos y financieros muy bajos, pero estaban acompañados de un riesgo político alto y creciente.

La «Ley de Fortalecimiento de la Adherencia de Nicaragua a las Condiciones para la Reforma Electoral de 2021» (RENACER) de Estados Unidos amplió las sanciones a personas e instituciones del país, y también se agrandó la zona geográfica emisora de dichas sanciones, ahora integrada por Reino Unido, Canadá, Unión Europea y la mayoría de los países de Latinoamérica.

La tarea de reducir el riesgo político de Nicaragua es muy compleja. Parece que es una tarea demasiado difícil, pero creo que para emprenderla es necesaria la concreción de un Diálogo Nacional, que sea convocado por el Presidente de la República, Daniel Ortega, para facilitar la Convivencia entre los nicaragüenses. La vía principal para establecer dicho Diálogo puede ser la política fiscal, la única política económica que tiende a promover la confianza entre la población en general y entre todos los agentes económicos en particular. Cabe señalar que el Presidente Daniel Ortega ya anunció el Diálogo antes de las elecciones nacionales de noviembre de 2021 y, por otro lado, el asesor económico del Presidente Ortega, Bayardo Arce, ya anunció la revisión de la reforma de la Ley de Concertación Tributaria en enero de este año.    

El riesgo económico de Nicaragua es muy bajo

Entre el segundo trimestre de 2018 hasta el cuarto trimestre de 2020, el Índice Mensual de Actividad Económica (IMAE) promedio anual se mantuvo en un nivel de riesgo muy alto por las caídas de la producción provocadas principalmente por crisis con origen no económico. La economía nicaragüense salió de la recesión en el segundo semestre de 2021 y el riesgo de la producción interna de bienes y servicios retornó al nivel muy bajo. El IMAE promedio mensual de diciembre recién pasado varió 9.75% interanual y el producto interno bruto (PIB) real creció 10.34% en 2021.

Desde 2010 hasta 2021, el déficit fiscal ha oscilado muy cercanamente alrededor del 1% del PIB; en otras palabras, las cuentas del Gobierno Central han sido administradas en una forma bastante equilibrada, excepto en el año de 2018, un año en que se dio una severa crisis política interna que provocó un descenso del PIB real de 3.4% y un déficit fiscal que se elevó hasta 2.6%.  Aunque se congeló el total del gasto público, la inversión pública mostró una tendencia creciente en 2020 y 2021. 

Desde 2009, la tasa de inflación anual de los precios al consumidor ha sido de un dígito y se ha ubicado en el rango de [0.9%, 7.2%], y el máximo de ese rango corresponde al año de 2021, al ocurrir la reapertura de la economía mundial tras el impacto del Covid-19 que provocó un choque de oferta en 2020. Los precios al consumidor se aceleraron a partir de julio de 2021 por el choque de una creciente demanda con una insuficiente oferta de bienes y servicios finales.   

También se observó un decreciente déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos, desde 12.6% del PIB en 2013 hasta 7.2% del PIB en 2017, el año con máximos históricos de producción del país; sin embargo, los impactos de la crisis política de abril de 2018, de la reforma tributaria con un objetivo recaudatorio de febrero de 2019, de la pandemia mundial de Covid-19 en marzo de 2020 y de los huracanes Eta e Iota en noviembre de 2020 transformaron el déficit en un superávit de Nicaragua con el Resto del Mundo entre 2019 y 2021, período en que se observaron las caídas del consumo, de la inversión y de las exportaciones, que disminuyeron la producción y las importaciones, pero acompañadas de un importante flujo de remesas familiares que rompió la barrera de los dos mil millones de dólares en 2021. El comportamiento decreciente del déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos ha implicado menores necesidades de endeudamiento público externo.

En 2021, el único indicador económico que ha mostrado siempre un nivel de riesgo muy alto es la proporción de 20.3% del PIB Per Cápita promedio de Nicaragua, US$2,129.9, con respecto al PIB Per Cápita promedio anual del Mundo, US$12,121.9. Cabe señalar que el PIB Per Cápita promedio anual de Nicaragua en 2021 fue 2.4% menor que el registrado en 2017.

El riesgo financiero de Nicaragua también es muy bajo

El balance en la cuenta corriente de la balanza de pagos como un porcentaje del valor de las exportaciones domésticas de bienes FOB y de servicios, con un déficit decreciente desde 21.8% en 2016 hasta un  superávit de 3.7% en 2021, ha bajado desde un riesgo muy alto hasta un riesgo muy bajo por el aumento del valor de las exportaciones, gracias a los mayores precios internacionales, y al desplome de las importaciones, por la disminución de los volúmenes de bienes importados, que fueron provocados por las crisis no económicas antes mencionadas.

La posición del saldo bruto de las reservas internacionales administradas por el Banco Central de Nicaragua (BCN), que rompió la barrera de los 4 millardos de dólares en agosto de 2021 hasta alcanzar US$4,046.6 millones en diciembre de 2021, reflejó un nivel de riesgo moderado al representar 2.8 veces el saldo la base monetaria (la condicionalidad mínima es 2.5 veces) y 7.4 meses de importaciones de bienes CIF (la condicionalidad mínima es el rango de [5 meses, 10 meses]). No se visualiza ninguna inestabilidad del tipo de cambio en el corto plazo.

El pago de intereses y amortizaciones a los acreedores externos del sector público, o sea, el servicio de la deuda pública externa, fue del orden de US$375.1 millones en 2021 y también mostró un riesgo moderado al representar el 9.6% del valor de las exportaciones de bienes y servicios, muy cercano al límite de 10% deseado por los inversionistas extranjeros.

El valor del tipo de cambio oficial real bilateral con Estados Unidos, principal socio comercial de Nicaragua, observado en 2021 fue igual a 18.75 córdobas de 2006 por 1 dólar de 2006, lo cual indicó una depreciación del córdoba durante ocho años consecutivos al registrar una tasa de devaluación real anual de 1.7% con respecto a su nivel registrado en 2020. La devaluación real contribuyó al esfuerzo exportador del país, al disminuir los precios de los productos exportados en el mercado estadounidense. Finalmente, el saldo del deuda pública externa de US$7,805.9 millones a diciembre de 2021 presentó un riesgo muy alto al ser igual a 55.7% del PIB, por arriba del límite máximo de 50% del PIB requerido para clasificar a un país, como Nicaragua, entre los países que no están severamente endeudados en términos de producción. Además, el saldo de dicha deuda  representó 1.3 veces el valor de las exportaciones de bienes y servicios.





La economía creció, la inflación aceleró, la inactividad se mantuvo y el crédito aumentó levemente en 2021

20 03 2022

La economía creció 10.3%

Se esperaba que en el año de 2021 se iniciaría la recuperación económica de Nicaragua del impacto de la pandemia del Covid-10, pero el crecimiento económico del país fue más rápido, independientemente de la lupa con que se observa. Según datos del Banco Central de Nicaragua (BCN), la tasa de crecimiento interanual del Índice de Mensual de Actividad Económica (IMAE) promedio anual de diciembre de 2021 fue 9.7%, mientras que la tasa de crecimiento del producto interno bruto (PIB) real de 2021 fue 10.3%, y ambas tasas de variación mostraron una brecha de 6 décimas porcentuales. Tras tres años de caída consecutiva de la producción de bienes y servicios desde 2018 hasta 2020, el PIB real nicaragüense de 2021 superó en 0.8 puntos porcentuales al PIB real de 2017, un año de máximos históricos de producción de nuestra historia económica.

En el mercado laboral, se puede destacar que sólo el 21.8% de un total de 199,731 puestos de trabajo del sector formal que fueron destruidos en el trienio 2018-2020, ha sido restablecido en 2021, es decir, sólo 43,083 puestos de trabajo se crearon y se mantuvieron, de acuerdo con datos del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS). Al segundo trimestre del año de 2021 se ha mantenido una alta tasa de inactividad que afecta al 33.5% de las personas en edad de trabajar, igual a la del segundo trimestre de 2020, o sea, un tercio del número total de personas de 14 años y más de edad, según datos del Instituto Nacional de Información de Desarrollo (INIDE).

En el mercado financiero, también se puede destacar que el saldo del crédito de la entidades financieras al sector privado, que creció apenas 6.0% en 2021 con respecto a 2020, mostró una caída, en porcentajes del PIB, de 40.3% en 2017 a 27.0% en 2021, de acuerdo con datos del BCN y de la Superintendencia de Bancos y Otras Instituciones Financieras (SIBOIF).  

La inflación rompió la barrera del 7%

Según el INIDE, la inflación en 2020 fue igual a 2.9%, cuando COVID-19 impacto a la economía del país en marzo de 2020. Los agentes económicos ahorraron y no gastaron, por lo cual cayó el consumo, la inversión pública fue mayor que la inversión privada, y cayeron las exportaciones y la producción, mientras las importaciones se estancaban.

La tasa de inflación interanual o anualizada ya era un problema desde julio de 2021 al registrar el nivel de 4.8%, y a diciembre de ese año había acelerado hasta 7.2%. A febrero de 2022, la inflación anualizada ha continuado acelerándose hasta 7.8%, según la fuente oficial. Me equivoqué en 2021 al afirmar que ese alto nivel inflacionario sería transitorio por el “efecto base” bajo de 2020, y que la tasa de inflación se “normalizaría” en el segundo semestre de 2021.   

Con la reapertura de la economía mundial, la inflación no desaceleró en el segundo semestre de 2021 debido a la persistencia de los problemas de las cadenas de suministros de materias primas y productos terminados. Los precios al consumidor continuaron subiendo por el choque entre una creciente demanda y una escasa oferta en la economía mundial.

Los nuevos riesgos: la geopolítica y la persistencia de la pandemia

Ahora están presentes dos nuevos riesgos que acelerarán los precios al productor y al consumidor y que desacelerarán la tasa de crecimiento económico en 2022.

El 24 de febrero recién pasado, el conflicto geopolítico entre Rusia y Ucrania desembocó en una guerra, lo que Rusia denomina una “operación militar especial”, y ya está provocando el riesgo de un fuerte deterioro de la economía mundial, al imponerse el impacto de un estancamiento económico y una alta inflación, o sea, el riesgo que los economistas llamamos “estanflación”, porque se está observando una nueva aceleración de los precios internacionales de los combustibles, la energía eléctrica, los metales y los alimentos, con la consecuente reducción de los ingresos de los hogares y las empresas cuando se encarezcan los productos de consumo básico. Además, los países europeos están atendiendo a un creciente número de refugiados provenientes de Ucrania; al 15 de marzo de 2022, más de tres millones de ucranianos habían huido de su nación.

Por otro lado, en China ha regresado el coronavirus y amenaza de nuevo las cadenas de suministros globales.  

En estas condiciones de incertidumbre es muy complicado realizar pronósticos económicos de corto plazo, pero nos atrevemos a prever, grosso modo, el siguiente perfil de la economía nicaragüense para 2022:

  • una tasa de crecimiento económico cercana a 2%, sostenida principalmente por la política fiscal, que es la más adecuada para restaurar la confianza entre los agentes económicos, y
  • una tasa de inflación cercana a dos dígitos porcentuales, siempre influenciada principalmente por los precios del componente importado de los productos que integran la canasta del índice de precios al consumidor.