SEMINARIO DE ACTUALIZACIÓN EMPRESARIAL El impacto directo de una suspensión de Nicaragua en el TLC DR-CAFTA

15 09 2021

Los nicaragüenses conocimos los efectos de dos sanciones estadounidenses que entraron en vigor el 1 de mayo de 1985: un embargo comercial y un embargo financiero, que fueron suspendidos el 25 abril de 1990.

El 20 de diciembre de 2018 año entró en vigor la Ley de Condicionalidad de Inversiones de Nicaragua (NICA Act) que le impide a Nicaragua la contratación de financiamiento externo con el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo y el Fondo Monetario Internacional, excepto por razones de asistencia humanitaria.

Actualmente se encuentra en proceso de aprobación en el Congreso de Estados Unidos la Ley de Reforzamiento de la Adherencia de Nicaragua a las Condiciones para la Reforma Electoral (RENACER), que amplía las sanciones a Nicaragua en forma coordinada entre Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea, e incluye la revisión de la participación de Nicaragua en el Tratado de Libre Comercio (TLC) DR-CAFTA.

Una exclusión de Nicaragua del TLC DR-CAFTA afectaría a todos los agentes económicos y a toda la población del país.

COPADES le invita a participar en el Seminario de Actualización Empresarial “El impacto directo de una suspensión de Nicaragua en el TLC DR-CAFTA”.





Optimismo vs Realismo

12 09 2021

En la semana recién pasada, fuentes gubernamentales dieron a conocer dos noticias económicas importantes, cuya lectura e interpretación debe ser hecha con sumo cuidado. De acuerdo con datos del Banco Central de Nicaragua (BCN), el producto interno bruto (PIB) real del segundo trimestre de 2021 creció 16.7% con respecto a su nivel registrado en el mismo trimestre de 2020 y, por otro lado, según datos del Instituto Nacional de Información de Desarrollo (INIDE), la tasa de inflación del índice de precios al consumidor (IPC) acumulada en este año hasta agosto fue igual a 2.84% y en término interanual (de agosto 2020 a agosto 2021) subió hasta 4.98%.

Como economista, siempre he afirmado debemos ser cautos con la evolución de la producción y la inflación por el “efecto base” y, además, por los riesgos actuales que rodean a la leve reactivación económica observada desde abril de este año, como lo indican los datos del índice mensual de actividad económica (IMAE) publicado por el Banco Central de Nicaragua (BCN).

Las preocupaciones de inseguridad de la población afectarán al crecimiento esperado del PIB real en este año, pero el BCN elevó el crecimiento económico del rango de [4%, 6%] al rango de [5%, 7%]. El  resurgimiento del contagio de Covid-19 con su variante Delta provocará una reducción del gasto de los consumidores por su demanda precautoria de bienes y servicios. La actividad económica del país desaceleraría su crecimiento por la caída reiterativa de la producción de servicios comunales, sociales y personales, tales como turismo, viajes, hoteles, restaurantes, recreación y, muy probablemente, comercio.

Aunque en el corto plazo no se visualiza el riesgo de una nueva recesión económica (que implica caídas del PIB real en dos trimestres consecutivos), es muy probable que se prolongará la recuperación de los 161,732 puestos de trabajo aún perdidos de los 199,731 puestos de trabajo destruidos en el trienio 2018-2020.

El PIB real crece porque aumentan las cantidades de trabajo y de capital, pero la inversión privada (edificaciones y maquinaria y equipo) en Nicaragua se ha desplomado desde el segundo trimestre de 2017 hasta el tercer trimestre de 2020 debido al creciente riesgo político del país, no obstante los bajos riesgos económicos y financieros.

La otra causa del aumento del PIB real es una mayor eficiencia en el uso de los factores de producción, o sea, el aumento de la productividad por los cambios de conocimientos y el aprendizaje por la experiencia. Sin embargo, la variación anual de la productividad en la economía nicaragüense persiste en un nivel muy cercano al estancamiento (0%).

Otro factor de orden mundial, como la pandemia del Covid-19, que ayudaría a explicar la desaceleración económica mundial ya esperada, son los cuellos de botella en la cadena de suministros de insumos, o materias primas, y los mayores costos de flete que obstaculizan la producción de bienes terminados, por ejemplo, papel, plásticos, vigas de acero que impiden la ejecución de proyectos de construcción y chips de computadoras que paraliza la producción de vehículos. La escasez mundial de estos insumos no sólo impide el crecimiento económico, sino también elevan los precios al consumidor.  

La alta tasa de crecimiento de 16.7% del PIB real del segundo trimestre de 2021 con respecto a su nivel registrado en el segundo trimestre de 2020 es resultado del “efecto base”; en otras palabras, el PIB real del segundo trimestre de 2020 se había hundido 6.5% al ser comparado con el PIB real del segundo trimestre de 2019, un hundimiento causado por efectos del problema político interno de abril de 2018, de la reforma tributaria procíclica de febrero de 2019 y de la crisis sanitaria mundial del COVID-19 en marzo de 2020. Por esta razón, los economistas debemos ser cautelosos al interpretar una tasa anualizada de crecimiento económico de dos dígitos porcentuales correspondiente a un trimestre en tiempos de crisis continuas. Un dato adicional resultante de los datos recientemente publicados por el BCN: el PIB real del segundo trimestre de 2021 cayó 0.3% en relación con el PIB real del trimestre anterior, o sea, con respecto al primer trimestre de este año.

Por lo tanto, aunque se ha iniciado un leve crecimiento desde abril recién pasado, no estamos en un punto óptimo de recuperación económica. Apenas el 6.61% de la población de Nicaragua está vacunada al menos parcialmente contra el Covid-19 (según Our World In Data, 4 de septiembre de 2021). La inversión privada ha comenzado a tomar auge desde el cuarto trimestre de 2020 y el desempleo no está cayendo. En resumen, en los próximos meses continuaremos en una zona de riesgos. La recuperación económica no será tan fluida.

En cuanto a la tasa de inflación en el mercado local, en agosto de este año se observa que los precios de los productos que están acelerándose entre agosto 2020 y agosto de 2021 son los siguientes: transporte, 12.97% por las alzas de los precios del petróleo y sus derivados bebidas alcohólicas y tabaco, 9.02% en su tercer y último año de ajustes de tasas tributarias selectivas y específicas de consumo; y alimentos y bebidas no alcohólicas, 6.16% influenciados por las alzas de los precios internacionales de las materias primas.

Los productos que muestran las menores alzas interanuales de sus precios al consumidor son los de servicios de restaurantes, 1.74% por su menor demanda vinculada por las dos crisis extraeconómicas; comunicaciones, 2.16%; y salud, 2.49%.

La tasa de inflación acumulada en este año (de diciembre de 2020 a agosto de 2021) es baja, apenas 2.84%, pero la tasa de inflación interanual (de agosto de 2020 a agosto de 2021) continúa acelerando su alza hasta 4.98% desde 3.18% registrada en enero de este año, porque el repunte del crecimiento de la economía empezó en abril de 2021.

No deberíamos preocuparnos por la tasa de inflación anualizada de 4.98% porque refleja el “efecto base”, o sea, el índice de precios al consumidor en 2020 se encontraba también “hundido” como el PIB real trimestral, ambos afectados por el impacto de la pandemia del Covid 19 que se caracterizó por una caída de la demanda interna de bienes finales (para consumo e inversión) y por un aumento del desempleo.

Para evitar una confusión con la lectura de la tasa de inflación interanual del IPC influenciada por el “efecto base”, sugerí en uno de mis escritos económicos que observáramos el comportamiento del IPC subyacente, que excluye los precios volátiles de los alimentos y los combustibles. La tasa de inflación subyacente se aproximaría a una tasa de inflación inercial de la economía y varía en el rango de [4.0%, 4.5%] en tiempos económicos normales, pero con la presencia de dos crisis y los impactos de los huracanes Eta e Iota en noviembre de 2020 propuse que un rango de referencia aceptable para la inflación subyacente de [4.0%, 5.0%]. En agosto recién pasado, la tasa de inflación interanual del IPC subyacente fue igual a 4.93%.

Los valores del PIB y del IPC estarán normalizados en 2022, cuando desaparezca el “efecto base”. Sus tasas de crecimiento en este año se han acelerado transitoriamente por la caída de la demanda interna de bienes y servicios (consumo e inversión) en 2020 provocada por el Covid-19, con sus ya conocidos shocks de oferta (cierre de empresas y más desempleo) y demanda (menos ingresos de los hogares, menos producción y más desempleo). Tampoco se han dado ajustes salariales, excepto el 3% del salario mínimo legal y el 5% para los servidores públicos del Gobierno Central que son bastante moderados, por lo que las empresas no esperan una fuerte presión inflacionaria en el corto plazo. Todo radica en que se logre el aplanamiento de la curva de contagio del Covid-19 en todas sus variantes.





La variante Delta socava menos el crecimiento, pero dispara la inflación

5 09 2021

Los casos de contagios del Covid-19 y sus nuevas variantes están aumentando actualmente en Nicaragua, pero principalmente, en los países de economía avanzada. La pandemia parece que está comenzando y no se percibe que terminará pronto, porque la Organización Mundial de la Salud (OMS) está investigando más de 15 variantes de interés (VOI) y preocupantes (VOC) del Covid-19.

Entre las variantes preocupantes se han clasificado Alfa, de Reino Unido y hoy está presente en 193 países; Beta, de Sudáfrica y en 141 países; Gamma, de Brasil y en 91 países; y Delta, de India y en 170 países. Por otro lado, ahora hay 5 variantes de interés, Eta, Iota, Kappa, Lambda y, en esta semana se agregó Mu, que surgió en Colombia en enero de este año.

El crecimiento económico de Estados Unidos, Europa y China es más lento de lo que esperaban los inversionistas; los precios al consumidor, especialmente en Estados Unidos, aumentan rápido; existe preocupación por la escasez de mano de obra y de insumos, tales como chips que hace caer la producción global de autos, partes metálicas, productos plásticos, madera que afecta a la construcción, entre otros-; y la variación de las medidas de bloqueo es desconcertante.

Un impacto del virus, que ha dejado una grave preocupación mundial, ha sido sobre la interconexión de las economías a través de enormes distancias. Cuando los retrasos y la escasez de productos intermedios o materias primas y de productos terminados se concentran en un lugar, las interrupciones repercuten en todas partes, incluyendo a Nicaragua.

Tomando en cuenta la información oficial del Banco Central de Nicaragua (BCN), desde abril de este año el Índice Mensual de Actividad Económica (IMAE) promedio anual la economía de Nicaragua comenzó a crecer lentamente con la presencia del “efecto base”: en junio de 2021, la variación anualizada (con respecto a junio de 2020) del IMAE promedio anual fue igual a 3.7%, pero en relación con junio de 2019 subió apenas 1.9%, y con respecto a junio de 2018 cayó 4.2% y también volvió a caer 2.9% cuando se comparó con el IMAE promedio anual de junio de 2017.

En términos sencillos, podemos decir que el nivel de la producción de bienes y servicios de junio 2021 no alcanzó el nivel registrado tanto en junio de 2018 como en junio de 2017. La fotografía del desempeño productivo de Nicaragua tomada en junio de 2021, exclusiva con la serie original del IMAE que fue igual a 150.50%, es casi idénticamente igual a su fotografía tomada en mayo de 2018, con un IMAE igual a 150.67%.   

Un factor que ha impactado al mercado laboral de Nicaragua es el temor de la fuerza laboral de contagiarse de Covid. La gente se recluye en sus hogares cuando se acelera el número de personas que presentan síntomas del virus. También se reflejó la pérdida de puestos de trabajo, principalmente en las actividades de Comercio, Sistema Financiero y Servicios comunales, sociales y personales, que concentraron el 74% de los 199,730 puestos de trabajo del sector formal que fueron destruidos en el trienio 2018-2020.

En el período enero julio de 2021, se restablecieron 38,000 puestos de trabajo formal; ahora queda pendiente crear 161,730 puestos sin considerar el número total de personas desempleadas y subempleadas. A pesar de los recientes y leves avances en la producción y el empleo, estimo que 485,000 más de nicaragüenses se encuentran desempleados y subutilizados que en 2017, antes de que surgieran la crisis política local y la crisis de la pandemia mundial.  

Sin embargo, la demanda de mano de obra no es significativa por el creciente riesgo político imperante desde abril de 2018, lo cual puede demostrarse con el desplome del gasto de inversión fija (en construcción y maquinaria y equipo) del sector privado.

De acuerdo con las últimas cifras publicadas por el Instituto Nacional de Desarrollo de la Información (INIDE), la tasa de participación en la fuerza laboral rastreó que el 69.5% de los nicaragüenses estaban empleados o buscaban  trabajo en el primer semestre de 2021, muy por debajo del 74.1% registrado en el primer semestre de 2017. Además, la tasa de inactividad  señaló que en el primer trimestre de 2021 el 30.5% de la población en edad de trabajar (de 14 años y más) estaba inactiva. Este es el principal problema estructural del mercado laboral nicaragüense.

El momento económico actual es bastante incierto porque la variante Delta del coronavirus ha comenzado a frenar la actividad económica mundial. Por eso sugiero a los formuladores de la política macroeconómica del país que no se dejen llevar por la euforia del “efecto base” cuando interpreten las elevadas tasas de variaciones interanuales de la producción de bienes y servicios, de la inversión y del consumo de los hogares, ni de la preocupación cuando interpreten la aceleración interanual de la tasa de inflación y del medio circulante.

Tampoco debemos olvidar que la política macroeconómica en vigor en Nicaragua es bastante contractiva para poder garantizar la estabilidad del tipo de cambio y de una baja tasa de inflación. Sólo una política macroeconómica expansiva – excesos de la oferta de dinero y del déficit fiscal – arrojaría sorprendentes tasas efectivas de crecimiento de la producción, de los precios al consumidor y del empleo. Pero no es el momento propicio para ejecutar una política macroeconómica expansiva, principalmente por la vía de la inversión pública, porque la pandemia mundial aún no está controlada.

La crisis sanitaria ha demostrado ser impredecible y demasiado complicada. Por su parte, la confusión en el comercio internacional ha durado más de lo que muchos esperaban porque la escasez y los retrasos de algunos productos intermedios han imposibilitado la fabricación de otros productos finales. Si la escasez de los productos persiste hasta 2022, podría provocar un alza de precios en una serie de productos.

Sin embargo, si la ola Delta disminuye, aliviaría su presión sobre la economía mundial, pero si no disminuye o si otra variante preocupante de Covid-19 toma su lugar, en Nicaragua continuará desacelerando el crecimiento económico y ampliándose el desempleo y el subempleo. ¿Y la tasa de inflación? Será baja y estable.





Busquemos el fortalecimiento de la supervisión bancaria

29 08 2021

El diario oficial La Gaceta publicó el jueves 26 de agosto recién pasado tres leyes de reforma que apuntan al fortalecimiento del control sobre el origen lícito del capital de las instituciones financieras, al modificar un artículo de la Ley General de Bancos, Instituciones Financieras no Bancarias y Grupos Financieros, tres artículos de la Ley de Mercado de Capitales y un artículo de la Ley de la Superintendencia de Bancos y de Otras Instituciones Financieras (SIBOIF) para prevenir el lavado de activos, el financiamiento al terrorismo y el financiamiento a la proliferación de armas de destrucción masiva (LA/FT/FP).

Cualquier funcionario bancario, desde un director o un gerente hasta cualquier otro empleado, puede ser sancionado si infringe o incumple las prevenciones antes mencionadas. En el caso de que aumentaran los riesgos legales, operacionales o reputacionales, o se incumplan las disposiciones administrativas, resoluciones e instrucciones de la SIBOIF, las sanciones pecuniarias por cada infracción también son clasificadas como menos graves, graves y muy graves. La SIBOIF podrá aplicar una gama de sanciones de forma gradual si se infringe el marco legal y normativo contra LA/FT/FP, que pasan por la suspensión temporal de las operaciones afectadas, la cancelación de la autorización otorgada, planes de acción a implementarse, amonestaciones, separación temporal de miembros de junta directiva, representantes, presidente ejecutivo, gerente general, el administrador de la prevención de LA/FT/AP o su suplente y el auditor interno.

En cuanto al mercado de capitales, la reforma actualizó las multas por el tipo de gravedad de la infracción, pero el monto de la multa se duplica por la infracción de un hecho ya ocurrido en un período de 12 meses; en conjunta con esas multas individuales, se modificaron las infracciones a las normativas y a las instrucciones de la SIBOIF, tales como la suspensión del tipo de actividades realizadas por el infractor en un plazo no mayor de 5 años, la suspensión de la condición de miembro del mercado secundario, la prohibición de decretar y distribuir utilidades, la amonestación pública por casos muy graves, la amonestación privada por casos graves, la implementación de planes de acción y la separación temporal o definitiva de funcionarios con cargos similares a los mencionados en el caso de los bancos; y se incluyeron sanciones a las instituciones. 

Si analizamos estas reformas sin ningún sesgo que no sea financiero, podemos concluir que se fortalece el control de la SIBOIF sobre LA/FT/FP y se consolida el reconocimiento del Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI) a la Unidad de Análisis Financiero (UAF) de Nicaragua, que vela por el origen lícito, y agregaría también por el destino, de los recursos financieros.

Sin embargo, el momento político actual que vive el país obliga a meditar sobre la aprobación de estas reformas. Las acusaciones de los delitos de lavado de dinero, bienes y activos y otros que el Ministerio Público ha hecho en contra de varios nicaragüenses, rápidamente se pueden relacionar con las reformas a las tres leyes arriba mencionadas, que persiguen a esos delitos.

En un escenario caracterizado por la ausencia del diálogo entre los representantes del gran capital y las autoridades gubernamentales, las reformas de las leyes de las entidades bancarias y financieras y del mercado de capitales, podrían ser interpretadas como otro mecanismo de presión, en manos de una SIBOIF más poderosa, que fortalecería no sólo sus funciones de supervisión, sino también la poca convivencia entre los agentes económicos y sociales del país.

Es obvio que la opción que le conviene más al país es fortalecer la supervisión del origen lícito de los fondos intermediados por el sistema financiero nacional. Sin lugar a duda, la supervisión de la SIBOIF debe fortalecer a la banca comercial que radica en Nicaragua.





El dinero y la inflación

22 08 2021

Los datos de los agregados monetarios al 31 de julio recién pasado, recientemente publicados por el Banco Central de Nicaragua (BCN), indican que en los primeros siete meses de este año el público no bancario no incrementó su preferencia en la tenencia de dinero o medio circulante (M1) al haber acumulado una disminución de 7.8% desde diciembre de 2020, mientras que la tasa de variación relativa interanual del M1, de julio 2020 a julio 2021, fue un aumento de 23.3% por el “efecto base” resultante de tres años consecutivos de recesión económica del país.

En otras palabras, la demanda precautoria de bienes y servicios de las familias se manifestó con la reducción de su gasto de consumo, la cual se ha mantenido en forma consecutiva desde 2018 hasta el presente, y que también ha sido impulsada por el desempleo y el subempleo resultantes del cierre temporal o de permanente de empresas, no obstante el reciente crecimiento económico interanual levísimo (tomando en cuenta el “efecto base”) de 2.1% del Índice Mensual de Actividad Económica (IMAE) promedio anual observado a mayo de 2021, con a reactivación de las actividades de la Construcción, el Comercio y la Industria Manufacturera.

Por consiguiente, la gente, con sus activos monetarios, prefirió elevar sus depósitos de ahorro y a plazos en moneda local, lo que los economistas llamamos cuasi o casi dinero, cuyo saldo mostró un aumento acumulado de 12.2% y un aumento interanual de 23.6%. La gente está ahorrando más, una conducta esperada de los consumidores por la prevalencias de las crisis, que no tienen raíces económicas, desde abril de 2018.

M2, que es la suma de los saldos del medio circulante y del cuasidinero en moneda local, apenas creció a un ritmo acumulado de 0.4% y con una tasa interanual de 20.5%.      

El saldo de todo tipo de depósitos en moneda extranjera en la banca comercial aumentó US$123.2 millones, hasta US$3,251.1 millones, en el transcurso de este año, y mostró una tasa de crecimiento acumulado de 3.2% y una tasa interanual de 13.6%. El saldo máximo histórico de los depósitos en moneda extranjera de US$4,115,0 millones registrado el 12 de abril de 2018 aún está lejos de alcanzarse.

M3, que es la suma de los activos líquidos en moneda nacional y de los depósitos en moneda extranjera, se incrementó con una tasa acumulada de 3.9% y con una tasa interanual de 13.6%.

La presencia del córdoba no es muy relevante en el mercado monetario local. La economía de Nicaragua ha tenido una dolarización extraoficial excesiva desde el inicio de la década de los noventa del siglo pasado, de tal forma que establecimiento de la cláusula de mantenimiento de valor establecida el 3 de marzo de 1991 no estimuló la confianza del público para incrementar los depósitos en córdobas, en un momento en que los agentes económicos tenían una memoria inflacionaria muy corta porque el país estaba saliendo de la cuarta hiperinflación del Siglo XX.

Al 31 de julio de 2021, como porcentajes de la liquidez global de la economía (M3), el dinero o medio circulante (M1), o el córdoba sin mantenimiento de valor, fue igual a 27.1%; el cuasidinero o el córdoba con mantenimiento de valor, que es un dólar disfrazado, igualó el 10.8%; y los depósitos en moneda extranjera fueron equivalentes a 62.1%. Podemos obtener rápidamente conclusión: De las tres monedas existentes en el país, el dólar estadounidense es la más importante del mercado local, aún con la reducción que tuvo con la fuga de US$1,300 millones en el período abril 2018-marzo 2019, mientras que la moneda de curso legal, el córdoba, tiene una presencia secundaria o marginal. Con una dolarización extraoficial normal, el córdoba participaría, al menos, con el 75% en la liquidez global de la economía nacional.   

El dinero o M1, compuesto por los córdobas que circulan en el mercado fuera de las entidades financieras, es decir, los córdobas disponibles en los hogares y en las cajas de las empresas no financieras, es una variable económica poderosa para pronosticar la tasa de inflación. Sin embargo, hay que evitar la falacia de que un incremento de la oferta de dinero se traduce directamente en inflación sin causar un sobrecalentamiento económico en el camino.

El Banco Central de Nicaragua (BCN) no controla M1 ni M2, sino solamente la suma de la “Base Monetaria” (M0), que es igual a la suma del saldo de la emisión de dinero y del saldo de encaje sobre los depósitos en la entidades financieras (o porcentajes de esos depósitos que dichas entidades depositan en el BCN). El BCN sólo controla esa suma, pero no controla a los dos sumandos de M0, porque la gente puede decidir retirar moneda de los bancos o devolverla. Por consiguiente, el BCN podría impulsar la curva del ciclo económico hacia arriba o hacia abajo con una operación bastante simple: que M0 aumente o disminuya lo suficiente.

Las alzas actuales de los precios al consumidor se pueden explicar con el “efecto base”, porque el índice de precios al consumidor (IPC) mensual de este año se está comparando con el del mismo mes del año pasado en el que la economía se paralizó por la pandemia del COVID-19, y con el leve aumento de la demanda interna provocada por la leve reactivación económica de este año. 

“La inflación es siempre y en todas partes un fenómeno monetario”, dijo el profesor Milton Friedman, padre del monetarismo. Bien, el BCN ha estado reduciendo M0 en el transcurso de este año, y al final de 2021 estimo que se expandirá dos dígitos cercano al nivel de 15%, pero la tasa de inflación será de un dígito y bastante cercana al 6%, impulsada principalmente por los precios internacionales de las materias primas, ente las que se destaca el petróleo y sus derivados.

Sé que aceleración de la tasa de inflación es un motivo de preocupación para los empresarios. En las actuales circunstancias, un desafío del BCN es que pueda separar el ruido en los datos de inflación publicados por el INIDE, un ruido que se escucha a medida que la economía de Nicaragua se reabre. Quizá una forma de saber interpretar y entender la presión inflacionaria sería promediar la tendencia del IPC en vez de continuar observando la tasa de inflación con respecto al mes anterior, la tasa de inflación acumulada en el año y la tasa de inflación interanual.

Para evitar ese ruido inflacionario, en mis charlas a los empresarios he adoptado la lectura de la tasa de inflación del PIC subyacente, que excluye los precios de los alimentos y de los combustibles, el cual se aproxima bastante al concepto de inflación inercial: excluyendo los precios muy volátiles de los alimentos y los combustibles, la tasa de inflación subyacente interanual se mantendrá en un rango de 4% a 5% y cualquier disminución o aumento de los extremos de ese rango porcentual será transitorio.





No hay riesgos de inestabilidad macroeconómica en el horizonte

15 08 2021

¿Cuál es la presión inflacionaria en Nicaragua a julio del año en curso, cuando hemos observado en mayo un notable crecimiento del procesamiento industrial de oro, la reapertura de empresas comerciales, la creciente ejecución de proyectos de construcción pública y el repunte de la producción industrial manufacturera, después de tres años de recesión económica?

Sólo cuatro actividades económicas presentaban importantes tasas de crecimiento positivas en sus volúmenes de producción en mayo de este año; otras seis actividades económicas crecieron muy levemente, pero también muy cercanas al estancamiento (0%), entre ellas las actividades agropecuarias, administración pública y enseñanza y salud; finalmente, otras siete actividades económicas encontraron su desempeño productivo en el plano negativo, por ejemplo, hoteles y restaurantes, energía eléctrica y agua potable, intermediación financiera y transporte y comunicaciones. Según los datos publicados por el Banco Central de Nicaragua, la tasa de crecimiento interanual del Índice Mensual de Actividad Económica promedio anual fue 2.1% a mayo recién pasado.      

D acuerdo con los datos del Instituto Nicaragüense de Información de Desarrollo (INIDE), la tasa de inflación interanual (de julio 2020 a julio de 2021) fue 4.12%, y la tasa de inflación acumulada en este año (de diciembre 2020 a julio 2021) se ubicó en 2.60%. Son tasas relativamente normales para nuestro entorno económico, no obstante el impacto de los riesgos políticos que dinamizan las incertidumbres económicas de mediano plazo.

Sin embargo, una variante de la presión inflacionaria inercial en el mercado local, o sea, la tasa de inflación subyacente interanual, que no incluye los precios volátiles de los combustibles y los alimentos, fue igual a 4.92%, y la considero normal para el país por estar en el rango de [4%, 5%] que establecí hace meses para la lectura inflacionaria con la presencia del “efecto base”: el índice de precios al consumidor (IPC) subyacente a julio de 2020 creció 3.06%, una tasa bastante baja debido a los shocks de oferta y demanda del COVID-19.

El brote inflacionario de este año es transitorio y, por lo tanto, puede ser tolerable. ¿Cuánto tiempo? Todo este año. Considero que una tasa de inflación subyacente interanual que se desplace de 5% a 6% comenzará a importar al BCN porque puede afectar a la decisión inversionista de las empresas, ya impactada por el riesgo político, y al gasto de consumo de los hogares, porque los salarios nominales han permanecido congelados en los últimos cuatro años.

Sin olvidar el “efecto base”, las mayores tasas de inflación interanuales por divisiones de productos, según el INIDE, se observan en los precios de las bebidas alcohólicas y el tabaco, con 15.39% por las alzas a las tasas tributarias al consumo de los dos productos, y en los precios del transporte, con 13.06% por las alzas de los precios internacionales de los combustibles líquidos. Por su parte, los precios de los alimentos y bebidas no alcohólicas subieron interanualmente 3.70%, y los precios que menos crecen son los de restaurantes y hoteles, con 1.08% debido a la menor demanda de sus servicios por la presencia del COVID-19.

No dudo que la estabilidad macroeconómica, es decir, la estabilidad del tipo de cambio y del índice de precios al consumidor, se va a mantener y es esencial que haya una coordinación estrecha entre el Ministerio de Hacienda y Crédito Público (MHCP) y el BCN, dentro de un marco de responsabilidad fiscal y monetaria.

El BCN informó que al 31 de julio recién pasado el saldo de las reservas internacionales brutas ascendía a US$3,638.7 millones, con un aumento acumulado anual de US$426.8 millones, y era equivalente a 3.28 veces el saldo de la base monetaria, es decir, el saldo de la emisión de dinero más el saldo de los depósitos de encaje en moneda local, un nivel que está por encima del mínimo de la condicionalidad que es 2.5 veces la base monetaria, y además, el saldo de dichas reservas supera fácilmente los 8 meses de importaciones de bienes CIF del país (el mínimo de esta otra condicionalidad de la estabilidad macroeconómica es entre 5 y 10 meses).

No debería preocuparnos la lectura de que la variación interanual del saldo del numerario o del dinero que circula fuera de las entidades financieras, o sea, que circula en las empresas no financieras y los hogares, fue igual a 23.34%, y tampoco debería preocuparnos la lectura de que el saldo del medio circulante o de dinero, que incluye el numerario y los depósitos en cuenta corriente, también aumentó interanualmente 19.25%. Estos nuevos números de 2021 reflejan la profundidad de las cicatrices de 2020.

Preveo que las expectativas de inflación a mediano plazo permanecen ancladas por la administración de la política monetaria del BCN, a veces demasiado restrictiva que desacelera la expectativa de la tasa de crecimiento. Reconozco que pronosticar la tasa de inflación del mercado local en el corto plazo es bastante difícil, con diversas crisis que cruzan el ámbito político interno y los shocks de oferta y demanda de la pandemia mundial, dos problemas que no tienen una causa de índole económica. Además, en este año, se espera que los precios internacionales de las materias primas, petróleo y alimentos, aumente 27.1% en 2021 y se prevé que disminuya 3.7% en 2022.

Otro ejemplo de la estabilidad macroeconómica son los niveles de las brechas cambiarias, que han permanecido en mínimos. En las ventanillas de las entidades bancarias, el promedio de la brecha entre el tipo de cambio oficial y el tipo de cambio para la compra del dólar es -1.53%, mientras que la brecha con respecto al tipo de cambio para la venta del dólar es +0.84%. La liquidez en córdobas está muy bien administrada, aunque a veces con excesivas restricciones que obstaculizan las transacciones en el sector real de la economía por el lado de la oferta, o sea, en la producción de bienes y servicios. Cabe recordar que en el modelo monetario del BCN el producto interno bruto (PIB) real es una variable exógena, además de que el BCN no tiene el mandato legal de garantizar el pleno empleo.

El único riesgo inflacionario que preveo es la espiral salario-precios. Después de cuatro años de congelamiento salarial, excepto el salario mínimo parcialmente ajustado, los sindicatos han adquirido cierta fortaleza para demandar un ajuste salarial. Será necesaria la ecuanimidad en la aprobación de la decisión para evitar una posible espiral inflacionaria provocada por una tasa de ajuste salarial significativa, diría un ajuste cuantioso en un momento en que tratamos de salir de un hoyo económico profundo.      





El desempleo, abierto y equivalente, está lejos del nivel precrisis

8 08 2021

En el primer trimestre de 2021, la tasa de desempleo abierto de 4.9% (?!) había descendido de un máximo histórico reciente de 6.2% correspondiente al tercer trimestre de 2018, después de que la recesión económica durante el trienio 2018-2020 había destruido, en términos promedio anual, 199,731 puestos de trabajo de sector formal de la economía, según el Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS).

Producto de tres impactos severos, como han sido el problema político interno imperante desde abril de 2018, la reforma tributaria anticíclica de febrero de 2019 y la pandemia mundial del Covid-19 que se presentó en el país en abril de 2020, la reducción del  número de cotizantes de la seguridad social fue mayor en las actividades productoras de servicios que en las de bienes.

En ese trienio de 2018-2020, y en orden de importancia, el comercio perdió 82,148 trabajadores; el cierre permanente y temporal de empresas que ofrecen servicios comunales, sociales y personales, tales como esparcimiento cultural y deportivo, y mantenimiento o reparación de automotores y artículos personales o domésticos, desalojó del mercado laboral a 44,875 trabajadores; y las entidades financieras e inmobiliarias despidieron a  20,107 personas.

Las actividades económicas que observaron un menor impacto del desempleo fueron minas y canteras, con una disminución de 583 puestos de trabajo; la planilla de la generación de electricidad y el suministro de agua potable y servicios de alcantarillado reflejó una reducción de 844 trabajadores; y las empresas de transporte y comunicaciones redujeron su personal en 5,496 personas.

Tres actividades económicas que actualmente contribuyen con el 37% en la formación del producto interno bruto (PIB), perdieron 45,678 puestos de trabajo formal. Son los de la construcción, 14,236;  de las actividades primarias (agropecuaria, pesca y silvicultura), 14,759; y de la industria manufacturera, 16,683.

¿Se ha recuperado el mercado laboral de la destrucción de 199,731 puestos de trabajo formal, que, según mis cálculos, representaban el 5% de la población económicamente activa en 2020? Mi respuesta es no.

Con el leve crecimiento económico que se ha observado en los primeros cuatro meses de este año, el número promedio de trabajadores que cotizan la seguridad social observó el aumento de 35,540 personas durante ese mismo período. Por lo tanto, faltaría restablecer 164,191 puestos de trabajo formal para alcanzar, de nuevo, el total de trabajadores cotizantes de la seguridad social en 2017 y, además, no estamos tomando en cuenta que en el trienio 2018-2020, según mis cálculos, la población económicamente activa (PEA) se incrementó en 394,290 personas.

Con estos datos recientes, la política macroeconómica tendría que estimular la inversión privada y dar un mayor espacio fiscal, sólo con una fuente de financiamiento multilateral, a la inversión pública para construir 558,481 puestos de trabajo, sin tomar en cuenta la presencia del ejército de desempleados existente en 2017, que lo estimo en 760,150 personas e igual a 21.3% de la PEA.

Se puede concluir que el gran total de los desempleados abiertos, que no trabajan ni un día, y de los desempleados equivalentes generados por el subempleo, que trabajan menos de 8 horas diarias, ascendería a 1,318,631 personas e iguala el 33.2% de la PEA. A manera comparativa, el INIDE publicó que en el primer trimestre de este año, el 30.5% del total de ocupados (no de la PEA) se encontraba inactivo, o sea, el 30.5% de la personas en edad de trabajar, de 14 años y más que es la oferta potencial de trabajo de la economía, estaba inactivo.  

No hay dudas de que los trabajadores están comenzando a regresar a la ocupación en este año, impulsados por el leve crecimiento de la producción de bienes y servicios, lo que se comprueba con la tasa de crecimiento interanual de 2.1% del Índice Mensual de Actividad Económica (IMAE) promedio anual a mayo recién pasado; sin embargo, sin una amplia cobertura de las vacunas contra el Covid-19 en la población nicaragüense, el surgimiento y la posible propagación rápida de la variante Delta representa una amenaza para la recuperación y podría retrasar el regreso de los trabajadores y continuar elevando la tasa de desempleo abierto y la tasa de desempleo equivalente generado por el subempleo.

Se necesitan más avances en el mercado laboral, porque la tasa de participación en la fuerza laboral de 69.5%, es decir, el porcentaje de la PEA con respecto a la población en edad de trabajar, continúa por debajo del máximo histórico trimestral de 74.1% correspondiente al primer trimestre de 2017.

También no debemos dejarnos impresionar por el “efecto base” de las tasas de variaciones relativas interanuales de la producción, de los precios al consumidor, del gasto de inversión, del medio circulante o dinero, porque reflejan en 2020 los efectos de las crisis extraeconómicas observados desde 2018, ya que esas variaciones surgen de cicatrices económicas profundas.

Esas tasas de variaciones relativas interanuales de 2021 tienden a ser “ruidosas” con interpretaciones “engañosas” que no facilitan información hacia donde nos dirigimos en 2022, por lo cual es aconsejable tener cierta prudencia al referirnos principalmente al crecimiento económico, el empleo, la inflación y la liquidez en el corto y mediano plazo. La recuperación de los mínimos históricos de desempleo y de pobreza observados en 2017 están lejos de completarse.

En conclusión, a pesar del aumento de 35,540 personas en el mercado laboral formal durante los primeros cinco meses de 2021, más de 164 mil nicaragüenses permanecen sin trabajo formal que en 2017, aunque algunos de estos trabajadores no volverán. Y el principal problema estructural del mercado laboral, el subempleo, continúa expandiéndose.





La Economía de Nicaragua: Evaluación 2021 y Perfil 2022

6 08 2021




Estamos en un momento económico extraño

1 08 2021

Las nuevas tasas de crecimiento de la producción y de los precios al consumidor de Nicaragua en mayo y de este año, o sea, el crecimiento económico y la inflación, están reflejando lo severa que fue la continua recesión económica observada en el trienio 2018-2020.

El informe del Índice Mensual de Actividad Económica (IMAE) de mayo 2021 elaborado por el Banco Central de Nicaragua (BCN) indica que “Las actividades con mayor crecimiento en ese mes fueron: explotación de minas y canteras, 118.0 por ciento; hoteles y  restaurantes, 64.2  por ciento; pesca y acuicultura, 34.9 por ciento; industria manufacturera, 34.6 por  ciento; comercio, 27.6 por ciento; construcción, 14.6 por ciento; y energía y agua, 14.3 por ciento.” Ah! Olvidaba agregar que esas tasas de crecimiento por actividad económica están asociadas con una tasa de crecimiento del IMAE de 15.4 por ciento. Esperamos que, sin olvidar el “efecto base”, estas tasas de crecimiento se normalicen pronto.    

Dos riesgos muy importantes sobre la recuperación del desempeño de las actividades económicas del país están a la vista: el problema político imperante desde abril de 2018, con las secuelas de las sanciones financieras internacionales que afectan principalmente la inversión pública en infraestructura económica y social, y la propagación de variantes más contagiosas del COVID-19, como son las variantes Delta y Delta-Plus, un desafío para los países de economía en desarrollo de bajos ingresos con bajas tasas de vacunación, entre los cuales se encuentra Nicaragua. 

El último dato del índice de precios al consumidor (IPC) nacional elaborado por el Instituto Nacional de Información de Desarrollo (INIDE) corresponde a junio de 2021, y muestra una tasa de inflación acumulada en el año (de diciembre de 2020 a junio de 2021) de 2.24 por ciento con una aceleración de un 1 punto porcentual comparada a la acumulada a junio de 2020, y una tasa de inflación interanual (de junio de 2020 a junio de 2021) de 3.94 por ciento con una leve aceleración de 0.3 puntos porcentuales con respecto a su nivel registrado en junio de 2020. Sin embargo, la tasa de inflación interanual del IPC subyacente, que excluye los precios al consumidor de alimentos y de combustibles, fue igual a 4.70 por ciento e indica, sin temor de equivocarnos, un anclaje de las expectativas de inflación a corto plazo ubicadas en el rango de [4%, 5%].     

El INIDE también publicó el costo de la canasta de consumo de 53 productos de consumo básico a junio de 2021, que ascendió a C$15,305.34, equivalente a US$435.55, y mostró una tasa de inflación acumulada de 5.36 por ciento en este año hasta junio, y una tasa de inflación interanual de apenas 1.85 por ciento. Sin embargo, en el primer semestre del año en curso el costo de los 23 productos alimenticios de esta canasta de consumo básico se elevó 6.87 por ciento, y los productos que acusaron los mayores aumentos de precios fueron: naranja, 53.13por ciento; pan, 38.60 por ciento; acete comestible, 36.96 por ciento; tortilla, 28.31 por ciento; posta de res, 12.57%; posta de cerdo, 10.54 por ciento; y huevos, 9.77 por ciento. También podemos esperar la normalización de los precios al consumidor de esos productos.

En el corto plazo se podría observar altas tasas de inflación interanuales por la naturaleza de los shocks de oferta de 2020 y los shocks de demanda 2021 generados por la pandemia mundial del coronavirus, la cual no tuvo un origen económico. En 2020 se registraron cuatro meses de deflación y una tasa de inflación anual de apenas 2.93 por ciento, y en 2021 estamos observando un aumento de la demanda de los consumidores y un fuerte aumento de los precios internacionales de las materias primas, principalmente el petróleo y sus derivados.

También tenemos la seguridad que las rápidas alzas de precios desparecerán cuando la economía vuelva a la normalidad, pero ¿cuándo se podría vacunar al menos el 70% de la población del país para que volvamos a la normalidad económica?, ¿cuándo alcanzaremos la Convivencia y el Diálogo para resolver el problema político nacional? No sabemos. Ojalá sea pronto.

Según el Instituto Nicaragüense de Seguridad Social, en términos promedio anual se destruyeron 199,731 puestos de trabajo del sector formal durante la recesión económica, y se han restablecido 35,540 puestos de trabajo promedio mensual en el período enero-mayo de este año. Todavía falta restablecer 164,191 puestos de trabajo para eliminar la pérdida de empleo formal acumulada en los tres años pasados, pero todavía el desempleo, tanto el abierto como el equivalente al subempleo, es muy grande: casi el 30 por ciento de la población económicamente activa, es decir, 1 millón 210 mil personas no generan ingresos a mayo de este año.

El manejo de la política monetaria para enfrentar una tasa de inflación alta resultante de las cicatrices del año pasado, que obvie el hecho de que el IPC tendrá que normalizarse, podría enfriar anticipadamente el crecimiento económico y marginar a los rabajadores. Aunque las tasas de interés del BCN no juegan un papel relevante para reducir un “sobrecalentamiento” de la economía, las colocaciones de Letras a plazo de 1 día están a la mano de la autoridad monetaria y, por el lado fiscal, podría resurgir la medida de reducir la inversión pública, que obligaría a contratar menos trabajadores y enlentecer el crecimiento de los salarios.

Las autoridades gubernamentales tendrían que examinar los pro y los contra del riesgo de la inflación ante la desaceleración del mercado laboral al que todavía le faltan casi 1 millón doscientos mil puestos de trabajo para aproximarse al pleno empleo en el largo plazo, o sea, en más de tres años. Si los consumidores y los empresarios esperan precios más altos, corremos el riesgo de que surja la espiral salario-precio, y elevaría más la inflación. En esta situación, pronosticar la inflación sería una tarea bastante difícil y la programación presupuestaria para las empresas y los hogares también será muy difícil.

Un consejo final. No debemos alegrarnos demasiado con las aceleradas tasas de crecimiento económico ni preocuparnos con las posibles altas tasas de inflación. Las alzas de precios de hoy son de corta duración, no olviden el “efecto base” y no reduzcamos la ambiciosa inversión pública, que es el principal motor del crecimiento económico de hoy.  





La economía de Nicaragua creció a un ritmo promedio anual de 2.1% en mayo

25 07 2021

Tomando en cuenta los datos preliminares del producto interno bruto (PIB) real de Nicaragua estimados por el Banco Central de Nicaragua (BCN), durante el trienio 2018-2020, tras tres años continuos de recesión económica la producción de bienes y servicios del país se redujo 8.75% hasta el nivel registrado en 2015. A manera de ejemplo, si se deseara que en este año se alcanzara de nuevo el máximo histórico de la producción del país que se observó en 2017, el PIB Real tendría que crecer 9.6% en 2021. Imposible de lograrlo.

En 2020 el PIB nominal por persona promedio anual valorado en dólares estadounidenses, también estimado y publicado por el BCN, fue igual a US$1,914, muy cercano a su valor de US$1,917 registrado en 2014. El nivel de este indicador macroeconómico ayuda a concluir de que la economía de Nicaragua ha retrocedido 6 años a finales de 2020.

La economía nicaragüense, como la de los otros países, continúa distorsionada por la pandemia del COVID-19. No obstante la baja cobertura de la vacunación contra el COVID-19 en la población del país y el sesgo contractivo de la política monetaria y la política fiscal, la economía de Nicaragua está funcionando en una mejor forma que la observada el año pasado, debido a:

  • la inversión pública financiada principalmente con préstamos del Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE), debido a las sanciones de la NICA Act en vigor desde el 20 de diciembre de 2018, que impiden nuevas contrataciones de deuda pública externa con el Banco Mundial (BM/IDA, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Fondo Monetario Internacional (FMI);  
  • el aumento del consumo de los hogares por el mayor flujo de remesas, también inesperado en un momento en que la economía estadounidenses caía en picada por el COVID-19 en 2020; y
  • la asistencia humanitaria proveniente de los tres organismos multilaterales tradicionales arriba mencionados, a través de préstamos muy concesionales que superaron los US$400 millones en diciembre de 2020 y que tienden a aumentar el gasto público.

No impulsan el crecimiento económico del país en este año la inversión privada, tanto doméstica como extranjera, que se estanca y disminuye por el alto riesgo político y la incertidumbre empresarial, ni las exportaciones domésticas de bienes a pesar de su mayor valor por los altos precios internacionales de materias primas.

No olvidemos que la economía del país está saliendo de un hoyo, el tercero más profundo desde el gran desplome de 32.2% del PIB real registrado en el bienio 1978-1979 con la caída del régimen de Anastasio Somoza Debayle, y de la gran reducción de 12.8% del PIB real observada entre 1980 y 1990 debido a la política macroeconómica ineficiente y demasiado expansiva y a la guerra de agresión. El riesgo más grande para salir del hoyo actual es otra severa ola de contagio de las variantes Delta y Delta Plus del coronavirus.

La lucha contra el coronavirus es un riesgo mayor y está lejos de terminar, porque las dos terceras partes de la población mundial que no vive en países de economía avanzada o en China se encuentran en una situación muy complicada por la escasez de vacunas. Los virólogos y médicos expertos en esta materia han afirmado que la variante Delta tiene una carga viral más alta que la de COVID-19, contagia a más personas en 2.3 días mientras que la primera variante de Wuhan contagiaba entre 5.5 y 7.5 días, se reproduce en nuestro interior mucho más rápido y tarda menos en mostrar síntomas.

El BCN publicó el comportamiento del Índice Mensual de Actividad Económica (IMAE) correspondiente a mayo de este año en la semana pasada. La serie procesada de este indicador mensual de la producción del país que nos interesa conocer es la del IMAE promedio anual (de la serie original), cuya variación relativa interanual en diciembre de cada año es idénticamente igual a la tasa de variación relativa del PIB Real anual de ese mismo año.

Según el BCN, el índice de la serie original del IMAE de mayo de 2021 (Base: 2006 = 100), es decir, el índice de producción de mayo de 2021, reflejó el nivel de 154.5%, muy aproximado al 153.8 registrado en marzo de 2017, último mes normal de la historia económica contemporánea del país. Son dos fotografías, las más parecidas, de la producción en el mismo mes de dos años distintos, con una diferencia de cuatro años.

Por su parte, en mayo de este año el IMAE promedio anual de 147.45% aceleró su tasa de crecimiento interanual de 0.40% en abril a 2.11% en mayo, pero el IMAE promedio anual a mayo de 2020 de 144.39% fue 304.85 puntos básicos menor que el IMAE promedio anual de mayo de 2021, y ya acusaba el impacto de la pandemia del COVID-19 sobre la economía nicaragüense.

Por esa razón, reitero que debemos tener cuidado con las cifras “engañosas” o “ruidosas” o “increíbles” de las tasas de crecimiento económico y de inflación de una economía que todavía está distorsionada por la pandemia. No hay que olvidar que los índices mensuales de la producción de bienes y servicios observados desde abril de 2020 en el país ya estaban afectados por el COVID-19, y ya se encontraban en una fase de caída prolongada desde septiembre de 2018 por problemas políticos.

Por esas razones antes mencionadas, con la lectura de la serie original del IMAE utilizada por el BCN en su informe, es decir, con la lectura de las fotografías de los volúmenes de la producción de cada mayo de 2020 y 2021, fueron estimados los siguientes aumentos de la producción por actividad económica:

Explotación de Minas y Cantera, 118.0%; Hoteles y Restaurantes, 64.2%; Pesca y Acuicultura, 34.9%; Industria Manufacturera, 34.6%; Comercio, 27.6%; Construcción, 14.6%; Energía y Agua, 14.3%; Transporte y Comunicaciones, 12.6%; Pecuario, 5.6%; Administración Pública y Defensa, 1.6%; Enseñanza, 1.6%; Salud, 0.9%; Silvicultura y Extracción de Madera, 0.9%; y Propiedad de Vivienda, 0.6%.

Por otro lado, sólo tres actividades disminuyeron la producción: Intermediación Financiera, 5.9%; Otros Servicios, 3.2%; y Agricultura, 0.9%.

El BCN debió haber enfatizado en su informe que la tasa de crecimiento de la serie del IMAE original fue 15.4% interanual en mayo de este año, porque utilizó las series originales de cada actividad económica para afirmar sus notables crecimientos. Pero no lo hizo y sólo agregó, en una forma relevante, las variaciones interanuales positivas de las series desestacionalizadas, 14.6%, y tendencia-ciclo del IMAE, 2.3%.

En conclusión, la tasa de crecimiento interanual de la serie del IMAE promedio anual de Nicaragua fue del orden de 2.1% en mayo de 2021, y cuya variación interanual en cada diciembre es idénticamente igual a la tasa de crecimiento anual del PIB Real. Creo que el BCN debería analizar los problemas económicos con el mayor rigor científico posible.