El índice de aflicción de los nicaragüenses

28 06 2015

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En estos últimos años se ha puesto de moda la elaboración de variados índices en el ámbito socio económico, con los cuales se trata de medir la dicha o la desdicha, la felicidad o la tristeza de la población de cada país. Además de los serios índices de desarrollo humano, de pobreza, de potenciación  género y de pobreza elaborados por el Programa de la Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), han adquirido cierta popularidad una serie de índices entre los que se destacan los de felicidad, de competitividad, de facilidad para hacer negocios, de percepción de corrupción, de libertad, de cooperación en la lucha contra el narcotráfico y de homicidios intencionales.

Aunque los problemas del tamaño de la muestra no tienen nada que ver con la metodología, en 2014 apareció el Índice de Aflicción que trata de identificar la desdicha de los ciudadanos de 108 países -en el mundo hay un poco más de 200 países- y ordenarlos jerárquicamente, encabezando la lista el país en que se sufre más. En vez de haber sido un filósofo, este índice fue presentado por el economista Steve H. Hanke, profesor de la Universidad Johns Hopkins, quien también fue asesor de Ronald Reagan y Margaret Thatcher.

La metodología que utiliza Hanke es la suma de las tasa de desempleo, la tasa de inflación y la tasa de interés activa o del crédito de corto plazo, y a este total resta el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) Real per cápita de un año con respecto al año anterior.

Los primeros cinco países que encabezan la lista, iniciando con el peor, fueron Venezuela (106.03 puntos), Argentina (68 puntos), Siria (63.9 puntos), Ucrania (51.8 puntos) e Irán (49.1 puntos), golpeados los dos primeros por la inflación y los tres últimos por el desempleo.

Los cinco mejores, el último es el mejor, fueron Japón (6.18 puntos), Taiwán (5.91 puntos), China (5.69 puntos), Suiza (5.39 puntos) y Brunei (4.94 puntos). El país latinoamericano que se ubicó en el mejor lugar de esta lista fue Ecuador, que ocupó el puesto 73 con 13.72 puntos, mientras que el que se ubicó en el peor lugar después de Argentina fue Brasil al ocupar el sexto lugar con 42.79 puntos y después le sigue en el puesto 25 Uruguay con 28.37 puntos.

Este índice de aflicción no ha sido un invento del economista Hanke. Otro economista estadounidense, Arthur Melvin Okun (1928-1980), a quien le debemos la Ley de Okun y presidió el Consejo de Asesores Económicos de su país en el bienio 1968-1969, propuso un índice de desdicha con la suma de las tasas de inflación y desempleo. Posteriormente, el economista también estadounidense Robert Joseph Barro incorporó a dicho índice la tasa de interés y la diferencia entre las tasas de crecimiento del PIB potencial y del PIB observado en la práctica. Ahora, Hanke determina el valor del índice con la variación relativa del PIB Real per cápita y descarta de la fórmula el PIB potencial que había introducido Barro.

Una crítica a este índice es que suma indicadores económicos nominales o en precios corrientes, como son la tasa de inflación y el costo del dinero, con indicadores reales o de volumen o en precios constantes, como son la tasa de desempleo y la tasa de crecimiento del PIB Real por habitante. Hay países que tienen un alto desempleo como España o Grecia; hay otros países que tienen una elevada inflación, como Venezuela y Argentina. En estos casos, un indicador, el desempleo o la inflación, determina la magnitud del índice, y en relación con el señalamiento de que no se ponderan esos indicadores económicos es bastante discutible que un punto de inflación equivalga a un punto de desempleo en términos de aflicción. Si usted le pregunta a un trabajador su preferencia sobre estar desempleado o estar afectado por la inflación, la respuesta sería que no desearía ninguna de esas dos situaciones.

Una observación adicional es que la distribución del ingreso se ha empeorado en los últimos años, porque los estratos de la población con mayor riqueza concentran la mayor parte del ingreso nacional, por lo cual la metodología propuesta por Hanke podría agregar el indicador del Coeficiente de Gini para medir la desigualdad en los ingresos.

Con el propósito de medir la versión del Índice de Aflicción presentada por Hanke, los datos oficiales de Nicaragua correspondientes a 2014 son los siguientes: tasa de desempleo, 6.78%; tasa de inflación, 6.48%; tasa de interés activa de corto plazo (adicionando la tasa de devaluación nominal), 18.54%; y tasa de crecimiento del PIB Real per cápita, 3.46. Así, el Índice de Aflicción de Nicaragua es igual a 6.78 + 6.48 + 18.54 – 3.46 = 28.34 puntos, siendo la tasa de interés o el costo del crédito el factor determinante de la desdicha de los nicaragüenses. Con este puntaje, Nicaragua se encuentra entre los países menos favorecidos de Latinoamérica, muy cercano al puesto de Uruguay.

El Índice de Aflicción podría servir de referencia a los políticos, quienes aprueban las políticas públicas que tratan de mejorar el bienestar de la población, aunque no hay que olvidar que lo que muestran las estadísticas es importante pero lo que ocultan es esencial. Este índice, por supuesto, es un indicador más, como el Índice Big Mac que es publicado por la revista The Economist para comparar el poder adquisitivo de distintos países donde se vende la hamburguesa Big Mac de McDonald’s y determinar, sin base científica, la subvaluación o la sobrevaluación de la moneda del país que se analiza.





Inconsistencias y premisas económicas para 2016

21 06 2015

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La primera mitad de este año está concluyendo, los resultados macroeconómicos de 2015 ya están predeterminados y los economistas están obligados a reflexionar desde estos momentos sobre que nos deparará en el año de 2016.

El pronóstico económico del próximo año estará influenciado por el desempeño productivo del país en los años recientes y por las premisas externas e internas que se visualizan en el corto plazo. Es por esto que considero como válida la preocupación externada recientemente por uno de los economistas más influyentes en el pensamiento económico nacional, el distinguido colega Adolfo Acevedo, sobre la consistencia de las cifras macroeconómicas contenidas en el Informe Anual 2014 del Banco Central de Nicaragua (BCN), especialmente las relacionadas con las variables que describen el comportamiento de la oferta y la demanda global de bienes y servicios.

Las dudas sobre el andamiaje de las cuentas nacionales son razonables, porque hemos observado desde hace varios años que la revisión de las cifras de producción, consumo, inversión y exportaciones netas (de importaciones) se realizan y se presentan un año después de su publicación inicial, además de que estos agregados macroeconómicos muestran valores preliminares para los últimos tres años (2012-2014). En otras palabras, esas variables del sector real de la economía correspondientes a ese trienio cambiarán de valor en la publicación del informe anual del BCN del próximo año y es muy probable que esos indicadores sean preliminares para el período 2013-2015. ¿Cómo resolver este problema de incertidumbre en la contabilidad nacional que ha sido detallado públicamente por el economista Acevedo?

Sugiero al presidente del BCN, Ovidio Reyes, que establezca en el quehacer del banco la revisión trimestral de las cuentas nacionales anuales del país; mantenga un número adecuado de economistas en la División Económica; fortalezca la capacitación del personal técnico que elabora dichas cuentas con el apoyo, por ejemplo, de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) o del Fondo Monetario Internacional (FMI); profundice el desarrollo de dichas cuentas –por ejemplo, Nicaragua aún no dispone de cifras del Ingreso Nacional o del Producto Nacional Neto a costo de factores (PNNcf), porque se desconoce el monto de la depreciación del acervo de activos fijos del país; promueva la aplicación técnica de la recién elaborada Matriz de Insumo-Producto (MIP) de Nicaragua 2006 entre el personal del banco, con el propósito de presentar proyecciones más consistentes de la economía nicaragüense en el corto plazo; y, antes de todo lo anterior, reglamente la entrega de la información económica de parte de otras instituciones estatales al BCN, es decir, fortalezca y consolide el sistema de información económica relacionada con las cuentas nacionales. A manera de ejemplos, se observa que las publicaciones del BCN no incorporan los datos de la producción minera desde mayo de 2014 ni de la ocupación por actividad económica desde el año de 2012.

Las premisas o los supuestos más realistas del pronóstico económico de 2016 ya fueron definidos en el primer semestre del año en curso. En el ámbito económico internacional, los aspectos más relevantes son: el lento crecimiento económico mundial, aunque la economía avanzada más vigorosa es la estadounidense; el lento aumento de los precios internacionales del petróleo y de otros bienes primarios (o commodities); la alza de la tasa de interés de la Fed, el banco central de Estados Unidos; y la presencia de un dólar más fuerte.

En el ámbito económico nacional, las premisas económicas también ya muestran su perfil en un año de elecciones presidenciales: la reducida influencia de la oposición política con sus protestas por la opacidad de la información electoral; las protestas de los campesinos que se oponen a la construcción del mega proyecto del Gran Canal de Nicaragua; el mantenimiento del crédito petrolero de Venezuela; una menor afluencia de la inversión extranjera directa provocada por el ruido político; un mayor déficit fiscal provocado por el gasto electoral; y la persistencia de la caída de la productividad de la economía.

Todos esos supuestos conllevan implícitamente algunos riesgos, entre los cuales se destacan la escasez y el mayor costo del crédito en el mercado financiero internacional; el encarecimiento de los productos importados de origen estadounidense; las exportaciones domésticas de bienes FOB no rompen la barrera de tres millardos de dólares; el retorno del alto nivel tradicional del déficit comercial de bienes con el exterior y, por ende, la tendencia creciente del déficit en cuenta corriente de la balanza de pagos; una mayor presión inflacionaria; y un mayor subempleo de las personas ocupadas.

Se espera, como es obvio, que en 2016 el riesgo político se elevará un poco, pero los riesgos económicos y financieros continuarán siendo bajos. Nicaragua, que aún no es un sujeto de crédito en el mercado financiero internacional, continuará recibiendo préstamos externos, multilaterales y bilaterales, bastante concesionales, la tasa de crecimiento económico será mayor gracias a la ejecución del mega proyecto hidroeléctrico TUMARÍN y, consecuentemente, la tasa de desempleo abierto tenderá a disminuir. Como siempre ha ocurrido, las inversiones financieras de los grupos bancarios en la compra de Letras subastadas por el BCN se interrumpirán en el segundo semestre de año próximo, lo cual exigirá una mayor prudencia de la autoridad monetaria en la emisión de dinero.





Desafíos del próximo gobierno

14 06 2015

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El próximo gobierno que elijamos el domingo 6 de noviembre de 2016 no debe generar en su carrera electoral, con una visión cortoplacista, numerosas expectativas para la población, que a la postre no podrían ser cumplidas y deteriorarían más la imagen de los políticos.

En materia económica y social, estimo que la alianza política que se instale en el gobierno el 10 de enero de 2017 enfrentará cuatro grandes desafíos que podrán ser resueltos sólo en el largo plazo, algunos de ellos en varias décadas. No hay que creer en soluciones cortoplacistas, dada la magnitud de algunos problemas estructurales importantes que se observan en nuestro país.

Las nuevas autoridades se enfrentarán al desafío de la “recordobización” o de la “dolarización oficial” de la economía nicaragüense, lo cual obligaría a la remoción de la política monetaria y de la política cambiaria que hoy rigen en el mercado local y, consecuentemente, se podría establecer una política financiera adecuada para financiar el crecimiento económico sostenible vía inversión. El dólar y el “córdoba con mantenimiento de valor”, que es un dólar disfrazado, ya dominan casi el 80% de la liquidez global del mercado local. En el caso de una “recordobización”, que no exige ninguna consulta del gobernante porque la Ley Monetaria señala que el córdoba es la unidad monetaria de Nicaragua, la nueva confianza del público en el córdoba debe ser adquirida por la gente en forma voluntaria, no debe ser impuesta o forzada, y esa voluntad entre los agentes económicos se lograría con la gradualidad de una nueva política macroeconómica de mejor calidad comparada a la que hoy se implementa desde el Banco Central de Nicaragua (BCN). En el caso de una “dolarización oficial”, que pongo en duda por el pensamiento político de la administración pública, el futuro presidente de la República tiene la obligación de realizar un referéndum para que el pueblo vote a favor o en contra de la adopción del dólar estadounidense como la moneda de curso legal del país, pero la administración pública debería explicar a los nicaragüenses los costos y los beneficios de dolarizar oficialmente la economía de nuestro país.

Otro desafío muy importante que demanda una respuesta desde hace muchos años es la promoción de la formalidad del mercado, la competitividad empresarial y la productividad de la economía. Aproximadamente 1 millón 500 mil personas se encuentran subempleadas en el mercado laboral, la ocupación plena es igual al 75% del total de personas ocupadas y el 80% de las empresas existentes en el país, principalmente microempresas y pequeñas empresas, no tienen registros contables, su personal adolece de educación técnica, sus puestos de trabajo muestran un deplorable nivel tecnológico y no son sujetos de crédito, además de estar en jaque a partir de este año por el establecimiento del arancel cero a las importaciones de varios bienes de consumo provenientes de Estados Unidos, de acuerdo con el tratado comercial del DR-CAFTA. Combatir esta desigualdad, ampliar la educación de calidad primaria, secundaria y técnica, ampliar y mejorar el acceso de la población a los servicios de salud pública, fundamentar la economía en la innovación, transferir tecnología y convertir a estos agentes económicos en sujetos de crédito en la banca de fomento será necesario para avanzar en la solución de los problemas de la informalidad, la incompetitividad y la improductividad.

Un desafío no menos importante es la restructuración del gasto gubernamental, con el propósito de ampliar el espacio de la inversión pública, que apenas representa, excluyendo las amortizaciones de la deuda gubernamental interna y externa, el 22% del gasto total presupuestario. Aunque se reconoce el hecho que la administración del presidente Daniel Ortega “sinceró” el gasto público en 2008, una exigencia fondomonetarista que no logró cumplir la administración del ex presidente Enrique Bolaños, también cabe subrayar que el papel facilitador del Estado para impulsar el crecimiento económico del país radica principalmente en la importancia del gasto de inversión pública, específicamente el gasto en el infraestructura económica, para atraer más inversión privada, crear mejores empleos y generar más ingresos. Recientemente, el presidente del Banco Mundial (BM), Jim Yong Kim, consideró que con el crecimiento, la inversión y el establecimiento de redes de seguridad social es posible erradicar del mundo la pobreza extrema en solo 15 años, … porque hemos aprendido de 50 años de experiencia sobre lo que ha funcionado en contextos particulares y lo que no”.

Sin embargo, la sociedad no puede convivir con la corrupción y la impunidad, esta última compañera de la inmunidad de algunos políticos que se burlan del examen de la ley, incluso no se desempeñan en sus cargos públicos. En mi opinión, la próxima administración pública tiene el desafío de no ser complaciente con el comportamiento inapropiado de ciertos políticos y empresarios al abusar de la confianza pública, imponer la observancia de la ley y proteger a los denunciantes, para que la sociedad compruebe el respeto de los derechos humanos, el fortalecimiento de la democracia y la prevalencia de los principios éticos. En otras palabras, es necesario erradicar esos dos vicios, la corrupción y la impunidad, que ya se ven como “normales” en nuestra sociedad al aceptarse la presunta delincuencia que es muy costosa y nociva para el bienestar de los nicaragüenses. Como resultado de esta necesaria actitud pública, el crecimiento económico será mejor y la reducción de la pobreza será mayor.





Desempleo global vs Inflación

7 06 2015

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Como es de conocimiento general, estabilizar el córdoba y mantener un desenvolvimiento normal de los pagos internos y externos mediante la normación y la supervisión del sistema  de pagos del país es el objetivo del Banco Central de Nicaragua (BCN). De entrada, la tasa anual de inflación “piso” del córdoba es 5%, que es igual a la tasa de deslizamiento anual del tipo de cambio oficial nominal mantenida invariablemente desde 2004.

La política monetaria del BCN está diseñada para una moneda que es marginal en nuestra economía al representar el 21% de la liquidez global del mercado y se diseña sobre el único mandato de mantener una presión inflacionaria baja y estable, mejor dicho una tasa de inflación de un dígito, una solitaria misión monetaria que en la práctica se reduce a contar cúal es el monto de reservas internacionales brutas (RIB) en las arcas del BCN y cuál es el monto de la base monetaria (M0), es decir, el total de la emisión de dinero, una responsabilidad del BCN, y del encaje sobre el monto de los depósitos en córdobas, una responsabilidad de los banqueros que deben llevar al BCN por ley el 12% diario y el 15% catorcenal del saldo total de los depósitos en moneda nacional.

El cumplimiento del único mandato de la política monetaria del BCN es que el saldo de las RIB debe ser igual, al menos, a 2.5 veces el saldo de la M0, la cual es 3 décimas mayor que la que se estableció (2.2 veces) en el cuarto y último programa económico trienal suscrito con el Fondo Monetario Internacional que expiró en diciembre de 2012.

No obstante, es evidente que el aumento de las RIB en manos del BCN depende exclusivamente de los desembolsos de la cooperación oficial destinada a la ejecución de programas y proyectos del sector público y de los depósitos de encaje en moneda extranjera que los banqueros mantienen en el BCN.

Con base en datos del BCN, entre enero y mayo de este año, por ejemplo, el saldo de las RIB había aumentado US$171, con el apoyo del ingreso neto de US$84 millones de donaciones y préstamos de divisas líquidas atadas a los proyectos públicos netos del pago de intereses y amortizaciones de la deuda pública externa, y de US$87 millones de encaje en moneda extranjera, pero el BCN registraba un excedente de encaje diario del orden de US$300 millones con una tasa de encaje efectiva de 20.6%, aunque la tasa de encaje legal diaria es de 12%. Por lo tanto, el BCN no debería incurrir en costos adicionales al comprar divisas en la mesa de cambios, con el fin de asegurar un monto de RIB que garantice la estabilidad del córdoba.

Sin embargo, el excedente de encaje también se observa en moneda nacional, o sea, en córdobas. Siempre a finales de mayo, ese excedente ascendía a C$2,818 millones con una tasa de encaje efectiva de 20.4%. Por lo tanto, el BCN no incurre en costos por mantener este excedente de encaje en córdobas al no pagar intereses ni mantenimiento de valor sobre dicho saldo de encaje y, por supuesto, recibe el beneficio de no subastar Letras para “esterilizar” dinero del mercado y mantener la estabilidad del córdoba.

Con lo antes expuesto se puede comprobar que la política monetaria del BCN es más de lo mismo –como si estuviese en un atolladero-  al diseñarse sólo con la regla simple de la estabilidad de los precios en córdobas -el índice de precios al consumidor se mide con la moneda nacional que es marginal-, sin importarle el desempleo y el crecimiento de la producción. En otras palabras, parece que al formulador de la política monetaria no le preocupa la reducción y, posteriormente, la estabilidad del desempleo global, que incluye el desempleo abierto y el desempleo equivalente asociado con el subempleo. Todo el peso de la política monetaria se concentra en la inflación.

Si usted tiene acceso a la página web del BCN, podrá constatar que desde el año de 2012 no se publican los datos de la ocupación por actividad económica. ¿Por qué? No se sabe. Además, en los últimos años se ha observado la euforia de los servidores públicos porque la economía de Nicaragua crece a un ritmo anual de entre 4% y 5%, pero no mencionan que el Producto Interno Bruto (PIB) de Nicaragua apenas participa en el PIB del istmo centroamericano con 6.5% excluyendo a Panamá, y con 5.2%, incluyendo a Panamá. Aún más, ningún servidor público menciona que el salario medio nacional, que es un poco menos de 2 veces el salario mínimo legal promedio simple, facilita sólo la compra de 23 alimentos que integran la canasta de 53 productos de consumo básico.

Es obvio que en las actuales condiciones de la economía de nuestro país, con un crecimiento insuficiente para reducir el desempleo global y la pobreza, la política monetaria del BCN debería darle más peso a la estabilidad del desempleo que a la estabilidad de la inflación. Por supuesto que habría que reformar el mercado laboral debido a su gran informalidad; promover la inversión de los empresarios nicaragüenses con menores tasas de interés –de allí la necesidad de restablecer efectivamente la banca de fomento, que hoy es de propiedad mixta-; incrementar la productividad de la economía mediante la educación técnica, la innovación y la tecnología; y reestructurar el gasto gubernamental para dar un mayor espacio a la inversión pública, que apenas representa el 4% del PIB y el 22% del gasto total gubernamental. Por supuesto, no habría que olvidar las políticas públicas para reducir la desigualdad de la distribución del ingreso, porque no existe un vínculo automático entre crecimiento económico y reducción de la pobreza.

Desde hace casi 40 años, la economía de Nicaragua no crece con tasas potentes y hasta este año está iniciando su incursión al estadio de crecimiento de 5% a 6%, pero debido a su baja productividad requiere crecer 6% para reducir en 1 punto porcentual la tasa de desempleo global. Es por esto que el BCN no debería limitarse a ser un policía de la inflación nacional, pero es muy probable que algunos servidores públicos se refieran a las sugerencias de política macroeconómica arriba mencionadas como una herejía, un caos, que atenta contra la escuela monetaria ortodoxa y, consecuentemente, rechacen la política neokeynesiana. Ojalá que reflexionen al respecto.





El arancel cero, la producción y el empleo

31 05 2015

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Diez años cumplió el tratado de libre comercio con Estados Unidos, que ha mostrado claras ventajas para la economía nicaragüense, como son la distinción de reglas y procedimientos comerciales permanentes y estables; un mejor acceso a tecnologías avanzadas y de punta con Estados Unidos (EE UU), que es el principal socio comercial y el principal inversionista extranjero directo de Nicaragua; ha sido una opción para fortalecer el tratamiento preferencial tanto a nivel arancelario como normativo; y ha facilitado avanzar en el esquema de integración económica centroamericana –aunque la unión aduanera marcha lentamente-. Por lo tanto, este tratado de libre comercio ha promovido nuevas oportunidades para hacer negocios en los mercados centroamericano y dominicano.

De acuerdo con datos del Banco Central de Nicaragua (BCN), en estos 10 años del tratado DR-CAFTA Nicaragua exporta a EE UU el 30% del valor total de las exportaciones de bienes FOB e importa desde EE UU el 20% el valor total de las importaciones de bienes CIF. Consecuentemente, el déficit comercial de bienes de Nicaragua con Estados Unidos, exportaciones FOB menos importaciones CIF, ha disminuido desde un máximo de 6.3% del Producto Interno Bruto (PIB) observado en 2007 hasta un mínimo de 0.3% del PIB registrado en 2014.

Los beneficios del CAFTA siempre estarán presentes, pero ahora es más visible el riesgo de los calendarios de la liberalización comercial y la reducción de aranceles que no están siendo acompañados con programas nacionales que garantizaran la competitividad empresarial durante la transición en estos diez años. Por ejemplo, provoca alarma entre los productores de bienes agropecuarios que la liberalización comercial de los bienes agropecuarios implican una competencia desleal para Nicaragua porque EE UU subsidia a su agricultura.

Sin embargo, cabe preguntarnos, de cara a la eliminación de los aranceles a la importación de productos estadounidenses, qué hemos hecho para mejorar el estado de la capacitación técnica laboral, la inversión en tecnología, el financiamiento de largo plazo, el aumento de los rendimientos de la producción agropecuaria, la estrategia agroindustrial  y el vínculo de la inversión extranjera directa con las cadenas de producción locales.

Por supuesto que me asustan los datos oficiales que la informalidad del mercado laboral avanzó desde un 64% en 2006 hasta 80% en 2013, y en este dramático escenario aparece el mercado laboral nicaragüense con el 50% del total de trabajadores ocupados que trabaja menos de 8 horas diarias o devenga un salario mensual menor que el salario mínimo legal. Cabe agregar las preguntas dónde están los programas para apoyar el entrenamiento a los trabajadores que sean desplazados en el campo y de la micro, pequeña y mediana empresa de nuestro país, y cómo  elevar los estándares laborales de Nicaragua hacia los más altos existentes en Centroamérica.

Las tareas de mejorar la competitividad empresarial y elevar la productividad de la economía son nacionales y no son exclusivas de un agente económico. Son tareas concertadas y no aisladas entre los agentes económicos, el Estado, los empresarios y los trabajadores, y también mencionaría  a la Comunidad Internacional debido a las condiciones de subdesarrollo económico de nuestro país y de pobreza de nuestra población.

No estar preparados para la liberalización comercial con EE UU, mejor dicho con el establecimiento del arancel cero a un segmento importante de las importaciones de bienes realizadas por Nicaragua, podrá tener efectos negativos en la producción, el empleo y el déficit comercial externo del país. En otras palabras, están latentes los riesgos del cierre de empresas nicaragüenses que no son competitivas por sus altos costos de producción y, consecuentemente, los precios al productor de sus bienes y servicios son más elevados que los precios de los mismos productos importados desde EE UU; el aumento del subempleo de los trabajadores y de la informalidad del mercado laboral, que desde hace varias décadas es el principal problema estructural del mercado laboral; y la profundización del grave déficit comercial de bienes con el exterior, que en 2014 fue igual a 2 mil 402 millones de dólares y a 20.3% del PIB,  al abaratarse los precios de los bienes de consumo provenientes de EE UU.

La apertura de la economía de Nicaragua con el exterior, construida por la proliferación de tratados de libre comercio y el anémico crecimiento económico del país, es total o plena desde el año de 2010 al representar la suma de las exportaciones e importaciones de bienes y servicios no factoriales más del 100% del PIB (106% en 2014). Con este precedente y con la próxima eliminación de los aranceles a la importación de productos estadounidenses, las actividades económicas de Nicaragua que estarían expuestas a un mayor riesgo con son las llamadas “islas” que tienen poco efecto arrastre, o sea, no demandan mucha materias primas nacionales, y tienen poco efecto hacia adelante, es decir, sus productos no son muy demandados como materias primas por otras industrias.

Entre las actividades económicas “islas” que presentan poco encadenamiento con otras actividades económicas y que destinan gran parte de su producción al consumo en el mercado local se distinguen las de frijol, soya, vegetales, hortalizas, frutas, aceites y grasas comestibles, tortillas, bebidas no alcohólicas, prendas de vestir, calzado, jabones, productos farmacéuticos e informática. La mayoría de las empresas que ofrecen estos productos en el mercado interno se clasifican como microempresa, pequeña empresa y mediana empresa.

El arancel cero a la importación de productos estadounidenses también podría afectar a ciertas actividades económicas “motores”´ del país, que demandan muchos insumos nacionales e impulsan el crecimiento económico, tales como el sorgo, embutidos, productos lácteos, productos de panadería y productos de cuero,

Como es usual en nuestro país, urge un diálogo nacional para enfrentar apropiadamente los riesgos de la liberalización comercial que se avecina en el marco del DR-CAFTA.





Dejamos de ser un país pobre en el Banco Mundial

29 05 2015

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Trinchera de la Noticia, dirigida por el destacado periodista Xavier Reyes Alba, me entrevistó ayer sobre las implicaciones en la cooperación internacional que recibe Nicaragua, ahora que es clasificado como un país de ingreso medio bajo por el Banco Mundial. La entrevista se concentró en la pérdida de la concesionalidad en la contratación de nueva deuda pública de Nicaragua, la reducción de las donaciones de recursos externos y los impactos esperados en el saldo de la deuda externa y en el presupuesto de la República. A continuación, presento mis respuestas a sus preguntas.

De acuerdo con la actual clasificación de los países según sus niveles de ingresos presentada por el Banco Mundial (BM/IDA), Nicaragua dejó de ser un país pobre, es decir, dejó de ser un país con un nivel de  Ingreso o Producto Nacional Bruto (PNB) Per Cápita de US$1,035 o menos en el año de 2005, según los datos actualizados del sistema de cuentas nacionales del país que tiene como año base el de 2006. Pero fue hasta en mayo de este año que el BM/IDA reconoció a Nicaragua como un país de ingreso medio bajo, pero se encuentra en los niveles más bajos de esta clasificación al reflejar en 2014 un PNB Per Cápita de US$1,879, ubicado en el rango de entre US$1,036 y US$4,085 según la clasificación del BM/IDA para este tipo de países.

El elemento de concesionalidad mínimo que tenía Nicaragua antes de 2013 era de 35%, ya que el cuarto programa económico trienal suscrito con el Fondo Monetario Internacional (FMI) expiró en diciembre de 2012. Sin embargo, Nicaragua siempre ha contratado nueva deuda por encima de dicho elemento de concesionalidad y, a manera de ejemplo, en 2014 contrató nueva deuda externa pública por US$663 millones con un elemento de concesionalidad de 50.8%, que se explica en términos promedio ponderado con un plazo de  32 años plazo, 16 años de gracia y 2.3% de interés.

Cabe aclarar que el elemento de concesionalidad es la porción del préstamo que constituye una ayuda financiera y se define como la diferencia en términos porcentuales entre el valor nominal del préstamo y el valor presente (VP) de todos los pagos del préstamo.

Con la noticia recientemente manifestada por el asesor económico presidencial, Comandante Bayardo Arce, que Nicaragua dejó de pertenecer a ese extraño club de países pobres, nuestro país dejará de percibir US$30 millones anuales donados por el BM/IDA. En otras palabras, Nicaragua continuará recibiendo donaciones del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la Unión Europea (UE), el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) y de las agencias del Sistema de Naciones Unidas, así como de países que continúan donando recursos al sector público de Nicaragua, tales como Canadá, Alemania, Suiza, España y Japón.

El hecho de que nuestro país ya no es pobre o no es un país “AIF”, sino que pertenece al club de países de ingreso medio bajo, implica que el BM/IDA podrá conceder a nuestro país, por haber mantenido durante 3 años consecutivos un PNB per Cápita de US$1,215, el tratamiento de “AIDA Gap” en la concesión de préstamos, o sea, préstamos con cierto nivel de concesionalidad, pero ya no exigirá a nuestro país a que mantenga la condicionalidad de 35% antes mencionada. Por esto, aún Nicaragua no se ha graduado en el Banco Mundial para que se le conceda un tratamiento “AIDA Blend”, con el cual podrá recibir tanto préstamos para países AIF como para países “AIDA Gap” de parte del BM.

¿Conviene a Nicaragua buscar un nuevo endeudamiento no concesional, como lo insinuara públicamente el asesor económico presidencial? Creo que no, porque el país aún no tiene una gran capacidad de ejecución de proyectos ni tiene capacidad de pago en términos comerciales en el mercado financiero internacional, y porque existen otras alternativas de endeudamiento menos costosas para continuar financiando la ejecución de los proyectos públicos. El ministro de Hacienda y Crédito Público, Iván Acosta, podrá salir al exterior a colocar bonos soberanos, pero los colocaría con elevadas tasa de interés, lo cual no sería recomendable. Sin embargo, buscar la calificación de la deuda soberana con una nueva agencia internacional (sólo Moody´s Investor califica actualmente la deuda soberana de Nicaragua), por ejemplo con Fitch o Standard & Poor´s, podría facilitar el endeudamiento del sector privado en el mercado financiero internacional, pero habrá que disminuir el índice de riesgo-país de Nicaragua.

Los riesgos económicos y financieros de Nicaragua son bajos, pero no hay que olvidar que la economía nicaragüense en 2014 todavía se caracteriza por tener una tasa de crecimiento económico insuficiente para reducir las altas tasas de subempleo y desempleo abierto y, por ende, la pobreza; que el Producto Interno Bruto (PIB) Per Cápita de US$1,932 apenas representa el 18% del PIB Per Cápita Mundial y es el más bajo de los países centroamericanos; que el déficit comercial de bienes con el exterior es igual a 20% del Producto Interno Bruto (PIB), aunque el déficit en cuenta corriente de la balanza de pagos, gracias al flujo de las remesas, equivale al 7% del PIB pero es igual al 26% del valor total de las exportaciones domésticas de bienes FOB y del valor neto de la maquila; que las reservas internacionales netas en las arcas de la banca central sólo representan 4.4 meses de importaciones de bienes CIF; y que, aún con una muy buena estabilidad macroeconómica, el índice de sobrevaluación del córdoba continúa siendo alto al ser mayor que un dígito. A todo lo anterior se adicionan los riesgos políticos, que son los que elevan el índice de riesgo-país de Nicaragua.

Sin embargo, se observan algunos indicadores económicos de 2014 que ayudan a Nicaragua a buscar una mejor calificación de su deuda pública: el saldo de la deuda pública externa representó el 40.6% del PIB, no obstante el crédito petrolero de Venezuela se registra como una deuda privada externa y Nicaragua aún no se ha graduado en la Iniciativa para Países Pobres Muy Endeudados al estar pendiente la reestructuración del 25% del saldo contable de la deuda pública externa; el pago del servicio de la deuda pública externa, intereses y amortizaciones, representa el 4.1% del valor total de las exportaciones domésticas de bienes FOB y del valor neto de la maquila; la tasa de inflación anual es de un dígito, que oscila entre 6% y 7% con la suma de la tasa de devaluación nominal y la tasa de inflación internacional (?); y el déficit fiscal es equivalente a 1.3% del PIB, porque la deuda petrolera no se registra debajo de la línea del déficit en el presupuesto gubernamental.

Por consiguiente, estimo que Nicaragua continuará contratando deuda concesional, inclusive con el Banco Mundial porque aún no somos un país “AIDA Blend”, y por esto no habrá un impacto negativo en la cartera de proyectos de inversión pública. Nicaragua también continuará recibiendo donaciones externas, excepto del Banco Mundial que en 2014 participó con el 13% (US$29 millones) en el monto total de las donaciones externas que recibió el sector público de nuestro país (US$232 millones). La deuda pública externa continúa creciendo, pero lo está haciendo a un ritmo menos acelerado que el crecimiento del PIB Nominal, por lo que disminuye el riesgo de que Nicaragua vuelva a ser un país severamente endeudado en términos de producción, pero con el artificio macroeconómico de que el crédito petrolero es una deuda privada externa. Finalmente, sugiero que el gobierno de Nicaragua concluya, con la ayuda del FMI que fue el coordinador mundial de la Iniciativa HIPC, la reestructuración pendiente de la deuda pública externa con 7 países que no son miembros del Club de París, para mejorar la calificación de nuestra deuda soberana.





Vamos bien, pero hay que resolver muchas cosas

26 05 2015

Presentación1

Comparto la afirmación del asesor económico de la Presidencia de la República, Comandante Bayardo Arce, del avance que muestra la economía nacional  en varios de sus flancos, pero no en todos como lo dejó a entrever el servidor público. La macroeconomía está muy bien, pero, reitero, es bastante frágil, mientras que la microeconomía está bastante mal al retratarse con la justedad del salario promedio nacional y el valor de los 23 alimentos básicos que están incluidos en la canasta de consumo básico y con el 80% del mercado afectado por la creciente informalidad.

Me referiré a pocas cifras macroeconómicas y enfatizaré el tema de la política macroeconómica. El asesor presidencial afirmó que en este año la tasa de crecimiento económico prevista es 4.7%, o sea, el punto medio del rango de 4.5% y 5.0% que señaló el presidente del Banco Central de Nicaragua (BCN), Ovidio Reyes hace tres meses. Sin embargo, estimo que Nicaragua ya dejó el estadio de crecimiento de entre 4% y 5%, no sólo por los importantes proyectos de infraestructura económica ejecutados por el sector público, sino también porque más del 70% de la inversión fija del sector privado corresponde a la inversión extranjera directa, que el asesor cifra en US$1,700 millones en el año en curso, 13% mayor que el dato aún preliminar de 2014. Además, el proyecto hidroeléctrico TUMARÍN ya se inició, aunque tardíamente, por lo cual se puede concluir que no podrá ejecutar el total de US$200 millones en el primer año de los cuatro que dura la ejecución de este proyecto y que tiene un costo de US$1,100 millones.

La tasa de inflación se perfila, según el Comandante Arce, en 6%, sólo medio punto porcentual por debajo de la del año pasado y es el límite mínimo del rango de 6% a 7% que manifestara Ovidio Reyes a inicios del año. Creo que la presión inflacionaria será menor que 6%, a pesar que las caídas de los precios internacionales del petróleo y de los combustibles no se canalizan adecuadamente en los precios locales de los derivados del petróleo. La hipótesis de US$70 por barril de crudo WTI la observo muy desproporcionada, porque la guerra de precios en el mercado internacional del petróleo apenas se está iniciando. COPADES, la firma que dirijo, pronostica que la tasa de inflación se aproximará a 5.4% en 2013, con un precio promedio del barril de petróleo WTI de al menos  US$55 y a lo sumo US$60.

Coincido con la apreciación del Comandante Arce que el modelo de alianza entre el gobierno, los empresarios y los trabajadores, aunque implementado en forma bilateral y no multilateral, es muy importante para el desempeño de la economía nacional, sencillamente porque la oposición política no es sólida, está muy dividida y no cuenta con una estrategia socioeconómica alternativa a la que tiene la alianza política en el poder. Comparto también su opinión que el objetivo del programa gubernamental es generar riquezas y reducir pobreza, pero esto se logra vía inversión, porque no existe el populismo económico “responsable” y con políticas públicas para redistribuir el ingreso con una mayor equidad.

En este ámbito, es necesario resolver el problema estructural del gasto público de que sólo C$22 de cada C$100 se destinan a la inversión –los servidores públicos sólo piensan en reformas tributarias-, que facilite el impulso del gasto de inversión de los empresarios nicaragüenses que en 2014 fue igual a 30% del gasto de inversión fija del sector privado, ampliar y mejorar la calidad de la educación primaria y secundaria, restablecer la educación técnica media y superior, transferir tecnología a los propietarios de microempresas y pequeñas empresas y fortalecer la banca de fomento aunque ahora es de propiedad mixta (pública y privada). Reitero que el punto central de la agenda gubernamental es promover la competitividad empresarial y elevar la productividad de la economía.

Sin embargo, difiero en las afirmaciones del asesor económico presidencial sobre la política macroeconómica. Nicaragua aún no cuenta con un presupuesto sostenible y equilibrado, dado el artificio macroeconómico del registro del crédito petrolero facilitado por Venezuela como una deuda privada externa, y tampoco tiene una balanza de pagos sostenible porque el déficit comercial de bienes con el exterior, de 20% del Producto Interno Bruto (PIB), es uno de los más altos de Latinoamérica.

Nuestro país, aunque se clasifica como un país ingreso medio bajo al tener en 2014 un ingreso nacional bruto per cápita de US$1,790 –pero estamos entre los más bajos, porque el ingreso nacional bruto de estos países se ubica en un rango de US$1,036 a US$4,085 según el Banco Mundial-, continúa siendo un país muy endeudado en términos de producción –la deuda pública externa e interna representó el 49% del PIB y estimo que el saldo de la deuda petrolera con Venezuela asciende al 22% del PIB- y, peor aún, no nos hemos graduado en la Iniciativa para Países Pobres Muy Endeudados (PPME o HIPC por sus siglas en inglés) porque el 25% del saldo contable de la deuda pública externa se encuentra pendiente de reestructuración con siete países que no son miembros del Club de París, entre los que se destacan por los montos adeudados Costa Rica, Libia y Honduras.

La estabilidad macroeconómica es una realidad, pero es frágil. Las reservas internacionales brutas siempre garantizarán su igualdad de 2.5 veces la base monetaria con el apoyo voluntario de los grupos financieros del país, aunque retiren en una semana después el exceso de encaje sobre los depósitos en dólares que trasladan al BCN a finales de cada trimestre. Hay que analizar la poca efectividad tanto de la política monetaria del BCN en un mercado excesivamente dolarizado extraoficialmente, con la cual la tasa de inflación es programada por el BCN con la suma de la tasa de devaluación y de la tasa de inflación internacional (?), como de la política cambiaria del BCN que no contribuye a reducir la gran brecha comercial de bienes en la balanza de pagos y conduce a endeudarnos más con los acreedores internacionales, atraer más inversionistas extranjeros y esperar que la economía estadounidense se dinamice para obtener un mayor flujo de remesas familiares. Además, no existe una política financiera coordinada por la autoridad monetaria, porque el Consenso de Washington, ya enterrado por el G-7, se la dejó al mercado, de tal manera que la tasa de interés no juega ningún papel para administrar una tasa de inflación baja y estable en nuestro país.








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