Busquemos el fortalecimiento de la supervisión bancaria

29 08 2021

El diario oficial La Gaceta publicó el jueves 26 de agosto recién pasado tres leyes de reforma que apuntan al fortalecimiento del control sobre el origen lícito del capital de las instituciones financieras, al modificar un artículo de la Ley General de Bancos, Instituciones Financieras no Bancarias y Grupos Financieros, tres artículos de la Ley de Mercado de Capitales y un artículo de la Ley de la Superintendencia de Bancos y de Otras Instituciones Financieras (SIBOIF) para prevenir el lavado de activos, el financiamiento al terrorismo y el financiamiento a la proliferación de armas de destrucción masiva (LA/FT/FP).

Cualquier funcionario bancario, desde un director o un gerente hasta cualquier otro empleado, puede ser sancionado si infringe o incumple las prevenciones antes mencionadas. En el caso de que aumentaran los riesgos legales, operacionales o reputacionales, o se incumplan las disposiciones administrativas, resoluciones e instrucciones de la SIBOIF, las sanciones pecuniarias por cada infracción también son clasificadas como menos graves, graves y muy graves. La SIBOIF podrá aplicar una gama de sanciones de forma gradual si se infringe el marco legal y normativo contra LA/FT/FP, que pasan por la suspensión temporal de las operaciones afectadas, la cancelación de la autorización otorgada, planes de acción a implementarse, amonestaciones, separación temporal de miembros de junta directiva, representantes, presidente ejecutivo, gerente general, el administrador de la prevención de LA/FT/AP o su suplente y el auditor interno.

En cuanto al mercado de capitales, la reforma actualizó las multas por el tipo de gravedad de la infracción, pero el monto de la multa se duplica por la infracción de un hecho ya ocurrido en un período de 12 meses; en conjunta con esas multas individuales, se modificaron las infracciones a las normativas y a las instrucciones de la SIBOIF, tales como la suspensión del tipo de actividades realizadas por el infractor en un plazo no mayor de 5 años, la suspensión de la condición de miembro del mercado secundario, la prohibición de decretar y distribuir utilidades, la amonestación pública por casos muy graves, la amonestación privada por casos graves, la implementación de planes de acción y la separación temporal o definitiva de funcionarios con cargos similares a los mencionados en el caso de los bancos; y se incluyeron sanciones a las instituciones. 

Si analizamos estas reformas sin ningún sesgo que no sea financiero, podemos concluir que se fortalece el control de la SIBOIF sobre LA/FT/FP y se consolida el reconocimiento del Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI) a la Unidad de Análisis Financiero (UAF) de Nicaragua, que vela por el origen lícito, y agregaría también por el destino, de los recursos financieros.

Sin embargo, el momento político actual que vive el país obliga a meditar sobre la aprobación de estas reformas. Las acusaciones de los delitos de lavado de dinero, bienes y activos y otros que el Ministerio Público ha hecho en contra de varios nicaragüenses, rápidamente se pueden relacionar con las reformas a las tres leyes arriba mencionadas, que persiguen a esos delitos.

En un escenario caracterizado por la ausencia del diálogo entre los representantes del gran capital y las autoridades gubernamentales, las reformas de las leyes de las entidades bancarias y financieras y del mercado de capitales, podrían ser interpretadas como otro mecanismo de presión, en manos de una SIBOIF más poderosa, que fortalecería no sólo sus funciones de supervisión, sino también la poca convivencia entre los agentes económicos y sociales del país.

Es obvio que la opción que le conviene más al país es fortalecer la supervisión del origen lícito de los fondos intermediados por el sistema financiero nacional. Sin lugar a duda, la supervisión de la SIBOIF debe fortalecer a la banca comercial que radica en Nicaragua.





El dinero y la inflación

22 08 2021

Los datos de los agregados monetarios al 31 de julio recién pasado, recientemente publicados por el Banco Central de Nicaragua (BCN), indican que en los primeros siete meses de este año el público no bancario no incrementó su preferencia en la tenencia de dinero o medio circulante (M1) al haber acumulado una disminución de 7.8% desde diciembre de 2020, mientras que la tasa de variación relativa interanual del M1, de julio 2020 a julio 2021, fue un aumento de 23.3% por el “efecto base” resultante de tres años consecutivos de recesión económica del país.

En otras palabras, la demanda precautoria de bienes y servicios de las familias se manifestó con la reducción de su gasto de consumo, la cual se ha mantenido en forma consecutiva desde 2018 hasta el presente, y que también ha sido impulsada por el desempleo y el subempleo resultantes del cierre temporal o de permanente de empresas, no obstante el reciente crecimiento económico interanual levísimo (tomando en cuenta el “efecto base”) de 2.1% del Índice Mensual de Actividad Económica (IMAE) promedio anual observado a mayo de 2021, con a reactivación de las actividades de la Construcción, el Comercio y la Industria Manufacturera.

Por consiguiente, la gente, con sus activos monetarios, prefirió elevar sus depósitos de ahorro y a plazos en moneda local, lo que los economistas llamamos cuasi o casi dinero, cuyo saldo mostró un aumento acumulado de 12.2% y un aumento interanual de 23.6%. La gente está ahorrando más, una conducta esperada de los consumidores por la prevalencias de las crisis, que no tienen raíces económicas, desde abril de 2018.

M2, que es la suma de los saldos del medio circulante y del cuasidinero en moneda local, apenas creció a un ritmo acumulado de 0.4% y con una tasa interanual de 20.5%.      

El saldo de todo tipo de depósitos en moneda extranjera en la banca comercial aumentó US$123.2 millones, hasta US$3,251.1 millones, en el transcurso de este año, y mostró una tasa de crecimiento acumulado de 3.2% y una tasa interanual de 13.6%. El saldo máximo histórico de los depósitos en moneda extranjera de US$4,115,0 millones registrado el 12 de abril de 2018 aún está lejos de alcanzarse.

M3, que es la suma de los activos líquidos en moneda nacional y de los depósitos en moneda extranjera, se incrementó con una tasa acumulada de 3.9% y con una tasa interanual de 13.6%.

La presencia del córdoba no es muy relevante en el mercado monetario local. La economía de Nicaragua ha tenido una dolarización extraoficial excesiva desde el inicio de la década de los noventa del siglo pasado, de tal forma que establecimiento de la cláusula de mantenimiento de valor establecida el 3 de marzo de 1991 no estimuló la confianza del público para incrementar los depósitos en córdobas, en un momento en que los agentes económicos tenían una memoria inflacionaria muy corta porque el país estaba saliendo de la cuarta hiperinflación del Siglo XX.

Al 31 de julio de 2021, como porcentajes de la liquidez global de la economía (M3), el dinero o medio circulante (M1), o el córdoba sin mantenimiento de valor, fue igual a 27.1%; el cuasidinero o el córdoba con mantenimiento de valor, que es un dólar disfrazado, igualó el 10.8%; y los depósitos en moneda extranjera fueron equivalentes a 62.1%. Podemos obtener rápidamente conclusión: De las tres monedas existentes en el país, el dólar estadounidense es la más importante del mercado local, aún con la reducción que tuvo con la fuga de US$1,300 millones en el período abril 2018-marzo 2019, mientras que la moneda de curso legal, el córdoba, tiene una presencia secundaria o marginal. Con una dolarización extraoficial normal, el córdoba participaría, al menos, con el 75% en la liquidez global de la economía nacional.   

El dinero o M1, compuesto por los córdobas que circulan en el mercado fuera de las entidades financieras, es decir, los córdobas disponibles en los hogares y en las cajas de las empresas no financieras, es una variable económica poderosa para pronosticar la tasa de inflación. Sin embargo, hay que evitar la falacia de que un incremento de la oferta de dinero se traduce directamente en inflación sin causar un sobrecalentamiento económico en el camino.

El Banco Central de Nicaragua (BCN) no controla M1 ni M2, sino solamente la suma de la “Base Monetaria” (M0), que es igual a la suma del saldo de la emisión de dinero y del saldo de encaje sobre los depósitos en la entidades financieras (o porcentajes de esos depósitos que dichas entidades depositan en el BCN). El BCN sólo controla esa suma, pero no controla a los dos sumandos de M0, porque la gente puede decidir retirar moneda de los bancos o devolverla. Por consiguiente, el BCN podría impulsar la curva del ciclo económico hacia arriba o hacia abajo con una operación bastante simple: que M0 aumente o disminuya lo suficiente.

Las alzas actuales de los precios al consumidor se pueden explicar con el “efecto base”, porque el índice de precios al consumidor (IPC) mensual de este año se está comparando con el del mismo mes del año pasado en el que la economía se paralizó por la pandemia del COVID-19, y con el leve aumento de la demanda interna provocada por la leve reactivación económica de este año. 

«La inflación es siempre y en todas partes un fenómeno monetario», dijo el profesor Milton Friedman, padre del monetarismo. Bien, el BCN ha estado reduciendo M0 en el transcurso de este año, y al final de 2021 estimo que se expandirá dos dígitos cercano al nivel de 15%, pero la tasa de inflación será de un dígito y bastante cercana al 6%, impulsada principalmente por los precios internacionales de las materias primas, ente las que se destaca el petróleo y sus derivados.

Sé que aceleración de la tasa de inflación es un motivo de preocupación para los empresarios. En las actuales circunstancias, un desafío del BCN es que pueda separar el ruido en los datos de inflación publicados por el INIDE, un ruido que se escucha a medida que la economía de Nicaragua se reabre. Quizá una forma de saber interpretar y entender la presión inflacionaria sería promediar la tendencia del IPC en vez de continuar observando la tasa de inflación con respecto al mes anterior, la tasa de inflación acumulada en el año y la tasa de inflación interanual.

Para evitar ese ruido inflacionario, en mis charlas a los empresarios he adoptado la lectura de la tasa de inflación del PIC subyacente, que excluye los precios de los alimentos y de los combustibles, el cual se aproxima bastante al concepto de inflación inercial: excluyendo los precios muy volátiles de los alimentos y los combustibles, la tasa de inflación subyacente interanual se mantendrá en un rango de 4% a 5% y cualquier disminución o aumento de los extremos de ese rango porcentual será transitorio.





No hay riesgos de inestabilidad macroeconómica en el horizonte

15 08 2021

¿Cuál es la presión inflacionaria en Nicaragua a julio del año en curso, cuando hemos observado en mayo un notable crecimiento del procesamiento industrial de oro, la reapertura de empresas comerciales, la creciente ejecución de proyectos de construcción pública y el repunte de la producción industrial manufacturera, después de tres años de recesión económica?

Sólo cuatro actividades económicas presentaban importantes tasas de crecimiento positivas en sus volúmenes de producción en mayo de este año; otras seis actividades económicas crecieron muy levemente, pero también muy cercanas al estancamiento (0%), entre ellas las actividades agropecuarias, administración pública y enseñanza y salud; finalmente, otras siete actividades económicas encontraron su desempeño productivo en el plano negativo, por ejemplo, hoteles y restaurantes, energía eléctrica y agua potable, intermediación financiera y transporte y comunicaciones. Según los datos publicados por el Banco Central de Nicaragua, la tasa de crecimiento interanual del Índice Mensual de Actividad Económica promedio anual fue 2.1% a mayo recién pasado.      

D acuerdo con los datos del Instituto Nicaragüense de Información de Desarrollo (INIDE), la tasa de inflación interanual (de julio 2020 a julio de 2021) fue 4.12%, y la tasa de inflación acumulada en este año (de diciembre 2020 a julio 2021) se ubicó en 2.60%. Son tasas relativamente normales para nuestro entorno económico, no obstante el impacto de los riesgos políticos que dinamizan las incertidumbres económicas de mediano plazo.

Sin embargo, una variante de la presión inflacionaria inercial en el mercado local, o sea, la tasa de inflación subyacente interanual, que no incluye los precios volátiles de los combustibles y los alimentos, fue igual a 4.92%, y la considero normal para el país por estar en el rango de [4%, 5%] que establecí hace meses para la lectura inflacionaria con la presencia del “efecto base”: el índice de precios al consumidor (IPC) subyacente a julio de 2020 creció 3.06%, una tasa bastante baja debido a los shocks de oferta y demanda del COVID-19.

El brote inflacionario de este año es transitorio y, por lo tanto, puede ser tolerable. ¿Cuánto tiempo? Todo este año. Considero que una tasa de inflación subyacente interanual que se desplace de 5% a 6% comenzará a importar al BCN porque puede afectar a la decisión inversionista de las empresas, ya impactada por el riesgo político, y al gasto de consumo de los hogares, porque los salarios nominales han permanecido congelados en los últimos cuatro años.

Sin olvidar el “efecto base”, las mayores tasas de inflación interanuales por divisiones de productos, según el INIDE, se observan en los precios de las bebidas alcohólicas y el tabaco, con 15.39% por las alzas a las tasas tributarias al consumo de los dos productos, y en los precios del transporte, con 13.06% por las alzas de los precios internacionales de los combustibles líquidos. Por su parte, los precios de los alimentos y bebidas no alcohólicas subieron interanualmente 3.70%, y los precios que menos crecen son los de restaurantes y hoteles, con 1.08% debido a la menor demanda de sus servicios por la presencia del COVID-19.

No dudo que la estabilidad macroeconómica, es decir, la estabilidad del tipo de cambio y del índice de precios al consumidor, se va a mantener y es esencial que haya una coordinación estrecha entre el Ministerio de Hacienda y Crédito Público (MHCP) y el BCN, dentro de un marco de responsabilidad fiscal y monetaria.

El BCN informó que al 31 de julio recién pasado el saldo de las reservas internacionales brutas ascendía a US$3,638.7 millones, con un aumento acumulado anual de US$426.8 millones, y era equivalente a 3.28 veces el saldo de la base monetaria, es decir, el saldo de la emisión de dinero más el saldo de los depósitos de encaje en moneda local, un nivel que está por encima del mínimo de la condicionalidad que es 2.5 veces la base monetaria, y además, el saldo de dichas reservas supera fácilmente los 8 meses de importaciones de bienes CIF del país (el mínimo de esta otra condicionalidad de la estabilidad macroeconómica es entre 5 y 10 meses).

No debería preocuparnos la lectura de que la variación interanual del saldo del numerario o del dinero que circula fuera de las entidades financieras, o sea, que circula en las empresas no financieras y los hogares, fue igual a 23.34%, y tampoco debería preocuparnos la lectura de que el saldo del medio circulante o de dinero, que incluye el numerario y los depósitos en cuenta corriente, también aumentó interanualmente 19.25%. Estos nuevos números de 2021 reflejan la profundidad de las cicatrices de 2020.

Preveo que las expectativas de inflación a mediano plazo permanecen ancladas por la administración de la política monetaria del BCN, a veces demasiado restrictiva que desacelera la expectativa de la tasa de crecimiento. Reconozco que pronosticar la tasa de inflación del mercado local en el corto plazo es bastante difícil, con diversas crisis que cruzan el ámbito político interno y los shocks de oferta y demanda de la pandemia mundial, dos problemas que no tienen una causa de índole económica. Además, en este año, se espera que los precios internacionales de las materias primas, petróleo y alimentos, aumente 27.1% en 2021 y se prevé que disminuya 3.7% en 2022.

Otro ejemplo de la estabilidad macroeconómica son los niveles de las brechas cambiarias, que han permanecido en mínimos. En las ventanillas de las entidades bancarias, el promedio de la brecha entre el tipo de cambio oficial y el tipo de cambio para la compra del dólar es -1.53%, mientras que la brecha con respecto al tipo de cambio para la venta del dólar es +0.84%. La liquidez en córdobas está muy bien administrada, aunque a veces con excesivas restricciones que obstaculizan las transacciones en el sector real de la economía por el lado de la oferta, o sea, en la producción de bienes y servicios. Cabe recordar que en el modelo monetario del BCN el producto interno bruto (PIB) real es una variable exógena, además de que el BCN no tiene el mandato legal de garantizar el pleno empleo.

El único riesgo inflacionario que preveo es la espiral salario-precios. Después de cuatro años de congelamiento salarial, excepto el salario mínimo parcialmente ajustado, los sindicatos han adquirido cierta fortaleza para demandar un ajuste salarial. Será necesaria la ecuanimidad en la aprobación de la decisión para evitar una posible espiral inflacionaria provocada por una tasa de ajuste salarial significativa, diría un ajuste cuantioso en un momento en que tratamos de salir de un hoyo económico profundo.      





El desempleo, abierto y equivalente, está lejos del nivel precrisis

8 08 2021

En el primer trimestre de 2021, la tasa de desempleo abierto de 4.9% (?!) había descendido de un máximo histórico reciente de 6.2% correspondiente al tercer trimestre de 2018, después de que la recesión económica durante el trienio 2018-2020 había destruido, en términos promedio anual, 199,731 puestos de trabajo de sector formal de la economía, según el Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS).

Producto de tres impactos severos, como han sido el problema político interno imperante desde abril de 2018, la reforma tributaria anticíclica de febrero de 2019 y la pandemia mundial del Covid-19 que se presentó en el país en abril de 2020, la reducción del  número de cotizantes de la seguridad social fue mayor en las actividades productoras de servicios que en las de bienes.

En ese trienio de 2018-2020, y en orden de importancia, el comercio perdió 82,148 trabajadores; el cierre permanente y temporal de empresas que ofrecen servicios comunales, sociales y personales, tales como esparcimiento cultural y deportivo, y mantenimiento o reparación de automotores y artículos personales o domésticos, desalojó del mercado laboral a 44,875 trabajadores; y las entidades financieras e inmobiliarias despidieron a  20,107 personas.

Las actividades económicas que observaron un menor impacto del desempleo fueron minas y canteras, con una disminución de 583 puestos de trabajo; la planilla de la generación de electricidad y el suministro de agua potable y servicios de alcantarillado reflejó una reducción de 844 trabajadores; y las empresas de transporte y comunicaciones redujeron su personal en 5,496 personas.

Tres actividades económicas que actualmente contribuyen con el 37% en la formación del producto interno bruto (PIB), perdieron 45,678 puestos de trabajo formal. Son los de la construcción, 14,236;  de las actividades primarias (agropecuaria, pesca y silvicultura), 14,759; y de la industria manufacturera, 16,683.

¿Se ha recuperado el mercado laboral de la destrucción de 199,731 puestos de trabajo formal, que, según mis cálculos, representaban el 5% de la población económicamente activa en 2020? Mi respuesta es no.

Con el leve crecimiento económico que se ha observado en los primeros cuatro meses de este año, el número promedio de trabajadores que cotizan la seguridad social observó el aumento de 35,540 personas durante ese mismo período. Por lo tanto, faltaría restablecer 164,191 puestos de trabajo formal para alcanzar, de nuevo, el total de trabajadores cotizantes de la seguridad social en 2017 y, además, no estamos tomando en cuenta que en el trienio 2018-2020, según mis cálculos, la población económicamente activa (PEA) se incrementó en 394,290 personas.

Con estos datos recientes, la política macroeconómica tendría que estimular la inversión privada y dar un mayor espacio fiscal, sólo con una fuente de financiamiento multilateral, a la inversión pública para construir 558,481 puestos de trabajo, sin tomar en cuenta la presencia del ejército de desempleados existente en 2017, que lo estimo en 760,150 personas e igual a 21.3% de la PEA.

Se puede concluir que el gran total de los desempleados abiertos, que no trabajan ni un día, y de los desempleados equivalentes generados por el subempleo, que trabajan menos de 8 horas diarias, ascendería a 1,318,631 personas e iguala el 33.2% de la PEA. A manera comparativa, el INIDE publicó que en el primer trimestre de este año, el 30.5% del total de ocupados (no de la PEA) se encontraba inactivo, o sea, el 30.5% de la personas en edad de trabajar, de 14 años y más que es la oferta potencial de trabajo de la economía, estaba inactivo.  

No hay dudas de que los trabajadores están comenzando a regresar a la ocupación en este año, impulsados por el leve crecimiento de la producción de bienes y servicios, lo que se comprueba con la tasa de crecimiento interanual de 2.1% del Índice Mensual de Actividad Económica (IMAE) promedio anual a mayo recién pasado; sin embargo, sin una amplia cobertura de las vacunas contra el Covid-19 en la población nicaragüense, el surgimiento y la posible propagación rápida de la variante Delta representa una amenaza para la recuperación y podría retrasar el regreso de los trabajadores y continuar elevando la tasa de desempleo abierto y la tasa de desempleo equivalente generado por el subempleo.

Se necesitan más avances en el mercado laboral, porque la tasa de participación en la fuerza laboral de 69.5%, es decir, el porcentaje de la PEA con respecto a la población en edad de trabajar, continúa por debajo del máximo histórico trimestral de 74.1% correspondiente al primer trimestre de 2017.

También no debemos dejarnos impresionar por el “efecto base” de las tasas de variaciones relativas interanuales de la producción, de los precios al consumidor, del gasto de inversión, del medio circulante o dinero, porque reflejan en 2020 los efectos de las crisis extraeconómicas observados desde 2018, ya que esas variaciones surgen de cicatrices económicas profundas.

Esas tasas de variaciones relativas interanuales de 2021 tienden a ser “ruidosas” con interpretaciones “engañosas” que no facilitan información hacia donde nos dirigimos en 2022, por lo cual es aconsejable tener cierta prudencia al referirnos principalmente al crecimiento económico, el empleo, la inflación y la liquidez en el corto y mediano plazo. La recuperación de los mínimos históricos de desempleo y de pobreza observados en 2017 están lejos de completarse.

En conclusión, a pesar del aumento de 35,540 personas en el mercado laboral formal durante los primeros cinco meses de 2021, más de 164 mil nicaragüenses permanecen sin trabajo formal que en 2017, aunque algunos de estos trabajadores no volverán. Y el principal problema estructural del mercado laboral, el subempleo, continúa expandiéndose.





La Economía de Nicaragua: Evaluación 2021 y Perfil 2022

6 08 2021




Estamos en un momento económico extraño

1 08 2021

Las nuevas tasas de crecimiento de la producción y de los precios al consumidor de Nicaragua en mayo y de este año, o sea, el crecimiento económico y la inflación, están reflejando lo severa que fue la continua recesión económica observada en el trienio 2018-2020.

El informe del Índice Mensual de Actividad Económica (IMAE) de mayo 2021 elaborado por el Banco Central de Nicaragua (BCN) indica que “Las actividades con mayor crecimiento en ese mes fueron: explotación de minas y canteras, 118.0 por ciento; hoteles y  restaurantes, 64.2  por ciento; pesca y acuicultura, 34.9 por ciento; industria manufacturera, 34.6 por  ciento; comercio, 27.6 por ciento; construcción, 14.6 por ciento; y energía y agua, 14.3 por ciento.” Ah! Olvidaba agregar que esas tasas de crecimiento por actividad económica están asociadas con una tasa de crecimiento del IMAE de 15.4 por ciento. Esperamos que, sin olvidar el “efecto base”, estas tasas de crecimiento se normalicen pronto.    

Dos riesgos muy importantes sobre la recuperación del desempeño de las actividades económicas del país están a la vista: el problema político imperante desde abril de 2018, con las secuelas de las sanciones financieras internacionales que afectan principalmente la inversión pública en infraestructura económica y social, y la propagación de variantes más contagiosas del COVID-19, como son las variantes Delta y Delta-Plus, un desafío para los países de economía en desarrollo de bajos ingresos con bajas tasas de vacunación, entre los cuales se encuentra Nicaragua. 

El último dato del índice de precios al consumidor (IPC) nacional elaborado por el Instituto Nacional de Información de Desarrollo (INIDE) corresponde a junio de 2021, y muestra una tasa de inflación acumulada en el año (de diciembre de 2020 a junio de 2021) de 2.24 por ciento con una aceleración de un 1 punto porcentual comparada a la acumulada a junio de 2020, y una tasa de inflación interanual (de junio de 2020 a junio de 2021) de 3.94 por ciento con una leve aceleración de 0.3 puntos porcentuales con respecto a su nivel registrado en junio de 2020. Sin embargo, la tasa de inflación interanual del IPC subyacente, que excluye los precios al consumidor de alimentos y de combustibles, fue igual a 4.70 por ciento e indica, sin temor de equivocarnos, un anclaje de las expectativas de inflación a corto plazo ubicadas en el rango de [4%, 5%].     

El INIDE también publicó el costo de la canasta de consumo de 53 productos de consumo básico a junio de 2021, que ascendió a C$15,305.34, equivalente a US$435.55, y mostró una tasa de inflación acumulada de 5.36 por ciento en este año hasta junio, y una tasa de inflación interanual de apenas 1.85 por ciento. Sin embargo, en el primer semestre del año en curso el costo de los 23 productos alimenticios de esta canasta de consumo básico se elevó 6.87 por ciento, y los productos que acusaron los mayores aumentos de precios fueron: naranja, 53.13por ciento; pan, 38.60 por ciento; acete comestible, 36.96 por ciento; tortilla, 28.31 por ciento; posta de res, 12.57%; posta de cerdo, 10.54 por ciento; y huevos, 9.77 por ciento. También podemos esperar la normalización de los precios al consumidor de esos productos.

En el corto plazo se podría observar altas tasas de inflación interanuales por la naturaleza de los shocks de oferta de 2020 y los shocks de demanda 2021 generados por la pandemia mundial del coronavirus, la cual no tuvo un origen económico. En 2020 se registraron cuatro meses de deflación y una tasa de inflación anual de apenas 2.93 por ciento, y en 2021 estamos observando un aumento de la demanda de los consumidores y un fuerte aumento de los precios internacionales de las materias primas, principalmente el petróleo y sus derivados.

También tenemos la seguridad que las rápidas alzas de precios desparecerán cuando la economía vuelva a la normalidad, pero ¿cuándo se podría vacunar al menos el 70% de la población del país para que volvamos a la normalidad económica?, ¿cuándo alcanzaremos la Convivencia y el Diálogo para resolver el problema político nacional? No sabemos. Ojalá sea pronto.

Según el Instituto Nicaragüense de Seguridad Social, en términos promedio anual se destruyeron 199,731 puestos de trabajo del sector formal durante la recesión económica, y se han restablecido 35,540 puestos de trabajo promedio mensual en el período enero-mayo de este año. Todavía falta restablecer 164,191 puestos de trabajo para eliminar la pérdida de empleo formal acumulada en los tres años pasados, pero todavía el desempleo, tanto el abierto como el equivalente al subempleo, es muy grande: casi el 30 por ciento de la población económicamente activa, es decir, 1 millón 210 mil personas no generan ingresos a mayo de este año.

El manejo de la política monetaria para enfrentar una tasa de inflación alta resultante de las cicatrices del año pasado, que obvie el hecho de que el IPC tendrá que normalizarse, podría enfriar anticipadamente el crecimiento económico y marginar a los rabajadores. Aunque las tasas de interés del BCN no juegan un papel relevante para reducir un “sobrecalentamiento” de la economía, las colocaciones de Letras a plazo de 1 día están a la mano de la autoridad monetaria y, por el lado fiscal, podría resurgir la medida de reducir la inversión pública, que obligaría a contratar menos trabajadores y enlentecer el crecimiento de los salarios.

Las autoridades gubernamentales tendrían que examinar los pro y los contra del riesgo de la inflación ante la desaceleración del mercado laboral al que todavía le faltan casi 1 millón doscientos mil puestos de trabajo para aproximarse al pleno empleo en el largo plazo, o sea, en más de tres años. Si los consumidores y los empresarios esperan precios más altos, corremos el riesgo de que surja la espiral salario-precio, y elevaría más la inflación. En esta situación, pronosticar la inflación sería una tarea bastante difícil y la programación presupuestaria para las empresas y los hogares también será muy difícil.

Un consejo final. No debemos alegrarnos demasiado con las aceleradas tasas de crecimiento económico ni preocuparnos con las posibles altas tasas de inflación. Las alzas de precios de hoy son de corta duración, no olviden el “efecto base” y no reduzcamos la ambiciosa inversión pública, que es el principal motor del crecimiento económico de hoy.