La recesión económica del país provoca una mayor vulnerabilidad a las empresas no financieras

9 12 2019

En un escenario económico en el cual campean la incertidumbre y la desconfianza de los agentes económicos, la vulnerabilidad de las empresas no financieras, ya sean del sector privado o del sector público, no sólo se profundiza sino también se expande por la persistencia de la recesión económica que se presentó en el país desde el tercer trimestre de 2018. Es muy seguro que la vulnerabilidad cubre a un mayor número de empresas, a medida que ha transcurrido el tiempo.

¿Cuánto ha crecido la vulnerabilidad de las empresas no financieras en Nicaragua? No lo sabemos, porque no hay disponibilidad de información empresarial, que usualmente se publica en países de economía avanzada, donde existe información de mercado. Pero en su empresa, usted puede recopilar y procesar la siguiente información por trimestre, desde el primer trimestre de 2017 hasta el tercer o cuarto trimestre de 2019 y, así, sucesivamente. También la puede estimar mensualmente.

¿Cuál es la variación relativa trimestral del valor agregado (VAB) o resultado económico de la empresa? Determine, por trimestre desde enero 2018, el monto de la suma de las remuneraciones a los trabajadores, la depreciación del activo fijo (edificaciones y maquinaria y equipo), los impuestos indirectos netos de subsidios (si la empresa, por ejemplo, de exportación, los recibiese) y las utilidades brutas (antes del impuesto sobre la renta). Esos totales están valorados en precios corrientes, es decir, en millones de córdobas. Proceda a estimar la variación porcentual de esos montos trimestrales y reste la tasa de inflación trimestral correspondiente, de acuerdo con el Índice de Precios al Consumidor (IPC) Nacional. Si observa reducciones crecientes de los montos “reales” (sin el factor inflacionario), su empresa se ha vuelto más vulnerable.

¿Cuál es el comportamiento del número de empleados de la empresa? Estime la variación porcentual del total de empleados fijos de la planilla empresarial, y si disminuye en forma creciente su empresa está vulnerable.

¿Cuál es la situación de los gastos financieros? El grado de presión financiera que soporta la empresas se determina con el ratio de la cobertura de los intereses (RCI) pagados o gastos financieros, mediante la división del Resultado Económico Bruto (REB = VAB – Gastos del Personal o Remuneraciones) con respecto a los gastos financieros, por un lado, y la división de los ingresos financieros entre sus gastos financieros, por otro lado. Si esa cobertura es menor que 1 durante dos años consecutivos, la empresa está vulnerable, o sea, la empresa no puede cubrir sus gastos financieros con su valor agregado y sus ingresos financieros.

¿Es la rentabilidad del activo (ROA) positiva o negativa? Si la ROA es positiva pero decreciente, o si es negativa, la empresa es vulnerable, lo cual es bastante probable por la recesión económica o por el alza de los costos de producción resultante de la reforma tributaria del 28 de febrero de 2019.

¿Cuál es el nivel de endeudamiento?  Si la proporción o el ratio de la deuda total de la empresa con respecto al activo neto (= activos – la deuda generada por esos activos) o con respecto a los excedentes ordinarios (= REB + ingresos financieros) se ha incrementado, la posición patrimonial de la empresa está más expuesta a las vulnerabilidades.

Con esos cinco indicadores, ustedes, propietarios principalmente de microempresas, pequeñas y medianas empresas (MIPYMEs), que tienen un mayor nivel de vulnerabilidad que el de las grandes empresas, podrán monitorear permanentemente la vulnerabilidad empresarial.

Así como las empresas financieras han estado realizando pruebas de estrés financiero desde hace una década, influenciadas por la quiebra de la banca de inversión de Wall Street en 2007-2008, las empresas no financieras también podrían analizar el impacto de la situación económica del país sobre la vulnerabilidad empresarial en 2020-2021.

Por ejemplo, si continuaran disminuyendo las utilidades brutas, que implicaría la disminución del valor agregado bruto  de la empresa y del empleo, o si continúan subiendo las tasas de interés, que implicaría la capacidad de la empresa para pagar los intereses de sus deuda financieras con el uso de los beneficios ordinarios, ¿cómo responderían las empresas no financieras?





De “perseguido” a protegido político

6 12 2019

11.33 años = 136 meses = 4,136 días de impunidad del presunto delincuente Eduardo Montealegre.

El 2 de diciembre de 2019, Eduardo Montealegre amplió su período de impunidad a 4,136 días al haberme acusado, sin prueba alguna, primero en el diario La Prensa y después en un mensaje electrónico que él circuló desde su casa política Vamos con Eduardo, de que yo era un defraudador del Estado de Nicaragua.

Esas dos acciones irresponsables de Eduardo Montealegre fueron su respuesta a mi análisis que me solicitó la Contraloría General de la República sobre (i) las liquidaciones bancarias ocurridas en el bienio 2000-2001, (ii) la reestructuración de la deuda pública resultante del rescate de los depositantes en la cual el ex banquero y ex político Montealegre cometió presuntos delitos penales en 2003, y (iii) la subasta de los activos de los cuatro bancos liquidados en la cual, también en 2003, el acusado Montealegre cometió otros presuntos delitos penales al no cuidar apropiadamente la cosa pública desde su cargo público de ministro del Ministerio de Hacienda y Crédito Público (MHCP).

Eduardo Montealegre se forjó su imagen de ser el impune más famoso de la historia delictiva penal de Nicaragua, al abusar de la inmunidad que le confería su cargo de diputado cuando lo acusé personalmente, al autodenominarse un perseguido político con mi acusación y al demostrarse que realmente ha sido un protegido político por dos Poderes del Estado de Nicaragua, el Legislativo y el Judicial.

Siempre señalaré públicamente la presunta delincuencia de Eduardo Montealegre, encubierta, primero, por diputados, y después por magistrados de la Corte Suprema de Justicia, el magistrado del Tribunal de Apelaciones de Managua y dos jueces locales de lo Penal de la Circunscripción Managua, que continúan manteniendo la denegación y la retardación de la justicia. Por esto, desistí de mi acusación por la conducta reprochable de los funcionarios judiciales, pero no he renunciado como acusador de ese presunto delincuente. Nadie debe estar por encima de la Ley.





La banca comercial está solvente, pero su rentabilidad ha caído

1 12 2019

De acuerdo con datos oficiales de la Superintendencia de Bancos y de Otras Instituciones Financieras (SIBOIF), la solvencia de la banca comercial radicada en Nicaragua se ha fortalecido desde diciembre de 2017, pero su rentabilidad ha empeorado.

El ratio o razón financiera del capital frente a los activos de riesgo (principalmente préstamos) de los seis bancos comerciales del sector privado existentes a esa fecha se ha incrementado 6.2 puntos porcentuales, al pasar de 13.74% en diciembre de 2017 a 19.94% en diciembre de 2019, que es superior a la norma de adecuación de capital de 10.0%. Sin embargo, esa mayor solvencia está influenciada por un aumento de 3.2% del promedio de 12 meses del capital social pagado y una disminución de 22.8% del saldo de la cartera crédito bruta.

Por bancos, los ratios más altos de adecuación de capital se observaron en el BAC (22.50%) y LAFISE BANCENTRO (21.47%), mientras que los más bajos correspondieron a AVANZ (19.31%), BANPRO (18.53%), FICOHSA (16.58%) y BDF (16.20%). Todos los bancos están sólidos.

El informe cuantitativo de la SIBOIF facilita la comprobación de que la rentabilidad bancaria de Nicaragua ha caído desde un nivel muy alto hasta otro bastante bajo, porque el rendimiento de capital (ROE), o sea, el ratio de la utilidad neta con respecto al promedio de 12 meses del capital social pagado, pasó de 48.18% en diciembre de 2017 a 16.53% en octubre de 2019.

A octubre de este año, tres bancos, los más grandes, son los más rentables (ROE entre paréntesis): BAC (25.93%), LAFISE BANCENTRO (20.98%) y BANPRO (16.65%); los otros tres bancos, los más pequeños, a pesar de la alta tasa de interés activa del sistema bancario de 13.5% promedio ponderada de las dos monedas, extranjera y local con mantenimiento de valor, tienen ROEs más bajos: BDF (4.55%), FICOHSA (1.34%) y AVANZ (0.97%). Todos los bancos tienen utilidades positivas.

Es muy probable que cada uno de los tres bancos más pequeños tiene un ROE por debajo de su coste de capital y, por otro lado, la tecnología financiera podría agregar presión a dicha rentabilidad.

En ese entorno, los bancos comerciales ya emprendieron la tarea de “racionalizar” los gastos operativos mediante el cierre de 83 sucursales y ventanillas y la reducción de 1,749 personas en la planilla del sistema bancario entre diciembre de 2017 y agosto de 2019. Al 31 de agosto recién pasado, sólo estaban operando 401 sucursales y ventanillas y 7,401 empleados en la actividad bancaria comercial.  Sin embargo, debe preocupar el hecho de que el nivel de los gastos de administración con respecto al nivel del resultado operativo bruto de los seis bancos comerciales se ha elevado de 65.03% en diciembre de 2017 a 79.32% en octubre de 2019.

Además de que activo total de los 6 bancos comerciales muestra una reducción de 4.2% en el período antes mencionado, el ratio de acumulación de préstamos prorrogados, reestructurados, vencidos y en cobro judicial pasó de 2.8% en diciembre de 2017 a 11.2% en octubre de 2019, lo que demuestra que la calidad de la cartera de préstamos se ha deteriorado. Por otro lado, el continuo deterioro de las perspectivas de crecimiento económico del país, que continuará siendo negativo en 2020, no podrá revertir esa tendencia creciente de la acumulación de préstamos morosos en el corto plazo.

Por consiguiente, a pesar de que nunca han sido publicadas las pruebas de estrés de cada uno de los bancos, será necesaria la formulación de pronósticos macroeconómicos consistentes, eficientes e insesgados, fundamentados en premisas nacionales e internacionales realistas con nuestra realidad nacional, con el propósito de evaluar la capacidad de resistencia de los bancos ante escenarios adversos.

El ratio de cobertura, o el nivel de provisión de cartera crédito ante los préstamos prorrogados, reestructurados, vencidos y en cobro judicial del sistema bancario comercial ha disminuido de 83.53% en diciembre de 2017 a 48.15% en octubre de 2019. Los ratios de cobertura por banco son los siguientes: BAC (55.30%), BANPRO (53.80%), AVANZ (46.15%), BDF (43.38%) y LAFISE BANCENTRO (38.56%)

El apalancamiento externo (préstamos del Banco Centroamericano de Integración Económica y de Otras Instituciones del Exterior) con respecto a los fondos propios (patrimonio) era igual a 23.61% en diciembre de 2017. Los datos de préstamos externos a octubre de 2019 no están disponibles en el estado de resultados de la banca comercial que aparece en la página web de la SIBOIF.





Comentarios sobre la declaración de la misión técnica del FMI en su consulta del Artículo IV de 2019

24 11 2019

La declaración de la misión técnica del Fondo Monetario Internacional (FMI) sobre la situación actual de la economía de Nicaragua, sin duda alguna, se vio influenciada por aseveraciones divergentes de los agentes económicos del país -consumidores, productores, inversionistas y Gobierno-. La redacción refinada de la declaración induce a pensar que trata de evitar cualquier mala interpretación de esta.   

El FMI continuó actualizando la caída de la producción de Nicaragua en 2019, pero reconoció que los datos del sector real son inconsistentes, principalmente en las actividades de la industria manufacturera, comercio minorista y turismo, por lo cual me lleva a concluir que la proyección de la caída económica de Nicaragua de 5.7% en 2019 pudiera ser mayor.

Comparto la opinión de que las sanciones internacionales y la desconfianza de los agentes económicos ayudan a explicar la contracción productiva, pero la misión no incluyó la reforma tributaria como un factor que también cerró microempresas y pequeñas empresas y, además, afectó la producción y el empleo en grandes y medianas empresas por las alzas de los costos de producción -con la eliminación de las exoneraciones del impuesto de valor agregado (IVA)- y de los precios al consumidor -con las alzas de las tasas de impuestos selectivos y específico de consumo (ISC e IEC)-.

El análisis de la reforma tributaria, por consiguiente, no debió limitarse exclusivamente a su efecto inflacionario al duplicar la tasa de inflación interanual -el FMI proyectó la inflación de este año en 6.4%, una décima porcentual mayor que la tasa de inflación interanual publicada por el Banco Central de Nicaragua (BCN) en agosto recién pasado y, dicho sea de paso, es el último dato oficial disponible sobre el comportamiento de los precios al consumidor-. A septiembre de 2019, la recaudación total de impuestos del Gobierno Central en términos anualizados y en precios constantes, es decir, eliminando la inflación o en términos reales, muestra reducción con respecto a la recaudación total de impuestos anualizada a septiembre de 2018. Se puede concluir que, a septiembre del año en curso, la reforma tributaria no fortaleció los ingresos tributarios en términos reales del Gobierno Central.

Comparto la opinión del FMI de que la severa caída de la demanda interna, consumo e inversión, influyó en la reducción drástica del volumen y del valor de las importaciones, lo cual redujo el déficit comercial externo y, gracias a un creciente valor de las remesas, contribuyó en la reaparición de un superávit en la cuenta corriente de la balanza de pagos por segundo año consecutivo. A lo anterior agrego que es obvio que la reducción del déficit comercial de bienes con el exterior -exportaciones FOB menos importaciones FOB- no es un resultado de una depreciación del tipo de cambio real, porque el córdoba observó una mayor subvaluación y, por consiguiente, continúa el deterioro del esfuerzo exportador del país.   

En una economía muy dolarizada extraoficialmente como es la de Nicaragua, en este tiempo de crisis la política macroeconómica se fundamentó en una simple operación aritmética, aunque la moneda extranjera redujo su participación de 69% a 65% en la liquidez total de la economía.

La estabilidad macroeconómica se mantuvo con una simple operación aritmética, porque la fuga masiva de los depósitos en dólares -que se detuvo en julio de este año- obligó al Banco Central de Nicaragua (BCN) a vender reservas internacionales a las entidades bancarias y éstas entregaron córdobas a la autoridad monetaria y se redujo la base monetaria. Consecuentemente, se mantuvieron casi constantes los dos indicadores de la condicionalidad de la estabilidad macroeconómica, que estipulan el mantenimientode un saldo de Reservas Internacionales Brutas (RIB), al menos, equivalentes a 2.5 veces el saldo de la base monetaria y a 4 meses de importaciones de bienes CIF. Cabe agregar que la escasez de córdobas en las entidades bancarias fue contrarrestada con los reportos monetarios del BCN, que son préstamos a plazo de 6 días, que fueron extendidos hasta 6 meses para atender las necesidades crediticias de las actividades económicas.

Lo que sí se debe reconocer a las autoridades gubernamentales en la preservación de la estabilidad del tipo de cambio y del índice de precios al consumidor -excluyendo los efectos inflacionarios de la reforma tributaria- es no haber emitido córdobas sin el debido respaldo de las reservas internacionales administradas por el BCN.

Sin embargo, la política macroeconómica fue exacerbada en 2018, en momentos de una recesión económica, tanto con los aumentos de las tasas de rendimiento de los títulos de inversión del BCN -cuya colocación no fue significativa-, y de los Bonos de la República emitidos por el Ministerio de Hacienda y Crédito Público (MHCP) en 2019 -para financiar el déficit del sector público con el apoyo de la reducción de 15% a 13% de la tasa de encaje legal semanal de los depósitos en córdobas-, así como con la reciente reforma tributaria, que aceleró tanto la tasa de caída del producto interno bruto (PIB) como la tasa de inflación.

La política macroeconómica contractiva, reconocida por el FMI, se maximizó en octubre recién pasado con el proyecto del Presupuesto General de la República (PGR) 2020, que busca estar equilibrado, o sea, que trata de alcanzar un déficit fiscal muy cercano al 0% del PIB, debido al efecto inflacionario en sus ingresos y al recorte del gasto de inversión pública, en un escenario económico internacional caracterizado por la desaceleración del crecimiento económico, tensiones comerciales y conflictos geopolíticos.

La reacción del sistema bancario comercial ha sido congruente con el manejo adecuado de los riesgos que enfrentaron desde el año pasado. Aunque los niveles de los depósitos y de los préstamos cayeron abruptamente desde abril de 2018 hasta junio de 2019, y la cartera de riesgo más los bienes recibidos en recuperación de crédito se incrementó hasta dos dígitos porcentuales de la cartera total de préstamos, los bancos se han esforzado en aumentar sus parámetros de liquidez y fortalecer su solidez, pero han visto reducidas grandemente sus tasas de rentabilidad no sólo por el desplome del crédito, sino también por la disminución de la tasa de devaluación reptante oficial de 5% a 3% anual  en sus operaciones de venta y compra de divisas con el público no bancario a partir de 1 de noviembre recién pasado. Por estas razones, comparto la opinión del FMI de “que el sector bancario cuenta con buenos colchones para enfrentar la reducción de la confianza y del crecimiento económico”, pero es esencial, agrega el FMI, “restaurar la confianza del sector privado … para promover la recuperación económica y revertir el aumento de la pobreza”.

De la declaración de la misión técnica del FMI se puede desprender sus principales recomendaciones a las autoridades gubernamentales, que se concentran en (i) la restauración de la confianza y la cooperación internacional que han sido deterioradas por las sanciones internacionales, (ii) la importancia de la evaluación de la reforma tributaria del 28 de febrero de este año sobre el crecimiento económico y (iii) analizar la estructura del gasto fiscal para favorecer el crecimiento económico.

Comparto la opinión fondomonetarista de que la economía de Nicaragua continuará cayendo en 2020, a pesar de que las proyecciones cuantitativas mundiales y regionales del FMI han sido objeto de revisiones considerables. Estimo que, con o sin Diálogo Nacional, el PIB Real de Nicaragua no crecerá el próximo año.

La declaración de la misión técnica del FMI reiteró ocho veces la palabra confianza y enfatizó en la política de recuperarla con el sector privado para reemprender el crecimiento económico, a lo cual señalo que los empresarios y los inversionistas deben competir en igualdad de condiciones para su buen funcionamiento.

También coincido con el planteamiento del FMI que es necesario un amplio apoyo de la población para emprender reformas estructurales del sector público y garantizar la sostenibilidad fiscal, entre las cuales distingue el fortalecimiento de las siguientes áreas: en el corto plazo, institucionales, eficiencia en la resolución de las disputas legales, protección de los derechos de la propiedad y, en el mediano plazo, mejorar la competitividad, la infraestructura, la productividad y la educación, incluyendo la educación técnica.

Considero que sería difícil para el país cumplir la sugerencia del FMI de elevar la cobertura de las reservas internacionales brutas a un rango de 5 y 10 meses de importaciones de bienes CIF, para enfrentar la volatilidad de la Inversión Extranjera Directa (IED) y el deterioro de los términos de intercambio. En las condiciones actuales es poco probable que se acelere la tasa de crecimiento de las reservas internacionales, sin obviar el hecho de que un mayor flujo de IED implica también un mayor valor de importaciones. Sería más recomendable que el BCN mantenga su excelente conducta en la emisión de dinero: no emitir córdobas sin el debido respaldo de reservas internacionales.

Finalmente, el FMI se sumó al clamor nacional de la publicación de datos oficiales de la economía en aras de fortalecer la confianza de inversionistas y consumidores, y la credibilidad en las políticas gubernamentales.

El BCN publicó la declaración de la misión técnica del FMI en su página web.





¿Cuándo saldremos de esta recesión?

17 11 2019

En mis clases de macroeconomía usualmente les digo a mis alumnos que las advertencias son la clave central de cualquier historia económica y que no podemos esperar hasta que sean claras todas las respuestas sobre el comportamiento de los indicadores económicos, con más razón cuando gran parte de la información económica oficial no está disponible.

Escribir sobre los riesgos económicos exige un delicado equilibrio: los economistas no debemos ser alarmistas ni complacientes, porque, como he observado en opiniones públicas de algunos de nosotros, podríamos minar la confianza de los agentes económicos y contribuir a una recesión, o ser criticados porque no anticipamos el desenvolvimiento de la crisis económica.

Los economistas debemos explicar lo que está ocurriendo en la economía ahora, lo que podría ocurrir en el corto plazo acorde con premisas externas e internas realistas y con una evaluación bastante clara de los riesgos, también externos e internos, tareas que son más difíciles de lo que aparentan.    

En Nicaragua, ninguno de nosotros vio acercarse la recesión que se inició en abril de 2018 y que aún persiste, porque se originó por un problema político y no económico, y esto continúa siendo cierto en estos momentos postreros  de 2019.

Ahora, la mayoría de los indicadores indica que la economía nicaragüense está en un mal lugar: el desempleo y el subempleo son más altos, los salarios están congelados desde hace un año, el gasto de consumo de las familias está deprimido, el crédito interno a los consumidores y productores se redujo, la oferta de dinero se contrajo, la inflación es baja sin el efecto alcista de la reforma tributaria, las tasas de interés se aceleraron, la inversión del sector privado se desplomó, el gasto público se estancó, la cooperación internacional oficial disminuyó, las reservas internacionales se vinieron a pique, los déficit financieros internos aumentaron, la caída del volumen de bienes y servicios producidos se ahondó y los riesgos externos e internos no disminuyen.

En los últimos dos años, hemos observado una desaceleración dramática de la demanda interna, es decir, de los gastos de consumo e inversión; el esfuerzo exportador se congeló.

La economía nicaragüense de US$11,700 millones no es compleja. Desde que la conocí en la década de los setenta del siglo pasado, la producción agropecuaria con poco proceso industrial continúa manteniendo una relación sencilla con el resto de las actividades económicas del país. Por esta razón, los números económicos, escasos de fuentes oficiales y abundantes estimados por economistas no gubernamentales o independientes, están de acuerdo sobre cuán preocupados deberíamos estar.

Sin embargo, una pregunta diferente y más frecuente surgió desde enero de 2019: ¿Cuándo saldremos de esta recesión? Honestamente, a esta fecha no sé la respuesta, no obstante se logró iniciar el segundo acto del Diálogo Nacional, hoy sin visos de existencia. Por lo menos, en 2020 continuaremos en recesión económica, con o sin Diálogo Nacional, y es bastante probable que la economía se estanque en un año electoral, como es el de 2021.

En este momento, el problema singular que define la intersección de negocios y políticas es un déficit de confianza cada vez más profundo entre los agentes económicos del país, consumidores, empresarios y Gobierno. Hay un viejo dicho que dice “Las cosas se mueven a la velocidad de la confianza”, y otro que dice “Cuando la confianza es alta, la comunicación es fácil, instantánea y efectiva”. Sin o con poca confianza entre los agentes económicos, será muy difícil que la economía vuelva a crecer. No nos debe alegrar que el crecimiento económico se vuelva plano después de su caída en picada.

Y la desconfianza desaparece platicando, dialogando, con franqueza, responsabilidad y respeto, “con pocos actores , pero con representatividad, confianza y prestigio”, como se dice en una de las tres acciones unánimente aprobadas por empresarios y profesionales en el Foro “Perspectivas y Soluciones 2019”, que realizamos en las instalaciones del Instituto Centroamericano de Administración de Empresas (INCAE) el martes 8 de enero de 2019.

¿Qué se necesita cambiar para recuperar esa confianza?, es la pregunta que continúa a la de ¿Cuándo saldremos de esta recesión? Las respuestas a esas dos preguntas dependerán de los acuerdos y su cumplimiento.

Tal como lo discutimos entre los organizadores del Foro arriba mencionado, es necesario “Escuchar activamente las necesidades de la población y poner éstas por encima de todo interés personal, de grupo, o de familia” y, por consiguiente, “Anteponer a los objetivos individuales y grupales los objetivos supremos, los objetivos de la Nación: paz, respeto de los derechos humanos, fortalecimiento de las instituciones y de la democracia, y bienestar económico y social”.





La vía para reemprender el crecimiento económico en el corto plazo

10 11 2019

Muy difícil será poder observar un crecimiento económico positivo en Nicaragua en el año de 2020. ¿Por qué?

La política monetaria, al ser tremendamente contractiva, no facilita el aumento de la producción de bienes y servicios, porque el Banco Central de Nicaragua (BCN) sólo se preocupa de la estabilidad del tipo de cambio y del índice de precios al consumidor, o sea, procura mantener estable tanto la tasa de devaluación anual, que la ha disminuido recientemente de 5% a 3%, como la tasa de inflación de precios al consumidor, que en términos interanuales sería 3% si excluyéramos la aceleración inflacionaria que provocó la reforma tributaria, la cual no logrará su objetivo recaudatorio porque fue aplicada en un momento de recesión económica prolongada.

La política fiscal también es muy contractiva. El total del gasto presupuestario gubernamental en millones de córdobas permanece congelado en 2018 y 2019 y en esa forma también se mantiene el contemplado en el Proyecto del Presupuesto General de la República (PGR) 2020, con la esperanza de que la presión tributaria aumente 3 puntos porcentuales del Producto Interno Bruto (PIB) en 2019 y el propósito de mantener un déficit fiscal antes del registro de las donaciones externas bastante cercano al 0% del PIB en 2019-2020.  Este resultado parece desconocer que la reforma tributaria fue procíclica, es decir, que aceleró la tasa de caída del PIB que ya se encontraba en recesión: no es un éxito macroeconómico el pretender alcanzar un presupuesto nacional equilibrado en tiempos de crisis.

La recesión económica persiste por los altos niveles de incertidumbre de los agentes económicos, consumidores, empresarios y Gobierno. Es obvio que la estabilidad macroeconómica con recesión económica no es deseable, pero ¿qué se podría hacer para salir de ese escenario, a sabiendas de que la producción de bienes y servicios no va a reaccionar si no se logra observar el síntoma de un leve crecimiento de la demanda interna de productos finales, o sea, de consumo y de inversión? No hay ningún riesgo de equivocación al afirmarse de que la demanda interna se ha debilitado, se ha deprimido.

Es muy improbable que el gasto de consumo de las familias se reactive en el corto plazo debido al creciente desempleo y subempleo, por un lado, y por el congelamiento salarial que se arrastra desde octubre de 2018, por otro lado. Como señalé el año pasado, la demanda de dinero es exclusivamente precautoria en la crisis actual: la población limita su gasto de consumo a la adquisición de alimentos básicos, medicamentos, combustibles (gasolinas, diesel y gas propano) y servicios públicos (transporte, energía eléctrica, agua potable y telecomunicaciones). Por consiguiente, si no se logra la solución del problema político, las industrias que concentran su producción en otros bienes y servicios de consumo final observarán, en el mejor de los casos, un estancamiento productivo y, en el peor de los casos, una caída de su oferta de productos o el cierre de la empresa. Descarto, pues, la posibilidad de que el gasto de consumo de las familias sea una vía para reactivar el crecimiento económico del país en el corto plazo.

Afectado por el clima político actual, el gasto de inversión privada tampoco se visualiza como una vía para reactivar el crecimiento económico de Nicaragua en 2020. La desconfianza empresarial existente es muy compleja; la falta de información económica oficial, y la disponible, escasa con rezagos de 1 mes (la monetaria), de 3 meses (la fiscal y la de balanza de pagos), de 6 meses (la de comercio exterior) y de 9 meses (la del mercado laboral), impiden la planificación de la inversión y de la producción; los prejuicios personales sustituyen los conocimientos de mercado; y el flujo neto de inversión extranjera directa (entradas menos salidas de capitales) se tornó negativo en este año. Por consiguiente, también descarto la inversión privada, doméstica y extranjera, como una vía para reactivar la demanda interna y, por ende, la producción de bienes y serviciosen el corto plazo.

Ahora, sólo falta referirme al gasto público, o sea, el consumo y la inversión del sector pùblico, por lo cual volvemos a ver el proyecto del PGR 2020. Según las proyecciones gubernamentales, en porcentajes del PIB el gasto de consumo público aumenta de 14.3% en 2018 a 15.1% en 2019 y disminuye a 14.9% en 2020, pero el gasto de inversión pública disminuye continuamente de 5.2% en 2018 a 4.2% en 2019 y a 4.0% en 2020.

Para generar empleos e ingresos es preferible el aumento del gasto de inversión pública por su efecto multiplicador en la economía, pero esta inversión es declinante no obstante las autoridades gubernamentales han contratado importantes préstamos para ampliar la red vial pavimentada y adoquinada, y los servicios de agua potable y alcantarillado sanitario -recientemente, la Asamblea Nacional aprobó dos préstamos, que suman US$585 millones, facilitados por el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE) y destinados a esas obras de infraestructura economica-.

La economía de Nicaragua necesita urgentemente de estímulos para no continuar cayendo en el mediano plazo. Los economistas gubernamentales dejaron de ser keynesianos y se han vuelto monetaristas, porque le temen al déficit del sector público, postergándose así el posible inicio, aunque lento, de la reactivación de la demanda interna por la única vía que observo posible, es decir, la vía de la inversión pública. El gran problema económico nacional actual justifica una efectiva intervención gubernamental: dinamizar la inversión pública para reiniciar la búsqueda del crecimiento económico y evitar un mayor desquebrajamiento de la economía. ¿O acaso las autoridades gubernamentales esperan activar el ciclo político-económico hasta el año de 2021?

Paralelamente, en el plano político considero que también es urgente reemprender el Diálogo Nacional, pero también observo que es muy difícil de lograrse. El tiempo avanza y el acuerdo de la anticipación de las elecciones nacionales del 7 de noviembre de 2021 ha perdido vigor; los políticos opositores, tanto fogueados como novicios, continúan divididos, mejor dicho fragmentados, y el gobierno no muestra interés de solucionar el problema político de forma negociada.  

En lo que nunca estaré de acuerdo es que la economía se destruya para que se mantenga o se alcance el poder político.





Al fin, una medida acertada y oportuna

3 11 2019

La reducción de 2 puntos porcentuales de la tasa de deslizamiento anual del tipo de cambio oficial, que pasó de 5% a 3% a partir del 1 de noviembre del año en curso, ha sido interpretada por varios colegas economistas, políticos y empresarios como un “duro golpe” a los jubilados al significar una reducción de 40% en el mantenimiento de las pensiones, que se ha “erosionado” el poder adquisitivo de las remesas, que “golpea” la competitividad de las exportaciones, que “no impacta” las importaciones, que “refuerza” al córdoba, que “beneficia” al gobierno en el pago de la deuda pública, y que “no era el momento indicado” para disminuir la tasa de deslizamiento.  

Todas esas observaciones dejaron a un lado dos características relevantes de la economía nicaragüense: la excesiva dolarización extraoficial y la proliferación de los mecanismos de formación de precios en córdobas con el tipo de cambio oficial. La tasa de ajuste de las pensiones y la cordobización de las remesas no observarán deterioro por la menor tasa de devaluación anual, porque dicha devaluación será trasladada a los precios y contenida, por consiguiente, en la tasa de inflación anual.

Con indicadores oficiales al 30 de septiembre de 2019, la excesiva dolarización extraoficial se manifiesta con la participación de los depósitos en moneda extranjera de 65% en la liquidez total y la del córdoba con mantenimiento de valor, un dólar disfrazado, de 11%, por lo que se reduce la presencia del córdoba a ocupar el 24% del área del mercado monetario. La dolarización financiera es extraordinaria: la moneda extranjera domina el 73% de los depósitos y el 89% de los préstamos.

La cláusula de mantenimiento de valor, oficializada en el Artículo 38 de la Ley Orgánica del Banco Central de Nicaragua (BCN) y la indexación de los precios en córdobas con el tipo de cambio explican por qué ha caído el tipo de cambio real observado o de corto plazo, es decir, por qué persiste la sobrevaluación del córdoba, o sea, por qué hay pérdida de la competitividad internacional. En el caso particular de la economía nicaragüense, desde 1992 las devaluaciones nominales del córdoba no se han traducido en devaluaciones reales en la mayoría de los años, porque se establecieron mecanismos de indexación de precios en córdobas con respecto al precio de la divisa desde abril de 1991.

El tipo de cambio real, o a precio constante, observado o de corto plazo no depende sólo de la tasa de devaluación del tipo de cambio nominal o a precio corriente, que hoy ha sido disminuida de 5% a 3% anual, sino también de otros efectos de la política macroeconómica de corto plazo como son la presión del déficit fiscal en porcentajes del producto interno bruto (PIB), la presión de la base monetaria en porcentajes del PIB y la brecha cambiaria entre el mercado oficial y el mercado financiero.

Además, existen variables fundamento que inciden en el comportamiento del tipo de cambio real de equilibrio o de largo plazo, como son la relación de precios de intercambio, el flujo neto de capitales, el progreso tecnológico, la productividad y la tasa arancelaria efectiva, entre otras.

¿Por qué el gobierno escogió este momento para disminuir la tasa de deslizamiento anual del tipo de cambio? Creo que ha sido por el ajuste fiscal y el ajuste monetario que experimenta la economía del país, acompañados por la caída del crédito, el congelamiento salarial y el mayor costo del dinero.

La política fiscal es contractiva: el gasto gubernamental a precios corrientes prácticamente se ha congelado. El Ministerio de Hacienda y Crédito Público (MHCP), en su Proyecto de Ley de Presupuesto General de la República 2020, señala que el total de gasto presupuestario nominal en 2019 aumenta 0.05% y equivale a 19.3% del PIB y en 2020 vuelve a crecer apenas 0.01% en 2020 e iguala el 18.9% del PIB esperado el próximo año. Sin embargo, el supuesto macroeconómico de que la producción de bienes y servicios tiende a aumentar 0.5% en 2020 es bastante discutible.

La política monetaria también es contractiva: los depósitos del sector público no financiero en el BCN están aumentando y los reportos monetarios, crédito de muy corto plazo en moneda nacional facilitado desde 2018 por el BCN a las entidades bancarias para resolver los problemas de iliquidez, está siendo recuperado por la autoridad monetaria, o sea, en términos netos (colocaciones menos recuperaciones) es negativo y equivale a una absorción de liquidez del mercado. Sin embargo, para mantener esta política monetaria el BCN ahora sólo cuenta con Letras a 1 día pagaderas en córdobas y con la tasa de encaje efectiva semanal en moneda nacional que a septiembre era 21.6%, mientras que la legal es 13%.

Las tasas de interés son altas. Asociada con el córdoba con mantenimiento de valor, la tasa de interés activa de corto plazo saltó de 8.05% en marzo de 2018 a 12.97% en agosto de 2019, mientras que la tasa pasiva a 1 mes plazo se elevó de 1.12% a 4.07% entre ambos meses respectivamente. Sin embargo, no sólo el riesgo-país impulsó el costo del dinero sino también los más altos rendimientos de los Títulos de Inversión emitidos por el BCN en 2018 y  los de los Bonos de la República emitidos por el MHCP en 2019.

Los salarios están congelados desde octubre 2018. La tasa de inflación, excluyendo la aceleración de 3 puntos porcentuales de los precios al consumidor provocada por la reforma tributaria del 28 de febrero de este año, continúa siendo baja al ser aproximadamente igual a 3% en términos interanuales.

El saldo nominal de crédito del sistema bancario al sector privado se redujo 25% entre marzo 2018 y septiembre 2019.

La demanda interna, o sea, los gastos de consumo e inversión, continúa deprimida por el creciente desempleo y subempleo, el congelamiento salarial, el desplome de la inversión extranjera directa, la política fiscal contractiva y la incertidumbre política. En conclusión, continúa la caída del PIB Real y la clave para el crecimiento económico consiste en la reactivación del consumo y de la inversión.

¿Para qué sirve la estabilidad macroeconómica con recesión económica? Para nada. ¿Cómo salir de ese escenario macroeconómico para entrar a uno de crecimiento económico y de estabilidad del tipo de cambio y del índice de precios al consumidor? Se necesita la reducción del índice de riesgo-país, mediante el restablecimiento del Diálogo Nacional, y la reactivación del crédito, que está siendo impulsada por la política cambiaria reptante reformada a partir del 1 de noviembre de este año. Entre abril de 2018 y marzo de 2019, emigraron, en moneda extranjera, US$1,304 millones del sistema financiero nacional y creo que se acerca el tiempo para que comiencen a retornar. Además, se puede prever en el mediano plazo el establecimiento de un nuevo régimen cambiario, el régimen de banda cambiaria.