Las tasas de interés de los bancos centrales suben, pero la inflación acelera

2 10 2022

Hoy, en el plano internacional, vemos la lucha de los bancos centrales de las economías avanzadas y emergentes contra la inflación, el principal problema macroeconómico mundial, al elevar sus tasas de interés sin considerar su impacto colectivo sobre la demanda global (consumo, inversión y exportación). La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) informó que la tasa de inflación del Grupo de las 20 principales economías fue 9.2% en julio, el doble de la tasa observada en julio de 2021.  

Se espera que la Fed no repita sus errores de política monetaria de la década de 1970, cuando redujo las tasas de interés prematuramente y la inflación se aceleró de nuevo. Los precios actuales al consumidor estadounidense comenzaron a subir a mediados del año de 2021 e indicaron que la tasa de inflación interanual del índice de precios al consumidor general (IPCG) de Estados Unidos fue 8.3% en agosto recién pasado, por lo cual la Fed ha endurecido su política monetaria en el corto plazo y ha prometido volver a bajar la tasa de inflación al nivel estable de 2%; sin embargo, la tasa de inflación que la Fed puede aplacar es la del índice de precios al consumidor subyacente (IPCS), que excluye los precios volátiles de los alimentos y los combustibles, que en agosto fue igual a 6.3% interanual.

Por consiguiente, tomando en cuenta la inflación interanual de agosto, en Estados Unidos también se requiere reducir otros 2 puntos porcentuales inflacionarios causados por el lado de la oferta de la economía, que no pueden ser eliminados por la política monetaria al ser causadas por los cuellos de botella de la cadena de suministros y por el conflicto geopolítico-militar entre Rusia y Ucrania. El avance de la presión inflacionaria en Estados Unidos implica el riesgo de que la Fed endurezca la política monetaria y provoque un aterrizaje forzoso en que el crecimiento económico se desplome y el desempleo se dispare.

En este año, la Fed, subió su tasa de interés desde el rango de [0%, 0.25%] en febrero hasta el rango de [3%, 3.25%] en septiembre con 5 aumentos, de los cuales los últimos 3 fueron de 0.75 puntos porcentuales. Después del último aumento de la tasa de interés de la Fed, subieron sus tasas de interés los bancos centrales de Indonesia, Noruega, Filipinas, Sudáfrica, Suecia, Suiza, Taiwán y el Reino Unido. También se espera que los banqueros centrales de Canadá, México, Chile, Colombia, Perú, la Eurozona, Hungría, Israel, Polonia, Rumania, Australia, Nueva Zelanda, Corea del Sur, India, Malasia y Tailandia aumenten las tasas en las reuniones de política programadas hasta finales de este octubre.

La Fed estima que en las próximas dos últimas reuniones de este año aplicará un ajuste de 50 puntos básicos, lo que llevaría a la tasa de interés al rango de [4%, 4.25%] para diciembre próximo, y cuando la economía esté en recesión, con una tasa de interés encaminada al 5%, no se podrán aplicar estímulos fiscales que empeorarían aún más sus balances de deuda, ni se podría flexibilizar la política monetaria porque sobrecalentarían la demanda nuevamente. Por lo tanto, un aterrizaje forzoso está a la vista.

La inflación de un país no se debe exclusivamente a causas internas de ese país, sino también a la demanda mundial de los productos, por ejemplo, el petróleo, los alimentos y los productos manufacturados afectados por los cuellos de botella de las cadenas de suministro. Los bancos centrales, actuando separadamente, buscan igualar la demanda y la oferta en cada país, o sea, atacan el problema global del exceso de demanda y la alta inflación con respuestas nacionales, y con el riesgo de provocar una recesión más profunda que afectará a todos los países, elevando significativamente la tasa de desempleo. Sin una coordinación de los bancos centrales para elevar las tasas de interés en forma simultánea, el ajuste de la demanda agregada mundial podría ser excesivo.

Otro ejemplo de la falta de coordinación de la política macroeconómica entre los países de economía avanzada para reducir la elevada inflación es el nuevo plan fiscal de la primera ministra de Gran Bretaña recién electa, Liz Truss,  que reduce las tasas tributarias para el tramo impositivo más bajo del país y recorta en 5 puntos porcentuales la tasa impositiva más alta del país, del 45% al 40%, que se aplican a quienes ganan más de 150,000 libras anuales, equivalentes a US$164,000 aproximadamente. La reducción de esas tasas tributarias aumentará la demanda de los consumidores y elevará más los precios que ya son altos, mientras que los bancos centrales de todo el mundo, incluyendo al del Reino Unido, están subiendo las tasas de interés para controlar la inflación.

En otras palabras, en Gran Bretaña, mientras la política monetaria del Banco de Inglaterra es contractiva porque busca reducir la tasa de inflación, la política fiscal del ministerio británico de Economía es expansiva porque exacerba los altos precios de los productos de consumo y de inversión y, por otro lado, los aumentos más rápidos de las tasas de interés que tendría que hacer el Banco de Inglaterra para reducir la tasa de inflación recrudecida por el Ministerio de Economía agravaría el riesgo de la recesión en Gran Bretaña.

Veamos ahora que ha ocurrido en nuestro país.

Nicaragua tiene una economía muy abierta, o sea, una economía muy expuesta a las exportaciones e importaciones de bienes y de servicios no atribuibles a factores de producción, que tiene un gran peso en su producto interno bruto (PIB). La suma de las exportaciones y las importaciones de Nicaragua en 2021 fue equivalente a 1.2 veces el PIB en 2021, pero tiene la desventaja que las importaciones participaron con el 66% en esa suma, por lo cual la ventaja del comercio exterior es bastante menor que para las economías que exportan.

Sin embargo, las ventajas de la economía abierta consisten en una mayor oferta agregada de productos de consumo locales e importados, el financiamiento de la inversión con recursos externos, y el acceso a la tecnología que facilita el logro de una mayor productividad y de una mejor competitividad empresarial.

Por otro lado, de acuerdo con datos oficiales, en este año la Tasa de Referencia Monetaria (TRM) del Banco Central de Nicaragua (BCN), que corresponde a la tasa de operaciones monetarias diarias en córdobas sin mantenimiento de valor, se elevó de 3.5% en marzo hasta 6.0% en agosto tras 5 aumentos de 50 puntos básicos, pero la tasa de inflación interanual del IPC General se aceleró desde 8.74% en marzo hasta 12.15% en julio, y  la tasa de inflación interanual del IPC Subyacente también se aceleró desde 6.54% en marzo hasta 9.35% en julio. En Nicaragua también se observa el hecho de que la tasa de interés de la banca central sube y la tasa de inflación se acelera.

Sin embargo, las alzas de la TRM han estado acompañadas de tasas de interés estables, con poca volatilidad, tanto activas como pasiva a 1 año plazo relacionadas con el córdoba en el sistema bancario comercial de Nicaragua. El costo de los préstamos bancarios ha permanecido casi constante. En agosto del año en curso, el 90% de la cartera de préstamos está en dólares y el 10% restante en córdobas indexados con el tipo de cambio oficial, es decir, en córdobas con mantenimiento de valor. El córdoba (sin mantenimiento de valor) o medio circulante apenas domina el 28% del total de la liquidez de la economía (M3A), porque los depósitos de ahorro y a plazos en córdobas, el 10% de la liquidez total, están indexados con el tipo de cambio oficial.        

Cabe mencionar que el saldo del crédito del sistema bancario nacional al sector privado se redujo desde 40.3% del producto interno bruto (PIB) en diciembre de 2017 hasta 27.8% del PIB en diciembre de 2021, y es bastante probable que suba, según mis cálculos, a 28.1% del PIB en diciembre de este año.

El BCN siempre informa que “La TRM se establece en correspondencia con la evolución de las tasas de interés internacionales y de las condiciones monetarias internas, enmarcándose en el cumplimiento del objetivo fundamental del BCN, de propiciar la estabilidad de la moneda nacional y el normal desenvolvimiento de los pagos internos y externos; así como para apoyar la administración de liquidez del sistema financiero y mantener condiciones propicias para la intermediación financiera.”





La Fed tiene prisa en subir la tasa de interés

25 09 2022

Los funcionarios del banco central de Estados Unidos (Fed), continúan acelerando la subida de las tasas de interés para frenar la rápida inflación observada en los últimos dieciocho meses. El temor de los formuladores de la política monetaria estadounidense es que la inflación inercial contribuya al establecimiento de una «psicología inflacionaria” entre los consumidores y los productores, que se acomode en el pensamiento de los agentes económicos, que se arraigue en una corta memoria inflacionaria, al confirmarse en el mercado que “los precios subieron hoy porque subieron ayer”.

En la década de 1970, los funcionarios de la Fed trataron de controlar la inflación con las alzas de las tasas de interés, pero se detuvieron en su intento cuando la economía mostró señales de una desaceleración. La inflación se mantuvo en nivel muy alto y al elevarse los precios del petróleo en 1979 por los efectos de la revolución iraní y de la Guerra Irán-Irak, el presidente de la Fed, Paul A. Volcker, elevó las tasas de interés hasta casi el 20% y la tasa de desempleo hasta 10.8%. Parece que este antecedente pesa demasiado en la mente de los funcionarios de la Fed.  

El miércoles 21 de septiembre recién pasado, La Fed anunció un tercer aumento consecutivo de la tasa de interés de referencia de fondos federales de 0.75 puntos porcentuales o 75 puntos básicos, hasta el rango de [3%, 3.25%], un nivel que se registró a principios de 2008, y es el ajuste de política de la Fed  más rápido desde la década de 1980, con el objetivo de aplacar la tasa de inflación interanual de 8.3%, que se aproxima a un máximo de 40 años, por debajo del 8.5% en julio y del 9.1% en junio. Las presiones inflacionarias se fortalecieron en agosto, porque el aumento anualizado de IPC subyacente, que excluye los precios muy volátiles de la energía y de los alimentos, aumentó 6.3% desde la tasa del 5.9% registrada en junio y en julio del año en curso.

Tras el anuncio de la Fed, el jueves 22 de septiembre el Banco de Inglaterra subió la tasa de interés medio punto porcentual hasta 2.25%; el banco central de Suiza puso fin a las tasas de interés por debajo de cero en Europa; Japón, con una tasa de interés baja, intervino en los mercados de divisas por primera vez en 24 años para fortalecer al yen debido a las acciones de los otros bancos centrales; y se espera que el Banco Central Europeo (BCE) suba la tasa de interés en octubre próximo.

La política monetaria estadounidense se ha vuelto agresiva en un momento en que las tasas de crecimiento económico de China y de la Unión Europea comienzan a desacelerarse, mientras que los cuellos de botella de las cadenas de suministros están desapareciendo y las mediciones de las expectativas inflacionarias están controladas. En otras palabras, el riesgo del endurecimiento rápido de la política monetaria de los bancos centrales mundiales para reducir la inflación es que podría provocar graves recesiones y altos niveles de desempleo. Los funcionarios de la Fed expresaron aumentos adicionales de la tasa de interés hasta 4.4% para finales de 2023 y hasta 4.6% para finales de 2023, frente al 3.7% actual. “Queremos actuar agresivamente ahora, hacer este trabajo y seguir haciéndolo hasta que esté terminado”, explicó el Sr. Powell.

La Fed tiene dos objetivos macroeconómicos que cumplir: uno es lograr el máximo empleo y otro es mantener una tasa de inflación estable. En la actualidad, el mercado laboral está sólido porque la tasa de desempleo es baja, 3.7% de la población económicamente activa, los empresarios están contratando a trabajadores y los salarios están aumentando, pero la tasa de inflación interanual de 8.3% en agosto es más de tres veces la meta oficial de 2%.

En ese escenario, el banquero central trata de desacelerar la tasa de inflación con los aumentos de la tasa de interés, lo que también desacelera o enfría al mercado laboral, aumenta el desempleo y modera el incremento de los salarios. El banquero central también decide el nivel de desempleo abierto tolerable  y cómo equilibrar los dos objetivos, inflación y desempleo, que están en conflicto. El presidente de la Fed, Jerome H. Powell, dijo que el proceso de ajuste traerá “dolor” a las empresas y los hogares.

En la lucha antinflacionaria, el crecimiento del PIB real de Estados Unidos tendría que caer por debajo de su nivel potencial durante algún tiempo, que en este momento la Fed lo estima alrededor de 1.8%. Además, las proyecciones de la Fed señalan que la tasa de crecimiento anual del PIB real desacelerará hasta 0.2% en 2022 y se mantendrá en 1.2% en 2023, para que en 2025 la tasa de inflación del IPC General (IPCG) desacelere hasta 2.0%, y que la tasa de inflación del IPC Subyacente (IPCS), que excluye los precios de los alimentos y los combustibles, se mantenga en 2.1%. Tres años para retornar a la normalidad, en un mundo ideal. ¿Será posible?

Antes de la reunión de la Fed del 20 y 21 de septiembre del año en curso, el profesor Joseph E. Stiglitz, Premio Nobel de Economía 2001, y Dean Baker, economista estadounidense y cofundador y codirector del Center for Economic and Policy Research, opinaron en su artículo “La Fed debería esperar y ver” fechado el 12 de septiembre de este año, que “Con datos recientes que muestran que tanto la inflación como las expectativas de inflación se han relajado, sería irresponsable que la Reserva Federal de los Estados Unidos creara un desempleo mucho más alto. En medio de tanta incertidumbre, debería pausar las alzas de las tasas de interés hasta que sea posible una evaluación más confiable de las condiciones macroeconómicas”.

Agregaron que “había varias razones para esperar y no decidir otra alza de la tasa de interés porque “Las restricciones del lado de la oferta impulsaron la inflación al alza, y ahora los factores del lado de la oferta están volviendo a reducir la inflación” y que “La justificación estándar para el endurecimiento de la política de la Fed es que es necesario para evitar un ciclo de expectativas autocumplidas, con trabajadores y empresas que esperan una mayor inflación y fijando salarios y precios en consecuencia. Pero esto no puede suceder cuando las expectativas de inflación están disminuyendo, como lo están haciendo ahora”.

Concluyeron diciendo que “La formulación de políticas siempre se lleva a cabo en condiciones de incertidumbre, y las incertidumbres son especialmente grandes ahora. Con la inflación y las expectativas inflacionarias ya disminuyendo, la Fed debería asignar más peso al riesgo a la baja de un ajuste adicional: a saber, que empujaría a una economía estadounidense ya golpeada a la recesión. Esa debería ser razón suficiente para que la Fed se tome un descanso este mes.”





Salario mínimo vs Alto costo de vida

18 09 2022

El salario mínimo es el salario más bajo que los empresarios están autorizados a pagar a los trabajadores que laboran en sus empresas. Según la Ley de Salario Mínimo de Nicaragua aprobada por la Asamblea Nacional el 24 de mayo de 1991, el ajuste del precio mínimo del trabajo se determina con la suma de la tasa de inflación del Índice de Precios al Consumidor (IPC), hoy estimada por el Instituto Nacional de Información de Desarrollo (INIDE), más la tasa de crecimiento real de cada sector de la economía estimada por el Banco Central de Nicaragua (BCN), pero en la práctica lo que se adiciona es la tasa de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) real anual.

Los datos de la tasa de crecimiento económico y de la tasa de inflación que facilitan el ajuste del salario mínimo, que entra en vigor en marzo de cada año, corresponden a los datos del año inmediato anterior. Cuando el salario mínimo de cada sector logre alcanzar el 100% del costo de la canasta de consumo básico, los incrementos posteriores de este salario se indexarán sólo con la tasa de inflación del IPC.

En septiembre de 2007, el INIDE publicó el costo de una nueva canasta de consumo básico, que incorporó la cantidad de 53 productos con mayores cantidades que la canasta anterior y con sustitución de varios productos alimenticios, que estuvo en vigor desde la década de los ochenta del siglo pasado, y cuyos 23 alimentos garantizan la ingesta de 2,455.4 kilocalorías per cápita diario. Por este motivo, la fijación del salario mínimo tiene como referencia el costo de la canasta de consumo básico, que es calculada y ajustada por el Ministerio de Salud (MINSA), el Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS) y el INIDE.

Entre los años de 2017 y 2022, el salario mínimo promedio simple nominal o en precios corrientes, ponderado por actividad económica, registró un aumento acumulado 35.57%. Durante 2017, el año de los máximos históricos de producción, y 2018, el año de la crisis política interna, el ajuste se estimó con la suma de la inflación y del crecimiento económico como lo establece la ley, pero en 2019, el año de la reforma procíclica de la Ley de Concertación Tributaria, el salario mínimo no recibió ningún ajuste. El salario mínimo se indexó de facto con la tasa de inflación del IPC, cuando surgió en el país la pandemia mundial del Covid19 en 2020; luego en 2021, cuando se reabrió la economía mundial, con los cuellos de botella en la cadena de suministros, y al recuperarse el nivel máximo de producción del país; y después en 2022, cuando se aceleró la presión inflacionaria mundial provocada por los shocks de oferta debido a la crisis geopolítica-militar de Rusia y Ucrania.

Aunque la relación del salario mínimo con la inflación ha sido adoptada en muchas economías desde la década de los setenta del siglo pasado, aún persisten acuerdos de salarios mínimos y pensiones para proteger a la población más vulnerable del alto costo de vida.  Cabe agregar que a partir del año de 2020, el monto anual del ajuste del salario mínimo se  entregó totalmente en marzo, y antes de ese año, según la ley, se entregaba en dos montos semestrales, uno en marzo y otro en septiembre.

En términos preliminares, al tomar en cuenta mi pronóstico de una tasa de inflación de 9.23% para 2022, la tasa de inflación acumulada en el período 2018-2022 tiende a ubicarse en el nivel de 27.93%. Por consiguiente, el deterioro preliminar del poder adquisitivo del salario mínimo promedio simple en diciembre de cada año, ponderado por actividad económica, durante el período 2018-2022 es 11.68% y se requeriría un ajuste de dicho salario de 13.22% para que recupere en 2023 su poder adquisitivo registrado en 2018, pero sin incorporar el efecto de la inflación que se observe en 2023.

¿Por qué 2018? Porque fue el último año en la fijación del ajuste de este salario con la suma de la tasa de crecimiento económico y de la tasa de inflación registradas en el año inmediato anterior, 2017, el año de máximos históricos de producción del país. Lo que debe importar es proteger el bienestar alcanzado por los trabajadores que están en la parte inferior y también en la parte media de la distribución del ingreso, para que puedan enfrentar los impactos de la inflación que hoy se notan principalmente en las compras de alimentos y transporte. Además, la cobertura del salario mínimo sobre el costo de la canasta de 53 productos de consumo básico se ha reducido de 49.68% en diciembre de 2018 a 43.11% pronosticado para diciembre de 2022 y en el sector formal de la economía trabajan aproximadamente 110,000 personas que devengan el salario mínimo.

Sin embargo, salta a la vista la alerta de no acelerar más la tasa de inflación en estos momentos con ajustes salariales muy cercanos o superiores a dos dígitos porcentuales, porque que tenemos graves shocks de inflación desde el lado de la oferta que provienen del exterior. Si los salarios aumentaran con el mismo ritmo de los precios, es decir, que se introduce la espiral precio-salario-precio, la situación sería más crítica por el riesgo de que se perpetúe la inflación.

Cuando las empresas enfrentan mayores costos de endeudamiento por las alzas de las tasas de interés impulsadas por la banca central, la producción crece menos y se reducen las contrataciones de trabajadores, disminuye la competencia por trabajadores, se desacelera el crecimiento de los salarios, cae el gasto de los consumidores, baja la demanda de bienes y servicios, las empresas no pueden subir los precios y se reduce la inflación. Pero el desempleo y el subempleo aumentan.  Comparto la opinión de que un salario mínimo más alto generaría un impulso para la formación de buenos empleos y las posibilidades del avance profesional, y los empresarios estarían incentivados para aumentar la productividad de sus empresas. En resumen, el aumento del salario mínimo debería estar acompañado de políticas que reorienten el cambio tecnológico, generen buenos empleos y mejoren las condiciones laborales.





La inflación de Nicaragua se aceleró en agosto

11 09 2022

Los consumidores nicaragüenses estarán preocupados por la aceleración de la tasa de inflación en agosto, según el dato oficial del Índice de Precios al Consumidor (IPC) publicado por el Instituto Nacional de Información de Desarrollo (INIDE) el recién pasado viernes 9 de septiembre.

Los índices mensuales de la estacionalidad del IPC siempre han mostrado una trayectoria decreciente entre junio y septiembre de cada año, resultante principalmente de la salida de la cosecha de la primera fase del ciclo agrícola del país. En otras palabras, los datos del IPC de Nicaragua experimentan fluctuaciones regulares a lo largo del tiempo que facilitan su estudio temporal, incluso su pronóstico de corto plazo. Sin embargo, el IPC del mercado local se aceleró en el lapso de enero-agosto de este año, excepto en junio al registrar una levísima desaceleración. 

La tasa de inflación interanual o anualizada del IPC de agosto de 2022, que se aceleró hasta 12.15%, está muy cerca de un máximo de hace trece años observado en enero de 2009, mientras que la tasa de desempleo abierto en julio de este año, también con datos del INIDE, está muy bajo al registrar el nivel de 3.6% de la población económicamente activa (PEA), por debajo de la tasa de desempleo natural o básica que estimo se ubica entre 4% y 5% de la PEA.

La tasa de desempleo abierto en el mercado laboral de julio de 2021 es 1 punto porcentual menor que su nivel de 4.6% registrado en julio de 2021, lo cual es algo atípico en momentos de una menor confianza de los consumidores causada por el aumento más rápido de los precios al consumidor.  Habría que evitar que la gente piense que la inflación continuará aumentando, que la inflación permanecerá en un nivel muy alto por más tiempo, porque dificultará su reducción. Habría que evitar que las expectativas inflacionarias se desanclen, porque aumentaría los costos de reducción de la inflación, los cuales son el desempleo, la recesión económica y la estanflación (estancamiento económico y alta inflación).  

Por su parte, la tasa de inflación subyacente, que excluye los precios volátiles de los combustibles y de los alimentos y que debe ser controlada por la banca central, en vez de caer también se aceleró hasta 9.35% en agosto. Esta aceleración de la inflación subyacente implica que las expectativas inflacionarias de mediano plazo de los consumidores y de los productores están creciendo, están fortaleciéndose y, reitero, podrían desanclarse. Habría que evitar esta situación, es necesario reducir las expectativas inflacionarias.

¿Cómo reducir las expectativas inflacionarias? Justo con el mantenimiento de la tasa de interés real de la banca central en un nivel positivo y fijarla en ese plano positivo hasta que se reduzca la alta tasa de inflación. La autoridad monetaria del país tendría que reducir la actual tasa de inflación subyacente de 9.35% hasta 4.0%, el mínimo de su rango, o hasta 4.5% el máximo de ese rango, según mis cálculos, en el cual está incluida la tasa de inflación natural del país.

Pero en el caso de la economía nicaragüense, el objetivo de reducir la alta inflación, que se mide en córdobas, está sujeto a una restricción muy severa, la excesiva dolarización extraoficial de la economía. Al 31 de agosto del año en curso, el córdoba, la moneda de curso legal, participó apenas con el 27.8% en la liquidez total de la economía, el dólar dominaba el 61.2% del mercado monetario y el córdoba con mantenimiento de valor, que es un dólar disfrazado, figuraba con el 10.4%, lo que complica el cumplimiento de la autoridad monetaria de mantener la estabilidad de una tasa de inflación baja, ya acelerada por los choques de oferta que provienen del exterior y no pueden ser aplacados por la política monetaria.

Esos choques inflacionarios por el lado de la oferta son causados por el resurgimiento de la pandemia del Covid-19 con las reaperturas de las economía y los cuellos de botella de la cadena de suministros de materias primas y bienes terminados, y por el conflicto geopolítico-militar entre Rusia y Ucrania.

Además, hay dos razones financieras que muestran una fuerte dolarización financiera en el país. Con base en datos de la Superintendencia de Bancos y de Otras Instituciones Financieras (SIBOIF), al 31 de julio recién pasado el 71.4% del total de los depósitos en la banca comercial estaba en dólares, y el 91.3% del total de préstamos de la banca privada al sector privado era entregado en dólares.

La economía de Nicaragua sigue creciendo, pero a un ritmo inferior debido al “efecto base” alto de 2021, con un mercado laboral que no está ajustado, que no está resistente, porque en julio recién pasado la tasa de inactividad económica de la población en edad de trabajar (PET) publicada por el INIDE mostró el nivel de 33.7%. Por consiguiente, no existe flexibilidad para endurecer la política monetaria porque al elevarse la tasa de interés para reducir la tasa de inflación restringirá la demanda interna (consumo e inversión) y la producción, y aumentarán la tasa de desempleo abierto, probablemente, según mis cálculos, hasta cerca del 5.0% que es su tasa natural en el país, y la tasa de  inactividad económica, que afecta a un tercio de la población de 14 años y más de edad. 

Los precios de los alimentos y bebidas no alcohólicas no han comenzado a caer en el país, mientras que los precios del transporte bajaron muy poco sólo en julio de este año. Hasta el momento actual, excluyendo una leve desaceleración observada en junio de este año, la inflación interanual no ha disminuido en el mercado local, al acelerarse de 4.12% en julio de 2021 a 12.15% en agosto de 2022,  lo que refleja un incremento de la presión inflacionaria de 8 puntos porcentuales.

Tomando en cuenta que la tasa de referencia monetaria de la autoridad monetaria ha subido 4 veces desde abril hasta julio del año en curso, al pasar de 3.5% hasta 5.5%, y si la tasa de inflación no disminuye o no aumenta más en este año, todavía hay un largo camino por recorrer desde el incremento del IPC General de 12.15% o del incremento del IPC Subyacente de 9.35% registrados en agosto de este año para alcanzar el objetivo de la inflación básica del país contenida en el rango de [4.0%, 4.5% ] en el futuro.

Finalmente, a manera de información relacionada con el IPC General, la tasa de inflación mensual en agosto fue 0.86% y la tasa de inflación acumulada entre diciembre de 2021 y agosto de 2022 fue 7.58%.





El complejo restablecimiento de la estabilidad de la tasa de inflación en Estados Unidos

4 09 2022

¿Se provocará una recesión económica en Estados Unidos para reducir la tasa de inflación a 2%? Los resultados económicos de agosto sugieren que no, porque la tasa de crecimiento del empleo se desaceleró al agregarse 315,000 empleos, una cifra sólida pero menor que el medio millón agregado en julio, y han agregado un promedio mensual de 381,000 puestos en los últimos seis meses.

Los economistas esperaríamos una desaceleración del crecimiento del empleo al elevarse los costos del endeudamiento impulsados por una creciente tasa de interés del banco central estadounidense (Fed), pero el mercado laboral no se está “enfriando”, sino que continúa “sobrecalentado” o sigue siendo resistente. Parece que el aumento de la tasa de interés está jugando un papel secundario y en realidad es la alta tasa de inflación la que está reduciendo el gasto de consumo de las familias y esto provoca la disminución de la producción.

La tasa de desempleo aumentó de 3.5% en julio, un mínimo de 5 décadas, a 3.7% en agosto debido a que aumentó la cantidad de personas que perdieron sus puestos de trabajo y a que más personas regresaron al mercado laboral, lo que facilita a las empresas a llenar los puestos vacantes. Aún no se ha dado una caída libre del empleo y parece que la alta tasa de inflación está impulsando a más personas a buscar trabajo.

La tasa de aumento interanual de 5.2% del salario promedio por hora en agosto desaceleró y ha sido más lenta que la tasa de inflación, que alcanzó el nivel de 8.5% interanual en julio, lo cual es una mala noticia para los trabajadores y una buena noticia para la Fed.

Cualquier enfriamiento del mercado laboral siempre ha implicado un menor poder de negociación de los trabajadores, principalmente para los trabajadores que devengan los salarios más bajos de la escala laboral. En tiempos de crisis, los trabajadores defienden más sus puestos de trabajo y defienden menos el poder adquisitivo de sus salarios.

Si el mercado laboral está muy ajustado -los datos económicos indican que hay alrededor de dos vacantes por trabajador desempleado-, los trabajadores tienen muchas opciones para negociar salarios más altos y más prestaciones laborales, lo cual no favorece el deseo de la Fed de que se normalice la demanda de trabajo de los empresarios. En otras palabras, si las ventas de bienes y servicios finales se mantienen sólidas, las empresas seguirán contratando empleos, y la Fed continuará elevando la tasa de interés.

Así, al estar el mercado laboral bastante sólido, será necesario aumentar la tasa de interés por encima de la tasa de inflación para desacelerar el crecimiento de la producción y, muy probablemente, se provocaría una recesión.

Las tasas de interés más altas de un banco central funcionan para contrarrestar, en parte, la inflación cuando impactan al mercado laboral. Si las empresas tienen mayores costos de endeudamiento, crecen menos y reducen la contratación de trabajadores. Al disminuir las oportunidades laborales, se reduce la competencia por los trabajadores, se desacelera el crecimiento de los salarios y se desacelera y se disminuye el gasto de los consumidores. Al caer la demanda de los consumidores, las empresas pierden capacidad de subir los precios, y se reduce la tasa de inflación.

¿Cuál es el costo de ese proceso? El costo desafortunado es el aumento del desempleo, las personas pierden su puesto de trabajo y no encuentran trabajo.

¿Cuál será el aumento de la tasa de interés de la Fed en septiembre, 0.75 o 0.5 puntos porcentuales, y por cuánto tiempo la mantendrá elevada para restringir la producción de bienes y servicios? Dependerá de la tasa de inflación de septiembre.

Algunos directores de la Fed también ya han manifestado su opinión.

John Williams, presidente del Banco de la Reserva Federal de Nueva York, dijo que “la tasa de interés de referencia a corto plazo de la Fed debería estar por encima del 3.5% y mantenerla en ese nivel hasta el próximo año para que la inflación vuelva a bajar al 2%”.

Loretta Mester, presidenta de la Fed de Cleveland, manifestó que “será necesario subir la tasa de fondos federales un poco por encima del 4% a principios del próximo año y mantenerla allí. No anticipo que la Fed reduzca el objetivo de la tasa de fondos federales el próximo año”.

Raphael Bostic, presidente de la Reserva Federal de Atlanta, afirmó que “los datos muestran que la inflación de Estados Unidos se está desacelerando, y se inclina a respaldar un aumento de la tasa de 50 puntos básicos en septiembre, en el camino hacia una tasa de política monetaria de 3.5%-3.75% para fin de año. Una vez que las tasas estén en ese nivel «restrictivo», se sentiría cómodo manteniéndolas allí por un tiempo para permitir que la inflación se acerque a la meta del 2% de la Reserva Federal”.

Patrick Harker, presidente de la Reserva Federal de Filadelfia, dijo “que le gustaría que las tasas de interés superen el 3.4% y luego tal vez esperar un tiempo, añadiendo su voz al coro de autoridades que se oponen a las expectativas del mercado de una serie de bajas de tipos el próximo año”.

Esther George, presidenta del Banco de la Reserva Federal de Kansas City, sostuvo que “tenemos que aumentar las tasas de interés para desacelerar la demanda y llevar la inflación de regreso a nuestro objetivo” y sugirió que “es posible que las tasas deban subir por encima del 4 por ciento y permanecer allí por un tiempo”.

El presidente de la Fed, Jerome Powell, declaró la determinación de la Fed de reducir la inflación y advirtió que el esfuerzo podría causar daños a la economía y que el proceso probablemente implicaría un período sostenido de menor crecimiento, mayor desempleo y “algo de dolor” para los hogares y las empresas.

Nouriel Roubini, presidente y CEO de Roubini Macro Associates, destacado economista contemporáneo. profesor de Economía en la Universidad de Nueva York, conocido como “Dr. Doom” (Doctor Catástrofe) por predecir la crisis de las hipotecas subprime de 2008 y por sus análisis casi siempre pesimistas, advirtió que él espera que la Fed deba elevar su tasa de referencia a un pico por encima del 4%, tal vez incluso hasta el 5%, si quiere tener éxito en la lucha contra la inflación hacia su objetivo del 2%.

Si la Fed trata de realizar un “aterrizaje suave” en su lucha contra la inflación, es necesario identificar las presiones inflacionarias atribuibles al estímulo fiscal, que es un choque de demanda que se dio en respuesta a la desaceleración de la economía causada por la pandemia del Covid-19 en 2020 (un choque de oferta), y a otros dos choques inflacionarios de oferta como son los cuellos de botella en la red de suministros de bienes intermedios (materias primas) y de bienes finales (terminados) en 2021, y el conflicto geopolítico-militar entre Rusia y Ucrania en 2022. Si en el corto plazo no hubiera más choques inflacionarios por el lado de la oferta y si se solucionaran los tres choques de origen no económicos antes mencionados, la tasa de inflación del mercado estadounidense sería menor y, si fuese alta, su reducción sería menos difícil.  

No debemos olvidar que en la actual lucha antinflacionaria las expectativas inflacionarias de largo plazo corren el riesgo de “desanclarse” o “perder el ancla” porque la inflación ha sido persistentemente muy alta y está cercana a dos dígitos porcentuales, y que el “dolor para erradicarla” sería mayor si se retrasara la acción de la Fed. Definitivamente, el riesgo de hacer demasiado sería mantener una recesión económica y el riesgo de hacer muy poco sería convivir con una alta tasa de inflación.





Sin inflación salarial desde 2018

28 08 2022

Desde noviembre de 2017, el salario nominal promedio mensual del sector formal de la economía nicaragüense, según los datos del Ministerio del Trabajo (MITRAB) provenientes de una encuesta dirigida a empresas de más de 20 trabajadores y afiliadas a la seguridad social, no ha mostrado señales de inflación, como sí lo ha mostrado el índice de precios al consumidor (IPC) desde mayo de 2018.

Entre enero de 2018 y junio de 2022, el salario nominal informado por el MITRAB se incrementó apenas un 4.4% al pasar de C$10,685 a C$11,152 entre ambas fechas respectivamente y, al no observarse la presencia de la inflación salarial, no ha existido el riesgo de que un aumento de los costos laborales conduzca a una inflación más elevada.

Sin embargo, la tasa de inflación de 28.1% acumulada en ese período  deterioró el poder adquisitivo de los trabajadores en 18.5%. Ajustados por la inflación, los sueldos y salarios pagados a los trabajadores del sector formal de la economía nicaragüense cayeron 1.9% en 2018, 5.2% en 2019, 2.6% en 2020, 6.3% en 2021 y 8.3% interanual en julio de 2022.  Después del año de los máximos históricos de producción del país, 2017, no hay ningún repunte importante del salario del sector formal.

Y la cobertura del salario nominal del sector formal sobre el costo de la canasta de consumo básico se redujo de 74.3%  en enero de 2018 a 63.8% en junio de 2022.

Si los trabajadores se anticiparan a una tasa de inflación de 2 dígitos porcentuales, por ejemplo cercana a 10%, y comenzaran a pedir ajustes salariales, por ejemplo, 6% o 7% u 8%, en vez de 3% o 4% o 5%, las empresas podrían tratar de trasladar sus costos laborales crecientes a sus clientes subiendo los precios. Esto también podría perpetuar la inflación rápida, que es muy difícil aplacarla desde la banca central, lo cual quedó demostrado en el país durante la década de los ochenta del siglo pasado; en la década de los noventa, se necesitó un gran aumento del desempleo hasta un 17.8% de la población económicamente activa para romper la espiral precio-salario-precio.

La espiral precio-salario-precio ocurre cuando los precios al consumidor suben y los salarios comienzan a elevarse porque los trabajadores presionan a sus empleadores para mantenerse al día. Los empleadores comienzan a elevar más los precios al consumidor para igualar los costos de producción crecientes. Como en un baile incesante, los salarios y los precios quedan atrapados y cada uno lleva al otro al siguiente paso y, consecuentemente, el resultado es el círculo vicioso de una rápida inflación de precios y salarios, pero no deja a nadie mejor de lo que estaba antes de que se iniciara el baile.

No olvidemos que en Nicaragua no existe una inflación salarial desde mayo de 2018, es decir, los trabajadores no son los causantes de la actual inflación de los precios al consumidor.

También cabe recordar que en el segundo trimestre de 2022, el mercado laboral local, según datos del Instituto Nacional de Información de Desarrollo (INIDE),  tiene una muy baja tasa de desempleo abierto igual a 3.1% de la población económicamente activa, un mínimo desde el año de 2017 que es “inferior a la tasa natural de desempleo”, pero la tasa de inactividad económica es 33.6% de la población en edad de trabajar y la tasa de subempleo es 38.5% de la población ocupada.

Por consiguiente, la tasa de inflación interanual de 11.5% a julio de 2022 publicada por el INIDE, “no está acelerada por el desempleo”. Cualquiera que sea la razón de este fenómeno, por ejemplo, un bajo nivel de sindicalización, la fuerte desaceleración del crecimiento de los salarios obliga a los formuladores de la política macroeconómica repensar antes de provocar aumentos en el desempleo para reducir la inflación.

Por lo tanto, el hecho de que los costos laborales no se han incrementado podría conducir al riesgo del surgimiento de una peligrosa espiral de inflación de salarios y precios, a través de la indexación del costo de vida.

Hoy podemos hablar de una economía post-Covid que es menos eficiente para hacer coincidir la demanda y la oferta de trabajo, lo que implicaría la necesidad de una mayor tasa de desempleo para estabilizar los salarios y los precios, lo que llamamos la tasa natural de desempleo, la cual es normal, no puede ser reducida y oscila entre 2% y 5% de la población económicamente activa porque contiene el desempleo friccional, que es el desempleo voluntario que dura el tiempo en que un trabajador deja un empleo y encuentra otro.

Tampoco olvidemos que las empresas establecen los salarios y los precios con base en los costos y la competencia que ven en la economía, en vez de la tasa de inflación de los precios al consumidor.

Mi consejo es que se debería impedir cualquier expectativa de esa espiral inflacionaria, incluso antes de que se forme, porque la tasa de crecimiento de la productividad continúa siendo muy baja.





Tasas de desempleo, inflación y crecimiento económico de Nicaragua

21 08 2022

Los indicadores del mercado laboral de Nicaragua del segundo trimestre de 2022 fueron publicados por el Instituto Nacional de Información de Desarrollo (INIDE) la semana pasada, y lo primero que saltó a mi vista fue lo que aparentemente parece ser una paradoja macroeconómica.

La tasa de inactividad laboral en el segundo trimestre de este año es la más alta que se ha observado desde 2017, al subir 2 décimas porcentuales hasta 33.6% de la población en edad de trabajar (o de 14 años y más), mientras que la tasa de inflación interanual de julio recién pasado, también publicada por el INIDE, continuó acelerándose persistentemente desde hace tres meses con dos dígitos hasta el nivel de 11.46%.

La paradoja macroeconómica es que la tasa de inflación (de dos dígitos) sube y la tasa de inactividad económica (de dos dígitos) también sube, pero en un escenario de alta inflación, sin grandes shocks de demanda, la inactividad tendría que disminuir porque la economía se estaría acercando al pleno empleo, como lo indica la tasa de desempleo abierto de 3.1% de la población económicamente activa, cuando todos los trabajadores que pertenecen a la población económicamente activa y buscan trabajo lo encuentran sin problema alguno.

Con una tasa de inflación muy alta y en pleno empleo, las familias estarían consumiendo más y los productores estarían invirtiendo más, y el desempleo o la inactividad económica estaría disminuyendo. La teoría económica nos dice que si una de esas dos variables (inflación y desempleo o inactividad económica) sube, la otra tendría que bajar.

De acuerdo con información del INIDE, la 13ª Conferencia Internacional del Trabajo (CIET) estableció  que la noción de “algún trabajo” se interpreta  como el trabajo de por lo menos una hora durante el período en referencia y es suficiente en la participación de una actividad económica para que una persona sea clasificada como ocupada. Por supuesto que esa persona también podría ser clasificada como una persona subempleada, al no laborar las 8 horas diarias establecidas por el código laboral.

Con ese criterio de la 13ª CIET, el INIDE indicó que la tasa de desempleo abierto del segundo trimestre del año en curso registró su nivel más bajo observado desde 2017, un año que califiqué de máximos históricos de producción de Nicaragua en enero de 2019, pero el empleo es menor porque la fuerza laboral ha disminuido, ya que la tasa bruta de ocupación, es decir, la relación porcentual entre las personas de 14 años y más ocupadas entre la población en edad de trabajar, fue igual a 64.3% en el segundo trimestre de 2022, mientras que en el segundo trimestre del año de los máximos históricos de producción se ubicó en el nivel de 70.3%.

Dada la disminución de la tasa bruta de ocupación, ¿por qué la fuerza laboral de Nicaragua ha disminuido? No lo sabemos, por indisponibilidad de información demográfica y social. Los informes del INIDE contienen sólo porcentajes en concepto de tasas del mercado laboral del país, pero no conocemos el número de personas económicamente activas, o el número de desempleados abiertos, o el número de ocupados y de ocupados plenos, o el número de subempleados, o el número de personas inactivas económicamente, o de la población en edad de trabajar. La reducción de la fuerza laboral podría atribuirse, por ejemplo, a la emigración y a la jubilación.

Al haberse observado una muy baja tasa de desempleo abierto de 3.1%, la tasa de presión general, o sea, el porcentaje de la población económicamente activa que ejerce presión al mercado laboral al demandar un puesto de trabajo, fue igual a 7.6%, un nivel que está por debajo del 15.4% observado en el cuarto trimestre de 2020 o del 14.4% registrado en el segundo trimestre 2021.

La teoría macroeconómica enseña que el nivel de la tasa natural de desempleo no puede ser reducida al oscilar en un rango de 2% a 5%, debido a que forma parte del desempleo friccional de la población, que es el tiempo que tarda una persona para encontrar otro empleo que le convenga.

Por lo tanto, la tasa de desempleo abierto de 3.5% del segundo trimestre del año en curso no acelera la tasa de inflación, pero la inflación del IPC de 11.46% en julio se está arraigando en el pensamiento de los consumidores y los productores nicaragüenses por los shocks de oferta, causados por la reapertura de la economía después del control al Covid, los cuellos de botella de las cadenas de suministro y el conflicto geopolítico-militar entre Rusia y Ucrania, y además porque la base de la economía local es la actividad agropecuaria y forestal y los precios internacionales de los agroquímicos y de los alimentos se dispararon en 2022.

La tasa de inflación subyacente, que excluye los precios volátiles de los combustibles y de los alimentos, fue 8.46% en julio de este año, la cual está 4 puntos porcentuales por arriba del límite máximo de su rango entre 4.0% y 4.5%, según mis cálculos, que puede considerarse como la de inflación natural de la economía de Nicaragua. Tras un rápido cálculo, la caída de 4 puntos porcentuales de la tasa de inflación subyacente hasta el nivel de 4.5% requeriría una disminución del Producto Interno Bruto (PIB) real de 2.0% y la tasa de desempleo aumentaría 0.17 puntos porcentuales hasta el nivel de 5.07% de la población económicamente activa.

Desde un punto de vista técnico, parece que la recesión podría estar presente en las economías de Estados Unidos y de la Eurozona, lo que afectaría a la economía mundial y, por ende, a Nicaragua. Entonces,  cabe preguntarnos cuánto aumentaría la tasa de desempleo para que la tasa de inflación disminuya en 1 punto porcentual en Nicaragua, un concepto que utilizamos los economistas y que se conoce con el nombre de tasa de sacrificio.

Tras otro rápido cálculo de la elasticidad tasa de desempleo-tasa de inflación, estimé que la tasa de sacrificio es igual 1.86 puntos porcentuales, o sea, que necesitaríamos 1 año de desempleo con 1.86 puntos porcentuales por encima de su tasa natural para que la inflación disminuya 1 punto porcentual.

Como lo mencioné anteriormente, mi estimación de la tasa natural de desempleo en el mercado laboral de Nicaragua es 5% y la tasa de inflación subyacente debe disminuir 4 puntos porcentuales para arribar al 4.5%, que es el límite superior de su rango.

Sin embargo, la tasa de desempleo abierto en Nicaragua es más baja ahora que antes de la pandemia del Covid -en los trimestres de 2019 varió entre 4.9% y 6%-, y con la guía de la historia económica del país las cifras del mercado laboral de este año recientemente publicadas por el INIDE son inconsistentes con el riesgo de una recesión económica que se supone está aproximándose.





El IPC de Nicaragua aceleró sorpresivamente en julio

13 08 2022

En mayo recién pasado, creí que la tasa de inflación de Nicaragua había tocado techo, pero me equivoqué por segunda vez en el examen inflacionario. Aún con un “efecto base” alto del Índice de Precios al Consumidor General (IPCG) en diciembre de 2021, la inflación general continúa acelerándose desde agosto de 2021 y desde esa fecha se encuentra por encima de la tasa de inflación subyacente (ver gráfica).

El primer error lo cometí a mediados del año pasado, al haber afirmado que en el segundo semestre de 2021, con la reapertura de la economía mundial, una vez controlada la curva de contagio del Covid-19, la alta tasa de inflación sería transitoria porque desaparecería debido a la normalización del funcionamiento de las cadenas de suministro de materias primas y bienes finales, lo cual no ocurrió sino que empeoró por la falta de camiones y conductores en los principales puertos del mundo.

En el debate entre los economistas, perdió el “Equipo  Transitorio”, al cual pertenecía, y triunfó el «Equipo Permanente» el cual argumentó que la inflación se mantendría alta, una vez que se reabriera la economía mundial, por el sobrecalentamiento de la economía resultante del impulso de una demanda agregada excesiva en las economías avanzadas del mundo, que fue causada por tres fuerzas: políticas monetarias muy laxas, políticas fiscales muy estimulantes y un gran ahorro acumulado por las familias durante la pandemia. Cabe señalar que en Nicaragua no se observó una demanda agregada excesiva en 2021.

Luego aparecieron la variante Ómicron de Covid-19 y sus variantes BA.1, BA.2 y BA.3 en China, los grandes bloqueos en regiones como Shenzhen, muy importante  para las cadenas de suministro de fabricación global, y el conflicto geopolítico-militar entre Rusia y Ucrania, que hicieron subir de nuevo los precios internacionales de los commodities o materias primas, principalmente petróleo, agroquímicos, alimentos y metales ferrosos.

La alta presión inflacionaria mundial y, por ende, en Nicaragua, tiene un componente importante de inflación por los shocks de oferta, que no es posible reducir con los instrumentos de la política monetaria, al estar diseñada sólo para contrarrestar la inflación por los shocks de demanda.

Los datos del IPC de Nicaragua, publicados por el Instituto Nacional de Desarrollo de la Información (INIDE), indican que la tasa de inflación general subió 1.34% en julio con respecto a junio de este año, y es el nivel inflacionario mensual más alto registrado en 2022. En términos acumulado anual, es decir, entre diciembre de 2021 y julio de 2022, la inflación fue 6.66%, y en términos interanuales, o sea, entre julio de 2021 y julio de 2022, la inflación alcanzó el nivel de 11.46%, que está muy cercano a un máximo histórico registrado en septiembre de 2007.

Por su parte, la tasa de inflación anualizada del IPC subyacente (IPCS), que excluye los precios volátiles de los alimentos y de los combustibles, y que tiende a estar en el rango de [4.0%, 4.5%] en el mercado local, continúa también siendo alta al acelerarse y alcanzar el nivel de 8.46%, que es muy cercano a un máximo histórico de septiembre de 2011.   

En relación con los grupos de bienes y servicios que integran la canasta de productos del IPC del país, los que muestran las más altas tasas de inflación anualizada (de dos dígitos) en julio recién pasado son los de Alimentos y bebidas no alcohólicas (principalmente tomate, papas y cebolla, entre otros), cuyos precios han subido 18.26% y le siguen, en orden de importancia, el servicio de Transporte (adquisición de vehículos, funcionamiento de equipo de transporte personal y servicio de transporte), con 16.62%, y el servicio de Restaurantes y hoteles (servicio de suministro de comidas por contrato y servicio de alojamiento), con 10.23%.

La pregunta macroeconómica crucial que hoy existe es que si será necesario enfriar la economía nicaragüense, es decir, provocar una recesión económica para reducir la tasa de inflación subyacente de 8.46% registrada en julio de este año. Creo que no, porque la política macroeconómica ha sido administrada apropiadamente desde el año de 2019, o sea, que las autoridades económicas gubernamentales han logrado mantener una política monetaria contractiva y una política fiscal casi de equilibrio, con un mayor gasto de inversión pública y un déficit fiscal cercano a 1% del PIB.

Lo anterior me lleva a otra conclusión: la tasa de inflación provocada por los shocks de oferta tendría que reducirse resolviendo los problemas mundiales con un origen no económico, tales como la pandemia del Covid-19, los cuellos de botella de las cadenas de suministro y el conflicto geopolítico-militar entre Rusia y Ucrania.   

Es bastante probable que en agosto observemos la desaceleración de tasa de inflación general y de la tasa de inflación subyacente, porque desde finales de julio están cayendo los precios del petróleo y sus derivados, de los agroquímicos y de los alimentos, y por la disminución de los problemas de la cadenas de suministro.

Por otro lado, es probable que el Banco Central de Nicaragua (BCN) reduzca la alta  tasa de inflación subyacente, que es casi el doble del límite máximo de su rango normal, apuntando cuidadosamente a la inflación provocada por los shocks de demanda.





El PIB y el PIB Potencial de Nicaragua 2006-2021

7 08 2022

Los textos de macroeconomía nos enseñan que la producción potencial o Producto Interno Bruto (PIB) Potencial, o también conocida como senda tendencial del PIB, es el nivel máximo de producción, o producción de pleno empleo, que puede sostenerse a largo plazo consistente con una tasa de inflación estable, un nivel que crece con el tiempo.

La brecha de la producción, que es la diferencia entre la producción efectiva (PIB) y la producción potencial o tendencial, mide las desviaciones cíclicas de la producción con respecto a la producción potencial. En una “cima” cíclica la actividad económica es elevada y en un “fondo” cíclico la actividad económica está en un mínimo.

La producción no se encuentra siempre en su nivel tendencial, que corresponde al pleno empleo de los factores de producción, sino que fluctúa alrededor de la tendencia. La brecha de la producción aumenta durante las recesiones, y disminuye durante las expansiones, e incluso en este escenario puede ser negativa lo que significa que hay exceso de empleo.

Aunque teóricamente hay problemas con ambos conceptos y con la metodología de la estimación de la producción potencial, hoy nos concentraremos en los datos oficiales del PIB real de Nicaragua, o PIB en precios constantes de 2006, que es el año base actual de la economía de Nicaragua.

A continuación, presentamos la brecha de la producción oficial de Nicaragua, que es igual a la diferencia del PIB real, estimado por el Banco Central de Nicaragua (BCN), y el PIB Potencial real de Nicaragua, estimado por el suscrito y presentado en la gráfica anterior, expresada como un porcentaje del PIB Potencial real.

En orden de importancia, la mayores brechas negativas se observaron en 2020, producto del cierre de empresas por la presencia de la pandemia del Covid-19, y en 2009 por la crisis financiera mundial resultante de la caída de la banca de inversión de Wall Street.

Por otro lado, la mayor brecha positiva se observa en 2017, el año de máximos históricos de producción de Nicaragua, pero en 2021 la brecha positiva de la producción oficial de Nicaragua fue levísima, apenas 0.6% del PIB Potencial; en otras palabras, la economía de Nicaragua operó levemente por arriba de su capacidad el año pasado.

Si esa conclusión es cierta, no existió un sobrecalentamiento inflacionario significativo en 2021 y, por lo tanto, la tasa de inflación de 7.21% en 2021 no puede ser atribuida a los desequilibrios macroeconómicos convencionales, sino a los shocks de oferta provocados por la reapertura de la economía mundial, una vez controlada la curva de contagio del Covid-19, y en este año por el conflicto geopolítico y militar entre Rusia y Ucrania. Cabe agregar que en 2022 ya se presentó el riesgo externo de la variante BA.5 del Covid 19 en China, la Unión Europea y Estados Unidos.

Nota técnica: Los valores del PIB Potencial real de Nicaragua fueron estimados con el filtro de Hodrick-Prescott, que es un método para descomponer la serie observada, el PIB real de Nicaragua, en dos componentes, uno tendencial y otro cíclico, propuesto por Robert J. Hodrick y Edward C. Prescott en 1980. El ajuste de sensibilidad de la tendencia a las fluctuaciones a corto plazo es obtenido modificando un multiplicador λ, con un valor igual a 100 para series anuales. Durante el período 2006-2021, la tasa de crecimiento promedio anual del PIB Potencial real de Nicaragua fue 3.17%, y en el período 2006-2017, 3.65%.





¿Está Estados Unidos en recesión?

31 07 2022

En estos tiempos, casi todos los estadounidenses están pesimistas al hablar de la recesión como un riesgo necesario provocado por los bancos centrales en su intento de aplacar las elevadas tasas de inflación con aumentos de las tasas de interés de referencia, o también denominadas tasas de interés monetarias o interbancarias.

La recesión aparece cuando el Producto Interno Bruto (PIB) real cae durante dos trimestres consecutivos, pero  es una definición muy común, muy simple y no es oficial. Por supuesto que la caída o variación relativa negativa del volumen de producción de bienes y servicios, o sea, la variación relativa del PIB real, implica disminuciones del consumo y de la inversión, y aumento del desempleo.

El indicador de dos trimestres consecutivos del PIB real fue presentado por Julius Shiskin, el noveno Comisionado de la Oficina de Estadísticas Laborales de los Estados Unidos desde agosto de 1973 hasta 1978, y en 1974 señaló los criterios de duración, profundidad y difusión para identificar una recesión: el empleo no agrícola cae al menos 9 meses; el PIB cae al menos 1.5% durante al menos 2 trimestres; la tasa de desempleo aumenta más de 2 puntos y a un nivel superior al 6%; y más del 75% de todas las industrias siente la presión en el empleo durante 6 meses o más.

Sin embargo, el árbitro indiscutible para pronunciarse sobre la recesión es la Oficina Nacional de Investigación Económica de Estados Unidos, una organización privada sin fines de lucro que tiene un comité de eminentes economistas. Con los datos económicos, deciden si el ciclo económico actual está en una “cresta” (punto alto) o en un “valle” (punto bajo) y los períodos entre las “crestas” y los “valles” son las recesiones, pero no tienen una regla fija para ponderar sus decisiones para determinar si existe o no una recesión.

Cada uno de los tres criterios arriba mencionados debe cumplirse hasta cierto punto, pero también toman en cuenta que las condiciones extremas de un criterio pueden compensar parcialmente las indicaciones más débiles de otro. Su comité de datación del ciclo económico considera no sólo el PIB, sino también las cifras de empleo y la producción industrial, por lo que es difícil argumentar que Estados Unidos está en recesión, pero el crecimiento económico está desacelerándose.

Sólo las señales de la reducción de la tasa de inflación harán desaparecer el temor de una recesión. En otras palabras, la disminución de la tasa de inflación generará más desempleo. El modelo de la Curva de Phillips., desarrollado en la década de los cincuenta del siglo pasado, indica que cuando el aumenta el desempleo, los ingresos disminuyen y el gasto disminuye, pero la demanda cae más rápido que la oferta y si la tasa de inflación es muy alta, la recesión será más severa.

Sin embargo, hay un problema: la Curva de Phillips funciona si la inflación es impulsada por la demanda y ahora existe un impacto importante de la inflación por shock de oferta. La Fed está subiendo las tasas de interés y baja la demanda de bienes y servicios finales, tanto de consumo como de inversión, al enfriar el mercado laboral, pero las tasas de interés más altas no resolverán los problemas de las cadenas de suministro y es probable que los empeore al desalentar la inversión.

La economía estadounidense se recuperó fuertemente en 2021 después de su corta recesión causada por la pandemia del Covid-19 en 2020, pero ahora se observa una fuerte desaceleración porque el PIB de los dos primeros trimestres de este año acusan dos disminuciones continuas que indican el fin de la rápida recuperación económica post pandémica, marcada por una alta inflación que no da señales de disminución. Los aumentos de la tasa de inflación y de la tasa de interés están impactando a las familias, al encarecerse los productos de consumo, y a las empresas, al encarecerse el costo del dinero y de la inversión. La alta inflación es el principal problema macroeconómico, pero también lo es la incertidumbre del futuro crecimiento económico.

En junio de este año, la economía estadounidense registró los siguientes datos:

la tasa de inflación interanual fue 9.1%, resultado de una mezcla de shocks por el lado de la demanda (el sobreestímulo a la economía en respuesta al Covid-19) y de shocks por el lado de la oferta (los intentos de China de erradicar el Covid-19, la obstrucción de las cadenas de suministro y el conflicto geopolítico-militar entre Rusia y Ucrania);

independientemente del débil crecimiento de la productividad, los salarios aumentaron 15%, 2 puntos porcentuales más que la inflación, desde que comenzó la recesión de Covid-19;

el PIB del segundo trimestre de este año cayó 0.9% interanual por una fuerte disminución de los inventarios, tras caer 1.6% interanual por la misma causa en el primer trimestre del año en curso;

el consumo de las familias aumentó 1% en el segundo trimestre, menor que el crecimiento de 1.8 % en el primer trimestre del año.

la inversión residencial cayó 14% en el segundo trimestre, en el momento en que las tasas de interés más altas incidieron en la subida de las tasas hipotecarias.

la tasa de desempleo abierto de 3.6% en junio está cerca de su nivel más bajo en 50 años, pero el empleo es menor porque la fuerza laboral se ha reducido, 62.2% de la población en edad de trabajar en el segundo trimestre debido a las jubilaciones, la desaceleración de la inmigración y el Covid-19;

la Fed elevó desde casi 0% su tasa de interés de referencia por cuarta vez en este ciclo al rango de [2.25%, 2.50%] el miércoles 27 de julio; y

la confianza del consumidor cayó a su nivel más bajo desde que surgió la pandemia del Covid-19..

Por segunda vez consecutiva, la Fed elevó su tasa de interés de política de referencia en 75 puntos básicos o 0.75 puntos porcentuales y duplicó su enfoque para controlar la aceleración de la inflación, a pesar de que la economía estadounidense ha caído en dos trimestres consecutivos: aumentó la tasa de interés en 0.5 en mayo y en 0.75 puntos en junio, el primero de esa magnitud desde 1994. Ese aumento de la tasa de interés refleja un hecho registrado en 1981: el banco central estadounidense se encuentra en el ciclo más agresivo de ajuste monetario.

Cabe recordar que la política monetaria, con las alzas de la tasa de interés, no puede reducir la inflación por shock de oferta, sólo la inflación por shock de demanda, pero este argumento está chocando con la realidad, porque las interrupciones creadas por la pandemia del Covid-19 y el conflicto geopolítico-militar entre Rusia y Ucrania también están incrementando la tasa de inflación.

El presidente de la Fed, James Powell, dijo que a medida que el banco central continúa endureciendo la política, «probablemente será apropiado reducir el ritmo de los aumentos», pero que la Fed cambiaría a un enfoque de «reunión por reunión» para establecer la política y que «otro aumento inusualmente grande podría ser apropiado» en la reunión de septiembre. Se puede concluir que la Fed está dispuesta a sacrificar el crecimiento económico para alcanzar la reducción de la tasa de inflación.

La economía estadounidense no está en recesión y creo que para reducir la inflación es necesario un período de crecimiento económico y un mercado laboral más débil porque está muy sólido o “muy ajustado”.