Impunidad de Eduardo Montealegre se debe a la retardación de justicia

30 12 2020

12.33 años = 148 meses = 4,502 días de impunidad del presunto delincuente Eduardo Montealegre

El 2 de diciembre de 2020, Eduardo Montealegre cumplió 4,502 días de ser impune por haber cometido injurias y calumnias al atribuirme públicamente los presuntos actos delictivos que él hizo como ministro de Hacienda y Crédito Público, al reestructurar entre julio y octubre de 2003 la deuda pública interna por las liquidaciones bancarias ocurridas en 2000 y 2001 y al subastar entre mayo y agosto de 2003 los activos de los bancos liquidados.

Como es de conocimiento público, la presunta delincuencia de Eduardo Montealegre violentó mis derechos humanos al afectar mi imagen, mi reputación profesional y mi honor, al tildarme en sus escritos de ser un defraudador del Estado de Nicaragua sin haber probado nada ante los tribunales de justicia.

El ex banquero, ex político y presunto delincuente Eduardo Montealegre continúa sobre la ley desde hace 12 años y 3 meses, porque las autoridades judiciales han retardado la aplicación de la justicia. En octubre de 2016, la Dra. Aba Luz Ramos Vanegas, declaró por los medios de comunicación, que mi caso contra Eduardo Montealegre Rivas era uno más de los 125 mil casos que se encuentran en el Complejo Judicial Central de Managua y que no existía Retardación de Justicia.

Confío en que la justicia puede prevalecer sobre la impunidad. Eduardo Montealegre ha vivido 4,502 días de impunidad y está consciente de que es un “protegido” político, aunque cuando lo acusé se auto declaró un “perseguido” político.





La reforma tributaria rebasó la presión tributaria óptima

27 12 2020

El economista estadounidense Arthur Betz Laffer relacionó los ingresos tributarios o impuestos y la presión o carga tributaria, esta última representada por la razón macroeconómica Impuestos (T) con respecto al Producto Interno Bruto, T/PIB, es decir, la proporción de la producción de bienes y servicios que el Gobierno captura en concepto de impuestos.

Si la presión tributaria fuese 0% del PIB, los impuestos del Gobierno son iguales a cero, y si la presión tributaria fuese 100% del PIB, la recaudación tributaria también sería igual a cer porque nadie trabajaría para no ganar nada. Por consiguiente, ¿será cierta la premisa que una presión tributaria alta desincentiva el crecimiento económico y bajar la presión tributaria podría aumentar los impuestos al Estado? O al reducir los impuestos, ¿se aceleraría el crecimiento económico, habría más empleo, aumentaría la base de contribuyentes, crecería el consumo y se elevarían los ingresos tributarios?

La respuestas afirmativas a esas dos preguntas inyectaron popularidad a los argumentos de los economistas de la oferta, cuando  propuso un paquete al gobierno de Ronald Reagan, que redujo los impuestos personales y empresariales. Los argumentos de Laffer no dependían de la influencia de las reducciones de los impuestos en la demanda agregada, sino de la posibilidad de que una reducción de los impuestos llevara a los individuos a trabajar más. Se trata de una vertiente de la economía de la oferta.

El grupo de economistas que proponían la economía de la oferta argumentaban que la atención prestada a la demanda en la teoría macroeconómica ortodoxa impidió advertir el problema real de la economía de Estados Unidos. Ese problema era que las altas tasas tributarias y el exceso de regulaciones redujeron el incentivo a trabajar, ahorrar e invertir y, por lo tanto, lo que se necesita no eran estímulos a la demanda, sino mejores incentivos para estimular la oferta. Personalmente, no comparto esta propuesta de la economía de la oferta, muy probablemente por mi educación en la escuela keynesiana. El debate continúa.

A la relación entre los impuestos y la presión tributaria se le conoce como Curva de Laffer, la cual indica que a medida que subre la presión tributaria, o las tasas tributarias, el total de los impuestos recaudado aumentará inicialmente, pero después acaban siendo menores.

Eso le ocurrió a la reforma de la Ley de Concertación Tributaria (LCT) aprobada el 28 de febrero de 2019. Entre sus efectos se distinguieron la aceleración de la caída de los volúmenes de producción de bienes y servicios, la aceleración de la tasa de inflación, la reducción del gasto de consumo de los hogares y del gasto de inversión privada, la contracción del crédito al sector privado (ya reducido por la fuga de los depósitos en el sistema bancario observada entre abril 2018 y marzo de 2019), la reducción de la liquidez, del capital de trabajo y de la tasa de rentabilidad de las empresas, la destrucción de puestos de trabajo formal, el aumento del subempleo y del desempleo, la expansión del mercado informal;provocó salida de capitales; incrementó el contrabando de bienes de la denominada “industria fiscal”, principalmente cigarrillos, o sea, provocó el crecimiento de la economía sumergida o ilegal. En ese escenario macroeconómico, no había duda que disminuiría la recaudación real (o en precios constantes) de la recaudación de impuestos.

De acuerdo con la Curva de Laffer para Nicaragua, en un escenario de recesión económica permanente desde el segundo trimestre de 2018, la presión tributaria más reciente es igual a 18.46% correspondiente al tercer trimestre de 2020 (aunque fue igual a 20.66% en el segundo trimestre de 2019 y a 19.02% en el primer trimestre de 2020), pero es mayor, aunque cercano, a la presión tributaria óptima que es igual a 18.12%. Por lo tanto, los impuestos no podían subir con la reforma de la LCT, lo que también es coherente con la contracción de la base de contribuyentes y la disminución de la presión tributaria a partir del tercer trimestre de 2019.

Debido a la persistente recesión económica desde el el tercer trimestre de 2018, una cuestión crucial que debe tomarse en cuenta es que a partir del punto óptimo, o sea, a partir de una presión tributaria de 17.94% del PIB, cualquier subida de la presión tributaria reduce los impuestos porque desestimula a las actividades económicas. Los contribuyentes dejarían de pagar impuestos y serían más rentables el contrabando, el fraude y el ocio, que la inversión o el trabajo. En otras palabras, con cualquier presión tributaria superior al 17.94%, una reducción de la presión tributaria incrementará los impuestos.

La reforma tributaria preanunciada para 2021 podría impulsar el crecimiento económico de Nicaragua y disminuir el desempleo, porque antes de su discusión y aprobación la recaudación efectiva es inferior a la recaudación óptima. Con la reforma se espera que el sector formal de la economía tenga una carga más liviana de impuestos.

Anexo Estadístico y Econométrico

Para estimar la Curva de Laffer para Nicaragua, se usaron datos trimestrales correspondientes al período I Trimestre de 2006 – III Trimestre de 2020 y de la forma funcional ln(ITRSA)= β1CT + β2CT2 + ϵ, donde

ln es logaritmo natural, ITRSA es los ingresos tributarios reales desestacionalizados,

CT es la presión o carga tributaria (o sea, el cociente al dividir los ingresos tributarios reales entre el PIB Real, ambos desestacionalizados) y

CT2 es la carga tributaria al cuadrado.

El resultado fue: ln(ITRSA) = 99.293190 – 276.7412CT2.

Todos los coeficientes fueron estadísticamente diferentes de cero, con un ajuste de 82.3688%. Al ser una función cuadrática, el punto óptimo puede ser calculado a través de la primera derivada de la función con respecto a la variable independiente, en este caso la presión tributaria, e igualándola a cero y despejando:

Presión Tributaria Óptima = -99.29319 / [(2)(-276.7412) = 0.1794 = 17.94%.           





¿Cuánto dinero extra necesita Nicaragua para alcanzar el PIB Potencial?

20 12 2020

El nivel máximo histórico del Producto Interno Bruto (PIB) Real de Nicaragua se observó en el año de 2017, al mostrar el valor de 186,134 millones de córdobas de 2006, según cifra oficial del Banco Central de Nicaragua (BCN), con una tasa de crecimiento de 4.6% con respecto a su valor registrado en el año de 2016.

En 2009, el ciclo económico tocó un “fondo” debido a la recesión económica mundial provocada por la quiebra de la banca de inversión en Wall Street y en 2019 tocó una “cima” debido al crecimiento de la oferta de factores de producción -tierra, trabajo, capital y empresario- y los nuevos conocimientos técnicos.

Tomando en cuenta la muestra de 12 observaciones de la serie del PIB Real correspondiente al período 2006-2017, se puede determinar que la tasa de crecimiento del PIB Potencial era 3.5%, pero el PIB Efectivo rozaba la tasa de crecimiento promedio anual de 4.2%.

A partir de 2009, una vez que el ciclo económico del país salió del “fondo” observado 2009, la tasa de crecimiento promedio anual del PIB Efectivo aumentó hasta 5.2%, mientras que la tasa de crecimiento promedio anual del PIB Potencial tendía a disminuir hasta 3.1%.

La “cima” cíclica de la producción observada en 2017 reflejó una actividad económica mayor que la tendencia de la producción de bienes y servicios del país.

Los economistas saben que el PIB Potencial aumenta con el pleno uso de los factores de producción. Aumenta la población y el número de personas económicamente activas; se construyen nuevas empresas, aunque otras también desaparecen, y se adquieren maquinarias; se mejoran los rendimientos de los cultivos con el mejor uso de la tierra; se obtienen nuevos conocimientos y se aplican nuevas tecnologías. Aumenta, pues, el nivel tendencial del PIB, pero el pleno empleo de los factores de producción es un concepto económico, pero no físico.

El pleno empleo es un concepto económico porque los factores de producción no se utilizan plenamente. En términos económicos, el pleno empleo del trabajo se alcanza cuando la persona encuentra trabajo en tiempo razonable, y puede ser definido por una medida convencional, por ejemplo, cuando la tasa de desempleo es 5% -de acuerdo con la distribución normal estándar que se estudia en Estadísticas-; otro ejemplo es el del pleno empleo de la maquinaria y equipo o de las edificaciones industriales (stock de bienes de capital), que sólo se utilizan en menos horas del día.

El PIB Efectivo o el volumen de bienes y servicios producidos oscila alrededor de su nivel tendencial o del nivel de pleno empleo económico de los fatores de producción. Por consiguiente, existen expansiones cuando el PIB Efectivo está por encima de la tendencia de la producción o del PIB Potencial, y recesiones cuando está por debajo. Esas desviaciones cíclicas son llamadas brecha de la producción. Una larga expansión provoca presiones inflacionarias, mientras que una larga recesión provoca un creciente desempleo y subempleo.   

Aunque no tenemos indicadores confiables, comparables y oportunos  del bienestar económico de las familias, el impacto de la crisis en la economía de Nicaragua durante el trienio 2018-2020 se deja a entrever con la destrucción de 206,283 puestos de trabajo del sector formal que cotiza la seguridad social, el deterioro de 6.4% del poder adquisitivo del salario promedio del sector formal, una mayor desigualdad y un creciente índice de pobreza, pero el riesgo de hacer muy poco para reactivar la economía es grande debido al carácter contractivo de la política fiscal y de la política monetaria.   

La economía de Nicaragua se encuentra en recesión desde el segundo trimestre de 2018 hasta el presente trimestre y se encontrará en depresión al cierre del año de 2020, porque la caída del PIB Efectivo que se ha acumulado en tres años consecutivos es de dos dígitos porcentuales, muy cercana a 13%.

¿Cuál es el monto de dinero que necesita Nicaragua para alcanzar el PIB Potencial de 2020?

La respuesta a esa pregunta puede fundamentarse en el tamaño de la “brecha de la producción”, que mide la diferencia  la producción potencial (lo que la economía es capaz de producir) y la producción efectiva (el nivel real de producción económica).

Sobre la base de los datos oficiales del PIB durante el período 2006-2019 publicados por el BCN, en 2019 la diferencia entre el PIB potencial y el PIB efectivo fue igual a 12,828.4 millones de córdobas de 2006, con  una brecha de 6.9% y equivalente a US$910 millones.

Si a esa muestra de datos oficiales agregamos la tasa de caída de 6.1% del PIB pronosticada por COPADES para el año de 2020, la brecha de producción sería 17,713.8 millones de córdobas de 2006, el PIB Potencial sería 9.9% mayor que el PIB Efectivo y equivaldría a US$1,274 millones. 

En conclusión, para que se pueda alcanzar el PIB potencial de 2020, aunque es inferior al PIB Efectivo de 2017, se requiere un rescate económico o un paquete de US$1,274 millones en 2021. ¿Será posible en un año electoral? Es bastante probable que no. 





Caída de la oferta y la demanda de bienes y servicios en tiempos de crisis

12 12 2020

Recientemente, el Banco Central de Nicaragua (BCN) publicó la serie trimestral del Producto Interno Bruto (PIB) hasta el tercer trimestre del año en curso. Entre los principales hallazgos cuantitativos relacionados con los volúmenes de bienes y servicios por los lados de la oferta y la demanda, podemos mencionar los siguientes.

La producción comenzó a caer desde el segundo trimestre de 2018 y tras acumular siete caídas trimestrales dio lugar al primer y único crecimiento positivo en el primer trimestre de 2020, pero volvió a caer en el segundo y tercer trimestres de este año.

Técnicamente, la recesión económica continúa persistiendo y, además, ya se aproxima el surgimiento de una depresión económica porque la variación relativa acumulada de la suma del PIB trimestral de los tres primeros trimestres de 2020 con respecto a la misma suma del período de 2017 es negativa en el nivel de 10.2%.

Se puede observar en ese período de esos dos años que las actividades económicas que han sufrido las mayores caídas son Construcción (-47.8%), Hoteles y Restaurantes (-42.9%), Intermediación Financiera (-33.0%), Transporte y Comunicaciones (-18.2%), Comercio (-16.0%), Electricidad (-12.5%) y Otros Servicios (-10.1%).

A un menor ritmo cae la producción de Silvicultura (-6.1%), Propiedad de Vivienda (-3.7%) e Industria Manufacturera (-3.4%).  Por su parte, sólo han crecido Agricultura (11.3%), Pesca y Acuicultura (7.2%), Agua (6.8%), Salud (6.6%), Explotación de Minas y Canteras (6.3%), Enseñanza (4.6%), Administración Pública y Defensa (2.6%) y Pecuario (0.1%). 

Menos producción, menos empleo. El nivel promedio de trabajadores activos cotizantes de la seguridad social en los primeros nueve meses de 2020 fue igual a 714,213 personas, un número que es 21.8% inferior al registrado en el mismo período de 2017. El empleo disminuye en todas las actividades económicas, pero las que reflejan las mayores caídas son las de Comercio y Construcción, con 43.9% y 42.7% en el mismo orden.

Por el lado de la demanda interna de bienes y servicios finales, siempre sobre la base de la suma trimestral y los años arriba mencionados, el gasto de consumo total cayó 7.3% mientras que el gasto de inversión fija se desplomó 39.5%, principalmente el ejecutado por el sector privado.

El gasto de consumo de los hogares se redujo 9.0%, influenciado por la demanda precautoria de productos, la disminución de los ingresos de las familias por el creciente desempleo y subempleo, la tasa de inflación promedio del orden de 15.1% que incluye el efecto de la reforma tributaria, y el deterioro acumulado de 5.6% del poder adquisitivo, a pesar de que el flujo de remesas aumentó 31.7% al pasar de US$1,019.6 millones a US$1,342.7 millones en los primeros tres trimestres de 2017 y de 2020.

En cambio, el gasto de consumo gubernamental, es decir, el pago de las remuneraciones de los empleados y la compra de bienes y servicios de consumo finales aumentó 1.3% en ese mismo período, lo que indica la implementación de una política fiscal restrictiva.

La demanda externa de bienes y servicios, o sea, las exportaciones, también han caído 5.6%. En valores FOB, las disminuciones más importantes se registraron en ganado en pie, azúcar, maní, camarón y café.

Las importaciones también se desplomaron 19.6%. En valores CIF, las disminuciones se observan principalmente en la maquinaria y equipo destinada a la agricultura y al transporte, los bienes de consumo duraderos, los combustibles y lubricantes, y las materias primarias para la construcción.

En conclusión, el exceso de la demanda interna (consumo e inversión) sobre la oferta interna (PIB) se contrajo 45.0%, en un monto equivalente de US$819 millones, al pasar de US$1,123 millones en los tres primeros trimestres de 2017 a US$304 millones en los tres primeros trimestres de 2020.

Con esa notable reducción del exceso de la demanda interna sobre la producción interna, las necesidades de financiamiento externo tendió a disminuir, lo cual también es compatible con las reducciones observadas en los déficit gemelos, es decir, un superávit en la cuenta corriente de la balanza de pagos, gracias al menor déficit comercial y al mayor ingreso de remesas, y un déficit fiscal bastante cercano al 0% del PIB, o sea, un presupuesto casi equilibrado gracias a una política fiscal bastante restrictiva tanto por el lado de los impuestos como por el lado del gasto.

Pero no hay que alegrarse ni ser triunfalista por la reducción del exceso de la demanda interna sobre la producción interna del país. Una vez que se restablezca la confianza y se elimine la incertidumbre de los agentes económicos, aumentará ese exceso de demanda interna y, consecuentemente, reaparecerá el déficit en cuenta corriente de la balanza de pago y aumentará, aunque sea levemente, el déficit del presupuesto gubernamental. En otras palabras, tendrá que aumentar el flujo de los recursos externos que ingresa al país.





Por qué son altas las tasas de interés para los prestatarios en Nicaragua

6 12 2020

Productores, inversionistas y consumidores, frecuentemente me preguntan el porqué las tasas de interés son muy elevadas en Nicaragua. Y en realidad, actualmente están muy altas en el mercado local, mientras que en el mercado internacional están muy bajas debido a la profunda recesión causada por la pandemia mundial del COVID-19.

Una respuesta muy amplia a esa pregunta, mejor dicho, una respuesta muy general desde el punto de vista académico, pero aplicada en la realidad por el Consenso de Washington, es la falta de credibilidad del neoliberalismo con su dogma de una plena desregulación sin restricciones, que muy bien se ejemplificó con la crisis financiera de 2008, cuando quebró la banca de inversión de Wall Street y provocó una severa recesión económica mundial.

Ahora, busquemos las respuestas más específicas a esa pregunta. Cuando las expectativas inflacionarias de la población o cuando la tasa de inflación esperada cae, las tasas de interés también caen. En el caso contrario, cuando la tasa de inflación se acelera a la subida, los inversionistas financieros prevén que el pago de su inversión se volverá más barato y exigen una tasa de interés más elevada para compensar esa pérdida por la mayor inflación.

En el caso de Nicaragua, las expectativas inflacionarias están bajas al registrarse oficialmente una tasa de inflación interanual de  2.69% en octubre de 2020,  debido a una demanda interna (consumo e inversión) deprimida por tres crisis que tienen orígenes no económico -crisis política interna desde abril 2018, crisis del COVID-19 desde marzo de 2020 y crisis por dos huracanes en noviembre de 2020-.

Sin embargo, a octubre recién pasado la tasa de interés nominal ponderada cobrada a los prestatarios de las entidades bancarias, para préstamos a 1 año plazo, fluctuó entre 10% y 12% para los préstamos en córdobas, por lo cual la tasa de interés real, es decir, la tasa de interés nominal menos la tasa de inflación de la moneda local, saltó en este año de 5.36% en enero a 7.78% en octubre, lo cual obliga a preguntarnos por qué han aumentado significativamente si el consumo, la inversión, la producción y las importaciones se han desplomado desde 2018. El Banco Central de Nicaragua (BCN) ha comenzado a fijar tasas de interés en córdobas sin mantenimiento de valor más bajas sólo a corto plazo, pero no inciden en el comportamiento de las tasas de interés del mercado. 

A manera de información, en octubre de 2020 la tasa de interés nominal ponderada para los préstamos en dólares a 1 año plazo fue 10.8% y la tasa de inflación interanual del dólar fue 1.2%; por lo tanto, la tasa de interés real para la moneda extranjera fue igual a 9.6%.

La recesión económica que ha tenido Nicaragua desde el tercer trimestre de 2018 se está transformando en una depresión económica al cierre del año de 2020, porque la tasa de caída del producto interno bruto (PIB) real acumulada en los últimos tres años es de dos dígitos, al caer 14%. Por consiguiente, otro factor que hace bajar las tasas de interés es la caída del PIB real porque reduce las nuevas inversiones fijas, o sea, menos construcción y menos adquisición de maquinaria y equipo. Al haber menos demanda de capital, las tasas de interés disminuyen.

En resumen, las bajas expectativas inflacionarias de la población y la menor demanda de capital deberían presionar las tasas de interés de los préstamos hacia la baja. Pero esto no ocurre en Nicaragua.

Con las tres crisis antes mencionadas, los precios han caído. La tasa de inflación mensual de desaceleró y se transformó en una tasa de deflación o de caída de precios intermitente durante cuatro meses en este año; el tipo de cambio oficial redujo su tasa anual de deslizamiento de 5% a 3% y a 2%; el poder adquisitivo del salario promedio del sector formal se ha deteriorado desde el tercer trimestre de 2018 debido al congelamiento de los salarios nominales; la tasa de interés monetaria o interbancaria del BCN se ha reducido a un nivel cercano a 3%; la tasa de interés pagada a los ahorristas, con altibajos consecutivos, aceleró su disminución desde enero de este año hasta 2% en octubre; pero la tasa de interés asociada al córdoba y cobrada a los prestatarios, con sus altibajos, permanece por arriba del 10%.  

Reparar los daños de las tres crisis que hoy tiene Nicaragua no será una tarea fácil. Muchas empresas han quebrado o cerrado, el número de subempleados y desempleados ha crecido, la inequidad de la distribución del ingreso ha subido y la incertidumbre continúa afectando a los consumidores y a los inversionistas. Se requiere el restablecimiento de la confianza entre los agentes económicos.  

En conclusión, no debemos olvidar los tres factores relacionados con las tasas de interés: (i) la desregulación irrestricta promovida por el Consenso de Washington desde la década de los ochenta, pero en Nicaragua desde la década de los noventa, que la empuja hacia arriba; (ii) las expectativas inflacionarias de la población, que han bajado y deberían presionar a la tasa de interés a la baja; y (iii) la menor demanda de dinero y de capital, que ha caído y que también y debería presionar a la tasa de interés a la baja.