La Fed tiene prisa en subir la tasa de interés

25 09 2022

Los funcionarios del banco central de Estados Unidos (Fed), continúan acelerando la subida de las tasas de interés para frenar la rápida inflación observada en los últimos dieciocho meses. El temor de los formuladores de la política monetaria estadounidense es que la inflación inercial contribuya al establecimiento de una «psicología inflacionaria” entre los consumidores y los productores, que se acomode en el pensamiento de los agentes económicos, que se arraigue en una corta memoria inflacionaria, al confirmarse en el mercado que “los precios subieron hoy porque subieron ayer”.

En la década de 1970, los funcionarios de la Fed trataron de controlar la inflación con las alzas de las tasas de interés, pero se detuvieron en su intento cuando la economía mostró señales de una desaceleración. La inflación se mantuvo en nivel muy alto y al elevarse los precios del petróleo en 1979 por los efectos de la revolución iraní y de la Guerra Irán-Irak, el presidente de la Fed, Paul A. Volcker, elevó las tasas de interés hasta casi el 20% y la tasa de desempleo hasta 10.8%. Parece que este antecedente pesa demasiado en la mente de los funcionarios de la Fed.  

El miércoles 21 de septiembre recién pasado, La Fed anunció un tercer aumento consecutivo de la tasa de interés de referencia de fondos federales de 0.75 puntos porcentuales o 75 puntos básicos, hasta el rango de [3%, 3.25%], un nivel que se registró a principios de 2008, y es el ajuste de política de la Fed  más rápido desde la década de 1980, con el objetivo de aplacar la tasa de inflación interanual de 8.3%, que se aproxima a un máximo de 40 años, por debajo del 8.5% en julio y del 9.1% en junio. Las presiones inflacionarias se fortalecieron en agosto, porque el aumento anualizado de IPC subyacente, que excluye los precios muy volátiles de la energía y de los alimentos, aumentó 6.3% desde la tasa del 5.9% registrada en junio y en julio del año en curso.

Tras el anuncio de la Fed, el jueves 22 de septiembre el Banco de Inglaterra subió la tasa de interés medio punto porcentual hasta 2.25%; el banco central de Suiza puso fin a las tasas de interés por debajo de cero en Europa; Japón, con una tasa de interés baja, intervino en los mercados de divisas por primera vez en 24 años para fortalecer al yen debido a las acciones de los otros bancos centrales; y se espera que el Banco Central Europeo (BCE) suba la tasa de interés en octubre próximo.

La política monetaria estadounidense se ha vuelto agresiva en un momento en que las tasas de crecimiento económico de China y de la Unión Europea comienzan a desacelerarse, mientras que los cuellos de botella de las cadenas de suministros están desapareciendo y las mediciones de las expectativas inflacionarias están controladas. En otras palabras, el riesgo del endurecimiento rápido de la política monetaria de los bancos centrales mundiales para reducir la inflación es que podría provocar graves recesiones y altos niveles de desempleo. Los funcionarios de la Fed expresaron aumentos adicionales de la tasa de interés hasta 4.4% para finales de 2023 y hasta 4.6% para finales de 2023, frente al 3.7% actual. “Queremos actuar agresivamente ahora, hacer este trabajo y seguir haciéndolo hasta que esté terminado”, explicó el Sr. Powell.

La Fed tiene dos objetivos macroeconómicos que cumplir: uno es lograr el máximo empleo y otro es mantener una tasa de inflación estable. En la actualidad, el mercado laboral está sólido porque la tasa de desempleo es baja, 3.7% de la población económicamente activa, los empresarios están contratando a trabajadores y los salarios están aumentando, pero la tasa de inflación interanual de 8.3% en agosto es más de tres veces la meta oficial de 2%.

En ese escenario, el banquero central trata de desacelerar la tasa de inflación con los aumentos de la tasa de interés, lo que también desacelera o enfría al mercado laboral, aumenta el desempleo y modera el incremento de los salarios. El banquero central también decide el nivel de desempleo abierto tolerable  y cómo equilibrar los dos objetivos, inflación y desempleo, que están en conflicto. El presidente de la Fed, Jerome H. Powell, dijo que el proceso de ajuste traerá “dolor” a las empresas y los hogares.

En la lucha antinflacionaria, el crecimiento del PIB real de Estados Unidos tendría que caer por debajo de su nivel potencial durante algún tiempo, que en este momento la Fed lo estima alrededor de 1.8%. Además, las proyecciones de la Fed señalan que la tasa de crecimiento anual del PIB real desacelerará hasta 0.2% en 2022 y se mantendrá en 1.2% en 2023, para que en 2025 la tasa de inflación del IPC General (IPCG) desacelere hasta 2.0%, y que la tasa de inflación del IPC Subyacente (IPCS), que excluye los precios de los alimentos y los combustibles, se mantenga en 2.1%. Tres años para retornar a la normalidad, en un mundo ideal. ¿Será posible?

Antes de la reunión de la Fed del 20 y 21 de septiembre del año en curso, el profesor Joseph E. Stiglitz, Premio Nobel de Economía 2001, y Dean Baker, economista estadounidense y cofundador y codirector del Center for Economic and Policy Research, opinaron en su artículo “La Fed debería esperar y ver” fechado el 12 de septiembre de este año, que “Con datos recientes que muestran que tanto la inflación como las expectativas de inflación se han relajado, sería irresponsable que la Reserva Federal de los Estados Unidos creara un desempleo mucho más alto. En medio de tanta incertidumbre, debería pausar las alzas de las tasas de interés hasta que sea posible una evaluación más confiable de las condiciones macroeconómicas”.

Agregaron que “había varias razones para esperar y no decidir otra alza de la tasa de interés porque “Las restricciones del lado de la oferta impulsaron la inflación al alza, y ahora los factores del lado de la oferta están volviendo a reducir la inflación” y que “La justificación estándar para el endurecimiento de la política de la Fed es que es necesario para evitar un ciclo de expectativas autocumplidas, con trabajadores y empresas que esperan una mayor inflación y fijando salarios y precios en consecuencia. Pero esto no puede suceder cuando las expectativas de inflación están disminuyendo, como lo están haciendo ahora”.

Concluyeron diciendo que “La formulación de políticas siempre se lleva a cabo en condiciones de incertidumbre, y las incertidumbres son especialmente grandes ahora. Con la inflación y las expectativas inflacionarias ya disminuyendo, la Fed debería asignar más peso al riesgo a la baja de un ajuste adicional: a saber, que empujaría a una economía estadounidense ya golpeada a la recesión. Esa debería ser razón suficiente para que la Fed se tome un descanso este mes.”

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Salario mínimo vs Alto costo de vida

18 09 2022

El salario mínimo es el salario más bajo que los empresarios están autorizados a pagar a los trabajadores que laboran en sus empresas. Según la Ley de Salario Mínimo de Nicaragua aprobada por la Asamblea Nacional el 24 de mayo de 1991, el ajuste del precio mínimo del trabajo se determina con la suma de la tasa de inflación del Índice de Precios al Consumidor (IPC), hoy estimada por el Instituto Nacional de Información de Desarrollo (INIDE), más la tasa de crecimiento real de cada sector de la economía estimada por el Banco Central de Nicaragua (BCN), pero en la práctica lo que se adiciona es la tasa de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) real anual.

Los datos de la tasa de crecimiento económico y de la tasa de inflación que facilitan el ajuste del salario mínimo, que entra en vigor en marzo de cada año, corresponden a los datos del año inmediato anterior. Cuando el salario mínimo de cada sector logre alcanzar el 100% del costo de la canasta de consumo básico, los incrementos posteriores de este salario se indexarán sólo con la tasa de inflación del IPC.

En septiembre de 2007, el INIDE publicó el costo de una nueva canasta de consumo básico, que incorporó la cantidad de 53 productos con mayores cantidades que la canasta anterior y con sustitución de varios productos alimenticios, que estuvo en vigor desde la década de los ochenta del siglo pasado, y cuyos 23 alimentos garantizan la ingesta de 2,455.4 kilocalorías per cápita diario. Por este motivo, la fijación del salario mínimo tiene como referencia el costo de la canasta de consumo básico, que es calculada y ajustada por el Ministerio de Salud (MINSA), el Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS) y el INIDE.

Entre los años de 2017 y 2022, el salario mínimo promedio simple nominal o en precios corrientes, ponderado por actividad económica, registró un aumento acumulado 35.57%. Durante 2017, el año de los máximos históricos de producción, y 2018, el año de la crisis política interna, el ajuste se estimó con la suma de la inflación y del crecimiento económico como lo establece la ley, pero en 2019, el año de la reforma procíclica de la Ley de Concertación Tributaria, el salario mínimo no recibió ningún ajuste. El salario mínimo se indexó de facto con la tasa de inflación del IPC, cuando surgió en el país la pandemia mundial del Covid19 en 2020; luego en 2021, cuando se reabrió la economía mundial, con los cuellos de botella en la cadena de suministros, y al recuperarse el nivel máximo de producción del país; y después en 2022, cuando se aceleró la presión inflacionaria mundial provocada por los shocks de oferta debido a la crisis geopolítica-militar de Rusia y Ucrania.

Aunque la relación del salario mínimo con la inflación ha sido adoptada en muchas economías desde la década de los setenta del siglo pasado, aún persisten acuerdos de salarios mínimos y pensiones para proteger a la población más vulnerable del alto costo de vida.  Cabe agregar que a partir del año de 2020, el monto anual del ajuste del salario mínimo se  entregó totalmente en marzo, y antes de ese año, según la ley, se entregaba en dos montos semestrales, uno en marzo y otro en septiembre.

En términos preliminares, al tomar en cuenta mi pronóstico de una tasa de inflación de 9.23% para 2022, la tasa de inflación acumulada en el período 2018-2022 tiende a ubicarse en el nivel de 27.93%. Por consiguiente, el deterioro preliminar del poder adquisitivo del salario mínimo promedio simple en diciembre de cada año, ponderado por actividad económica, durante el período 2018-2022 es 11.68% y se requeriría un ajuste de dicho salario de 13.22% para que recupere en 2023 su poder adquisitivo registrado en 2018, pero sin incorporar el efecto de la inflación que se observe en 2023.

¿Por qué 2018? Porque fue el último año en la fijación del ajuste de este salario con la suma de la tasa de crecimiento económico y de la tasa de inflación registradas en el año inmediato anterior, 2017, el año de máximos históricos de producción del país. Lo que debe importar es proteger el bienestar alcanzado por los trabajadores que están en la parte inferior y también en la parte media de la distribución del ingreso, para que puedan enfrentar los impactos de la inflación que hoy se notan principalmente en las compras de alimentos y transporte. Además, la cobertura del salario mínimo sobre el costo de la canasta de 53 productos de consumo básico se ha reducido de 49.68% en diciembre de 2018 a 43.11% pronosticado para diciembre de 2022 y en el sector formal de la economía trabajan aproximadamente 110,000 personas que devengan el salario mínimo.

Sin embargo, salta a la vista la alerta de no acelerar más la tasa de inflación en estos momentos con ajustes salariales muy cercanos o superiores a dos dígitos porcentuales, porque que tenemos graves shocks de inflación desde el lado de la oferta que provienen del exterior. Si los salarios aumentaran con el mismo ritmo de los precios, es decir, que se introduce la espiral precio-salario-precio, la situación sería más crítica por el riesgo de que se perpetúe la inflación.

Cuando las empresas enfrentan mayores costos de endeudamiento por las alzas de las tasas de interés impulsadas por la banca central, la producción crece menos y se reducen las contrataciones de trabajadores, disminuye la competencia por trabajadores, se desacelera el crecimiento de los salarios, cae el gasto de los consumidores, baja la demanda de bienes y servicios, las empresas no pueden subir los precios y se reduce la inflación. Pero el desempleo y el subempleo aumentan.  Comparto la opinión de que un salario mínimo más alto generaría un impulso para la formación de buenos empleos y las posibilidades del avance profesional, y los empresarios estarían incentivados para aumentar la productividad de sus empresas. En resumen, el aumento del salario mínimo debería estar acompañado de políticas que reorienten el cambio tecnológico, generen buenos empleos y mejoren las condiciones laborales.





La inflación de Nicaragua se aceleró en agosto

11 09 2022

Los consumidores nicaragüenses estarán preocupados por la aceleración de la tasa de inflación en agosto, según el dato oficial del Índice de Precios al Consumidor (IPC) publicado por el Instituto Nacional de Información de Desarrollo (INIDE) el recién pasado viernes 9 de septiembre.

Los índices mensuales de la estacionalidad del IPC siempre han mostrado una trayectoria decreciente entre junio y septiembre de cada año, resultante principalmente de la salida de la cosecha de la primera fase del ciclo agrícola del país. En otras palabras, los datos del IPC de Nicaragua experimentan fluctuaciones regulares a lo largo del tiempo que facilitan su estudio temporal, incluso su pronóstico de corto plazo. Sin embargo, el IPC del mercado local se aceleró en el lapso de enero-agosto de este año, excepto en junio al registrar una levísima desaceleración. 

La tasa de inflación interanual o anualizada del IPC de agosto de 2022, que se aceleró hasta 12.15%, está muy cerca de un máximo de hace trece años observado en enero de 2009, mientras que la tasa de desempleo abierto en julio de este año, también con datos del INIDE, está muy bajo al registrar el nivel de 3.6% de la población económicamente activa (PEA), por debajo de la tasa de desempleo natural o básica que estimo se ubica entre 4% y 5% de la PEA.

La tasa de desempleo abierto en el mercado laboral de julio de 2021 es 1 punto porcentual menor que su nivel de 4.6% registrado en julio de 2021, lo cual es algo atípico en momentos de una menor confianza de los consumidores causada por el aumento más rápido de los precios al consumidor.  Habría que evitar que la gente piense que la inflación continuará aumentando, que la inflación permanecerá en un nivel muy alto por más tiempo, porque dificultará su reducción. Habría que evitar que las expectativas inflacionarias se desanclen, porque aumentaría los costos de reducción de la inflación, los cuales son el desempleo, la recesión económica y la estanflación (estancamiento económico y alta inflación).  

Por su parte, la tasa de inflación subyacente, que excluye los precios volátiles de los combustibles y de los alimentos y que debe ser controlada por la banca central, en vez de caer también se aceleró hasta 9.35% en agosto. Esta aceleración de la inflación subyacente implica que las expectativas inflacionarias de mediano plazo de los consumidores y de los productores están creciendo, están fortaleciéndose y, reitero, podrían desanclarse. Habría que evitar esta situación, es necesario reducir las expectativas inflacionarias.

¿Cómo reducir las expectativas inflacionarias? Justo con el mantenimiento de la tasa de interés real de la banca central en un nivel positivo y fijarla en ese plano positivo hasta que se reduzca la alta tasa de inflación. La autoridad monetaria del país tendría que reducir la actual tasa de inflación subyacente de 9.35% hasta 4.0%, el mínimo de su rango, o hasta 4.5% el máximo de ese rango, según mis cálculos, en el cual está incluida la tasa de inflación natural del país.

Pero en el caso de la economía nicaragüense, el objetivo de reducir la alta inflación, que se mide en córdobas, está sujeto a una restricción muy severa, la excesiva dolarización extraoficial de la economía. Al 31 de agosto del año en curso, el córdoba, la moneda de curso legal, participó apenas con el 27.8% en la liquidez total de la economía, el dólar dominaba el 61.2% del mercado monetario y el córdoba con mantenimiento de valor, que es un dólar disfrazado, figuraba con el 10.4%, lo que complica el cumplimiento de la autoridad monetaria de mantener la estabilidad de una tasa de inflación baja, ya acelerada por los choques de oferta que provienen del exterior y no pueden ser aplacados por la política monetaria.

Esos choques inflacionarios por el lado de la oferta son causados por el resurgimiento de la pandemia del Covid-19 con las reaperturas de las economía y los cuellos de botella de la cadena de suministros de materias primas y bienes terminados, y por el conflicto geopolítico-militar entre Rusia y Ucrania.

Además, hay dos razones financieras que muestran una fuerte dolarización financiera en el país. Con base en datos de la Superintendencia de Bancos y de Otras Instituciones Financieras (SIBOIF), al 31 de julio recién pasado el 71.4% del total de los depósitos en la banca comercial estaba en dólares, y el 91.3% del total de préstamos de la banca privada al sector privado era entregado en dólares.

La economía de Nicaragua sigue creciendo, pero a un ritmo inferior debido al “efecto base” alto de 2021, con un mercado laboral que no está ajustado, que no está resistente, porque en julio recién pasado la tasa de inactividad económica de la población en edad de trabajar (PET) publicada por el INIDE mostró el nivel de 33.7%. Por consiguiente, no existe flexibilidad para endurecer la política monetaria porque al elevarse la tasa de interés para reducir la tasa de inflación restringirá la demanda interna (consumo e inversión) y la producción, y aumentarán la tasa de desempleo abierto, probablemente, según mis cálculos, hasta cerca del 5.0% que es su tasa natural en el país, y la tasa de  inactividad económica, que afecta a un tercio de la población de 14 años y más de edad. 

Los precios de los alimentos y bebidas no alcohólicas no han comenzado a caer en el país, mientras que los precios del transporte bajaron muy poco sólo en julio de este año. Hasta el momento actual, excluyendo una leve desaceleración observada en junio de este año, la inflación interanual no ha disminuido en el mercado local, al acelerarse de 4.12% en julio de 2021 a 12.15% en agosto de 2022,  lo que refleja un incremento de la presión inflacionaria de 8 puntos porcentuales.

Tomando en cuenta que la tasa de referencia monetaria de la autoridad monetaria ha subido 4 veces desde abril hasta julio del año en curso, al pasar de 3.5% hasta 5.5%, y si la tasa de inflación no disminuye o no aumenta más en este año, todavía hay un largo camino por recorrer desde el incremento del IPC General de 12.15% o del incremento del IPC Subyacente de 9.35% registrados en agosto de este año para alcanzar el objetivo de la inflación básica del país contenida en el rango de [4.0%, 4.5% ] en el futuro.

Finalmente, a manera de información relacionada con el IPC General, la tasa de inflación mensual en agosto fue 0.86% y la tasa de inflación acumulada entre diciembre de 2021 y agosto de 2022 fue 7.58%.





El complejo restablecimiento de la estabilidad de la tasa de inflación en Estados Unidos

4 09 2022

¿Se provocará una recesión económica en Estados Unidos para reducir la tasa de inflación a 2%? Los resultados económicos de agosto sugieren que no, porque la tasa de crecimiento del empleo se desaceleró al agregarse 315,000 empleos, una cifra sólida pero menor que el medio millón agregado en julio, y han agregado un promedio mensual de 381,000 puestos en los últimos seis meses.

Los economistas esperaríamos una desaceleración del crecimiento del empleo al elevarse los costos del endeudamiento impulsados por una creciente tasa de interés del banco central estadounidense (Fed), pero el mercado laboral no se está “enfriando”, sino que continúa “sobrecalentado” o sigue siendo resistente. Parece que el aumento de la tasa de interés está jugando un papel secundario y en realidad es la alta tasa de inflación la que está reduciendo el gasto de consumo de las familias y esto provoca la disminución de la producción.

La tasa de desempleo aumentó de 3.5% en julio, un mínimo de 5 décadas, a 3.7% en agosto debido a que aumentó la cantidad de personas que perdieron sus puestos de trabajo y a que más personas regresaron al mercado laboral, lo que facilita a las empresas a llenar los puestos vacantes. Aún no se ha dado una caída libre del empleo y parece que la alta tasa de inflación está impulsando a más personas a buscar trabajo.

La tasa de aumento interanual de 5.2% del salario promedio por hora en agosto desaceleró y ha sido más lenta que la tasa de inflación, que alcanzó el nivel de 8.5% interanual en julio, lo cual es una mala noticia para los trabajadores y una buena noticia para la Fed.

Cualquier enfriamiento del mercado laboral siempre ha implicado un menor poder de negociación de los trabajadores, principalmente para los trabajadores que devengan los salarios más bajos de la escala laboral. En tiempos de crisis, los trabajadores defienden más sus puestos de trabajo y defienden menos el poder adquisitivo de sus salarios.

Si el mercado laboral está muy ajustado -los datos económicos indican que hay alrededor de dos vacantes por trabajador desempleado-, los trabajadores tienen muchas opciones para negociar salarios más altos y más prestaciones laborales, lo cual no favorece el deseo de la Fed de que se normalice la demanda de trabajo de los empresarios. En otras palabras, si las ventas de bienes y servicios finales se mantienen sólidas, las empresas seguirán contratando empleos, y la Fed continuará elevando la tasa de interés.

Así, al estar el mercado laboral bastante sólido, será necesario aumentar la tasa de interés por encima de la tasa de inflación para desacelerar el crecimiento de la producción y, muy probablemente, se provocaría una recesión.

Las tasas de interés más altas de un banco central funcionan para contrarrestar, en parte, la inflación cuando impactan al mercado laboral. Si las empresas tienen mayores costos de endeudamiento, crecen menos y reducen la contratación de trabajadores. Al disminuir las oportunidades laborales, se reduce la competencia por los trabajadores, se desacelera el crecimiento de los salarios y se desacelera y se disminuye el gasto de los consumidores. Al caer la demanda de los consumidores, las empresas pierden capacidad de subir los precios, y se reduce la tasa de inflación.

¿Cuál es el costo de ese proceso? El costo desafortunado es el aumento del desempleo, las personas pierden su puesto de trabajo y no encuentran trabajo.

¿Cuál será el aumento de la tasa de interés de la Fed en septiembre, 0.75 o 0.5 puntos porcentuales, y por cuánto tiempo la mantendrá elevada para restringir la producción de bienes y servicios? Dependerá de la tasa de inflación de septiembre.

Algunos directores de la Fed también ya han manifestado su opinión.

John Williams, presidente del Banco de la Reserva Federal de Nueva York, dijo que “la tasa de interés de referencia a corto plazo de la Fed debería estar por encima del 3.5% y mantenerla en ese nivel hasta el próximo año para que la inflación vuelva a bajar al 2%”.

Loretta Mester, presidenta de la Fed de Cleveland, manifestó que “será necesario subir la tasa de fondos federales un poco por encima del 4% a principios del próximo año y mantenerla allí. No anticipo que la Fed reduzca el objetivo de la tasa de fondos federales el próximo año”.

Raphael Bostic, presidente de la Reserva Federal de Atlanta, afirmó que “los datos muestran que la inflación de Estados Unidos se está desacelerando, y se inclina a respaldar un aumento de la tasa de 50 puntos básicos en septiembre, en el camino hacia una tasa de política monetaria de 3.5%-3.75% para fin de año. Una vez que las tasas estén en ese nivel «restrictivo», se sentiría cómodo manteniéndolas allí por un tiempo para permitir que la inflación se acerque a la meta del 2% de la Reserva Federal”.

Patrick Harker, presidente de la Reserva Federal de Filadelfia, dijo “que le gustaría que las tasas de interés superen el 3.4% y luego tal vez esperar un tiempo, añadiendo su voz al coro de autoridades que se oponen a las expectativas del mercado de una serie de bajas de tipos el próximo año”.

Esther George, presidenta del Banco de la Reserva Federal de Kansas City, sostuvo que “tenemos que aumentar las tasas de interés para desacelerar la demanda y llevar la inflación de regreso a nuestro objetivo” y sugirió que “es posible que las tasas deban subir por encima del 4 por ciento y permanecer allí por un tiempo”.

El presidente de la Fed, Jerome Powell, declaró la determinación de la Fed de reducir la inflación y advirtió que el esfuerzo podría causar daños a la economía y que el proceso probablemente implicaría un período sostenido de menor crecimiento, mayor desempleo y “algo de dolor” para los hogares y las empresas.

Nouriel Roubini, presidente y CEO de Roubini Macro Associates, destacado economista contemporáneo. profesor de Economía en la Universidad de Nueva York, conocido como “Dr. Doom” (Doctor Catástrofe) por predecir la crisis de las hipotecas subprime de 2008 y por sus análisis casi siempre pesimistas, advirtió que él espera que la Fed deba elevar su tasa de referencia a un pico por encima del 4%, tal vez incluso hasta el 5%, si quiere tener éxito en la lucha contra la inflación hacia su objetivo del 2%.

Si la Fed trata de realizar un “aterrizaje suave” en su lucha contra la inflación, es necesario identificar las presiones inflacionarias atribuibles al estímulo fiscal, que es un choque de demanda que se dio en respuesta a la desaceleración de la economía causada por la pandemia del Covid-19 en 2020 (un choque de oferta), y a otros dos choques inflacionarios de oferta como son los cuellos de botella en la red de suministros de bienes intermedios (materias primas) y de bienes finales (terminados) en 2021, y el conflicto geopolítico-militar entre Rusia y Ucrania en 2022. Si en el corto plazo no hubiera más choques inflacionarios por el lado de la oferta y si se solucionaran los tres choques de origen no económicos antes mencionados, la tasa de inflación del mercado estadounidense sería menor y, si fuese alta, su reducción sería menos difícil.  

No debemos olvidar que en la actual lucha antinflacionaria las expectativas inflacionarias de largo plazo corren el riesgo de “desanclarse” o “perder el ancla” porque la inflación ha sido persistentemente muy alta y está cercana a dos dígitos porcentuales, y que el “dolor para erradicarla” sería mayor si se retrasara la acción de la Fed. Definitivamente, el riesgo de hacer demasiado sería mantener una recesión económica y el riesgo de hacer muy poco sería convivir con una alta tasa de inflación.