La verdad es que el PIB continuó cayendo en 2020

28 03 2021

En 2020, la economía de Nicaragua continuó cayendo debido a la acumulación de varios impactos causados por (i) el problema político nacional imperante desde abril de 2018; (ii) la draconiana reforma tributaria contractiva aprobada en febrero de 2019, y también procíclica al acelerar la caída de la producción observada once meses atrás; (iii) la pandemia mundial de COVID-19 en marzo de 2020; y (iv) los huracanes Eta e Iota en noviembre de 2020, que azotaron la región del Caribe Norte del país. La incertidumbre entre los consumidores, los empresarios y el gobierno continuó fortaleciéndose y, además, fue espoleada por el ocultamiento de la información económica oficial, principalmente la elaborada en el Banco Central de Nicaragua (BCN), que provocó un severo daño a su credibilidad institucional y robusteció  la desconfianza en el manejo de la información económica.

La discusión sobre la amplitud del retroceso económico de Nicaragua será posible con la normalización del sistema de información económica del país. En cierta ocasión, escuché decir al presidente del BCN, el colega Ovidio Reyes, que si ellos no tenían la información de los volúmenes de producción requeridos para la estimación del Índice Mensual de Actividad Económica (IMAE), pues ellos (el BCN) tendrían que estimarlos. Y sospecho que eso es lo que están haciendo con gran parte de los indicadores de producción de las actividades económicas del país.

El sistema de información económica nacional fue muy afectado por el problema político nacional. Elaborar las proyecciones y las evaluaciones del sector real de la economía los análisis de modelos de series de tiempo, es decir, exclusivamente en función de los datos históricos de cada uno de los principales rubros de producción observada en el pasado, no es un procedimiento apropiado para los propósitos de las cuentas nacionales.

Una rápida mirada sobre el comportamiento de la producción de algunas actividades económicas en 2020 deja a entrever algunas “fricciones” estadísticas  con la caída de 2.0% del producto interno bruto (PIB) real. Por ejemplo, la producción de servicios financieros, una actividad estratégica por ser muy demandada por otras actividades de producción y que puede estrangular el crecimiento económico, cayó 11.5%; o la producción (en mejor forma, el consumo) de energía eléctrica y agua potable, una actividad clave por ser impulsora del crecimiento, cayó 7.6%. También podría tomarse en cuenta la recaudación real (sin inflación) de los impuestos del Gobierno Central acumulada anual a noviembre de 2020 (último dato oficial disponible), que fue del orden de 1.5% y cuya elasticidad con respecto al PIB real es 1.64, es decir, si el PIB real cae 1%, la recaudación real de impuestos cae 1.64%.      

Por el lado de la demanda, en 2020 el quantum de las exportaciones de bienes y servicios se desplomó 8.8%; el volumen la inversión aumentó  con una tasa de dos dígitos cercana a 15%, muy probablemente explicada por la construcción pública, mientras que el volumen de consumo se estancó, a pesar de que el consumo gubernamental creció a un ritmo de 3.1%; finalmente, el quantum de las importaciones de bienes y servicios mostró un crecimiento de 1.0% en un año en que el PIB Real caía 2.0%, implicando, sorpresivamente, una elasticidad negativa de las importaciones con respecto a la producción.

Sin embargo, se reconoce que la gestión macroeconómica ha sido manejada muy adecuadamente  en momentos en que Nicaragua, con tres crisis que no tienen raíces económicas y con sanciones financieras establecidas por la ley estadounidense Nicaragua Investment Conditionality Act (NICA, por sus siglas en inglés), no puede obtener financiamiento del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y Banco Mundial (BM) para el financiamiento de proyectos de inversión pública, excepto por razones de asistencia humanitaria.

Desde 2018, las autoridades gubernamentales adoptaron la estrategia de la crisis de la depresión económica con un alto costo de desempleo y subempleo, y rechazaron la estrategia de la crisis del endeudamiento público interno con un alto costo de inflación galopante. La política monetaria y la política fiscal han sido tremendamente restrictivas, ya que el BCN la logrado mantener un saldo de reserva internacionales brutas muy cercano a 2.5 veces el saldo de la base monetaria, que es el límite mínimo de la condicionalidad de la estabilidad macroeconómica, mientras el Ministerio de Hacienda y Crédito Público (MHCP) ha logrado mantener “congelado” el gasto total presupuestario  con un déficit fiscal cercano al 0% del PIB.

Por lo tanto, la tasa de inflación dejó de ser un problema, después de que la reforma tributaria duplicara su tasa interanual de 3% a 6% en 2019, y redujera la liquidez y el capital de trabajo de las empresas al elevarse el pago anticipado del impuesto sobre la renta de 1% hasta 3% para las grandes empresas.

Ahora, el principal riesgo político visto con la lupa económica es la creciente subutilización de la fuerza laboral del país. Según cifras del Instituto Nacional de Información de Desarrollo (INIDE), en el cuarto trimestre de 2020 el 29.5% de la población en edad de trabajar (de 14 años y más) se encontraba inactiva, y, por otro lado, el 46.1% de la población ocupada se encontraba en el subempleo. A esto, se puede agregar que el INIDE y el BCN dejaron de publicar el dato de la población económicamente activa (PEA) desde hace seis años, por lo cual no se sabe cuantas personas han abandonado la PEA por la histéresis del desempleo en estos tiempos de crisis. Indudablemente, muchas personas han dejado de buscar trabajo.

Aunque el pleno empleo no es un objetivo del BCN, la política macroeconómica debería estar más centrada en la pronta recuperación de la salud del mercado laboral que en la solitaria atención a las amenazas inflacionarias, porque se han destruido 200 mil puestos de trabajo en el sector formal durante los últimos tres años.

Por supuesto que incomoda mencionar que la tasa de desempleo abierto fue igual a 4.8% en el cuarto trimestre de 2020. Siempre he aconsejado que el INIDE debe publicar la tasa de desempleo equivalente relacionada con el subempleo, que desde un antaño lejano ha sido el problema estructural más importante del mercado laboral del país, Una vez determinada la tasa de desempleo equivalente asociada con el subempleo, se adicionaría a la tasa de desempleo abierto y se podría hacer referencia a la tasa de subutilización de la fuerza laboral del país. En esa forma, se podría concluir que el 30% de la PEA, o sea, 1 millón 200 mil personas, no generaron ingresos en 2020.

En conclusión, hay que mejorar los resultados de las cuentas nacionales del país, que deben estar basados en las estadísticas proporcionadas directamente por las empresas (pequeñas, medianas y grandes),con base en las encuestas dirigidas por el BCN, cuya información siempre debe ser criticada, corregida y aprobadas por el BCN.





25 03 2021




La vacunación y el crecimiento económico

21 03 2021

Ya comenzamos a leer y a escuchar las proyecciones económicas oficiales y los pronósticos de economistas independientes para Nicaragua en 2021.

El colega y ministro de Hacienda y Crédito Público (MHCP), Iván Acosta, cuya opinión pública corresponde a la de un coordinador de un gabinete económico gubernamental, aseguró que Nicaragua superará la tasa de crecimiento económico de 2.5% en 2021, antes prevista por el Banco Central de Nicaragua (BCN), gracias a: (i) una mayor inversión pública, (ii) un creciente volumen o quantum de las exportaciones de bienes, cuyo valor también se incrementará por el alza de los precios internacionales de los commodities o materias primas, (iii) una recuperación gradual de la actividad de la Construcción, y (iv) un crecimiento económico del principal socio comercial del país, como lo es los Estados Unidos, que se proyecta por el banco central estadounidense (Fed) en 6.5% en 2021 y en 3.3% para 2022, lo cual elevará el volumen y el valor de las exportaciones de materias primas de Nicaragua, incluyendo a las empresas de zona franca que dejarían al país un valor neto igual a 15% de su valor bruto exportado.

El ministro del MHCP confirmó la estabilidad macroeconómica del país, o sea, una baja tasa de inflación estable y una tasa de devaluación también baja y estable, gracias al aumento notable de las reservas internacionales que ya suman más de 3 millardos de dólares -debido a la política monetaria contractiva mantenida en 2019 y 2020, y a la asistencia humanitaria facilitada por el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Banco Mundial (BM) en diciembre de 2020 y enero de 2021; el mantenimiento de un presupuesto gubernamental casi equilibrado, lo cual ha implicado un bajo nivel de endeudamiento público -que se ha logrado con una política fiscal contractiva mediante el congelamiento del gasto público en los últimos tres años y el efecto de la reforma tributaria procíclica observado en 2019-; y el aumento de los depósitos del público no bancario en el sistema financiero nacional -un indicador que confirma el alza de los ingresos y la confianza del público en el sistema-, a lo cual agrego la caída del crédito resultante de la recesión económica -casi transformada en una depresión económica después de tres años consecutivos de caída de la producción- y del alto costo del dinero en el mercado local.

De acuerdo con algunas observaciones que escribí en varios artículos económicos en el año pasado, he de reiterar que la evolución de la economía nicaragüense dependerá en gran parte del control y del aplanamiento de la curva de contagio del COVID-19 y, ahora, del proceso de vacunación, pero esto no es comentado en las opiniones económicas de las autoridades gubernamentales.

Según datos publicados por fuentes oficiales, en marzo del año en curso Nicaragua ha recibido la donación de 335 mil dosis de vacunas, de las cuales 135 mil dosis son de AstraZeneca elaborada en la India, a través del mecanismo internacional COVAX de la Organización Mundial de la Salud (OMS), y otras 200 mil dosis de vacunas AstraZeneca elaborada en la India, que fueron donadas por ese país. Ese total de dosis de vacunas anticovid excluye las de Sputnik V, porque se desconoce el número de dosis donadas por Rusia.

Además, el gobierno espera la llegada de 300 mil dosis de vacunas Astrazeneca, que son financiadas con recursos del Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE). Para la adquisición de vacunas, existe un acuerdo, según el ministro Iván Acosta, de US$50 millones con el BCIE, y otro acuerdo de US$57 millones con el BID, que facilitarán la compra de 7.4 millones de dosis y la inmunización del 55% de la población del país en este año. Nicaragua tendrá 6.6 millones de habitantes a mediados de este año.

El gobierno aclaró que sólo se aplicarán las vacunas arriba mencionadas y las de Moderna (Estados Unidos) y Covaxina (India), pero descartó la aplicación de la vacuna Pfizer-BioNTech del Reino Unido, aunque producida en Bélgica, porque el país no tiene un apropiado sistema de refrigeración para esta vacuna, ya que se mantiene almacenada en un ambiente de 70 grados centígrados bajo cero.

Sin embargo, la evolución de la economía dependerá en gran parte del COVID-19 y del proceso de vacunación. En este momento, las dosis de la vacuna anticovid están disponibles para los países de economía avanzada, mientras que los países de menores ingresos o de economía en vías de crecimiento, como el nuestro, están quedando rezagados.

Por lo tanto, es lógica la aseveración de que, en un mundo globalizado, nadie estará a salvo hasta que todos los 7,800 millones de habitantes que tendrá el mundo a mediados de este  año se encuentren a salvo. Con el supuesto de que los organismos internacionales continuarán apoyando la vacunación mundial, las economías, principalmente las avanzadas, comenzarán a crecer en el segundo semestre de 2021 y en el año de 2022.

En Nicaragua, las actividades económicas más golpeadas por el COVID 19 desde marzo de 2020, y también por la crisis política interna persistente desde abril de 2018 y los daños provocados por los huracanes Eta e Iota en noviembre de 2020, han sido construcción, hoteles, restaurantes, servicios comunales y personales (entretenimiento, viajes, deportes), comercio, servicios financieros y transporte, por lo que se podría esperar su crecimiento dinámico si y sólo si los consumidores de estos servicios se sientan seguros de no contagiarse. En cuanto a los viajes internacionales, de los cuales depende la actividad del Turismo, es obvio que para su expansión se pueda constatar el progreso de la vacunación de la población en el país de origen y el país de destino, y el aplanamiento de la curva de contagio del COVID-19.

Como resultado de esa potencial reactivación, el desempleo tenderá a disminuir y, con el aumento de la demanda interna, se esperaría una aceleración temporal de la tasa de inflación. El principal problema político es la elevada tasa de desempleo abierto y de la tasa de desempleo equivalente relacionada con el subempleo, además del problema de la histéresis del desempleo, es decir, muchas personas ya se han salido de la población económicamente activa porque se han cansado de buscar trabajo. Con el supuesto de que la mitad de los subempleados no trabajan las ocho horas diarias establecidas en el código laboral, la tasa de subutilización global de la fuerza de trabajo, sin duda alguna, debe ser mayor que la cifra oficial publicada.

Entonces, la incertidumbre persiste. ¿Cuál será el ritmo de la aplicación de la vacuna entre los nicaragüenses? ¿Cuál será la coordinación para el restablecimiento de los viajes internacionales? Veremos.

Y por supuesto, para nuestro país en particular, a pesar de que existe una excelente administración de la estabilidad macroeconómica, de que los agentes económicos confían en la estabilidad del córdoba, será necesario el fortalecimiento del diálogo y de la convivencia para que exista la confianza política y, por ende, el inicio de la recuperación económica.





¿Será posible un nuevo marco de política macroeconómica para reactivar la producción?

14 03 2021

Con la llegada al poder de la Sra. Violeta Barrios vda. de Chamorro en abril de 1990, transcurrieron cuatro años consecutivos de estancamiento en la producción de bienes y servicios del país, y fue hasta en 1994 cuando el producto interno bruto (PIB) real creció por encima de la barrera del 3% anual. No haber crecido económicamente en el período 1990-1993, se consideró un éxito macroeconómico, porque el gobierno se concentró en el desarme y en una concertación económica y social, que estuvieron acompañados de una política de ajuste macroeconómico y de profundas reformas estructurales de la economía.

Ahora, en 2021, tras una caída continua en el trienio 2018-2020, el PIB real ya acumula un desplome de 9.7% en ese trienio, ha dejado atrás la recesión económica y ha caído a tres décimas porcentuales de la depresión económica. Esa caída ha sido causada por el problema político imperante desde el 18 de abril de 2018, la presencia del COVID-19 desde el 18 de marzo de 2020 y los impactos de los huracanes Eta e Iota en noviembre de 2020, también acompañados de la reforma del reglamento de la seguridad social de enero de 2019 y de la reforma tributaria de febrero de 2019.

¿Cuál sería la tasa de crecimiento económico en un año de elecciones presidenciales, como es el de 2021? Los economistas debemos tomar en cuenta no sólo la teoría macroeconómica, sino también sólidas estadísticas que no las observamos en el sector real de la economía y, además, historia económica nacional e internacional. En consecuencia, adoptamos un conjunto de premisas y riesgos, tanto internos como externos, que sean lógicos y robustos.

En esas condiciones, podemos prever, siempre y cuando se establezca una condición mínima de transparencia internacional -por ejemplo, la aceptación de las reformas electorales que sean presentadas por las autoridades gubernamentales a los partidos políticos con personería jurídica, y la garantía de la supervisión internacional y nacional de las elecciones del próximo 7 de noviembre-, que el PIB Real se mantendrá estancado en 2021 con respecto a su nivel observado en 2020. El retroceso económico del país que estaríamos contabilizando sería de 7 años.

Los modelos econométricos han sido ineficientes para predecir la inflación, y COVID-19 complicó más la calidad del pronóstico inflacionario. Aunque se calibren dichos modelos utilizando los datos de los últimos 30 años para predecir la trayectoria de las variables económicas, las condiciones económicas actuales no tienen precedentes desde 1990.

Las previsiones de una baja inflación en el actual escenario macroeconómico de Nicaragua, que son iguales a 1 dígito porcentual en 2021, no garantizan que la inflación se mantenga baja. La crisis del COVID-19 es deflacionaria; por ejemplo, en abril de 2020, los precios internacionales del petróleo cayeron a cero e incluso por debajo de cero y, además, desplazó la demanda de servicios a bienes, algunos de los cuales se han encarecido por los obstáculos en la producción y el transporte. 

Si existiera actualmente un temor de que la tasa de inflación se acelere, no debería ser considerado como un riesgo. La tasa de inflación interanual se acelerará en marzo, abril y mayo de este año, porque en esos mismos meses del año pasado los precios al consumidor desaceleraron, incluso disminuyeron, por el choque de demanda causado por la pandemia, por lo que es de esperar que esa aceleración de la inflación interanual no sea tomada en cuenta por los políticos y por el mercado.

Si se avanza en la solución de los problemas políticos y la vacuna contra el COVID llega a toda  la población, el ciclo económico de Nicaragua se estará aproximando a la fase de expansión en 2022, la que se verá mejor con el lente del mercado laboral. Las tasas de caída del volumen de producción de bienes y servicios están desacelerando poco a poco, pero, como se mencionó anteriormente, y esperamos que ese volumen se estanque en 2021 con respecto a 2020.

La etapa inicial de la expansión del ciclo económico se verá alimentada por el alto desempleo, tanto el abierto como el equivalente relacionado con el subempleo, resultante de la recesión y de la depresión de la economía; cuando el ciclo de la expansión entre en su fase final, la contratación de trabajo será más difícil, el crecimiento económico será más bajo, aunque el PIB se estará acercando al nivel de pleno empleo, pero la inflación se volverá más vulnerable.     

La pregunta crucial y la más importante en el ámbito económico es qué tan rápido se recuperarán los trabajos y cuán difícil será eliminar el impacto de la histéresis del desempleo, o sea, que los desempleados se acostumbren a no trabajar, o a permanecer subempleados, o a esforzarse menos en encontrar trabajo. Preocupa que en el sector formal de la economía se han destruido 200 mil puestos de trabajo en el trienio 2018-2020, según las estadísticas del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS). ¿Cómo se traerá de vuelta todos estos trabajos?

La economía de Nicaragua ha estado sufriendo un shock tanto de oferta como de demanda, por lo cual la política de recuperación económica tiene que resolver problemas de oferta. Cualquier impulso directo a la demanda aumentará el ingreso nacional y también impulsará indirectamente la oferta, pero un retraso importante en la respuesta de la oferta puede provocar un riesgo inflacionario.

Por esa razón, la inversión en nueva capacidad debería ser una parte importante de cualquier estímulo fiscal. Se necesita, pues, construir un nuevo marco macroeconómico para cubrir los objetivos de una política fiscal anticíclica más activa, las reglas para su conducción y su coordinación con la política monetaria. En otras palabras, se necesita un papel mucho más importante del gobierno en la asignación de la inversión pública.■





La debilidad del dólar está de moda

7 03 2021

Las monedas duras tienen sistemas de tipo de cambio fluctuantes. Una moneda se deprecia si resulta menos cara en relación con otras monedas. Supongamos que si el euro pasa de US$1.2 por 1€ a US$1.1 por 1€, el euro se deprecia o se devalúa, pero si el euro pasa de US$1.2 por 1€ a US$1.3 por 1€, el euro se aprecia o se revalúa, porque la moneda de la eurozona resulta ser más cara en relación con el dólar estadounidense. Los términos depreciación y apreciación o devaluación y revaluación sólo describen el sentido en que varía el tipo de cambio.

Durante la crisis del COVID-19, se ha exagerado la preocupación de la caída de 6% del dólar desde abril de 2020, cuando algunos economistas han dicho que sólo es el comienzo de un colapso más pronunciado en el dólar de Estados Unidos (EE.UU.) o que el estado del dólar como moneda de reserva mundial está en peligro. De acuerdo con datos actuales del Fondo Monetario Internacional (FMI), la participación del euro en las reservas mundiales se mantiene bastante estable oscilando cerca del 20%.

La expansión monetaria que se está observando en EE.UU. (el plan de estímulo de US$1.9 billones del presidente de EE.UU., Joe Biden, está siendo discutido para su aprobación en el Senado) provocará (i) un aumento de la producción (el PIB cayó 3.5% en 2020), (ii) una reducción del desempleo (la tasa de desempleo fue 6.2% en febrero de este año, pero el presidente de la Reserva Federal (Fed) de EE.UU., Jerome Powell, ha dicho que la tasa en realidad puede estar más cerca del 10%, porque muchas personas han dejado de pertenecer a la población económicamente activa) y (iii) una depreciación del tipo de cambio (¿cuál es la tasa de depreciación del dólar estadounidense frente a las otras monedas fuertes?).

Entre el 20 de marzo de 2020 y el 19 de febrero de 2021, el dólar de Estados Unidos se ha depreciado: 

•              13.6% frente al euro, al pasar el tipo de cambio de US$1.0682 a US$1.2136 por 1€

•              19.4% frente a la libra esterlina, al pasar el tipo de cambio de US$1.1743 a US$1.4025 por 1£

•              9.9% frente al yuan, al pasar el tipo de cambio de US$0.1409 a US$0.1549 por 1¥

•              5.4% frente al yen, al pasar el tipo de cambio de US$0.0089 a US$0.0095 por 1¥

En ese mismo período, el índice del dólar de Estados Unidos ponderado por el comercio de bienes y servicios con 26 países de economías avanzadas y emergentes (Base: Enero 2006 = 100), elaborado por la Fed, mostró una depreciación de 10.6% al pasar de 125.2524 a 111.9853.

El impacto del COVID-19 sobre la producción y el empleo en Estados Unidos causó el cambio de estrategia de la Fed de una tasa de inflación objetivo de 2% por una tasa de inflación promedio mayor del 2% y prometió mantener la tasa de interés oficial muy cercana a 0% durante varios años -la dejó en el rango de [0%, 0.25%]-. Así se cerró el canal de la tasa de interés para atraer el financiamiento externo hacia EE.UU. y esto ha obligado a que una mayor parte del ajuste de la cuenta corriente de la balanza de pagos de EE.UU. será forzada a través de un dólar más débil.

La depreciación o la devaluación del dólar estadounidense incrementará las exportaciones netas (la diferencia entre las exportaciones y las importaciones) de EE.UU., y el incremento de las exportaciones netas mantendrá el mayor nivel de producción y de empleo, gracias a que los precios de los productos estadounidenses en los mercados externos se abaratan, pero los precios de los productos extranjeros en el mercado estadounidense se encarecen.

Por lo tanto, la expansión monetaria mejorará la cuenta corriente de la balanza de pagos de EE.UU. gracias a la depreciación inducida del dólar, mientras que el balance comercial externo de los otros países con EE.UU. se deteriorará con la profundización de sus déficits comerciales.

En el sistema de tipos de cambio flexibles, los bancos centrales permiten que el tipo de cambio se ajuste para igualar la oferta y la demanda de divisas. Así, los bancos centrales de los principales socios comerciales de EE.UU. se mantienen al margen al no comprar ni vender divisas, las transacciones oficiales de reservas son nulas, y dejan que sus tipos de cambio fluctuantes ajusten la oferta y la demanda de divisas. Por ejemplo, el tipo de cambio del euro, que ha disminuido de 0.9362 a 0.8240 por US$1 en el período arriba mencionado, disminuyó la demanda de euros por parte de los estadounidenses, el Banco Central Europeo (BCE) se mantiene al margen y deja que el tipo de cambio se ajuste, pero la  producción y el empleo en los países de la eurozona caen porque sus exportaciones netas se reducen.

En la política cambiaria, la variación de la balanza comercial provocada por una depreciación del tipo de cambio se denomina “política de empobrecer al vecino”, porque, en este caso, es una forma de exportar desempleo o de crear empleo en EE.UU. a costa del resto del mundo. Sin embargo, para que esto ocurra, los países deberían encontrarse en fases diferentes del ciclo económico, es decir, unos países en expansión o con un exceso de empleo, y otros países en recesión o con un exceso de desempleo. Pero esto no se cumple hoy, porque el COVID-19 ha puesto a todos los países en la misma fase del ciclo económico, o sea, en una recesión económica mundial.

Si EE.UU. fuese el único país que estuviese en recesión económica, la depreciación del dólar estadounidense desplazaría la demanda mundial a su favor y reduciría la brecha en relación con el pleno empleo de los demás países. 

Si todos los países trataran de depreciar sus monedas para atraer demanda mundial, habría una depreciación competitiva, o una “guerra de divisas”, y un desplazamiento de la demanda mundial de unos países a otros, pero no habría un aumento del nivel de gasto mundial. Y si todo el mundo depreciara sus monedas más o  menos con el mismo grado, los tipos de cambio acabarían encontrándose en el nivel inicial.  En ese escenario macroeconómico sería necesaria la coordinación de la política monetaria y la política fiscal en los países de economías avanzadas.

¿Y cómo afectaría la debilidad del dólar estadounidense a la economía de Nicaragua?

Nicaragua no tiene un sistema de tipo de cambio fluctuante sino reptante, que es prácticamente un tipo de cambio fijo con una tasa de deslizamiento anual preanunciado, que hoy es 2%. Existe devaluación cuando el Banco Central de Nicaragua (BCN) sube el precio de la moneda extranjera, el dólar estadounidense, de tal forma que los extranjeros pagan menos por el córdoba, o los residentes de Nicaragua pagan más por el dólar estadounidense. Por lo tanto, el BCN tiene que suministrar la cantidad de divisas necesaria para financiar los desequilibrios de la balanza de pagos.

La debilidad del dólar disminuiría la competitividad de los productos de exportación de Nicaragua, al subir el precio de esos bienes en el mercado estadounidense (el 50% del valor de las exportaciones de bienes FOB de Nicaragua en 2020 se destinó a EE.UU.), mientras que los productos importados desde Estados Unidos serían más competitivos en el mercado nicaragüense, porque serían más baratos (el 22% del valor de las importaciones de bienes CIF de Nicaragua en 2020 provino de EE.UU.). El déficit comercial y el déficit en cuenta corriente de la balanza de pagos de Nicaragua aumentarían.

Como suele ocurrir, dado el régimen cambiario existente en Nicaragua, el exceso de demanda de divisas, o sea, el déficit de la balanza de pagos, se financia con la reducción de las reservas internacionales. Si se observara un exceso de oferta de divisas, por ejemplo, como el observado en diciembre de 2020 con los desembolsos de préstamos multilaterales para asistencia humanitaria, el superávit de la balanza de pagos se financia con el aumento de las reservas internacionales.

El riesgo más importante es la disminución de las reservas internacionales que administra el BCN porque las exportaciones netas disminuirían, lo cual desaceleraría la producción y el empleo, y endurecería la política monetaria contractiva, con más razón al estar acompañada de una política fiscal expansiva en 2021 por el creciente gasto público, gracias a la ejecución de los programas y proyectos del sector público financiados con los préstamos de asistencia humanitaria.  





Seminario de Actualización Empresarial «La Banca Comercial de Nicaragua a Diciembre de 2020 y Perspectiva 2021»

2 03 2021