El riesgo de la revisión de la participación de Nicaragua en el TLC DR-CAFTA

31 10 2021

El 29 de octubre recién pasado, la agencia de noticias Reuters informó que funcionarios gubernamentales estadounidenses, ante la insistencia de senadores republicanos y demócratas, iniciaron una revisión de la participación de Nicaragua en el Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Estados Unidos, Centroamérica y República Dominicana (DR-CAFTA).

El riesgo de que Nicaragua pierda el trato preferencial de las exportaciones centroamericanas a Estados Unidos se conoció con la aprobación de la Ley de Reforzamiento de la Adherencia de Nicaragua a las Condiciones para la Reforma Electoral (RENACER) por parte del Senado de Estados Unidos, la cual está pendiente de aprobación en la Cámara de Representantes del Congreso de Estados Unidos, un requisito previo para que sea enviada a la Casa Blanca para su aplicación.

¿Cuáles son los impactos de este riesgo comercial? Tomando como referencia el año de 2020, según datos publicados por el Banco Central de Nicaragua (BCN), Nicaragua exportó bienes a Estados Unidos por un monto de US$3,381.2 millones, de los cuales US$1,405.9 millones correspondieron a bienes domésticos (41.6%) y US$1,975.3 millones correspondieron a bienes de las empresas de zona franca (58.4%). En otras palabras, en ese mismo año, Nicaragua colocó en el mercado estadounidense el 67.4% del valor total de sus exportaciones de bienes FOB de US$5,016.1 millones, cifra que incluye el valor bruto de exportación de productos elaborados en las empresas de zona franca.

El impacto directo de este riesgo comercial sería la caída del 35.6% del volumen total de bienes exportados por Nicaragua. Con el pago de los aranceles de importación establecidos por Estados Unidos, las empresas exportadoras nicaragüenses no podrían competir las empresas de otros países centroamericanos en el mercado estadounidense. Nicaragua es el único país de la región centroamericana que registra superávits en forma continua en su comercio con Estados Unidos desde 1996.

El impacto se concentraría principalmente entre los exportadores. Los principales productos domésticos que Nicaragua exportó a Estados Unidos en 2020, en orden de importancia, fueron oro, carne bovina, café, langosta, queso, frijol, azúcar, cigarros, pescados, maní, bebidas y camarón.

A la reducción del 35.6% del volumen de las exportaciones de dichos bienes se tendría que adicionar las disminuciones del margen de comercialización, y de los servicios de transporte, comunicaciones y hoteles y restaurantes, por lo que la caída total estimada del quantum de las exportaciones de bienes y servicios sería 40.0%.

El primer impacto de la severa caída del volumen de exportación de bienes y servicios sería la disminución de 7.3% del Producto Interno Bruto (PIB) Real.

Debido a la menor producción interna de bienes y servicios, el volumen de la demanda de bienes finales, o sea, el volumen de bienes y servicios de consumo, de inversión y de exportación, caería 6.9%, mientras que el volumen de las importaciones de bienes y servicios tendería a disminuir 6.1%.

Con las estimaciones antes descritas, la siguiente pregunta sería: ¿cuál es el impacto sobre el empleo si la demanda de bienes y servicios finales disminuye 6.9%, como resultado de la caída de 40.0% de las exportaciones?

El desempleo abierto provocada por la caída de la demanda de bienes y servicios finales alcanzaría al 7.7% del total de personas ocupadas, equivalente a 261,800 personas. Las actividades económicas del país más afectadas por el desempleo serían, en orden de importancia, la industria manufacturera, hoteles y restaurantes, transporte y comunicaciones, explotación de minas y canteras, comercio y agropecuario, silvicultura y pesca.

Sin embargo, la reducción del gasto de consumo de los hogares, resultante de la disminución del ingreso por el aumento del desempleo causado por el descenso del PIB Real, generaría una nueva contracción de la producción de bienes y servicios. En esta segunda ronda de caídas, el PIB Real profundizaría su descenso de 7.3% a 15.3%, el volumen de la demanda de bienes y servicios finales profundizaría su caída de 6.9% a 15.0%, y el volumen de las importaciones profundizaría su disminución de 6.1% a 14.5%. Y todavía persistirían otras rondas de contracciones.

Con sólo dos rondas de caída del gasto de consumo de los hogares, la situación económica de Nicaragua sería impactante. Esta posible sanción comercial afectaría a la población total del país de 6.6 millones de habitantes, y restaría ingresos a todos los agentes del sistema económico nacional, entre ellos empresarios, inversionistas, consumidores y gobierno.

Con el apoyo internacional, el esfuerzo nacional, avalado por el Banco Mundial, redujo el índice de pobreza de los nicaragüenses desde 50.3% en 1993 hasta 48.3% en 2005 y hasta 29.6% en 2014. En 2017, un año calificado como de máximos históricos de producción y de mínimos históricos de pobreza por los directivos del Foro “Convivencia Nacional” -entre ellos, este servidor-, ese índice de pobreza había disminuido, en función del nivel del PIB Real, hasta 23.4%. Hoy, tras tres años de crisis, el mismo índice se aproxima a 25.2%, muy cercano al registrado en 2016.

Ojalá no se repita la historia. El 1 de mayo de 1985, la administración estadounidense aplicó simultáneamente una sanción comercial y una sanción financiera a Nicaragua. En 1985, el PIB Nominal o en precios corrientes de Nicaragua era igual a US$2,508.8 millones y el valor total de sus exportaciones ascendía apenas a US$304.9 millones. El PIB Real cayó 4.5% en 1985. Por otro lado, la cooperación externa multilateral se redujo de US$46.7 millones en 1986 a US$1.7 millones en 1989. Las dos sanciones fueron suspendidas hasta el 25 de abril de 1990, fecha en que tomó posesión de la Presidencia de Nicaragua la Sra. Violeta Barrios vda. de Chamorro.

Nota: Los efectos del riesgo comercial por la revisión de la participación de Nicaragua en el TLC DR-CAFTA arriba mencionados fueron cuantificados con el Modelo de Demanda aplicado a la Matriz de Insumo-Producto (MIP) de Nicaragua 2016, 14×14, elaborada y publicada por el Banco Central de Nicaragua.





El FMI y la economía de Nicaragua en 2021-2022

24 10 2021

Entre las conclusiones macroeconómicas de la reunión de otoño del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial (BM), realizada en Washington D.C. del 11 al 17 de octubre del año en curso, se mencionó que el mayor desafío que enfrentan los países con economías en desarrollo es la falta de crecimiento, lo que provocará el aumento del desempleo y la pobreza, así como la disminución de los ingresos gubernamentales que reducirán sus usos en el espacio fiscal, las redes de seguridad social y la provisión de bienes públicos.

El crecimiento de la economía mundial fue recortado por los cuellos de botella o interrupciones en la cadena de suministro en los países de economía avanzada y por las preocupaciones de salud global causadas por el contagio de la variante Delta del Covid-19. Además, la perspectiva de la tasa de inflación se elevó debido a las alzas pronunciadas de los precios de las materias primas, los alimentos, los medicamentos y los vehículos que amenazan la recuperación económica mundial. A manera de ejemplo, en el transcurso del año, el precio del barril WTI ha subido 70%.

Más del 95% de las personas en los países de bajos ingresos sigue sin vacunarse, lo que contrasta con la tasa de vacunación de casi el 60% en los países de altos ingresos. La principal prioridad política es vacunar a un mayor número de personas en cada país para prevenir mutaciones peligrosas del virus y que las principales economías del mundo cumplan sus compromisos de proporcionar vacunas y apoyo financiero a los esfuerzos internacionales de vacunación, con el fin de evitar la desviación de una débil recuperación económica.

Nunca hemos visto una recuperación tras una pandemia. El principal problema económico es el desajuste entre la oferta y la demanda mundial. En otras palabras, el problema es el de una demanda creciente frente a una escasez de oferta. Las interrupciones de la cadena de suministro relacionadas con el Covid-19 podrían ser más dañinas al causar una mayor presión inflacionaria, con el consecuente endurecimiento de la política monetaria de los bancos centrales que frenaría la recuperación económica. Hasta aquí el breve comentario sobre las principales conclusiones macroeconómicas de la reunión del FMI y del BM en este octubre.

¿En qué momento la producción de bienes y servicios, es decir, el producto interno bruto (PIB) real, volvería al nivel anterior a las crisis observadas desde abril de 2018 en Nicaragua? No lo sé, debido a las expectativas crecientes de incertidumbre. Con los datos del Banco Central de Nicaragua (BCN), en el trienio 2018-2020 la economía nicaragüense cayó 8.76%, y si pretendiéramos alcanzar en 2021 el PIB real de 2017, que es el año de los máximos históricos de producción del país, la producción interna tendría que aumentar 9.59%.

Las autoridades gubernamentales mantienen una tasa de crecimiento de 7% para este año y parece confirmarlo el Índice Mensual de Actividad Económica (IMAE) promedio anual de agosto recién pasado, que reflejó una tasa de variación anualizada de 5.88%. Es bastante probable que la proyección del crecimiento económico de Nicaragua de 7% en 2021 fue realizada con un proceso estocástico estacionario en segunda diferencia, con intercepto y tendencia, de la serie de tiempo del IMAE, cuyo pronóstico para diciembre de 2021 es una tasa de crecimiento de 7.26%, la cual es idénticamente igual al crecimiento del PIB Real en 2021.    

Veamos las principales proyecciones económicas del FMI para Nicaragua en 2021 y 2022.  

Con los datos más recientes el FMI, el PIB real de Nicaragua crecerá 5.0% en este año y volverá a crecer 3.5% en 2022. El motor de la tasa de crecimiento del PIB Real es la tasa de inversión, que el FMI estima en 20.01% del PIB en 2021 y 22.82% del PIB en 2022, aún muy por debajo del máximo histórico de 33.6% del PIB registrado en 2008.

Con una población del país de 6.544 millones de habitantes en 2021, el PIB por habitante valorado en dólares en precios corrientes sería igual a US$2,047, y si la población crece a un ritmo anual de 1.04% hasta 6.612 millones de habitantes en 2022, el PIB por habitante se elevaría a US$2,109, monto que es 2.17% inferior al registrado en 2017.

La tasa de inflación del mercado local, según el FMI, acelera hasta 4.106% en 2021 y desacelera hasta 3.5% en 2022. La inflación de este año es impulsada por los precios internacionales de las materias primas que aumentan 46.06% en 2021, pero esos precios caerán 1.24% en 2022. La cifra oficial de la inflación anual correspondiente a 2021 proyectada por el BCN es del orden de 4.5%. Sin embargo, ya existe una señal gubernamental que prevé una presión inflacionaria mayor que las proyecciones inflacionarias del FMI y del BCN: De acuerdo con datos del Instituto Nicaragüense de Información de Desarrollo (INIDE), a septiembre de este año, la tasa de inflación anualizada del Índice de Precios al Consumidor (IPC) de Nicaragua es igual a 5.86%, y aún falta conocer el efecto de las aceleraciones de los factores estacionales de la inflación que se concentran en el último trimestre de cada año.

En cuanto al mercado laboral, el FMI señala que la tasa de desempleo se eleva de 7.29% en 2020 a 11.1% en 2021, y disminuye al nivel de 7.52% en 2022. De todos es conocido que el principal problema estructural del mercado laboral es el subempleo y no el desempleo, por lo que los porcentajes de la población económicamente activa en concepto de desempleo abierto publicados por el FMI excluye a todas las personas que trabajan al menos 1 hora diaria, porque se clasifican como personas ocupadas.

Sería interesante que se publicara la tasa de desempleo equivalente relacionada con el subempleo, para que se tenga una apreciación del número total de personas que no generan ingresos en el país, incluyendo a las personas que por primera vez entran al mercado laboral y no encuentran empleo. El INIDE se ha aproximado a la identificación de este problema estructural en sus informes trimestrales de empleo, al cuantificar la tasa de inactividad como la relación porcentual entre las personas de 14 años y más que están inactivas con respecto a la población en edad de trabajar (de 14 años y más de edad que ofrecen su mano de obra). En el segundo trimestre de 2021, la cifra oficial de la tasa de inactividad fue igual a 33.5%, un máximo observado también en el segundo trimestre de 2020.

En relación con la balanza de pagos, el volumen de las exportaciones de bienes, después de haber caído 2.64% en 2020, sube 5.31% en 2021 y vuelve a subir 1.22% en 2022, aunque las intenciones de los exportadores, según el Centro de Trámites de las Exportaciones (CETREX), muestran que el volumen de todos los bienes que se pretende exportar ha disminuido 10.9% interanual en el período enero-agosto de 2021. Por otro lado, dado el crecimiento del PIB real, los aumentos del volumen de las importaciones de bienes se ubican en 5.0% en 2021 y 4.91% en 2022. Por su parte, debido al desplome de las importaciones producto del impacto del COVID-19, el balance de la cuenta corriente de la balanza de pagos continúa reflejando superávits de 4.15% del PIB en 2021 y 4.03% del PIB en 2022.

Finalmente, el déficit del presupuesto del Gobierno General, o sea, del Gobierno Central y de las alcaldías municipales, tiende a incrementarse de 2.22% del PIB en 2020 a 2.95% del PIB en 2021 -estimo por el mayor gasto de inversión pública-, pero disminuye hasta 1.77 % del PIB en 2022, producto de la contención del gasto total en un nivel cercano al 29% del PIB y del congelamiento del total de ingresos que oscila levemente alrededor del 27% del PIB.

Por lo tanto, se puede inferir que las autoridades gubernamentales mantendrán la estrategia macroeconómica observada desde 2018, que es la de no incurrir en la emisión de deuda pública interna financiada con emisión de dinero y, así, evitar fuertes presiones inflacionarias. El gobierno continuará con la estrategia de aceptar el costo del subempleo y desempleo con modestas tasas de crecimiento económico. El saldo de la deuda del Gobierno General proyectado por el FMI es equivalente a 49.53% del PIB en 2021 y 48.1% del PIB en 2022.

Veremos si el FMI cambia sus proyecciones en la reunión que tendrá con el BM en primavera del próximo año, en abril de 2022.





El actual problema económico mundial es de oferta, no es de demanda

10 10 2021

Los choques de oferta han puesto de nuevo en jaque a la recuperación de la economía mundial en el segundo semestre de este año. Una gran parte del suministro mundial de bienes intermedios o materias primas, componentes y productos terminados es Asia, en particular China que tiene el comercio más grande del mundo no puede abastecer a los países principalmente de economía avanzada de Europa y América debido al Covid, a lo que se agrega la escasez de mano de obra mundial porque los trabajadores abandonaron sus puestos de trabajo desde el inicio de la pandemia.

Los países están limitados por la oferta, no por la demanda, y la globalización económica no está en sincronía con la pandemia ni con la recuperación de la producción. Mientras las economías occidentales están saliendo de los bloqueos, muchos países de Asia tienen restricciones relacionadas con el Covid que les limita su capacidad para satisfacer la demanda. Por ejemplo, la producción de automóviles ha disminuido o se ha detenido por la escasez de semiconductores, resina y acero, y también es muy difícil garantizar el suministro de botellas, etiquetas y cartón para envasar los productos. Estos cuellos de botella limitan la producción de la industria manufacturera que estaba impulsando la recuperación económica mundial.

Ese choque de oferta se explica con las interrupciones y las limitaciones o cuellos de botella de la cadena de distribución mundial de insumos y está acelerando la tasa de inflación al reducirse los márgenes de las empresas en todos los países, lo que provoca la reducción o la paralización de la producción, el aumento de las presiones salariales y las fuertes presiones sobre  los bancos centrales de países de economía avanzada, especialmente la Reserva Federal (Fed) de Estados Unidos, para que reduzcan las políticas de estímulos que aumentan la demanda interna de bienes finales de consumo e inversión, lo cual obstaculizaría el crecimiento económico mundial.

Las exportaciones de bienes desaceleran su crecimiento porque los contenedores esperan en los puertos y aumenta la demora de los buques que transitan desde el Lejano Oriente hacia Estados Unidos y Canadá, los portacontenedores entran en cuarentena fuera de los puertos en Asia, Europa y América del Norte durante siete días o más antes de que atraquen en los muelles, se observan atrasos en los servicios portuarios y aduaneros, y el costo de los fletes ha subido. Sin embargo, los precios internacionales de las materias primas han subido por su escasez.

Entre el 1 de enero y 8 de octubre de este año, el precio del barril de petróleo Brent se incrementó 59.1% hasta US$82.39, y el barril WTI subió 63.5% hasta US$79.35, impulsados recientemente por la crisis energética mundial y la escasez de carbón que ha afectado a China por la política del cambio climático, lo cual obligó a las autoridades chinas a ordenar a las dos principales regiones carboníferas del país, Shanxi y Mongolia Interior, que actúen de inmediato para ampliar su capacidad de producción anual en más de 160 millones de toneladas de carbón con el fin de generar energía eléctrica. Los cortes de energía ya son un problema en China y es bastante probable que se extiendan, lo que daría un golpe a la recuperación de la segunda economía más grande, perturbaría las cadenas de suministros globales y presionaría por un aumento de la inflación mundial.

La recuperación económica mundial parece estar perdiendo impulso y aumentan los temores del estancamiento. El Covid-19 ha cerrado fábricas en gran parte del sudeste asiático y ha disminuido la la producción industrial. La confianza de los consumidores en Estados Unidos se está deteriorando, mientras que la presión sobre los precios está creciendo después de una década de lentitud.

Lo que preocupa a muchos economistas no son las cifras precisas sobre las tasas de crecimiento económico, de desempleo y de inflación, sino al hecho de que se mantenga una alta inflación incluso cuando el crecimiento económico se desacelera y el desempleo suba, que se parece inquietantemente a los factores detrás de la estanflación (estancamiento de la producción y una alta inflación) de la década de 1970. Estos economistas consideran que la inflación de hoy no responde sólo al “efecto base” sino que tiene un componente que va a tener un impacto más “estructural”, por ejemplo, los cuellos de botella de la oferta, las distorsiones en los mercados de bienes y servicios y los mayores costes de los combustibles y la energía.

Otros economistas, entre los que me encuentro, interpretan la inflación mundial actual como una inflación que vuelve a niveles consistentes con una economía sana, después de haber sido baja desde antes de que surgiera la pandemia, como un efecto de la gran recesión económica mundial de 2009 provocada por la quiebra de la banca de inversión de Wall Street. Estamos viendo un problema transitorio, pero las presiones inflacionarias no son preocupantes. El mundo ha cambiado drásticamente desde la década de 1970 y la globalización ha creado una mayor integración de los mercados financieros y las cadenas de suministro. En porcentaje del PIB mundial, el comercio se ha más que duplicado desde 1970, pero la recuperación desigual, que equivale a decir que el aplanamiento de la curva de contagio del coronavirus en todos los países también ha sido desigual, ha presionado algunos de los vínculos que unen a las economías.

En el caso de Nicaragua, a julio de este año el Banco Central de Nicaragua (BCN) publicó la tasa de variación interanual del Índice Mensual de Actividad Económica (IMAE) promedio anual de 4.9%, que es equivalente a la tasa anualizada de crecimiento económico. Las actividades que mostraron las mayores tasas de crecimiento económico fueron: explotación de minas y canteras, construcción y comercio. Las actividades económicas que reflejan las mayores tasas de caída de la producción fueron: hoteles y restaurantes, intermediación financiera y servicios conexos, pesca y acuicultura, y otros servicios. Consultores Para el Desarrollo Empresarial (COPADES) estima que el Producto Interno Bruto (PIB) de Nicaragua de 2021, valorado en US$13,984 millones, participa con el 5.2% en la formación del PIB del istmo centroamericano, incluyendo a Panamá.

En cuanto al comportamiento del empleo del sector formal de la economía, las estadísticas del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS) indican que, en términos promedio,  de la destrucción de 199,731 puestos de trabajo durante el trienio de 2018-2020, sólo se han recuperado 38,785 puestos de trabajo en el período enero-agosto de 2021, y según el Instituto Nicaragüense de Información de Desarrollo (INIDE), en el segundo trimestre de 2021 la tasa de inactividad es igual a 33.5% del número total de personas ocupadas, un máximo reciente igual al registrado en el segundo trimestre de 2020. La tasa de inactividad es mayor entre las mujeres, 45.0% del total de ocupadas, que entre los hombres, 20.9% del total de ocupados. No hemos tenido un progreso importante en la recuperación de empleos que cotizan la seguridad social: las actividades económicas más golpeadas por el desempleo  provocados por las crisis desde 2018 fueron el comercio, los servicios comunales, sociales y personales, la intermediación financiera y actividades inmobiliarias, empresariales y de alquiler, y la construcción.    

En relación con la tasa de inflación, de acuerdo con el Índice de Precios al Consumidor (IPC) Nacional publicado por el INIDE, la tasa de inflación interanual en agosto de este año continuó subiendo hasta 4.98%, la que es explicada principalmente por los precios al consumidor de servicios de transporte, bebidas alcohólicas y tabaco, y alimentos y bebidas no alcohólicas. Sin embargo, debido a que esa tasa de inflación responde al “efecto base”, es decir, la comparación con el bache de precios durante la pandemia (la tasa de inflación anual en 2020 fue 2.9%), hemos dado seguimiento a la tasa de inflación interanual del IPC Subyacente, que excluye los precios muy volátiles de los alimentos y de los combustibles, la que alcanzó el nivel de 4.93% en agosto, siendo su nivel moda en tiempos normales entre 4.0% y 4.5%. Por lo tanto, aún no se observan fuertes aceleraciones en la inflación subyacente, que puede ser considerada como la inflación inercial del país.





Sin crisis de deuda ni cambiaria si se elevara la tasa de interés internacional

2 10 2021

Sobre la base de las estadísticas monetarias publicadas por el Banco Central de Nicaragua (BCN), entre 2007 y 2020 la política monetaria fue contractiva durante doce años y expansiva sólo en dos años, al observarse aumentos de los activos internos del BCN en 2008 de C$633 millones y en 2018 de C$20,026 millones en 2018.

Por ejemplo, la expansión monetaria observada en 2018, año en que estalló la crisis política, fue causada principalmente por la disminución del saldo de los depósitos del Gobierno Central en el BCN, la inyección de liquidez al sistema financiero mediante los reportos monetarios del BCN, la reducción del saldo de los depósitos de encaje en córdobas de las entidades bancarias en el BCN, y el continuo pago de la cuestionada deuda por las liquidaciones de cuatro bancos comerciales en el bienio 2000-2001.

Con las tres crisis que mantuvieron a Nicaragua en una recesión económica en el trienio 2018-2020, de la cual estamos saliendo en el segundo trimestre de 2021, siempre y cuando la variante Delta del COVID-19 no provoque una fuerte desaceleración del crecimiento económico de los países de economía avanzada, los agentes económicos redujeron sus gastos: los hogares consumieron menos e incrementaron sus ahorros, las empresas invirtieron menos y aumentaron sus ahorros, y el Gobierno Central al recaudar menos impuestos congeló el gasto público y reformó la Ley de Concertación Tributaria con fines recaudatorios. En síntesis, la demanda interna, es decir, el gasto de consumo y el gasto de inversión, cayó estrepitosamente en 2018 y 2019.

Por esta razón, el profesor John Maynard Keynes en su libro Teoría general del empleo, el interés y el dinero, su obra más destacada publicada en 1936, explicó que los colapsos económicos conducen al aumento del ahorro, o al acaparamiento del dinero, y a la disminución del gasto, y por esto explicó que el estímulo económico después de una grave caída de la producción debería darse a través de la política fiscal en vez de la política monetaria. La política fiscal garantizaría que el dinero nuevo sea destinado a la producción y no sea acaparado.

Para Keynes el ahorro sólo es beneficioso si se canaliza hacia la actividad empresarial, algo que “habitualmente” no sucede, porque el motor de la empresa no es el ahorro sino el beneficio. Sin embargo, en su Tratado sobre el dinero, que escribió en 1930, dijo que el dinero no se acumula necesariamente, sino que fluye de la circulación “industrial” a la “financiera”, de la “inversión” a la “especulación”, para mantener e intercambiar títulos valores, un argumento que fundamentó en la “demanda especulativa de dinero”, que alimenta la especulación de activos y, por consiguiente, crea burbujas financieras, mientras la producción y los precios caen o se mantienen estables. Dicho sea de paso, en Nicaragua la tasa de interés no explica la demanda de dinero.

Los precios al consumidor nicaragüense están aumentando 4.98% interanual en agosto del año en curso, sin la existencia de una política monetaria expansiva por parte del BCN. Desde mediados del segundo trimestre de este año sugerí a los agentes económicos de Nicaragua que hicieran una lectura y una interpretación apropiadas de las elevadas tasas anualizadas temporales de indicadores económicos clave, por ejemplo, del crecimiento económico, de la inflación y del medio circulante, debido a la presencia del “efecto base”, que es el impacto descomunal cuando se compara el cambio de un año que era inusual con el siguiente, pero en realidad estaba por debajo de sus niveles anteriores a la pandemia del COVID-19.

Por otro lado, si la tasa de inflación de Estados Unidos de 5.3% interanual en agosto de este año continuara acelerándose en el corto plazo, podría conducir a la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) a subir las tasas de interés y si éstas subiesen rápidamente sería un riesgo no sólo para la Fed sino también para los formuladores de políticas macroeconómicas en todo el mundo y, en particular, para las economías vulnerables. No hay que olvidar que la Fed ha dicho “que tomaría medidas contra una inflación descontrolada si es necesario” y también dijo que «si una más alta inflación sostenida se volviera una preocupación seria, ciertamente responderíamos y utilizaríamos nuestras herramientas para asegurar que la inflación marcha en niveles que son consistentes con nuestros objetivos». Pero no dijo cuáles son esas herramientas.

Si las tasas de interés de Estados Unidos suben agresivamente, habría dificultades financieras y económicas para países que financian gran parte de la inversión pública en moneda extranjera, que tienen saldos grandes de deudas de corto plazo y que disponen de saldos bajos de reservas internacionales. En el caso de Nicaragua, la inversión pública es financiada con préstamos multilaterales, en gran parte muy concesionales, su deuda externa de corto plazo en apoyo a la balanza de pagos es muy baja al adeudarse sólo US$102 millones al Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE) y US$0.8 millones al Fondo Monetario Internacional (FMI), y sus reservas internacionales brutas registran un máximo histórico de US$4,052.7 millones al 31 de agosto recién pasado. Así, Nicaragua no tendría crisis de deuda si las tasas de interés estadounidenses suben rápidamente.

También tendrían problemas los países que tienen un tipo de cambio fijo sobrevaluado, por su vulnerabilidad a una corrida de sus monedas y a una crisis cambiaria. En el caso de Nicaragua, el régimen cambiario es reptante, o sea, se desliza diariamente con una tasa anual fija de 2%, y el córdoba está sobrevaluado porque en tiempos sin crisis el déficit comercial externo de bienes es de dos dígitos porcentuales del producto interno bruto (PIB), 21.7% en 2011 y 13.4% en 2017. Altos déficits comerciales son explicados en gran parte por la sobrevaluación del córdoba. El elevado déficit comercial externo de Nicaragua es realmente un problema de tipo de cambio real, y es anacrónico al observarse desde 1974 con un mínimo histórico de 10.6% del PIB en ese año, y con un máximo histórico de 33.4% del PIB en 1988.

En conclusión, Nicaragua no se encuentra expuesta a los problemas provocados por una subida importante de las tasas de interés de Estados Unidos ante la inesperada escalada de la tasa de inflación en el mercado estadounidense. La única vulnerabilidad de la economía nicaragüense es la sobrevaluación del córdoba, pero el problema del alto déficit comercial, equivalente a dos dígitos porcentuales del PIB, sólo podrá resolverse con reformas estructurales de la economía en el largo plazo, por ejemplo, la mayor escolaridad promedio nacional, la transferencia de tecnología a las actividades económicas, la presencia de una banca estatal de fomento a la producción, y el mantenimiento y la expansión de la infraestructura económica y social que faciliten el aumento de la productividad de la economía y la competitividad empresarial.