La pobreza y las estrategias económicas de Nicaragua

29 02 2016

La VI Encuesta de Medición de Nivel de Vida (EMNV) 2014 mostró que entre la población nicaragüense el 21,3% es pobre y el 8.3%  es pobre extremo. En suma, el 29.6% de la población, 1 millón 835 mil personas, está afectada por la pobreza.

Desde que se iniciaron estas encuestas en 1993, la metodología que se ha aplicado para medir la pobreza en Nicaragua es la diseñada por el Banco Mundial, bastante cuestionable porque se basa en el agregado de consumo y no en el ingreso personal disponible.

Según esa metodología, el pobre extremo, que se asocia con un estado cercano a la mendicidad, tuvo en 2014 un gasto de consumo personal equivalente a US$1.11 o menos, y ese valor máximo de consumo individual es lo justo para que el pobre extremo pueda ingerir los alimentos que le garanticen la ingesta de 2 mil 282 kilocalorías por día.

El pobre, o sea, el que no es extremo, tiene un gasto de consumo personal diario a lo sumo de US$1.80 y al menos de US$1.12, con lo cual satisface la ingesta de kilocalorías diarias antes mencionada y adquiere algunos otros bienes, tales como vestuario, limpieza personal y del hogar, y otros servicios, tales como transporte, educación y salud.

Con los datos de la VI EMNV 2014 también se puede comprobar que las personas que viven zonas rurales son casi 7 veces más pobres extremas y 3 veces más pobres que las personas que viven en zonas urbanas, y que la inequidad de la distribución del ingreso se deterioró en 2 décimas porcentuales al pasar el coeficiente de Gini de 0.46 en 2009 a 0.48 en 2014. Sin embargo, es bastante probable que las familias de más altos ingresos no responden la encuesta de medición de nivel de vida y la población que responde puede pensar que no es pobre, pero estadísticamente lo es si se le preguntara por su carencia de necesidades básicas.

Además, Nicaragua, después de Haití,  está en la cola de los países de Latinoamérica y del Caribe por su ingreso promedio anual per cápita de 1 mil 932 dólares registrado en 2014, lo cual invitaría a pensar que da igual el indicador que se utilice para medir la pobreza. Pero no debería ser así. Creo que la metodología más objetiva para medir la pobreza es la de las Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI) de los hogares, caracterizadas por el hacinamiento, la insuficiencia de los servicios de agua potable y alcantarillado, la vivienda inadecuada, la inasistencia de los niños en la escuela, y el número de personas dependiente por cada ocupado tomando en cuenta la escolaridad del jefe del hogar.

Nicaragua aún tiene una tasa de crecimiento económico insuficiente para reducir el subempleo, el desempleo y la pobreza, no obstante dicha tasa de crecimiento es la más elevada entre los países centroamericanos, excluyendo a Panamá. La producción de bienes y servicios debería crecer, al menos, a un ritmo de 6% anual para disminuir en 1 punto porcentual la tasa de subtilización de la fuerza laboral, debido a la baja productividad de la economía y la creciente informalidad del mercado laboral.

La pobreza no se mide igual en todos los países y en todos los continentes. Cuando los expertos determinan quién es pobre, este sustantivo adquiere varios calificativos, entre los que se destacan los de general y extremo, urbano y rural, infantil y juvenil, crónico y temporal, pero uno espera conocer los riesgos de la exclusión social, es decir, la población en edad escolar no matriculada y el porcentaje de la población sin acceso a los servicios de salud, y  los riesgos de la exclusión del mercado, o sea, la tasa de subempleo, la tasa de desempleo, la cobertura de los servicios de seguridad social y el número de puestos de trabajo indecentes. En Nicaragua, las estadísticas sociales tienen un rezago de dos años; por ejemplo, al concluir el año de 2015 era y hoy es bastante difícil obtener los datos del sector social correspondiente a 2013.

La medición de la pobreza con el agregado de consumo, lo que se conoce como línea de pobreza general y línea de pobreza extrema, olvida el carácter multi-dimensional de la pobreza y nos hace caer en la trampa de la definición uni-dimensional de la pobreza, como lo hace el Banco Mundial y como han tendido a hacerlo en el país la Estrategia Reforzada del Crecimiento Económico y Reducción de la Pobreza (ERCERP) con su crecimiento económico “amplio, equitativo y sostenible” y el Plan Nacional de Desarrollo (PND), que después se volvió un Plan Nacional de Desarrollo Operativo (PNDO), con su crecimiento económico basado en el concepto de competitividad y el desarrollo de ocho conglomerados (o clusters).

Sin embargo, no existe una relación automática de causa y efecto entre crecimiento económico y reducción de la pobreza, porque el crecimiento económico puede, en ciertas condiciones, conducir a una reducción significativa de la pobreza y, en otras, puede tener poco o ningún impacto sobre la pobreza. Por esta razón, considero que el Plan Nacional de Desarrollo Humano (PNDH) abordó el crecimiento económico con el criterio de superación de la pobreza y la eliminación del hambre, basado en valores como “la solidaridad, comunidad, complementariedad, redistribución, inclusión e igualdad”, pero esta estrategia se ha enfocado casi exclusivamente en la reducción de la pobreza extrema y descuida a los pobres en general y a los no pobres que corren el riesgo de empobrecerse, porque están próximos a la línea de pobreza o por la persistencia de una alta tasa de subempleo que afecta a un poco más de la mitad de las personas ocupadas en el mercado laboral del país que supera el 30% de la población económicamente activa del país.

Si la pobreza se midiese con la distribución de los ingresos, habría la necesidad de actualizar las estadísticas del salario nacional por estratos de trabajadores, o sustituir el actual salario promedio por su moda o su mediana y, además, tomar en cuenta el tamaño promedio nacional de un hogar. No hay que olvidar que el cuestionado valor del salario promedio nacional, resultante de dividir la masa salarial entre el número de trabajadores, es casi igual al costo de los 23 productos alimenticios incluidos en la canasta de consumo básico y que se requieren 2.4 salarios mínimos legales (promedio simple) para comprar una canasta de consumo básico.

Todas las mediciones de la pobreza son relativas. No es lo mismo ser pobre en Managua o en Bluefields, o en Jinotega o Chontales. Por eso creo más a los resultados de las encuestas sobre las Necesidades Básicas Insatisfechas, que mide la acumulación de problemas que puede sufrir un hogar. Y sobre esos resultados, comenzar a debatir y formular una estrategia de crecimiento económico pro-pobre para Nicaragua.

Anuncios




Aún no conviene colocar bonos soberanos en el mercado financiero internacional

21 02 2016

Presentación1

Con la calificación de la deuda soberana de Nicaragua como altamente especulativa de parte de Moody´s Investor (B2), Fitch (B+) y Standard & Poors (B+), comienza a observarse la pretensión de algunos servidores públicos de endeudar a los nicaragüenses con colocaciones de bonos soberanos en el mercado financiero internacional. ¿Por qué buscar nuevas deudas con tasas de interés no concesionales y castigadas por la prima de riesgo?

El presupuesto nacional refleja un déficit fiscal cercano al 2% del Producto Interno Bruto (PIB) y está financiado exclusivamente con un flujo anual de recursos de la cooperación internacional equivalente a 3% del PIB, de tal forma que en un año electoral se continúa manteniendo el esfuerzo fiscal para proteger la posición de las reservas internacionales en poder del Banco Central de Nicaragua (BCN). El exceso de financiamiento externo sobre el déficit presupuestario es depositado en las cuentas que el gobierno tiene en el BCN.

Por otro lado, la caída de los precios internacionales del petróleo y de las materias primas que exporta el país provocan un déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos aproximado al 10% del PIB, que es financiado por flujos brutos de cooperación oficial y de inversión extranjera directa iguales a 17% del PIB, con lo que se facilita el mantenimiento de un saldo de reservas internacionales brutas igual a 2.37 veces el saldo de la base monetaria y a 5.4 meses de importaciones de bienes CIF a finales del año en curso. Así, en un año electoral no se prevén especulaciones cambiarias que pongan en riesgo la estabilidad macroeconómica del país.

Entonces, ¿por qué buscar contrataciones de nueva deuda pública externa con términos comerciales?

A finales de 2011 expiró el cuarto programa de ajuste macroeconómico y reforma estructural, denominado “Servicio de Crédito Ampliado” (SCA), que se suscribió entre el Gobierno de Nicaragua y el Fondo Monetario Internacional (FMI) para el período 2007-2010 y que fue extendido un año más. Al no suscribirse un quinto programa, el gobierno de Nicaragua cerró la ventanillas de préstamos concesionales del FMI para apoyo de balanza de pagos, es decir, para apoyar el aumento de las reservas internacionales brutas del BCN, y también se cerraban las ventanillas de préstamos concesionales del Banco Mundial (BM/IDA) y del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) para apoyo presupuestario, que financiaban la estrategia de reducción de la pobreza con una mayor flexibilidad y capacidad de decisión gubernamental sobre el uso de estos recursos.

Cabe recordar que los préstamos concesionales del Banco Mundial para apoyo presupuestario se suspendieron a partir de 2009, debido a la queja de la oposición política sobre la violación a las elecciones municipales libres y justas de noviembre de 2007. El mayor flujo de cooperación para apoyo presupuestario se observó en 2006, con un total de US$101.8 millones –donaciones de US$69.4 millones provenientes de países europeos y de la Comisión Europea, y préstamos de US$32.4 millones de BM/IDA y Alemania-.

En resumen, el “costo” para el país al no suscribir un quinto programa con el FMI fue la suspensión de los préstamos de divisas líquidas de “libre disponibilidad” para fortalecer la estabilidad macroeconómica, mejorar la gestión de las finanzas públicas, fomentar un clima propicio a la competitividad y la productividad, mejorar la entrega de servicios sociales y alcanzar una mayor gobernabilidad. Además, con el cese de este tipo de préstamos multilaterales no se podrá captar financiamiento multilateral concesional para realizar las reformas estructurales pendientes, tales como las de la seguridad social y del gasto público (la evaluación de los empleos permanentes y temporales estaba programada para agosto de 2011) para facilitar un mayor espacio para la inversión pública. Desde el año de 2012, los préstamos concesionales del BID y del BM/IDA al sector público, conocidos como préstamos de divisas líquidas “atadas” a programas y proyectos, son destinados principalmente a la ejecución de proyectos de inversión pública.

Actualmente, no es necesario ni conveniente endeudar a los nicaragüenses en el mercado financiero internacional, porque los déficit gemelos del país, tanto del presupuesto como de la balanza de pagos, tienen suficiente financiamiento externo. Además, desde hace seis años Nicaragua continúa renovando anualmente un contrato de una línea de crédito de US$200 millones con el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE) para apoyar la gestión de liquidez del BCN, y no la ha usado desde que fue establecida.

Sin embargo, la pretensión de endeudarnos en el mercado financiero internacional está siendo fundamentada en el argumento que la calificación de la deuda soberana de Nicaragua es la misma que tiene Honduras, por lo cual es necesario que la población sepa que Honduras tiene un PIB igual a 1.7 veces el PIB de Nicaragua, registra una deuda externa pública equivalente a 29% del PIB mientras que la de Nicaragua es igual a 39% del PIB, y muestra un saldo de reservas internacionales netas que es igual a 1.7 veces el saldo de las de Nicaragua. Por consiguiente, puede concluirse fácilmente que Nicaragua tiene una menor capacidad de pago de deuda soberana que la que tiene Honduras.

Por esa razón, es preferible que Nicaragua continúe contratando deuda concesional en las ventanillas del BID y del BM/IDA para financiar programas y proyectos del sector público, que aún tienen plazos promedios mayores de 30 años con 15 años de gracia, y con tasas de interés cercanas a 2.5%. Con esos términos financieros, el elemento de concesionalidad de la nueva deuda externa contratada por el sector público supera el 35%, que era el nivel mínimo condicionado desde el año de 2005 en los programas de ajuste macroeconómico que se suscribían con el FMI.

Entonces, ¿por qué se pretende endeudar a Nicaragua con la colocación de bonos soberanos en el mercado financiero internacional?

 





Terminó una década de política económica

14 02 2016

Presentación1

“El tipo de cambio nominal es la principal ancla nominal de precios debido a la indexación de los principales precios al dólar y al elevado traspaso del tipo de cambio a los precios”, es una afirmación no solo del Banco Central de Nicaragua (BCN) sino también de economistas y de diversos agentes económicos, con la excepción de los exportadores que han incrementado sus volúmenes de producción más por estímulos tributarios que por estímulos cambiarios.

De acuerdo con la teoría económica, el régimen cambiario que ancla los precios es el tipo de cambio nominal fijo, que imperó en Nicaragua hasta el 9 de enero de 1993. Con ese régimen cambiario, Nicaragua utilizó el tipo de cambio nominal del córdoba para reducir la inflación, un problema económico que comenzó a observarse en el país hasta después del terremoto que destruyó a la Ciudad de Managua en diciembre de 1972.

Un tipo de cambio nominal fijo, como el de C$7 por US$1 que estuvo vigente entre los años de 1946 y 1978, ayudó a frenar la inflación al permanecer constantes los precios de las importaciones, suponiendo que los precios de los productos extranjeros también permanecen constantes. El costo de mantener un tipo de cambio nominal fijo es la pérdida continua  de la competitividad y una crisis de divisas al disminuir las reservas internacionales en manos de la autoridad monetaria. Tal como ocurrió en el país, se tuvo que detener la inflación, mejor dicho la hiperinflación que duró 4 años entre abril de 1987 y abril de 1991, con la política monetaria y la política fiscal, ya que la política cambiaria, un instrumento complementario, no puede hacer la mayor parte de la tarea de la desinflación.

A partir del 10 de enero de 1993, una fecha política por ser el día del ascenso al poder del ganador de las elecciones presidenciales, el tipo de cambio nominal del país comenzó a ser reptante, al deslizarse con un ritmo de 9% anual y elevarse hasta 12% el 10 de noviembre de ese mismo año; luego, en otra fecha política, el 11 de julio de 1999, día del Partido Liberal, la tasa anual del deslizamiento se redujo a 9% y el 1 de noviembre de ese mismo año volvió a disminuir hasta el 6%; finalmente, desde el 1 enero de 2004 la tasa anual del deslizamiento cambiario permanece constante en el nivel de 5%. La tasa de deslizamiento se ha estancado en los últimos 12 años.

De acuerdo con información del Fondo Monetario Internacional (FMI), el Memorándum de Políticas Financieras y Económicas del 19 de agosto de 1999 señaló que “… el gobierno (de Nicaragua) ha decidido reducir la tasa de deslizamiento cambiario con respecto al dólar e introducir una banda cambiaria. Esto ayudará a mantener la reducción de la inflación y facilitará el primer paso hacia un sistema más flexible de determinación de mercado del tipo de cambio”. Hasta esta fecha, entre los países centroamericanos que tienen moneda propia, sólo Nicaragua tiene un tipo de cambio reptante, mientras que Guatemala, Honduras y Costa Rica tienen sistemas de bandas cambiarias.

El objetivo de la política de fijación reptante del tipo de cambio es mantener el tipo de cambio real fijo, no el tipo de cambio nominal. Cuando un país devalúa, lo importante es que se pueda conseguir una devaluación real, es decir, reducir el precio de sus bienes (P) con respecto al precio de los bienes extranjeros (Pf). La devaluación real se obtiene cuando el tipo de cambio nominal sube más que el nivel de precios; en otras palabras, mantener el tipo de cambio real fijo o constante significa eliminar el diferencial entre la inflación del país  y la inflación de sus socios comerciales, o sea, que la tasa de devaluación nominal sube con el mismo ritmo de la relación P/Pf.

Lo que perjudica a la política cambiaria reptante del país no es sólo su larga duración, sino también la proliferación de mecanismos de indexación de precios en córdobas con el tipo de cambio, destacándose entre éstos la cláusula de mantenimiento de valor, que fue anunciada el 3 de marzo de 1991 con el ánimo de que los nicaragüenses tuviesen confianza para depositar sus córdobas en el sistema financiero nacional después de la erradicación de la hiperinflación.  Veinticinco años después, podemos observar que los agentes económicos se refugian en los depósitos en dólares, a pesar que el córdoba goza de una gran estabilidad. El Artículo 38 de la Ley orgánica del BCN legalizó la cláusula de mantenimiento valor, lo cual ató las manos de la autoridad monetaria para administrar una eficiente política monetaria: nuestra moneda de curso legal, el córdoba, apenas está presente en el 22% del mercado.

El problema es que la estructura de los costos de producción de las diversas actividades económicas ha sido dolarizada por los mecanismos de indexación de precios con el tipo de cambio. Una devaluación nominal de 5% establece un piso inflacionario de 5%, dice el BCN debido a la indexación de precios con el tipo de cambio, lo cual contradice el objetivo de la política de fijación reptante del tipo de cambio. Según mis cálculos, si no existiesen esos mecanismos de indexación de precios, una tasa de devaluación nominal de 5% provocaría una tasa de inflación vía costos de producción aproximadamente igual a 1.83%.

Nicaragua es el único caso en el mundo con esa grave restricción de su política cambiaria. Según datos oficiales de 2006, actual año base de las cuentas nacionales del país, el componente importado representa sólo el 14.3% del total de los insumos de todas las actividades económicas; los insumos primarios, o sea, los sueldos y salarios, los impuestos indirectos netos de subsidios, la depreciación del capital fijo y las utilidades brutas, que son efectivos en córdobas, participan con el 53.2% en el total de costos de producción; y el componente de productos intermedios de origen nacional, que son transados en córdobas entre las actividades productivas, representa el 32.5% de esos costos.

Sin embargo, el 100% de los costos de producción de cualquier actividad económico está dolarizado, lo cual hace que la política cambiaria sea inefectiva para enfrentar los choques económicos externos, tales como una caída de los precios internacionales de nuestros productos de exportación o el alza del precio del petróleo, e imposibilita la reducción del grave déficit comercial de la balanza de pagos que continúa oscilando alrededor del 20% del producto interno bruto (PIB).

El presidente del BCN, el colega Ovidio Reyes, quien en mi opinión hoy es el mejor economista en las filas gubernamentales y a quien recuerdo como uno de los estudiantes de más alto rendimiento en mis clases de econometría en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN), seguramente está consciente de estos problemas monetarios y cambiarios, agrego los financieros, los cuales podrán ser resueltos sólo en el largo plazo. Y el plazo es bastante largo.

En octubre de 1996 Nicaragua era clasificada como un país pobre y muy endeudado por el FMI y en julio de 2015 fue clasificada como un país de ingreso medio bajo por el Banco Mundial (BM).  No hay que dejar de hacer lo que se está haciendo bien, y si no se puede preparar las condiciones para establecer una nueva ruta para conocer hacia dónde vamos, no toquemos la política macroeconómica. Menos en un año electoral.





La opinión del FMI sobre Nicaragua

7 02 2016

Presentación1El reporte sobre la economía de Nicaragua presentado por una misión técnica del Fondo Monetario Internacional (FMI), que visitó al país en octubre de 2015, ratificó que la política económica mantiene la estabilidad del tipo de cambio y de una baja presión inflacionaria. El saldo de las reservas internacionales brutas oficiales en el Banco Central de Nicaragua (BCN) al 31 de diciembre de 2015 era de US$2,492.3 millones, que excede los puntos de referencia internacional de 3 meses de importaciones de bienes CIF excluyendo la maquila, aunque el nivel óptimo de cobertura de reservas por las características del país es 4 meses de acuerdo con el marco de referencia propuesto por Dabla-Norris et al (2011), el cual es inferior a los 5.1 meses observado a finales de 2015; también excede el 20% de la liquidez global (M3A), porque es inferior al 49% alcanzado; y sobrepasa el 100% de la deuda de corto plazo, el cual es menor que 429% al sumar dicha deuda un monto equivalente a US$581.4 millones en el sistema financiero nacional al 31 de diciembre de 2015.

Sin embargo, en el cuarto y último programa trienal que el país suscribió con el FMI y que expiró en diciembre de 2011 se mantuvo la condicionalidad de estabilidad macroeconómica de que el saldo de las reservas internacionales brutas oficiales fuesen iguales a 2.2 veces el saldo de la base monetaria, después el BCN la elevó a 2.5 veces y su resultado al 31 de diciembre de 2015 fue 2.35 veces.

El reporte también mostró las bondades macroeconómicas de 2015, como son un crecimiento económico de 4% gracias, según el FMI, a un mayor gasto de consumo –aún no conocemos la versión oficial de la tasa de crecimiento anual del Producto Interno Bruto (PIB) Real, pero, Consultores Para el Desarrollo Empresarial (COPADES) la pronosticó en 5.1% y la comprobó con el comportamiento del consumo de mWh de electricidad, de los ingresos tributarios del Gobierno Central y el consumo de cemento en quintales; una baja tasa de inflación, que al cerrar el año fue 3.05%, influenciada por la caída de los precios de los alimentos y las tarifas de transporte; un aumento importante de los ingresos tributarios, que a finales de noviembre es 14.2% con respecto al mismo período de 2014 y es mayor que el incremento de 13.5% de los gastos en ese mismo período; una leve expansión hasta 3.7% del PIB del déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos en el primer semestre de 2015 con respecto al mismo período del año pasado, que fue de 3.1% del PIB, debido a los menores precios de las materias primas exportadas y a la caída de las exportaciones de zona franca por el vencimiento del Régimen Arancelario Preferencial (TPL) el 31 de diciembre de 2014; y la solidez de la banca comercial, que se manifiesta con una norma de adecuación de capital 13.08%, mayor que la norma legal de 10%, aunque el diferencial de las tasas de interés permanece grande mientras la calidad de sus activos y los indicadores de rentabilidad son robustos.

Entre los principales riesgos del momento actual, el FMI mencionó la desaceleración del crecimiento del PIB Real de las economías avanzadas y de las economías emergentes, así como la caída de los precios de los principales productos de exportación del país, pero es necesario aclarar que en esos dos grupos de economías sólo nos interesa el comportamiento del crecimiento económico de Estados Unidos, que se prevé en 2.6% en este año y se transmite en Nicaragua a través de la demanda de materias primas, la inversión extranjera directa, las remesas familiares y el turismo; el riesgo potencial de la construcción del Gran Canal de Nicaragua porque se necesitan estudios adicionales sobre su impacto ambiental y social, y la información disponible es insuficiente para evaluar el beneficio neto de este megaproyecto; y el tema de la deuda privada externa, es decir, el crédito petrolero de Venezuela, que no tiene garantía pública y está siendo transferido de CARUNA a ALBANISA, cuyo riesgo es que el deterioro de sus condiciones financieras presione la absorción de los proyectos sociales dentro del presupuesto gubernamental.

El reporte también reflejó algunas inquietudes, entre las cuales se destacan la suspensión de la eliminación de las exoneraciones y exenciones del impuesto de valor agregado (IVA) y de la reducción de la tasa del impuesto sobre la renta (IR), a las cuales hay que agregar la suspensión de la supervisión de los precios de transferencia, ya contempladas en la Ley de Equidad Fiscal, lo que obstaculiza una mejor eficiencia y equidad tributaria; la persistencia de las tarifas subsidiadas de energía eléctrica, que generan grandes distorsiones y altos costos fiscales al beneficiar a grupos no vulnerables; las pérdidas técnicas y no técnicas de la Empresa Nicaragüense de Acueductos y Alcantarillados (ENACAL), que podrían implicar el aumento de las tarifas de agua, actualmente subsidiadas; los crecientes gastos del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS) por la introducción de la pensión reducida en 2013 e incrementada en 2015, y por los servicios de salud, bienes de capital y administración, que acompañados por una baja tasa de retorno de sus inversiones afectará al INSS con la persistencia de sus déficit en 2017 y el agotamiento de su fondo de reserva en 2024; la tasa de crecimiento anual del crédito del sistema financiero nacional, que al 31 de diciembre de 2015 se aceleró hasta 23.1% y es mayor que la de 12.8% de los depósitos ; el incipiente desarrollo del mercado de bonos y la lenta recapitalización del BCN; y la necesidad de mejorar la recopilación y la revisión de las estadísticas de las cuentas nacionales, el balance fiscal, la deuda pública y el sector externo, así como ampliar la transparencia de la información del sector público, con la comunicación pública de sus cambios metodológicos.

Las inquietudes fondomonetaristas, como ha sido usual, siempre han mostrado un sesgo bastante pronunciado hacia el desequilibrio de las finanzas públicas, y ahora recomienda establecer un  amortiguador fiscal equivalente a 1% del PIB después de las elecciones del 6 de noviembre de 2016 por el riesgo latente de un sobreendeudamiento del sector público; en cambio, en el reporte no se observan preocupaciones clave en el manejo de la política monetaria, la política cambiaria y la política financiera.

En el ámbito monetario y financiero, el FMI alertó por el excedente de encaje depositado por los bancos en el BCN que, al internalizar sus riesgos de liquidez, podría acelerar la colocación de crédito y provocar una inflación más alta o pérdidas de reservas internacionales; sugirió la necesidad de fortalecer la cooperación en la regulación financiera centroamericana, dada la regionalización de la banca; y en un ambiente de excesiva dolarización extraoficial, pidió monitorear el crédito en dólares a empresas y familias que no generan ingresos en dólares, debido al riesgo de la fortaleza del dólar y al aumento gradual de las tasas de interés en Estados Unidos, aunque en nuestra opinión Nicaragua continuará contratando deuda externa concesional con instituciones multilaterales, tales como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Banco Mundial (BM/IDA), porque aún no es un sujeto de crédito en el mercado financiero internacional, no obstante Moody´s elevó la calificación del crédito a Nicaragua a B2 desde B3 y Fitch también lo clasificó por primera vez en B+, o sea, según Moody´s la deuda soberana de Nicaragua es altamente especulativa, carece de las características de una inversión deseable y está sujeto a un riesgo crediticio alto, y según Fitch la solvencia de Nicaragua es muy justa y es una deuda que puede llegar a incurrir en impagos.

Finalmente, los consejos del FMI para elevar la competitividad empresarial en el mercado internacional fueron mejorar la infraestructura y las redes comerciales, invertir en capital humano (educación) y reducir las barreras de entrada, con los fines de promover la diversificación y la transformación estructural que disminuya la informalidad y fortalezca la reducción de la pobreza.

Con la actual política cambiaria reptante, cuyo objetivo es mantener fijo el tipo de cambio real, y la presencia de un gran número de mecanismos de indexación de precios en córdobas con el tipo de cambio nominal, Nicaragua no puede enfrentar los choques externos en su economía, que como muy bien señala el FMI son los aumentos de los precios del petróleo y la caída de los precios internacionales de los bienes primarios o commodities.

Sin embargo, el FMI afirmó en su reporte que el tipo de cambio real no muestra un desalineamiento importante, la sobrevaluación del córdoba es apenas de 1.2% un promedio resultante de los resultados de sus tres metodologías de medición del tipo de cambio real, que son el enfoque del balance macroeconómico, el enfoque de la sostenibilidad externa y el enfoque del tipo de cambio real de equilibrio, pero aclara que el rango de esos tres resultados está entre una sobrevaluación de 6.5% y una subvaluación de 3.9%, y este límite inferior de dicho rango es bastante cuestionable porque no se observan estímulos cambiarios para promover las exportaciones del país. No obstante la notable cercanía del tipo de cambio real observado o de corto plazo al tipo de cambio real de equilibrio o de largo plazo manifestada por el FMI, continúa aconsejando que para mejorar la competitividad externa las exportaciones del país deberían tener un mayor valor agregado, es decir, las empresas tienen que diversificar y mejorar la calidad de los productos manufactureros, entiéndase principalmente agroindustriales, que son destinados al mercado externo.

En el período 2006-2014, de acuerdo con la metodología de la sexta revisión del Manual de Balanza de Pagos y Posición de Inversión Internacional (MBP6), en términos promedio anual el déficit comercial de bienes con el exterior, con base en datos del BCN, fue igual a 24% del PIB y prácticamente su representación gráfica es una línea horizontal a lo largo del tiempo, lo cual sugiere la presencia de una importante sobrevaluación del córdoba. En parte, por esta razón COPADES ha sugerido que, teniendo en cuenta los problemas estructurales de la economía nicaragüense, se analicen los efectos de los fundamentales de la economía sobre el tipo de cambio real de equilibrio, como son los términos de intercambio, el flujo neto de capitales, el progreso tecnológico y la productividad de la economía, simultáneamente con los efectos de la política macroeconómica sobre el tipo de cambio real de corto plazo, a través del déficit fiscal, la base monetaria, la tasa de devaluación nominal en el mercado oficial y la brecha cambiaria entre el tipo de cambio oficial y el tipo de cambio para la venta del dólar en el mercado financiero.

Otra observación al reporte del FMI es sobre su énfasis en que los salarios mínimos de Nicaragua son muy competitivos. La vía apropiada para aumentar el nivel de competitividad internacional es mediante el aumento de la productividad en las actividades agropecuarias e industriales, principalmente manufactureras, mientras que la vía de mantener salarios reales bajos, por ejemplo, el salario medio de la economía se gasta casi exclusivamente en la adquisición de los 23 productos alimenticios de la canasta de consumo básico, permite la obtención de beneficios a las empresas nacionales y extranjeras y, por lo tanto, competir a pesar de su baja productividad, pero esta vía representa una especialización en la pobreza y su viabilidad depende del mantenimiento de esa misma pobreza.

Además de las tres recomendaciones del FMI antes mencionadas para elevar la competitividad empresarial en el mercado internacional, es necesario que se tome en cuenta la transferencia de tecnología y la facilitación del acceso al crédito a los propietarios de microempresas y pequeñas empresas, la creación de posibilidades para financiamientos de largo plazo para promover la inversión doméstica, la atracción de empresas extranjeras y vincularlas a cadenas de producción locales (coinversión) y el mejoramiento de la administración y de la calidad empresarial.

Por otro lado, a pesar que el Instituto Nacional de Información de Desarrollo (INIDE) realiza encuestas mensuales y procesa datos de indicadores del mercado laboral por trimestres móviles, dicho mercado es rápidamente mencionado en el reciente reporte del FMI, al referirse a una tasa de desempleo de 6.8% de la población económicamente activa en 2014 y al reconocer la escasez de estadísticas del mercado laboral y la disponibilidad irregular de las cifras de desempleo.

Sin embargo, el reporte ignora el creciente problema del subempleo, el cual, de acuerdo con datos del BCN y del Ministerio del Trabajo (MITRAB), afectaba al 33.3% del total de ocupados en 2006 y se elevó hasta el 48.3% en 2013, mientras que la informalidad del mercado se reflejaba con el creciente porcentaje de ocupados que laboran en empresas que no tienen registros contables, al pasar de 64.4% en 2006  a 77.4% en 2013. Es mucho más difícil reducir el subempleo que el desempleo, y el FMI sólo sugiere revisar el régimen tributario de las pequeñas y medianas empresas para estimular la formalidad y el crecimiento, y vincular el alivio tributario a la inversión en vez de las utilidades.

Compartimos la opinión del FMI sobre las restricciones a la obtención de datos sobre empleo, desempleo y subempleo, lo cual impide cuantificar la productividad por actividad económica, determinar las condiciones para evaluar el trabajo decente, y analizar la pobreza de la población sin olvidar su carácter multi-dimensional y no caer en la trampa de la definición uni-dimensional, por ejemplo en términos de consumo, como lo hace el Banco Mundial.

En términos generales, el reporte demuestra que la situación macroeconómica del país en la actualidad es muy buena, satisface la expectativa de que aconseja algunas acciones para enfrentar problemas potenciales en el mediano y largo plazo, pero no profundizó sobre el desequilibrio comercial externo, la viabilidad del actual régimen cambiario para reducir el grave desequilibrio comercial externo en el largo plazo, y la efectividad de la política monetaria que hace depender inapropiadamente la tasa de inflación de la tasa de devaluación a sabiendas de que la excesiva dolarización extraoficial ha marginado al córdoba en un espacio igual al 22% del tamaño mercado.

 





Seminario de Actualización Empresarial “Riesgo-País de Nicaragua 2016”

5 02 2016

Presentación1