Los retos ante la inflación por el lado de la oferta

17 04 2022

En 2022, dos grandes shocks negativos de oferta están impactando a la economía mundial y, por ende, a la economía nicaragüense. El primero es provocado por la pandemia mundial del Covid-19 que surgió en diciembre de 2019 y que ahora está impactando al mundo con la nueva subvariante más contagiosa denominada BA.2 de Ómicron; el segundo es el impacto de la “operación militar especial” de Rusia en Ucrania, una guerra que, desde su inicio el 24 de febrero de 2022, junto con las sanciones a Rusia de parte de Estados Unidos, la Unión Europea, Canadá, Reino Unido y Japón ya desaceleraron el crecimiento de la economía mundial y aceleraron la tasa de inflación en todos los países.

El shock del lado de la oferta provocado por la pandemia del Covid-19 se originó por los cierres de las empresas y los cuellos de botella de las cadenas de suministro de materias primas, o sea, una escasez de oferta que chocó con una excesiva demanda a mediados de 2021. La inflación del lado de la oferta no puede ser aplacada por la política monetaria que está diseñada para reducir la inflación del lado de la  demanda, es decir, cuando muchos córdobas persiguen menos productos o los mismos productos en el mercado. La inflación por el lado de la oferta en el mercado nicaragüense comenzó a acelerarse en julio de 2021 y ha continuado subiendo cada mes, de tal manera que la brecha entre la inflación general y la inflación subyacente ya supera los 2 puntos porcentuales o los 200 puntos básicos en marzo de 2022.

La guerra está generando más inflación en todo el mundo, porque ha disminuido la oferta mundial y ha elevado los precios de las materias primas, principalmente los del petróleo, los combustibles, la energía eléctrica, los agroquímicos, los alimentos y los metales demandados por la industria manufacturera. Aparecen más cuellos de botella en las cadenas de suministro mundial de materias primas y se adiciona más  inflación por el lado de la oferta a la ya generada por la pandemia mundial, que no puede ser reducida por la política monetaria. En esta forma se presenta el riesgo estanflacionario, o sea, el riesgo que la tasa de inflación aumenta, mientras que la producción disminuye, o al menos se estanca.

En Nicaragua no se observa una inflación resultante de estímulos monetarios y fiscales, leves o excesivos, como una respuesta gubernamental al impacto recesivo de la pandemia mundial. Al contrario, en los últimos ocho años, la política monetaria ha sido contractiva, excepto en 2018 al ser impactada por la crisis política interna de abril de ese año; por su parte, la política fiscal también ha sido contractiva al registrarse desde 2016 un congelamiento del gasto público excepto en 2021, una reforma tributaria procíclica en febrero de 2019 -que aceleró la inflación y disminuyó la producción- y un déficit fiscal anual menor que 1.7% del producto interno bruto (PIB) desde 2014.

Lo que se ha observado en Nicaragua es una permanente estabilidad macroeconómica al registrase un monto de reservas internacionales brutas que oscila entre 2.4 y 2.8 veces el saldo de la base monetaria, siendo 2.5 veces la condicionalidad mínima. Sin embargo, en 2021 se observó la estabilidad del tipo de cambio con una tasa de deslizamiento anual de 2% y la inestabilidad del índice de precios al consumidor al elevarse hasta 7.2% debido al shock de oferta mundial. Los últimos datos de inflación de Nicaragua muestran que los precios al consumidor aumentaron a una tasa anual de 8.7% en marzo recién pasado, impulsada por los aumentos en los precios de alimentos y bebidas no alcohólicas, combustibles, energía eléctrica y transporte.

La teoría macroeconómica nos enseña que para eliminar una alta inflación de demanda las tasas de interés tienen que aumentar, y este aumento reducirá los gastos de consumo y de inversión, pero la historia económica nos indica que bajar la tasa de inflación implica que los niveles de las tasas de interés tienen que superar el nivel de la tasa de inflación para que en términos reales sean positivas, pero en Nicaragua la inflación de hoy es de oferta y se correría el riesgo de una desaceleración del crecimiento económico y probablemente de una recesión económica.

Entonces, ¿qué objetivo persigue el Banco Central de Nicaragua (BCN) al elevar a partir del 18 de abril del año en curso la Tasa de Referencia Monetaria nominal de 3.5% a 4.0%, que corresponde a las operaciones monetarias diarias en córdobas sin mantenimiento de valor?

Talvez, como lo muestra la nota de prensa de la autoridad monetaria, creo que el objetivo principal es mantener la evolución de las tasas de interés internacionales, y en este caso parece que el BCN está detrás del banco central de Estados Unidos, aunque la Fed ha estado siempre detrás de la curva de la inflación acelerada no sólo por el lado de la oferta (debido a la pandemia y la guerra), sino también por el lado de la demanda (debido a los estímulos monetarios y fiscales), y esto último justifica la puesta en marcha de la política monetaria en el mercado estadounidense, aunque tardíamente.  

El aumento de las tasas de interés no va a disminuir los precios que han sido impulsados por los costos del petróleo, los cuellos de botella de las cadenas de suministro mundial de materias primas y la guerra, por lo cual no creo que las tasas de interés más altas garantizarán la estabilidad del córdoba ni el normal desenvolvimiento de los pagos internos, aunque los pagos externos están respaldados por las reservas internacionales brutas administradas por el BCN, que ya superan los cuatro millardos de dólares.

Finalmente, dudo de que el aumento de las tasas de interés apoyará la administración de la liquidez del sistema financiero y mantendrán las condiciones propicias para la intermediación financiera. Por ejemplo, una tasa de interés más alta en las operaciones de inyección monetaria aumentaría la tasa de rentabilidad del BCN, pero, por otro lado, el saldo de la cartera de crédito de las entidades bancarias al sector privado se ha desplomado desde 40.3% del PIB en 2017 a 27.0% del PIB de 2021, un nivel muy parecido al registrado en 2012. Además, los efectos de los cambios de la política monetaria tardan en desarrollarse, al menos, 12 meses y, a lo sumo, 18 meses.

La coordinación entre las autoridades monetarias, que fortalecen la estabilidad macroeconómica, y de las autoridades fiscales, que impulsan el crecimiento económico a través de la inversión pública, observada en 2020 y 2021, fue eficaz para enfrentar el impacto de la pandemia mundial del Covid-19. Esa eficacia, con algunas variaciones, podría mantenerse en 2022 para que las autoridades gubernamentales  enfrenten las presiones estanflacionarias que ahora son más altas debido a la presencia de la nueva subvariante BA.2 de Ómicron y la guerra entre Rusia y Ucrania.

Hay que evitar los límites de precios y salarios y los controles administrativos con el objetivo de controlar la inflación, porque en la década de los ochenta del siglo pasado fallaron al causar racionamientos en el país. Hay que evitar también el surgimiento de la espiral precio-salario-precio, que desembocaría en una inflación galopante.


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