El riesgo macroeconómico nacional de cara a los precios de los combustibles

7 02 2015

Se han encendido las luces rojas en el ámbito macroeconómico con la decisión política de no disminuir la tarifa de energía eléctrica ni garantizar una baja de los precios locales de las gasolinas y del diesel que sea coherente con la caída en picada de sus precios internacionales marcadores para nuestro país.

En 2014, específicamente en el cuarto trimestre de ese año, se observó el desplome de los precios internacionales de los hidrocarburos. El precio del barril de crudo WTI cayó 39% y arrastró  a la baja a los precios de los demás combustibles según Costa del Golfo (USGC), marcadores también para Nicaragua, casi con la misma intensidad que la de petróleo WTI: el del diesel se derrumbó 39%; el de la gasolina regular, 40%; el de la gasolina super, 44%; y el del fuel oil, que sirve para generar termoelectricidad, 46%. La actual crisis del precio del petróleo no admite, en este momento, el argumento de que los precios de los combustibles se rigen por factores distintos del precio del petróleo.

De acuerdo con datos oficiales, si excluimos el monto total de los tres impuestos que se pagan por el consumo de combustibles  -el Impuesto Selectivo de Consumo (ISC), el del Fondo de Mantenimiento Vial (FOMAV) y la Fiscalización del Instituto Nicaragüense de Energía (INE), cuyo total por galón varía entre US$0.70 y US$0.86 en las regiones del Pacífico y Centro y entre US$0,57 y US$0.86 en la región del Atlántico-, en 2014 el precio local del diesel disminuyó 27%, el de la gasolina regular se redujo 26% y el de la gasolina super retrocedió sólo 25%. Además, en términos interanuales, a noviembre de 2014 la tarifa del Kwh de energía eléctrica ha subido 5.7%, golpeando más al consumo residencial y al bombeo de agua, y el precio del metro cúbico de agua se ha elevado 6.1%, golpeando más al consumo familiar y a la industria manufacturera.

La decisión política de no disminuir la tarifa de energía eléctrica porque tenemos que pagar una deuda “sin plazos y sin intereses”, tal como lo afirmara el Presidente de la República, Daniel Ortega Saavedra, a inicios de 2011, y la no supervisión de la formación de los precios de los combustibles líquidos, con sus efectos en los costos de producción, provoca una situación inestable a los exportadores nicaragüenses porque sus productos mostrarán mayores costos de producción que los de sus competidores extranjeros y, consecuentemente, serán más caros. Esta falta de decisión política está sobrevaluando más al córdoba, de tal manera que desestimula el esfuerzo exportador, también afectado por la disminución de los precios de los commodities o bienes primarios por la caída de los precios internacionales del petróleo y sus derivados, y a su vez alienta las importaciones, profundiza el déficit comercial y acentúa los riesgos del desincentivo de la inversión extranjera directa y de la producción de una fuga de capitales.

Es por eso que aconsejo al Presidente de la República que reconsidere su decisión para evitar un mayor desequilibrio económico en nuestro país. La macroeconomía del país está bien, pero también es frágil. Comparto la sugerencia que han hecho varias organizaciones de la sociedad civil que la disminución de la tarifa de electricidad puede ser realizada tanto para pagar la deuda contraída con ALBACARUNA en 2011 como para reducir los costos de producción y mejorar el poder de compra de los salarios. Además, si se trasladara correctamente la disminución de los precios de las gasolinas y del diesel a los precios locales, el monto del beneficio anual de Nicaragua se aproximaría a US$400 millones, que también podría, con un consenso apropiado de la alianza gobierno-empresarios-trabajadores, ayudar a pagar la deuda por el congelamiento de la tarifa de la electricidad en 2011.

Pudo haberse notado anteriormente que la disminución de los precios locales (sin impuestos) de las gasolinas es aproximadamente igual al 60% de la disminución de sus precios internacionales y que la disminución del precio del diesel (también sin impuestos) es igual 70% de la caída de su precio en el mercado internacional. Esas discrepancias no pueden justificarse con otros costos de importación, producción y distribución de la industria petrolera nacional, tal como lo deja a entrever el Ingeniero Jaime Batlle, gerente general de la refinería Puma Energy. En Nicaragua Puma Energy, hoy por hoy, es la empresa petrolera más poderosa y fuerte del mercado. Ejerce un papel dominante en la producción, distribución y comercio al detalle en 6 de los 9 productos que integran la canasta local de los hidrocarburos. En 2013 alcanzó el 39% de la venta nacional de todos los derivados y el 26.7% de las entregas en gasolineras.

En materia de precios, el Ingeniero Batlle sabe muy bien (desde sus años en RASA El Salvador) que su compañía, para el cálculo del precio de los combustibles no utiliza como precios base el precio WTI del petróleo, sino los precios de los combustibles de acuerdo con los marcadores “Costa del Golfo” mejor conocidos como USGC, o sea precios de la economía del Estado de Texas.

Nicaragua, en la actualidad, importa aproximadamente 11 millones de barriles de hidrocarburos y el 92% de ese volumen procede de Venezuela. Los combustibles o productos limpios constituyen el insumo más costoso de esta cadena industrial, al representar casi el 85% del precio final de la refinería.  Sobre la base de una estructura de costos de la refinería cuando estuvo en manos de la empresa ESSO Standard Oil, el costo del flete desde Houston hasta Corinto, incluyendo el peaje del Canal de Panamá, representaba el 11.38% del precio final de los combustibles, mientras que el seguro marítimo, las pérdidas y fugas en el océano, la carta de crédito, las comisiones bancarias, y las pérdidas en las terminales representaban el 2.14% del precio final de la refinería. Por supuesto, también se debe tomar en cuenta los costos de internación, los márgenes en la terminal, el transporte interno y los impuestos para determinar el precio al consumidor de los combustibles. Consecuentemente, el 15% del precio final de la refinería no puede explicar la brecha entre las caídas de los precios locales de los combustibles con respecto a las caídas de sus precios internacionales en 2014 y, por esto, es necesario que el Estado de Nicaragua supervise la formación de los precios al consumidor de combustibles.

También sugiero al Presidente de la República que no es necesario esperar tres meses para observar cómo se comportarán los precios internacionales de los combustibles con el objetivo de tomar una decisión nacional sobre los precios locales de los combustibles y de la tarifa de energía eléctrica.

El caso de la tarifa eléctrica es muy sencillo, si se enfoca desde el punto de vista del costo del bunker o fuel oil No. 6. Hace un año, según Bloomberg Corp. y U.S. Energy Information Administration (EIA), el precio promedio mensual en febrero fue de US$90.4 por barril. En enero de este año el promedio cerró en US$38.00. Si Nicaragua consume alrededor de 9,000 barriles diarios de ese combustible, el monto que las generadoras se ahorraron de noviembre 2014 a enero 2015 ronda los US$35 millones.

La guerra de precios internacionales de los combustibles no será de corto plazo, porque Arabia Saudí pretende expulsar a Estados Unidos del grupo de oferentes de petróleo en el mercado mundial, es decir, cerrar los pozos estadounidenses (algunos marginales ya han sido clausurados) que utilizan la nueva técnica de fractura hidráulica, y cualquier alza que observemos en el precio del petróleo se puede explicar con problemas geopolíticos mundiales, como la violencia actual en Libia donde existen dos gobiernos y dos parlamentos, y con el debilitamiento del dólar frente a otras monedas duras, tales como el euro, el yen y la libra esterlina, provocado por pobres resultados económicos de Estados Unidos.

Ojalá que las autoridades gubernamentales reflexionen sobre la decisión política que ha encendido las luces rojas del entorno macroeconómico nacional, ya que si se mantiene, señor Presidente de la República, disminuirá el valor de las exportaciones, aumentará el valor de las importaciones, profundizará el déficit comercial externo, desincentivará la inversión extranjera directa y producirá una fuga de capitales.

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La caída en picada del precio internacional del petróleo beneficia a Nicaragua

14 12 2014

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El 16 de junio de este año, el precio del barril de crudo WTI, marcador para Latinoamérica, era US$107.52. Hace tres días, o sea, al cierre del viernes 11 de diciembre, dicho precio caía en picada  al nivel de US$57.81, acusando en términos promedio mensual una reducción de 39% al desplomarse desde US$105.25 en junio recién pasado hasta US$64.43 en los primeros 12 días de este diciembre.

Por otro lado, los precios de los combustibles, tales como gasolina, diésel, bunker o fuel oil y gas licuado, no se fijan con la cotización del precio internacional del petróleo ya que tienen sus propios precios internacionales y, además, en el mercado local son gravados con impuestos selectivos de consumo (ISC) –por ejemplo, por un galón de diésel pagamos un ISC de US$0.6415 en el Pacífico/Centro del país y US$0.4092 en el Atlántico del país y por un galón de gasolina regular pagamos otro ISC de US$0.6955 y US$0.4283 en el mismo orden. Por esas razones, los precios de los combustibles líquidos no bajan con la misma celeridad con que baja el precio del petróleo, pero la actual caída en picada del precio del barril WTI ya arrastró a la baja a los precios internacionales de los combustibles.

Por supuesto que Nicaragua se beneficia con las caídas de los precios internacionales del petróleo y de los combustibles, porque es un país importador de petróleo. Sin embargo, ese beneficio es  una alegría a medias, porque tenemos pendiente el pago de una deuda, sin plazo y sin interés, que facilitó ALBANISA para congelar la tarifa de electricidad en 2011 debido a la alza del precio del barril WTI, que alcanzó un máximo de US$113.21 el 29 de abril de ese año

Tomando en cuenta que aproximadamente el total de barriles de petróleo importado por Nicaragua es igual al 45% del los 11 millones de barriles de hidrocarburos que anualmente s eimportan (el 55% restante corresponde al volumen de combustible procesados), la caída del precio WTI en 2014 significará un ahorro de divisas de alrededor de US$62 millones en este año –al caer el precio promedio anual del barril WTI de US$105.79 en 2013 a US$93.90 en 2014-, y sobre el supuesto que el precio promedio anual del barril WTI en 2015 sea US$70, el ahorro de divisas para Nicaragua en la facturación del petróleo el próximo año sería del orden de US$124 millones, equivalente a 1% del Producto Interno Bruto (PIB) esperado en 2015.

Por consiguiente, aún sin incorporar el ahorro de divisas esperado por los menores precios internacionales de los combustibles, en este caso los de las gasolinas y del diésel, sólo con el ahorro de divisas asociado con el menor precio del barril de crudo WTI podríamos pagar nuestra deuda pendiente a la empresa ALBANISA. En este cálculo, por supuesto, tampoco hemos incorporado el ahorro de divisas por el avance de la participación de generación de electricidad con recursos renovables en la generación total de electricidad del país, que pasó de 34% en 2011 a 53% en 2014.

La caída en picada de los precios internacionales del petróleo y de los combustibles provocará una reducción de los costos de producción en las empresas radicadas en nuestro país. A manera de ejemplo, disminuirán los precios de los agroquímicos, del transporte de carga y del transporte de pasajeros, pero se mantendrá invariable la tarifa de energía eléctrica.

Con la disminución de los costos de producción, las empresas ganarían competitividad principalmente aquéllas que operan en las actividades de generación de electricidad, minería, caña de azúcar, textil-vestuario y pesca.

Los menores costos de producción tendrán que reflejarse en los precios al consumidor de bienes y servicios finales, lo cual mejorará el poder adquisitivo de los asalariados. Si en el mercado interno se reflejara apropiadamente la reducción de los precios del petróleo y, por ende, de los precios de los combustibles, la tasa de inflación anual en 2015 oscilaría alrededor de 3.21%, pero si los precios de los bienes y servicios de consumo finales no bajan con la misma celeridad con que subieron al incrementarse el precio del barril de petróleo WTI, una notable falla del mercado, la tasa de inflación anual, a lo sumo, rondaría el 6.35% en 2015.

El Estado de Nicaragua recibiría el beneficio de disminuir el gasto en concepto del subsidio de la tarifa del transporte en autobuses urbanos de la Ciudad de Managua y Ciudad Sandino, pero si continuara la desaceleración económica interna observada en 2014, debido al persistente riesgo de una nueva desaceleración económica mundial, el presupuesto nacional podría observar una menor recaudación del impuesto al valor agregado (IVA) por la nueva desaceleración de la tasa de crecimiento económico y la menor tasa de inflación.

En conclusión, la caída estrepitosa que ha tenido el precio internacional del petróleo beneficia a Nicaragua porque disminuirán los precios de varios bienes intermedios que compran las empresas para realizar sus proceso productivos, reducirán los costos de producción de las empresas, disminuirá los precios de los bienes y servicios finales, y estimularán una mayor demanda de bienes y servicios finales al ayudar al gasto de las familias.





Menor precio del petróleo y menor plazo de una deuda

30 11 2014

Presentación1

Aunque el préstamo del Gobierno de Nicaragua para mantener congelada la tarifa de energía eléctrica frente a la alza del precio internacional del petróleo en 2011, que fue anunciado en marzo de ese año con términos financieros inéditos de sin plazo y sin interés por el presidente de la República, Daniel Ortega Saavedra, los nicaragüenses debemos estar informados mensualmente por los servidores públicos, tal como lo estilan los acreedores financieros para exigir el pago de sus deudores, sobre el monto mensual y total de nuestras amortizaciones y el saldo adeudado al Estado de Nicaragua.

Desde 2011 comenzamos a pagar esa deuda y en el segundo semestre de este año nuestras amortizaciones mensuales habrían aumentado, porque ahora existen dos fuentes de financiamiento para cancelarla. La más notable es el desplome entre junio y noviembre de este año de 27% del precio promedio mensual del barril de crudo WTI, marcador de Latinoamérica, desde US$105.00 en junio hasta US$76.44 en noviembre, que también arrastró a la baja los precios internacionales de los combustibles, entre ellos el fuel oil para el funcionamiento de las plantas termoeléctricas.

La otra fuente de financiamiento es el cambio de la matriz de generación de energía eléctrica, o sea el aumento de la participación de la generación de electricidad con recursos renovables en el total generado en nuestro país, a través de las plantas hidroeléctricas, geotérmicas y eólicas, la cual ha pasado de 34% en 2011 a 52% en 2013, y también a 53% en el período enero-septiembre de este año.

Del total de 10.7 millones de barriles de hidrocarburos que Nicaragua importó en 2013, 4.7 millones de barriles fueron de petróleo con un precio promedio de US$108.06 por barril. Con los supuestos de mantener en 2015 el volumen de 4.7 millones de barriles de petróleo observados en 2013, pero con un precio promedio anual de US$72, el ahorro de divisas que tendría Nicaragua sólo con la compra de petróleo crudo sería del orden de US$172 millones, con lo cual estaríamos cancelando gran parte del préstamo sin plazo y sin interés. A este ahorro tendríamos que adicionar el beneficio nacional de la generación de energía eléctrica con recursos renovables.

No hay dudas que la caída del precio internacional el petróleo se continuará observando en diciembre próximo y el próximo año debido al incremento en la producción de Irak y Libia, a una disminución en el volumen de importaciones de Estados Unidos por el auge de la producción de petróleo de esquisto, al estancamiento  económico de la Eurozona, a la recesión económica de Japón, a la desaceleración económica de China y a la decisión de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) de no bajar su producción conjunta de 30 millones de barriles diarios, pese a que varios de los 12 países miembros, entre ellos Venezuela, Ecuador y Nigeria,  presionaron para aprobar un recorte que permitiera frenar el desplome de los precios internacionales del crudo –WTI, Brent y Fateh Dubai-.

Es obvio que la caída de los precios internacionales del petróleo y de los combustibles beneficiará a los países no productores de petróleo, como Nicaragua, con gasolina, diesel, gas y fuel oil más baratos, con menores presiones inflacionarias que ayudaran a los bolsillos de los nicaragüenses, y con más competitividad de los productos exportables, uno de los dos motores de la economía nacional junto al de la inversión privada, especialmente la extranjera directa.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) aseguró recientemente que la caída del precio del crudo en el tiempo dará un nuevo impulso a la expansión mundial y un descenso del precio del barril de 10% podría traducirse en un incremento del 0.2% del Producto Interno Bruto del Mundo.

Sin embargo, el desplome de los precios internacionales del crudo está provocando pérdidas a los países productores, como es el caso de Rusia, donde el gas y el petróleo representan la mitad de los ingresos del Estado, y el caso de Venezuela donde el 97% del valor de sus exportaciones depende del petróleo y con la caída de un dólar en el precio del barril de crudo deja de percibir anualmente US$620 millones. La caída del precio del oro negro también reduce las utilidades y daña el mercado bursátil de las empresas del sector energético, que estarán atentas a necesidad de reducir sus gastos en el futuro

Con esas previsiones de corto plazo, los nicaragüenses tendremos más beneficios que perjuicios, entre los cuales surge la posibilidad realista de cancelar la deuda por el subsidio de la tarifa de electricidad en un plazo más corto que el indefinido que se nos concedió hace tres años. Pero es necesaria la transparencia en el manejo de esta deuda.

Sólo se visualiza un riesgo para nuestro país con el panorama de los precios internacionales del crudo: Venezuela podría verse forzada a reducir el elemento de concesionalidad de 38% del crédito petrolero que nos concede y renueva en el primer trimestre de cada año. En la semana pasada, el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, pidió a sus ministros que propongan un recorte de los gastos suntuarios de los ministerios y una rebaja de sueldos y salarios de los altos cargos de su Gobierno, y ha mantenido el gasto social presupuestado.

Venezuela podría verse afectada por los bajos precios del petróleo en el pago de la deuda externa, el gasto público y la asignación de divisas para importaciones –el 70% de los alimentos es importado-, que ya tienen tres tipos de cambio oficiales, 6.3, 11 y 50 bolívares por dólar, mientras que el precio del dólar del mercado negro es 19 veces más alto que el tipo de cambio oficial. El canciller venezolano, Rafael Ramírez, manifestó en la semana pasada que un precio de US$100 por barril es “deseable para Venezuela”.





El riesgo económico de Nicaragua en 2013. Un Seminario de Actualización Empresarial de COPADES

11 04 2013

Presentación1

El riesgo económico tiende a incrementarse 100 puntos básicos hasta 1 mil 950 puntos básicos en el cuarto trimestre de 2013 con respecto al cuarto trimestre de 2012, y continúa obteniendo un nivel muy bajo.

Indicadores Económicos con Riesgo Muy Alto

(1)          El Producto Interno Bruto (PIB) Per Cápita de Nicaragua de US$1,809 pronosticado para 2013 es igual a 17.31% del PIB Per Cápita del Mundo de este año estimado por el FMI, que es de US$10,451. El pronóstico del aumento del PIB Per Cápita promedio anual de Nicaragua en 2012 año es de US$47, el cual estaría influenciado por una tasa de crecimiento económico de 4.8%, una tasa de inflación promedio anual de los precios al productor de 6.0% debido a la desaceleración del alza de los precios internacionales de las materias primas (principalmente el petróleo) y los alimentos exportados por el país (especialmente el café y el azúcar), y el invariable ritmo deslizamiento de 5% anual del tipo de cambio oficial observado desde 2004.

(2)          El déficit en cuenta corriente de la balanza de pagos pronosticado para 2013 de US$1,680 millones es equivalente a 15.4% del PIB, debido a la tendencia declinante de los precios internacionales de los “commodities” o bienes primarios, que incluyen al petróleo. Cabe mencionar que el valor FOB de los bienes domésticos (incluyendo el valor neto de la maquila)  más el valor de los servicios no factoriales exportados totalizaría US$3,899 millones, 23 millones menos que el registrado en 2012, mientras que el de las importaciones de bienes CIF sumaría US$6,168 millones,  317 millones de dólares más que lo observado en 2012.

Indicadores Económicos con Riesgo Muy Bajo

(3)          El pronóstico de la tasa de inflación interanual del Índice de Precios al Consumidor Nacional del cuarto trimestre de 2013 es de 7.4% con respecto al mismo período del año de 2012, El precio promedio mensual de un barril de petróleo WTI en 2013, de referencia para Latinoamérica, se ubica en US$94, el cual es 20 centavos de dólar menor que su promedio de 2012.

(4)          El superávit del balance del Gobierno Central, antes del registro de las donaciones externas en el presupuesto nacional, es pronosticado en un monto de US$8 millones e igual a 0.1% del PIB de 2013 estimado por COPADES. Después del registro de dichas donaciones, el presupuesto nacional tiende a consolidar un superávit de 1.5% del PIB.

(5)          Se pronostica que el desempeño productivo del país, medido con la serie trimestral del Índice Mensual de Actividad Económica (IMAE), desacelerará su crecimiento interanual hasta el nivel de 3.9% en el cuarto trimestre de 2013, gracias a la construcción, minería, comercio y transporte, por el lado de la oferta, y al aumento de la inversión fija, privada y pública, y el consumo de las familias.