La concreción de una estrategia nacional de crecimiento y desarrollo económico es facilitada por un banco comercial del sector público. El Banco Nacional de Desarrollo (BANADES) fue clausurado en 1998 por una condicionalidad del Fondo Monetario Internacional (FMI) debido a las continuas pérdidas y capitalizaciones del banco, una disposición que se desprendió del también extinto Consenso de Washington.
El 19 de abril de 2010 surgió el Banco de Fomento a la Producción (PRODUZCAMOS), que no ha podido jugar el papel de ser un efectivo instrumento estatal porque fue afectado desde su origen por otra condicionalidad del FMI que le prohibió captar depósitos del público. Este banco no es tan importante como la caja rural ALBACARUNA, que intermedia recursos del crédito petrolero de Venezuela para la producción agropecuaria que, en gran parte, es destinada a Venezuela.
Excluyendo por esa razón al Banco PRODUZCAMOS, Nicaragua tiene 6 bancos privados, de los cuales sólo 2 son nicaragüenses, con un margen de intermediación financiera de 11.2%, la más elevada de todos los países del istmo centroamericano en enero de 2014. Con esa tasa de intermediación de los depósitos del público para colocar crédito no se puede apoyar el crecimiento económico de un país, sino apoyar sólo el crecimiento del consumo de las familias de más altos ingresos porque, de acuerdo con la V Encuesta de Medición de Nivel de Vida 2009, el 77% de la población de Nicaragua tiene un ingreso per cápita promedio mensual de apenas US$48.
La elevada tasa de intermediación financiera de la banca privada de Nicaragua se explica con la presencia de prácticas no competitivas o de elevados costos no financieros de operación de las instituciones bancarias. Con la posibilidad de algunas excepciones, parece que los banqueros ignoran que sus utilidades deberían provenir cada vez más de la intermediación eficiente del ahorro financiero, es decir, con bajos costos no financieros y altos índices de cartera productiva, y no de la extracción de ganancias oligopólicas a los usuarios del crédito y a los depositantes.
Se sabe que una elevada tasa de encaje legal, 12% diario y 15% catorcenal de los depósitos que son llevados al Banco Central de Nicaragua (BCN) sin devengar intereses ni mantenimiento de valor para los córdobas, encarece el crédito, o sea, tiende a aumentar las tasas de interés activas, mientras que la tasa de rendimiento de las Letras subastadas por el BCN –a 1 año plazo ha subido de 1.97% en enero de 2013 a 4.22% en marzo de 2014- influye en el nivel de las tasas de interés pasivas del sistema financiero nacional.
Sin embargo, la tasa de interés pasiva en Nicaragua no estimula la captación de depósitos de ahorro, que tuvieron una tasa de 1.02% en marzo recién pasado, al ser menor que la tasa de inflación interanual –7% interanual para el BCN-, mientras que la tasa de interés activa de corto plazo es muy alta, con el nivel de 14.85% también en marzo, y no contribuye a impulsar un crecimiento económico sostenible. Frente a esas dos tasas de interés que no son fijadas por el mercado sino por el oligopolio financiero del país, el costo del crédito a corto plazo de la banca privada radicada en Nicaragua es 3.9 veces mayor que la tasa de inflación interanual observada en el mercado local.
La presencia de la banca estatal de fomento a la producción puede ayudar a reducir el margen de intermediación financiera. En otras palabras, la banca estatal de fomento puede disminuir el costo del crédito, porque deberá basarse en una mejor productividad institucional y en una reducción de los costos de los trámites bancarios. La Superintendencia de Bancos y de Otras Instituciones Financieras (SIBOIF) debería, desde hace mucho tiempo, eliminar las regulaciones excesivas y realizar supervisiones apropiadas. El BCN también debería reducir las altas tasas de encaje legal, a sabiendas que constituyen el instrumento más simple, pero también en desuso, de regulación monetaria para evitar presiones inflacionarias, cuestión que el BCN logra en una forma más eficiente con las operaciones de mercado abierto, es decir, con las subastas semanales de Letras Estandarizadas.
La reducción de la alta tasa de intermediación financiera de la banca privada de Nicaragua no hay que dejarla al Mercado, como lo diría el superintendente recién reelecto de la SIBOIF, Victor Urcuyo, sino en el establecimiento y apropiada supervisión de reformas legales para modernizar el funcionamiento de los bancos y poner en una mejor disposición al Banco PRODUZCAMOS para los propietarios de micros, pequeñas y medianas empresas rurales y urbanas, a quienes les es muy difícil, yo diría imposible, ser sujetos de crédito en la banca comercial privada.
El Banco PRODUZCAMOS está obligado a ser más eficaz en el manejo de la cartera de préstamos y en la generación de ingresos financieros, así como elevar la productividad de los servicios no financieros. Para ello la clave está en la reducción de los gastos administrativos y, consecuentemente, maximizar la productividad bancaria. Sólo así podrá conducir la reducción de las elevadas tasas de interés activas del sistema financiero nacional, cuestión que la banca privada del país no ha podido hacer desde que resurgió en noviembre de 1991.
Si el banco PRODUZCAMOS podrá captar depósitos del público con la reforma a su ley orgánica, como ha sido anunciado por Bayardo Arce, Asesor Económico y Financiero del Presidente de la República, tendrá éxito en su gestión si no entra a usufructuar la excesiva tasa de intermediación financiera existente en nuestro país. Debe competir con la banca privada para reducir dicha tasa, con las mismas leyes monetarias y tributarias que se aplican a todas las entidades bancarias del país. Caso contrario, nunca llegaría a convertirse en un instrumento estatal.

