La economía de Nicaragua está en juego en Venezuela

7 10 2012

Independientemente del resultado electoral venezolano, Nicaragua está muy atenta a lo que ocurra en dicho comicios, porque en el mejor de los casos podrían alterarse los términos financieros del convenio petrolero con el país sudamericano; en el peor escenario, sólo basta recordar la frase del candidato opositor Henrique Capriles, que no regalará un barril de petróleo a Nicaragua.

Venezuela no entrega ni un solo dólar en billete verde a ALBANISA, la empresa privada administradora de la asistencia financiera de ese país, que en el período 2007-2011 totalizó 2 mil 231 millones de dólares, incluyendo 380 millones de inversión extranjera directa en las plantas de generación eléctrica y la refinería de petróleo.

El jaque financiero estaría puesto sobre un monto anual de 600 millones de dólares en 2013, correspondiente al préstamo del 50% de la factura petrolera a 23 años plazo, 3 años de gracia y 2% de interés. El escaque sobre el cual se ha consolidado la estabilización macroeconómica de Nicaragua se vería asediado por un mayor pago de las importaciones de crudo y combustibles, que debilitaría la posición de las reservas internacionales brutas del Banco Central de Nicaragua (BCN).

En esa probable situación, desde el BCN Alberto Guevara  continuaría acelerando el endeudamiento público interno entre los nicaragüenses para mantener, al menos, un saldo de esas reservas internacionales en el nivel de 2.2 veces el saldo de la base monetaria, pero esta política implicaría los riesgos de una mayor desaceleración del crecimiento económico y de una mayor tasa de subempleo y desempleo del país en 2013.

Para ilustrar esa posibilidad con datos oficiales al 30 de septiembre de este año, Nicaragua en 2012 no ha contado con cooperación externa en divisas líquidas de libre disponibilidad, tanto para apoyo a balanza de pagos como para apoyo presupuestario, porque aun no ha suscrito el quinto programa económico trienal con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Esto ha obligado al BCN a endeudarnos en 113 millones de dólares, al subastar Letras y Títulos Especiales de Inversión que contribuyeron a sacar de circulación 2 mil 686 millones de córdobas, pero el BCN se ha distinguido en elevar la condicionalidad macroeconómica hasta 2.8 veces el saldo de la base monetaria. A propósito de lo anterior, ¿quién controla al BCN en su carrera para endeudarnos, a sabiendas que con nuestros impuestos le pagamos los intereses y el mantenimiento de valor de los títulos que emite?

Por otro lado, en 2011 la cooperación petrolera de Venezuela sumó 557 millones de dólares y fue equivalente a 6% del Producto Interno Bruto (PIB). Esos recursos, aunque se registran en la cuenta de capital de la balanza de pagos de Nicaragua, se asignan a proyectos emblemáticos de corte público en la actual administración pública con el ánimo de disminuir la pobreza y defender el nivel de vida de la población, tales como financiamiento a la producción agropecuaria, desarrollo del comercio justo, desarrollo de la micro y pequeña empresa, subsidio al transporte público, el bono solidario o salarial con una valor anual de aproximadamente 1 mil 400 millones de córdobas, el financiamiento de la tarifa de energía eléctrica para evitar alzas descomunales por los crecientes precios del fuel-oil, y viviendas y calles para el pueblo.

Una afectación a esta asignación de recursos administrados en forma privada nos pondría fuera del programa económico supervisado por el FMI, ya que el déficit fiscal superaría fácilmente el 5% del PIB. Muy difícil sería el abandono gubernamental de esos proyectos, porque significaría un abandono de la población pobre de nuestro país con el consecuente desgaste político de la Alianza Unida Nicaragua Triunfa en el poder.

Sólo se observa una pequeña tabla salvavidas para el presupuesto nacional en el horizonte de corto plazo: la reforma tributaria en ciernes que dejaría, a lo sumo, 1% del PIB al Tesoro nacional, pero se tendría que acelerar la ejecución de las nuevas medidas tributarias previstas para el mediano plazo y, por otro lado, se obligaría la  revisión inmediata de la eficiencia del gasto público presupuestado para 2013, una medida fiscal que no fue contemplada por los servidores públicos para su discusión junto a la reforma tributaria.

El riesgo económico estaría acompañado, pues, del inseparable riesgo político. Escuché de un servidor público que ante una situación de esta envergadura, el gobierno de Nicaragua ya tiene un Plan B, el cual estaría basado en una mayor atracción de la inversión extranjera directa.

Ojalá eso fuese real, porque en los momentos actuales el crecimiento de la economía mundial ha comenzado de nuevo a desacelerar y, entre sus efectos, se esperaría una restricción del  flujo de recursos externos –remesas familiares, cooperación oficial e inversión extranjera directa-; una disminución de la demanda internacional –y por ende de los precios internacionales- de materias primas, entre ellas el petróleo; y una desaceleración del crecimiento económico de Nicaragua junto a un mayor subempleo y desempleo abierto.

Las únicas dos cosas buenas que nos dejan estos choques económicos externos son una menor necesidad de financiamiento externo debido a la disminución del déficit en cuenta corriente de la balanza de pagos –los precios de las importaciones caen más que los precios de las exportaciones- y una menor tasa de inflación, asegurada hasta octubre en 2.7% acumulada anual gracias, en gran parte, por la severa contracción, más allá de la requerida, de la cantidad de córdobas que circula en el mercado local.