La desigualdad de la distribución del ingreso en Nicaragua

6 03 2014

Presentación1

La última encuesta de medición de nivel de vida (EMNV) de la población nicaragüense fue realizada en 2009. Esta encuesta fue la número cinco de las realizadas desde 1993 y la única que acusó un aumento de la pobreza fue la del año 2005, durante la administración del Ing. Enrique Bolaños, cuando el índice de pobreza general se remontó hasta el 48.3% de la población total del país, mientras el índice de pobreza extrema se elevaba hasta el nivel de 17.2%.

De acuerdo con la base de datos de la V EMNV 2009 que se encuentra en la página web del Instituto Nacional de Información de Desarrollo (INIDE), les presento a continuación algunos resultados de la distribución del ingreso de ese año.

  • 749,959 familias, que representaron el 76.8% del total de familias, tenían un ingreso promedio mensual equivalente a US$283, siendo el mínimo de US$34 y el máximo de US$587. La mediana de estos ingresos familiares mensuales era US$263.
  • 138,100 familias, que representaron el 14.1% del total de familias, tenían un ingreso promedio mensual equivalente a US$757, siendo el mínimo de US$609 y el máximo de US$976. La mediana de estos ingresos era US$722.
  • 88,827 familias, que representaron el 9.1% del total de familias, tenían un ingreso promedio mensual equivalente a US$1,809, siendo el mínimo de US$1,036 y el máximo de US$4,563. La mediana de estos ingresos era US$1,252.

Estos datos nos revelan que, excluyendo los alimentos y el vestuario, el poder de demanda de bienes y servicios de consumo final se concentra sólo en el 23.2% del total de familias nicaragüenses, un porcentaje bastante aproximado al 19% de la población económicamente activa que correspondía a los trabajadores activos asegurados en 2009. Estos resultados también ayudan a demostrar la progresiva extinción de la clase media del país y otro ejemplo de esto es que en la actualidad no se construyen viviendas para este estrato de la población. La construcción de viviendas se concentra en dos polos, mansiones y viviendas de interés social.

Otras conclusiones interesantes sobre la desigualdad de la distribución del ingreso en 2008, cuya Curva de Lorenz mostró un Coeficiente de Gini de 0.45, son las siguientes:

  • El 10% de las familias con más bajos ingresos apenas captaba el 1.8% del ingresos total, mientras que el 10% de las familias de más altos ingresos capturaba el 35.5% del ingreso total.
  • El 50% de las familias con menores ingresos sólo disponía del 20.2% del ingreso total.
  • El 80% de las familias con ingresos más bajos tenía acceso al 48.6% del ingreso total.
  • El 20% de las familias con más altos ingresos se apoderaba del 51.4% del ingreso total.
  • El 5% de las familias más ricas del país concentra el 21.4% el ingreso total.

Es cierto que en los últimos años ha disminuido la desigualdad de la distribución del ingreso, ya que en 2005 el Coeficiente de Gini era 0.51. Este coeficiente si se acerca a 1 demuestra una gran inequidad en la distribución del ingreso, y si se acerca a 0 demuestra una mayor equidad en la distribución del ingreso.

Sin embargo, sólo a través de la inversión se podrá facilitar la creación de puestos de trabajo para elevar los ingresos de las familias nicaragüenses y, por lo tanto, se podrá disminuir la inequidad de la distribución del ingreso. Por ello reitero la necesidad de políticas públicas que apunten a la ampliación y el mejoramiento de la calidad de la educación primaria y secundaria, el restablecimiento de la educación técnica media y superior, la transferencia de tecnología a la microempresa y la pequeña empresa para elevar los rendimientos productivos y la productividad de la economía, el impulso de la adopción de sistemas contables sencillos la microempresa y en la pequeña empresa, el diseño e implementación de un programa nacional de agroindustrialización, la promoción de una política financiera nacional que sea coordinada por el Banco Central de Nicaragua (BCN) y el restablecimiento de una efectiva banca de fomento a la producción que conceda crédito con tecnología a la mayoría de los productores que no son sujetos de crédito en el sistema financiero convencional.

La economía nicaragüense continúa siendo excluyente e inequitativa. El Papa Francisco declaró recientemente que la desigualdad económica es “el mayor desafío de nuestro tiempo”. La mayor parte del crecimiento económico de nuestro país se ha concentrado en pocas manos y el Estado tiene pocos instrumentos para redistribuir el ingreso –se los quitó el Consenso de Washington en la década de los 90- con la implementación de los dos primeros draconianos programas ESAF en nuestro país, retratados con la reducción del gasto social, la privatización del acervo público y el masivo desempleo.

Si en estos momentos no existe una suficiente capacidad estatal para redistribuir el ingreso, el diálogo tripartito gobierno-empresarios-sindicatos, ya elevado a rango constitucional, por lo menos debería insistir en la garantía de la igualdad de oportunidades para todas las familias nicaragüenses.

Presentación1

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