Mensajes a los servidores públicos

22 03 2015

Presentación2

La macroeconomía de Nicaragua está muy bien, pero también es frágil por una serie de problemas estructurales y de artificios macroeconómicos que la hacen aparecer con una gran solidez, incluso al vistazo de los servidores públicos que sólo se refieren a los logros de la estabilización macroeconómica, que se manifiestan con una tasa de inflación baja y un tipo de cambio estable.

El principal problema estructural es la baja productividad de la economía imperante con una tendencia declinante desde hace 35 años, lo cual implica que la producción anual de bienes y servicios debe crecer entre 6% y 7% anual para reducir en 1 punto porcentual la tasa de subutilización global de la fuerza laboral y, consecuentemente, avanzar efectivamente en la reducción de la pobreza. Los muy bajos ingresos de la población se vinculan con el subempleo, que afecta al 50% de las personas ocupadas, el bajo nivel de escolaridad de la población de 7 años de estudio, y la informalidad de la economía, que se aceleró en los últimos años al pasar de 64% en 2006 a 80% en 2014, es decir, 8 de cada 10 empresas radicadas hoy en el país no cuenta con registros contables, por lo cual no pagan el salario mínimo legal ni impuestos, mucho menos seguridad social.

Dos artificios macroeconómicos saltan a la vista. Uno de ellos es la obstinación de que un país pobre como Nicaragua –aunque ya clasificamos como país de ingreso medio bajo, pero entre los más bajos- tenga un presupuesto equilibrado, es decir, un déficit fiscal igual a 0% del PIB; sin embargo, el crédito petrolero de Venezuela, que ayuda a mantener una posición estable de las reservas internacionales en el Banco Central de Nicaragua (BCN), se registra como una deuda privada externa con el aval del Fondo Monetario Internacional (FMI), y en los últimos dos años dicho crédito ha variado entre 4% y 5% de Producto Interno Bruto (PIB) y tiende a caer a 2% del PIB en 2015.

Al FMI le interesa el cumplimiento de la meta, no los medios para alcanzarla, no obstante Maquiavelo afirmaba que el fin justifica los medios. Es una realidad que el sistema financiero nacional cuenta con más reservas que el BCN y esto da lugar a otro artificio macroeconómico relacionado con el aumento de las reservas internacionales brutas en manos del BCN, principalmente en la última semana de cada año, cuando los banqueros depositan en las arcas de dicha autoridad monetaria un importante excedente de encaje sobre los depósitos en dólares para cumplir el objetivo que el saldo de esas reservas internacionales sea igual a 2.5 veces el saldo de la base monetaria, aunque en la primera semana del año nuevo ese excedente retorna a las cajas de la bancos comerciales.

Otro problema estructural tan importante como el de la productividad de la economía es el gran déficit de la balanza comercial de la balanza de pagos del país, que desde finales de la última década del siglo pasado oscila muy cercanamente al 20% del PIB. Esto ayuda a demostrar que la política del tipo de cambio reptante del país, que es de corto plazo pero que se ha mantenido a lo largo de 22 años y con un deslizamiento anual de 5% en los últimos 11 años, no sirve para reducir el déficit comercial externo, peor aún con la prevalencia de la cláusula de mantenimiento de valor que convierte al BCN en un rehén de su política cambiaria. Consecuentemente, el índice de sobrevaluación del córdoba es mayor que un dígito, haciendo más atractiva la importación que la exportación de bienes y profundiza el déficit comercial y el endeudamiento externo, aunque debemos reconocer que los flujos de inversión extranjera directa y de remesas familiares son las principales fuentes del grave desequilibrio comercial con el exterior.

Asociado con el problema estructural de la política cambiaria, surge el problema estructural de la política monetaria, que tampoco sirve en un escenario muy dolarizado extraoficialmente. El BCN se ve impedido de ejercer una sólida política monetaria basada en la tasa de interés, y no en la tasa de devaluación oficial y la tasa de inflación de Estados Unidos cuya suma, irónicamente, es la tasa de inflación anual programada por el BCN. La política monetaria del banco de los bancos y del gobierno no es efectiva porque se enfrenta a tres monedas en el mercado local, que en orden de importancia son el dólar, el córdoba con mantenimiento de valor (un dólar disfrazado) y el córdoba –esta última domina apenas el 21% del mercado-, y esa inefectividad es más evidente con la exagerada dolarización financiera de Nicaragua: en dólares y en córdobas con mantenimiento se registran el 100% de los préstamos y el 87% de los depósitos en el sistema financiero nacional. Por consiguiente, la política financiera no existe en el BCN, ya que se le dejó exclusivamente al mercado, que se refleja con una tasa de interés real negativa para los ahorristas y un alto costo real de endeudamiento para financiar el capital de trabajo.

Por estas cosas del manejo de la macroeconomía, le digo a nuestros servidores públicos que no nos alegremos con la tasa de crecimiento económico insuficiente entre 4% y 5% -el presidente del BCN, Ovidio Reyes, dijo que en 2015 la tasa de crecimiento económico de Nicaragua será entre 4.5% y 5.0%, pero creo que esa tasa no incluye los efectos del inicio de la ejecución del proyecto hidroeléctrico TUMARÍN-; que por “mantener” un presupuesto casi equilibrado no cometamos de nuevo el error de llamar a Moody´s Investor a que califique mejor la deuda soberana de nuestro país, sencillamente porque aún no tenemos capacidad de pago en el mercado financiero internacional ni hemos concluido la reestructuración de un tercio de la deuda pública externa con pocos países que no son miembros del Club de París en el marco de la Iniciativa para Países Pobres Muy Endeudados (PPME o HIPC por sus siglas en inglés); y que el gobierno convoque no sólo a empresarios y trabajadores, sino también a las universidades y a organismos de la sociedad civil especializados en asuntos económicos para diseñar políticas públicas que den respuestas a mejorar la productividad de la economía, la competitividad de las empresas y corregir otros problemas estructurales, así como hacer más eficientes a las políticas macroeconómicas de nuestro país.

Reitero que la macroeconomía está muy bien, pero también es frágil.

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La prudencia gubernamental, la competitividad y el bienestar

25 01 2015

Presentación1

Muy controversial es la opinión de los servidores públicos de ser prudentes ante la caída en picada de los precios internacionales del petróleo y de los combustibles, para que puedan proceder a determinar la disminución de esos precios en nuestro mercado interno, incluyendo la tarifa del Kwh de energía eléctrica, a sabiendas que la caída en picada se prolongará en este año. Así lo han dado a entender el asesor económico y financiero del presidente de la República, Bayardo Arce, y el presidente del Banco Central de Nicaragua (BCN), Ovidio Reyes, mientras el presidente del Instituto Nicaragüense de Energía (INE), David Castillo, se distingue por su silencio.

Los beneficios de las caídas de esos precios internacionales, por lo menos las observadas el año pasado, que están recibiendo los países importadores de petróleo aún no se observan plenamente en nuestro país. El primer punto de la agenda gubernamental debería ser la competitividad empresarial, pero la prudencia gubernamental no la fomenta porque los costos de la energía eléctrica y del transporte de carga, así como los precios de algunos insumos derivados del petróleo, tales como los agroquímicos y entre ellos la urea, no han disminuido.

Otro beneficio esperado es la liberación de nuestros impuestos que fueron asignados en el presupuesto nacional para garantizar los subsidios del consumo de energía eléctrica de las familias de las familias de bajos ingresos y de la tarifa de transporte de pasajeros en autobuses urbanos de la Ciudad de Managua y Ciudad Sandino, para reorientarlos a la inversión pública, principalmente en proyectos relacionados con el próximo ciclo agrícola, incluyendo los proyectos de riego.

Si se ajustaran los precios locales antes mencionados sólo con sus caídas ya observadas en el mercado internacional durante el año pasado, también podríamos observar una mejoría en el poder de compra de los asalariados, de tal manera que la presión política en la mesa de negociación del ajuste de salario mínimo tendería a disminuir.

¿Por qué no han bajado los precios de los combustibles y de la energía eléctrica en el mercado nicaragüense, con la misma celeridad que han caído en el mercado internacional? Sencillamente, porque el diálogo permanente, ya elevado a rango constitucional, entre las autoridades gubernamentales, los empresarios y los trabajadores, no ha funcionado para corregir esa falla del mercado.

Si esos precios locales cayeran coherentemente con el ritmo de su caída internacional, arrastrarían a la baja al resto de los precios locales al consumidor, incluyendo varios productos de la canasta de 53 productos de consumo básico. Desaparecería el argumento, que ya está volviendo popular, que los precios de muchos bienes y servicios no disminuyen porque el costo de la canasta de consumo básico permanece alto, pero este razonamiento no es exclusivo de los productores de bienes y servicios, sino que es tanto de los productores como de los consumidores. El argumento debería ser que no se han reducido los precios locales de los combustibles y de la energía eléctrica en una forma coherente con su ritmo de caída en el mercado internacional.

Reitero que los precios internacionales, marcadores para América Latina y, por ende para Nicaragua, tuvieron las siguientes caídas acumulada anual en 2014: el barril de petróleo, 39.4%; diesel, 38.3%; gasolina super, 40.2%; gasolina regular, 42.8%; y fuel oil, para generar termoelectricidad, 45.9%. Sin embargo, los precios locales de esos combustibles líquidos, excluyendo el impuesto selectivo de consumo (ISC), el impuesto  para el Fondo de Mantenimiento Vial (FOMAV) y el costo de regulación y fiscalización del INE, sólo han bajado, en el caso del diésel, 27.5%; el de la gasolina super, 25.0%, y el de la gasolina regular, 25.7%. La tarifa de la energía eléctrica no ha mostrado cambio alguno.

También se observará una caída del monto anual del préstamo petrolero que concede Venezuela a nuestro país. Con el supuesto que se mantengan los actuales términos financieros de dicho préstamo, el préstamo anual venezolano de US$550 millones disminuirá a lo sumo 50%, es decir, hasta US$225 millones anuales, y provocará, en un año pre electoral, un menor financiamiento intermediado por ALBACARUNA a los proyectos socio productivos que generan productos para exportarlos a Venezuela con el fin de pagar la deuda petrolera, y también disminuirá la ejecución de programas sociales destinados a los nicaragüenses que padecen de pobreza extrema.

La guerra de precios internacionales de los hidrocarburos no será de corto plazo. Continuará a lo largo de este año. Entonces, ¿por qué esperar dos meses más para determinar el nivel de los precios locales de los combustibles y de la energía eléctrica? La prudencia gubernamental se está convirtiendo en un obstáculo para promover la competitividad empresarial y el bienestar de la población nicaragüense.

Aconsejo a las autoridades gubernamentales a que convoquen a los empresarios y los trabajadores con el objetivo de coordinar la disminución coherente de los costos de producción y facilitar la entrega del beneficio social que nos deja la aparatosa caída de los precios internacionales del petróleo, que ya arrastró a la baja a los precios internacionales de sus derivados. Las revisiones de estos precios a lo largo de este año podrían realizarse a finales de cada trimestre.

 

 





Sobre las perspectivas de la economía de Nicaragua en 2015

28 12 2014

La perspectiva de cuatro variables económicas de Nicaragua en 2015 publicada por el Banco Central de Nicaragua (BCN) en su página web me llama la atención por dos motivos: persiste la proyección en rangos y el comportamiento proyectado de dos variables es una línea horizontal en los últimos once años.

Para 2015, el BCN plantea que el crecimiento económico será entre 4.5% y 5.0% y supongo que no introduce el efecto económico del inicio de la ejecución del mega proyecto hidroeléctrico TUMARÍN, cuestión que Consultores Para el Desarrollo Empresarial (COPADES), la firma que este servidor dirige, sí lo contempla y pronostica una tasa de crecimiento económico de 6.1% porque el monto de US$198 millones de la inversión de TUMARÍN en 2015 adicionará 1.2 puntos porcentuales al crecimiento económico del país.

COPADES no introdujo el efecto económico de la idea del mega proyecto “Desarrollo Integral del Gran Canal de Nicaragua”, dado el secretismo en el manejo de su información económica, financiera y de protección del medio ambiente, lo cual ha robustecido su perfil especulativo, además de acentuarlo con la frecuente postergación de sus estudios desde junio de 2014.

La inflación acumulada nacional, señala el BCN, será entre 6.0% y 7.0% en 2015. Esperaba esa proyección inflacionaria oficial, porque la autoridad monetaria usualmente la manifiesta en los últimos once años con la suma de la tasa de devaluación (5 puntos porcentuales) y el límite máximo de la tasa de inflación internacional, mejor dicho del máximo de la tasa de inflación de las economías avanzadas (2 puntos porcentuales). Pero ¿por qué obvió el BCN el efecto de la caída en picada de los precios internacionales del petróleo en su proyección de la inflación nacional?

El precio promedio mensual del barril de crudo WTI ha observado un desplome acumulado anual de 39% en 2014, al pasar de  US$97.73 en diciembre de 2013 a US$60.00 en diciembre de 2014, y es muy probable que en 2015 este precio continúe cayendo porque a fines de septiembre pasado la Organización de Países Productores de Petróleo (OPEP) decidió no reducir su producción de 90 millones de barriles diarios, equivalente a un tercio del consumo mundial de crudo, para hacer caer la rentabilidad de los pozos de petróleo estadounidense conocido como “shale”, que es obtenido de formaciones rocosas de esquisto, los cuales podrían resistir un precio WTI entre US$57 y US$61.

El perfil económico nacional de 2015 que COPADES elaboró para las empresas y organizaciones que suscriben nuestros servicios de consultoría económica y financiera, presenta dos pronósticos de la tasa de inflación acumulada anual, debido a que en el segundo semestre de este año no se observó una caída de los precios internos de los combustibles compatible con la caída del precio del barril de petróleo WTI, que es el marcador para Latinoamérica.

Si persistiera esa falla del mercado a lo largo de 2015, el pronóstico de COPADES de la tasa de inflación acumulada anual es de 6.3%, pero si se corrigiera dicha falla del mercado la inflación anual sería aproximada a 3.2%. Todo depende de la formación de los precios locales de los combustibles líquidos, es decir, con una apropiada supervisión estatal en la formación de los precios finales al consumidor sobre la base de los fundamentos del mercado libre.

Continúa el BCN indicando que la tasa de devaluación anual en 2015 será de 5%, una tasa que se mantendría constante durante 12 años consecutivos. COPADES manifestó, a través de este servidor en el Seminario de “Política Monetaria y Estabilidad Financiera” realizado por el BCN a fines de septiembre pasado, que existe buena evidencia que la dolarización financiera de Nicaragua está asociada con un uso limitado de flexibilidad del tipo de cambio, y éste acusa una volatilidad de 0.4%, muy cercana a cero, que es graficada con una línea recta a lo largo de los últimos 13 años. Por supuesto que las metas de inflación deberían estar libres de la volatilidad del tipo de cambio.

Antes de pedir un consejo al Fondo Monetario Internacional (FMI) sobre cómo desdolarizar o recordobizar la economía, sugiero al presidente del BCN, Ovidio Reyes, a que reflexione sobre cómo el BCN ha fortalecido la alta dolarización financiera en Nicaragua y cómo el BCN se ha convertido en un rehén de su política cambiaria reptante. También debería tomar en cuenta que el principal instrumento de la política monetaria es la tasa de interés, pero ésta es inefectiva para el BCN porque las tasas de rendimientos de sus Letras Estandarizadas (con mantenimiento de valor y, más grave aún, de muy cortísimo plazo) no influyen en las tasas del sistema financiero nacional.

Las proyecciones del BCN y los pronósticos de COPADES para 2015 han estado basados en la evolución de la economía en 2014. Inicialmente, el BCN proyectó una tasa de crecimiento entre 4.5% y 5.0% para 2014, mientras que COPADES en diciembre de 2013 pronosticó un crecimiento económico de 5.1%, pero lo redujo a 4.4% en agosto por los efectos de la sequía sobre la “siembra de primera” del ciclo 2014/15 y la mantiene hasta esta fecha, mientras que el BCN redujo su proyección inicial al rango de 4.0% y 4.5% y estamos en espera de su versión oficial en el segundo trimestre de 2015. En estos escenarios de crecimiento económico para 2014, el pronóstico inicial pesimista fue el de la Fundación Económica y Social (FUNIDES) al fijarlo en abril de este año en 2.8% (riesgos), 4.1% (base) y 4.7% (oportunidades), en octubre lo estableció en 4.0% y en su último reporte de diciembre lo dejó aproximado a 4.2%. Creo que ha dejado 4.0% para 2015.

En relación con la proyección oficial del monto de las exportaciones de Nicaragua en 2015, sugiero al BCN que es necesario aclarar a los agentes económicos que ese valor entre US$5,100 millones y US$5,200 millones incluye el valor bruto de las exportaciones de las empresas del régimen de zona franca, pero también es necesario que presente la proyección del valor de las exportaciones domésticas de bienes FOB más el valor neto de la maquila (que es igual al 24% de su valor bruto), porque es importante determinar la magnitud del esfuerzo exportador del país.

También sugiero al BCN que es necesario tener en cuenta que los precios de los commodities descenderán en 2015. Aunque la economía de Nicaragua sale beneficiada con la baja de precios del barril de crudo WTI y de los combustibles al recibir un impulso en su crecimiento económico, la mayoría de los precios de los bienes primarios, o sea, de gran parte de las materias primas que exporta Nicaragua, caerá en 2015 por la baja demanda global (Europa en estancamiento, Japón en recesión y China en desaceleración) y por el fortalecimiento del dólar estadounidense debido a que se ha convertido en un refugio ante la caída del precio del petróleo, a la solidez del crecimiento económico de Estados Unidos y al regreso de los capitales a ese país con el cese de la política monetaria de relajamiento cuantitativo. Sin embargo, la fortaleza o apreciación del dólar implicará una disminución del crecimiento de la primera economía del mundo. Todo eso en momentos en que podría elevarse el costo del dinero en el mercado internacional, si la Fed incrementa las tasas de interés en Estados Unidos, tal como se prevé, a mediados de 2015.





Cambio en la hoja de ruta de la Fed no afecta a Nicaragua

2 11 2014

Presentación1

Nicaragua no será afectada por la decisión del Sistema de la Reserva Federal (Fed) de Estados Unidos de cerrar su tercer programa de compra de activos o bonos (quantitative easing QE3) el 29 de octubre de este año, aunque mantiene su compromiso de dejar las tasas de interés en niveles bajos cercanos a 0%, mejor dicho, entre 0% y 0.25%, durante “un tiempo considerable” especialmente si la inflación sigue por debajo del objetivo del 2% a largo plazo (la tasa de inflación interanual a septiembre recién pasado fue iguala 1.66%). Sin embargo, la Fed confirmó que seguirá reinvirtiendo los beneficios obtenidos al vencimiento de los valores adquiridos con anterioridad, lo que, en su opinión, debería mantener unas condiciones financieras acomodaticias.

La decisión de la Fed implicará que el mercado financiero internacional comience a resentirse de cierta iliquidez, cuestión que será más visible en las economías emergentes al dejar la Fed de imprimir dinero, haciendo subir los tipos de cambio (si los mercados ya se habrán anticipado con la compra de dólares para tenerlos cuando valgan más) aunque momentáneamente se ha postergado el alza del costo del dinero en el mercado estadounidense afectando a los préstamos y los depósitos (de nuevo, si los mercados se están anticipando, las empresas trasladarían sus capitales a los Estados Unidos para obtener más réditos). Se prevé que la tasa de interés inicie su ascenso en el segundo semestre del próximo año -la última vez que la Fed elevó la tasa de interés fue en junio de 2006, cuando las dejó en 5.25%-, de tal manera que el próximo año observaremos menos liquidez y mayores tasas de interés en el mercado financiero internacional.

La Fed inició su programa en diciembre de 2013, con la compra de 85 mil millones de dólares mensuales en bonos con el objetivo de apoyar una recuperación económica más fuerte y ayudar a que la tasa de inflación anual se situara en el nivel de 2%, tal como lo señala su mandato junto al de pleno empleo. En el momento de la supresión gradual de este estímulo monetario, la Fed compraba 15 mil millones en bonos del Tesoro y del sector privado de Estados Unidos.

Un día después del desmantelamiento del masivo programa de compra de deuda de la Fed, se conoció que Estados Unidos, gracias al gasto público y las exportaciones, moderó su crecimiento económico en el tercer trimestre de este año a una tasa anualizada del 3.5%, menor que la de 4.6% correspondiente al segundo trimestre recién pasado, pero es un ritmo de expansión que se considera sólido para la primera economía del mundo ya que se acerca más al crecimiento de su Producto Interno Bruto (PIB) potencial. Este dato se publicó a cinco días de las elecciones a medio mandato para renovar el Congreso estadounidense, pero no podría afirmarse que la economía estadounidense está en expansión: aunque está bien en sus indicadores macroeconómicos, tales como los déficit gemelos –fiscal y en cuenta corriente de la balanza de pagos-, persiste el malestar entre los indicadores microeconómicos, tales como la producción manufacturera y la venta al por menor de los bienes de consumo duraderos y no duraderos.

Nuestro país no pierde ni gana con la reciente decisión monetaria estadounidense, sencillamente porque no visitamos el mercado financiero internacional dada nuestra incapacidad de pago, que se ejemplifica con un perenne déficit comercial externo equivalente y próximo a 21% del PIB. Es muy probable las importaciones se encarezcan, pero las empresas, principalmente las comerciales, ya habrán tomado alguna cobertura, mientras que los exportadores podrían beneficiarse porque los bienes se vuelven más baratos cuando el dólar se aprecia. Sin embargo, ambos efectos se neutralizarían en nuestro entorno económico, por la inefectividad de nuestro régimen cambiario al reptar con una tasa de devaluación diaria de 0.0138%.

Es por eso que sólo tenemos acceso a ventanillas de instituciones multilaterales, tales como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y Banco Mundial (BIRF/IDA), que nos conceden sólo préstamos muy concesionales de divisas líquidas atadas a programas y proyectos del sector público porque el gobierno de Nicaragua no suscribió el quinto programa económico trienal con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Desde 2012 nuestro país no recibe préstamos de divisas líquidas de libre disponibilidad para apoyo a la balanza de pagos, con el fin de aumentar las reservas internacionales del Banco Central de Nicaragua (BCN); para apoyo presupuestario, destinado a un mayor gasto social; y para realizar las reformas estructurales pendientes, entre ellas la de la seguridad social, la eficiencia del gasto público, reducir la excesiva dolarización extraoficial y buscar una mejor opción del régimen cambiario, arla actualización del régimen cambiario, el mejoramiento de sistema de educación para incrementar la productividad, la reducción de la informalidad del mercado entre otras.

En 2013 Nicaragua contrató préstamos por US$543 millones a un plazo de 27 años más 13 años de gracia y una tasa de interés promedio ponderada de 2.9%, lo cual, según el BCN indica un elemento de concesionalidad de 44%, que es superior al de la condicionalidad de 35% que establecía el cuarto programa económico trienal suscrito con el FMI.  Ser atendidos sólo en ventanillas multilaterales para recibir cooperación oficial muy concesional fue visible cuando el Club de París nos condonó automáticamente la deuda externa de 1 mil 306 millones con la Iniciativa para Países Pobres Muy Endeudados (HIPC) el 23 de enero de 2004, que redujo el monto del servicio (intereses más amortizaciones) de la deuda externa efectivamente pagado desde 355 millones de dólares en 1997 (el servicio contractual era del orden de 1 mil 373 millones) hasta 76 millones de dólares en 2004 (el servicio contractual sumaba 292 millones de dólares).

Hoy el saldo de la deuda externa con acreedores multilaterales participa con el 60% en el total de la deuda externa –en octubre de 2006, cuando surgió la Iniciativa HIPC, participaba con el 28% en el saldo total de la deuda externa pública-, por lo cual es bastante probable que los países ricos acreedores nuestros hayan dicho a los servidores públicos de la administración del Ing. Enrique Bolaños que ya no les debíamos y que no deseaban vernos más tratando de contratar nueva deuda externa.

La ilusión que tuvimos con la Iniciativa HIPC fue que los impuestos liberados del pago de intereses y amortizaciones de esta deuda financiarían exclusivamente los proyectos de reducción de la pobreza de los nicaragüenses, pero fueron desviados por un pequeño grupo de servidores públicos al pago de las quiebras bancarias de 2000 y 2001, una deuda pública interna que fue denunciada por la Contraloría General de la República (CGR) como ilícita y que fue acusada por la Fiscalía General de la República por la vía penal en 2008.

En 2004, el primer año en que Nicaragua recibió la masiva ayuda de no pagar deuda externa, el ministro de Hacienda y Crédito público de ese entonces, Eduardo Montealegre Rivas, dijo públicamente que no existían recursos para financiar el vaso de leche escolar a los estudiantes de primaria. Sin embargo, sí existían recursos para pagar una deuda pública interna onerosa e ilícita, como lo fue la de las liquidaciones de cuatro bancos comerciales en 2000 y 2001, pero su proceso judicial está pendiente porque el ex ministro de Hacienda y Crédito Público y hoy diputado Eduardo Montealegre Rivas se escudó en la inmunidad que le confiere su cargo público.

En conclusión, la hoja de ruta de la Iniciativa HIPC en Nicaragua fue cambiada sin objeciones por su coordinador mundial, el FMI, mediante el invento de una fórmula para determinar el monto del alivio de la deuda que se destinaría al gasto de reducción de la pobreza, en vez de asignarlo totalmente, tal como lo mandó a hacer el Grupo de los 7 (G-7) en octubre de 1996.





El clamor antiinflacionario

26 10 2014

Presentación1

Según los datos del Índice de Precios al Consumidor (IPC) del Banco Central de Nicaragua, la tasa de inflación acumulada en este año, es decir, el aumento de precios entre diciembre 2013 y septiembre 2014, continúa siendo de un dígito al mostrar el nivel de 4.91%, apenas 8 décimas porcentuales mayor que la tasa de inflación acumulada en el mismo lapso del año pasado. Excluyendo los precios de los alimentos y los combustibles, la inflación denominada como “subyacente” es 4.98% acumulada a septiembre y es menor que la de 5.85% en el mismo mes de 2013.

Además, en términos interanuales, o sea, entre septiembre de 2013 y septiembre 2014, los precios al consumidor han subido 6.49% y reflejan casi 9 décimas porcentuales menos que la registrada en septiembre de 2013. En otras palabras, a septiembre la presión inflacionaria, determinada con el Índice de Precios al Consumidor, es menor que la del año pasado.

Con esos resultados inflacionarios a septiembre de 2014 se puede concluir que la tasa de inflación del IPC no es ni será un grave problema en la economía nicaragüense en este año, no obstante de la alza exorbitante que ha tenido el precio del frijol y cuestionada política monetaria del BCN que establece una meta inflacionaria anual de 7%, que es igual  a la suma de la tasa de devaluación (5%) y de la tasa de inflación objetivo de las economías avanzadas (2%) y fortifica la excesiva dolarización extraoficial de la economía. Entonces, ¿por qué el clamor de los nicaragüenses por la carestía de la vida?

El problema inflacionario de nuestro país radica en la pérdida del acceso de la población a los alimentos. Hoy se observa una aceleración del costo de la canasta de 53 productos de consumo básico y desde junio de este año se registra oficialmente un salario promedio nacional (o del sector formal de la economía nicaragüense) que ya es inferior al costo de los 23 alimentos incluidos en la canasta de consumo básico. Por lo anterior, se puede concluir que la situación es peor para las personas que devengan el salario mínimo legal o un salario en el mercado informal que ya abarca al 80% de las empresas radicadas en nuestro país.

La tasa de inflación acumulada en este año de los 53 productos de consumo básico es de dos dígitos, 11.39%, y en términos interanuales es igual a 12.53%, al subir su costo total desde diciembre del año pasado en 1 mil 177 córdobas hasta el nivel de 12 mil 301 córdobas en septiembre  recién pasado.

El verdadero problema que resiente actualmente la mayoría de los asalariados es el aumento acumulado anual de 16.11% (20.55% interanual) de los precios de los 23 alimentos incluidos en susodicha canasta, entre los cuales se distingue la gran alza de 2.5 veces del frijol, cuyo precio promedio por libra pasó de C$10.77 en diciembre de 2013 a C$26.39 en septiembre de este año. Otros alimentos cuyos precios se han elevado entre 10% y 30% en el transcurso del años son, en orden de importancia, la naranja, la posta de cerdo, la cebolla blanca, el arroz, la carne de aves (pollo), la posta de res, la leche fluida, el azúcar y el plátano verde.

Sólo el salario promedio nacional pagado en el sistema financiero del país, que es igual a 16 mil 659 córdobas en junio recién pasado, es superior al costo total de la canasta básica oficial. Pero el salario mínimo legal de este año, que fue ajustado con una tasa de 10.53%, es, en términos promedio simple para las actividades no agropecuarias, igual a 4 mil 417 córdobas y equivalente al 54.13% del costo de los 23 alimentos básicos y al 36.14% del costo total de la canasta de consumo básico.

En otras palabras, se requeriría que 2 personas devenguen un salario mínimo no agropecuario para satisfacer las necesidades alimenticias de una familia, cuyo tamaño promedio nacional es de 5.9 personas según la V Encuesta de Medición de Nivel de Vida (EMNV) de 2009. También se requeriría que 3 personas devenguen ese salario mínimo para que adquieran una canasta de consumo básico y satisfagan, en principio, las necesidades familiares de alimentación, higiene personal, higiene del hogar, los pagos mínimos de los servicios públicos (agua y electricidad; se excluye el gasto por uso del celular del costo de la canasta), el transporte en autobuses urbanos (240 viajes por mes) y el vestuario.

Es muy fácil responder que el problema del aumento interanual de 12.53% del costo total la canasta de consumo básico observado en el mes pasado se puede resolver con más producción.

En este año, por ejemplo, se ha observado que la estatal Empresa Nicaragüense de Alimentos Básicos (ENABAS) fue incapaz para garantizar el frijol a la población, y que el diputado de la Bancada de la Alianza PLI (BAPLI), Armando Herrera Maradiaga, introdujo una iniciativa de ley para estabilizar los precios del arroz, frijol, aceite, azúcar, leche, queso, huevos y pollo, a la cual no le veo futuro porque podría empeorar el desabastecimiento de los alimentos en el mercado local.

No debemos limitarnos a respuestas cortoplacistas para resolver los problemas en el abastecimiento de alimentos, principalmente de granos básicos. Aumentar la producción demanda la participación del Estado, los productores y los trabajadores, cuestión que se logra en el mediano y largo plazo con una mejor educación técnica, una efectiva transferencia de tecnología para los propietarios de microempresas y pequeñas empresas que no pueden comprarla –incluyendo proyectos para el riego de los cultivos -, el restablecimiento de una real banca estatal de fomento a la producción, la entrega de información económica a los productores de granos básicos, la implementación de un programa que reduzca las pérdidas post cosecha de granos básicos tanto en las fincas como en el proceso de distribución, y la ampliación de la infraestructura económica, principalmente la red de caminos rurales, la introducción de energía eléctrica, agua potable o mejorada y manejo de aguas residuales en las zonas rurales dispersas. Todas estas cuestiones podrían ser abordadas en el diálogo tripartito del Estado, los empresarios y los trabajadores.





Maravillas y realidades

12 10 2014

Siempre he insistido en que la situación macroeconómica de nuestro país está muy bien, pero también es muy frágil. En el largo plazo, varios aspectos, principalmente los del mercado laboral, gasto público y tipo de cambio, van por un camino equivocado.

La economía nicaragüense, que ya se clasifica como de ingreso medio bajo, crece a un ritmo anual  insuficiente entre 4% y 5% para reducir el creciente subempleo y la aún elevada pobreza, la informalidad del mercado es demasiado alta, los niveles de productividad son bastante bajos y la transferencia de tecnología es casi nula por la decreciente inversión doméstica, que hoy, ante el empuje de la inversión extranjera directa, se ha visto reducida al 30% del total de la inversión fija (construcción y adquisición de maquinaria y equipo) del sector privado. Así se podría demostrar que la fragilidad macroeconómica es un hecho relevante, comprobado desde el año pasado con la reforma del sistema de seguridad social por la vía administrativa y no por la vía estructural, que al final siempre depende del sector privado.

La impresión de que todo va de maravilla se desvanece cuando observamos que la inversión fija  tanto pública como privada se mantiene en un nivel cercano al 24% del PIB, lo cual no contribuye al crecimiento económico sostenible del país. Debería remontarse con adecuadas políticas públicas, al menos, al 40%. Como en los círculos gubernamentales se tiene esa impresión maravillosa, la política social, mejor dicho la reducción de la pobreza extrema, es la prioridad gubernamental y poco se habla de las reformas económicas, especialmente las del mercado laboral –porque casi el 50% de los ocupados están subempleados y el 70% de las empresas no tienen registros contables-, del gasto público –porque se consume más de lo que se invierte con los recursos del presupuesto nacional-, y de la política cambiaria –porque la sobrevaluación del córdoba ayuda a mantener un enorme déficit comercial externo y, consecuentemente, se acelera el endeudamiento público principalmente con instituciones financieras multilaterales-.

Las decisiones gubernamentales satisfacen las necesidades de ciertos grupos sociales –las han denominado como un “populismo responsable”-, pero con esas decisiones no se garantiza el bienestar en el mediano y largo plazo. El gobierno se enorgullece de tener un déficit fiscal cercano al cero por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), es decir, un presupuesto nacional casi equilibrado que le ayuda a reducir la deuda pública interna, pero guarda silencio frente al aumento de la deuda pública externa, no obstante el registro de la cooperación petrolera de Venezuela como una deuda privada externa que se aproxima al 5% del PIB en cada uno de los últimos tres años.

Ese es otro ejemplo de la fragilidad macroeconómica de nuestro país. Dada la calidad del discurso gubernamental, se puede observar que los servidores públicos y los miembros del partido o de la alianza política de gobierno tienen la visión de que todo va bien; sin embargo, el gobierno debería invertir más en infraestructura económica, y podría hacerlo destinando en mejor forma los recursos del crédito petrolero venezolano, y también podría realizar las reformas estructurales de la economía en tiempos de “bonanza”, cuando se paga sólo el 50% de la factura de petrolera y el otro 50% es un crédito muy barato o muy concesional, ya que es muy duro reformar la economía en tiempos de “vacas flacas”.

Excluyendo los efectos del megaproyecto de la planta hidroeléctrica “TUMARÍN”, que iniciará su ejecución en febrero próximo, y sin considerar el otro megaproyecto “Desarrollo Integral del Gran Canal de Nicaragua”, del cual se desconoce su formulación e información económica, la situación económica de Nicaragua en 2015 continuará en la misma dirección de los últimos años, o sea, en una dirección que no contribuye a resolver en el mediano plazo los grandes problemas del mercado laboral, de las finanzas públicas y de la política monetaria, incluyendo en ésta el tipo de cambio real. Usualmente se dice que el largo plazo comienza hoy, pero en Nicaragua debió haber comenzado ayer.

El Banco Central de Nicaragua (BCN), a través de su presidente, Ovidio Reyes Ramírez, se preguntaba en el recién concluido Seminario de Política Macroeconómica y Estabilidad Financiera si podía adoptar un papel más activo en la economía nacional. Creo que sí. La autoridad monetaria podría, siempre con la voluntad del gobernante, tener mandatos sobre el pleno empleo, el crecimiento económico y la política financiera, y no reducirse a mantener una presión inflacionaria baja y estable, una tarea que es más de índole contable. Dar esos tres mandatos al BCN no significaría responsabilizar exclusivamente al BCN del cumplimiento de esos tres objetivos, sino que coadyuve, en forma coordinada con otras instituciones públicas, a promover el crecimiento y el desarrollo de la economía con las políticas monetaria, cambiaria y financiera adecuadas para que Nicaragua salga de los problemas de la pobreza y de ese grupo de países que tienen el menor nivel  ingreso medio bajo.

Es un avance notable el hecho que el presidente del BCN afirmara en dicho Seminario que “El régimen cambiario y la cláusula de mantenimiento de valor han incentivado la dolarización del mercado financiero y de ciertos bienes. Al mismo tiempo la indexación de precios y salarios dificulta obtener mejoras en la competitividad”. Comparto esa afirmación porque es una ilusión de que la actual política cambiaria va de maravilla, con su 5% anual de deslizamiento preanunciado en los últimos 11 años, cuando el déficit comercial de bienes domésticos con el exterior se mantiene con un vaivén igual a 20% del PIB.

Ojala que exista la conciencia entre los servidores públicos que tenemos una gran fragilidad en la situación macroeconómica de nuestro país, aunque han afirmado públicamente –como también lo han dicho algunos representantes del sistema financiero nacional- de que estamos muy bien y, por lo tanto, debemos dejar las cosas tal como están. Critico esa percepción maravillosa, incluso sin plantearme  la antigua pregunta, “¿Cui bono?”, “Quién se beneficia?”, del célebre estadista y orador romano Marco Tulio Cicerón, porque, como dice el viejo adagio popular, “Si los hechos no encajan en la teoría, cambia la teoría”. Ojalá haya voluntad política para hacerlo.





Sugerencias para rediseñar la política monetaria y financiera de Nicaragua

27 09 2014

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Agradezco la invitación que me hiciera el presidente del Banco Central de Nicaragua (BCN), el amigo y colega Ovidio Reyes Ramírez, para que participara en la mesa de análisis de los retos de la política monetaria de nuestro país en el Seminario de Política Monetaria y Estabilidad Financiera realizado el 25 y 26 de septiembre de este año.

Entre las observaciones que dije e insinué a los distinguidos representantes gubernamentales, colegas nicaragüenses y expertos en la materia de Bolivia, Colombia, Costa Rica, México, Perú, Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y Fondo Monetario Internacional (FMI), debo destacar que no hay que rehuir a la formulación de una ruta crítica para restablecer el papel del BCN en la conducción de la política macroeconómica el país. El problema estructural que padece nuestra autoridad monetaria desde marzo de 1991, que se profundizó a partir del 10 enero de 1993, no se resuelve en el corto y mediano plazo, sólo en el largo plazo, pero las autoridades gubernamentales no deberían inhibirse en la preparación de las condiciones para que el BCN retome efectivamente la conducción de la política monetaria, cambiaria y financiera de Nicaragua.

La excesiva dolarización extraoficial de la economía nicaragüense ha provocado la reducción de la política monetaria, la pérdida de la política cambiaria y la ausencia de la política financiera. Creo que nadie duda que el régimen cambiario actual fue, es y, en el caso que las autoridades gubernamentales y los servidores públicos sostengan que la actual administración macroeconómica es eficiente, continuará siendo la principal causa de que el dólar estadounidense acreciente su participación actual de 66% en la liquidez global del mercado y de 73% en el total de los depósitos y 91% en el total de los préstamos del sistema financiero nacional, aunque también reconozco que, a pesar de la estabilidad macroeconómica que tiene el país, el córdoba no es atractivo por la desconfianza de los agentes económicos debido a su historia hiperinflacionaria.

El BCN no tiene política monetaria por la escasa participación de 22% del córdoba (sin mantenimiento de valor) en la liquidez global, aunque cumple el objetivo de mantener una presión inflacionaria baja y estable, que se mide en córdobas, alrededor del 7% anual, con el costo de acumular pérdidas de 773 millones de dólares relacionadas con el pago de intereses y del mantenimiento de valor de los títulos valores emitidos durante el período 1993-2013.

El BCN renunció a la política cambiaria al fijar diariamente el precio de la divisa desde el 10 de enero de 1993, con un régimen cambiario reptante que sólo es efectivo en un corto plazo, pero que continúa funcionando en Nicaragua a lo largo de 21 años. Dada la proliferación de mecanismos de indexación de los precios en córdobas con el tipo de cambio, encabezados con la cláusula de mantenimiento de valor, el BCN se volvió un rehén de su tipo de cambio reptante. En Nicaragua es más rentable importar que exportar, ya que el déficit comercial externo alrededor del 20% del Producto Interno Bruto (PIB) en los últimos 14 años, provocado en parte por un importante margen de sobrevaluación del córdoba, sólo es posible reducirlo con la depreciación del tipo de cambio real.

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El BCN no posee una política financiera, porque la eficacia del canal de la tasa de interés se diluye cuando la mayoría de las intermediaciones se realizan en dólares estadounidenses, de tal forma que la tasa de rendimiento de las Letras Estandarizadas que subasta semanalmente no influye sobre las tasas de interés del sistema bancario comercial del país, que hoy goza de la mayor tasa de rentabilidad entre los países centroamericanos gracias a su elevada tasa de intermediación financiera, es decir, al spread o la diferencia entre la tasa de interés de colocación de préstamos y la tasa de captación de fondos.

Los resultados macroeconómicos de Nicaragua son casi excelentes, pero también son muy frágiles. El mayor riesgo sistémico que enfrenta la estabilidad macroeconómica de Nicaragua es la ayuda petrolera de Venezuela, que hoy ha tomado forma con el Banco Corporativo (BANCORP). Además, la cooperación petrolera venezolana, que totaliza 2 mil 603 millones de dólares en el período 2007-2013, siempre se ha registrado como una deuda privada externa, lo cual ha creado la ficción o la ilusión de un presupuesto nacional casi “equilibrado” al reflejar un déficit fiscal de menos del 1% del PIB en los últimos tres años, incluyendo el actual, mientras que en el trienio 2011-2013, el crédito petrolero representó en términos promedio anual el 5.3% del PIB.

Desde hace varias décadas persisten muchos problemas estructurales en nuestro mercado real (o de bienes y servicios), en el mercado laboral y en el presupuesto nacional, que deberían resolverse simultáneamente con los de los mercados monetario, cambiario y financiero de nuestro país, con los fines de acelerar el crecimiento económico, reducir el subempleo y disminuir la pobreza.

El tema central de la agenda gubernamental en materia económica debería ser el apoyo al incremento de la competitividad empresarial en todas las actividades económicas. Así, las políticas públicas buscarían la solución de los problemas de la baja escolaridad de la población, la falta de educación técnica media y superior, la casi nula transferencia de tecnología a las micro y pequeñas empresas, la poca diversificación de la producción de bienes, la baja calidad del empresariado medida en términos “shumpeterianos”, la ausencia de una efectiva banca estatal de fomento a la producción, la escasa conexión de las empresas extranjeras con las cadenas de producción locales, el bajo gasto de inversión pública en infraestructura económica y social que demanda la reestructuración del gasto público, el descuido del mercado interno que obstaculiza el bienestar social, las debilidades de la administración de la justicia, la permanencia de los problemas de la propiedad en conflicto, las inequidades de la redistribución del ingreso y de la carga tributaria, y la baja la calidad medioambiental del crecimiento económico, entre otras políticas.

En cuanto al tema de mi participación en el Seminario, los retos de las políticas monetaria y financiera de Nicaragua, propuse comenzar a preparar las condiciones para que (i) la política monetaria tenga un cambio creíble a un régimen de metas de inflación libre de la volatilidad del tipo de cambio; (ii) la política cambiaria sea más flexible, es decir, que el tipo de cambio se pueda mover en cualquier dirección dentro de una banda, que haría más evidente el riesgo cambiario e introduciría un desincentivo a la dolarización financiera; (iii) la política financiera, junto con normas prudenciales que hagan más resistente al sistema financiero nacional frente a la volatilidad del tipo de cambio, contribuya a promover la competitividad de las entidades financieras, internalizar los riesgos de la intermediación en dólares y proporcionar más espacio a la política monetaria; (iv) la política de la administración de la deuda pública facilite la reducción de la dolarización de los pasivos del gobierno con una efectiva dismunción del déficit fiscal; y (v) promover la confianza entre los inversionistas financieros con el establecimiento de mecanismos de indexación de precios con la tasa de inflación, y no con el tipo de cambio, lo cual implicará la revisión de las leyes monetarias, incluyendo la Ley Orgánica del BCN.

El largo plazo siempre se inicia en el presente y, con frecuencia, debió haberse iniciado en el pasado. El BCN no debería limitarse exclusivamente a garantizar la estabilidad del córdoba, hoy una moneda marginal en el mercado doméstico. No basta tener la inflación bajo control para que Nicaragua tenga crecimiento económico y estabilidad macroeconómica, ya que sospecho que actualmente ni siquiera el FMI piensa en eso debido al escenario macroeconómico que se observa en los países de economía avanzada desde 2008: una baja inflación, un anémico crecimiento económico y un elevado desempleo.

Por eso también sugerí que el BCN tenga los mandatos sobre el pleno empleo, el crecimiento económico y la estabilidad financiera; sin embargo, para cumplirlos necesitaría una reestructuración, o sea, habría que dotar a la autoridad monetaria de los instrumentos necesarios para realizar esas tareas, así como fortalecer su capacidad técnica. No dude, estimado lector, que restablecer la credibilidad en el córdoba tomará mucho tiempo, mucho más de lo que usted imagina.

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