La tediosa tarea de reducir la tasa de inflación subyacente (con datos del mercado laboral a noviembre de 2022)

22 01 2023

La política monetaria en tiempos de alta inflación provocada por excesos de la demanda interna de bienes y servicios finales, se distingue con los aumentos de la tasa de interés monetaria de corto plazo, conocida como tasa de referencia monetaria (TRM), establecida por la banca central a la banca comercial con los objetivos de disminuir lentamente los gastos de consumo e inversión (o demanda interna), reducir el nivel de empleo, provocar una desaceleración lenta de la tasa de crecimiento económico conocida como un “aterrizaje suave” y, consecuentemente, aplacar y controlar la tasa de inflación.

Si la política monetaria fuese bastante agresiva (con la aplicación de tasas de interés elevadas) por la persistencia de una alta y acelerada tasa de inflación, se corre el riesgo de un “aterrizaje duro”, que provocaría una recesión económica, es decir, una tasa de crecimiento baja o negativa del Producto Interno Bruto (PIB) Real.

Con datos recientes del Banco Central de Nicaragua (BCN) y del Instituto Nacional de Información de Desarrollo (INIDE), la autoridad monetaria elevó la TRM, asociada con el córdoba sin mantenimiento de valor, de 3.5% en marzo de 2022 a 7.0% en diciembre de recién pasado, tras siete ajustes de 0.5 puntos porcentuales o 50 puntos básicos, pero la tasa de inflación general interanual se aceleró al pasar, en ese mismo período de tiempo, de 8.74% a 11.59%, con un máximo de 12.16% registrado en octubre del año pasado.

Por su parte, la tasa de inflación subyacente interanual, que elimina los precios muy volátiles de los combustibles y los alimentos, se elevó de 6.54% en marzo a 9.58% en diciembre con un máximo de 9.99% en octubre, y mostró una desaceleración de 0.41 puntos porcentuales en noviembre y diciembre recién pasados.

Podemos concluir que a pesar de los aumentos de la TRM, la tasa de inflación subyacente anualizada, que es el indicador objetivo del BCN a ser reducido y controlado en un nivel bajo y estable, se ha mantenido en un nivel de dos dígitos porcentuales en los últimos ocho meses, específicamente entre mayo y diciembre del año pasado.   

Otra variable de referencia para el BCN en su control de reducir y mantener la tasa de inflación en un nivel bajo y estable es una tasa de desempleo creciente que garantice la reducción de la demanda interna de bienes y servicios. Sin embargo, con datos mensuales del INIDE, entre marzo y noviembre de 2022, la tasa de desempleo abierto, en vez de haber aumentado, ha disminuido de 3.8% a 2.8% de la población económicamente activa (PEA), la lectura más baja en todo 2022.

A pesar de que el nivel de la TRM se duplicó en 2022, no logró impactar al mercado laboral porque entre marzo y noviembre de 2022 el nivel de empleo no disminuyó, sino que aumentó en 1.1 puntos porcentuales al pasar la tasa neta de ocupación de 96.2% a 97.2%, que es la relación porcentual del número de personas en edad de trabajar (PET) que se encuentran ocupadas con respecto a la PEA.

Además, es muy probable que la tasa de desempleo abierto de 2.8% en noviembre del año pasado tiene algún sesgo, porque la tasa global de participación, o sea, el porcentaje de la PEA en relación con la población en edad de trabajar (PET), disminuyó de 67.3% en junio de 2021 a 67.2 en noviembre recién pasado.

No obstante los aumentos de la TRM, podemos concluir que la tasa de desempleo abierto disminuyó en vez de haber aumentado, y muy probablemente se encuentra por debajo de la tasa de desempleo abierto correspondiente al pleno empleo, que estimo en 5.0% de la PEA. Usando la jerga macroeconómica, se puede afirmar que “el mercado laboral aún no se ha enfriado”, porque, de hecho, la tasa de inactividad económica bajó apenas de 33.5% en marzo de 2022 a 32.8% en noviembre recién pasado.

Es de sobra conocido que la política monetaria se activa con cierto rezago de tiempo después de haber sido aprobada y anunciada por las autoridades gubernamentales, y por esa razón la presencia de un mercado laboral muy ajustado se transforma en un riesgo para reducir la alta presión inflacionaria. Un aumento salarial fortalecería la tasa de inflación subyacente, lo cual implicaría más alzas de la tasa de interés con el riesgo de que la economía nicaragüense caiga en recesión.

Con datos del Ministerio del Trabajo (MITRAB) y del INIDE, entre enero de 2018 y octubre de 2022, en un lapso de 58 meses, el salario nominal promedio mensual del empleo formal, o sea, el salario en precios corrientes, se ajustó apenas en 4.57%, mientras la tasa de inflación general acumulada en ese período alcanzaba el nivel de 32.72%; por consiguiente, el salario real promedio mensual del empleo formal, es decir, en precios constantes de 2006, indica que el poder adquisitivo del precio del trabajo se deterioró en  21.21% en el mismo lapso.

Otra referencia del deterioro del salario real promedio mensual del sector formal es que en diciembre de 2017 la cobertura del salario promedio nominal sobre el costo de la canasta de consumo básico que ascendía a C$13,332, era 80.15%, pero en octubre de 2022 dicha cobertura se había reducido hasta 59.95%. La cobertura salarial se había desplomado 20.2 puntos porcentuales o 2,020 puntos básicos. 

Se puede concluir que los salarios no alcanzarán al Índice de Precios al Consumidor General (IPCG), porque si se iniciara la carrera de los salarios nominales para alcanzar al IPCG se desencadenaría un nuevo ajuste salarial debido a que los empleadores trasladarían el ajuste salarial a los costos de producción, y así sucesivamente. Se generaría la espiral salario-precio-salario, muy difícil de erradicar, lo cual perjudicaría más el poder adquisitivo del salario, y no debemos olvidar que el crecimiento económico requiere la presencia de una tasa de inflación baja y estable para que se mejore el poder de compra de los trabajadores.   

Recientemente, la señora Vicepresidenta de Nicaragua, Rosario Murillo, anunció un ajuste salarial de 5% para los empleados del sector público, un ajuste que considero prudente porque persigue los objetivos de evitar la formación de una espiral precio-salario-precio en 2023 y facilitar un crecimiento económico constante que mejore la situación de los trabajadores a largo plazo.

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