La tasa de referencia monetaria vs la tasa de inflación

27 11 2022

Desde diciembre de 2021, la tasa de inflación subyacente anualizada de Nicaragua, que excluye los precios muy volátiles de los alimentos y los combustibles, ha mantenido una aceleración consecutiva hasta octubre de 2022, al pasar de 5.45% a 9.99% entre ambos meses en el mismo orden.

Si la tasa de inflación subyacente anualizada continuara subiendo, se alargará el tiempo entre el primer aumento de la tasa de referencia monetaria (TRM) del Banco Central de Nicaragua (BCN), que se observó en abril de 2021 al elevarse de 3.5% a 4.0%, y el punto más alto de la inflación subyacente que no conocemos cuándo ocurriría.

Si la tasa de inflación subyacente interanual comenzara a disminuir en noviembre de este año, habrían pasado 7 meses entre el primer aumento de la TRM y el punto máximo de la inflación subyacente de 9.99%, que es una inflación moderada por ser de un dígito porcentual.

La inflación subyacente anualizada de 9.99% en octubre de este año tendría que ser reducida, a lo sumo, en 5.9 puntos porcentuales o 590 puntos básicos, para ubicarse en el nivel mínimo del rango de [4.0%, 4.5%] que contiene la tasa de inflación interanual que es la natural de la economía nicaragüense.

Con esos datos y supuestos económicos, la TRM, hoy en el nivel de 6.5%, tendría que ser mayor que 9.99%, es decir, tiene que ser positiva en términos reales para garantizar el descenso de la tasa de inflación subyacente, lo que causaría una recesión y, por lo tanto, un aumento de la tasa de desempleo.

Si la caída de la tasa de inflación subyacente tuviese un buen ritmo, la economía se salvaría de una recesión profunda y tendría un aterrizaje “suave”. En la actualidad, la economía de Nicaragua está creciendo a un ritmo anual sólido de entre 3% y 4%, pero el mercado laboral se encuentra desajustado o “frío” en el primer semestre de 2022, porque la tasa de inactividad económica es igual a 33.5% de la población en edad de trabajar, es decir, de las personas mayores de 14 años, los niños con permiso de sus padres para trabajar, que están desempleados y no buscan trabajo.

Sin embargo, la inflación “importada” anualizada, o inflación de oferta, se traslada directamente a los costos de producción. Así, en términos interanuales la tasa de inflación general, que es igual a la tasa de inflación subyacente más la tasa de inflación de oferta o “importada”, se ha mantenido durante 6 meses consecutivos en niveles de dos dígitos porcentuales desde mayo hasta octubre del año en curso. La «inflación importada», con un máximo de 3.0% en julio de este año, es provocada por dos crisis mundiales resultantes de factores no económicos, como son la pandemia del Covid-19 y el problema geopolítico-militar entre Rusia y Ucrania.  

Esperemos que se apliquen las medidas que reduzcan la inflación subyacente interanual. He aconsejado evitar la formación de una espiral precio-salario-precio, porque si se instalara fortalecería tanto el arraigo de una inflación de base amplia, que llevaría más tiempo en reducirla, como las expectativas inflacionarias de corto plazo desancladas, y después tendríamos que enfrentar la estanflación, es decir, una alta inflación acompañada de un estancamiento económico, o incluso de una caída de la producción. Debemos evitar estos impactos generados por el establecimiento de una espiral precio-salario-precio. 

Al evitarse la estanflación, con la inflación y las expectativas inflacionarias de corto plazo de los consumidores y los productores ya disminuyendo, la autoridad monetaria tendría que disminuir el riesgo del ajuste adicional de empujar a la economía a la recesión.

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