Sin inflación salarial desde 2018

28 08 2022

Desde noviembre de 2017, el salario nominal promedio mensual del sector formal de la economía nicaragüense, según los datos del Ministerio del Trabajo (MITRAB) provenientes de una encuesta dirigida a empresas de más de 20 trabajadores y afiliadas a la seguridad social, no ha mostrado señales de inflación, como sí lo ha mostrado el índice de precios al consumidor (IPC) desde mayo de 2018.

Entre enero de 2018 y junio de 2022, el salario nominal informado por el MITRAB se incrementó apenas un 4.4% al pasar de C$10,685 a C$11,152 entre ambas fechas respectivamente y, al no observarse la presencia de la inflación salarial, no ha existido el riesgo de que un aumento de los costos laborales conduzca a una inflación más elevada.

Sin embargo, la tasa de inflación de 28.1% acumulada en ese período  deterioró el poder adquisitivo de los trabajadores en 18.5%. Ajustados por la inflación, los sueldos y salarios pagados a los trabajadores del sector formal de la economía nicaragüense cayeron 1.9% en 2018, 5.2% en 2019, 2.6% en 2020, 6.3% en 2021 y 8.3% interanual en julio de 2022.  Después del año de los máximos históricos de producción del país, 2017, no hay ningún repunte importante del salario del sector formal.

Y la cobertura del salario nominal del sector formal sobre el costo de la canasta de consumo básico se redujo de 74.3%  en enero de 2018 a 63.8% en junio de 2022.

Si los trabajadores se anticiparan a una tasa de inflación de 2 dígitos porcentuales, por ejemplo cercana a 10%, y comenzaran a pedir ajustes salariales, por ejemplo, 6% o 7% u 8%, en vez de 3% o 4% o 5%, las empresas podrían tratar de trasladar sus costos laborales crecientes a sus clientes subiendo los precios. Esto también podría perpetuar la inflación rápida, que es muy difícil aplacarla desde la banca central, lo cual quedó demostrado en el país durante la década de los ochenta del siglo pasado; en la década de los noventa, se necesitó un gran aumento del desempleo hasta un 17.8% de la población económicamente activa para romper la espiral precio-salario-precio.

La espiral precio-salario-precio ocurre cuando los precios al consumidor suben y los salarios comienzan a elevarse porque los trabajadores presionan a sus empleadores para mantenerse al día. Los empleadores comienzan a elevar más los precios al consumidor para igualar los costos de producción crecientes. Como en un baile incesante, los salarios y los precios quedan atrapados y cada uno lleva al otro al siguiente paso y, consecuentemente, el resultado es el círculo vicioso de una rápida inflación de precios y salarios, pero no deja a nadie mejor de lo que estaba antes de que se iniciara el baile.

No olvidemos que en Nicaragua no existe una inflación salarial desde mayo de 2018, es decir, los trabajadores no son los causantes de la actual inflación de los precios al consumidor.

También cabe recordar que en el segundo trimestre de 2022, el mercado laboral local, según datos del Instituto Nacional de Información de Desarrollo (INIDE),  tiene una muy baja tasa de desempleo abierto igual a 3.1% de la población económicamente activa, un mínimo desde el año de 2017 que es “inferior a la tasa natural de desempleo”, pero la tasa de inactividad económica es 33.6% de la población en edad de trabajar y la tasa de subempleo es 38.5% de la población ocupada.

Por consiguiente, la tasa de inflación interanual de 11.5% a julio de 2022 publicada por el INIDE, “no está acelerada por el desempleo”. Cualquiera que sea la razón de este fenómeno, por ejemplo, un bajo nivel de sindicalización, la fuerte desaceleración del crecimiento de los salarios obliga a los formuladores de la política macroeconómica repensar antes de provocar aumentos en el desempleo para reducir la inflación.

Por lo tanto, el hecho de que los costos laborales no se han incrementado podría conducir al riesgo del surgimiento de una peligrosa espiral de inflación de salarios y precios, a través de la indexación del costo de vida.

Hoy podemos hablar de una economía post-Covid que es menos eficiente para hacer coincidir la demanda y la oferta de trabajo, lo que implicaría la necesidad de una mayor tasa de desempleo para estabilizar los salarios y los precios, lo que llamamos la tasa natural de desempleo, la cual es normal, no puede ser reducida y oscila entre 2% y 5% de la población económicamente activa porque contiene el desempleo friccional, que es el desempleo voluntario que dura el tiempo en que un trabajador deja un empleo y encuentra otro.

Tampoco olvidemos que las empresas establecen los salarios y los precios con base en los costos y la competencia que ven en la economía, en vez de la tasa de inflación de los precios al consumidor.

Mi consejo es que se debería impedir cualquier expectativa de esa espiral inflacionaria, incluso antes de que se forme, porque la tasa de crecimiento de la productividad continúa siendo muy baja.


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