El IPC de Nicaragua aceleró sorpresivamente en julio

13 08 2022

En mayo recién pasado, creí que la tasa de inflación de Nicaragua había tocado techo, pero me equivoqué por segunda vez en el examen inflacionario. Aún con un “efecto base” alto del Índice de Precios al Consumidor General (IPCG) en diciembre de 2021, la inflación general continúa acelerándose desde agosto de 2021 y desde esa fecha se encuentra por encima de la tasa de inflación subyacente (ver gráfica).

El primer error lo cometí a mediados del año pasado, al haber afirmado que en el segundo semestre de 2021, con la reapertura de la economía mundial, una vez controlada la curva de contagio del Covid-19, la alta tasa de inflación sería transitoria porque desaparecería debido a la normalización del funcionamiento de las cadenas de suministro de materias primas y bienes finales, lo cual no ocurrió sino que empeoró por la falta de camiones y conductores en los principales puertos del mundo.

En el debate entre los economistas, perdió el “Equipo  Transitorio”, al cual pertenecía, y triunfó el «Equipo Permanente» el cual argumentó que la inflación se mantendría alta, una vez que se reabriera la economía mundial, por el sobrecalentamiento de la economía resultante del impulso de una demanda agregada excesiva en las economías avanzadas del mundo, que fue causada por tres fuerzas: políticas monetarias muy laxas, políticas fiscales muy estimulantes y un gran ahorro acumulado por las familias durante la pandemia. Cabe señalar que en Nicaragua no se observó una demanda agregada excesiva en 2021.

Luego aparecieron la variante Ómicron de Covid-19 y sus variantes BA.1, BA.2 y BA.3 en China, los grandes bloqueos en regiones como Shenzhen, muy importante  para las cadenas de suministro de fabricación global, y el conflicto geopolítico-militar entre Rusia y Ucrania, que hicieron subir de nuevo los precios internacionales de los commodities o materias primas, principalmente petróleo, agroquímicos, alimentos y metales ferrosos.

La alta presión inflacionaria mundial y, por ende, en Nicaragua, tiene un componente importante de inflación por los shocks de oferta, que no es posible reducir con los instrumentos de la política monetaria, al estar diseñada sólo para contrarrestar la inflación por los shocks de demanda.

Los datos del IPC de Nicaragua, publicados por el Instituto Nacional de Desarrollo de la Información (INIDE), indican que la tasa de inflación general subió 1.34% en julio con respecto a junio de este año, y es el nivel inflacionario mensual más alto registrado en 2022. En términos acumulado anual, es decir, entre diciembre de 2021 y julio de 2022, la inflación fue 6.66%, y en términos interanuales, o sea, entre julio de 2021 y julio de 2022, la inflación alcanzó el nivel de 11.46%, que está muy cercano a un máximo histórico registrado en septiembre de 2007.

Por su parte, la tasa de inflación anualizada del IPC subyacente (IPCS), que excluye los precios volátiles de los alimentos y de los combustibles, y que tiende a estar en el rango de [4.0%, 4.5%] en el mercado local, continúa también siendo alta al acelerarse y alcanzar el nivel de 8.46%, que es muy cercano a un máximo histórico de septiembre de 2011.   

En relación con los grupos de bienes y servicios que integran la canasta de productos del IPC del país, los que muestran las más altas tasas de inflación anualizada (de dos dígitos) en julio recién pasado son los de Alimentos y bebidas no alcohólicas (principalmente tomate, papas y cebolla, entre otros), cuyos precios han subido 18.26% y le siguen, en orden de importancia, el servicio de Transporte (adquisición de vehículos, funcionamiento de equipo de transporte personal y servicio de transporte), con 16.62%, y el servicio de Restaurantes y hoteles (servicio de suministro de comidas por contrato y servicio de alojamiento), con 10.23%.

La pregunta macroeconómica crucial que hoy existe es que si será necesario enfriar la economía nicaragüense, es decir, provocar una recesión económica para reducir la tasa de inflación subyacente de 8.46% registrada en julio de este año. Creo que no, porque la política macroeconómica ha sido administrada apropiadamente desde el año de 2019, o sea, que las autoridades económicas gubernamentales han logrado mantener una política monetaria contractiva y una política fiscal casi de equilibrio, con un mayor gasto de inversión pública y un déficit fiscal cercano a 1% del PIB.

Lo anterior me lleva a otra conclusión: la tasa de inflación provocada por los shocks de oferta tendría que reducirse resolviendo los problemas mundiales con un origen no económico, tales como la pandemia del Covid-19, los cuellos de botella de las cadenas de suministro y el conflicto geopolítico-militar entre Rusia y Ucrania.   

Es bastante probable que en agosto observemos la desaceleración de tasa de inflación general y de la tasa de inflación subyacente, porque desde finales de julio están cayendo los precios del petróleo y sus derivados, de los agroquímicos y de los alimentos, y por la disminución de los problemas de la cadenas de suministro.

Por otro lado, es probable que el Banco Central de Nicaragua (BCN) reduzca la alta  tasa de inflación subyacente, que es casi el doble del límite máximo de su rango normal, apuntando cuidadosamente a la inflación provocada por los shocks de demanda.


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