Buscando la estabilidad de los precios al consumidor en un mundo nuevo

26 06 2022

La economía mundial se ha visto impactada por factores económicos y no económicos que auguran los riesgos de un menor crecimiento económico, una importante presión inflacionaria y un modesto aumento del desempleo.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) dijo el viernes de la semana pasada que el Producto Interno Bruto (PIB) real de la primera economía mundial, Estados Unidos, crecerá 2.9% en 2022, un nivel menor que sus previsiones de 3.7% en abril de este año y de 5.2% en octubre del año pasado, en 2023 recortó su crecimiento a 1.7% desde 2.3% y, además, prevé que el crecimiento se reduzca a 0.8% en 2024, debido a las agresivas subidas de las tasas de interés que persiguen enfriar la demanda interna, es decir, los gastos de consumo e inversión. La tasa de desempleo en el mercado laboral estadounidense fue 3.6% de la población económicamente activa en mayo de este año.

Lo que el FMI deja a entrever con esos datos es que Estados Unidos tratará de evitar la recesión económica en el corto plazo, pero varios economistas estadounidenses destacados han señalado la probabilidad de que Estados Unidos caerá en recesión en el 2023 y enfatizan el consecuente riesgo de una posible estanflación, o sea, una perspectiva económica de corto plazo con un alto grado de incertidumbre económica.

Los consumidores y los empresarios cuestionan por qué la Fed, el banco central de Estados Unidos, provocará “dolor” a la economía con la subida de las tasas de interés al aumentar los precios de las viviendas, los automóviles y, en general, los bienes intermediados por las empresas comerciales. La respuesta es que el instrumento de la Fed para controlar la inflación es la tasa de interés, la cual, en este caso, al subirla hace que el dinero se vuelve más caro y golpea a los hogares y las empresas para que reduzcan sus gastos y la contratación.

La Fed elevó su principal tasa de interés en un cuarto de punto, 0.25%, el 17 de marzo; medio punto, 0.75%, el 5 de mayo; y tres cuartos de punto, 1.5% el 16 de junio, e informó que vendrán más alzas.

Es obvio que el alza agresiva de las tasas de interés para reducir la tasa de inflación se basa en la premisa que mientras más rápido se hagan los ajustes más fuertes, mejor porque se evitarán mayores daños en el futuro. Sin embargo, esto debilitará a la economía en general y al mercado laboral, el crecimiento económico se volverá más lento lo que facilitará a la oferta de que alcance a la demanda, pero en este proceso, una recesión es un riesgo real. Así nos lo enseña la historia económica mundial.

¿Qué está frenando el crecimiento económico estadounidense? La presencia de nuevas variantes del Covid-19 y los confinamientos en Shanghái y Pekín en este año con la política de cero COVID, los problemas persistentes de las cadenas de suministro de materias primas y productos terminados, y la escasez de mano de obra.

¿Qué está acelerando la tasa de inflación estadounidense hasta alcanzar máximos de 40 años? Los conflictos geopolíticos y militares entre Rusia y Ucrania, que han elevado los precios de los combustibles, los alimentos y la energía eléctrica. La Fed quiere lograr una tasa de inflación anual de 2% y en mayo recién pasado la tasa de inflación anualizada era 8.6%.

Los shocks de oferta, que están fuera del control de la Fed, como la escasez de petróleo o de alimentos, provocan la subida de precios por cierto tiempo, pero ahora se descarta que dichos shocks sean “transitorios” -reconozco que me equivoqué en dicha “transitoriedad” en octubre de 2021- porque el suministro mundial de bienes se ha reducido por diversos problemas desde el surgimiento de la pandemia de Covid-19, que redujeron la producción de chips de computadora, el suministro de gas y la disponibilidad de alimentos.

Por otro lado, la demanda interna en el mercado estadounidense se incrementó rápidamente por los cheques en concepto de subsidios por desempleo que fueron entregados para contrarrestar el impacto de Covid-19 y por la solidez del mercado laboral. Los dos shocks, el de oferta y el de demanda, elevaron  los precios al consumidor hasta 4.3 veces el nivel máximo de 2.0% tolerado por la Fed.

Una investigación del Banco de la Reserva Federal de San Francisco publicada en la semana pasada determinó que un tercio del salto inflacionario actual se puede atribuir a la demanda, y los otros dos tercios se pueden atribuir a los problemas con la oferta o por alguna combinación de factores de oferta y demanda.

La Fed, por supuesto puede normalizar la demanda para aliviar un poco la inflación, pero con las crecientes tasas de interés no puede bajar los precios del petróleo, los combustibles, el gas, los insumos agrícolas, el trigo, la avena, el aceite comestible, los chips, el litio y otros metales industriales, entre otros, porque esos precios dependen más de la oferta global que de la demanda interna. Por lo tanto, la Fed no puede luchar sola contra la inflación. No debemos olvidar que las buenas y las malas noticias económicas de Estados Unidos se transmiten a los países centroamericanos a través de cuatro canales: (i) los volúmenes de compra de commodities o materias primas, principalmente alimentos; (ii) los flujos de remesas; (iii) los flujos de inversión extranjera directa; y (iv) el turismo. Sin duda alguna, el escenario base de la economía regional ya se ha modificado con la situación económica actual de la economía estadounidense.


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