El turno es de la política fiscal

29 05 2022

Hace varias semanas, publiqué en mi blog de economista, que la política fiscal de Nicaragua es la idónea para impulsar el estímulo económico que promueva, a través de la inversión pública, la creación de puestos de trabajo, la generación de ingresos, el crecimiento económico, una mayor demanda interna y la reducción de la pobreza. La política fiscal es muy probablemente la más adecuada para restablecer la confianza en las estructuras económicas.

Sobre la base de los datos oficiales publicados por el Banco Central de Nicaragua (BCN), la tasa de inversión pública de Nicaragua, es decir, el gasto de capital en relación con el producto interno bruto (PIB) en precios constantes, se normalizó en el nivel de 4.6% en 2020, se elevó a 6.0% en 2021 y estimo que continuará elevándose en 2022, un año en que debemos tomar en cuenta los riesgos de los conflictos geopolíticos y militares y de las pandemias mundiales que interrumpen el comercio y la producción del mundo.

La inversión pública en infraestructura económica y social mejora en el largo plazo la productividad, o sea, el PIB real por persona ocupada, y esto es preferible en vez de aumentar la demanda en el corto plazo. Por esta razón, creo que las autoridades gubernamentales podrían ampliar el espacio fiscal para una mayor inversión pública y aumentar el potencial del crecimiento económico a largo plazo.

La política fiscal no puede cambiar la oferta de bienes y servicios en el corto plazo, pero sí puede cambiarla en el largo plazo, pero tiene sólo una limitación, la de un alto nivel de deuda pública. Pero en el caso de Nicaragua, en 2021 el saldo de la deuda pública externa representó el 55.3% del PIB y el endeudamiento público interno fue equivalente al 10.1% del PIB, por lo cual Nicaragua no tiene un alto nivel de endeudamiento y, por consiguiente, se puede ampliar el espacio fiscal para un mayor gasto de inversión pública. Adicionalmente, una razón suficiente: el déficit anual del presupuesto nacional osciló entre -0.4% del PIB y -1.5% del PIB en el trienio 2019-2021, por lo que en Nicaragua se administra un presupuesto nacional casi equilibrado.

Suponía que el año de 2022 sería el año de la normalización económica post Covid-19, con el aumento del empleo y la reactivación del crecimiento económico, pero repentinamente este año se ha vuelto tenso por los realineamientos geopolíticos, el surgimiento de nuevas variantes del Covid-19, el restablecimiento de los cuellos de botella de la cadena de suministros de materias primas y bienes terminados, con la aceleración de la tasa de inflación, la afectación de la confianza de los consumidores y de los inversionistas, y el espacio bastante limitado para la formulación de la política macroeconómica. Por eso, hoy en el mundo se puede observar una división de la tarea macroeconómica: los bancos centrales tratando de reducir la acelerada tasa de inflación, y los ministerios de finanzas públicas tratando de aumentar el crecimiento económico e impulsar la oferta de bienes y servicios.

Todos los países centroamericanos y México tienen una alta dependencia de la economía de Estados Unidos. Los canales de transmisión de lo que ocurra en la primera economía mundial, por ejemplo, una marcada desaceleración del crecimiento económico en 2022 y el riesgo de una recesión en 2003, son (i) la menor exportación de materias primas o commodities; (ii) la disminución de las remesas, porque ya no hay más estímulos para los consumidores estadounidenses al expirar los beneficios complementarios de desempleo y las transferencias directas de efectivo; (iii) el menor flujo de inversión extranjera directa; y (iv) la menor afluencia de turistas estadounidenses.

Todos esos efectos provocados por un menor crecimiento económico de Estados Unidos en 2022 explicarían una desaceleración del crecimiento de la producción y una mayor tasa de desempleo y subempleo en Nicaragua.

¿Por qué la herramienta de la política macroeconómica deber ser la política fiscal en esta ocasión?

En su “Teoría general del empleo, el interés y el dinero”, el profesor John Maynard Keynes argumenta que cualquier colapso económico provocado por cualquier causa impacta en un gran acaparamiento de efectivo. El ahorro aumenta, las reservas aumentan y el gasto disminuye. Por esta razón, Keynes indicó que el estímulo económico después de un colapso debería darse con la política fiscal y no con la política monetaria. En esta situación, “el gobierno debe ser el gastador de último recurso” para garantizar que el nuevo dinero se use en la producción y no sea acaparado.

Sin embargo, en su “Tratado sobre el Dinero” Keynes presentó un argumento más realista al tomar en cuenta la demanda especulativa de dinero. Si existiera una recesión económica, dijo que el dinero, en vez de acumularse, fluye de la circulación “industrial”, en que apoya los procesos de producción, a la circulación “financiera”, en que usa para “el negocio de mantener e intercambiar títulos existentes de riqueza, incluidas las transacciones bursátiles y del mercado monetario”. Así, podemos afirmar que una depresión económica está marcada por una transferencia de dinero de la circulación industrial a la circulación financiera, de la inversión a la especulación.

Tengo la seguridad de que la política del gasto público de Nicaragua está siendo aplicada en buena forma, lo cual contribuye a que el riesgo económico y el riesgo financiero se mantengan en niveles bajos.


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