Continúa el alza acelerada de la tasa de inflación local

13 03 2022

En febrero recién pasado, según datos publicados por el Instituto Nacional de Información de Desarrollo (INIDE), en Nicaragua la tasa de inflación de los precios al consumidor subió 0.91% con respecto a enero de este año; la inflación acumulada en los dos primeros meses del año en curso fue 1.62%; y en términos anualizados, o sea, el alza de los precios en febrero de 2022 con respecto a febrero de 2021, alcanzó el nivel de 7.75%, una centésima mayor que un máximo observado en enero de 2015. Excluyendo los precios de los combustibles y de los alimentos, la tasa de inflación subyacente anualizada arribó al nivel de 6.01%, una centésima porcentual menor que otro máximo registrado en agosto de 2013.

Los incrementos de los precios de los combustibles, los alimentos y la energía eléctrica aceleraron la tasa de inflación de Nicaragua que ya había alcanzado el nivel de 7.68% en enero de este año. Es lógico esperar que la crisis entre Rusia y Ucrania dispararán los precios internacionales del petróleo y de las materias y, consecuentemente, se observarán más aumentos de costos de producción y de precios al consumidor. El problema inflacionario se está volviendo más complicado, porque la tasa de inflación estaba en un alto nivel anualizado antes de que ocurriera la invasión de Rusia en Ucrania, acelerada por la reapertura de la economía en el segundo semestre de 2021, tras el impacto de Covid-19 a partir de marzo de 2020.

En el segundo semestre de 2021 pudimos observar el choque entre una creciente demanda de bienes y una escasa oferta de bienes, producto de los cuellos de botella que aún persisten en los suministros de materias primas y productos finales y, por otro lado, hemos observado el aumento de 7% del salario mínimo en vigor desde marzo del año en curso en un mercado laboral que está desajustado por la tasa de inactividad laboral de 33.4% de la población en edad de trabajar correspondiente al tercer trimestre de 2021.

Por supuesto que más aumentos de salarios mantendrían la presión sobre la inflación, porque las empresas subirían los precios para compensar el mayor costo laboral. Sin embargo, la carga inflacionaria tiene un mayor peso para los hogares de bajos ingresos, que gastan su presupuesto en necesidades diarias que diariamente se están encareciendo.

Con una gran volatilidad, el precio del barril de petróleo WTI ya se cotizó en US$130.89 en la semana recién pasada, no obstante al cierre del viernes 11 de marzo descendió hasta US$109.33, pero mostró un aumento acumulado de 42% con respecto a su precio de US$76.99 observado el 31 de diciembre de 2021. Los economistas esperamos que la inflación continuará aumentando, porque se desconoce cómo culminará la guerra en Ucrania, la cual ya ha elevado no sólo los precios del petróleo sino también los  precios de fertilizantes, trigo y metales preciosos utilizados en la producción de automóviles y aviones. Tendremos más inflación, porque los mayores costos de los combustibles y de la energía eléctrica repercutirán en todas las actividades económicas.

Reducir la alta presión inflacionaria sería posible sólo si se enfriara la demanda de bienes y servicios, con lo que se evitaría que la rápida inflación se consolide en el mercado. Sin embargo, el Banco Central de Nicaragua (BCN) vería limitada su capacidad para reaccionar a una desaceleración económica que fuese provocada por la incertidumbre y los altos precios internacionales del petróleo y de los combustibles, porque enfriar la demanda de bienes y servicios implica reducir la tasa de crecimiento económico y profundizar el desajuste del mercado laboral.


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