El BCN siempre va a estar detrás de la curva de inflación

6 03 2022

Acuñado en 1965 por el ministro de Finanzas de Gran Bretaña, Iain Norman Macleod, en un discurso en la Cámara de los Comunes, el término macroeconómico estanflación es la unión de otros dos conceptos, estancamiento e inflación: una alta inflación que deteriora el poder adquisitivo de los ingresos y una desaceleración de la tasa de crecimiento económico que estanca el nivel de la producción y aumenta el desempleo. Un estancamiento económico con un elevado desempleo y una alta inflación no se había observado antes, pero en aquel momento estaba ocurriendo en el Reino Unido. 

En la década de los 70 del siglo pasado, se observó por primera vez el proceso de la estanflación en el mundo occidental que eliminó el progreso económico que siguió a la Segunda Guerra Mundial, causada por la crisis petrolera de 1973 y la desaparición del sistema de Bretton Woods, el mecanismo de gestión económica internacional, debido al “shock de Nixon” que, entre otras medidas, eliminó unilateralmente la convertibilidad del dólar en oro.

¿Cómo se resolvió el problema de la estanflación en ese entonces? Con una pronunciada subida de las tasas de interés que hizo bajar la inflación, pero hundió a la economía en una profunda recesión,   

Cuando una economía entra en recesión, como la provocada por la pandemia del Covid-19, los precios no suben, sino que bajan, pero en la recesión de década de los 70 los precios subieron. La política monetaria para eliminar la recesión en este caso no servía, porque bajar la tasa de interés provocaría una mayor aceleración de la alta tasa de inflación.

Al disminuir las tasas de interés, los préstamos son más baratos, la demanda interna aumenta, es decir, los hogares aumentan el consumo y las empresas incrementan la inversión, y el producto interno bruto (PIB) real vuelve a crecer, pero los precios suben. En un escenario estanflacionario, la política monetaria no podría bajar la tasa de interés para impulsar el crecimiento económico, porque aceleraría más la inflación. Cabe señalar que la economía de Nicaragua, después de haber crecido 9.75% en 2021 según el Banco Central de Nicaragua (BCN), no está en caída ni en recesión, sino en desaceleración.  

La reapertura de la economía de Nicaragua en el segundo semestre de 2021, después del shock de oferta del Covid-19 en marzo de 2020, ha estado acompañada de una alta tasa de inflación no sólo en el país sino en todo el mundo, y ahora, aunado con otro shock de oferta provocado por la crisis geopolítica entre Rusia y Ucrania, es muy probable que la inflación continúe acelerándose cuando ya esperábamos que comenzaría a bajar, ahora con los  precios internacionales del petróleo a más de 100 dólares el barril, con los precios mundiales de los alimentos subiendo en febrero 3.9% más que en enero y 24.1% más que hace un año según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación FAO, y con los salarios subiendo y elevando los costos de producción y propiciando la formación de una espiral precio-salario-precio que aún no se ha iniciado, pero puede aparecer si la crisis inflacionaria se prolongara. Los economistas ya estamos viendo el riesgo de la estanflación.

En 2021, la recuperación económica tuvo la forma de V. El crecimiento económico de Nicaragua registrado el año pasado fue notable, en parte, por la influencia del “efecto base” bajo de 2020 que también incluía las caídas del PIB real en 2018, 2019 y 2020. El crecimiento económico de 2021 no ha sido producto de una política monetaria expansiva porque los activos internos netos del BCN en el trienio 2019-2021 han disminuido anualmente mediante el aumento de los depósitos del sector público en el BCN y los flujos contractivos de los reportos monetarios netos de depósitos del sistema financiero nacional. Si los formuladores de la política monetaria estuviesen inclinados a reducir la elevada tasa de inflación, provocarían una desaceleración del crecimiento económico que ya se contemplaba en 2022 por el “efecto base” alto de 2021.

Por el lado de la política fiscal, después de un congelamiento del gasto público en el trienio 2018-2020, se observó una importante expansión del gasto gubernamental en 2021, principalmente la inversión pública que en gran parte es financiada con recursos de la cooperación internacional, pero la inversión pública tiende a desacelerar su crecimiento en 2022 por las sanciones financieras establecidas en la ley estadounidense RENACER. Temo que los recursos provenientes de la cooperación de la República Popular China para el financiamiento de los proyectos de inversión pública no lleguen al país oportunamente, porque recientemente las autoridades chinas renovaron su apuesta por la estabilidad económica tras el anuncio del primer ministro, Li Keqiang, de una meta de crecimiento de 5.5% del PIB en 2022, una de las más bajas en las últimas décadas.

Con los dos choques de oferta mundial, la pandemia del Covid-19 y el problema geopolítico entre Rusia y Ucrania, ¿se evitará la estanflación con un crecimiento económico más lento y menos inclusivo y una inflación más alta? ¿Se reducirá la inflación con el riesgo de una caída económica? ¿Se reducirá la inflación y se impulsará la inversión pública en infraestructura económica y social para elevar la productividad?

Mi opinión es que la alternativa de la política macroeconómica elegida para 2022 sea la menos dañina, incluso la alternativa que sea formulada con los efectos deseados de las tres variantes o tres preguntas citadas en el párrafo anterior, pero también estimo que las autoridades del BCN no deben imitar lo que hagan otros países, tales como los del istmo centroamericano o Estados Unidos, porque en Nicaragua no se observa un desequilibrio fiscal mayor de 3% del PIB ni una inestabilidad del tipo de cambio porque el saldo de las reservas internacionales brutas administradas por el BCN, igual a casi 4 millardos de dólares, equivale a casi 3 veces el saldo de la base monetaria.

La complicación económica en el mercado local es la presencia de una alta inflación y un alto desempleo y subempleo. De acuerdo con datos elaborados por el Instituto Nacional de Información de Desarrollo (INIDE), la alta tasa de inflación interanual de 7.68% en febrero de este año, que ya dejó de ser transitoria, está acompañada de una alta tasa de inactividad laboral de 33.4% de la población en edad de trabajar en el tercer trimestre de 2021. La política macroeconómica debe buscar la reducción de estos dos problemas.


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