No hay riesgo de que devalúen al córdoba

19 12 2021

En diciembre de este año, una pregunta muy frecuente que me hacen los consumidores y los empresarios con cierta preocupación es si existe el riesgo de que devalúen el córdoba el próximo año, porque las tasas de inflación de los precios al consumidor y de los precios al productor están marcando un ritmo creciente.

Mi respuesta siempre ha sido un no, porque existen suficientes dólares o reservas internacionales en la bóveda del Banco Central, los depósitos en dólares en los bancos comerciales aumentan mes a mes, y la cantidad de córdobas que circula fuera de las entidades bancarias, o sea, los montos de los córdobas en los bolsillos de los consumidores y en las cajas de las empresas no financieras, se incrementa en el último trimestre por los factores estacionales de la demanda del dinero.

Y sobre todo eso, porque la política monetaria muestra un perfil bastante contractivo, excepto en dos períodos de cada año, en estos momentos el de noviembre-diciembre que encierra más ingresos en los hogares con el aguinaldo de los trabajadores activos y con el flujo creciente de las remesas, pero también abundan más regalos, más gasto de consumo y más inflación, pero hoy la inflación también se ha acelerado por el impacto del coronavirus que se mantiene desde marzo de 2020, con su quinta variante, Ómicron, que apareció en noviembre de 2021. El otro período del año en que se genera otra demanda estacional de dinero y una creciente inflación es el de vacaciones correspondientes a la Semana Santa. En resumen, existe estabilidad macroeconómica en Nicaragua.

Las reservas internacionales brutas (RIB), o el total de las reservas internacionales administradas por el Banco Central de Nicaragua (BCN), sumaron US$4,000.6 millones el 30 de noviembre recién pasado, en parte respaldadas por la cooperación oficial multilateral destinada a la asistencia humanitaria para mitigar los impactos del coronavirus desde marzo de 2020 y de los huracanes Eta e Iota ocurridos en noviembre de 2020.

Las RIB incluyen divisas, títulos valores emitidos por entidades gubernamentales de países de economía avanzada, derechos especiales de giro (DEG) del Fondo Monetario Internacional (FMI) que actualmente suman US$356.1 millones, y oro monetario, aunque el BCN no registra ni el valor de una onza troy de oro en su balance de reservas internacionales. Con esos activos de reservas, el BCN atiende el financiamiento del déficit del saldo de la balanza de pagos, pero también los utiliza para mantener la libre convertibilidad del córdoba y la estabilidad del tipo de cambio.     

Cabe agregar que el 63% del saldo actual de las RIB corresponde al sector público, es decir, US$2,507.7 millones, conocidas como reservas internacionales netas ajustadas (RINA), que representan el esfuerzo del sector público para fortalecer la posición de las RIB.

Por estabilidad macroeconómica se entiende la estabilidad de la tasa de devaluación del córdoba y de la tasa de inflación de los precios al consumidor (IPC) general, o sea, la estabilidad del tipo de cambio y de la tasa de inflación general. La preocupación actual de los empresarios y los consumidores es que la tasa de inflación se está acelerando y, por esta razón, están preocupados por si se diese una sorpresa devaluatoria del córdoba en el corto plazo.

Según los datos del Instituto Nacional de Información de Desarrollo (INIDE), la presión inflacionaria interanual comenzó a acelerarse desde 4.98% en agosto de este año hasta 7.1%  en noviembre recién pasado.

No debemos olvidar que la carrera alcista y acelerada de los precios al consumidor en 2021 no sólo responde al “efecto base” al compararse con el bache de precios durante la pandemia en 2020, sino que también al choque de una oferta escasa contra una demanda creciente provocadas por la pandemia del coronavirus y la reapertura de la economía mundial. En otras palabras, los cuellos de botellas de la oferta o las obstrucciones de las cadenas de suministro de bienes intermedios (o materias primas) y de bienes finales (de consumo e inversión), y los mayores precios internacionales de los alimentos, los combustibles y la energía espolearon la tasa de inflación.

En este escenario, la política monetaria no puede reducir la elevada tasa de inflación del IPC general mediante la contracción de la base monetaria (M0), mejor dicho, con la reducción del saldo de la emisión de dinero, sencillamente porque no se puede controlar un choque de oferta con un instrumento de choque de demanda. Si la autoridad monetaria decidiera reducir la base monetaria, se  correría el riesgo de una desaceleración del crecimiento económico del país.

En otras palabras, de nada serviría al BCN colocar más Letras con plazo de 1 día, o subir la tasa de encaje sobre los depósitos en córdobas (la proporción del saldo de los depósitos en córdobas que las entidades bancarias depositan en el BCN), o aumentar la tasa de interés monetaria o interbancaria del BCN en un momento en que el crédito del sistema financiero nacional se ha desplomado 13 puntos porcentuales del producto interno bruto (PIB) desde 2017. Es obvio que la reducción de la tasa de inflación no se lograría reduciendo más la liquidez del mercado a partir de enero de 2022, o encareciendo el costo del crédito, o incrementando las cuentas de ahorro, o reduciendo el gasto de inversión en construcción y adquisición de maquinaria y equipo.

Tampoco se debe olvidar que al excluir los precios de los combustibles y los alimentos de la canasta de productos del IPC General se obtiene el IPC Subyacente. La tasa de inflación subyacente interanual en noviembre fue igual a 5.0%, un nivel que está 5 décimas porcentuales por arriba de la banda de la inflación subyacente que se ubica entre 4.0% y 4.5% en la economía nicaragüense. Con este dato, podría afirmar que la elevada tasa de inflación general de 7.1% interanual en noviembre es una tasa de inflación transitoria, que se normalizará cuando desaparezca el “efecto base” que depende del aplanamiento de la curva de contagio del coronavirus, con su variante hoy llamada Ómicron.

En el cierre del año de 2021, la inestabilidad de la tasa de inflación general está acompañada de un tipo de cambio estable, que se devalúa 2% anualmente. El cociente de la división del saldo de las RIB entre el saldo de la M0, ambas variables valoradas en millones de córdobas o en millones de dólares, es igual a 2.83, es decir, el saldo de las RIB es igual a 2.83 veces el saldo de la M0, que es superior a la condicionalidad establecida de 2.5 veces con el FMI. No hay riesgos de devaluación porque no se observa un aumento excesivo de la M0 aún con los factores estacionales de aumentan la demanda de dinero en cada fin de año.

La otra condicionalidad de la estabilidad macroeconómica del país es que el saldo de las RIB se ubique en el rango de entre 5 meses y 10 meses de importaciones de bienes CIF. A noviembre del año en curso, el saldo de las RIB fue igual a 7.78 meses de importaciones. Por consiguiente, Nicaragua muestra una sólida estabilidad macroeconómica en el corto plazo.

Entonces, consumidores y empresarios, no se preocupen por el riesgo financiero de una devaluación del córdoba en el corto plazo. En mi opinión, la presión inflacionaria no es permanente, sino transitoria. La última vez que los nicaragüenses sentimos los efectos de una inflación interanual de 7.1% fue en febrero de 2013.


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