Los datos indican que es una inflación “transitoria”

12 12 2021

El índice de precios al consumidor (IPC) de Nicaragua aceleró su aumento en noviembre de 2021 al registrar una tasa de inflación anualizada o interanual (o con respecto a noviembre de 2020) de 7.10% -en octubre había registrado el nivel de 6.41%-, debido principalmente a los aumentos anualizados de los precios de tres grupos de productos: 6.13% de los precios de alojamiento, agua, electricidad, gas y otros combustibles; 10.2% de los precios de los alimentos y bebidas no alcohólicas; y 16.04% de los precios del servicio de transporte.

Lo anterior se ejemplifica con el precio promedio del barril de petróleo WTI correspondiente al período enero-noviembre de 2021, que fue igual a US$67.77 y reflejó un incremento anualizado de 94.16%, es decir, con respecto a su precio promedio de enero-noviembre de 2020.

La elevada tasa de inflación interanual de 7.10% se explica con

  1. el “efecto base” o “efecto rebote” porque el IPC estuvo en niveles bajos en 2020, año en que la tasa de inflación fue 2.93%;
  1. el aumento de los precios de los alimentos y los combustibles en el mercado internacional;
  1. los cuellos de botella o interrupciones en la cadena de los suministros que se esperaban fuesen temporales, pero el virus Covid-19, con sus variantes continúa provocando atrasos en la producción y el transporte; y
  1. la demanda creciente de los consumidores debido al restablecimiento parcial de los puestos de trabajo formal destruidos en el trienio 2018-2020, y por el flujo creciente de remesas que superará los 2 millardos de dólares en 2021.

Cabe recordar que desde 2018 la política monetaria y la política fiscal de las autoridades gubernamentales de Nicaragua han sido bastante contractivas, por lo que se puede afirmar que la alta inflación local no está asociada con grandes aumentos de la base monetaria y del medio circulante. El disparo de la inflación del mercado local no está provocado por una expansión monetaria, cuando el dinero sale de la banca central a perseguir muy pocos bienes, ni por ajustes salariales que incrementan los costos de producción que son traspasados a los consumidores y podrían desencadenar la espiral precios-salarios-precios.

Sin embargo, la tasa de inflación subyacente interanual, que se obtiene al excluir de la canasta de productos del IPC a los alimentos y a los combustibles porque sus precios son muy volátiles, se mantuvo estable al disminuir levemente de 5.07% en octubre a 5.00% en noviembre del año en curso, la lectura anual tan rápida desde enero de 2014, por lo que aún no puedo afirmar que la tasa de inflación en Nicaragua se ha transformado en un problema estructural. La inflación subyacente anualizada no se está aproximando a un nivel de dos dígitos y parece que está buscando su rango normal de [4.0%, 4.5%], su banda natural en la economía nicaragüense.

El incremento de los precios al consumidor nicaragüense está relacionado con los precios de los alimentos y de los combustibles en el mercado internacional. La fuerte presión inflacionaria interanual en el mercado local, que no está influenciada por una desordenada emisión monetaria, comenzó a acelerarse en febrero de 2021 y está conectada con la recuperación económica mundial, pero no estoy seguro cuándo se moderará el alza de los precios al consumidor, talvez en el segundo semestre del 2022 cuando relacionemos los datos del IPC de ese semestre con los registrados en el segundo semestre del año actual, siempre que las variantes del coronavirus no vuelvan a cerrar la economía mundial. Por lo tanto, continúo manteniendo la opinión de política económica que la inflación actual es “transitoria” y que no es “permanente”.

Los funcionarios del Banco Central de Nicaragua (BCN) muy probablemente se habrán sorprendido de la aceleración de la tasa de inflación en noviembre recién pasado y, más preocupados, probablemente decidirán si colocan más Letras con plazo de 1 día de inmediato, con una tasa de rendimiento más atractiva para los inversionistas financieros, con el objetivo de reducir la base monetaria y frenar la inflación. Si colocaran pocas Letras tardíamente, correrían el riesgo de que la inflación continuaría acelerándose, y si colocaran más Letras rápidamente para enfriar la economía, correrían el riesgo de provocar una desaceleración del crecimiento económico.

Encontrarnos entre esos dos resultados confusos es muy complicado y, en mi opinión, lo más conveniente es no hacer nada, o esperar para comprobar la “transitoriedad” o la “permanencia” de una elevada  inflación que no es producto de una política monetaria expansiva, sino de una variable no económica, el Covid-19 y sus variantes. El coronavirus no ha sido dominado y el ritmo de contagio se ha acelerado desde noviembre de este año con la presencia de su variante Ómicron, que se encuentra en 57 países hasta el miércoles de la semana pasada.  

Por lo tanto, aconsejo observar y analizar el comportamiento de la tasa de inflación subyacente para que la autoridad monetaria decida cuál es el monto y el momento para aumentar las operaciones de mercado abierto, que es el instrumento más efectivo que dispone el BCN para regular la liquidez del mercado en la actualidad. Tengo la esperanza de que la elevada tasa inflacionaria de 7.10% es “transitoria”.        


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