Ómicron, la inflación y la economía

28 11 2021

La inflación creciente de los precios al consumidor está de moda en el mundo, o sea, se ha convertido en un problema global, lo que nos dice que la inflación que hoy se observa en cualquier país no es el  resultado principal de una política macroeconómica.

Al cierre del viernes 27 de noviembre, el precio del barril de petróleo observó una caída semanal de 10.45% al cotizarse en US$68.15, porque una nueva variante “preocupante” del COVID-19 detectada en Sudáfrica, denominada inicialmente como B.1.1.529 y nombrada después como Ómicron, el nombre de la décima quinta letra del alfabeto griego, asustó a los inversores por el temor que pueda frenar el crecimiento económico y la demanda por combustible, al presentar, en términos preliminares, un mayor riesgo de reinfección, capacidad de evadir las vacunas y no se sabe si empeora los síntomas, en comparación con otras variantes “preocupantes”. Los resultados del análisis de la nueva variante se esperan en dos o tres semanas como mínimo, dijo la Organización Mundial de la Salud (OMS).

La quinta ola de la pandemia está golpeando especialmente al bloque de 27 naciones de la Unión Europea, que ya impuso una prohibición temporal a los vuelos desde el sur del continente africano, mientras que las acciones se desplomaban en Asia, Europa y Estados Unidos. El promedio industrial Dow Jones cayó más de 1,000 puntos y el S&P 500 bajó 2.3%. El precio del barril WTI redujo su crecimiento acumulado anual desde 56.8% al viernes 19 de noviembre con un precio de US$76.10 hasta 40.5% el viernes 26 de noviembre.

Sin que los bancos centrales hayan hecho algo, la tasa de inflación tenderá a disminuir su aceleración en  diciembre de este año, porque los precios de los combustibles disminuirán. Los shocks de oferta y demanda provocados por el coronavirus estarían tirando hacia abajo al índice de precios al consumidor (IPC) por el temor de que COVID-Ómicron desacelere el crecimiento económico mundial y la demanda de combustibles.

La reactivación de la economía de Nicaragua, dado el aumento de la demanda interna, es decir, los gastos de consumo y de inversión, y las alzas de los precios de los combustibles y los alimentos en el mercado internacional son las causas principales de la tasa de inflación interanual de 6.41% en Nicaragua a octubre de 2021, que es igual a la registrada en febrero de 2020, un mes antes de que apareciera el Covid-19 en Nicaragua.

Sin embargo, si excluyéramos los precios muy volátiles de los alimentos y los combustibles del panorama inflacionario de Nicaragua, el IPC ha subido a una tasa ligeramente superior al 5%, pero comienza a ser alta porque el rango “normal” de esta inflación “subyacente” es entre 4.0% y 4.5% interanual en el mercado local. Se ve, pues, un leve repunte en la inflación subyacente del país, que debe ser vigilado y analizado cuidadosamente.

Además, recientemente la administración Biden liberó 50 millones de barriles de la Reserva Estratégica de Petróleo de Estados Unidos con el objetivo de aumentar la oferta y disminuir los precios de la gasolina, y lo hace en una estrategia conjunta con China, Japón, Reino Unido y Corea del Sur. La reserva contiene más de 600 millones de barriles de petróleo en cuatro cavernas de almacenamiento subterráneas y domos de sal a lo largo de las costas de Texas y Luisiana. El Congreso autorizó su creación en 1975, a raíz del embargo petrolero árabe, como un amortiguador contra las crisis de suministro de los exportadores de petróleo.

Tras tres años de crisis en el país, creo que la política monetaria no reducirá la creciente presión inflacionaria de 2021 debido a la presencia del “efecto base” o “efecto rebote” del IPC, y porque podría provocar una desaceleración de la tasa de crecimiento económico con una mayor contracción monetaria mediante una creciente colocación de Letras con plazo de un día, las así llamadas operaciones de mercado abierto en Nicaragua, que es la única palanca efectiva de política que tiene la autoridad monetaria en estos momentos.

La política macroeconómica estaría reflejando la premisa de que el alto nivel inflacionario es transitorio y tenderá a normalizarse en 2022. Sin embargo, los economistas esperaríamos que el COVID-Ómicron no provocará otra recesión económica mundial, porque en ese escenario se observaría una fuerte desaceleración de la tasa de inflación. Pareciera que el COVID está dirigiendo la economía y controlando la inflación. La inflación desaparecerá cuando el mundo haya controlado y reducido la pandemia. Así, se puede suponer que la política monetaria actuará contra la inflación cuando tenga la seguridad de que se quedará en un nivel alto, cuando la inflación está para quedarse, cuando la inflación se vuelva estructural.

Por otro lado, cabe recordar que, a pesar de que hay menos trabajadores en el mercado laboral, la productividad, tomando en cuenta la ocupación plena, se estancó en 2020, y no se observan ajustes del salario promedio mensual del empleo formal desde enero de 2018, por lo cual este factor no está incrementando los costos de producción. Los salarios aún no muestran señales de inflación, pero sugiero que hay que evitar la formación de una espiral precio-salario que pondría en riesgo la estabilidad macroeconómica del país.

Debemos mantener las tres precauciones básicas que nos dicen los científicos en virología, con el fin de evitar la propagación de cualquier variante del Covid-19: usar mascarillas en locales públicos cerrados y en áreas comunitarias importantes, lavarse las manos con frecuencia y mantener el distanciamiento físico de los demás. Además, lograr la vacunación completa de todas las personas mayores de 5 años para protegerse del Covid-19 y, para las personas elegibles, cumplir la recomendación de una dosis de refuerzo de la vacuna COVID-19. Los viajeros internacionales deben cumplir las disposiciones gubernamentales para viajar.

Protegeremos la economía nacional, protegiéndonos a nosotros mismos. La economía estará a salvo hasta cuando reduzcamos la curva de contagio del país y logremos dominarla en su trayectoria reducida.

Debemos contribuir a evitar: el cierre de las empresas, el aumento del desempleo y el subempleo, la disminución del PIB, la reducción del ingreso de los hogares, la caída del gasto de consumo de las familias, la contracción de la demanda de bienes y servicios finales (consumo, inversión fija y exportaciones), otra disminución del PIB y, de nuevo, la repetición de la iteración antes descrita.

Comparto la opinión científica de la OMS de que “si el acceso global a las vacunas hubiera sido más equitativo, estaríamos en una situación epidemiológica y económica muy diferente en todo el mundo. Tendría a los pobres y vulnerables protegidos, menos muertes”.


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