Diálogo y Convivencia

14 02 2021

El impacto de COVID-19 sobre las economías emergentes y en vías de desarrollo, como las de Latinoamérica, Asia y África, ha sido menos severo que el impacto sobre las economías avanzadas, principalmente las de Estados Unidos, Japón, la Eurozona y Reino Unido.

Las cifras más recientes del Fondo Monetario Internacional (FMI) muestran que en 2020 la caída del producto interno bruto (PIB) real en las economías avanzadas fue del orden de 4.9% -en la Eurozona fue 7.2% y en Estados Unidos, 3.4%-, mientras que en las economías emergentes y en vías de desarrollo el PIB real disminuyó 2.4% -América Latina, 7.4%, y Asia, 1,1%-.

¿A qué se debe esa diferenciación del impacto de la pandemia? ¿Está más angustiada la población de los países ricos que la población de los países pobres? Creo que las caídas del empleo y de los ingresos  en los  países de ingresos bajos y medios, superan las caídas de la producción de los países ricos.

Tomemos el ejemplo de la economía de Nicaragua. Según el Banco Central de Nicaragua (BCN), en 2020 el volumen de la producción de bienes y servicios o PIB Real disminuyó en el rango de [-1.5%, -2.5%], pero este dato oficial no captura la actividad del mercado informal de la economía nicaragüense, que es bastante grande. Al margen, creo que en la actualidad el BCN tampoco captura gran parte de la producción de las empresas que operan en el sector formal de la economía, por lo cual tiene que estimarla.

¿Cuál es el nivel de la actividad informal de la economía nicaragüense? De acuerdo con los últimos datos del Instituto Nicaragüense de Información de Desarrollo (INIDE), al concluir el tercer trimestre de 2020 el 46.3% del total de personas ocupadas se encontraba subempleada, al trabajar menos de 8 horas diarias o devengar un salario mensual menor que el salario mínimo legal, que no cotizan la seguridad social. Pero el INIDE, desde hace varios años, dejó de publicar el dato del tamaño del mercado informal, o sea, el porcentaje del total de ocupados que labora en empresas que no tienen registros contables.

Recuerdo que, en el último trimestre de 2012, el dato oficial indicaba que el 76.2% de los ocupados se ubicaba en el mercado informal, y estimo que en 2021 el PIB Nominal per cápita promedio anual valorado en dólares estadounidenses, US$1,841, será muy cercano al registrado hace ocho años. El empleo en el sector formal de la economía también no se escapa de la reducción: En términos promedio anual, 200 mil trabajadores que cotizaban la seguridad social perdieron sus puestos de trabajo entre 2017 y 2020.

Por consiguiente, las caídas en el empleo y los ingresos en Nicaragua son severas, a pesar de que el INIDE también publica que la tasa de desempleo abierto, es decir, el porcentaje de la población económicamente activa que no trabaja, es apenas de 4.8%, una proporción que es similar a la de pleno empleo en un país con una crisis política interna y una crisis sanitaria mundial. El BCN nunca se ha pronunciado sobre cuál es el nivel de la tasa de desempleo en el pleno empleo -dicho sea de paso, su ley de creación no le obliga a pronunciarse al respecto ni a disminuir el desempleo-.

Con esa tasa de desempleo abierto de 4.8%, se podría afirmar que en Nicaragua no existe el desempleo si y solo si gran parte del mercado fuese formal, pero no lo es; sin embargo, esa baja tasa de desempleo abierto se explica con el supuesto metodológico de que las personas que trabajan al menos una hora diaria se consideran como parte de la población ocupada. Tremendo supuesto en un país pobre.

Desafortunadamente, el INIDE también dejó de publicar la tasa de desempleo equivalente, o sea, la tasa de desempleo resultante del subempleo, que podría adicionarse a la tasa de desempleo abierto para determinar el tamaño del ejército de desempleados que no generaron ingresos en el país en 2020. De acuerdo con estimaciones de Consultores Para el Desarrollo Empresarial (COPADES), 1 millón 287 mil personas no generaron ingresos el año pasado, de una población económicamente activa de 3 millones 949 mil personas.

Se puede concluir, entonces, que la angustia económica provocada por COVID-19 es mucho más asfixiante en los países de ingresos bajos, como Nicaragua, y de países de ingresos medios. La caída del PB Real aumenta la ansiedad económica, pero ésta se agrava por la ansiedad provocada por COVID-19 y genera un comportamiento precautorio entre la población al disminuir el consumo de las familias y la inversión de los empresarios, y esto profundiza la caída del PIB Real.

Si el PIB Real cayese 2.5% en 2020, que es el máximo del intervalo de la caída del PIB pronosticada por el BCN para ese año, Nicaragua se encontraría en depresión económica desde el final del año pasado, porque la tasa de caída del volumen de producción de bienes y servicios en 2020 con respecto al de 2017 sería un porcentaje de 2 dígitos, 10%, tras tres caídas anuales consecutivas, después de 10 trimestres de recesión económica continua.

El profesor Paul Krugman, premio Nobel de Economía 2008, dijo recientemente que no estamos sufriendo una recesión estándar, sino que sufrimos de una economía bloqueada, deliberadamente o porque la gente tiene miedo de hacer ciertas cosas. El problema real no es impulsar la economía, no es la actividad insuficiente. El problema es ¿cómo podemos hacer que la gente supere esto? Esto es más parecido, concluye el profesor, a un desastre natural en muchos aspectos que a una recesión convencional.

Comparto la opinión del profesor Krugman. La economía volverá a crecer cuando el COVID-19 esté domeñado, cuando desaparezca la elevada ansiedad y la gran incertidumbre entre la población. El ataque contra el COVID-19 es muy parecido al de una guerra militar y no deben escatimarse los recursos para ganar esa guerra. Pero tenemos la obligación de aunar los esfuerzos dispersos, no hundirnos en la confrontación, en el resentimiento y en la ira, porque el hoyo económico sería más profundo.

Nicaragua debe volver a ser un país “normal”, un país grande. Hay muchos daños, parecidos a los de un desastre, que debemos reparar, y después debemos prepararnos a ser menos vulnerables ante nuevas pandemias desconocidas y ante el impacto creciente del cambio climático, sin olvidar que las habilidades necesarias para administrar un negocio y las que se requieren para dirigir una nación son muy diferentes.

Diálogo y Convivencia son dos palabras que los nicaragüenses debemos honrar.


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2 responses

15 02 2021
Luisa

Buenas tardes Dr. quería una opinión suya como economista con mucha experiencia, es recomendable realizar un préstamo personal en estos momentos

16 02 2021
nestoravendao

Las tasas de interés están muy altas

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