La asistencia humanitaria multilateral y el crecimiento económico

31 01 2021
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Nicaragua ha obtenido un extraordinario respaldo financiero que provino principalmente de tres instituciones multilaterales en los meses de diciembre y enero recién pasados, consistente principalmente en préstamos para facilitar la respuesta gubernamental a la población del país sobre la prevención, la detección y el tratamiento médico por el contagio de la pandemia del COVID-19, atender a las poblaciones afectadas por huracanes Eta e Iota que azotaron la región del Caribe Norte del país, y mantener la estabilidad macroeconómica.

Sobre la base de la información oficial del Ministerio de Hacienda y Crédito Público (MHCP), la valoración preliminar de los daños causados por los dos huracanes ascendió a US$738.6 millones, lo cual incluye las  afectaciones a las actividades agropecuarias , embarcaciones de las microempresas y pequeñas empresas pesqueras, las actividades del turismo y del transporte terrestre, y la infraestructura económica y social, o sea, la red vial, viviendas y centros de educación y de salud.

Según cifras oficiales del Banco Central de Nicaragua, en diciembre ingresaron préstamos externos por US$333.1 millones y donaciones externas por US$30.4 millones, para un total de US$363.5 millones, al cual se adicionó en enero un préstamo de US$80 millones del Banco Mundial para ayudar a financiar el gasto de emergencia y la recuperación del país en los sectores críticos de las comunidades más afectadas.

El gran total ascendió a US$443.5 millones.

El más importante organismo multilateral que asistió financieramente a Nicaragua en diciembre de 2020 fue el Fondo Monetario Internacional (FMI), al prestar US$186.8 millones, de los cuales US$130 millones corresponden a Derechos Especiales de Giro (DEG), equivalente al 50% de la cuota de Nicaragua en el FMI, proporcionados a través de  dos instrumentos, la Facilidad de Crédito Rápido (RCF) equivalente a DEG 43.33 millones (aproximado a US$61.77 millones, o 16.7% de la cuota) y el Instrumento de Financiamiento Rápido (RFI) equivalente a DEG 86.67 millones (aproximado a US$123.55 millones o 33.3% de la cuota).

Con los recursos del FMI se garantizarán los requerimientos relacionados solamente con la pandemia del COVID-19, de tal manera que el programa de atención médica de emergencia recibirá US$74 millones y tendrá el acompañamiento de la Oficina de las Naciones Unidas de Servicios para Proyectos (UNOPS). Además, un programa alimentario de emergencia recibirá US$19 millones y tendrá el acompañamiento del Programa Mundial de Alimentos (PMA).

Por su parte, en diciembre de 2020 el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en coordinación con las autoridades nacionales, las agencias de las Naciones Unidas, el Grupo Banco Mundial y el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE) apoyó con el financiamiento la ayuda humanitaria y las tareas de reconstrucción a los países afectados por los huracanes Eta e Iota (Guatemala, Honduras y Nicaragua) y la rehabilitación de la infraestructura afectada en El Salvador, Costa Rica y Panamá.

Por otro lado, el Banco Mundial, a través de la  Agencia Internacional de Desarrollo (AIF), el fondo del Banco Mundial para los países más pobres, aprobó en enero de 2021 un crédito de US$80 millones y se destinará, con la colaboración de la Oficina de Servicios para Proyectos de las Naciones Unidas (UNOPS), a la emergencia y las necesidades de recuperación de Nicaragua después de la devastación causada por los huracanes Eta e Iota, y priorizará la rehabilitación y reconstrucción de la infraestructura y las viviendas públicas y comunitarias priorizadas, y la restauración de los ingresos de las poblaciones afectadas en actividades económicas críticas, con un enfoque en el sector de la pesca en pequeña escala.

Las tres instituciones financieras multilaterales, FMI, BM/AIF y BID, que aplican las sanciones financieras de la ley estadounidense NICA Act, exceptuando los préstamos y donaciones que se destinan a la ayuda humanitaria, facilitaron préstamos por US$320.2 millones.

Con esos recursos, el efecto de cortísimo plazo en la economía del país fue el aumento anual de US$814.5 millones del saldo de las reservas internacionales brutas (RIB) administradas por el BCN, hasta US$3,211.9 millones, y el aseguramiento de la condicionalidad de la estabilidad macroeconómica al 31 de diciembre del año pasado, con un saldo de RIB igual a 2.56 veces el saldo de la base monetaria (BM, o emisión de dinero y depósitos de encaje en moneda nacional en el BCN). Sin el ingreso de esos recursos, el saldo de las RIB se hubiera aproximado a 2.37 veces, levemente inferior al mínimo establecido de 2.5 veces.

Otro efecto de la entrada de estos préstamos multilaterales en diciembre y enero recién pasados se podrá observar en el corto plazo. La mayor parte de los desembolsos de la cooperación internacional realizados por el sector público no financiero se destinan al gasto de inversión pública en infraestructura económica y social, es decir, a proyectos de red vial, hospitales, centros de salud y centros de enseñanza preescolar, primaria y secundaria, lo que genera empleos e ingresos para la población.

La asistencia humanitaria a la población afectada por COVID-19, Eta e Iota también financiará proyectos de inversión pública en red vial, salud y educación y, además, en construcción de viviendas y maquinaria y equipo para pequeñas empresas pesqueras. Este gasto de inversión causará cierto empuje al crecimiento del empleo, de la producción, del ingreso y del consumo en 2021.

La evidencia empírica, sobre una muestra de 14 observaciones correspondientes al período 2006-2019, indica si los desembolsos de préstamos realizados por el sector público se incrementan 1%, el nivel de la producción de bienes y servicios aumenta 0.31%, pero con la aplicación de las sanciones financieras a Nicaragua se ha disminuido el monto de dichos desembolsos al desacelerarse su crecimiento de 45.3% en 2017 a 3.8% en 2018 y al caer 6.1% en 2019.

Tampoco debemos obviar que, en un año electoral, aún sin diálogo y sin convivencia entre los nicaragüenses, las incertidumbres de los agentes económicos continuarán robusteciéndose.


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