Efectos del ajuste cambiario

29 11 2020

Han transcurrido 21 años y 3 meses desde que una misión técnica del Fondo Monetario Internacional (FMI) propuso a las autoridades gubernamentales del país la sustitución del régimen de tipo de cambio reptante por un régimen de banda cambiaria, un esquema intermedio entre un régimen de tipo de cambio fijo y uno de flotación libre.  

El memorándum del FMI sobre políticas financieras y económicas de Nicaragua del 19 de agosto de 1999 señaló que «… el gobierno ha decidido reducir la tasa de deslizamiento cambiario con respecto al dólar e introducir una banda cambiaria. Esto ayudará a mantener la reducción de la inflación y facilitará el primer paso hacia un sistema más flexible de determinación de mercado del tipo de cambio». Sólo se redujo la tasa de deslizamiento anual del tipo de cambio oficial de 12% a 9% el 11 de julio de 1999 y a 6% el 1 de noviembre de ese mismo año.

Sin embargo, el nuevo régimen cambiario no se estableció en el año 2000 debido a la presión de un fuerte déficit fiscal y a la excesiva dependencia de las reservas internacionales de la emisión de títulos valores emitidos por el Banco Central de Nicaragua (BCN), aunque se observaba una creciente intermediación del sistema financiero nacional y existía una libre convertibilidad de córdobas en dólares, pero el córdoba, sin el apellido de “con mantenimiento de valor”, sólo dominaba el 17% del mercado monetario. El dólar tenía una presencia de 64% en la liquidez global de la economía nicaragüense.

El BCN ya había realizado dos ajustes importantes en enero de 1996 para la adopción del régimen de banda cambiaria: la unificación de los mercados cambiarios oficial y financiero, con lo que se observó la plena libertad en las operaciones con divisas, y el funcionamiento de una mesa de cambios en el BCN, que ayudaría a la administración de la nueva política cambiaria.

En el segundo semestre de 2009 aún no se había logrado dos ajustes previos al establecimiento de la banda cambiaria: (i) disminuir el ritmo de crecimiento de la base monetaria, principalmente su componente de la emisión de dinero, con la reducción del déficit fiscal (del gobierno central) y del déficit cuasi-fiscal (de los entes autónomos), y entre éste las grandes pérdidas que acumulaba anualmente el BCN, y (ii) aumentar el ritmo de crecimiento de las reservas internacionales netas oficiales, que exigía eliminar la «fuente de vulnerabilidad» de la deuda de corto plazo emitida por el BCN. El punto de equilibrio entre ambos ajustes determinaría el «punto de partida» del tipo de cambio flotante entre la banda cambiaria.

El 1 de enero de 2004, la tasa de deslizamiento anual del tipo de cambio se redujo a 5% y así se mantuvo durante 15 años y 10 meses. El 1 de noviembre de 2019, el BCN redujo la tasa de deslizamiento anual del tipo de cambio oficial de 5% a 3% y anunció recientemente que volvería a reducirla de 3% a 2% a partir del 1 de diciembre de 2020.

Como ya lo había señalado en uno de mis artículos económicos del año pasado, el BCN se estaría preparando para eliminar el tipo de cambio reptante y establecer el tipo de cambio en una banda cambiaria. Creo que lo ha estado haciendo con las tímidas reducciones de la tasa de deslizamiento ya cercana al 0%, y si continuara con ese ritmo sólo le faltaría anunciar la reducción de 2% a 1%, ya que el 0% implicaría la presencia de un tipo de cambio fijo y el BCN se expondría a una reducción de las reservas internacionales, al tener que vender dólares a las entidades financieras autorizadas a un precio fijo. Por supuesto que el BCN nunca anunciaría una tasa de deslizamiento anual de 0%.

Según el BCN, la disminución de la tasa de deslizamiento se aprobó por la “política macroeconómica adecuada e indicadores macroeconómicos en recuperación después del impacto inicial de la pandemia mundial del COVID-19 durante el primero y segundo trimestres”, pero omitió el primer impacto de la crisis política interna de abril de 2018 y, ahora, se ha sumado el tercer impacto de los huracanes Eta e Iota que golpearon al norte de la Costa del Caribe y de varios departamentos de la región central del país y al departamento de Rivas.    

Los indicadores macroeconómicos en recuperación mencionados por el BCN son los siguientes:

(i)            el balance fiscal casi equilibrado, pero el gasto público ha permanecido congelado en los últimos tres años y el déficit fiscal, antes del registro de las donaciones externas destinadas al presupuesto nacional, ronda el 0% del PIB en el bienio 2019-2020, que en gran parte se explica con las sanciones financieras de la NICA Act y la disminución del gasto de inversión pública;

(ii)           el superávit en la cuenta corriente de la balanza de pagos registrado en el bienio arriba mencionado no fue un resultado de una política del tipo de cambio real que disminuyera la  sobrevaluación del córdoba, pero, aparentemente, el BCN olvidó la incertidumbre política y la desconfianza de los agentes económicos persistente desde abril de 2018, que condujeron a severas reducciones en el consumo, la inversión fija, la producción de bienes y servicios y, consecuentemente, las importaciones, mientras aumentaba el flujo de las remesas;

(iii)          el mantenimiento de la estabilidad macroeconómica, es decir, la estabilidad de la tasa de devaluación anual de 3% y de una baja tasa de inflación, apenas de 0.86% acumulada en enero-octubre de este año, es producto de una política monetaria levemente expansiva en los primeros diez meses del año en curso, del ingreso de préstamos externos atados a proyectos y programas del sector público y de las compras de divisas del BCN a la banca comercial, que facilitó un saldo de las reservas internacionales brutas equivalente a casi 3 veces la base monetaria y a casi 8 meses de importaciones de bienes CIF; y

(iv)          la estabilidad del sistema financiero nacional, que se puede ejemplificar con la situación de las entidades bancarias al 31 de octubre del año en curso: una suficiente de liquidez equivalente a 26% del total de activos, una solidez fortalecida con una tasa de adecuación de capital de 20.5% (la norma legal es 10%) y una tasa de rentabilidad de capital de 15.1%, pero los depósitos aumentaron 9.6% y el saldo de la cartera de crédito neta se redujo 5.8% con respecto a los saldos registrados el 31 de octubre de 2019, mientras que la tasa de interés pasiva es 2.8% y la tasa de interés activa es 12.4%. 

La reducción de 1% del deslizamiento del tipo de cambio oficial tiende a provocar una disminución de 0.7% en la tasa de inflación anual prevista para 2021. Comparto la opinión del BCN de que la menor tasa de deslizamiento causará un reducción del costo del componente importado de la producción de bienes y servicios, pero no creo que ayudará a “recomponer el gasto agregado de toda la economía nacional” porque la demanda interna de bienes y servicios finales continúa deprimida por factores extraeconómicos.

La reducción de 1% de la tasa de deslizamiento del tipo de cambio oficial tampoco mejorará el poder adquisitivo de los salarios, porque entre marzo de 2018 y septiembre de 2020 el salario nominal promedio mensual del sector formal de la economía se incrementó apenas 2.72% y, en cambio, su poder adquisitivo o salario real se redujo 6.79%. Hubiese sido mejor que el BCN afirmara que el poder adquisitivo del salario reduciría su deterioro con la disminución de la tasa de deslizamiento del tipo de cambio.

Finalmente, el aumento de 1% a 2% de la comisión por venta de divisas del BCN a las instituciones financieras, autorizadas a partir del 26 de noviembre de 2020, expandirá levemente la brecha entre el tipo de cambio oficial y el tipo de cambio de venta del dólar en el mercado financiero, siempre que se continúe aplicando una política monetaria contractiva que evite una presión creciente en la demanda de divisas de los productores y consumidores. El nivel promedio de esta brecha saltó en la banca comercial de 0.92% el miércoles 25 de noviembre a 1.03% el viernes 27 de noviembre del año en curso.


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