En la búsqueda de más empleo y producción

1 08 2020

Siempre he sido de la opinión que la reactivación de las actividades económicas se podrá dar hasta que sea frenada la expansión del virus o exista una vacuna contra el virus  o, como dicen los virólogos y epidemiólogos, cuando se aplane la curva de contagio. En Nicaragua se han cerrado empresas en forma temporal o definitiva por causa de COVID-19, pero no se han aplicado oficialmente las cuarentenas y las recomendaciones de bloqueos, rastreos y pruebas, aunque la gente comenzó a resguardarse en sus hogares desde finales de abril.

¿Se habrá amortiguado la curva epidémica? Realmente, no lo sé, pero se ha notado desde el 18 de marzo recién pasado que pocas personas tomaron medidas para evitar el contagio o fueron muy formales en practicar las precauciones dadas por los expertos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Por eso, los casos aumentaron aceleradamente en abril y mayo, pero en junio se notó, como una acción individual, una adhesión a las medidas de precaución de parte de la población, que evitó concentraciones masivas, las iglesias se cerraron, se practicó el distanciamiento social, se redujeron las visitas a familiares, amigos y centros de diversión y entretenimiento, y las empresas enviaron a parte de su personal a laborar desde sus casas.

Reemprender el crecimiento económico de Nicaragua, reitero, una vez que se haya aplastado la curva de contagio de COVID-19, es una tarea casi de exclusiva competencia de la política fiscal, pero ésta está muy restringida debido a la restricción del financiamiento externo destinado a la inversión pública, debido a las sanciones financieras internacionales que han  cerrado las llaves para que fluya la  cooperación concesional del Banco Mundial (BM/IDA), Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y Fondo Monetario Internacional (FMI) hacia el presupuesto nacional. Eliminar esa restricción exige la solución del problema político imperante desde abril de 2018, el cual estimo será resuelto por los políticos antes de las elecciones presidenciales del 7 de noviembre de 2021.

Por otro lado, la política monetaria se percibe como muy fatigada y poco efectiva para enfrentar la recesión económica del país, o para propiciar el estímulo económico que anhela la nación. Además, las autoridades del Banco Central de Nicaragua (BCN) siempre se han empecinado en mantener estable sólo al córdoba (con una tasa de inflación baja) y garantizar el normal desenvolvimiento de los pagos internos y externos, pues la ley creadora de la autoridad monetaria no la manda a reducir el desempleo o promover el pleno empleo y la producción.

La política monetaria no está incentivando la economía real, por ejemplo, apoyando la ampliación de la capacidad agroindustrial o el aumento de los rendimientos de la producción agropecuaria, ni la  inversión real, como son la construcción de fábricas y la adquisición de maquinaria y equipo, pero sí está estimulando la inversión financiera. Una política monetaria muy contractiva desacelera el crecimiento o acelera el decrecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) Real, tal como se observa en el escenario de la recesión económica actual causada por COVID-19.

Cabe reconocer que la estabilidad del tipo de cambio y del índice de precios al consumidor ha sido posible por la decisión política de no emitir dinero en forma inorgánica, es decir, no poner a circular córdobas en el mercado sin que tengan el respaldo correspondiente de las reservas internacionales en el BCN. La idea fundamental monetarista es aplastar la inflación al restringir la oferta monetaria, pero esto produce recesión económica y más desempleo, y esta política no será viable cuando el COVID-19 sea dominado.

Además, la posición actual de las reservas internacionales está debilitada porque su saldo bruto al 31 de mayo de 2020 de US$2,728 millones es aún menor en US$259 millones que su  saldo máximo observado el 17 de abril de 2018 de US$2,987 millones. Sin embargo, cabe destacar que la estabilidad macroeconómica no se perdió entre abril de 2018 y marzo de 2019, al darse la fuga de US$1,290 millones de los depósitos en moneda extranjera en la banca comercial, porque las entidades bancarias, para devolver esos depósitos a sus dueños, compraron dólares con córdobas que fueron guardados inmediatamente en las arcas del BCN. Esos dólares que se fugaron aún no han retornado al país.

Una lección que se desprende de lo antes expuesto es que la excesiva dolarización financiera de Nicaragua, en este caso representada por la razón macroeconómica Depósitos en US$/Liquidez Total de la Economía (M3A), igual a 91% en marzo de 2018, fue el talón de Aquiles del sistema bancario comercial en un escenario de crisis política y recesión económica. 

Ahora, el shock de demanda de COVID-19 está haciendo caer las expectativas de inflación y las tasas de interés. Debido a la crisis política interna y la crisis sanitaria mundial en Nicaragua, la inversión se ha desplomado y la gente está ahorrando un poco más, o sea, el consumo de los hogares también ha caído.

Cualquier economista sabe que la gestión del ciclo económico es mejor desempeñada por la política fiscal que por la política monetaria. La pregunta crucial es cómo aumentar el empleo. No hay que temer tanto al aumento del gasto público y a la reducción de los impuestos como tampoco a un mayor déficit fiscal que sea financiado con recursos internos y externos concesionales, pero estos últimos, como ya sabemos, no están disponibles por las razones arriba mencionadas.

Es en este punto en que la política monetaria puede contribuir al futuro crecimiento económico del país con la garantía de la concesionalidad de los recursos internos para financiar el déficit fiscal, mediante la reducción de la tasa de interés interbancaria o monetaria de largo plazo a un nivel que se aproxime al 0%, pero que sea menor que la tasa de crecimiento del PIB Nominal. El BCN se sentiría relegado, porque se limitaría a facilitar el estímulo fiscal del futuro crecimiento económico, o sea, abaratar los préstamos en córdobas sin mantenimiento de valor al sector gubernamental fijando una tasa de interés bastante baja, o compraría Bonos del Tesoro en córdobas sin mantenimiento de valor con una baja tasa de rendimiento, a medida que se acrecienta el déficit fiscal. 

En un entorno de tasa de interés cercana a cero, las autoridades económicas gubernamentales podrían administrar mejor el ciclo económico, pero al dejar de existir la pandemia el gobierno tendrá que disminuir la razón macroeconómica Deuda Pública/PIB por dos razones: (i) la presión inflacionaria volvería a acelerarse y la banca central estaría obligada a subir las tasas de interés y (ii) comenzar a crear el espacio fiscal para enfrentar otra recesión económica provocada por fenómenos económicos o naturales.


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