¿Inflación o deflación en el corto plazo?

26 07 2020

En tiempos del COVID-19, un tiempo de recesión económica mundial y en tiempos de una deprimida demanda interna del país en que cae más la inversión que el consumo, la tasa de inflación interanual de los precios al consumidor en Nicaragua, es decir, el alza de los precios entre junio de 2019 y junio de 2020, recientemente publicada por el Instituto Nacional de Información de Desarrollo (INIDE) -pero que continúa siendo estimada por el Banco Central de Nicaragua (BCN)- fue igual a 3.62%, mientras que la tasa de inflación acumulada en los primeros seis meses del año fue apenas 1.25%, destacándose el hecho de que en los primeros cuatro meses de 2020 no hubo inflación ni deflación, al registrarse 0%.

Siempre en tasas de variación interanual y por grupo de bienes y servicios, la mayor alza de precios se observó en bebidas alcohólicas y tabaco con 6.64%, afectados por la reforma tributaria de febrero de 2019 con un impuesto específico de consumo que aumenta durante tres años consecutivos desde 2019.

Le sigue, en orden de importancia,  las tarifas de alojamiento, agua, electricidad, gas y otros combustibles cuyos precios se elevaron 5.72%, probablemente impulsados principalmente por la electricidad; los precios de los medicamentos y servicios de la salud, dada la creciente demanda de estos productos por la presencia de COVID-19, se incrementaron 4.97%; y los precios de bienes y servicios de la educación con 4.86%, de recreación y cultura con 4.66%, y de restaurantes y hoteles con 4.58%.

Continúan los grupos de alimentos y bebidas no alcohólicas con 4.25%, bienes y servicios diversos con 4.02%, muebles y artículos para el hogar y conservación del hogar con 2.44%, prendas de vestir y calzado con 1.57%, y el servicio de comunicaciones con 1.00%. Sólo el servicio de transporte mostró una caída de precios de 3.37%.

La tasa de inflación del índice de precios al consumidor (IPC), en condiciones normales, es un problema monetario, pero con la presencia de COVID-19  la presión inflacionaria es baja con el riesgo de que se transforme en un problema de deflación por el shock de oferta derivado de la gran recesión mundial, y en el mercado local por el creciente desempleo y subempleo debido al cierre temporal o definitivo de empresas, la reducción de los ingresos de la población y el desplome de la demanda interna. A esto se agrega la incertidumbre, que impulsa el ahorro precautorio por la propagación del virus y la inseguridad de que se pueda aplastar la curva de contagio en el corto plazo.

COVID-19 ha contraído primero la oferta y después la demanda, ha elevado el desempleo y reducido los ingresos de los agentes económicos, los precios de las materias primas se han desplomado, los patrones de consumo han cambiado bastante que parece que los índices inflacionarios ya carecen de sentido, gran parte del gasto se ha esfumado y el ahorro preventivo se ha acelerado; además, la velocidad de circulación del dinero tiende a disminuir porque los agentes económicos se aferran al dinero, y no lo gastan. El impacto sobre los precios parece que no es inflacionario, sino deflacionario. Mientras la demanda agregada (consumo, inversión y exportaciones) se encuentre bastante debilitada, la inflación será baja y las tasas de interés tendrán que disminuir. En el peor de los casos, la inflación será bastante modesta. 

Entre las variables macroeconómicas relacionadas con el IPC y explicativas de la tasa de inflación en Nicaragua, se distinguen las siguientes, según datos oficiales nacionales y de instituciones internacionales.

En los primeros cinco meses del año, la cantidad de dinero (córdobas) que circula en el mercado se ha contraído 4.4%, equivalente a C$1,871 millones, hasta el nivel de C$40,863 millones; el precio del barril de petróleo West Texas Intermediate (WTI) disminuyó de US$59.88 en diciembre de 2019 a US$38.31 en junio de 2020, con un promedio anual esperado de US$33; la proyección de la tasa de inflación importada o la de los países de economía avanzada para 2020, publicada por el Fondo Monetario Internacional (FMI), es 0.414%, inferior a 1.476% registrada en 2019; la tasa de deslizamiento interanual del tipo de cambio oficial del córdoba disminuyó de 5% en noviembre de 2019 a 3% anual en diciembre de 2020; en un rango de 0 a 1, la tasa de inflación inercial, que representa las expectativas inflacionarias de los agentes económicos nicaragüenses, subió de 0.5 en 2018 a 0.54 en 2019; y el salario promedio nacional del mercado formal, en el mejor de los casos permanece estancado desde diciembre de 2018 en el nivel de C$10,893, equivalentes a US$337.60, por ser el último dato publicado por el BCN.

Con la eliminación de los precios de los alimentos y de la energía eléctrica, considerados como muy volátiles en la canasta de bienes y servicios del IPC, se obtiene la tasa de inflación subyacente. En Nicaragua, a junio recién pasado la inflación subyacente fue igual a 2.93% interanual y 1.15% acumulada en el año en curso.

El BCN dejó de publicar (i) la tasa de inflación de los bienes no transables, destinados en gran parte al consumo o al mercado interno -los servicios también son no transables-; (ii) la tasa de inflación de los bienes transables, es decir, de los bienes transados en el comercio exterior, exportados e importados; (iii) la tasa de inflación de los productos administrados o regulados por el Estado, tales como la energía, el agua, la recolección de basura, el gas licuado y el transporte en autobuses urbanos; y (iv) la tasa de inflación de los bienes y servicios de mercado, determinada por la oferta y la demanda de esos productos.

En conclusión, la inflación en el mercado local continuará mostrando una tendencia a la baja por la recesión económica. En la actualidad, los precios al consumidor bajan en vez de subir por el colapso de la oferta, primero, y el colapso de la demanda, después, provocados por COVID-19. La subutilización de la fuerza laboral es alta, y de acuerdo con la reciente reforma de la Ley de Endeudamiento Público, se prevé para 2021  el endeudamiento público interno máximo del Gobierno Central equivalente a US$150 millones, menor que los US$315 millones aprobados para 2020, mientras que el endeudamiento público externo neto (desembolsos menos pago de amortizaciones) se reduce de US$217.7 millones en 2020 a US$161 millones en 2021-; y el Gobierno Central administra un presupuesto con un déficit menor que 1% del producto interno bruto (PIB) desde 2019.

Así, no se observa que en 2021 haya un dominio de la política fiscal sobre la política monetaria, esta última muy contractiva para defender la debilitada posición de las reservas internacionales brutas administradas por el BCN. Por todas estas razones, creo que está presente el riesgo de la deflación.


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