Los espejismos y las trampas en la economía

14 06 2020

Un economista no puede demostrar la variación, ya sea una subida o ya sea una caída, de la producción de bienes y servicios sólo con la mención del comportamiento (sube y baja) del valor agregado de cada una de las actividades económicas, o del comportamiento de los componentes de la demanda interna, diferenciando el sector público y el sector privado, como son los gastos de consumo e inversión, o el de la demanda externa, como es la exportación.

Un economista debe fundamentar el comportamiento del producto interno bruto (PIB) real con los datos de los volúmenes de producción de los principales rubros de bienes y servicios de cada una de las actividades económicas del país, y cómo se distribuye esa producción en la inversión pública y privada en construcción y adquisición de maquinaria y equipo, en el consumo de los hogares y del gobierno, y en los volúmenes de los principales bienes de exportación. A esto se agrega la importación de productos, componente de la oferta global junto al PIB.

Desde febrero de 2019, los nicaragüenses desconocemos los datos mensuales de los volúmenes físicos de producción de bienes y servicios que se reflejan en el nivel del índice mensual de actividad económica (IMAE) y éste ya está publicado hasta marzo de 2020. Además, aún no se publica el informe anual y el anuario estadístico de 2019 del Banco Central de Nicaragua (BCN), que nos ilustraría con la radiografía de la situación macroeconómica del país, por lo cual se desconoce el estado de la balanza de pagos, mejor dicho, el déficit externo y los flujos de las remesas, la cooperación oficial al sector público y al sector privado, la inversión extranjera directa y el pago de la deuda externa. También se desconocen los valores de variables clave del mercado laboral, tales como la población económicamente activa, el empleo formal y los salarios por actividad económica, y la magnitud de la informalidad laboral. Cabe mencionar que el Ministerio de Hacienda y Crédito Público (MHCP) publicó sendos informes trimestrales y el informe anual de la ejecución del presupuesto gubernamental de 2019. 

Con la indisponibilidad de la información arriba señalada, un economista no puede aseverar ante la nación de que el país ya salió de la recesión económica en el primer trimestre de 2020, a la que entró al concluir el tercer trimestre de 2018. Faltan los soportes estadísticos.

También existen otras particularidades de la economía nicaragüense que invitan a señalar de que aún está presente la recesión económica. A continuación, resalto las más importantes.

La economía informal de Nicaragua es muy grande. Aproximadamente el 18% de la población económicamente activa contribuirá a la seguridad social en 2020, por lo cual la informalidad laboral abarca a casi al 80% de la fuerza laboral del país. Cabe recordar que la política crediticia no funciona en el mercado informal. 

Desde hace muchos años, el subempleo ha sido el principal problema estructural del mercado laboral, pero las estadísticas laborales lo incluyen en la categoría de las personas ocupadas, aunque el subempleado trabaje 1 hora diaria. Y por este problema estructural, la productividad de los factores de producción tiende a caer y a estancarse, al observarse que durante el período 2006-2019 la productividad disminuye con un ritmo promedio anual de 1.06%.

Se podría depositar la confianza en el sector informal para que la economía del país se recupere, siempre que se eleve el nivel de escolaridad promedio de la población -estimada en 6.1 años de estudio-, y se implementen programas de educación técnica, transferencia de tecnología, apoyo de una banca estatal de fomento de la producción (que no existe), y reducción de la dependencia de las exportaciones de materias primas -en 2006, las exportaciones agropecuarias, pesqueras, mineras y las manufactureras de carne bovina y azúcar participaron con el 72.4% del valor total de las exportaciones de bienes FOB; en 2018, participaron con el 76.7%-. Estos problemas estructurales pueden resolverse en el largo plazo, no en el corto plazo, para poder concretar efectivamente la confianza del crecimiento económico en el actual sector informal.

Nicaragua, con una baja tasa de ahorro muy cercana al 24% del PIB en 2018, depende de los flujos de recursos externos -remesas, inversión extranjera directa y cooperación oficial (donaciones y préstamos) al sector público y al sector privado, excluyendo las exportaciones-, pero actualmente se observan serias limitaciones por las sanciones financieras internacionales, las salidas de capital debido al creciente riesgo político, y la recesión económica mundial causada por COVID-19. El flujo bruto de dichos recursos externos ha disminuido de 28% del PIB en 2017 a un aproximado (no oficial) de 23% del PIB en 2019 y cae a un estimado (no oficial) de 12% del PIB en 2020, y es equivalente a un tercio del monto de recursos obtenido en 2017. Hasta aquí las observaciones cualitativas.

Entonces, ¿cómo un economista podría afirmar que, en esas condiciones, Nicaragua ya salió de la recesión económica que arrastramos desde septiembre de 2018? Es muy difícil, prefiero decir imposible, afirmarlo en las condiciones antes descritas.

Ahora, una rápida mirada a la información oficial de las tasas de crecimiento interanual de la producción por actividad económica correspondientes al primer trimestre del año en curso. La pesca y acuicultura tiene el mayor crecimiento de 34.1%, pero apenas contribuye con el 0.9% en la formación del PIB, mientras que la agricultura muestra un escaso crecimiento de apenas 1.6% y aporta el 7.6% del PIB. La generación de electricidad cae 13.3%, lo cual es contradictorio con el aumento de 1.8% del PIB, pero se desconoce el dato de consumo de energía eléctrica; transporte y comunicaciones cae 4.5% y, en forma inesperada, el comercio sube 7.2%; y mientras el saldo bruto del crédito del sistema bancario caía interanualmente 4.9% en el primer trimestre de 2020, la producción de servicios financieros se desplomaba 20.2%.

Otra rápida mirada a las tasas de crecimientos de los componentes de la demanda interna en el mismo trimestre. Sorprende y es bastante discutible la caída de inventarios de 3,907.4 millones de córdobas constantes en el primer trimestre de 2020 al compararse con una caída anual de 2,399.4 millones de córdobas constantes en 2019. ¿Por qué no se publicó este dato en el enfoque del gasto del PIB, si se puede obtener al restar el valor de la formación bruta de capital fijo del valor de la formación bruta de capital? ¿Cayeron bruscamente los niveles de inventarios de bienes de consumo intermedio, de capital y de consumo final en manos de las empresas en el primer trimestre del año en curso, con el fin de propiciar un levísimo aumento de 0.5% del gasto de consumo individual de los hogares e instituciones sin fines de lucro al servicio de los hogares, a sabiendas del creciente desempleo y subempleo, la ampliación de la informalidad en el mercado laboral y el congelamiento salarial, excepto el salario mínimo legal?

Un economista que ocupe un alto cargo en la administración pública debe contribuir con sus análisis para que el gobernante tome las mejores decisiones en política económica.


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