¿Y después de COVID-19?

17 05 2020

Abundarán los reclamos y los cuestionamientos sociales, económicos y políticos después de que se logre frenar, controlar y erradicar a COVID-19, lo cual depende, en primera instancia, del cambio en el comportamiento de las personas, para intentar el restablecimiento de la “normalidad” con la reapertura de la economía, mejor dicho, del mercado, más específicamente, de las empresas.

Esos reclamos saltarán a la palestra mundial porque el coronavirus está desnudando las divisiones internas, las desigualdades económicas, las inequidades sociales y las fragilidades políticas.

En nuestro caso, los nicaragüenses reclamarán cómo emerger a un nuevo tipo de “normalidad”, que sea más equitativa y más justa, más cohesionados para garantizar el interés supremo, el interés nacional, el interés de la Nación. Por esta razón, será relevante la reconstrucción de los sistemas de educación y salud, la economía, las instituciones políticas, la dignidad humana y el respeto por la democracia.

Recientemente, se ha conocido públicamente que el Gobierno iniciará, con los partidos políticos legalmente establecidos, las negociaciones de las reformas electorales en julio próximo y el nombramiento de los magistrados del Consejo Supremo Electoral en octubre de este año, lo que puede considerarse como un primer paso para proteger la democracia y asegurar las elecciones libres y justas el 7 de noviembre de 2021.

Por otro lado, en el ámbito socioeconómico se observa un gran déficit de información oficial. Sin información no hay debate sobre las políticas económicas y sociales.

Sin la intención de proponer una estrategia alternativa de desarrollo para Nicaragua -no es el momento ni el lugar-, siempre he considerado la necesidad de discutir el significado, las posibilidades y las implicaciones prácticas de un crecimiento económico pro-pobre en  Nicaragua, sin olvidar el carácter multi-dimensional de la pobreza y sin caer en la trampa de la definición uni-dimensional de la pobreza, por ejemplo, en términos de consumo como lo hace el Banco Mundial.

En Nicaragua se han impulsado tres estrategias de reducción de la pobreza. La primera fue la Estrategia Reforzada de Crecimiento Económico y Reducción de la Pobreza (ERCERP), presentada en la administración del Dr.  Arnoldo Alemán, pero se limitó a una supuesta relación automática entre el crecimiento del producto interno bruto y la reducción del índice de pobreza del país, enmarcada en programas de ajustes económicos y reformas estructurales del Fondo Monetario Internacional que impedían fuertemente las posibilidades de intervención del Estado en favor de un crecimiento acelerado y de base realmente amplia. El índice de pobreza de Nicaragua se redujo de 50.3% en 1993 a 45.8% en 2001.

La segunda estrategia fue el Plan Nacional de Desarrollo (PND), que se transformó en Plan Nacional de Desarrollo Operativo (PNDO), formulados en la administración del Ing. Enrique Bolaños, sobre la base del concepto de competitividad y el desarrollo de ocho conglomerados (o clusters), lo que implicó, por lo menos, una conciencia de que el crecimiento económico que ahí se proponía no es pro-pobre. El índice de pobreza de Nicaragua se elevó a 48.3% en 2005.

La tercera estrategia fue el Plan Nacional de Desarrollo Humano (PNDH), aprobada en la administración del Comandante Daniel Ortega, que mejoró la incidencia del gasto público en la reducción de la pobreza al potenciar la capacidad productiva de los más pobres y rescatar la gratuidad de los servicios de salud y educación. El índice de pobreza de Nicaragua se redujo a 29.6% en 2014.

Se puede afirmar que el PNDH se ha acercado más a los pobres. Las seis encuestas de medición de nivel de vida de la población realizada en Nicaragua durante el período 1993-2014 han tenido el aval técnico del Banco Mundial, pero el coeficiente de Gini de la distribución del ingreso, que muestra el nivel de la inequidad de dicha distribución, apenas ha bajado de 0.54 en 1998 a 0.48 en 2014, de acuerdo con dichas encuestas.

Hay dos interpretaciones principales del concepto de crecimiento económico pro-pobre en la literatura (Rob Vos, 2004). La primera definición dice que es pro-pobre todo crecimiento que sea acompañado por una disminución en valor absoluto de la pobreza, medida de una forma apropiada, o sea, en el que los pobres ganen, en valor absoluto.

La segunda definición dice que es pro-pobre el crecimiento que conlleva cambios en la distribución del ingreso a favor de los pobres, o sea el crecimiento en que los pobres ganan más que lo que ganarían si todos los ingresos crecieran a la misma tasa (con esta definición podríamos también tener “contracción pro-pobre”, en una situación de contracción económica en la que los pobres perdieran menos que el resto de la población).

La primera de las dos definiciones de crecimiento pro-pobre antes mencionadas, junto a un concepto de pobreza absoluta, y por lo tanto con la línea de la pobreza, ha sido la más consistente con la forma en que es tratada la pobreza en las tres estrategias que se han aplicado en Nicaragua.

Una estrategia de crecimiento económico pro pobre en Nicaragua podría tomar en cuenta lo siguiente: aumentar la competitividad empresarial; ampliar la calidad y la cobertura de la educación primaria, secundaria y técnica; transferir tecnología a las micros, pequeñas y medianas empresas; cuidar la productividad y los salarios reales en el mercado interno; formular políticas favorables a la inversión en tecnología; mejorar y ampliar la infraestructura económica; atraer y conectar empresas extranjeras con empresas nicaragüenses; desarrollar la agroindustria; mejorar la calidad de  los empresarios; facilitar el crédito a la micro y pequeña empresa agropecuaria y agroindustrial; garantizar una mayor equidad de la política fiscal; aplicar políticas de redistribución del ingreso; reformar la administración de la justicia; evitar y concluir la solución de los problemas de la propiedad en conflicto; y mejorar la  calidad medioambiental del crecimiento económico. Podrá haber otros temas para un debate.

Es más fácil expresar que lograr un crecimiento económico pro pobre. La primera definición de dicho crecimiento arriba mencionada se concentra exclusivamente en los pobres, pero la segunda definición asegura que cada por ciento de crecimiento del PIB conduce a una mayor reducción de la pobreza en países que tienen una gran desigualdad del ingreso. En Nicaragua, si el PIB crece 1%, el índice de pobreza disminuye 0.6%, sobre la base de una muestra de datos correspondientes al período 1993-2014. Y el crecimiento económico antes de la situación de crisis de hoy aún era insuficiente para reducir el desempleo, el subempleo y la pobreza.

Ojalá que algún día se debata el crecimiento económico pro pobre en Nicaragua.


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