La prioridad de corto plazo es la salud pública

5 04 2020

El mundo está girando alrededor de la interrupción de la actividad económica por el distanciamiento social ordenado por las autoridades gubernamentales de países de economía avanzada y en desarrollo, que ya se ha transmitido a países en vías de crecimiento económico. Fitch Ratings estimó que la economía mundial se contraerá 1.9% en 2020.

Las medidas de contención del COVID-19 han obligado a establecer cuarentenas, restricciones en los desplazamientos de la población y el cierre de lugares públicos. Estas medidas han impactado la oferta por las rupturas en la cadena de suministros y el cierre de empresas, y han generado un impacto en la demanda al contraerse los viajes de negocios y turismo, la fractura de los servicios de educación  y entretenimiento. Todo esto desemboca en el sistema financiero con el cese del crédito, que afecta a las empresas y a las familias.

Al 3 de abril de este año, las noticias sobre la severa recesión económica que ya está cruzando Estados Unidos en el segundo trimestre del año en curso son alarmantes. No olvidemos que el país norteamericano es la primera economía mundial y el principal socio comercial de México, Centroamérica y algunas islas del Mar Caribe. A continuación, les ofrecemos algunas estadísticas disponibles al 4 de abril que revelan la crítica situación socioeconómica estadounidense.

300,617 personas han dado positivo por el virus y al menos 8,164 pacientes con el virus han muerto; 9.92 millones de personas se unieron a las listas de desempleo en las últimas dos semanas de marzo; 701,000 puestos de trabajo fueron destruidos en marzo; la tasa de desempleo saltó del 3.5 % en febrero al 4.4 % en marzo; la Fed dejó las tasas de interés entre el 0% y el 0.25%; el Congreso aprobó un paquete de estímulo de US$2.2 billones el 30 de marzo, y representa el 10% del PIB de Estados Unidos; Standard & Poor’s cree que el Producto Interno Bruto (PIB) estadounidense caerá 2.1% en el primer trimestre del año y 12.7% en el segundo; JPMorgan Chase estima que la economía estadounidense caerá 2.6% en 2020; Fitch Ratings indica el PIB de Estados Unidos se contraerá 3.3% en 2020; el jefe de la Fed de Dallas, Robert Kaplan, afirmó que  la economía ya está en una “severa contracción” y pronosticó que el desempleo podría aumentar a entre un 10% y un 15%; y el presidente Donald Trump dijo que la economía es su “segunda prioridad”, anteponiendo ahora “salvar vidas”.

Como lo señalé en artículos económicos pasados, existen cuatro vías de transmisión del acontecer económico de Estados Unidos sobre la economía de Nicaragua y, por supuesto, de México, el resto de los países centroamericanos y alguna islas del Mar Caribe.

Esas vías de impacto de la recesión económica estadounidense provocada por una recesión atípica -no se puede comparar con la crisis financiera de 2008, porque la ha provocado un virus que ha puesto en grave riesgo la salud pública mundial- son las siguientes:

  • un menor volumen de exportación de materias primas, con menores menores precios y, por lo tanto, un menor valor de las exportaciones nicaragüenses al mercado estadounidense, dada la caída del gasto de consumo de los hogares en Estados Unidos;
  • un menor flujo bruto de inversión extranjera directa de Estados Unidos, ya deteriorado por la crisis política interna imperante desde abril de 2018, dado el creciente riesgo-país ya espoleado por el riesgo político en el mercado nicaragüense y al cual se adicionan los nuevos riesgos económicos y financieros generados por la pandemia en la economía mundial;
  • un menor flujo de remesas que recibirán las familias nicaragüenses, resultante de la destrucción de puestos de trabajo y de la subida abrupta de la tasa de desempleo en el mercado laboral estadounidense; y
  • un menor ingreso de dólares en concepto de turismo, dado el distanciamiento social requerido para frenar la propagación del COVID-19.

De acuerdo con información oficial, el coronavirus se presentó en Nicaragua el miércoles 18 de marzo de 2020, en un momento económico que se caracterizaba por una continua recesión económica observada en el tercer trimestre de 2018, una balanza de pagos favorable debido al desplome de las importaciones, condiciones financieras muy restrictivas a la par de una política monetaria muy contractiva, un presupuesto gubernamental casi equilibrado al mostrar un déficit muy cercano al 0% del PIB, y una estabilidad del tipo de cambio acompañada de expectativas inflacionarias declinantes y “congeladas” por el desplome del precio internacional del petróleo y de los precios de los “commodities” o materias primas.

Históricamente, el PIB Real (o en precios constantes) de Nicaragua siempre ha mostrado una elasticidad casi unitaria con respecto al PIB Real de Estados Unidos. Si el volumen de producción de bienes y servicios estadounidense cae (o sube) un 1%, el volumen de producción de bienes y servicios nicaragüense cae (o sube) 0.97%. Adicionalmente, se tendría que tomar en cuenta la intensidad de la recesión económica que arrastramos desde 2018 y cuya previsión es que se mantenga en 2020. En esta forma, la caída del PIB de Nicaragua se aproximaría a 5% en este año, siempre que el PIB de Estados Unidos experimente una caída anual de entre 3% y 4% en 2020. 

Lo prioritario, reitero, es frenar la propagación del virus, lo cual está en manos de los virólogos, y luego restablecer la producción de las actividades económicas, que equivale a restaurar la confianza entre los empresarios y los trabajadores, o sea, con los consumidores, de que es seguro volver a las empresas.

Ojalá que la actividad económica del país se reanude en el segundo semestre del año en curso, pero se requiere de una excelente disciplina de la población, especialmente en el acatamiento de las disposiciones de los expertos en pandemias, con el respaldo gubernamental, para frenar el avance del virus.

Las economías no son aparatos que se apagan (presionando “off”) y se encienden (presionando “on”). Hemos visto que las empresas se han paralizado en los países de economía avanzada, pero también se comienza a observar en nuestra economía con el cierre de empresas de minería metálica, régimen de zona franca, hoteles, restaurantes, transporte internacional de pasajeros y servicios personales. Volver a prender la economía será muy difícil.

Saldremos pronto de esta crisis de salud pública con más unidad, no solos, pero con la condicionalidad de obedecer la prescripción de nuestro comportamiento dictada por los expertos en pandemia. En estos momentos, la condicionalidad de la estabilidad macroeconómica queda a un lado y, sin duda alguna, la política fiscal debería concentrarse en proteger la vida y el bienestar de los nicaragüenses.


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