¿Podemos evitar un mayor impacto del COVID-19?

22 03 2020

Ningún economista nicaragüense ha experimentado la presencia simultánea de dos crisis muy particulares: una interna, de origen político, desde el 19 de abril de 2018; otra externa, de origen viral, desde el 31 de diciembre de 2019.

Los nicaragüenses nos encaminamos a una profundización de la recesión económica que arrastramos desde el tercer trimestre de 2018, ahora potenciada por la pandemia del COVID-19.

Es prematuro prever el fondo hasta donde caerá la economía y en cuánto tiempo volverá a subir. En el largo plazo, el daño económico del COVID-19 estará determinado por lo que ocurre en el frente médico y por el deterioro de la confianza del consumidor.

Los datos económicos mundiales tenderán a ser malos e irreconocibles en los próximos dos trimestres de este año. La recesión económica mundial ya está a la vista, y será la primera recesión del mundo que comienza en la Actividad de Servicios.

En ese escenario económico internacional, la disputa entre Arabia Saudí y Rusia ha inundado de petróleo crudo al mercado mundial y ha deprimido el precio del barril de crudo, pero ha beneficiado a los países que no producen petróleo como Nicaragua. Los países productores de crudo son los que se han perjudicado con esa guerra de precios.

Las microempresas y las pequeñas empresas, que integran el 80% del cuerpo empresarial del país, estarán más afectadas que las medianas y grandes empresas, porque no tienen acceso al crédito, pero hay una razón más poderosa que la falta de crédito, que ya es caro y escaso.

Esa razón es que las microempresas, que tienen 10 o menos trabajadores, son las que están más expuestas al riesgo de la recesión económica fortalecida, incluso se enfrentarán al riesgo de cerrar, porque el Banco Central de Nicaragua (BCN) no tiene el mandato de asegurar el pleno empleo y su tarea siempre se ha limitado a mantener una política monetaria muy contractiva, o sea, contraer la liquidez para asegurar la estabilidad del tipo de cambio, que se devalúa 3% anual, y de la tasa de inflación, que ya es muy baja y tenderá a bajar más, incluso podría ser una deflación, o caída de precios, por la recesión económica mundial.

El desempleo y el subempleo caerá más que el producto interno bruto (PIB), porque la recesión económica mundial debida al COVID-19 está surgiendo de la Actividad de Servicios, no de la de producción de bienes. Entre las actividades menos afectadas en este ambiente recesivo, se podrán observar las de alimentos, productos farmacéuticos, los productos químicos, las telecomunicaciones, la minería y la informática.

La economía nicaragüense está dominada por la Actividad de Servicios, que genera el 57% del PIB; entre los servicios se destacan el comercio, los hoteles y los restaurantes, que producen el 25% del total de los servicios y contribuyen con el 15% en la formación del PIB del país, pero serán los más afectados por el shock de oferta provocado por el problema sanitario mundial.

Aproximadamente, el 80% de la actividad económica de Nicaragua se deriva del gasto de los consumidores y, al menos, el 60% de ese gasto está en alto riesgo, que es igual al porcentaje de las familias que con todos sus ingresos no puede adquirir los 53 productos de la canasta de consumo básico. ¿Qué hará el Estado para atender a estos nicaragüenses?

Una vez que se contenga la pandemia y comience a mostrar su declive hasta “aplanarse”, aparecerá el shock de demanda resultante de la insuficiencia de ingresos de los agentes económicos, debido al cierre de microempresas y pequeñas empresas y a la reducción de los planes de producción de la medianas y grandes empresas.  

El presupuesto gubernamental no cuenta con los recursos para atender a las familias de los desempleados. Como es de esperarse, las autoridades gubernamentales presentarán solicitudes de ayuda humanitaria a la comunidad internacional, principalmente a los organismos multilaterales que integran la Organización de las Naciones Unidas (ONU), tales como la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Fondo de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), así como a los organismos multilaterales financieros, tales como el Banco Mundial (BM/IDA) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Recientemente, el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE) anunció la donación de 1 millón de dólares a cada país miembro del Sistema de Integración Centroamericana (SICA) por la emergencia sanitaria en la región.

El impacto macroeconómico del COVID-2019 en Nicaragua dependerá del tamaño de su diseminación y del número de sus víctimas mortales; en otras palabras, dependerá de la duración y la gravedad de la pandemia, pero surgen más incertidumbres al respecto: ¿Será el virus recurrente en el futuro? ¿Se modificará la conducta de los consumidores? ¿Cambiará la sicología? ¿Resurgirá la confianza de la población rápidamente?

Refiriéndose a la crisis económica mundial derivada del coronavirus, el profesor Joseph E. Stiglitz, economista ganador del Premio Nobel 2001, dijo que “En muchos sentidos, es mucho peor que 2008”, “Hubo la sensación de que 2008 fue un espectáculo que habíamos visto antes: el pánico de 1907, la Gran Depresión. Sabemos de crisis financieras. Sabíamos que era solo dinero, y que de una forma u otra el gobierno intervendría y salvaría a los banqueros de su locura ”.

Esta vez, agregó Stiglitz, “la causa de la emergencia no son los banqueros y sus creaciones exóticas y peligrosas, sino la esfera natural, un reino menos predecible. La amenaza fundamental para la economía global es la propagación del coronavirus”. Pero la contención de la propagación del virus está empeorando el dolor económico al mantener a los trabajadores en casa, limitar los viajes, interrumpir el comercio, cerrar los restaurantes.

Finalmente, reitero que los economistas no podemos eliminar la amenaza básica para la economía mundial o, en nuestro caso, para la economía nacional. Primero se debe eliminar el shock de oferta, que sólo los virólogos están en capacidad de hacerlo, es decir, contener la pandemia, pero esto implica empeorar el estrecho económico en el corto plazo. En estos momentos, un crédito más barato no devuelve a los trabajadores a las fábricas ni a los compradores a los centros comerciales, ni a los inversionistas a expandir su empresa, siempre y cuando el virus sea una amenaza.

Una vez contenida la pandemia, los economistas podrán entrar a resolver el shock de demanda, es decir, cómo elevar el gasto de consumo, el gasto de inversión y las exportaciones, tanto del sector privado como del sector público. ¿Cuándo?

Si en la década de los ochenta del siglo pasado el presupuesto gubernamental de Nicaragua estuvo al servicio de la defensa militar de la nación, ¿será posible que en esta década de los veinte del siglo actual esté al servicio de la defensa de la salud de los nicaragüenses?


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