La vía para reemprender el crecimiento económico en el corto plazo

10 11 2019

Muy difícil será poder observar un crecimiento económico positivo en Nicaragua en el año de 2020. ¿Por qué?

La política monetaria, al ser tremendamente contractiva, no facilita el aumento de la producción de bienes y servicios, porque el Banco Central de Nicaragua (BCN) sólo se preocupa de la estabilidad del tipo de cambio y del índice de precios al consumidor, o sea, procura mantener estable tanto la tasa de devaluación anual, que la ha disminuido recientemente de 5% a 3%, como la tasa de inflación de precios al consumidor, que en términos interanuales sería 3% si excluyéramos la aceleración inflacionaria que provocó la reforma tributaria, la cual no logrará su objetivo recaudatorio porque fue aplicada en un momento de recesión económica prolongada.

La política fiscal también es muy contractiva. El total del gasto presupuestario gubernamental en millones de córdobas permanece congelado en 2018 y 2019 y en esa forma también se mantiene el contemplado en el Proyecto del Presupuesto General de la República (PGR) 2020, con la esperanza de que la presión tributaria aumente 3 puntos porcentuales del Producto Interno Bruto (PIB) en 2019 y el propósito de mantener un déficit fiscal antes del registro de las donaciones externas bastante cercano al 0% del PIB en 2019-2020.  Este resultado parece desconocer que la reforma tributaria fue procíclica, es decir, que aceleró la tasa de caída del PIB que ya se encontraba en recesión: no es un éxito macroeconómico el pretender alcanzar un presupuesto nacional equilibrado en tiempos de crisis.

La recesión económica persiste por los altos niveles de incertidumbre de los agentes económicos, consumidores, empresarios y Gobierno. Es obvio que la estabilidad macroeconómica con recesión económica no es deseable, pero ¿qué se podría hacer para salir de ese escenario, a sabiendas de que la producción de bienes y servicios no va a reaccionar si no se logra observar el síntoma de un leve crecimiento de la demanda interna de productos finales, o sea, de consumo y de inversión? No hay ningún riesgo de equivocación al afirmarse de que la demanda interna se ha debilitado, se ha deprimido.

Es muy improbable que el gasto de consumo de las familias se reactive en el corto plazo debido al creciente desempleo y subempleo, por un lado, y por el congelamiento salarial que se arrastra desde octubre de 2018, por otro lado. Como señalé el año pasado, la demanda de dinero es exclusivamente precautoria en la crisis actual: la población limita su gasto de consumo a la adquisición de alimentos básicos, medicamentos, combustibles (gasolinas, diesel y gas propano) y servicios públicos (transporte, energía eléctrica, agua potable y telecomunicaciones). Por consiguiente, si no se logra la solución del problema político, las industrias que concentran su producción en otros bienes y servicios de consumo final observarán, en el mejor de los casos, un estancamiento productivo y, en el peor de los casos, una caída de su oferta de productos o el cierre de la empresa. Descarto, pues, la posibilidad de que el gasto de consumo de las familias sea una vía para reactivar el crecimiento económico del país en el corto plazo.

Afectado por el clima político actual, el gasto de inversión privada tampoco se visualiza como una vía para reactivar el crecimiento económico de Nicaragua en 2020. La desconfianza empresarial existente es muy compleja; la falta de información económica oficial, y la disponible, escasa con rezagos de 1 mes (la monetaria), de 3 meses (la fiscal y la de balanza de pagos), de 6 meses (la de comercio exterior) y de 9 meses (la del mercado laboral), impiden la planificación de la inversión y de la producción; los prejuicios personales sustituyen los conocimientos de mercado; y el flujo neto de inversión extranjera directa (entradas menos salidas de capitales) se tornó negativo en este año. Por consiguiente, también descarto la inversión privada, doméstica y extranjera, como una vía para reactivar la demanda interna y, por ende, la producción de bienes y serviciosen el corto plazo.

Ahora, sólo falta referirme al gasto público, o sea, el consumo y la inversión del sector pùblico, por lo cual volvemos a ver el proyecto del PGR 2020. Según las proyecciones gubernamentales, en porcentajes del PIB el gasto de consumo público aumenta de 14.3% en 2018 a 15.1% en 2019 y disminuye a 14.9% en 2020, pero el gasto de inversión pública disminuye continuamente de 5.2% en 2018 a 4.2% en 2019 y a 4.0% en 2020.

Para generar empleos e ingresos es preferible el aumento del gasto de inversión pública por su efecto multiplicador en la economía, pero esta inversión es declinante no obstante las autoridades gubernamentales han contratado importantes préstamos para ampliar la red vial pavimentada y adoquinada, y los servicios de agua potable y alcantarillado sanitario -recientemente, la Asamblea Nacional aprobó dos préstamos, que suman US$585 millones, facilitados por el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE) y destinados a esas obras de infraestructura economica-.

La economía de Nicaragua necesita urgentemente de estímulos para no continuar cayendo en el mediano plazo. Los economistas gubernamentales dejaron de ser keynesianos y se han vuelto monetaristas, porque le temen al déficit del sector público, postergándose así el posible inicio, aunque lento, de la reactivación de la demanda interna por la única vía que observo posible, es decir, la vía de la inversión pública. El gran problema económico nacional actual justifica una efectiva intervención gubernamental: dinamizar la inversión pública para reiniciar la búsqueda del crecimiento económico y evitar un mayor desquebrajamiento de la economía. ¿O acaso las autoridades gubernamentales esperan activar el ciclo político-económico hasta el año de 2021?

Paralelamente, en el plano político considero que también es urgente reemprender el Diálogo Nacional, pero también observo que es muy difícil de lograrse. El tiempo avanza y el acuerdo de la anticipación de las elecciones nacionales del 7 de noviembre de 2021 ha perdido vigor; los políticos opositores, tanto fogueados como novicios, continúan divididos, mejor dicho fragmentados, y el gobierno no muestra interés de solucionar el problema político de forma negociada.  

En lo que nunca estaré de acuerdo es que la economía se destruya para que se mantenga o se alcance el poder político.


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