Hay que revisar los supuestos macroeconómicos del Presupuesto de la República 2020

20 10 2019

Al leer los principales supuestos macroeconómicos de la propuesta del Presupuesto General de la República de 2020, me sorprendió el dato de la tasa de crecimiento del producto interno bruto (PIB) real de 0.5% proyectada para 2020, antecedido por una tasa de caída de apenas 3.5% en 2019, la cual considero que será mayor.

Recientemente, el presidente del Banco Central de Nicaragua (BCN), Ovidio Reyes, dijo en una entrevista televisiva que en 2020 “el país debe sentar las bases de su recuperación económica, claro, si nada en el contexto internacional o en el mismo contexto nacional lo perturba. O sea, si todo continúa como está, el 2020 va a ser un año en que se debería generar toda una expectativa para volver a la dinámica del trabajo”.

Esa premisa macroeconómica no es realista y sobre ella se ha fundamentado la propuesta del Presupuesto de la República del próximo año, porque desde el lado interno la situación en que se encuentra el país desde el segundo trimestre del año pasado demuestra que persiste la desconfianza de los consumidores, empresarios y gobierno, mientras que desde el lado externo ya existen sanciones financieras y acechan nuevos riesgos en el corto plazo. No se puede imponer el restablecimiento del crecimiento económico por deseos personales o por decretos institucionales, pero tampoco se podrá resolver el problema nacional con la destrucción de la economía, como algunos nicaragüenses la desean y la piden.

La probabilidad de que la economía nicaragüense continuará cayendo en 2020, con o sin diálogo nacional, es bastante alta.

El esfuerzo exportador nacional, que se concreta entre noviembre y junio debido al ciclo agrícola, que es la base fundamental de la economía nacional, está tremendamente impactado por la incertidumbre y la falta de crédito y de acceso a los insumos, de tal forma que se espera una fuerte contracción, aproximadamente de 6%, del volumen de bienes exportados, principalmente en los rubros de café, carne bovina y maní.

El volumen de consumo de bienes y servicios adquirido por las familias continuará disminuyendo, porque en 2019 el poder adquisitivo del salario se deteriorará casi 7%, en 2020 no se espera un aumento significativo del precio del trabajo y desde 2018 han crecido el desempleo y el subempleo , mientras que el flujo de las remesas familiares aumentará aproximadamente sólo US$100 millones en 2020, similar a su aumento en 2019, hasta el nivel US$1,706 millones.  

El valor en precios corrientes del consumo de bienes y servicios del gobierno, según la propuesta presupuestaria para el próximo año, permanece prácticamente estancado, es decir, con una variación relativa muy cercana a 0%, y tomando en cuenta el otro supuesto macroeconómico de una tasa de inflación promedio anual de 5.4%, que podría ser más baja por la presencia de una demanda agregada deprimida, el gasto de consumo real del sector gubernamental se estima que caerá a un nivel muy cercano de 5%.

Desestimulada por la incertidumbre política y económica, el gasto de la inversión fija real del sector privado, o sea, construcción y adquisición de maquinaria y equipo, tiende a disminuir por quinto año consecutivo en 2020, a un ritmo de 5%, sin lograr revertir el desplome del flujo bruto de inversión extranjera directa desde el máximo histórico de US$1,510 millones en 2017.

Por su parte, el gasto de capital en la propuesta del presupuesto gubernamental para 2020 disminuye 1.2% en precios corrientes, por lo que se puede concluir que se registrará otra reducción de la inversión pública real, es decir, valorada en precios constantes de 2006, año base de las cuentas nacionales del país.

Por lo tanto, se prevé que todas las variables de la demanda agregada real del país continuarán cayendo en 2020.

El problema macroeconómico es cómo elevar el nivel de la demanda agregada, o sea, cómo elevar: los volúmenes de bienes de consumo de las familias; de inversión privada en construcción, maquinaria e inventarios; de exportaciones; y, en cambio, las autoridades gubernamentales están previendo otra caída anual del volumen de consumo e inversión en el Presupuesto de la República del próximo año, en vez de aumentar el gasto público por la vía de la inversión. Una vez lograda la solución del problema político, que promueva la confianza entre los agentes económicos, sólo con la política macroeconómica apropiada se logrará incrementar la demanda agregada, la cual conducirá al aumento de la producción y del ingreso.  

El aumento de la demanda agregada no se logra con el aumento de las tasas tributarias y de la tasas de interés, dos crasos errores de política macroeconómica observados en 2018 y 2019. Para aumentar, por ejemplo, la demanda interna, es decir, los gastos de consumo e inversión, hay que disminuir la presión tributaria y el costo del dinero.

El presidente del BCN hizo un llamado al sistema financiero nacional “a buscar donde realizar inversiones y movilizar el crédito” por “la recuperación de los depósitos” y “de hecho, tienen que volver al negocio para generar rentas”. Parece que el colega Ovidio Reyes olvidó que, en la actualidad, la cartera crediticia en riesgo es mayor del 10% de la cartera total y que las entidades financieras seleccionan a los prestatarios que cumplen muy bien sus compromisos financieros y, además, también facilitan crédito a las actividades productivas que muestran buenas señales de recuperación económica o desempeño productivo, independientemente del aumento de los depósitos del público no bancario.

Pero, ¿han aumentado los depósitos en el sistema financiero nacional? De acuerdo con cifras de la Superintendencia de Bancos y de Otras Instituciones Financieras (SIBOIF), en el transcurso del año el saldo de los depósitos en moneda nacional se incrementó apenas 2.4%, al pasar de C$31,902.2 millones en diciembre de 2018 a C$32,659.6 millones en septiembre de 2019; por otro lado, el saldo de los depósitos en moneda extranjera se redujo 14.4%, al pasar de US$2,954.9 millones a US$2,562.9 millones en el mismo orden respectivamente. Además, con respecto a marzo de 2018, en septiembre recién pasado los depósitos en ambas monedas habían caído 27.6% y 36.7% en el mismo orden.

Aunque se garantice la estabilidad macroeconómica, en estas circunstancias no se puede concentrar la esperanza de un mayor crecimiento económico exclusivamente en el crédito de las entidades financieras a los productores y consumidores.


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