Evitemos la alarma y la complacencia macroeconómica

29 09 2019

Si me preguntaran cuándo terminará la recesión en que se encuentra la economía del país desde el tercer trimestre de 2018, contestaría “no sé”. Es muy arriesgado poner una fecha para que se dé un estancamiento o un levísimo aumento de la producción, porque el desempeño productivo se activará cuando se revierta la curva de caída de la confianza o la curva creciente de la desconfianza de consumidores, productores y gobierno, o sea, cuando la nación revierta su actual conducta precautoria. Para lograr esa reversión, como siempre lo he reiterado, es necesario un diálogo nacional.

Al referirnos a la recesión debemos evitar la alarma para impedir que se acelere la tasa de caída de la producción, pero también debemos evitar el triunfalismo o la complacencia por no reconocer la necesidad del diálogo nacional para iniciar la solución del problema económico. Es muy difícil que la economía nicaragüense vuelva a crecer en el corto plazo sobre la base de las micro y pequeñas empresas, como pregonan ciertos colegas, entre ellos algunos responsables de la política macroeconómica, porque ese sector empresarial, que representa alrededor del 80% del total de empresas radicadas en el país, está muy afectado por el mercado informal al no contar con registros contables sencillos y al acoger una elevada proporción de personas subempleadas que se aceleró con la destrucción de puestos de trabajo formales desde abril de 2018.

El lenguaje de la economía son los números y los gráficos, pero aún con la ausencia de una gran parte de datos oficiales de la producción, el mercado laboral y las transacciones económicas, comerciales y financieras del país con el resto del mundo, a lo cual se agregan los datos rezagados del presupuesto gubernamental y del mercado monetario y cambiario, se puede afirmar que la economía continúa postrada porque:

  • los volúmenes de producción de las actividades de la agricultura, la construcción, el comercio, los hoteles y restaurantes, y la intermediación financiera están deteriorados;
  • las tasas de desempleo, tanto abierto como equivalente resultante del subempleo, son altas;
  • los salarios están congelados;
  • los gastos de consumo e inversión continúan en picada;
  • las reservas internacionales administradas por la banca central, aunque han disminuido, mantienen la estabilidad macroeconómica, pero su posición es muy frágil;
  • y el déficit fiscal se aproxima a su límite tolerable, equivalente a 3% del producto interno bruto.

Tenemos que reconocer que las autoridades gubernamentales no han recurrido a la emisión inorgánica de dinero, o sea, no se han emitido córdobas sin el respaldo de las reservas internacionales para financiar los desequilibrios financieros internos. Sin embargo, habría que evitar la jactancia de que se observa un superávit en la cuenta corriente de la balanza de pagos, que se explica con el desplome de las importaciones, el estancamiento de las exportaciones y el aumento de las remesas, y de que la tasa de inflación es baja, aunque se haya acelerado con la fallida reforma tributaria, porque la demanda interna de bienes y servicios finales se ha desplomado por la incertidumbre.

En este escenario económico, los servidores públicos encargados de la política macroeconómica, deberían implementar la reflación, que es una combinación de recesión con inflación; en otras palabras, con los instrumentos de la política fiscal y la política monetaria, las autoridades económicas deben impulsar la demanda interna, o sea, el consumo y la inversión, para salir de la recesión y evitar la deflación o la caída de los precios al consumidor. No hay que olvidar de que el peligro de la deflación es que las empresas obtienen menores ingresos y frenan la creación de empleo.

Ese impulso deseado se puede dar con una disminución de los impuestos, pero el 28 de febrero de este año se dio el aumento de tasas tributarias y de tasas de retención del impuesto sobre la renta, así como la eliminación de exoneraciones del impuesto al valor agregado a las importaciones de materias primas y maquinarias del sector agropecuario, que redujeron más la alicaída demanda interna de bienes y servicios finales; también, por esta vía se puede aumentar el gasto público, el de inversión mas no el de consumo, pero la cartera de proyectos inversión pública está expuesta a fuertes restricciones de financiamiento externo multilateral.

Ese mismo impulso se puede dar también con la disminución de la tasa de interés y con el  aumento controlado de la base monetaria para evitar una inflación galopante. Sin embargo, la banca central ya no puede colocar Letras con plazos mayores de una semana debido a la incertidumbre, por lo cual comenzó a colocar Letras con plazo de un día que han observado una tasa de rendimiento casi cuadriplicada y montos colocados reducidos casi a la mitad entre junio de 2018 y julio de 2019; además, el 24 de agosto de 2019 la autoridad monetaria emitió un nuevo título valor, denominado Título de Inversión, que elevó la tasa de rendimiento en el corto plazo y provocó alzas de las tasas de interés del sistema financiero nacional ya aceleradas por el creciente índice de riesgo-país. Adicionalmente, la banca central disminuyó en dos puntos porcentuales, de 15% a 13%, la tasa de encaje legal semanal sobre los depósitos en córdobas en un momento en que la tasa de encaje efectiva, casi 20%, era superior a la legal, pero, en vez de proveer liquidez para financiar el capital de trabajo de las empresas, facilitó el financiamiento del déficit fiscal a través de la adquisición de Bonos de la República que también ofrecieron mayores tasas de rendimientos a plazos de cinco y seis años.

Las acciones fiscales y monetarias en un escenario de recesión deben contribuir a generar una mayor demanda de bienes y servicios finales de parte de los agentes económicos y, consecuentemente, a promover el crecimiento económico y evitar la deflación, porque la mayor demanda provoca inflación, con lo cual se busca la expansión del ciclo económico.

Sin embargo, desde el año pasado las autoridades económicas del país han implementado políticas monetarias y fiscales contradictorias con la teoría y la práctica macroeconómica en un escenario de recesión económica, porque no están aumentando los puestos de trabajo, principalmente en el sector formal de la economía, y peor aún si el crecimiento de la producción no es estable ni sostenible a largo plazo. Para lograr esto, continúo creyendo que es necesario reemprender el Diálogo Nacional.


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