La oferta y la demanda de bienes y servicios en 2019

22 09 2019

La más reciente evaluación de la economía de Nicaragua en 2019 realizada por Consultores Para el Desarrollo Empresarial (COPADES) señala una severa caída de 8.7% del producto interno bruto (PIB), la cual hace que el ingreso per cápita promedio anual de los nicaragüenses retroceda hasta el nivel observado en 2013 al registrar un valor preliminar de US$1,824.

Las actividades económicas primarias -agropecuario, pesca y silvicultura- reducen su producción en 6% debido a que el ciclo agrícola 2018/2019 estuvo muy afectado por la falta de acceso de los productores al crédito y los insumos en la crisis de abril de 2018, mientras que el ciclo 2019/2020 fue golpeada por la reforma de la Ley de Concertación Tributaria que entró en vigor el 28 de febrero de este año y elevó sus costos de producción, a lo cual se agrega la poca lluvia que afectó a la “siembra de primera” de arroz, frijol y maíz, porque no hubo siembra de sorgo.

Las actividades económicas secundarias -industria manufacturera, construcción y minería- disminuyen su producción en 20%. Esta caída se explica con (i) el dramático desplome de la construcción, tanto privada como pública, debido a la incertidumbre política-económica del sector empresarial y al lento desembolso del financiamiento multilateral de los proyectos de inversión pública, muy probablemente relacionado con las sanciones de la NICA Act; (ii) otra fuerte caída de la producción manufacturera resultante, en gran parte, del procesamiento de un menor volumen de productos agropecuarios y de materias primas para la construcción; y (iii) un crecimiento de la minería basado principalmente en la extracción de minerales metálicos, oro y  plata.

Las actividades económicas terciarias, o de servicios, observan un deterioro de 8% en su desempeño productivo. Las principales caídas se observan, en orden de importancia, en comercio, hoteles y restaurantes, intermediación financiera, energía eléctrica y agua potable, y otros servicios comunales y personales.

El PIB en precios corrientes y valorado en dólares estadounidenses  tiende a caer US$2,702 millones con respecto al registrado en 2017 según COPADES, de los cuales US$726 millones corresponden al año de 2018, según dato preliminar del Banco Central de Nicaragua (BCN). Cabe señalar que, de acuerdo con datos oficiales, entre abril de 2018 y mayo de 2019 se han destruido 156,095 puestos de trabajo en el sector formal de la economía y, de acuerdo con COPADES, el saldo de la cartera de crédito del sistema financiero nacional destinado a productores y consumidores tiende a disminuir 4 puntos porcentuales del PIB, al pasar de 40% en 2017 a 36% en 2019, y este último es igual al registrado en 2015.

Excluyendo el valor de las exportaciones netas, o sea, exportaciones menos importaciones de bienes y servicios no atribuibles a factores de producción, cabe destacar que el ingreso neto de recursos externos previsto por COPADES para este año de 2019 es US$766, mientras que en el más reciente año económico “normal”, 2017, el monto neto registrado fue US$2,772 millones. El flujo neto de la inversión extranjera directa, o sea, ingreso menos salida de capitales, por primera vez es negativo en 2019.

La segunda caída anual en forma consecutiva de la producción, que implica la persistencia de la recesión económica durante cinco trimestres consecutivos, está impactando fuertemente a la demanda interna de bienes y servicios, es decir, a los gastos de consumo de bienes finales e inversión que muestra una disminución de 15%.

La inversión es la que sufre la mayor caída, que es del orden de 24%, bastante cercana a la caída que observó en 2018. La economía del país volverá a crecer con el futuro ritmo inversionista, doméstico y extranjero, mas no por la vía del consumo como pregonan ciertos colegas. Las crisis políticas reducen el gasto de inversión privada y, consecuentemente, la producción y la importación de maquinaria y equipo, así como la construcción de edificaciones industriales, porque los empresarios no se exponen a pérdidas de capital aún con una estabilidad macroeconómica mantenida con reducciones progresivas de la oferta de dinero, lo que he llamado la “escasez” de córdobas que acelera la tasa de caída económica.

El consumo se desploma 13% y afecta principalmente a las familias, que reducen en dos dígitos porcentuales su volumen de bienes de consumo, principalmente por su demanda precautoria de bienes esenciales, como es la adquisición de alimentos, medicamentos, energía y agua potable, combustibles y comunicación por la vía de los teléfonos móviles. Las crisis políticas reducen el gasto de consumo y, consecuentemente, la producción y la importación de bienes de consumo, porque las familias ahorran para afrontar momentos más críticos. Además, los salarios, no sólo el mínimo legal, pero excepto los pagados en el régimen de zona franca, han perdido poder adquisitivo al permanecer congelados en 2019, mientras que la tasa de inflación acumulada en el período enero-julio del año en curso es 4.1%.

Por otro lado, el consumo público, es decir, el pago de las remuneraciones a los servidores públicos y la compra de bienes y servicios de consumo final para que burocracia estatal funcione, cae con un dígito porcentual, aunque el ahorro o balance en cuenta corriente del presupuesto del Gobierno Central tiende a disminuir, en porcentajes del PIB, de 3.3% en 2017 a 1.4% en 2019.

Finalmente, la demanda externa, o sea, el volumen de las exportaciones de bienes y servicios, muestra un estancamiento en 2019 con respecto al nivel registrada en 2018, no obstante disminuyen los volúmenes de exportación de azúcar, carne de ganado bovino, maní, frijol y, muy probablemente, café.

La oferta externa, o sea, el volumen de las importaciones de bienes y servicios, tiende  a mostrar una caída de 15%, muy cercana a la disminución que se observó en 2018, debido a las caídas progresivas de los gastos de consumo e inversión, y, por ende, de la producción interna.     

En conclusión, siempre observamos un exceso de demanda interna (consumo e inversión) sobre la producción interna (PIB). En 2017, dicho exceso era igual a 26%, bajó a 19% en 2018 y vuelve a mostrar una tendencia a la baja en 2019 al registrar el nivel de 10%. El 10% del PIB nominal valorado en dólares es igual a US$1,177 millones, pero el monto neto de recursos provenientes del resto del mundo (neto de amortizaciones de la deuda externa y de salida de capitales) es apenas de US$766 millones.

Por lo tanto, como suele suceder, siempre estará presente la estrategia de reducir importaciones mediante la contracción de la oferta de dinero o medio circulante y, así, proteger la posición debilitada de las reservas internacionales. La reducción del saldo de dinero (en córdobas) dependerá de posibles alzas de la tasa de encaje legal o de la tasa de encaje efectiva sobre los depósitos en moneda nacional y/o la colocación de títulos valores del BCN con plazos de un día, pero con mayores tasa de rendimientos, tal como se observó recientemente en la emisión de Bonos de la República de Nicaragua con plazos de 5 y 6 años de plazo. Continúan, pues, las operaciones aritméticas para garantizar la estabilidad del tipo de cambio y del índice de precios al consumidor, pero con el costo de continuar acelerando la tasa de caída del PIB.

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