La política macroeconómica y el Diálogo Nacional

17 09 2019

Debido a la robusta desconfianza entre los agentes económicos del país, es decir, entre el Gobierno, los consumidores y los productores, que se desprende de la crisis política de abril del año pasado, no se pueden resolver los agobiantes problemas económicos que impiden acercarnos al plano positivo del crecimiento económico, entre los cuales se distingue rápidamente el desplome de la demanda interna de bienes y servicios caracterizado por una inversión pública con riesgos de financiamiento externo, una inversión privada reducida grandemente y un consumo de las familias deteriorado por el desempleo y el subempleo, aunque persiste un leve crecimiento del consumo público. Reitero que es necesario reactivar el Diálogo Nacional, a pesar de que con o sin diálogo la economía de Nicaragua volverá a caer en 2020, pero sería peor si no hubiese una búsqueda de acuerdos entre los nicaragüenses.

La fuga de los depósitos en moneda extranjera ha sido el talón de Aquiles del sistema financiero desde abril del año pasado. El BCN emite córdobas, pero nuestra moneda, de acuerdo con datos oficiales, es marginal en nuestro mercado monetario al participar apenas con el 24% de la liquidez total de la economía, pero el dólar, la moneda dominante, ha observado una caída de sus depósitos en la banca comercial del país del orden de US$1,446 millones entre el 12 de abril de 2018 y el 31 de julio de 2019. Dicho sea de paso, en el período abril 2018-julio 2019, los depósitos en córdobas disminuyeron C$12,708 millones, por lo que el BCN proveyó reportos monetarios a la banca comercial por C$5,188 millones para atender a los depositantes que retiraron sus córdobas entre mayo del año pasado y julio del año en curso.

Para que los bancos pudieran devolver los depósitos en dólares al público no bancario, que no estaban disponibles en dichas entidades por haber sido prestados a consumidores y productores, el BCN les vendió US$872 millones entre mayo de 2018 y julio de 2019, por lo cual el saldo de las reservas internacionales administradas por la autoridad monetaria disminuyó 27% hasta US$786 millones en ese mismo período. El BCN guardó en sus arcas los córdobas que los bancos comerciales le entregaron al comprar los dólares y, automáticamente y sin ningún esfuerzo, el BCN mantuvo la estabilidad del tipo de cambio y del índice de precios al consumidor. Fue el resultado de simples operaciones aritméticas: dos restas y una división.

En el tiempo transcurrido de la crisis, al caer 30% el principal pasivo de los bancos, o sea, el saldo de los depósitos en dólares y en córdobas, también cayó 19% el principal activo de los bancos, es decir, el saldo de la cartera de préstamos en ambas monedas. Los banqueros también fueron afectados al reducirse casi a la mitad la tasa de rentabilidad de las entidades bancarias, al pasar de 18.7% del capital y/o 1.03% de los activos en junio de 2018 a 9.63% del capital y/o 0.61% de los activos en junio de 2019 y, debido al mayor desempleo y subempleo, la razón financiera de la cartera de préstamos en riesgo con respecto al total de la cartera bruta saltó de 3.29% en marzo de 2018 a 10.80% en junio de 2019. Sin embargo, las entidades bancarias fortalecieron su solidez entre las mismas fechas: la adecuación de capital se elevó de 13.86% a 21.58%, cuya norma legal es 10%, es decir, superando holgadamente la norma de que un banco puede prestar hasta 10 veces el monto de su capital.  

Con la escasez de córdobas y la reducción de los préstamos en dólares quedó sin resolverse el problema del crédito bancario para el financiamiento del capital de trabajo de las actividades económicas. Si se canalizara el crédito en una mayor proporción en moneda extranjera, se requeriría el retorno de los depósitos que se fueron del país, pero esto demandaría reducir los niveles de incertidumbre y desconfianza de los agentes económicos; en otras palabras, también se requeriría avanzar en el Diálogo Nacional.

Si se decidiera canalizar el crédito en córdobas (con mantenimiento de valor), habría que fortalecer la posición de las reservas internacionales, lo cual requeriría atraer los flujos brutos de inversión extranjera que antes de la crisis alcanzó el máximo de US$1,510 millones en 2017 y, además, asegurar el flujo de la cooperación oficial destinado al sector público que alcanzó un máximo de US$712 millones también en 2017; en otras palabras, se requeriría avanzar en el Diálogo Nacional.

Además, el Banco Central de Nicaragua (BCN) no incide en las tasas de interés del mercado, mejor dicho, en las tasas de interés fijadas por el sistema bancario comercial del país para promover el crecimiento de los volúmenes de producción de bienes y servicios, porque el coeficiente de correlación entre las tasas de rendimientos de los títulos valores emitidos por el BCN y las tasas de interés promedio ponderadas de la banca comercial es cercano a cero.

El BCN sólo se concentra en la aplicación de la política monetaria y de la política cambiaria para cumplir sus dos mandatos que le establece la ley: “la estabilidad de la moneda nacional y el normal desenvolvimiento de los pagos internos y externos”. El artículo 4 de su ley orgánica lo limita a la formulación y ejecución de la política monetaria y cambiaria; por esa razón, el BCN no acuerda, mucho menos coordina, la política financiera nacional. Tampoco olvidemos que, en nuestro caso, el dato de la tasa de crecimiento económico del país es una variable exógena en la hoja del balance monetario del BCN.

Sin la solución del problema político nacional, la contracción persistente de la política monetaria continuará desacelerando la tasa de crecimiento de la economía, porque el crédito continuaría siendo restringido. Y, de nuevo, sin la solución de los problemas políticos, una expansión de la política monetaria cuando la economía está bastante débil podría tener efectos mínimos.

En conclusión, la política monetaria de nuestro país, con sus limitaciones, parece que se ha desgastado bastante. Se regula la liquidez con colocaciones de papeles del BCN con plazo de un día, pero sus montos han disminuido y su tasa de rendimiento se ha elevado; el BCN subió las tasas de rendimiento de los Títulos de Inversión, pero no ha logrado captar ni una decena de millones de dólares con dicho instrumento; el BCN redujo la tasa de encaje legal semanal de los depósitos en córdobas de 15% a 13%, cuando se observaba una tasa de encaje efectiva de 18.9%, lo cual facilitó financiar el déficit fiscal a través de la colocación de bonos del Tesoro con rendimientos que se elevaron en casi 2 puntos porcentuales hasta 11.72% con plazos de 5 y 6 años. Con todo esto, persiste la recesión económica.

Por consiguiente, entra la política fiscal en un momento bastante complicado. ¿Cómo serán sus medidas para evitar un mayor deterioro en 2020? Aún no se conoce la versión oficial de la evaluación de la reforma de la Ley de Concertación Tributaria, pero la economía requiere no sólo la disminución de las altas tasas tributarias por los momentos de debilidad económica, sino también del incremento del gasto de inversión pública, que ya está afectado por sanciones financieras internacionales. Sin embargo, también se necesitaría avanzar en el Diálogo Nacional.


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