Siempre hay un debe y un haber

17 09 2017

El crecimiento de la demanda interna se debilita en este año, al desacelerar el gasto de consumo de las familias y al disminuir la inversión pública, no obstante, la inversión privada se ha robustecido.

La demanda externa, o el volumen de las exportaciones domésticas de bienes y servicios, es el factor principal del crecimiento económico del país, producto de dos formidables ciclos agrícolas consecutivos antecedidos por una sequía que también afectó a otros dos ciclos agrícolas.

El subempleo persiste como el principal problema estructural del mercado laboral, causa principal del alto nivel de subutilización de la fuerza laboral y la pobreza nacional, lo cual no puede ser ocultado aún con las aseveraciones del presidente del Banco Central de Nicaragua (BCN), Ovidio Reyes, de que la tasa de desempleo es bastante baja, porque se podría inferir que la economía de Nicaragua ya se encuentra en pleno empleo.

No hay que olvidar que el índice de precios al consumidor del país es agrícola. La tasa de inflación se arrastra también en un nivel bastante bajo e inferior a la tasa de devaluación reptante, influenciada por los bajos precios de los alimentos resultante del desempeño notable de la producción agropecuaria y de la baja inflación importada desde hace dos años, pero recientemente los precios internacionales del petróleo aceleran por el aumento de la demanda tras los huracanes Harvey por Texas e Irma por Florida, así como por el mayor cumplimiento del acuerdo auspiciado por la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) para reducir la oferta global.

Al cierre del primer trimestre del año en curso, se registró un leve superávit en la cuenta corriente de la balanza de pagos, gracias al mayor volumen de las exportaciones, la disminución de los precios de los bienes importados y al mayor valor del flujo de las remesas.

Al cierre del primer semestre de este año, acompañado de un creciente financiamiento externo destinado al presupuesto gubernamental, se observó también otro leve superávit fiscal, resultante de una mayor recaudación de impuestos del Gobierno Central y de la caída del gasto de inversión pública.

Maniatado por la cláusula de mantenimiento de valor y la presencia marginal del córdoba en el mercado, el BCN no puede aplicar políticas monetaria y cambiaria apropiadas para defender la posición de las reservas internacionales y garantizar la estabilidad macroeconómica del país. Por este motivo, la autoridad monetaria, sin contar con una política financiera nacional, se ve restringida a “esterilizar” dinero del mercado, o sea, saca córdobas de circulación con subastas de Letras a plazos que se concentran en treinta días o menos y con crecientes depósitos de encaje en córdobas y en dólares que los grupos financieros llevan al BCN, de tal forma que la tasa de encaje efectiva casi duplica la tasa de encaje legal.

Con menos córdobas circulando en el mercado, el BCN logra sus objetivos de (i) reducir la compra de divisas de los agentes económicos y, por ende, la demanda de importaciones, (ii) evitar la caída de las reservas internacionales expuesta a riesgo con el desplome del crédito petrolero de Venezuela porque hoy se paga en efectivo el setenta por ciento de las importaciones de hidrocarburos, provenientes principalmente de Estados Unidos y México, y (iii) garantizar la estabilidad del tipo de cambio y de una baja presión inflacionaria.

Como solía afirmar el fraile franciscano italiano Luca Paccioli, iniciador de la contabilidad moderna en 1494, “no hay almuerzo gratis, siempre hay un debe y un haber”. Desde mayo de 2016, la reducción de la oferta de dinero emprendida por el BCN ha desacelerado las ventas de bienes y servicios de consumo final, ha provocado problemas en la administración de inventarios de bienes intermedios y finales, y está desacelerando la tasa esperada de crecimiento económico del país.

En este escenario, las políticas públicas deben enfrentar los riesgos de la probable aprobación de la “NICA Act”, la expulsión a sus países de origen de los inmigrantes indocumentados en Estados Unidos, el proteccionismo comercial anunciado por el Presidente Donald Trump, el posible examen de Estados Unidos a Nicaragua en el marco del tratado de libre comercio DR-CAFTA, los efectos de la política fiscal expansiva de la administración Trump en un momento en que la economía estadounidense está muy cercana al pleno empleo, y la promesa del Presidente Donald Trump de la liberalización financiera a Wall Street.

Sin embargo, lo más preocupante es el silencio del Presidente Daniel Ortega ante tantos riesgos, directos e indirectos, la mayoría de ellos de origen externo que interno, y entre estos últimos prevalecen casi exclusivamente los riesgos políticos. Los riesgos económicos y financieros se han minimizado, aunque algunos problemas estructurales se están profundizando, tales como la falta de certeza jurídica, el déficit financiero de la seguridad social, la baja productividad de la economía, el déficit comercial externo que prevalece desde hace varias décadas, la inequidad de la distribución del ingreso y la corrupción, entre otros.

El diálogo es la base de la convivencia pacífica. Gran parte del debate pendiente es exclusivamente político. Sin una debida atención a esos riesgos políticos, quedará desprotegido el sector privado al afectarse principalmente la confianza inversionista y los flujos de inversión extranjera directa, hoy el principal soporte del crecimiento económico

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