Los pobres no son culpables de ser una mayoría

17 07 2016

El recién pasado 12 de julio me entrevistó el periodista Luis Galeano en su programa matutino tanto televisivo como radial sobre lo que él llamó “La economía de bolsillo”, un tema muy bien nombrado con lo que él diferenciaba a la microeconomía, que está bastante mal, de la macroeconomía, que está bastante bien en el país.

Complementaré algunas ideas que, por razones de tiempo, no pude exponer en la entrevista y sólo repetiré tres números de las estadísticas sobre pobreza que procesé sobre la base la VI Encuesta de Medición de Nivel de Vida (EMNV) 2014, que está disponible en la página web del  Instituto Nacional de Información de Desarrollo (INIDE): con los ingresos totales de 1,432,459 familias nicaragüenses, el 41% no podía comprar todos los 23 alimentos de la canasta de consumo básico, el 62% no podía adquirir todos los 53 productos de dicha canasta de consumo y el 85% no podía endeudarse para tener una vivienda de interés social, aún con el subsidio estatal de la tasa de interés.

Con esos tres desafíos que están divorciados de la metodología de las líneas de pobreza por el lado del consumo del Banco Mundial, podríamos concluir que el actual modelo económico ha sido insuficiente para reducir la pobreza. Si no incluyéramos la incapacidad de comprar una vivienda de interés social, 5,275,016 nicaragüenses desfavorecidos, concentrados en 1,215,207 familias, no podían comprar con todos sus ingresos todos los 53 productos de la canasta de consumo básico. Este dato debería ser muy preocupante para los políticos, especialmente para quien ocupa el poder, porque refleja el mantenimiento de las estructuras económicas que están detrás de la pobreza y la falta de una mejor comprensión de que sin economía no se puede reducir la pobreza.

Es obvio que las políticas sociales emprendidas por la administración del Comandante Daniel Ortega desde el año de 2007 pretenden ayudar a los pobres, especialmente a los pobres extremos que no pueden adquirir los alimentos básicos, pero continúan siendo mayoritariamente el último eslabón de la sociedad. Dicho de otra forma, el tamaño natural del mercado dinámico de Nicaragua se reduce al 15% de la población total del país, un espacio muy reducido donde el crecimiento económico se puede explicar con la dinámica de la demanda interna, o sea, con los gastos de consumo e inversión.

Nadie es pobre porque no sepa lo que es mejor y los pobres no son culpables de que sean una mayoría en el país. Los pobres son los que siempre toman sus decisiones en un entorno con muchas dificultades y si las políticas públicas no reducen la desigualdad o la inequidad de la distribución del ingreso empeorará la situación de los pobres y habrá un mayor costo en el crecimiento económico del país.

En los últimos diez años, la administración pública logró reducir el índice de pobreza extrema desde 17.2% hasta 8.3% con una política social no asistencialista, sino productiva. Hoy, la economía de Nicaragua acelera su crecimiento sobre el 5% anual desde 2015 mediante la inversión extranjera directa, acompañada de una disminución del riesgo-país que ha pasado de alto a moderado y de una mejor seguridad que es reconocida en América Latina, pero en la actualidad no se observa una igualdad de oportunidades sino una alta desigualdad al ser medida con el coeficiente de Gini de la distribución del ingreso igual a 0.48, que es apenas 3 centésimas menor que el registrado en 2005.

Los pobres no pueden financiar sus ideas porque la desigualdad de la distribución del ingreso les impide concretar sus proyectos de producción y salir de la pobreza, una situación que se empeora porque no existe una efectiva banca estatal de desarrollo que entregue simultáneamente crédito y tecnología a las personas que non sujetas de crédito en el sistema financiero convencional.

La voluntad política se ha manifestado a través de las políticas públicas implementadas para reducir la pobreza extrema, pero no han llegado a los pobres en general. Por esto sugiero al presidente Daniel Ortega que las políticas públicas para reducir la pobreza, tanto sociales como económicas, sean universales y no sigan concentrándose casi exclusivamente entre los pobres extremos, no obstante las cifras oficiales indican que el índice de pobreza no extrema, con la metodología lineal del Banco Mundial, se redujo de 31.1% en 2005 a 21.3% en 2014, pero no hay que olvidar que el 62% de las familias con todos sus ingresos no pueden comprar todos los 53 productos de la canasta de consumo básico.

Además, se puede inferir de la VI EMNV de 2014 que el 41% de los hogares nicaragüenses era pobre porque no satisfacía los cinco indicadores de las necesidades básicas insatisfechas, siendo la más grave la dependencia económica al detectarse que el 26.3% de la población total del país se concentraba en hogares en los cuales habían dos o más personas por cada ocupado en el hogar y el jefe de ese hogar tenía una escolaridad máxima de primaria incompleta.

En conclusión, hay que hacer más efectivas las políticas públicas a la hora de llegar a los pobres. Existe, por supuesto, la voluntad política; entonces, la duda está en la capacidad administrativa. La mayoría de los políticos desconoce cómo se vive en la pobreza y la mayoría de los economistas expertos en reducir la pobreza con sus pilares de crecimiento y temas transversales, no son entendidos por los pobres y deberían hablar en términos menos abstractos.

Es necesario invertir más en educación primaria, secundaria y técnica; en transferencia de tecnología para quienes no pueden comprarla; en infraestructura económica, especialmente la introducción de agua potable y disposición de excretas en las áreas rurales y alcantarillado en las áreas urbanas; en la construcción de viviendas de interés social para reducir el notable déficit habitacional del país y hacinamiento; en erradicar el uso de la leña para cocinar y en facilitar el servicios de recolección de basura.

Sin embargo, no hay que olvidar que el desafío está en la desigualdad, un término que continúa  dando miedo, mientras que el eco de la palabra pobreza se escucha en todo el país. Con más educación y salud, la desigualdad podrá ser vista sin temor alguno, y también hay que evitar la trampa de la pobreza, que es montada con el cobro de los impuestos a los que están escapando de la pobreza. Las políticas públicas deben construir los incentivos para los más pobres que quieren dejar de serlo por sus propios medios.


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19 07 2016
Jose

Excelente información estadística y análisis de la realidad que vive la población de Nicaragua. Sugiero que toda la información en temas económicos abordada por Ud. Se de a conocer a estudiantes de universidades, trabajadores de instituciones y a los políticos de nuestro pais. Hablar de estos temas no es política, es la realidad en que vivimos y conocerlas son fundamentos para reorientar estrategias económicas que permitan una atención dirigida a los sectores mas vulnerables de nuestro país. Es este caso es nuestro gobierno al cual le corresponde hacer los ajustes y reducir la gran brecha de desigualdad económica y social.

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